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La industria misionera pidió competir en igualdad de condiciones

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La industria misionera celebró el Día de la Industria en Puerto Rico con un planteo que buscó diferenciarse de una discusión binaria entre apertura y proteccionismo. Más de 200 empresarios y representantes de distintos sectores productivos se reunieron para analizar el escenario económico y coincidieron en una demanda central: competir con el mundo, pero con condiciones que permitan sostener la producción y el empleo en la provincia.

El encuentro, denominado “Tendencias que transforman la industria: mercados, innovación y oportunidades de crecimiento”, fue organizado por la Confederación Económica de Misiones (CEM), el Ministerio de Industria de Misiones, la Municipalidad de Puerto Rico y la Cámara de Comercio, Industria, Turismo, Producción y Servicios Libertador General San Martín, en el marco de la Semana de la Industria.

La convocatoria reunió a representantes de actividades diversas, entre ellas minería, producción ladrillera y ceramista, industria forestal, calzado, gráfica, frigoríficos, cluster de la mandioca, reciclaje y transporte. La amplitud sectorial expuso un problema transversal: el costo de producir en Misiones y la capacidad de las empresas para sostenerse en un mercado cada vez más abierto.

El presidente de la CEM, Guillermo Fachinello, planteó la necesidad de que los representantes misioneros en el Congreso defiendan las particularidades de las economías regionales. “Debemos hacer docencia de lo que significa trabajar en Misiones”, sostuvo, al remarcar que las decisiones nacionales tienen efectos diferentes en una provincia con más del 90% de su territorio fronterizo.

El planteo empresarial no apuntó a cerrar la economía. Por el contrario, el reclamo que atravesó el encuentro fue alcanzar una estructura de costos que permita aprovechar la apertura comercial sin dejar a las PyMEs locales en una posición de desventaja frente a productos importados.

Luis Steffen, secretario de la CEM y presidente de la Cámara Libertador General San Martín, fue quien expresó con mayor claridad esa tensión. Al recordar el proceso histórico que convirtió a Puerto Rico en un polo industrial, sostuvo que Misiones no puede limitarse a producir materias primas y debe continuar agregando valor y generando empleo.

Pero el diagnóstico actual es más complejo. “Una PyME cierra cuando no puede pagar la energía, cuando la presión impositiva se vuelve insoportable, cuando los costos laborales la dejan fuera de competencia”, afirmó Steffen. El empresario reclamó pasar de las capacitaciones y el acompañamiento institucional a decisiones que permitan reducir los costos estructurales de las empresas.

La energía apareció como uno de los principales puntos de preocupación. Para las industrias electrointensivas y para buena parte del entramado manufacturero, el costo energético dejó de ser solamente una variable más de la estructura de gastos y comenzó a condicionar directamente la continuidad de determinadas operaciones.

La ecuación se completa con impuestos nacionales, provinciales y tasas municipales, cargas laborales, logística y burocracia. Según planteó Steffen, la acumulación de esos costos puede neutralizar las ventajas competitivas de empresas que necesitan vender fuera de Misiones o enfrentar la competencia de bienes producidos en otros países.

En ese marco, la apertura de las importaciones fue otro de los ejes del debate. La posición empresaria fue explícita: la industria misionera no reclama evitar la competencia internacional, sino contar con condiciones que permitan enfrentarla. “Queremos un mercado abierto, pero con igualdad de condiciones”, sostuvo Steffen.

El planteo implica una agenda de reformas internas. Entre las demandas mencionadas aparecen la reducción de impuestos, la revisión de las cargas patronales y los costos laborales, la disminución del costo energético y la eliminación de trabas burocráticas. La lógica es que una reducción de costos improductivos puede liberar recursos para inversión, incorporación tecnológica, producción y empleo.

La CEM también puso sobre la mesa una problemática específica de Misiones vinculada con la estructura tributaria provincial. Steffen mencionó la doble y triple imposición de Rentas, el impuesto a los sellos y los regímenes de percepciones aplicados sobre clientes extraprovinciales. Según sostuvo, estos mecanismos generan costos y una carga administrativa que afecta especialmente a las pequeñas y medianas empresas.

El reclamo, sin embargo, convivió con un reconocimiento al rumbo macroeconómico nacional. De acuerdo con una encuesta de la Confederación Económica de Misiones citada durante el encuentro, el 78% de las PyMEs consultadas considera que las medidas adoptadas por el Gobierno nacional van en la dirección correcta.

Ese dato introduce un matiz relevante en el debate. El sector empresario no cuestiona necesariamente la necesidad de ordenar las cuentas públicas y reducir la inflación. Lo que plantea es que la estabilización macroeconómica debe traducirse en mejores condiciones para producir.

“La estabilidad macroeconómica debe ser el punto de partida, no el punto de llegada”, resumió Steffen. La frase concentra el principal desafío que enfrenta el entramado productivo: que la mejora de las variables generales de la economía alcance a las fábricas, comercios, chacras y pequeñas empresas.

La preocupación aparece también en las expectativas. Según el mismo relevamiento citado por la CEM, el 70% de las PyMEs manifestó que no observa crecimiento de la Argentina en los próximos meses. Más allá de la evolución futura de los indicadores, esa percepción puede condicionar decisiones de inversión, contratación y ampliación de capacidad productiva.

La respuesta que propone el sector privado no es volver al cierre de la economía. Es reducir la brecha de costos que existe entre producir localmente y competir con bienes provenientes de países con estructuras impositivas, energéticas, laborales y logísticas diferentes.

Crédito, infraestructura y articulación público-privada

Desde el Gobierno provincial, el ministro de Industria, Federico Fachinello, puso el énfasis en el rol de las PyMEs dentro de la cadena productiva. Señaló que la industria comienza con el pequeño productor, continúa con los servicios y la logística y termina generando movimiento sobre el conjunto de la economía.

El funcionario destacó además la importancia del diálogo permanente con las cámaras empresariales para diseñar políticas productivas y mencionó como ejemplo el acceso al crédito productivo con tasas bonificadas.

“Ustedes son los que generan el trabajo de calidad y nosotros somos los que debemos generar las condiciones para que eso pase”, sostuvo Fachinello. La definición plantea una división de responsabilidades: las empresas toman las decisiones de producción e inversión, mientras el Estado debe procurar un entorno que reduzca obstáculos y facilite esas decisiones.

El acceso al financiamiento aparece como una herramienta especialmente relevante en un escenario de costos elevados. Para una PyME, disponer de crédito en condiciones razonables puede determinar si una empresa posterga una inversión, reemplaza equipamiento, incorpora tecnología o sostiene capital de trabajo durante una caída temporal de la demanda.

El encuentro también incorporó una mirada sobre innovación y transformación de los mercados. Ximena Díaz Alarcón, especialista en experiencia del cliente, participó de las disertaciones junto con Nicolás Johann, de Frigorífico San Francisco, y Hugo Herrera, de Raiza. El objetivo fue ampliar la discusión más allá de los costos y abordar las nuevas tendencias que atraviesan a las empresas.

Para Puerto Rico, la discusión tiene además una dimensión territorial. La ciudad construyó buena parte de su identidad económica sobre la transformación de la producción primaria y la generación de valor local. Sostener esa matriz requiere que las empresas puedan atravesar el actual proceso de apertura sin perder capacidad productiva.

Carlos Koth, intendente de Puerto Rico, recordó el origen histórico de la celebración del Día de la Industria y el papel de los pioneros que transformaron la actividad económica de la localidad. También advirtió sobre las dificultades que enfrentan las PyMEs industriales ante una economía nacional que, según planteó, todavía no acompaña suficientemente a las economías regionales.

El desafío queda planteado en términos concretos. Misiones necesita mantener abierta su economía, ampliar mercados y generar inversión, pero también necesita evitar que la diferencia de costos termine expulsando empresas del mercado. La solución requiere trabajar sobre aquello que sí puede modificarse: energía, impuestos, financiamiento, logística, burocracia, infraestructura y productividad.

Por eso, el pedido de la industria misionera no se presenta como una resistencia a la transformación económica. Es una demanda para que esa transformación incluya a las empresas que producen en el territorio. La apertura puede ampliar oportunidades, pero para aprovecharlas las PyMEs necesitan capacidad de competir.

La discusión que surgió en Puerto Rico coloca así a la industria frente a una nueva etapa. El objetivo no es elegir entre mercado interno y mercado internacional, ni entre protección y apertura, sino construir las condiciones para que una empresa misionera pueda producir, invertir, exportar y sostener empleo en un escenario de mayor competencia.

En una provincia donde la distancia de los grandes centros de consumo y la condición fronteriza agregan costos y particularidades, esa discusión adquiere una dimensión estratégica. El resultado de las reformas macroeconómicas se medirá también en la capacidad de las empresas para mantener abiertas sus puertas, incorporar tecnología y generar trabajo.

“Queremos producir y generar trabajo. Queremos que nuestros hijos se queden a trabajar y construir su futuro en Misiones”, resumió Steffen. Esa definición sintetiza el desafío que atraviesa al sector: que la estabilidad económica no quede limitada a los indicadores nacionales y pueda convertirse, finalmente, en condiciones concretas para producir en el territorio.

Este es el discurso institucional brindado durante el encuentro por Luis Steffen: Día de la Industria – Discurso Luis Steffen

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La receta de las empresas familiares para importar e innovar en la salud local

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El sistema de salud argentino opera bajo permanente tensión macroeconómica. Con un gasto sanitario del 9,5% del PBI, posee una infraestructura vasta pero heterogénea: 2.400 instituciones sanatoriales con internación, repartidas entre el sector público (49%) y el privado (51%), según datos aportados por los censos de infraestructura hospitalaria de Global Health Intelligence (GHI). A esto se suma la fragmentación entre obras sociales y prepagas, donde la efectividad de la tecnología se diluye si no se articula con la gestión clínica.

En este mapa, la aparatología médica es la columna vertebral del diagnóstico. Sin embargo, entre el 70% y el 80% del equipamiento de media y alta complejidad proviene del exterior. Sostener este parque nacional, que incluye más de 3.100 ecógrafos, 800 tomógrafos, angiógrafos y resonadores, representa un desafío financiero y logístico permanente.

La brecha en la renovación tecnológica

La inestabilidad cambiaria y la variabilidad presupuestaria generaron una brecha sustancial en la actualización de bienes de capital. Mientras que en mercados estables los tomógrafos o resonadores se renuevan cada 5 a 7 años, en Argentina ese ciclo promedio se dilata entre 10 y 15 años.

Esta extensión forzada de la vida útil afecta la eficiencia del sistema. El uso intensivo de equipos antiguos deriva en mayores costos de mantenimiento y menor productividad. En la práctica diaria, un equipo antiguo requiere más tiempo por estudio y paradas técnicas frecuentes, elevando el costo operativo por paciente en quirófanos y terapias intensivas.

Ante este cuello de botella, la continuidad hospitalaria ha quedado supeditada a los distribuidores locales. En las últimas tres décadas, el sector debió transitar desde la convertibilidad y la crisis de 2001, hasta restricciones a las importaciones, la sobre exigencia de la pandemia y los recientes cambios comerciales.

La resiliencia de la Pyme familiar como modelo operativo

¿Cómo logra sostenerse una Pyme tecnológica dedicada a la salud en este entorno? La respuesta radica en la dinámica de las empresas familiares argentinas, caracterizadas por una gobernanza ágil y cultura de adaptación.

Según Tomás Piqueras, CEO de Centro de Servicios Hospitalarios (CSH), firma con 30 años de trayectoria en el sector, “sostener una PYME familiar durante tanto tiempo en Argentina no depende de una sola decisión, sino de una combinación de cosas: cuidar mucho las relaciones —con proveedores, con clientes, con el equipo— y no perder de vista que el negocio existe para dar respuesta a un sistema de salud que no puede darse el lujo de parar”.

La gobernanza familiar aporta sostenibilidad ante la coyuntura. “La estructura familiar ayudó a sostener una mirada de largo plazo incluso en los momentos en que el contexto invitaba a pensar solo en el corto plazo, y esa combinación de cercanía y visión es, en definitiva, lo que permitió atravesar tres décadas sin perder identidad”, señala el ejecutivo.

Esta gobernanza familiar también aporta una ventaja determinante ante coyunturas de emergencia: la agilidad ejecutiva. A diferencia de las filiales corporativas o grandes multinacionales sujetas a complejas cadenas de aprobación, las Pymes familiares locales cuentan con la flexibilidad necesaria para ejecutar giros de timón inmediatos cuando el escenario regulatorio o cambiario muta de manera imprevista. 

Sobre esta dinámica, Piqueras destaca: “Una de las ventajas de ser una empresa familiar es poder tomar decisiones rápido cuando el contexto lo exige, sin las capas de aprobación que suelen tener estructuras corporativas más grandes”. En un mercado sensible donde un retraso logístico impacta en la atención médica, la capacidad de reaccionar en tiempo real marca la diferencia en la continuidad del abastecimiento.

Asimismo, la diversificación comercial actúa como amortiguador ante vaivenes de demanda entre los subsistemas. “También fue clave no depender de una sola marca ni de un solo segmento del mercado de salud, lo que permitió amortiguar los golpes cuando algún área se veía más afectada que otra por el contexto económico, y sostener la operación incluso en los ciclos más adversos”, agrega.

Servicio técnico y trazabilidad como salvavidas

Ante restricciones financieras para la compra de equipamiento nuevo, el valor se desplazó de la venta de hardware a los servicios de soporte y extensión de vida útil de los equipos. La postventa es hoy una garantía estratégica de continuidad operativa.

La trazabilidad técnica integral —desde ingreso aduanero y calibración hasta tecnovigilancia y mantenimiento preventivo— es un estándar insustituible que mitiga riesgos legales y evita paradas operativas.

Adicionalmente, las Pymes ejercen una diplomacia comercial indispensable ante fabricantes internacionales. Al respecto, Piqueras destaca la necesidad de disciplina financiera: “Invertir en tecnología de punta con horizontes de mediano y largo plazo, en un país con variaciones cambiarias frecuentes, exige una disciplina financiera clara y relaciones sólidas y duraderas con los proveedores internacionales, que permiten sostener condiciones aun cuando el escenario local cambia de un día para el otro”.

A pesar del contexto, la tecnología médica global avanza hacia un ecosistema digital conectado. El foco se desplaza hacia la integración de datos, informática médica e Inteligencia Artificial diagnóstica. En este marco, y para sostener la innovación, emergen modelos alternativos a la compra directa: leasing, pago por uso, contratos a largo plazo y centros de diagnóstico compartidos entre instituciones.

Adaptación continua como competencia central

La supervivencia de las Pymes proveedoras radica en interpretar la inestabilidad como un dato del terreno y no como un obstáculo contingente. “En vez de pensar esos cambios como obstáculos externos, la empresa fue aprendiendo a leerlos como parte del terreno en el que opera, y a construir la capacidad de adaptación como una competencia central del negocio, no como una excepción”, puntualiza el CEO de CSH.

Por otra parte, la sostenibilidad intergeneracional representa otro de los grandes activos intangibles para las empresas familiares que operan en este rubro. El traspaso de mando no se limita a un recambio gerencial, sino a la transferencia de un saber hacer acumulado que preserva la confianza institucional con el sistema de salud. En palabras del ejecutivo, “traspasar el liderazgo en una empresa familiar del sector salud implica algo más que ceder una función: implica transmitir un conocimiento técnico y comercial construido durante décadas, y una forma de relacionarse con las instituciones de salud que no se aprende de un día para el otro”. Esta continuidad en los valores y el conocimiento especializado resulta indispensable para consolidar alianzas de largo plazo con clínicas y hospitales.

Finalmente, respecto al margen de maniobra estratégico, concluye: “La planificación no busca eliminar la incertidumbre, algo imposible en Argentina, sino construir margen de maniobra para poder sostener decisiones estratégicas incluso cuando el corto plazo se pone difícil”.

Frente a un escenario que exige digitalización, rigor regulatorio e inversión constante, la trayectoria de las Pymes familiares demuestra que la visión de largo plazo, el soporte técnico especializado y la adaptabilidad operativa son los pilares invisibles que sostienen la atención médica del país.

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La industria no logra despegar: la mitad de las fábricas tiene pedidos por debajo de lo normal

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La industria argentina llega al tercer trimestre de 2026 atrapada en una combinación que explica buena parte de las dificultades para consolidar una recuperación: faltan pedidos, la demanda interna sigue siendo el principal límite para producir más y las empresas no anticipan una expansión significativa de la producción ni del empleo durante los próximos meses.

La Encuesta de Tendencia de Negocios de la Industria Manufacturera difundida este miércoles por el INDEC muestra que el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) se ubicó en -17,2% en julio, todavía profundamente instalado en terreno negativo.

El dato representa una mejora frente al -19,6% registrado en mayo y al -17,8% de junio, pero permanece lejos de alcanzar terreno positivo. El gráfico de la página 3 permite observar además que la confianza industrial no registró un solo mes por encima de cero desde el inicio de la serie, en enero de 2025.

La explicación aparece en los propios componentes del indicador: las expectativas de producción arrojan un balance de -3,1%; la cartera de pedidos, un contundente -46,9%; y los stocks de productos terminados, +1,5%.
Es decir, las fábricas no parecen enfrentar principalmente un problema de capacidad para producir. El punto crítico está en conseguir quién compre esa producción.

La mayor cautela aparece cuando los industriales son consultados por sus trabajadores.

Para agosto-octubre, 78,8% espera mantener sin cambios su dotación, pero 17,1% anticipa una reducción y apenas 4,1% proyecta aumentarla.

En julio, 49,7% de las empresas industriales declaró que su nivel de pedidos se encontraba por debajo de lo normal. Otro 47,5% lo consideró normal y apenas 2,8% afirmó estar por encima.

El balance resultante es de -46,9%, con un indicador de difusión de apenas 26,5%.

La magnitud del desequilibrio resulta significativa: por cada empresa que informa pedidos superiores a lo habitual hay casi 18 que los ubican por debajo.

El balance de pedidos permanece en niveles cercanos a -50 puntos durante prácticamente todo 2026. No se trata, por lo tanto, de una caída circunstancial de julio, sino de una debilidad que se mantiene en el tiempo.

El cuadro exportador tampoco compensa la fragilidad doméstica. El 37,1% considera que sus exportaciones están por debajo de lo normal, frente al 57,3% que las ubica en niveles normales y sólo 5,6% por encima. El balance exportador resulta negativo en 31,5%.

El diagnóstico adquiere mayor claridad cuando el INDEC pregunta directamente qué impide producir más.

Para el 52,9% de los industriales, la demanda interna insuficiente es el principal factor que limita su capacidad de aumentar la producción. Tres meses antes había sido señalada por el 51,8%, por lo que el problema incluso ganó participación.

Muy lejos aparece en segundo lugar la competencia de productos importados, con 10,2%, aunque su incidencia disminuyó frente al 11% de tres meses atrás.

Después se ubican la incertidumbre económica, con 7,4%; la demanda externa insuficiente, 4,5%; los problemas financieros, 4,2%; la escasez de materias primas, insumos o componentes, 3,8%; y la falta de equipos adecuados, 2,5%.

Solamente 6,6% de las empresas asegura no tener ningún factor que limite su capacidad para producir más.

La industria enfrenta problemas financieros, competencia importada e incertidumbre. Pero ninguno tiene, individualmente, una magnitud comparable con el debilitamiento del mercado interno.

Hay otro dato con relevancia para el debate sobre la apertura comercial.

La competencia de productos importados es mencionada por 10,2% de las empresas como principal limitante para incrementar la producción. Es el segundo factor individual más señalado después de la demanda interna.

Sin embargo, la comparación trimestral obliga a introducir un matiz: hace tres meses esa respuesta alcanzaba al 11% de los industriales.

Por lo tanto, el informe no muestra una aceleración reciente de esa percepción. Sí confirma que los productos importados se instalaron entre las principales variables que los empresarios industriales consideran al explicar sus restricciones productivas.

La combinación entre demanda interna insuficiente y competencia importada concentra 63,1% de las respuestas.

Los inventarios agregan otra pieza al cuadro industrial. El 64,7% considera adecuado su nivel de productos terminados, mientras 18,4% afirma tener stocks por encima de lo adecuado y 16,9% por debajo. El balance es ligeramente positivo, en 1,5%.

Ese dato adquiere otra dimensión cuando se lo contrapone con la cartera de pedidos: mientras prácticamente la mitad de las industrias tiene pedidos inferiores a lo normal, existe una leve mayoría relativa de empresas con inventarios por encima antes que por debajo de lo adecuado.

No hay una señal generalizada de faltantes de producto terminado. La restricción está principalmente en la salida comercial.

La percepción general de los industriales sigue siendo negativa. Apenas 6,6% considera buena la situación empresarial actual, mientras 65,3% la califica como normal y 28,1% como mala.

El balance entre respuestas positivas y negativas alcanza así -21,6%. También permanece deteriorado el frente financiero.

El 23,6% considera mala la situación financiera de su compañía, contra sólo 9,8% que la califica como buena. Dos tercios -66,6%- responden que es normal. El balance financiero resulta negativo en 13,9%.

Más complicado aparece el acceso al crédito: 31,4% lo considera difícil y apenas 6,1% fácil. El restante 62,6% lo define como normal. El balance crediticio se hunde así hasta -25,3%.

El panorama hacia adelante ofrece pocas señales de un cambio de velocidad.

Consultados sobre lo que ocurrirá entre agosto y octubre, 70,9% de los industriales espera mantener sin modificaciones su volumen de producción.

Otro 16,1% prevé reducirlo y sólo 13% espera aumentarlo. El balance de expectativas productivas queda así en -3,1%.

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La industria maderera argentina advierte sobre la situación de las pymes del sector

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La industria argentina de la madera elevó una señal de alarma a los gobiernos nacional, provinciales y municipales: el margen financiero de las empresas para atravesar la crisis se está agotando y la continuidad de una parte del entramado productivo está en riesgo.

La advertencia fue formulada por la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA), que describió un escenario marcado por la combinación de menor demanda, costos crecientes medidos en dólares, encarecimiento de la energía y los combustibles, altas tasas de interés y una presión importadora que se hace sentir especialmente sobre los segmentos de mayor valor agregado.

El planteo adquiere particular relevancia para el NEA, una de las principales regiones foresto-industriales del país. La actividad tiene una estructura fuertemente federal y se encuentra concentrada en el Centro, la Patagonia, el Noreste y el Noroeste argentino, con localidades donde los aserraderos, las fábricas de tableros, las carpinterías y la industria del mueble constituyen una parte sustancial del empleo privado.

Por eso, FAIMA sostiene que la crisis dejó de ser exclusivamente sectorial. Cuando se detiene un aserradero o cierra una PyME maderera en el interior, el impacto se transmite al empleo, el transporte, los servicios y el comercio de toda la comunidad.

Un cóctel adverso: cae la demanda y aumentan los costos en dólares

El primer foco de preocupación está en la denominada primera transformación de la madera. Allí confluyen dos movimientos que terminan produciendo el mismo resultado sobre la rentabilidad empresarial.

Por un lado, se produjo una marcada retracción de la demanda interna. FAIMA atribuye este escenario fundamentalmente a la desaparición de la obra pública y al debilitamiento de la construcción privada, afectada a su vez por los elevados costos de construcción medidos en dólares.

Por otro, la entidad advierte que el actual escenario cambiario deterioró la competitividad industrial argentina frente a otros países productores.

Según los cálculos difundidos por la Federación, posiciones laborales equivalentes dentro de la industria representan actualmente en la Argentina remuneraciones del orden de US$1.000 a US$1.400 mensuales, frente a aproximadamente US$600 en Brasil y entre US$500 y US$600 en China.

La diferencia se convierte en un problema de competitividad por partida doble: dificulta las exportaciones argentinas y, simultáneamente, deja a las empresas locales más expuestas frente al ingreso de productos importados.

No se trata, en el planteo empresario, de una discusión sobre el salario nominal de los trabajadores, sino sobre la estructura de costos en dólares que enfrenta la producción argentina frente a sus competidores internacionales.

Energía y combustible, dos costos que atraviesan toda la cadena

A la ecuación salarial se agregan dos componentes particularmente sensibles para la foresto-industria: energía y combustibles.

FAIMA sostiene que durante los últimos dos años y medio las actualizaciones tarifarias, combinadas con el escenario cambiario, provocaron un fuerte encarecimiento en dólares de la energía utilizada por las plantas industriales.

La Federación cita informes privados según los cuales las tarifas energéticas habrían acumulado durante el último semestre aumentos cercanos al 300%, frente a una inflación del orden del 17% durante ese período.

El combustible agrega otra capa al problema.

La madera es una actividad intensiva en logística. La materia prima debe trasladarse desde las plantaciones hacia los aserraderos y posteriormente hacia las plantas industriales, mientras que los productos terminados recorren largas distancias hasta los principales mercados internos o los puertos de exportación.

La incidencia resulta especialmente significativa porque se transportan productos de gran peso y volumen y porque buena parte de la producción está ubicada lejos de los principales centros de consumo.

En provincias forestales, por lo tanto, el costo logístico no es un componente secundario: forma parte de la competitividad estructural del negocio.

Unos 120.000 empleos entre directos e indirectos

El dato social constituye uno de los puntos centrales de la advertencia. FAIMA estima que la actividad genera alrededor de 60.000 puestos de trabajo directos, a los que se suma una cantidad semejante de empleos indirectos vinculados con la cadena.

Sin embargo, la Federación señala, sobre la base de datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), que durante los últimos doce meses el sector acumuló una caída superior al 10% del empleo directo e indirecto.

La contracción de los ingresos y el incremento de los costos llevaron, según la entidad, a numerosas empresas hacia situaciones financieras cada vez más delicadas, con firmas que se encuentran al límite de su sostenibilidad e incluso frente al riesgo de cierre o concurso preventivo.

La señal es particularmente delicada porque la cadena está integrada mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, con una capacidad financiera mucho menor que la de los grandes grupos para absorber períodos prolongados de capacidad ociosa.

Muebles y carpinterías: menos consumo y más importaciones

La crisis adquiere otra dimensión cuando se avanza hacia los bienes finales. Las industrias del mueble y la carpintería enfrentan los mismos problemas de costos que los eslabones anteriores, pero agregan una dificultad decisiva: la retracción del consumo de los hogares.

La pérdida de poder adquisitivo y el elevado costo del financiamiento golpean particularmente a los bienes durables, cuya demanda suele depender de la disponibilidad de crédito.

A eso se suma la creciente competencia de productos importados.

FAIMA cuestiona una estructura arancelaria que considera desfavorable para la industria nacional: según la Federación, determinados bienes finales ingresan al país soportando aranceles menores que algunos de los insumos que necesitan las empresas argentinas para fabricar esos mismos productos.

El resultado, advierte la entidad, es una asimetría que termina castigando precisamente los eslabones que incorporan mayor valor agregado y empleo.

El caso de las viviendas de madera

Uno de los ejemplos utilizados por FAIMA es la construcción con madera. La entidad sostiene que al elevado costo local medido en dólares se agregó la llegada de alternativas habitacionales importadas, fundamentalmente desde China, con precios frente a los cuales las empresas argentinas encuentran crecientes dificultades para competir.

Para la Federación, el fenómeno plantea un riesgo que excede la disputa comercial: la sustitución de producción nacional por bienes importados puede traducirse directamente en pérdida de empresas, capacidad industrial y empleo local.

El problema resulta especialmente sensible para las provincias forestales, donde durante años se promovió la construcción con madera como una vía para agregar valor en origen a la producción forestal.

Tasas superiores al 100%

El tercer gran frente de la crisis es financiero. FAIMA señala que las tasas de tarjetas de crédito y préstamos personales se encuentran alrededor del 110% anual, frente a una inflación anualizada cercana al 33,5%, de acuerdo con los datos citados por la entidad.

La brecha genera tasas reales extraordinariamente elevadas y afecta al sector desde ambos lados del mostrador.

Por una parte, desalienta a los consumidores a financiar muebles y otros bienes durables. Por otra, encarece fuertemente el capital de trabajo que necesitan las empresas para atravesar períodos de baja actividad.

La Federación recordó que durante los últimos meses de 2025 y comienzos de 2026 numerosas PyMEs debieron financiarse a tasas cercanas al 70% anual, cuando la inflación se ubicaba alrededor del 35%.

El crédito, que en una recesión podría funcionar como puente hasta una recuperación de la demanda, termina convirtiéndose así en un costo adicional que erosiona el capital empresario.

“El margen de espera se está agotando”

El tramo más contundente del documento aparece en el diagnóstico sobre las PyMEs. FAIMA sostiene que las políticas vigentes presuponen capacidades financieras, escala y acceso al crédito que las pequeñas y medianas empresas no poseen.

Mientras una gran compañía puede enfrentar el escenario como una tensión sobre sus balances, señala la entidad, para una PyME el mismo cuadro puede traducirse rápidamente en reducción de turnos, suspensiones, caída de producción y cierre.

La Federación considera que el ajuste no está impactando de manera neutral sobre toda la cadena, sino que recae especialmente sobre el segmento más pequeño, territorialmente disperso y generador de empleo.

Y advierte que la capacidad de resistencia acumulada durante los primeros meses de la crisis prácticamente se consumió.

“A esta altura, el margen de espera se está agotando”, sostiene FAIMA, al advertir que cada mes sin respuestas implica capacidad productiva que desaparece y puestos de trabajo cuya recuperación posterior será mucho más difícil.

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Importaciones puerta a puerta rompen récords mientras el consumo local se hunde

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Las importaciones puerta a puerta superan el 40% de las ventas en centros comerciales, mientras el consumo local cae 4,8% en shoppings y 5,2% en supermercados.

Las importaciones de bienes de consumo bajo el sistema puerta a puerta alcanzaron un nuevo récord en junio de 2026. Este volumen ya representa un 40% de las ventas en varios rubros relevados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), afectando directamente al consumo.

El dato surge del informe “En Foco Consumo puerta a puerta”, elaborado por la consultora Analytica y refiere a productos de indumentaria, artículos deportivos, electrónicos, muebles, decoración y juguetes.

Las compras mediante couriers sumaron US$ 125 millones en junio, marcando el pico mensual más alto. En el primer semestre, el canal movilizó US$ 643 millones, un 104,2% más que el año anterior. Solo en junio, el incremento fue del 73,8% respecto a 2025, superando el récord previo de US$ 118 millones de abril.

Las compras vía courier en 2026 se perfilan a una aproximación anualizada del total de compras de residentes argentinos en el exterior en 2023, dato publicado por el INDEC a fines de junio de este año — sí, se publica dos años y medio después—. En aquel año, los argentinos gastaron (vía courier y viajes) $333.179 millones. Con un tipo de cambio promedio de $306,70, el monto fue de alrededor de US$1.086 millones. Solo las compras vía courier en 2026 podrían alcanzar un valor similar para fin de año.

Cabe recordar que el dato de consumo privado publicado por el INDEC incluye las compras de residentes en Argentina en el mercado local y en el exterior (vía courier y viajes), y se le restan los gastos de no residentes en territorio argentino.¿Cómo impacta el courier en el consumo interno de Argentina?

A pesar de este crecimiento, el peso del canal aún es reducido dentro del comercio exterior argentino. En junio, las compras vía courier representaron el 1,8% del total de las importaciones y el 13,5% de las importaciones de bienes de consumo.

Según Analytica, la aceleración responde a una combinación de factores macroeconómicos y regulatorios, como la estabilidad cambiaria, la recuperación del salario medido en dólares y la flexibilización del régimen de compras internacionales, de acuerdo a lo publicado por Infobae.Las políticas de gobierno que propiciaron a las importaciones

El informe destaca también las recientes modificaciones implementadas por el Gobierno. Estas equipararon las condiciones operativas de Correo Argentino con las de los couriers privados y elevaron la franquicia libre de tributos de US$ 50 a US$ 400 por envío, con un límite de cinco operaciones anuales. Se mantuvo la posibilidad de importar bienes de hasta US$ 3.000 abonando los aranceles correspondientes.

El crecimiento del canal coincide con un escenario de debilidad del consumo interno. Entre enero y mayo de 2026, las ventas en shoppings retrocedieron 4,8% respecto al mismo período de 2025 y 12,3% frente a 2023. En supermercados, las bajas fueron del 5,2% y del 23,5%, respectivamente. No obstante, Analytica advierte que el deterioro responde principalmente al estancamiento de los ingresos reales y del crédito al consumo.

La mayor competencia también impacta sobre la industria local, especialmente en sectores como textiles, calzado, electrónica y electrodomésticos. La importación de teléfonos inteligentes se disparó un 737% interanual en el primer semestre tras la eliminación de aranceles.

En paralelo, la producción de equipos de informática, televisión y comunicaciones se ubica 57% por debajo del promedio de los últimos diez años. El empleo industrial, por su parte, perdió 35.167 puestos registrados desde mayo de 2025.¿Cómo las importaciones de Argentina impactan en los precios locales?

Como contrapartida, el ingreso de productos importados contribuyó a reducir los precios relativos de algunos bienes. Analytica estima que los electrodomésticos son actualmente 57% más baratos que el promedio de la economía y la indumentaria, 42% más barata, alcanzando los niveles relativos más bajos desde al menos 2012.

Sin embargo, el informe advierte que este beneficio se concentra en los hogares con mayor capacidad de consumo, mientras que los sectores de menores ingresos continúan destinando una proporción creciente de sus recursos a alimentos y servicios básicos.

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