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La industria maderera argentina advierte sobre la situación de las pymes del sector

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La industria argentina de la madera elevó una señal de alarma a los gobiernos nacional, provinciales y municipales: el margen financiero de las empresas para atravesar la crisis se está agotando y la continuidad de una parte del entramado productivo está en riesgo.

La advertencia fue formulada por la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA), que describió un escenario marcado por la combinación de menor demanda, costos crecientes medidos en dólares, encarecimiento de la energía y los combustibles, altas tasas de interés y una presión importadora que se hace sentir especialmente sobre los segmentos de mayor valor agregado.

El planteo adquiere particular relevancia para el NEA, una de las principales regiones foresto-industriales del país. La actividad tiene una estructura fuertemente federal y se encuentra concentrada en el Centro, la Patagonia, el Noreste y el Noroeste argentino, con localidades donde los aserraderos, las fábricas de tableros, las carpinterías y la industria del mueble constituyen una parte sustancial del empleo privado.

Por eso, FAIMA sostiene que la crisis dejó de ser exclusivamente sectorial. Cuando se detiene un aserradero o cierra una PyME maderera en el interior, el impacto se transmite al empleo, el transporte, los servicios y el comercio de toda la comunidad.

Un cóctel adverso: cae la demanda y aumentan los costos en dólares

El primer foco de preocupación está en la denominada primera transformación de la madera. Allí confluyen dos movimientos que terminan produciendo el mismo resultado sobre la rentabilidad empresarial.

Por un lado, se produjo una marcada retracción de la demanda interna. FAIMA atribuye este escenario fundamentalmente a la desaparición de la obra pública y al debilitamiento de la construcción privada, afectada a su vez por los elevados costos de construcción medidos en dólares.

Por otro, la entidad advierte que el actual escenario cambiario deterioró la competitividad industrial argentina frente a otros países productores.

Según los cálculos difundidos por la Federación, posiciones laborales equivalentes dentro de la industria representan actualmente en la Argentina remuneraciones del orden de US$1.000 a US$1.400 mensuales, frente a aproximadamente US$600 en Brasil y entre US$500 y US$600 en China.

La diferencia se convierte en un problema de competitividad por partida doble: dificulta las exportaciones argentinas y, simultáneamente, deja a las empresas locales más expuestas frente al ingreso de productos importados.

No se trata, en el planteo empresario, de una discusión sobre el salario nominal de los trabajadores, sino sobre la estructura de costos en dólares que enfrenta la producción argentina frente a sus competidores internacionales.

Energía y combustible, dos costos que atraviesan toda la cadena

A la ecuación salarial se agregan dos componentes particularmente sensibles para la foresto-industria: energía y combustibles.

FAIMA sostiene que durante los últimos dos años y medio las actualizaciones tarifarias, combinadas con el escenario cambiario, provocaron un fuerte encarecimiento en dólares de la energía utilizada por las plantas industriales.

La Federación cita informes privados según los cuales las tarifas energéticas habrían acumulado durante el último semestre aumentos cercanos al 300%, frente a una inflación del orden del 17% durante ese período.

El combustible agrega otra capa al problema.

La madera es una actividad intensiva en logística. La materia prima debe trasladarse desde las plantaciones hacia los aserraderos y posteriormente hacia las plantas industriales, mientras que los productos terminados recorren largas distancias hasta los principales mercados internos o los puertos de exportación.

La incidencia resulta especialmente significativa porque se transportan productos de gran peso y volumen y porque buena parte de la producción está ubicada lejos de los principales centros de consumo.

En provincias forestales, por lo tanto, el costo logístico no es un componente secundario: forma parte de la competitividad estructural del negocio.

Unos 120.000 empleos entre directos e indirectos

El dato social constituye uno de los puntos centrales de la advertencia. FAIMA estima que la actividad genera alrededor de 60.000 puestos de trabajo directos, a los que se suma una cantidad semejante de empleos indirectos vinculados con la cadena.

Sin embargo, la Federación señala, sobre la base de datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), que durante los últimos doce meses el sector acumuló una caída superior al 10% del empleo directo e indirecto.

La contracción de los ingresos y el incremento de los costos llevaron, según la entidad, a numerosas empresas hacia situaciones financieras cada vez más delicadas, con firmas que se encuentran al límite de su sostenibilidad e incluso frente al riesgo de cierre o concurso preventivo.

La señal es particularmente delicada porque la cadena está integrada mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, con una capacidad financiera mucho menor que la de los grandes grupos para absorber períodos prolongados de capacidad ociosa.

Muebles y carpinterías: menos consumo y más importaciones

La crisis adquiere otra dimensión cuando se avanza hacia los bienes finales. Las industrias del mueble y la carpintería enfrentan los mismos problemas de costos que los eslabones anteriores, pero agregan una dificultad decisiva: la retracción del consumo de los hogares.

La pérdida de poder adquisitivo y el elevado costo del financiamiento golpean particularmente a los bienes durables, cuya demanda suele depender de la disponibilidad de crédito.

A eso se suma la creciente competencia de productos importados.

FAIMA cuestiona una estructura arancelaria que considera desfavorable para la industria nacional: según la Federación, determinados bienes finales ingresan al país soportando aranceles menores que algunos de los insumos que necesitan las empresas argentinas para fabricar esos mismos productos.

El resultado, advierte la entidad, es una asimetría que termina castigando precisamente los eslabones que incorporan mayor valor agregado y empleo.

El caso de las viviendas de madera

Uno de los ejemplos utilizados por FAIMA es la construcción con madera. La entidad sostiene que al elevado costo local medido en dólares se agregó la llegada de alternativas habitacionales importadas, fundamentalmente desde China, con precios frente a los cuales las empresas argentinas encuentran crecientes dificultades para competir.

Para la Federación, el fenómeno plantea un riesgo que excede la disputa comercial: la sustitución de producción nacional por bienes importados puede traducirse directamente en pérdida de empresas, capacidad industrial y empleo local.

El problema resulta especialmente sensible para las provincias forestales, donde durante años se promovió la construcción con madera como una vía para agregar valor en origen a la producción forestal.

Tasas superiores al 100%

El tercer gran frente de la crisis es financiero. FAIMA señala que las tasas de tarjetas de crédito y préstamos personales se encuentran alrededor del 110% anual, frente a una inflación anualizada cercana al 33,5%, de acuerdo con los datos citados por la entidad.

La brecha genera tasas reales extraordinariamente elevadas y afecta al sector desde ambos lados del mostrador.

Por una parte, desalienta a los consumidores a financiar muebles y otros bienes durables. Por otra, encarece fuertemente el capital de trabajo que necesitan las empresas para atravesar períodos de baja actividad.

La Federación recordó que durante los últimos meses de 2025 y comienzos de 2026 numerosas PyMEs debieron financiarse a tasas cercanas al 70% anual, cuando la inflación se ubicaba alrededor del 35%.

El crédito, que en una recesión podría funcionar como puente hasta una recuperación de la demanda, termina convirtiéndose así en un costo adicional que erosiona el capital empresario.

“El margen de espera se está agotando”

El tramo más contundente del documento aparece en el diagnóstico sobre las PyMEs. FAIMA sostiene que las políticas vigentes presuponen capacidades financieras, escala y acceso al crédito que las pequeñas y medianas empresas no poseen.

Mientras una gran compañía puede enfrentar el escenario como una tensión sobre sus balances, señala la entidad, para una PyME el mismo cuadro puede traducirse rápidamente en reducción de turnos, suspensiones, caída de producción y cierre.

La Federación considera que el ajuste no está impactando de manera neutral sobre toda la cadena, sino que recae especialmente sobre el segmento más pequeño, territorialmente disperso y generador de empleo.

Y advierte que la capacidad de resistencia acumulada durante los primeros meses de la crisis prácticamente se consumió.

“A esta altura, el margen de espera se está agotando”, sostiene FAIMA, al advertir que cada mes sin respuestas implica capacidad productiva que desaparece y puestos de trabajo cuya recuperación posterior será mucho más difícil.

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Importaciones puerta a puerta rompen récords mientras el consumo local se hunde

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Las importaciones puerta a puerta superan el 40% de las ventas en centros comerciales, mientras el consumo local cae 4,8% en shoppings y 5,2% en supermercados.

Las importaciones de bienes de consumo bajo el sistema puerta a puerta alcanzaron un nuevo récord en junio de 2026. Este volumen ya representa un 40% de las ventas en varios rubros relevados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), afectando directamente al consumo.

El dato surge del informe “En Foco Consumo puerta a puerta”, elaborado por la consultora Analytica y refiere a productos de indumentaria, artículos deportivos, electrónicos, muebles, decoración y juguetes.

Las compras mediante couriers sumaron US$ 125 millones en junio, marcando el pico mensual más alto. En el primer semestre, el canal movilizó US$ 643 millones, un 104,2% más que el año anterior. Solo en junio, el incremento fue del 73,8% respecto a 2025, superando el récord previo de US$ 118 millones de abril.

Las compras vía courier en 2026 se perfilan a una aproximación anualizada del total de compras de residentes argentinos en el exterior en 2023, dato publicado por el INDEC a fines de junio de este año — sí, se publica dos años y medio después—. En aquel año, los argentinos gastaron (vía courier y viajes) $333.179 millones. Con un tipo de cambio promedio de $306,70, el monto fue de alrededor de US$1.086 millones. Solo las compras vía courier en 2026 podrían alcanzar un valor similar para fin de año.

Cabe recordar que el dato de consumo privado publicado por el INDEC incluye las compras de residentes en Argentina en el mercado local y en el exterior (vía courier y viajes), y se le restan los gastos de no residentes en territorio argentino.¿Cómo impacta el courier en el consumo interno de Argentina?

A pesar de este crecimiento, el peso del canal aún es reducido dentro del comercio exterior argentino. En junio, las compras vía courier representaron el 1,8% del total de las importaciones y el 13,5% de las importaciones de bienes de consumo.

Según Analytica, la aceleración responde a una combinación de factores macroeconómicos y regulatorios, como la estabilidad cambiaria, la recuperación del salario medido en dólares y la flexibilización del régimen de compras internacionales, de acuerdo a lo publicado por Infobae.Las políticas de gobierno que propiciaron a las importaciones

El informe destaca también las recientes modificaciones implementadas por el Gobierno. Estas equipararon las condiciones operativas de Correo Argentino con las de los couriers privados y elevaron la franquicia libre de tributos de US$ 50 a US$ 400 por envío, con un límite de cinco operaciones anuales. Se mantuvo la posibilidad de importar bienes de hasta US$ 3.000 abonando los aranceles correspondientes.

El crecimiento del canal coincide con un escenario de debilidad del consumo interno. Entre enero y mayo de 2026, las ventas en shoppings retrocedieron 4,8% respecto al mismo período de 2025 y 12,3% frente a 2023. En supermercados, las bajas fueron del 5,2% y del 23,5%, respectivamente. No obstante, Analytica advierte que el deterioro responde principalmente al estancamiento de los ingresos reales y del crédito al consumo.

La mayor competencia también impacta sobre la industria local, especialmente en sectores como textiles, calzado, electrónica y electrodomésticos. La importación de teléfonos inteligentes se disparó un 737% interanual en el primer semestre tras la eliminación de aranceles.

En paralelo, la producción de equipos de informática, televisión y comunicaciones se ubica 57% por debajo del promedio de los últimos diez años. El empleo industrial, por su parte, perdió 35.167 puestos registrados desde mayo de 2025.¿Cómo las importaciones de Argentina impactan en los precios locales?

Como contrapartida, el ingreso de productos importados contribuyó a reducir los precios relativos de algunos bienes. Analytica estima que los electrodomésticos son actualmente 57% más baratos que el promedio de la economía y la indumentaria, 42% más barata, alcanzando los niveles relativos más bajos desde al menos 2012.

Sin embargo, el informe advierte que este beneficio se concentra en los hogares con mayor capacidad de consumo, mientras que los sectores de menores ingresos continúan destinando una proporción creciente de sus recursos a alimentos y servicios básicos.

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ARCA extendió hasta el 30 de septiembre el plazo para acreditar solvencia de operadores aduaneros

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La Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) resolvió extender de manera excepcional la vigencia de la solvencia económica acreditada mediante garantías de actuación para los operadores de comercio exterior inscriptos en los Registros Especiales Aduaneros. La medida, oficializada a través de la Resolución General 5881/2026, busca evitar que la prórroga otorgada para la presentación de declaraciones juradas impositivas termine generando inconvenientes administrativos que afecten la continuidad de las operaciones de importación y exportación.

La decisión establece que las garantías de actuación mantendrán su vigencia hasta el 30 de septiembre de 2026, otorgando un margen adicional para que despachantes de aduana, importadores, exportadores y demás operadores regularicen la documentación requerida sin poner en riesgo su habilitación dentro del sistema aduanero.

La medida responde directamente a la reciente extensión de los plazos para presentar las declaraciones juradas y, en su caso, abonar los saldos de los impuestos a las Ganancias, Bienes Personales e Impuesto Cedular correspondientes al período fiscal 2025. Dado que la acreditación de la solvencia económica depende de esa información tributaria y constituye uno de los requisitos para permanecer habilitado en los Registros Especiales Aduaneros, ARCA entendió necesario sincronizar ambos calendarios.

En la práctica, la resolución evita que empresas y operadores enfrenten una situación paradójica: quedar temporalmente impedidos de operar por no haber renovado una garantía cuya evaluación depende de documentación tributaria cuyo vencimiento también fue prorrogado por el propio organismo.

El sistema de Registros Especiales Aduaneros constituye uno de los pilares del comercio exterior argentino. Allí se encuentran inscriptos los sujetos habilitados para intervenir en operaciones aduaneras y su permanencia exige demostrar periódicamente solvencia económica, requisito que puede acreditarse mediante determinados indicadores patrimoniales o, en su defecto, a través de garantías de actuación.

Con esta prórroga excepcional, ARCA preserva la continuidad operativa del sistema mientras se completan los procesos de actualización fiscal. La medida también reduce el riesgo de interrupciones logísticas, evita costos administrativos innecesarios y brinda previsibilidad a un sector que depende de la continuidad de sus habilitaciones para cumplir contratos internacionales y sostener el flujo del comercio exterior.

Para las empresas exportadoras e importadoras, especialmente las pequeñas y medianas firmas que operan con estructuras administrativas más reducidas, la decisión representa un alivio operativo. La renovación de garantías suele implicar trámites con entidades financieras, aseguradoras o sociedades de garantía recíproca, además de la presentación de documentación contable y tributaria, procesos que ahora contarán con un plazo más amplio para completarse.

La resolución forma parte de una serie de adecuaciones normativas impulsadas por ARCA para armonizar los tiempos administrativos con las obligaciones fiscales y evitar que cuestiones meramente procedimentales afecten la actividad económica. En un contexto donde el Gobierno busca agilizar el comercio exterior y reducir cargas burocráticas, la coordinación entre los distintos vencimientos aparece como una herramienta para otorgar mayor previsibilidad a los operadores y mantener la fluidez de las operaciones aduaneras.

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ARCA digitalizó un trámite clave para importaciones del Mercosur

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La Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) dio un nuevo paso en la digitalización de los procedimientos vinculados al comercio exterior al habilitar la utilización del Certificado de Origen Digital (COD) para gestionar la liberación de garantías aduaneras que hasta ahora requerían la presentación de documentación en papel.

La medida fue oficializada mediante la Resolución General 5880/2026, publicada este lunes en el Boletín Oficial, y apunta a simplificar uno de los trámites más frecuentes para importadores y despachantes de aduana que operan bajo los acuerdos comerciales del Mercosur.

Hasta la entrada en vigencia de esta resolución, quienes necesitaban levantar una garantía constituida por la falta del Certificado de Origen Mercosur debían presentar obligatoriamente el documento físico, aun cuando el certificado ya existiera en formato digital. Con la nueva normativa, ese requisito queda eliminado y todo el procedimiento podrá realizarse de manera electrónica.

El cambio alcanza específicamente a las garantías identificadas como “Falta de Certificado de Origen Mercosur” (FCEO) y a las multas automáticas asociadas (MUAU), que podrán liberarse mediante el trámite “Presentación Certificado de Origen Digital” disponible en el Sistema Informático de Trámites Aduaneros (SITA).

Para iniciar el trámite, el importador o el despachante deberá informar el identificador de la destinación aduanera, los ítems correspondientes y el número del Certificado de Origen Digital aplicable. Posteriormente, el servicio aduanero verificará que el certificado cumpla con los requisitos previstos en el régimen de origen del acuerdo comercial correspondiente antes de aprobar o rechazar la solicitud.

El resultado de esa evaluación será comunicado de manera electrónica a través del Sistema de Comunicación y Notificación Electrónica Aduanera (SICNEA), eliminando instancias presenciales y reduciendo tiempos administrativos.

Menos burocracia para el comercio exterior

La decisión se inscribe en el proceso de modernización que ARCA viene impulsando para digitalizar los procedimientos aduaneros y reducir costos operativos para empresas y operadores logísticos.

El Certificado de Origen Digital ya posee plena validez jurídica en el ámbito de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), de acuerdo con la Resolución 386 del Comité de Representantes, que equiparó su valor legal al de los certificados emitidos en soporte papel.

Sin embargo, algunos procedimientos administrativos todavía exigían la presentación física del documento para determinadas gestiones posteriores al despacho. Con esta modificación, el organismo elimina una de esas excepciones y permite que la gestión sea completamente electrónica.

Para las empresas que realizan operaciones frecuentes con países del Mercosur, la medida representa una reducción de tiempos administrativos y de costos asociados a la gestión documental.

También disminuye el riesgo de demoras vinculadas al traslado de documentación física y facilita la liberación de garantías que, en muchos casos, permanecían inmovilizadas hasta la presentación formal del certificado en papel.

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La industria sigue sin encontrar piso: falta de demanda y empleo en alerta crítica

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La industria argentina encara el tercer trimestre con pocas señales de recuperación. La confianza empresarial mejoró levemente en junio, pero continúa profundamente en terreno negativo, en un escenario marcado por la falta de pedidos, la debilidad del consumo interno y expectativas contractivas para la producción y el empleo.

El Indicador de Confianza Empresarial de la industria manufacturera se ubicó en -17,8%, después de haber caído a -19,6% en mayo. La recuperación mensual fue insuficiente para modificar el diagnóstico de fondo: desde que comenzó la serie, en enero de 2025, el indicador nunca consiguió ingresar en terreno positivo.

El índice combina las expectativas de producción para los próximos tres meses, la situación actual de la cartera de pedidos y el nivel de stocks de productos terminados.

La mitad de las fábricas tiene pocos pedidos

La señal más preocupante aparece en la cartera de pedidos. El 49,7% de las industrias afirmó que su volumen de encargos se encontraba por debajo de lo normal, mientras que solo el 2,7% lo consideró superior. El balance fue de -47 puntos porcentuales.

En otras palabras, por cada empresa con pedidos superiores a los habituales existen más de 18 con una demanda insuficiente. El dato revela que el problema industrial no es principalmente la falta de capacidad productiva, sino la ausencia de compradores.

La demanda externa tampoco ofrece un contrapeso suficiente. Un 33,4% de las firmas declaró exportaciones por debajo de lo normal y apenas el 5,5% informó niveles superiores, con un balance negativo de 27,9 puntos.

La evaluación general de los negocios acompaña ese deterioro: solo el 6,2% de los empresarios calificó como buena la situación actual, frente al 29,2% que la consideró mala. El 64,7% respondió que era normal.

El mercado interno es el principal freno

El 52,1% de las empresas identificó a la demanda interna insuficiente como el principal factor que limita la posibilidad de aumentar la producción. Es, por amplio margen, el mayor obstáculo para el sector.

En segundo lugar aparece la competencia de productos importados, mencionada por el 10% de las firmas. Le siguen la incertidumbre económica, con el 7%; la escasez de materias primas, insumos o componentes, con el 4,8%; y la falta de demanda externa, con el 4,7%.

Los problemas financieros fueron señalados por el 3,9%, mientras que solo el 7,3% respondió que no enfrenta ninguna restricción para ampliar su actividad.

El resultado dibuja una industria condicionada por dos fuerzas simultáneas: un mercado interno que no logra recuperar volumen y una mayor presión competitiva de los bienes importados. La combinación reduce ventas, desalienta inversiones y obliga a las empresas a administrar cuidadosamente sus niveles de producción.

Producción y empleo, con perspectivas negativas

Las expectativas para julio-septiembre tampoco anticipan un giro expansivo. El 17,1% de las empresas prevé reducir su producción, frente al 14,1% que espera aumentarla. El 68,8% considera que permanecerá sin cambios, lo que arroja un balance de -2,9 puntos.

La previsión sobre los pedidos internos es todavía más negativa: el 21,6% espera una disminución y el 14,6% proyecta una mejora. El balance se ubicó en -7 puntos porcentuales.

Ese escenario comienza a trasladarse al mercado laboral. El 18,2% de las industrias anticipa reducir las horas trabajadas, mientras solo el 5,6% planea aumentarlas. En cuanto al personal, el 15,1% prevé disminuir su dotación y apenas el 3,8% espera incorporar trabajadores.

Aunque el 81% proyecta mantener sin cambios el número de empleados, el balance laboral fue negativo en 11,3 puntos. Por cada empresa que piensa contratar, casi cuatro anticipan recortes.

Las exportaciones, la única señal favorable

El frente externo presenta una moderada expectativa positiva. El 16% de las firmas espera aumentar sus exportaciones durante el tercer trimestre, contra el 12,4% que prevé una disminución. El balance fue favorable en 3,6 puntos.

Sin embargo, esa mejora potencial no alcanza para compensar la debilidad del mercado interno, que sigue siendo el principal destino de buena parte de la producción manufacturera.

En materia de precios, el 61% de las empresas espera mantenerlos sin cambios, el 30,8% proyecta aumentarlos y el 8,2% anticipa reducciones. Esto sugiere que la industria enfrenta límites cada vez mayores para trasladar sus costos a los compradores.

El informe muestra una economía fabril que evita un deterioro más abrupto, pero permanece atrapada en una meseta baja. Sin recuperación firme del consumo, con pedidos escasos y mayor competencia importada, las empresas optan por contener producción, horas trabajadas y empleo.

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