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Industria: caídas de cerca del 40% y una economía cada vez más dependiente de la energía

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La industria argentina sigue en alerta naranja. Después de algunos meses en los que parecía consolidarse una recuperación, mayo marcó un punto de inflexión: la producción manufacturera cayó 2% interanual y 0,6% respecto de abril, según el Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL, con cerca del 40% de las ramas industriales continúa en caída.

La baja interrumpió dos meses consecutivos de mejora y dejó al acumulado de los primeros cinco meses del año con una contracción de 0,6%.

Pero detrás del dato general se esconde un fenómeno más profundo: la economía industrial argentina ya no se mueve como un bloque. La recuperación está concentrada en pocos sectores. Mientras energía, petróleo y algunos segmentos agroindustriales avanzan, una porción significativa del entramado manufacturero continúa en retroceso.

La pregunta ya no es si la industria crece o cae. La pregunta es qué industria está creciendo.

Una industria partida en dos

Los datos de FIEL coinciden con las señales que surgen del último informe de Estadísticas de Productos Industriales del INDEC. La fotografía muestra una economía cada vez más dual.

Por un lado, aparecen los sectores vinculados a recursos naturales, energía y exportación. Por otro, las actividades ligadas al consumo interno, la inversión productiva y la fabricación de bienes durables siguen atravesando dificultades.

El caso más evidente es el de la refinación de petróleo.

FIEL identifica a este sector como el principal sostén de la actividad manufacturera nacional. Acumula doce meses consecutivos de expansión y un crecimiento del 9,7% en los primeros cinco meses de 2026. El volumen procesado alcanzó incluso el nivel más alto para este período desde 2008.

Los datos del INDEC refuerzan ese diagnóstico. En el primer trimestre, la extracción de petróleo crudo creció 16,4%, mientras el procesamiento de petróleo aumentó 10%. También avanzaron los combustibles: la producción de gasoil creció 14,5%, la nafta premium 9,9% y la súper 3,6%.

No se trata de una diferencia menor. La energía pasó a ocupar el rol que históricamente desempeñaba la industria alimenticia como principal amortiguador de las crisis manufactureras.

El problema es que la expansión energética no tiene la misma capacidad de derrame sobre empleo, proveedores y cadenas regionales que una recuperación industrial más diversificada.

La contracara de ese fenómeno es la industria automotriz. Según FIEL, el sector registró la peor performance de toda la economía manufacturera. Entre enero y mayo acumuló una caída de 19,6%, afectado por once meses consecutivos de retroceso en la producción de automóviles, menores exportaciones, caída de ventas y elevados stocks en concesionarias.

Los datos del INDEC muestran la misma tendencia. En los primeros meses del año la producción de automóviles y utilitarios retrocedió 18,6%, confirmando que uno de los sectores históricamente más dinámicos de la industria argentina atraviesa una etapa de ajuste.

La situación resulta particularmente relevante porque el complejo automotor tiene fuertes encadenamientos productivos con metalurgia, plásticos, neumáticos, autopartes y logística. Cuando el sector frena, el impacto se multiplica.

Otro dato preocupante aparece en la maquinaria agrícola. Tradicionalmente, la compra de tractores, sembradoras y cosechadoras funciona como termómetro de expectativas.

Sin embargo, el INDEC registra caídas de 38,5% en tractores, 17,3% en cosechadoras y 8,5% en sembradoras durante el primer trimestre.

La lectura económica es contundente: el agro produce más, exporta más y genera más divisas, pero no está transformando ese excedente en inversión productiva.

La señal coincide con otros indicadores nacionales que muestran una desaceleración en la incorporación de bienes de capital y maquinaria.

La construcción sigue siendo otro de los eslabones débiles. Los despachos de cemento portland retroceden 3,3%, el yeso cae 10,8% y los ladrillos cerámicos muestran una baja de 1,5%.

El consumo aparente de pisos y revestimientos también continúa en terreno negativo.

Aunque existen algunos nichos con recuperación -como sanitarios cerámicos o placas de yeso- el cuadro general sigue reflejando una actividad afectada por la virtual desaparición de la obra pública nacional y por un crédito hipotecario todavía insuficiente para impulsar una expansión sostenida.

Durante gran parte de 2024 y 2025, alimentos y bebidas funcionaron como refugio industrial.

Hoy siguen mostrando mayor estabilidad que otros sectores, pero también exhiben señales de agotamiento.

La producción de aceite de soja cayó 7,5% en el primer cuatrimestre, mientras los subproductos oleaginosos retrocedieron 6,7%.

Las compensaciones aparecen en girasol, cuyos aceites crecieron 36,3% y cuyos subproductos aumentaron más de 50%.

En carnes también aparecen contrastes. La faena vacuna cayó 9,6% y la aviar retrocedió 3%, mientras la porcina creció 11%, reflejando un cambio en los hábitos de consumo impulsado por diferencias de precios.

El informe del INDEC registra una caída de 14,4% en la producción de pastas celulósicas, uno de los indicadores más sensibles para Misiones, donde la cadena forestal constituye uno de los principales complejos industriales.

La baja se suma a un contexto ya complejo para aserraderos y fabricantes de productos de madera, que enfrentan dólar apreciado, pérdida de competitividad externa y menor demanda interna.

Paradójicamente, mientras la Nación celebra el crecimiento exportador de algunos segmentos forestales, muchas empresas del sector advierten que la rentabilidad sigue deteriorándose.

La principal conclusión que surge al cruzar los informes de FIEL e INDEC es que la economía argentina está experimentando una recuperación muy distinta a las observadas en otros ciclos.

No lideran los bienes durables. No lidera la construcción. No lidera el consumo. No lidera la inversión manufacturera.

Los sectores que hoy empujan la actividad son petróleo, refinación, energía y algunos complejos exportadores ligados a recursos naturales.

El dato no es necesariamente negativo. Son actividades capaces de generar divisas y sostener niveles de actividad.

Sin embargo, plantean una pregunta estratégica para los próximos años: si la expansión económica se concentra en sectores con bajo efecto multiplicador sobre el resto del tejido productivo, ¿cuánto podrá crecer el empleo industrial, la inversión manufacturera y las economías regionales?

Por ahora, la respuesta aparece reflejada en una cifra que resume el momento actual: según FIEL, cerca del 40% de las ramas industriales continúa en caída.

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El agro empuja la recuperación: el PBI creció 2,3% en el primer trimestre, pero la industria sigue sin encontrar piso

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La economía argentina comenzó 2026 con números positivos, aunque con señales de una recuperación todavía heterogénea. Según el último informe de Cuentas Nacionales del INDEC, el Producto Interno Bruto (PIB) registró un crecimiento de 2,3% interanual durante el primer trimestre del año y avanzó 0,7% respecto del trimestre anterior en términos desestacionalizados.

Detrás de ese resultado aparece una característica cada vez más marcada del actual ciclo económico: mientras los sectores vinculados a los recursos naturales, la energía y los servicios muestran una dinámica expansiva, la industria manufacturera continúa exhibiendo dificultades para recuperar niveles de actividad, transformándose en uno de los principales frenos del crecimiento agregado.

La mayor contribución positiva al desempeño económico provino de Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, que registró una expansión interanual del 18,1%, aportando más de un punto porcentual al crecimiento total del PIB. El dato confirma el peso estratégico que sigue teniendo el sector agropecuario en la generación de riqueza y divisas, particularmente luego de varios años marcados por eventos climáticos adversos y restricciones productivas.

El desempeño del agro vuelve a poner en evidencia cómo la mejora de las condiciones climáticas y la recuperación de las cosechas se transforman rápidamente en un factor multiplicador para el conjunto de la economía. Provincias productoras como Misiones, con una matriz económica fuertemente vinculada a actividades primarias y forestales, observan estos movimientos con especial atención, ya que suelen impactar sobre la generación de empleo, el transporte, los servicios logísticos y la actividad comercial regional.

Sin embargo, el panorama dista de ser uniforme. La industria manufacturera cayó 1,7% interanual y fue el sector con mayor incidencia negativa sobre el resultado global de la economía, restando 0,24 puntos porcentuales al crecimiento del PIB.

La contracción industrial refleja algunas de las tensiones que atraviesa actualmente el modelo económico. La apertura comercial, la apreciación cambiaria, el elevado costo financiero y la debilidad de la demanda interna continúan afectando a numerosos segmentos manufactureros, especialmente aquellos orientados al mercado doméstico.

La divergencia entre sectores también se observa en otros rubros que mostraron una evolución favorable. Comercio, hoteles y restaurantes, intermediación financiera, construcción y explotación de minas y canteras exhibieron mejoras significativas respecto del mismo período del año anterior, acompañando la recuperación de determinados nichos de inversión y consumo.

En paralelo, la formación bruta de capital fijo mantuvo niveles elevados, un dato que el Gobierno considera clave para sostener la expansión futura de la economía. Las inversiones en construcción, infraestructura y determinados segmentos productivos continúan mostrando dinamismo, aunque todavía de manera concentrada en actividades específicas.

El resultado del primer trimestre ratifica así una tendencia que viene consolidándose desde finales de 2025: la economía argentina crece, pero no todos los sectores participan del mismo modo de esa recuperación. Mientras el agro, la minería y los servicios vinculados a la inversión lideran la expansión, la industria continúa enfrentando desafíos estructurales que limitan una recuperación más homogénea del aparato productivo.

Para las provincias del interior, donde la actividad industrial y las economías regionales tienen un peso determinante, el desafío de los próximos meses será precisamente transformar el rebote estadístico en un proceso sostenido de crecimiento capaz de generar empleo privado y ampliar la base productiva. El dato del PIB ofrece una señal positiva, pero también deja expuesta la principal incógnita del modelo económico actual: si la recuperación podrá derramarse sobre los sectores que todavía permanecen rezagados.

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Oficial: Volvió a subir la desocupación

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La recuperación macroeconómica que exhibe el Gobierno nacional todavía no logra traducirse en una mejora sostenida del mercado laboral. Según los datos difundidos por el INDEC correspondientes al primer trimestre de 2026, la tasa de desocupación volvió a aumentar y alcanzó el 7,8% de la población económicamente activa, consolidando una tendencia de mayor fragilidad en el empleo durante el inicio del año.

El informe de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) muestra además que la tasa de actividad se ubicó en 48,6%, mientras que la tasa de empleo alcanzó el 44,8%. Esto significa que, si bien una mayor proporción de personas salió a buscar trabajo, la economía no generó suficientes puestos laborales para absorber esa demanda, provocando un incremento del desempleo.

El dato adquiere relevancia porque se produce en un contexto donde el Gobierno nacional destaca la desaceleración de la inflación, la estabilidad cambiaria y la mejora de algunos indicadores de actividad. Sin embargo, el mercado laboral continúa mostrando señales de heterogeneidad, con sectores vinculados a la energía, minería y exportaciones que exhiben dinamismo, mientras actividades intensivas en empleo como el comercio, la construcción y parte de la industria manufacturera siguen enfrentando dificultades.

La situación resulta más compleja al analizar otros indicadores laborales. El porcentaje de ocupados demandantes de empleo alcanzó el 15,8%, reflejando que una porción significativa de trabajadores, aun teniendo empleo, busca mejorar sus ingresos o sumar una segunda ocupación. A su vez, la subocupación se ubicó en 11,1%, un nivel que evidencia persistentes problemas de calidad laboral y utilización insuficiente de la fuerza de trabajo.

Las diferencias regionales continúan siendo marcadas. El Gran Buenos Aires registró una tasa de desocupación de 8,7%, por encima del promedio nacional, mientras que la región Pampeana alcanzó el 8,2%. En contraste, las regiones del Norte mostraron menores niveles relativos de desempleo, aunque con mercados laborales históricamente más afectados por la informalidad.

En el caso del Noreste Argentino (NEA), la desocupación se ubicó en 7,2%, levemente por debajo del promedio nacional. Dentro de la región, Posadas volvió a destacarse entre los principales aglomerados urbanos por sus indicadores laborales relativamente favorables, con una tasa de desempleo de 4,7%, una de las más bajas del país. Sin embargo, la capital misionera mostró una subocupación del 9% y un 10,2% de ocupados demandantes de empleo, señales que reflejan una búsqueda creciente de mayores ingresos por parte de los trabajadores.

La evolución del mercado laboral se transforma así en uno de los principales desafíos para la segunda mitad del año. Si bien la estabilización macroeconómica comienza a consolidarse, los datos del INDEC muestran que la creación de empleo aún no acompaña con la misma velocidad la recuperación de algunos sectores de la economía. Para el Gobierno, el desafío ya no pasa exclusivamente por reducir la inflación, sino por lograr que la mejora de los indicadores macro se traduzca en más inversión, mayor actividad y generación sostenida de puestos de trabajo.

El aumento de la desocupación al 7,8% constituye una señal de alerta para una economía que busca consolidar su proceso de normalización. La estabilidad de precios y la recuperación de ciertos sectores productivos aparecen como condiciones necesarias, pero todavía insuficientes para recomponer un mercado laboral que continúa exhibiendo tensiones, desigualdades regionales y una creciente demanda de mejores oportunidades de empleo.

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El consumo masivo sigue sin reaccionar: supermercados, mayoristas y shoppings profundizaron la caída en abril

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El consumo interno continúa sin encontrar un piso de recuperación. Los últimos datos publicados por el INDEC correspondientes a abril muestran que las ventas reales volvieron a caer en los principales canales comerciales del país. Supermercados, autoservicios mayoristas y centros de compras registraron bajas interanuales y acumulan un primer cuatrimestre en terreno negativo, reflejando que la desaceleración de la inflación aún no se traduce en una recuperación sostenida del poder de compra de los hogares.

Si bien algunos indicadores desestacionalizados exhiben leves mejoras respecto de marzo, la tendencia general sigue mostrando un mercado interno debilitado, con consumidores que priorizan gastos esenciales, financian cada vez más sus compras y restringen el consumo discrecional.

Supermercados: segunda peor caída del año

En abril, las ventas en supermercados a precios constantes retrocedieron 3,7% respecto del mismo mes de 2025, mientras que el acumulado entre enero y abril arrojó una disminución de 3,3%. En términos desestacionalizados hubo una mejora mensual de apenas 0,8%, insuficiente para revertir la tendencia negativa.

En valores corrientes, las ventas totalizaron $2,4 billones, un incremento nominal del 21,5% interanual, impulsado principalmente por el aumento de precios. Los rubros con mayores incrementos nominales fueron carnes (37,3%), alimentos preparados y rotisería (25,7%), artículos de limpieza y perfumería (25,2%) y otros productos (23,8%).

El informe también confirma que el financiamiento continúa siendo un sostén del consumo. Las tarjetas de crédito representaron el 42,5% de todas las operaciones, muy por encima del débito (25,1%), el efectivo (17,3%) y otros medios de pago, como billeteras virtuales y códigos QR (15,1%).

El ticket promedio alcanzó los $35.920, con un incremento nominal de 26,9% respecto de abril del año anterior, otra evidencia de que el crecimiento monetario responde principalmente al efecto inflacionario más que a un mayor volumen de ventas.

Los mayoristas tampoco logran revertir la tendencia

El desempeño de los autoservicios mayoristas continuó mostrando debilidad. Durante abril las ventas reales registraron una caída interanual del 5% y también retrocedieron 1,1% frente a marzo.

De esta manera, el acumulado del primer cuatrimestre cerró con una baja del 3,2%, confirmando que el canal tradicional de abastecimiento tampoco consigue recuperar niveles de actividad, pese a que históricamente suele fortalecerse cuando las familias buscan alternativas de menor precio.

En valores corrientes, las ventas alcanzaron aproximadamente $359.000 millones, con un incremento nominal de 19,7%. Al igual que en supermercados, el rubro carnes lideró los aumentos, seguido por lácteos, almacén y bebidas.

En este segmento, los medios de pago alternativos —transferencias y pagos mediante QR— concentraron la mayor participación de las operaciones (32,1%), seguidos por tarjetas de crédito (26,1%), efectivo (25,4%) y débito (16,4%). El ticket promedio se ubicó en $43.870.

Los shoppings tampoco escaparon a la retracción

Los centros de compras también reflejaron el menor dinamismo del consumo. En abril registraron una caída interanual del 5,9% en términos reales, mientras que el acumulado del año presenta exactamente la misma variación negativa.

Además, luego de varios meses con mejoras mensuales, las ventas desestacionalizadas retrocedieron 0,8% respecto de marzo, interrumpiendo esa tendencia.

Las ventas corrientes alcanzaron alrededor de $560.000 millones, un incremento nominal de 12,6%, nuevamente muy por debajo del crecimiento observado en los precios durante el mismo período.

Regionalmente, la Ciudad de Buenos Aires mostró el mayor crecimiento nominal (20,9%), seguida por Cuyo (17,6%), la región Pampeana (12,7%), Patagonia (10,3%), Gran Buenos Aires (6,5%) y el Norte argentino (3,3%).

Un mercado interno que sigue sin encontrar impulso

Los datos del INDEC consolidan un escenario en el que la desaceleración inflacionaria todavía no logra transformarse en una recuperación efectiva del consumo. Las mejoras mensuales observadas en algunos indicadores aparecen como movimientos puntuales más que como un cambio de tendencia.

El comportamiento de los consumidores continúa marcado por una fuerte racionalización del gasto, mayor utilización del crédito para sostener compras cotidianas y una concentración del consumo en bienes esenciales.

Para provincias con fuerte dependencia del mercado interno como Misiones, donde el comercio representa uno de los principales motores de la actividad económica, la persistencia de esta debilidad implica un desafío adicional para la recuperación del empleo, las ventas minoristas y la inversión privada durante el segundo semestre del año.

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La inflación mayorista se desaceleró al 2,5% en mayo

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La inflación mayorista se desaceleró en mayo al 2,5% y aumentó 34,5% contra el mismo mes del último año, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Este incremento se dio como consecuencia de la suba de 2,5% en los “Productos nacionales” y de 3,1% en los “Productos importados”.

En el período enero-mayo, el índice de precios internos al por mayor (IPIM) subió 11,4% contra el mismo período de 2025.

Así, la inflación mayorista se desaceleró 2,7 puntos porcentuales (p.p.) respecto a abril, aunque quedó por encima de la inflación minorista (2,1%) por 0,6 p.p.

Dentro de los “Productos nacionales”, las divisiones con mayor incidencia en el IPIM fueron “Sustancias y productos químicos” (0,65 p.p.); “Energía eléctrica” (0,25 p.p.); “Productos refinados del petróleo” (0,24 p.p.); “Alimentos y bebidas” (0,22 p.p.); y “Petróleo crudo y gas” (0,22 p.p.).

Por otra parte, el nivel general del índice de precios internos básicos al por mayor (IPIB) mostró un aumento de 2,7% en el mismo período, explicado por la suba de 2,7% en los “Productos nacionales” y de 3% en los “Productos importados”.

La inflación de mayo fue de 2,1% y se desaceleró por segundo mes consecutivo

El nivel general del índice de precios básicos del productor (IPP) también registró el mismo aumento en mayo, donde los “Productos primarios” (2,4%) y los “Manufacturados y energía eléctrica” (2,8%) explicaron el alza.

El ministro de Economía, Luis Caputo, detalló que el IPIM “mide la evolución promedio de los precios de los bienes de origen nacional e importado ofrecidos en el mercado interno”, en donde los precios observados, salvo excepciones, “corresponden al día 15 de cada mes”.

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