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Construcción: la recuperación pierde fuerza y el sector vuelve a mostrar señales de fragilidad

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La construcción volvió a encender señales de alerta en abril. Después de un marzo expansivo, el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción registró una caída interanual de 2,8% y, más relevante para medir la dinámica reciente, una baja de 4% contra el mes anterior en la serie desestacionalizada. El dato marca un freno en el intento de recuperación del sector y confirma que la actividad todavía se mueve sobre una base frágil, muy condicionada por la obra pública, los costos, el crédito y la evolución general de la economía.

El balance del primer cuatrimestre, sin embargo, no es completamente negativo. La serie original del ISAC acumuló entre enero y abril una mejora de 2,1% frente al mismo período de 2025. Esa diferencia entre el dato acumulado positivo y la caída puntual de abril revela el rasgo central del momento: no hay un derrumbe, pero tampoco una recuperación consolidada sobre una base muy pobre de 2025.

La composición de los insumos muestra un mapa heterogéneo. En abril crecieron con fuerza el rubro “resto de insumos”, que incluye grifería, tubos de acero sin costura y vidrio plano para la construcción, con una suba de 16,1%; hierro redondo y aceros para la construcción, con 15,7%; y pinturas para construcción, con 10%. Pero la mayoría de los materiales relevados por el INDEC mostraron retrocesos interanuales.

Las bajas fueron significativas en mosaicos graníticos y calcáreos, con una caída de 18,9%; yeso, 17,5%; cales, 16,4%; asfalto, 15,5%; cemento portland, 12,7%; y hormigón elaborado, 10,2%. También retrocedieron pisos y revestimientos cerámicos, ladrillos huecos, placas de yeso y artículos sanitarios de cerámica. El cemento y el hormigón, dos indicadores sensibles del pulso real de la obra, muestran que la demanda efectiva sigue debilitada.

El empleo formal ofrece una señal algo más favorable. En marzo de 2026 se registraron 384.157 puestos de trabajo privados en la construcción, una suba de 2,5% frente al mismo mes del año anterior. En el acumulado del primer trimestre, el crecimiento fue de 1,6%. La mejora existe, pero debe leerse con cautela: se produce después de un período de fuerte deterioro y todavía no alcanza para hablar de normalización plena del mercado laboral sectorial.

Otro dato relevante aparece en los permisos de edificación. La superficie autorizada para construir en 246 municipios alcanzó en marzo 1.396.405 metros cuadrados, con una suba interanual de 14,5%. En el primer trimestre, el acumulado creció 4,5%. Este indicador anticipa cierto dinamismo potencial de la obra privada, aunque entre la aprobación del permiso y el inicio efectivo de una obra puede mediar una distancia importante, especialmente cuando pesan el costo financiero y la incertidumbre económica.

Las expectativas empresarias reflejan ese clima prudente. Para el período mayo-julio de 2026, el 75,5% de las empresas dedicadas principalmente a obras privadas prevé que la actividad no variará; apenas 9,4% espera una mejora y 15,1% anticipa una caída. Entre las firmas vinculadas a la obra pública, el panorama es más delicado: 60% cree que la actividad no cambiará, 25,6% espera una disminución y 14,4% proyecta una suba.

Cuando se consultó por los factores que podrían impulsar al sector, las empresas privadas señalaron principalmente el crecimiento de la actividad económica, los nuevos planes de obras públicas y la disponibilidad de créditos para la compra de inmuebles. Entre las compañías de obra pública, también aparecen el crecimiento económico, los nuevos planes de infraestructura y el reinicio de obras públicas.

En cambio, entre quienes esperan una caída, las principales causas mencionadas son la baja de la actividad económica, los altos costos de la construcción y los atrasos en la cadena de pagos. En la obra pública, este último factor adquiere mayor peso y aparece como una de las principales restricciones operativas.

El informe deja una conclusión clara: la construcción no está paralizada, pero tampoco logró dejar atrás la fase de inestabilidad. El acumulado positivo, la mejora del empleo formal y el repunte de los permisos conviven con una caída mensual fuerte, retrocesos en insumos básicos y expectativas empresarias mayoritariamente defensivas.

Para que la recuperación se transforme en tendencia, el sector necesita algo más que rebotes estadísticos. Requiere estabilidad de precios, crédito accesible, previsibilidad en la cadena de pagos y una definición más clara sobre el rol de la obra pública. Sin esos factores, la construcción seguirá moviéndose en una zona intermedia: con señales parciales de recomposición, pero sin la fuerza suficiente para convertirse en motor sostenido de la actividad económica.

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El FMI convalida el desembolso, pero audita el “termómetro”: exige actualizar el IPC y modernizar el INDEC

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La aprobación de la segunda revisión del programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el consecuente desembolso de US$ 1.000 millones no llegaron con un cheque en blanco. En su último staff report, el organismo multilateral de crédito introdujo una advertencia técnica de calado estructural: la arquitectura estadística de la Argentina —el “termómetro” con el que se mide la estabilización— presenta signos de obsolescencia que podrían estar distorsionando la lectura de la desinflación y de las cuentas nacionales.

Para el staff técnico que dirige Kristalina Georgieva, la consolidación del proceso de desinflación es una condición necesaria, pero no suficiente, si no se cuenta con un herramental de medición que refleje la economía real del 2026 y no la de hace dos décadas.

La canasta del 2004 en una economía de 2026: El diagnóstico de obsolescencia

El punto de fricción central radica en la “prolongada demora” para actualizar la metodología del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Actualmente, el indicador se rige por una estructura de consumo basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) de 2004/2005, lo que el Fondo califica como una “metodología desactualizada y menos representativa”.

El plan original del INDEC preveía migrar hacia la canasta de 2017/2018 a comienzos de este año, incorporando servicios digitales, nuevas modalidades de consumo y una ponderación de precios relativos más fidedigna. Sin embargo, tras la salida de Marco Lavagna y la asunción de Pedro Lines al frente del organismo bajo la órbita de Luis Caputo, el cronograma de actualización quedó en un limbo técnico.

Según el documento del Fondo, la nueva medición se publicará recién “una vez que el proceso de desinflación esté firmemente consolidado”. No obstante, el organismo advierte que la calidad de los datos es un pilar de la credibilidad del programa económico: Cuentas Nacionales: El FMI detecta limitaciones en precisión y desagregación debido a un “año base obsoleto”. Sector Externo: Existen restricciones críticas en la disponibilidad de datos devengados fuera del comercio de bienes, con rezagos que dificultan el monitoreo en tiempo real de la balanza de pagos.

Más allá de la aritmética, el Fondo apunta a la Gobernanza de Datos. El staff report insta al Gobierno a avanzar en un marco institucional “modernizado” para el INDEC. Esto implica retomar el debate sobre una nueva Ley de Estadística que otorgue mayor autarquía al organismo, blindando la producción de datos de las alternancias políticas y las urgencias del Ministerio de Economía.

En este sentido, el Fondo se ofreció formalmente para “continuar brindando asistencia técnica” que permita alinear las estadísticas oficiales con las mejores prácticas internacionales, un mensaje que en el lenguaje diplomático del organismo suele leerse como una observación sobre la necesidad de mayor transparencia e independencia técnica.

El “Trípode” de Reformas: Cepo, Tributos y Previsión

Aunque el informe destaca la marcada desaceleración de la inflación y proyecta un escenario de crecimiento moderado —condicionado por la disciplina fiscal—, el FMI recordó que el éxito del programa de mediano plazo no depende solo de la licuación o el ajuste, sino de reformas de fondo.

El organismo solicitó flexibilización del esquema cambiario: Una hoja de ruta clara para el desarme del “cepo” y la unificación del mercado de cambios. Reforma Tributaria: Simplificación del sistema para reducir la informalidad y mejorar la eficiencia recaudatoria. Y reforma Previsional: Un rediseño que garantice la sostenibilidad del sistema ante la transición demográfica.

    El FMI ha pasado de la fase de “bombero” a la de “auditor”. El desembolso de los mil millones de dólares estabiliza las reservas en el corto plazo, pero la exigencia de modernizar el INDEC sugiere que el Fondo busca que la baja de la inflación sea validada por un sistema estadístico incuestionable. Para el management económico argentino, el reto será actualizar el “termómetro” sin que ello implique una corrección al alza de la inflación percibida en la transición hacia la nueva metodología.

    Informe FMI sobre Argentina 2026 by CristianMilciades

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    Supermercados: el consumo volvió a caer y la caja se sostiene con crédito

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    En marzo, los supermercados facturaron $2,464 billones, un 20,5% más que un año atrás. Pero el dato nominal queda por debajo de la inflación implícita del propio sector: a precios constantes, las ventas cayeron 5,1% interanual y acumularon una baja de 3,1% en el primer trimestre. La foto es clara: la caja crece en pesos, pero el volumen de consumo retrocede.

    El informe del INDEC revela además un mercado prácticamente estancado contra febrero: la serie desestacionalizada mostró una variación negativa cercana a 0,0%, mientras la tendencia-ciclo también quedó sin tracción. No hay derrumbe mensual, pero tampoco rebote: el consumo masivo permanece en una meseta baja.

    La señal más política del informe está en los medios de pago. La tarjeta de crédito concentró el 44,9% de las ventas, con $1,107 billones. El débito quedó en 24,8%, el efectivo en apenas 16,6% y otros medios -billeteras virtuales, QR y similares- ya explican 13,7%. En otras palabras: el changuito se financia cada vez más.

    Supermercados: las claves de marzo 2026

    Fuente: INDEC, Encuesta de Supermercados

    Indicador Dato Lectura económica
    Ventas reales -5,1% Caída interanual del consumo en volumen
    Acumulado enero-marzo -3,1% Primer trimestre negativo
    Facturación nominal $2,464 billones Sube en pesos, pero no alcanza para sostener volumen
    Tarjeta de crédito 44,9% El consumo cotidiano se financia
    Personal ocupado -2,3% Menos empleo en el sector supermercadista
    Misiones $29.319 millones 1,2% del total nacional

    Por rubros, la mayor suba nominal fue en carnes, con 41,9% interanual, seguida por panadería, 27%; alimentos preparados y rotisería, 25%; y almacén, 22,7%. En el otro extremo, electrónicos y artículos para el hogar cayeron 7,2% nominal, una señal fuerte de retracción en bienes durables.

    Misiones vendió $29.319 millones en supermercados durante marzo, con una suba nominal de 21,4% interanual y una participación de 1,2% en el total nacional. La provincia registró apenas 17 bocas de expendio relevadas, pero mostró una venta promedio por local de $1.724 millones, una de las más altas del país. Sin embargo, el ticket promedio fue bajo: $19.095 por operación, muy por debajo del promedio nacional de $35.817.

    El costado laboral también muestra ajuste: el personal ocupado fue de 96.782 asalariados, una caída de 2,3% interanual. Los cajeros, administrativos, repositores y otros puestos no jerárquicos bajaron 2,6%. La actividad vende menos en volumen y emplea menos personal, aunque los costos laborales crecieron 22,1% nominal.

    
    
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    Supermercados y mayoristas no ven un consumo firme ni recuperación en el corto plazo

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    El consumo masivo continúa sin mostrar una recuperación sólida. Pese a la desaceleración inflacionaria y cierta estabilización macroeconómica, las empresas vinculadas al comercio supermercadista y mayorista mantienen una visión prudente sobre la evolución del mercado interno y siguen operando bajo un escenario de demanda debilitada.

    Así surge de la última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC para supermercados y autoservicios mayoristas, donde el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) se ubicó en -4,4%, todavía en terreno negativo aunque bastante menos deteriorado que el observado en la industria manufacturera.

    La percepción sobre la situación actual sigue siendo predominantemente desfavorable. El 32% de las empresas calificó como mala su situación comercial, mientras apenas 5,3% la consideró buena. El balance general quedó en -26,7%.

    La demanda vuelve a aparecer como el principal problema estructural. El 57,3% de las firmas señaló que la falta de consumo limita la capacidad para aumentar la actividad comercial, muy por encima de otros factores como el costo laboral (21,3%), el costo financiero (6,7%) o la competencia sectorial (5,3%).

    El relevamiento muestra además que muchas empresas continúan operando con niveles ajustados de mercadería. El 25,3% aseguró tener stocks por debajo de lo normal y solo 13,3% afirmó contar con inventarios superiores a los habituales.

    En paralelo, persisten dificultades financieras relevantes. Apenas 2,7% considera fácil acceder al crédito, mientras más del 30% califica el financiamiento como difícil.

    Otro dato relevante es que el 73,3% de las empresas afirmó haber aumentado precios promedio de venta durante el último mes, señal de que la presión inflacionaria todavía continúa presente en buena parte de la cadena comercial.

    Sin embargo, esas subas de precios no se traducen necesariamente en mejores perspectivas de negocios. Para el trimestre mayo-julio, solo 18,7% de las empresas espera una mejora de la situación comercial, mientras 17,3% proyecta un empeoramiento. El balance queda prácticamente neutro, en apenas 1,3%.

    Más delicado aún aparece el vínculo con proveedores. Apenas 4% de las firmas prevé aumentar pedidos, mientras una de cada cuatro anticipa una reducción, una señal que refleja la cautela empresarial respecto de la evolución futura del consumo masivo.

    El informe confirma que, aunque la economía comienza a estabilizar algunas variables macro, el consumo todavía no logra recomponerse con fuerza. El comercio percibe un mercado más ordenado que en 2024, pero todavía lejos de una recuperación vigorosa capaz de impulsar expansión sostenida de ventas y actividad.

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    Industria: la recuperación no llega a las fábricas y el empresariado sigue viendo una demanda débil

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    La industria argentina atraviesa una recuperación parcial y todavía frágil. Aunque algunos indicadores macroeconómicos comenzaron a estabilizarse y ciertas ramas vinculadas al agro y la minería muestran señales de mejora, el clima empresario dentro del sector manufacturero continúa dominado por la cautela, la debilidad del mercado interno y las dificultades financieras.

    Así lo refleja la última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC correspondiente al trimestre mayo-julio de 2026, donde el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) industrial se ubicó en -16,9%, todavía claramente en terreno negativo pese a cierta mejora respecto de los meses más críticos de 2025.

    La principal preocupación de las empresas sigue siendo la falta de demanda. El 51,8% de los industriales señaló que la “demanda interna insuficiente” es el principal factor que limita la capacidad para aumentar la producción. Muy por detrás aparecen la competencia de productos importados (11%), la incertidumbre económica (7,3%) y los problemas financieros (4,8%).

    El dato confirma un cambio estructural en la dinámica de la crisis industrial. A diferencia de otros períodos marcados por restricciones de insumos, energía o problemas logísticos, hoy el principal obstáculo es la debilidad del consumo y la desaceleración de los pedidos.

    La cartera de órdenes empresarias refleja con claridad ese fenómeno. La mitad de las firmas manufactureras considera que sus pedidos se encuentran “por debajo de lo normal”, mientras apenas 2,8% asegura tener niveles superiores a los habituales. El balance negativo alcanza así el 47,3%, uno de los registros más bajos del relevamiento reciente.

    Las exportaciones muestran una situación algo menos comprometida, aunque todavía insuficiente para compensar plenamente el deterioro doméstico. El 33,5% de las empresas considera que el volumen exportado está por debajo de lo normal y solo 6,7% lo ubica por encima.

    El frente financiero continúa siendo otro foco de tensión. Un cuarto de las empresas calificó como “mala” su situación financiera actual y un tercio consideró difícil el acceso al crédito. El balance financiero se ubicó en -14,5%, mientras el de acceso al financiamiento cayó a -26,3%.

    Pese a ese contexto, las expectativas futuras muestran un moderado alivio frente al pesimismo extremo observado durante buena parte de 2025. Para el trimestre mayo-julio, el 15,5% de las empresas espera aumentar producción y el balance de expectativas se ubicó en -3,8%, bastante menos negativo que meses atrás.

    Sin embargo, cuando se consulta específicamente sobre demanda interna, el optimismo vuelve a diluirse: 23,1% espera una caída de pedidos y apenas 14,4% proyecta aumentos.

    El informe deja una conclusión central para el sector privado: la estabilización macroeconómica todavía no logró consolidar un proceso de recuperación sostenida del mercado interno. La industria comienza a salir del piso recesivo, pero el rebote sigue siendo heterogéneo y con escaso derrame sobre buena parte del entramado fabril.

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