Indec

Las ventas en supermercados cayeron 3,1% interanual en febrero, según el INDEC

Compartí esta noticia !

El dato, que se conoció en las últimas horas, confirma que el principal termómetro del consumo interno aún no logra consolidar una recuperación sostenida, pese a una leve suba ce las ventas en supermercados del 0,3% respecto de enero. La dinámica abre un interrogante central para el Gobierno: ¿se trata de un piso a partir del cual recomponer, o de una meseta de consumo deprimido?

Un indicador clave bajo presión

El relevamiento del organismo estadístico ubica a los supermercados en el centro del análisis económico. No es un sector más: funciona como un indicador directo del nivel de ingreso disponible y del comportamiento cotidiano de los hogares.

La caída interanual del 3,1% refleja una contracción en términos reales frente a febrero de 2025. Aunque el leve repunte mensual del 0,3% sugiere cierta estabilidad en el corto plazo, no alcanza para revertir la tendencia general.

En términos políticos, el dato impacta de lleno en la narrativa oficial sobre la evolución de la economía. El consumo es una variable sensible, tanto por su peso en la actividad como por su traducción directa en percepción social.

Entre la estabilización y la fragilidad

El comportamiento mixto —caída anual y leve mejora mensual— muestra una economía que todavía no encuentra un punto de inflexión claro. La variación positiva frente a enero podría interpretarse como un freno en la caída, pero no como una recuperación consolidada.

El consumo en supermercados, además, tiene una característica particular: responde rápidamente a cambios en ingresos, precios y expectativas. Por eso, su evolución suele anticipar tensiones más amplias en la economía.

En este marco, el dato de febrero se inscribe en una secuencia donde el mercado interno continúa ajustándose. La mejora marginal no modifica el escenario de fondo.

Impacto en la dinámica económica y política

La persistencia de niveles bajos de consumo condiciona tanto al sector privado como a la gestión pública. Para las empresas, implica menor volumen de ventas y presión sobre márgenes. Para el Gobierno, representa un desafío en términos de legitimidad económica.

El consumo masivo no solo mide actividad: también define clima social. Una recuperación sostenida en este indicador suele ser clave para consolidar expectativas positivas, mientras que su debilidad prolongada puede erosionarlas.

En ese equilibrio, los datos del INDEC se convierten en una referencia central para la toma de decisiones, tanto en el plano económico como político.

El leve repunte mensual introduce una señal a seguir, pero todavía insuficiente para marcar un cambio de tendencia. La evolución de los próximos meses será determinante para evaluar si el consumo encuentra un piso o continúa en un proceso de ajuste.

Por ahora, el dato deja una certeza parcial: la estabilización no garantiza recuperación. Y en esa diferencia se juega buena parte del escenario económico inmediato.

Compartí esta noticia !

Argentina desigual: 1 de cada 3 depende solo del sistema público de salud y casi la mitad de los hogares carece de servicios básicos completos

Compartí esta noticia !

La economía puede mostrar rebotes parciales, pero los indicadores sociales siguen marcando otra realidad. El último informe del INDEC sobre condiciones de vida en 31 aglomerados urbanos expone, con números duros, una Argentina que no logra recomponer su estructura básica de bienestar: acceso desigual a servicios, fuerte dependencia del Estado en salud, déficits habitacionales persistentes y una fractura social que se expresa en todos los niveles.

El dato más contundente es silencioso, pero estructural: el 34,3% de la población -más de 10,2 millones de personas- depende exclusivamente del sistema público de salud. No es un fenómeno marginal ni transitorio: es un tercio del país que queda fuera de cualquier esquema de cobertura formal o privada.

Ese número, además, esconde una dinámica preocupante. Entre los niños y adolescentes, la dependencia del sistema público asciende al 45%, lo que anticipa una reproducción intergeneracional de la vulnerabilidad. Es decir: no solo hay pobreza de ingresos, sino también una pobreza estructural que se consolida en las condiciones de acceso a derechos básicos.

Servicios: la mitad del país con acceso incompleto

Si hay un dato que sintetiza el deterioro estructural es este: el 47,3% de los hogares no accede a los tres servicios básicos -agua corriente, gas de red y cloacas-. Esto implica que más de 4,8 millones de hogares viven con al menos una carencia esencial.

El desglose es igual de elocuente:

  • 35% de los hogares no tiene gas de red
  • 27,1% no tiene cloacas
  • 9% no accede a agua corriente

En términos absolutos, esto implica millones de personas viviendo en condiciones que, en cualquier economía desarrollada, serían consideradas básicas. Pero aquí no se trata de marginalidad extrema: es casi la mitad del entramado urbano.

El problema no es solo de infraestructura, sino de acceso efectivo. La disponibilidad de redes no garantiza la conexión: los costos de instalación también funcionan como barrera. 

Vivienda: mejora superficial, déficit persistente

En términos habitacionales, el 81% de los hogares presenta materiales de calidad suficiente. A primera vista, el dato parece positivo. Pero la lectura completa cambia el enfoque: el 19% restante -casi 2 millones de hogares- vive en condiciones parcialmente insuficientes o directamente deficitarias.

El hacinamiento crítico afecta al 1,9% de los hogares (195.000 hogares), lo que involucra a más de un millón de personas. Aunque el porcentaje es bajo en términos relativos, su impacto cualitativo es alto: se trata de condiciones que afectan salud, educación y desarrollo social.

En saneamiento, el 12% de los hogares no tiene condiciones adecuadas, lo que incluye falta de baño, instalaciones precarias o sistemas no conectados a redes seguras. Es decir, uno de cada ocho hogares presenta déficits sanitarios estructurales.

ALERTA SOCIAL EN CIFRAS
Indicadores críticos de condiciones de vida en Argentina (31 aglomerados urbanos, segundo semestre 2025)
Problema estructural Impacto
Hogares sin acceso a todos los servicios básicos 47,3%
Personas que dependen solo del sistema público de salud 34,3% (10,3 millones)
Hogares sin gas de red 35,0%
Hogares sin cloacas 27,1%
Hogares sin agua corriente 9,0%
Hogares con saneamiento inadecuado 12,0%
Hogares con vivienda de calidad insuficiente o precaria 19,0%
Niños y adolescentes solo con sistema público de salud 45,0%
Hogares con al menos un miembro sin cobertura de salud formal 37,7%
Fuente: INDEC – Indicadores de condiciones de vida, segundo semestre de 2025. :contentReference[oaicite:0]{index=0}

Propiedad: leve mejora, pero con señales de fragilidad

El 61,9% de los hogares es propietario de la vivienda y el terreno. Es un dato relevante, pero que convive con un 20,5% de inquilinos y un 9,6% de ocupantes en condiciones informales o precarias.

Más que un cambio estructural, lo que se observa es una estabilidad estadística: no hay un deterioro abrupto, pero tampoco una mejora sustancial. En un contexto de caída del ingreso real y dificultad de acceso al crédito, la propiedad deja de ser una vía de movilidad social para amplios sectores.

Educación: alta asistencia, pero desigualdad de base

En educación, el sistema muestra dos caras. Por un lado, la asistencia escolar entre 4 y 17 años alcanza el 97,8%, un nivel alto que refleja la consolidación del acceso formal.

Pero el problema está en la calidad estructural del entorno. El llamado “clima educativo del hogar” revela una fuerte segmentación:

  • 34,3% de los hogares tiene clima educativo bajo o muy bajo
  • 49,8% de los jóvenes de 18 a 24 años no estudia

Esto implica que la continuidad educativa y las oportunidades reales siguen condicionadas por el entorno familiar. La escuela logra incluir, pero no necesariamente igualar.

El informe del INDEC permite cruzar condiciones de vida con nivel de ingresos, y el resultado es claro: la pobreza no solo implica menos ingresos, sino peor acceso a servicios, menor calidad habitacional y menor cobertura de salud.

Entre los hogares pobres:

  • cae el acceso a gas, cloacas y agua
  • aumenta la dependencia del sistema público
  • empeora la calidad de vivienda

Es una evidencia contundente de que la desigualdad en Argentina no es solo monetaria: es multidimensional.

El dato de fondo: una estructura que no cambia

Quizás lo más preocupante no sea el nivel de los indicadores, sino su estabilidad en el tiempo. La serie semestral muestra que muchos de estos valores se mantienen prácticamente sin cambios desde 2022.

  • El acceso a servicios básicos mejora marginalmente
  • El déficit habitacional persiste
  • La dependencia del sistema público se mantiene elevada

Esto sugiere que no hay un proceso de transformación estructural, sino una inercia social que resiste incluso a los cambios económicos.

La economía puede estabilizarse, pero la estructura social sigue fragmentada. Casi la mitad de los hogares sin acceso pleno a servicios, un tercio de la población dependiendo exclusivamente del sistema público y déficits persistentes en vivienda y educación configuran un escenario donde la recuperación no llega a todos.

En ese contexto, cualquier discusión sobre crecimiento pierde profundidad si no se acompaña de una pregunta más incómoda: ¿qué parte de la sociedad está realmente mejorando y cuál sigue quedando afuera?

Compartí esta noticia !

La economía cayó 2,1% interanual en febrero y mostró un fuerte freno mensual

Compartí esta noticia !

La economía argentina volvió a dar una señal de debilidad en febrero. El Estimador Mensual de Actividad Económica del INDEC registró una baja de 2,1% interanual y, más preocupante aún, una contracción de 2,6% en la medición desestacionalizada respecto de enero. El dato corta el tenue alivio con el que había arrancado 2026 y expone que la recuperación sigue sin afirmarse sobre bases amplias: avanza en algunos nichos, pero se resiente en los sectores que más empleo, consumo y encadenamientos generan.

El punto más delicado no es solamente la caída general, sino su composición. El INDEC muestra que la mejora estuvo sostenida por un puñado de rubros, con liderazgo de Pesca, que creció 14,8% interanual, y Explotación de minas y canteras, con 9,9%. También sobresalió Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con una suba de 8,4%. Pero ese impulso no alcanzó para compensar el deterioro de los sectores más densos de la estructura productiva. La industria manufacturera se desplomó 8,7% y el comercio mayorista, minorista y reparaciones cayó 7,0%. Entre ambos restaron 2,2 puntos porcentuales a la variación interanual del EMAE, más de lo que aportaron los principales sectores en expansión.

Ahí aparece la primera conclusión de fondo: la economía no está mostrando un proceso homogéneo de recuperación, sino una dinámica dual. Por un lado, crecen actividades vinculadas a recursos naturales, segmentos primarios o nichos específicos. Por otro, se debilitan la industria y el comercio, que son justamente los termómetros más sensibles del mercado interno. En otras palabras, el problema no es solo cuánto crece o cae la economía, sino dónde lo hace. Y cuando los sectores que caen son los que arrastran consumo, inversión pyme y empleo urbano, la señal es más grave que la que sugiere el promedio.

El dato desestacionalizado refuerza esa lectura. Tras una suba de 0,4% en enero, febrero mostró un retroceso de 2,6%, uno de los peores registros mensuales de los últimos meses. El componente tendencia-ciclo, en cambio, avanzó apenas 0,1%, una variación tan modesta que no alcanza para discutir el cuadro general: el nivel de actividad perdió vigor y volvió a quedar expuesto a una volatilidad alta. El contraste entre una tendencia-ciclo apenas positiva y una serie desestacionalizada en fuerte baja sugiere una economía sin motor firme, donde cualquier shock sectorial o financiero vuelve a sentirse con rapidez.

También es relevante mirar el primer bimestre. El acumulado enero-febrero de 2026 mostró una baja de 0,2% frente al mismo período del año pasado. Es un giro significativo si se recuerda que 2025 había terminado con una expansión acumulada de 4,4%. Es decir, el arranque de 2026 no prolongó el sendero de mejora que habían sugerido varios meses del año pasado, sino que abrió una fase más errática y, por ahora, contractiva.

Cuando se desagrega por ramas, el cuadro resulta todavía más elocuente. Además de industria y comercio, cayeron Electricidad, gas y agua (-6,0%), Impuestos netos de subsidios (-4,2%), Administración pública y defensa (-1,5%), Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (-0,5%) y Transporte y comunicaciones (-0,3%). Son descensos que, salvo excepciones, no remiten a un fenómeno puntual, sino a un enfriamiento más amplio de la actividad.

EMAE FEBRERO 2026 – PRINCIPALES DATOS
Indicador Variación
Actividad económica interanual -2,1%
Variación mensual (desestacionalizada) -2,6%
Tendencia-ciclo mensual +0,1%
Acumulado 2026 vs 2025 -0,2%
SECTORES DESTACADOS
Sector Variación interanual
Pesca +14,8%
Explotación de minas y canteras +9,9%
Agricultura, ganadería y silvicultura +8,4%
Industria manufacturera -8,7%
Comercio mayorista y minorista -7,0%
Fuente: INDEC – Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), febrero 2026.

Del lado positivo, además de minería, agro y pesca, crecieron Intermediación financiera (6,0%), Servicios sociales y de salud (0,9%), Otras actividades de servicios comunitarios, sociales y personales (1,0%), Hoteles y restaurantes (1,0%) y Enseñanza (0,1%). Pero varias de estas mejoras tienen incidencias reducidas sobre el agregado general.

Ese detalle, que en el gráfico sectorial del informe se ve con claridad, obliga a una lectura crítica. No alcanza con mostrar que “ocho sectores crecieron” si los que caen pesan mucho más en el total. La incidencia de la industria manufacturera fue de -1,26 puntos y la del comercio de -0,91 puntos, muy por encima de los aportes positivos individuales de minería (0,39 puntos) y agro (0,36 puntos). La foto, entonces, no es la de una economía equilibradamente expansiva, sino la de un esquema donde pocos ganan mucho y muchos pierden algo, con saldo neto negativo.

Hay otro elemento que merece atención. La industria había mostrado señales de mejora en buena parte de 2025, pero cerró el año debilitándose y en febrero profundizó esa tendencia. Pasó de crecer 5,1% interanual en febrero de 2025 a caer 8,7% un año después. El comercio recorrió un sendero similar: de una suba de 6,3% en febrero de 2025 a una baja de 7,0% en febrero de 2026. Ese cambio de signo no es menor. Habla de una economía que perdió tracción en sus actividades más ligadas al ingreso disponible, al crédito comercial y al consumo.

En ese marco, el avance de la intermediación financiera, que creció 6,0%, también debe leerse con cautela. Puede reflejar un mejor desempeño del negocio financiero, pero no necesariamente un fortalecimiento del aparato productivo. De hecho, el contraste entre finanzas en alza e industria y comercio en baja suele describir un patrón conocido en la Argentina: valorización o rentabilidad financiera coexistiendo con una economía real debilitada. El EMAE no alcanza por sí solo para probar esa hipótesis, pero sí ofrece indicios consistentes para plantearla.

La conclusión, en suma, es incómoda para cualquier relato triunfalista. Febrero dejó una economía más chica que un año atrás, más débil que en enero y sostenida por sectores que no alcanzan a compensar la caída de los núcleos duros de la actividad. El rebote de 2025 parece haber perdido fuerza antes de consolidarse. Y si la industria y el comercio no revierten rápido su trayectoria, el riesgo es que el crecimiento quede encapsulado en pocos segmentos, con escasa capacidad de derrame sobre empleo, consumo y recaudación. El dato del INDEC no clausura el debate, pero sí deja una advertencia nítida: la recuperación, si existe, sigue siendo demasiado angosta.

Compartí esta noticia !

Negocios: el consumo deja de hundirse, pero los mayoristas siguen comprando con freno

Compartí esta noticia !

En supermercados y autoservicios mayoristas, el segundo trimestre arranca con una sensación ambigua. La encuesta del INDEC muestra que lo peor del humor empresario podría haber quedado atrás, pero la mejora todavía no se traduce en decisiones expansivas. El Indicador de Confianza Empresarial se ubicó en -6,2% en marzo: sigue en terreno negativo, aunque bastante menos deteriorado que la industria y lejos de los pisos observados en etapas más críticas de la serie. Es un dato que habla más de estabilización que de rebote.

La foto actual del sector sigue siendo adversa. En marzo, 37,3% de las empresas definió como mala su situación comercial, mientras apenas 5,3% la evaluó como buena. El balance fue de -32,0%, lo que confirma que el negocio aún opera bajo tensión. Sin embargo, cuando se consulta por el trimestre abril-junio, el resultado cambia de signo: 16,0% espera una mejora, 14,7% prevé un empeoramiento y 69,3% cree que todo seguirá igual. El balance positivo, de 1,3%, es mínimo, pero rompe con la lógica enteramente contractiva.

Esa diferencia entre presente malo y futuro apenas mejor ilustra bastante bien el momento del comercio mayorista. Las empresas ya no esperan un desplome adicional, pero tampoco muestran convicción suficiente como para acelerar compras, ampliar dotaciones o asumir riesgos operativos. De hecho, el dato más elocuente de esa prudencia aparece en la relación con proveedores: para los próximos tres meses, apenas 1,3% de las firmas espera aumentar el volumen de pedidos, mientras 24,0% prevé una reducción. El balance se hunde a -22,7%. En lenguaje de negocios, esto significa que los mayoristas no están apostando a una recomposición vigorosa de ventas.

También los stocks revelan una lógica defensiva. En marzo, 25,3% de las empresas dijo tener existencias por debajo de lo normal, contra 13,3% que las ubicó por encima, con un balance de -12,0%. No parece tratarse de una sobreacumulación, sino más bien de inventarios administrados con cautela, coherentes con un mercado que todavía no garantiza una demanda firme.

La principal limitación para expandir la actividad comercial sigue siendo, con claridad, la demanda. El 58,7% de las firmas la ubicó como el factor que más restringe el crecimiento del negocio. Es un peso incluso mayor que el registrado tres meses atrás, cuando marcaba 55,8%. El segundo factor, bastante más atrás, es el costo laboral, con 17,3%, aunque en este caso cayó fuerte respecto del 28,6% previo. En cambio, el costo de financiamiento subió de 3,9% a 6,7%, lo que sugiere que, aunque la demanda es el problema dominante, el frente financiero vuelve a ganar relevancia en la gestión cotidiana.

La situación financiera de las empresas no aparece colapsada, pero sí bajo presión. Solo 9,3% la considera buena, mientras 24,0% la define como mala; el balance es de -14,7%. El acceso al crédito, además, sigue siendo claramente restrictivo: apenas 2,7% lo califica como fácil y 30,7% como difícil, con un balance de -28,0%. Para un sector que opera con márgenes finos, alta rotación y necesidad permanente de capital de trabajo, esa restricción es decisiva.

Un aspecto interesante del informe es el comportamiento de la competencia. En los últimos tres meses, 20,0% de las firmas dijo que aumentó la competencia en su sector, contra 6,7% que percibió una disminución, con un balance de -13,3%. En otras palabras, aun con demanda floja, el mercado sigue tensionado por jugadores que disputan volumen, precio y participación. Esa mayor presión competitiva suele traducirse en promociones, menores márgenes y estrategias más agresivas para sostener flujo de ventas.

El dato más sensible del relevamiento, quizá, está en el empleo. Para los próximos tres meses, ninguna firma prevé aumentar la cantidad de personas empleadas; 76,0% cree que no habrá cambios y 24,0% espera una reducción. El balance es de -24,0%, uno de los registros más duros del informe. Es una señal inequívoca: aun cuando la expectativa sobre la situación comercial deja de ser negativa, el sector no está dispuesto a traducir esa mejora marginal en nuevas contrataciones. Al contrario, sigue priorizando eficiencia y ajuste.

En precios, la dinámica continúa muy activa. Durante el último mes, 65,3% de las empresas afirmó haber aumentado sus precios promedio de venta y solo 1,3% dijo haberlos bajado. Hacia adelante, para el próximo trimestre, 69,3% espera nuevas subas, 29,3% cree que permanecerán sin cambios y 1,3% proyecta bajas. El mensaje es claro: aunque la demanda siga siendo el principal problema, la recomposición de precios no se detiene.

Compartí esta noticia !

Industria manufacturera: la producción no despega, pero las exportaciones insinúan un respiro

Compartí esta noticia !

La industria manufacturera argentina llega al segundo trimestre con un humor empresario todavía contractivo, aunque con algunos matices que impiden una lectura linealmente pesimista. El dato de síntesis es el Indicador de Confianza Empresarial, que en marzo se ubicó en -18,3%, todavía en zona negativa, aunque con una mejora respecto de enero (-20,1%) y febrero (-18,7%). No alcanza para hablar de un cambio de ciclo, pero sí de una desaceleración en el deterioro.

El problema central sigue estando en el corazón mismo de la actividad: la demanda. En marzo, el 50,9% de las firmas industriales consideró que su cartera total de pedidos estaba por debajo de lo normal, contra apenas 2,9% que la ubicó por encima. De allí surge un balance de -48,0%, uno de los registros más elocuentes de la debilidad del mercado interno. No es un dato menor: cuando la mitad del entramado fabril percibe pedidos insuficientes, la capacidad de reacción productiva queda acotada, incluso si otras variables empiezan a estabilizarse.

A esa señal se suma una evaluación también negativa de las exportaciones actuales. El 38,8% de las empresas sostuvo que su nivel exportador está por debajo de lo normal, frente a 6,7% que lo consideró por encima, lo que arroja un balance de -32,1%. Es decir, tampoco el frente externo luce hoy como un motor consolidado. Sin embargo, ahí aparece uno de los pocos datos con sesgo favorable del informe: para abril-junio, las expectativas sobre exportaciones muestran un balance positivo de 2,8%, con 18,4% de firmas que esperan aumentos y 15,6% que anticipan bajas. La mejora es tenue, pero relevante en un contexto donde casi todos los demás indicadores siguen en rojo.

En producción, el cuadro continúa siendo de cautela. Para el trimestre abril-junio, el 64,8% de las empresas no espera cambios en sus volúmenes, mientras que 20,1% prevé una baja y 15,1% una suba. El balance queda en -5,0%, mejor que el de los meses más duros del año pasado, pero todavía sin fuerza para sostener una narrativa de recuperación. La industria, en otras palabras, dejó de empeorar al ritmo previo, pero aún no encuentra una tracción clara.

El informe también confirma que el principal cuello de botella no es hoy la oferta sino la falta de mercado. El 52,5% de las firmas señaló a la demanda interna insuficiente como el factor más importante que limita la capacidad para aumentar la producción. Muy lejos aparecen la competencia de productos importados, con 11,5%, y la incertidumbre económica, con 7,2%. La demanda externa insuficiente, en cambio, fue mencionada por 4,6%. Es un dato de enorme valor analítico: más que un problema fabril de costos o abastecimiento, la industria enfrenta una restricción de ventas.

Ese diagnóstico se refleja también en la situación general del negocio. Solo 6,2% de los empresarios calificó como buena la situación actual de su firma, mientras que 31,3% la definió como mala. El balance resultante, de -25,1%, muestra que la percepción empresarial sigue deteriorada. Aun así, la situación financiera presenta una foto algo menos severa: 10,7% la juzga buena y 25,5% mala, con un balance de -14,8%. No es un escenario holgado, pero sí menos comprometido que el de la cartera de pedidos o el clima general del negocio.

Otro punto delicado es el crédito. El 35,0% de las firmas considera difícil el acceso al financiamiento y apenas 6,2% lo ve fácil, lo que da un balance de -28,8%. En una economía donde la reactivación industrial requiere capital de trabajo, reposición de stocks e inversión defensiva, el crédito sigue operando más como restricción que como palanca.

Los stocks, por su parte, aparecen relativamente equilibrados. El 62,7% los considera adecuados y el balance es levemente positivo, en 2,1%. Esa aparente normalidad, sin embargo, no necesariamente es una buena noticia: puede leerse tanto como ordenamiento operativo como síntoma de una producción que no necesita recomponer inventarios porque la demanda sigue débil.

Hacia adelante, las señales más preocupantes pasan por el empleo fabril. Para los próximos tres meses, apenas 6,3% de las empresas espera aumentar las horas trabajadas del personal afectado al proceso productivo, mientras 18,7% prevé una baja. El balance es de -12,4%. En una industria que no ve aún un repunte consistente de pedidos, el ajuste sobre la intensidad de uso del trabajo aparece como una respuesta lógica, aunque inquietante.

En precios, el panorama confirma que la industria todavía opera bajo presión. El 38,2% espera aumentos en los precios promedio de venta durante abril-junio, 53,3% cree que no variarán y 8,5% anticipa bajas. No es una dinámica explosiva, pero sí suficiente para mostrar que la recomposición de márgenes continúa en agenda.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin