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Misiones vuelve a mostrar los mayores niveles de actividad y empleo en el NEA

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Los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos referidos a la Encuesta Permanente de Hogares  (EPH) Total Urbano, correspondientes al tercer trimestre 2025, muestran que Misiones sigue exhibiendo, con amplia diferencia, los mayores niveles de actividad y empleo del NEA. 

Para el tercer trimestre de 2025, Misiones ratifica su liderazgo en los indicadores laborales de  la región del NEA. La tasa de Actividad misionera alcanzó en ese período el 46,3%, presentando una mejora contra el año anterior (+0,8 puntos porcentuales) y exhibiendo  una amplia diferencia respecto a las otras provincias de la región: en Corrientes esta tasa llegó al 39,6%, en Chaco al 41,8% y en Formosa al 37,4 %. 

Además, Misiones registró la tercera mayor tasa de actividad del Norte Grande, solo por debajo de Jujuy y Tucumán (y se ubica 11° a nivel país). En términos absolutos, la población económicamente activa creció en 14 mil personas en Misiones.  

A su vez, la tasa de Empleo misionera marcó 44,0%, igual nivel que el observado en 2024 aunque con 6 mil nuevos empleos. El hecho de que la tasa se mantenga igual pero el número absoluto crezca se da porque creció la población total. En este punto Misiones también sostiene fuerte diferencia respecto a otras provincias del NEA: en Corrientes, la  tasa de empleo llegó al 37,8%, en Chaco al 38,7% y en Formosa al 35,7%. Por ende,  Misiones es la única provincia de esta región con niveles de empleo superiores (de manera amplia) al 40%. 

En el Norte Grande, Misiones vuelve a mostrar la tercera mayor tasa de empleo, solo por debajo de Jujuy y Tucumán (y décima a nivel país).

Respecto a la tasa de desocupación misionera, alcanzó el 4,8% en el tercer trimestre de 2025 y mostró una suba (+1,6 puntos); presentando la segunda más alta en la región (solo debajo  de Chaco con 7,4%). A nivel país, se ubica a mitad de tabla, por debajo del total nacional (6,3%). 

Cabe recordar que, a diferencia de la EPH Continúa (que releva información trimestral para los aglomerados urbanos) la EPH Total Urbano es una publicación que se realiza todos los terceros trimestres de año ampliando la medición de la anterior mediante la incorporación a la muestra de viviendas particulares pertenecientes a localidades de 2.000 y más habitantes. Por ello, se utiliza la EPH Total Urbano para analizar  resultados para el total provincial y no para aglomerados.  

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Criar un niño en Argentina ya cuesta más de $600 mil al mes

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Canasta de crianza (enero 2026) — composición

Fuente: INDEC. Valores en pesos. Barras apiladas: bienes y servicios + cuidado = total.
Menor de 1 año 1 a 3 años 4 a 5 años 6 a 12 años $476.230 $567.124 $483.497 $607.848 Bienes y servicios Cuidado

El costo de criar a un niño en la Argentina volvió a mostrar en enero de 2026 una presión significativa sobre los ingresos familiares. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) difundió la actualización de la canasta de crianza para la primera infancia, la niñez y la adolescencia (0 a 12 años), un indicador que no solo contempla los bienes y servicios básicos, sino también el tiempo de cuidado necesario para cada etapa.

Según el organismo, el costo mensual total se ubicó en $476.230 para menores de un año, $567.124 para niños de 1 a 3 años, $483.497 para el tramo de 4 a 5 años y alcanzó su nivel más alto en $607.848 para chicos de 6 a 12 años. La cifra no es uniforme: varía según la edad y, sobre todo, según la intensidad del cuidado requerido en cada etapa.

La estructura de la canasta muestra una realidad muchas veces invisibilizada en el debate económico: en los primeros años de vida, el componente más pesado no es el consumo de bienes, sino el cuidado. En el caso de los menores de un año, más de dos tercios del costo total corresponden al tiempo necesario para su atención. El INDEC valoriza ese tiempo tomando como referencia la remuneración del personal de casas particulares en la categoría “asistencia y cuidado de personas”, aplicando una cantidad de horas normativas mensuales según la edad del niño.

Para enero de 2026, el componente “bienes y servicios” -que surge de la Canasta Básica Total del Gran Buenos Aires con ponderaciones por edad- fue de $154.079 para menores de un año y de $314.331 para el tramo de 6 a 12 años. En paralelo, el costo estimado del cuidado fue de $322.151 en el primer año de vida, bajó a $230.108 entre los 4 y 5 años y volvió a crecer a $293.517 en la franja de 6 a 12 años.

El informe también permite observar la evolución. En comparación con diciembre de 2025, la canasta total registró una suba cercana al 3,5% en todos los tramos etarios. En términos interanuales, el incremento frente a enero de 2025 se ubicó entre el 21% y el 24%, dependiendo de la edad. Detrás de esa variación se advierte que el componente de bienes y servicios -atado al comportamiento de precios de la economía- tiende a crecer con mayor dinamismo, mientras que el cuidado depende de la actualización de las remuneraciones del sector de casas particulares.

Más allá de las cifras puntuales, la canasta de crianza introduce un cambio conceptual en la medición social: reconoce que criar no es solo consumir, sino también dedicar tiempo, y que ese tiempo tiene un valor económico concreto. En un contexto de recomposición salarial dispar y alta sensibilidad del gasto familiar, el indicador se consolida como una referencia clave para discusiones sobre ingresos, transferencias sociales, cuotas alimentarias y políticas de cuidado.

La radiografía de enero confirma una tendencia estructural: el costo de criar supera ampliamente el medio millón de pesos mensuales en casi todas las edades y pone en evidencia que el cuidado -especialmente en la primera infancia- es el componente central del esfuerzo económico que asumen los hogares argentinos.

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Los salarios formales cayeron fuerte contra la inflación en diciembre y perdieron más de 2% en 2025

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El poder adquisitivo de los salarios registrados volvió a deteriorarse en 2025. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), los haberes del sector público y privado crecieron 28,8% en el año, frente a una inflación acumulada del 31,5%, lo que implicó una caída real del 2,1% interanual.

La merma se explicó íntegramente por el desempeño del último cuatrimestre. En diciembre, los salarios aumentaron 2% mensual, por debajo del 2,8% de inflación, profundizando el retroceso real.

El golpe fue más fuerte en el sector público. En diciembre, los salarios estatales subieron apenas 1%, lo que implicó una pérdida de 1,8% del poder adquisitivo en el mes. En el sector privado registrado, los ingresos avanzaron 2,5%, pero aun así mostraron una leve caída real de 0,3%, según estimaciones privadas en base a los datos oficiales.

En términos anuales, el deterioro se concentró en los últimos cuatro meses, cuando el salario real se contrajo 2,5%. El fenómeno estuvo vinculado a la aceleración inflacionaria de fin de año y al rezago típico de las actualizaciones salariales, que suelen ajustarse con base en inflación pasada. Cuando los precios se aceleran, los ingresos quedan temporalmente por detrás.

Si se amplía la comparación al período iniciado en noviembre de 2023 —momento del salto inflacionario posterior a la devaluación— la pérdida acumulada es mayor. Desde entonces, el conjunto de trabajadores registrados registra una caída real del 7,1%. La brecha sectorial es marcada: el empleo público acumula una pérdida del 17,03% de su poder adquisitivo, mientras que el privado registrado retrocede 1,55%.

Aunque durante parte de 2024 los salarios mostraron cierta recuperación real, el cierre de 2025 deja un balance negativo. El dato confirma que la recomposición salarial sigue condicionada por la dinámica inflacionaria y por el desfase entre precios y negociaciones paritarias.

En un contexto de desaceleración económica y menor utilización de capacidad instalada, la evolución del salario real se convierte en una variable clave para el consumo interno y la actividad.

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La canasta alimentaria saltó casi 6% en enero y una familia necesitó más de $1.360.000 para no ser pobre

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La presión sobre el costo de vida volvió a sentirse con fuerza en enero. La Canasta Básica Alimentaria (CBA) registró una suba mensual cercana al 6%, el mayor incremento en casi un año y más del doble de la inflación general del mes, que fue de 2,9%, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Por su parte, la Canasta Básica Total (CBT) -que además de alimentos incluye bienes y servicios no alimentarios- aumentó 3,9% en el mes.

Con estos valores, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.360.299 para no caer bajo la línea de pobreza, mientras que requirió $623.990 para no ser indigente, es decir, para cubrir únicamente el requerimiento mínimo mensual de calorías y proteínas.

En términos interanuales, la CBA acumuló un incremento del 37,6%, mientras que la CBT avanzó 31,6%.

La aceleración no fue inesperada. Dentro del Índice de Precios al Consumidor (IPC), la división que más aumentó en enero fue alimentos y bebidas no alcohólicas, con una suba cercana al 5% mensual, impulsada principalmente por nuevos incrementos en carnes y un salto significativo en verduras y frutas.

El economista y director de Analytica, Ricardo Delgado Caprarulo, advirtió que se trata de “un muy mal dato en vistas del impacto que tiene en los sectores de menores recursos”, ya que el aumento de la canasta alimentaria incide directamente en la línea de indigencia.

La dinámica venía mostrando señales de aceleración. En diciembre, la CBA había registrado un 4,1% mensual por segundo mes consecutivo, mientras que la CBT había saltado del 3,6% al 4,1% en el último mes del año.

Las líneas oficiales

En enero, la línea de indigencia para un adulto equivalente se ubicó en $201.939, mientras que la línea de pobreza por persona alcanzó los $440.226.

Por tipo de hogar:

  • Tres integrantes:
    • CBA: $496.769
    • CBT: $1.082.956
  • Cuatro integrantes:
    • CBA: $623.990
    • CBT: $1.360.299
  • Cinco integrantes:
    • CBA: $656.301
    • CBT: $1.430.735

El dato refuerza una tensión estructural: aunque la inflación general se mantiene por debajo de los picos de 2024, los alimentos vuelven a moverse por encima del promedio y presionan con mayor intensidad sobre los hogares de menores ingresos.

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Capacidad instalada industrial: diciembre terminó peor que 2024 y con un quiebre en el último bimestre

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Capacidad instalada: las 7 claves de diciembre 2025

  • Nivel general: 53,8% (dic-2024: 56,7%).
  • Máximo 2025: 61,1% (septiembre) y 61,0% (octubre); cierre en baja.
  • Más alto: Refinación del petróleo 87,1%.
  • Sobre el promedio: Papel y cartón 65,0%; Alimentos y bebidas 63,6%; Químicos 58,6%; Metálicas básicas 57,5%.
  • Más bajo: Automotriz 31,2%; Caucho y plástico 33,4%; Textiles 35,2%.
  • Factor de caída: Metalmecánica 38,9% por menor producción de electrodomésticos (-43,0%) y maquinaria agropecuaria (-22,9%).
  • Dato crítico: Neumáticos con caída interanual de 57,3%.

Fuente: INDEC, Utilización de la capacidad instalada en la industria, diciembre 2025 (publicado 12/02/2026).

La industria argentina operó en diciembre de 2025 al 53,8% de su capacidad instalada, contra 56,7% en diciembre de 2024, confirmando un deterioro interanual.

El dato adquiere mayor relevancia cuando se observa la trayectoria del año: tras alcanzar niveles cercanos al 61% en septiembre y octubre, la utilización cayó a 57,7% en noviembre y profundizó la baja en diciembre.

La señal es clara: el último bimestre mostró un enfriamiento significativo de la actividad manufacturera.

Tras alcanzar niveles cercanos al 61% en septiembre y octubre, la industria comenzó a perder impulso: bajó a 57,7% en noviembre y profundizó la caída en diciembre. El cierre anual deja así un promedio sostenido por algunos sectores puntuales, pero con amplias áreas operando con fuerte capacidad ociosa.

La foto sectorial muestra una industria partida en dos. Por encima del promedio se ubican refinación del petróleo (87,1%), papel y cartón (65%), alimentos y bebidas (63,6%), químicos (58,6%) y metálicas básicas (57,5%). Son rubros con estructuras productivas más estables o vinculadas a insumos esenciales, lo que les permite sostener niveles relativamente altos de actividad.

En el otro extremo aparecen los sectores más sensibles al ciclo económico. La industria automotriz operó apenas al 31,2% de su capacidad; caucho y plástico al 33,4%; textiles al 35,2%; y metalmecánica (excluida la automotriz) al 38,9%. Son niveles compatibles con plantas subutilizadas, reducción de turnos o menor intensidad operativa.

El INDEC identifica con precisión las causas de la retracción. En metalmecánica pesó la fuerte caída en la producción de electrodomésticos (-43% interanual) y maquinaria agropecuaria (-22,9%). En automotriz influyó la menor cantidad de unidades fabricadas respecto del año anterior. En caucho y plástico impactó especialmente el desplome de neumáticos (-57,3%). Incluso alimentos y bebidas —que sigue por encima del promedio— registró una leve baja frente a 2024, asociada a menor molienda de oleaginosas (-10,9%) y menor producción de carne vacuna (-7,3%).

La excepción parcial fue metálicas básicas, impulsada por un crecimiento interanual del 11,9% en la producción de acero crudo. Sin embargo, ese repunte no alcanza para compensar la debilidad en los sectores más intensivos en bienes durables e inversión.

La utilización de la capacidad instalada es un indicador clave porque anticipa comportamientos de inversión y empleo. Cuando el nivel general se mueve en torno al 53-54%, la presión sobre los costos fijos aumenta, los márgenes se reducen y las decisiones de ampliar capacidad productiva se postergan. No es un dato de ventas, sino de uso efectivo del aparato productivo disponible. Y hoy ese aparato muestra un margen amplio de ociosidad.

Para Misiones y el NEA, el impacto no es lineal, pero sí indirecto. El hecho de que papel y cartón opere al 65% a nivel nacional es un dato relevante para la cadena forestal vinculada a pulpa y papel. Sin embargo, la desaceleración general limita el dinamismo de la demanda industrial agregada. En alimentos, la menor molienda y la caída en carnes pueden afectar el ritmo de procesamiento y la logística asociada en economías regionales.

La baja en maquinaria agropecuaria también es un punto sensible para el NEA, donde la inversión productiva depende en buena medida del financiamiento y del ciclo agrícola. Si la industria nacional de bienes de capital reduce producción, el efecto se traslada a proveedores, servicios y transporte.

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