industria alimentaria

SENASA elimina restricciones históricas para la producción de margarinas

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Una resolución del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) modificó una normativa que llevaba casi seis décadas vigente y eliminó una serie de requisitos técnicos aplicados a la elaboración de margarinas en Argentina. Aunque se trata de un cambio regulatorio específico, la decisión apunta a reducir procesos considerados obsoletos por la evolución tecnológica de la industria alimentaria y podría traducirse en menores costos operativos para fabricantes de grasas y derivados.

La Resolución 475/2026 derogó tres exigencias incluidas en el Reglamento de Inspección de Productos, Subproductos y Derivados de Origen Animal, aprobado originalmente en 1968. Según argumenta el organismo sanitario, los avances en los sistemas de producción, control de calidad y trazabilidad vuelven innecesarias determinadas obligaciones que habían sido diseñadas para prevenir adulteraciones y fraudes en una industria muy diferente a la actual.

La medida no modifica los estándares de inocuidad alimentaria ni los controles sanitarios vigentes, pero sí elimina barreras regulatorias que el propio SENASA considera superadas por la tecnología disponible.

La actualización elimina tres disposiciones vinculadas a la elaboración de margarinas.

Por un lado, desaparece la obligación de incorporar determinadas sustancias testigo utilizadas históricamente para identificar posibles adulteraciones. También se elimina una restricción relacionada con el uso de manteca de leche en determinados procesos industriales y se deroga una exigencia específica incorporada décadas atrás como mecanismo de prevención de fraude comercial.

La argumentación oficial es clara: los métodos modernos de control permiten garantizar la autenticidad y composición de los productos mediante herramientas más precisas que las previstas por una regulación diseñada en los años sesenta.

Para la industria, esto implica simplificar procesos productivos, reducir intervenciones innecesarias y mejorar atributos de calidad del producto final sin afectar los mecanismos de fiscalización sanitaria.

Qué impacto puede tener sobre la cadena alimentaria

Aunque la resolución está dirigida específicamente al segmento de margarinas y grasas industriales, sus efectos alcanzan a una cadena mucho más amplia.

Las margarinas son un insumo utilizado por industrias panificadoras, fabricantes de galletitas, productos de pastelería, alimentos procesados y gastronomía industrial.

Cuando una regulación reduce costos de producción o elimina procesos redundantes, el beneficio no queda exclusivamente en el fabricante primario. También puede mejorar la competitividad de los sectores que utilizan esos insumos como materia prima.

En un escenario donde la industria alimentaria continúa buscando eficiencia para sostener márgenes de rentabilidad, cualquier reducción de costos regulatorios adquiere relevancia.

La medida forma parte de una tendencia observada durante los últimos meses en distintas áreas del Gobierno nacional: revisar normativas históricas para eliminar requisitos considerados incompatibles con las tecnologías actuales de producción y control.

A diferencia de los grandes centros industriales, donde existe una elevada integración productiva, las economías regionales suelen absorber con mayor intensidad los costos regulatorios debido a menores escalas de producción.

En provincias como Misiones, donde el sector alimenticio está compuesto principalmente por PyMEs, cooperativas y empresas familiares vinculadas a la molienda, panificación, elaboración de alimentos y gastronomía, cualquier reducción de costos en insumos industriales termina impactando sobre la estructura de costos de múltiples actividades.

No se trata de un efecto inmediato ni necesariamente visible para el consumidor final, pero sí de una mejora incremental en la competitividad de la cadena alimentaria.

Además, la decisión ratifica una señal regulatoria que el sector privado sigue de cerca: la disposición de los organismos nacionales a actualizar marcos normativos que habían quedado desfasados respecto de la realidad tecnológica.

Una regulación menos rígida para una industria más moderna

La resolución del SENASA no implica una desregulación sanitaria. El organismo mantiene intactas sus facultades de fiscalización y control sobre la inocuidad de los alimentos.

La diferencia es que cambia el enfoque. En lugar de exigir procedimientos específicos diseñados para otra época, la normativa pasa a apoyarse en tecnologías modernas de control de calidad y trazabilidad.

Para los fabricantes, esto representa una mayor flexibilidad productiva. Para los consumidores, el objetivo declarado es mantener los mismos estándares de seguridad alimentaria con productos de mejor aceptación y procesos más eficientes.

Lo que habrá que observar en los próximos meses es si esta actualización normativa se replica en otros segmentos de la industria alimentaria. Existen numerosos reglamentos técnicos construidos bajo parámetros productivos del siglo pasado que hoy podrían estar generando costos sin aportar mejoras reales en materia sanitaria.

La competitividad industrial ya no depende solamente de impuestos o financiamiento. También está vinculada a la capacidad del Estado para adaptar las regulaciones a las tecnologías que utiliza el sector productivo.

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Cooperativas misioneras respaldan baja del IVA a la fécula de mandioca y advierten por la competencia externa

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Las cooperativas agropecuarias de Misiones salieron a respaldar el proyecto que propone reducir el IVA a la harina de mandioca al 10,5%, en línea con otros productos básicos, con el objetivo de mejorar la competitividad de la producción local frente a un escenario marcado por la recesión y la competencia externa.

La postura fue expresada por Hugo Reckziegel, gerente de la Cooperativa Agropecuaria Mixta de Montecarlo, quien señaló en una entrevista en LT17 Radio Provincia que la medida podría impactar tanto en los costos de producción como en la capacidad de la industria para sostener su actividad.

Un sector entre la recuperación de precios y la caída productiva

Según lo expuesto, el cultivo de mandioca atraviesa una situación compleja. Por un lado, los precios muestran una mejora significativa: la tonelada de raíz pasó de alrededor de $70.000 el año pasado a $150.000 en la actualidad, con posibilidad de incrementarse si mejoran los rendimientos.

Sin embargo, esa recuperación convive con una fuerte caída en la producción, vinculada a las heladas del año pasado que afectaron las semillas y redujeron la superficie cultivada. A esto se suma el arrastre de precios bajos en ciclos anteriores, que desincentivaron la siembra.

El resultado es un mercado con menor oferta y valores en alza, pero sin un volumen que garantice estabilidad a mediano plazo.

Qué cambiaría con la baja del IVA

El proyecto de reducir el IVA a la harina de mandioca busca equiparar su tratamiento impositivo con otras harinas como las de trigo y maíz.

Para el sector, la medida tendría un doble efecto: por un lado, reduciría la carga fiscal sobre la producción y, por otro, permitiría mejorar la competitividad frente a productos importados.

Reckziegel planteó que, en las condiciones actuales, la fécula proveniente de países vecinos puede resultar más conveniente que la producción local, lo que condiciona el desarrollo de la cadena.

Presión externa y sustitución de insumos

El mercado de la mandioca en Misiones no compite solo a nivel interno. Según lo señalado, Paraguay y Brasil cuentan con un alto potencial productivo, lo que introduce una presión directa sobre los precios y la rentabilidad local.

A su vez, el aumento en el costo de la materia prima impacta en la industria alimentaria, que utiliza derivados de mandioca como insumo. En un contexto de menor consumo, esto puede derivar en la sustitución por alternativas más económicas como el maíz o el arroz.

Esa dinámica agrega un factor de inestabilidad: si la industria migra hacia otros insumos, la demanda de mandioca podría resentirse incluso en un escenario de precios altos.

Presión fiscal y disputa por competitividad

El reclamo del sector pone en evidencia una tensión estructural: la carga impositiva nacional frente a economías regionales que compiten con mercados externos más flexibles.

La iniciativa de bajar el IVA aparece como una herramienta para corregir esa asimetría, en un contexto donde los productores no solo enfrentan costos internos, sino también la competencia directa de países limítrofes.

Al mismo tiempo, el impulso del proyecto refleja un alineamiento entre actores productivos y representación política provincial, con el objetivo de instalar la agenda de economías regionales en el debate nacional.

Producción, empleo y cadena de valor

La mandioca es un cultivo intensivo en mano de obra, lo que amplifica su impacto económico en la provincia. La caída en la producción no solo afecta a los productores, sino también a toda la cadena vinculada, desde la industria hasta la comercialización.

En ese marco, mejorar la competitividad del sector podría incidir en la recuperación de la actividad y en la generación de empleo, aunque su efectividad dependerá de variables más amplias como el consumo y los precios relativos.

El avance del proyecto de reducción del IVA será una de las variables a seguir en el corto plazo. Su aprobación podría modificar la ecuación de costos del sector, pero no resolvería por sí sola los problemas estructurales vinculados a la producción y la competencia externa.

A la par, la evolución de los precios, la disponibilidad de semillas y el comportamiento de la industria alimentaria serán factores clave para determinar si la recuperación actual se consolida o vuelve a tensionarse.

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En Argentina se consumen cerca de 10 millones de empanadas al día

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En el Día Internacional de la Empanada, el 8 de abril, Argentina exhibe un dato que trasciende lo gastronómico y entra en el terreno económico: se consumen cerca de 10 millones de unidades por día. La cifra, respaldada por la Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas (APYCE) y estudios del Ministerio de Agricultura, no solo confirma una tradición cultural, sino que expone una cadena productiva en expansión. En un contexto donde el Gobierno busca dinamizar el consumo interno, surge una pregunta implícita: ¿la empanada es solo un símbolo identitario o también un motor silencioso de la economía real?

De tradición popular a indicador de consumo masivo

El volumen diario de 10 millones de empanadas no es una estimación aislada. Surge del análisis de la venta de tapas industriales, que arroja un promedio de 50 unidades por persona al año, al que se suma la producción doméstica y la elaboración en pizzerías y casas especializadas.

Ese dato ubica a la empanada entre los cinco alimentos más consumidos del país, en el tercer lugar, y como el segundo plato más pedido en plataformas de delivery. En términos concretos, se trata de un producto con alta rotación, presencia transversal en todos los niveles socioeconómicos y fuerte capilaridad territorial.

La diversidad de la demanda también estructura el mercado: la empanada de carne suave lidera con el 20% de preferencia, seguida por jamón y queso (19%), pollo (11%) y carne a cuchillo (10%). Más atrás aparecen variantes como humita, verduras y combinaciones gourmet, que consolidan una oferta segmentada pero estable.

Industria, escala y expansión: la cadena detrás del consumo

Detrás del consumo masivo hay una estructura productiva en crecimiento. La evolución tecnológica permitió que fábricas alcancen entre 80.000 y 120.000 unidades diarias, con procesos mecanizados que incluyen amasado, laminado, corte y armado.

Este salto productivo no solo abastece el mercado interno. También acompaña una expansión internacional sostenida. La empanada argentina ya se comercializa en mercados como España, Portugal, Brasil, República Checa, Dinamarca, Alemania, Nueva Zelanda, Reino Unido, Estados Unidos y Francia.

El reconocimiento externo refuerza esta dinámica. La empanada tucumana fue destacada como la mejor del mundo por la guía Taste Atlas, con una calificación de 4,4 sobre 5, consolidando su posicionamiento como producto exportable con identidad.

Un mercado transversal que tensiona entre consumo y producción

El fenómeno empanada no es neutro en términos económicos. Combina producción industrial, pymes gastronómicas y economía informal, lo que lo convierte en un indicador indirecto del consumo cotidiano.

Su presencia en todos los segmentos —desde el hogar hasta el delivery— la posiciona como un termómetro de hábitos de gasto. En un escenario donde el crédito y los ingresos condicionan el consumo, su alta demanda sugiere una persistencia de patrones básicos de alimentación, incluso en contextos de ajuste.

Al mismo tiempo, el rol de APYCE como entidad promotora muestra un intento de ordenar y profesionalizar el sector, elevando estándares y proyectando la empanada como activo cultural y económico.

Entre identidad y economía: una dinámica en evolución

La empanada atraviesa generaciones, regiones y clases sociales. Pero hoy también atraviesa otra dimensión: la de producto con escala industrial, proyección global y peso en la economía cotidiana.

El dato de los 10 millones diarios funciona como síntesis de ese proceso. No define por sí solo una tendencia estructural, pero sí marca un punto de equilibrio entre tradición y mercado.

En adelante, la clave estará en observar si esta expansión logra sostenerse en un contexto económico cambiante, o si el consumo masivo de un clásico argentino empieza a reflejar nuevas tensiones entre ingresos, precios y hábitos.

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Comer sin gluten cuesta más: la canasta sin TACC es 12% más cara que la tradicional

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Un informe de la consultora Focus Market revela que mantener una dieta básica libre de gluten en Argentina implica un costo mayor que una canasta alimentaria tradicional. Según el relevamiento realizado para el blog de educación financiera de Naranja X, la canasta básica alimentaria sin TACC cuesta en promedio un 12% más que la canasta omnivora que cumple los requerimientos nutricionales de un adulto promedio.

De acuerdo con el estudio, la canasta básica tradicional, compuesta por seis categorías -cereales, proteínas, lácteos, frutas y verduras, aceite y snacks- alcanza un valor mensual de $206.137,28 para un adulto.

En contraste, la canasta sin TACC, que reemplaza los productos con gluten por equivalentes certificados, tiene un costo mensual de $231.479,27, lo que representa una diferencia cercana al 12% respecto de la versión convencional.

“Desde la perspectiva de estructura de mercado, la canasta básica alimentaria tradicional opera en un entorno relativamente más competitivo y con amplias economías de escala, debido a la alta presencia de proveedores masivos y canales de distribución convencionales. En cambio, la canasta básica sin TACC presenta una estructura más concentrada, con menor número de oferentes especializados y una dependencia significativa de certificaciones y normativas específicas”, explicó Damián Di Pace, director de Focus Market.

Los productos que más encarecen la canasta sin gluten

El informe señala que la brecha de precios se amplía especialmente en algunas categorías. Los cereales sin TACC presentan valores hasta 42% superiores, mientras que los snacks certificados sin gluten pueden alcanzar sobreprecios de hasta 230% respecto de sus equivalentes tradicionales.

Según Di Pace, esta diferencia responde a factores estructurales de la industria. “La certificación de gluten, los insumos alternativos —como harinas especiales— y los procesos de producción segregados implican costos adicionales que no se distribuyen homogéneamente en toda la cadena de valor, generando una prima de precio que impacta directamente en la accesibilidad económica para hogares con necesidades alimentarias especiales”, detalló.

Metodología del informe

El estudio de Focus Market se elaboró siguiendo tres referencias técnicas:

  • La metodología de Canasta Básica Alimentaria del Instituto Nacional de Estadística y Censos.
  • Las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA) del Ministerio de Salud de la Nación.
  • Los requerimientos energéticos promedio establecidos por la Organización Mundial de la Salud, que estiman entre 2.200 y 2.400 kilocalorías diarias para un adulto.

Cambios en el etiquetado de alimentos sin gluten

El informe también recuerda que a fines de 2023 se actualizó la normativa sobre Alimentos Libres de Gluten (ALG) en Argentina, incorporando el nuevo logo identificador “SIN GLUTEN”.

La regulación establece dos tipos de productos: aquellos elaborados con ingredientes naturalmente libres de gluten y aquellos que, aun partiendo de materias primas que lo contienen, son procesados para removerlo. En ambos casos el límite máximo permitido es de 10 miligramos de gluten por kilogramo de alimento.

Las empresas cuentan con un plazo de adaptación de tres años, hasta el 2 de diciembre de 2026, por lo que durante ese período convivirán en las góndolas productos identificados con los sellos “SIN TACC” y “SIN GLUTEN”.

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Yerba: récord exportador, consumo en recuperación y cosecha en retroceso

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El cierre del año 2025 dejó una fotografía nítida y, a la vez, compleja para la cadena yerbatera. Los datos oficiales del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) confirman un récord histórico de exportaciones, una recuperación sostenida del mercado interno y, en contrapartida, una caída significativa en el volumen de cosecha, que reabre interrogantes sobre el equilibrio futuro del sector.

El dato más contundente del balance 2025 llegó desde el frente externo. Entre enero y diciembre, las exportaciones de yerba mate alcanzaron 57.980.912 kilos, el mayor volumen registrado en la historia del sector.

Este desempeño implicó un crecimiento interanual del 32,2%, consolidando una tendencia que ya se venía anticipando durante el año y que tuvo su pico en diciembre, mes en el que se exportaron 4.387.107 kilos.

El récord exportador no solo ratifica la consolidación de mercados tradicionales, sino que también refleja la capacidad de la yerba mate argentina para sostener competitividad internacional, con costos internos crecientes y tensiones macroeconómicas.

En el mercado doméstico, el desempeño también fue positivo, aunque con matices. Durante 2025, la yerba mate a salida de molinos destinada al consumo interno sumó 266.788.512 kilos, lo que representó una suba del 3,08% respecto de 2024.

Si bien el dato confirma una franca recuperación del consumo, todavía se mantiene por debajo del año 2023, que continúa siendo el máximo histórico en ventas internas. La comparación deja en evidencia que el consumo se recompone, pero aún no logra recuperar plenamente los niveles previos al ajuste del poder adquisitivo de los hogares.

Cabe recordar que el indicador de salida de molinos es el más cercano al comportamiento real de la yerba en góndola, ya que incluye tanto los envíos a centros de distribución de las firmas yerbateras como las compras de mayoristas, hipermercados y supermercados.

En términos generales, el total de yerba mate a salida de molinos -sumando mercado interno y exportaciones- alcanzó en 2025 los 324.769.423 kilos, lo que implicó un crecimiento global del 7,3% frente al año anterior.

Cosecha: menos hoja verde, señal de alerta estructural

El contraste del balance aparece con claridad en el eslabón primario. Según el registro de ingreso de materia prima a secaderos, durante 2025 se cosecharon 889.253.082 kilos de hoja verde, lo que significó una caída del 9,97% respecto de la zafra 2024.

Si bien el volumen se mantuvo por encima de campañas anteriores, la merma interanual marca un punto de atención para el sector, especialmente en un contexto donde crecen las exportaciones y el mercado interno vuelve a traccionar demanda.

La menor cosecha introduce tensiones potenciales sobre la disponibilidad futura de materia prima, los costos y la sustentabilidad económica de los pequeños y medianos productores, un debate que vuelve a cobrar relevancia en el actual escenario de desregulación del mercado yerbatero.

En cuanto a los hábitos de consumo, los datos de diciembre de 2025 confirman una estabilidad estructural en los formatos elegidos por los consumidores.

Los envases de medio kilo se mantuvieron como los más demandados, concentrando el 55,14% de las salidas de molino al mercado interno. Les siguieron los paquetes de un kilo, con el 39,45%.

En proporciones significativamente menores se ubicaron los envases de dos kilos (1,69%), los de cuarto kilo (0,79%), el rubro otros formatos (0,21%) y el segmento sin estampillas, que representó el 2,72%.

En conjunto, los formatos de medio kilo y un kilo concentraron el 94,59% del total, un patrón que, según las series históricas del INYM, no registra variaciones relevantes a lo largo del tiempo.

Un balance con luces y sombras

El balance 2025 deja una señal clara: la yerba mate argentina exhibe fortaleza comercial, con récord exportador y una demanda interna en recuperación. Sin embargo, la contracción de la cosecha introduce un factor de tensión que obliga a mirar el mediano plazo con cautela.

En ese marco, los datos del INYM permiten observar con precisión los logros alcanzados por el sector antes de la nueva etapa de desregulación, y funcionan como insumo clave para el debate sobre la continuidad de políticas que garanticen previsibilidad, equilibrio entre eslabones y sustentabilidad productiva en una de las economías regionales más emblemáticas del país.

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