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Envases en contacto con alimentos: más control sobre pigmentos y colorantes y da 180 días a las empresas para adecuarse

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El Gobierno nacional actualizó las exigencias técnicas para los materiales, envases y equipamientos de papel y cartón destinados a estar en contacto con alimentos, al incorporar al Código Alimentario Argentino una modificación acordada en el ámbito del Mercosur. El cambio pone el foco en un aspecto que suele quedar fuera de la mirada del consumidor, pero que resulta determinante para la inocuidad alimentaria: la posibilidad de que pigmentos y colorantes utilizados en materiales celulósicos migren hacia los alimentos.

La modificación fue formalizada mediante la Resolución Conjunta 9/2026 de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, publicada este jueves en el Boletín Oficial. La norma incorpora al ordenamiento argentino la Resolución GMC N° 26/22, que modificó el reglamento técnico Mercosur sobre materiales, envases y equipamientos celulósicos destinados a estar en contacto con alimentos.

El cambio específico alcanza al punto 2.15.1 de la Parte I del artículo 186 bis del Código Alimentario Argentino. Desde ahora, los pigmentos y colorantes utilizados en estos materiales no deberán migrar conforme al procedimiento establecido por la norma BS EN 646, referida a la determinación de la resistencia del color en papeles y cartones destinados al contacto con alimentos. Además, deberán alcanzar el grado 5 de la escala de grises definida por esa norma.

El criterio es relevante porque el envase no constituye un elemento neutral dentro de la cadena alimentaria. Papel, cartón y otros materiales celulósicos pueden entrar en contacto directo con alimentos durante su almacenamiento, comercialización o consumo, por lo que las características químicas de sus componentes forman parte de las condiciones que deben ser controladas para preservar la inocuidad del producto final.

La medida no introduce una prohibición general sobre el uso de pigmentos o colorantes en envases. El punto regulatorio está puesto en su comportamiento frente al contacto con alimentos: el requisito es que no migren bajo el procedimiento técnico establecido y que cumplan con el nivel de resistencia de color exigido. De esta manera, la regulación busca reducir un riesgo específico sin impedir el uso de materiales necesarios para la identificación, presentación y funcionalidad de los envases.

La actualización argentina reproduce el criterio acordado por los países del Mercosur. La Resolución GMC 26/22 había planteado la necesidad de actualizar la normativa regional de 2015 precisamente en lo referido a la restricción aplicable a colorantes y pigmentos. El texto regional estableció además un período de 180 días para que los operadores adecuaran sus productos y procesos a los nuevos requisitos.

Para la industria alimentaria y los fabricantes de envases, el principal impacto estará en la revisión de especificaciones técnicas, proveedores, materias primas y controles de conformidad. La adecuación no se limita necesariamente al fabricante del alimento: alcanza a quienes producen los materiales y equipamientos celulósicos destinados a entrar en contacto con ellos, por lo que la trazabilidad de los insumos adquiere mayor relevancia.

La resolución argentina concede a las empresas un plazo de 180 días corridos desde su publicación en el Boletín Oficial para adecuarse a los requisitos técnicos establecidos por la Resolución GMC N° 26/22. El período funciona como una ventana de transición para que los distintos actores de la cadena puedan adaptar sus productos y procedimientos al nuevo estándar.

El objetivo de fondo es preventivo. En lugar de esperar a detectar un problema una vez que el alimento llegó al consumidor, el esquema regulatorio busca intervenir sobre uno de los posibles puntos de riesgo antes de que se produzca la exposición. En términos de política sanitaria, se trata de trasladar el control hacia etapas tempranas de la cadena y establecer parámetros técnicos verificables.

La medida también profundiza la armonización normativa dentro del Mercosur, una cuestión relevante para una industria que produce, importa y exporta alimentos y materiales de envasado dentro de la región. Contar con requisitos técnicos comunes reduce diferencias regulatorias entre mercados y facilita que las empresas trabajen con especificaciones compatibles para productos destinados a distintos países.

Para los consumidores, el cambio tendrá un efecto principalmente indirecto pero concreto: los envases destinados a estar en contacto con alimentos deberán responder a un estándar técnico actualizado sobre la permanencia de sus pigmentos y colorantes. Para las empresas, en cambio, comienza una cuenta regresiva de 180 días para demostrar que sus materiales y procesos cumplen con la nueva exigencia.

La actualización del Código Alimentario Argentino muestra así que la seguridad alimentaria no depende exclusivamente de la composición del alimento. También se juega en los materiales que lo contienen, transportan y protegen. En ese entramado, controlar qué sustancias pueden migrar desde un envase hacia un alimento constituye una herramienta de prevención que apunta a reducir riesgos antes de que lleguen a la mesa.

Envases en contacto con alimentos by CristianMilciades

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Actualizan el Código Alimentario y redefinen qué se considera un contaminante en los alimentos

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El Gobierno nacional incorporó al Código Alimentario Argentino (CAA) una nueva definición de “contaminante” en alimentos, en línea con la normativa del Mercosur, y actualizó los criterios generales que regulan la presencia de sustancias no deseadas en productos destinados al consumo. La medida fue formalizada mediante la Resolución Conjunta 10/2026 de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, publicada este jueves en el Boletín Oficial.

El cambio central surge de la incorporación de la Resolución GMC N° 13/24, que modifica la definición establecida originalmente por la normativa regional. A partir de ahora, el Código Alimentario Argentino considera contaminante a “cualquier sustancia indeseable no intencionalmente adicionada a los alimentos” que se encuentre presente como consecuencia de la producción primaria, industrialización, procesamiento, preparación, tratamiento, envasado, transporte o almacenamiento, o por contaminación ambiental.

La modificación tiene una consecuencia relevante para toda la cadena agroalimentaria: desplaza el foco desde una mirada limitada al proceso industrial hacia un concepto que contempla el recorrido completo del alimento. Esto permite encuadrar eventuales riesgos desde el origen de las materias primas hasta las etapas posteriores de elaboración, distribución y conservación, un criterio particularmente relevante para actividades productivas que trabajan con cadenas extensas y múltiples puntos de intervención.

La resolución también reemplaza el artículo 6° del Código Alimentario Argentino y mantiene diferenciadas categorías que resultan determinantes para la fiscalización y para la industria. El texto distingue entre alimento genuino, alterado, contaminado, adulterado y falsificado, mientras que precisa además qué debe entenderse por ingrediente, aditivo alimentario y coadyuvante de tecnología.

La nueva definición establece una diferencia sustancial entre un aditivo y un contaminante. Mientras el aditivo es incorporado deliberadamente durante la fabricación o preparación con una finalidad tecnológica, el contaminante llega al alimento de manera no intencional. Esta distinción resulta clave para determinar responsabilidades y criterios regulatorios, ya que no toda sustancia presente en un producto responde al mismo origen ni debe ser evaluada bajo las mismas reglas.

El nuevo marco también reafirma que la seguridad de los aditivos constituye un principio prioritario. Su autorización debe estar respaldada por una evaluación toxicológica adecuada y considerar, entre otros factores, posibles efectos acumulativos, sinérgicos o protectores. Además, establece que los aditivos deben ser utilizados únicamente en alimentos y condiciones específicas, en el nivel mínimo necesario para alcanzar el efecto buscado.

Para las empresas alimentarias, el cambio supone una actualización normativa que obliga a revisar criterios de control y gestión de riesgos. La definición de contaminante incorpora expresamente etapas como el transporte y el almacenamiento, por lo que los sistemas de aseguramiento de calidad no quedan limitados al establecimiento donde se procesa el alimento. La prevención pasa a depender de una mirada integral sobre toda la cadena.

Desde el punto de vista del consumidor, la modificación apunta a fortalecer un principio básico de inocuidad: que los alimentos que llegan al mercado sean evaluados considerando no solamente su composición final, sino también las condiciones que pudieron generar la presencia involuntaria de sustancias indeseables. En ese sentido, la actualización normativa busca convertir los avances técnicos y regulatorios del Mercosur en criterios aplicables dentro del sistema argentino de control alimentario.

La medida forma parte del proceso de armonización normativa del Mercosur y responde al compromiso argentino de incorporar al ordenamiento nacional las reglas acordadas regionalmente para facilitar la circulación de bienes bajo estándares comunes. La Comisión Nacional de Alimentos intervino en el proceso y se expidió favorablemente.

La resolución entra en vigencia al día siguiente de su publicación en el Boletín Oficial. Para el sector agroalimentario, el principal desafío no pasa únicamente por conocer la nueva definición, sino por traducirla en controles concretos sobre materias primas, procesos, almacenamiento, transporte y condiciones ambientales. Para los consumidores, el resultado esperado es un sistema regulatorio con criterios más homogéneos para detectar y prevenir riesgos a lo largo de toda la cadena alimentaria.

Actualizan el Código Alimentario by CristianMilciades

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ANMAT actualiza las reglas para envases y utensilios en contacto con alimentos

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La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca actualizaron el Código Alimentario Argentino (CAA) para incorporar una nueva norma técnica del Mercosur que redefine las condiciones que deben cumplir los envases, utensilios, tapas y equipos metálicos utilizados en contacto con alimentos.

La Resolución Conjunta 8/2026 incorpora al derecho argentino la Resolución GMC 48/23 del Mercosur y representa una actualización técnica que busca armonizar estándares sanitarios entre los países del bloque, fortalecer la seguridad alimentaria y ofrecer mayor previsibilidad a fabricantes e importadores de envases y equipamientos para la industria alimenticia.

Aunque la medida tiene un fuerte componente regulatorio, también posee un impacto directo sobre los consumidores. El objetivo es reducir riesgos derivados de la migración de metales hacia los alimentos, actualizar los materiales autorizados de acuerdo con los avances tecnológicos y mejorar la información disponible sobre el uso correcto de determinados utensilios domésticos.

Uno de los cambios más relevantes es el endurecimiento de los límites permitidos para impurezas presentes en materiales metálicos. La nueva redacción del Código Alimentario establece que la suma de plomo, arsénico, cadmio, mercurio y antimonio no podrá superar el 1% como impurezas, mientras que mercurio, plomo y cadmio tendrán un límite individual máximo de apenas 0,01%, reforzando los estándares de inocuidad.

La resolución también amplía y actualiza el listado de aceros inoxidables autorizados para fabricar recipientes, utensilios y equipamientos alimentarios. La incorporación de nuevas aleaciones responde a desarrollos tecnológicos de los últimos años y facilita que la industria utilice materiales con mejores prestaciones sin perder compatibilidad con los requisitos sanitarios del Mercosur.

Otro de los puntos centrales está vinculado al uso del aluminio. La normativa confirma que los elementos anodizados o protegidos con recubrimientos podrán utilizarse sin restricciones, mientras que el aluminio sin protección superficial tendrá limitaciones específicas según el tipo de alimento y el tiempo de contacto.

En ese sentido, la regulación establece que los utensilios de aluminio sin revestimiento no deberán utilizarse para preparar, cocinar o almacenar alimentos muy ácidos o muy salados, como jugo de limón, vinagre, alcaparras o anchoas en conserva. Además, los fabricantes estarán obligados a incorporar advertencias claras para los consumidores cuando comercialicen productos de este tipo, promoviendo un uso más seguro y reduciendo riesgos derivados de una utilización inadecuada.

La actualización también incorpora nuevos materiales permitidos para determinados procesos industriales. Entre ellos se habilita el uso de acero al carbono sin revestimiento para equipos destinados al procesamiento y almacenamiento de grasas, aceites, cereales, legumbres, cacao y otros alimentos secos, además de reconocer formalmente el uso de metales con tratamientos de pasivación mediante compuestos de cromo, manganeso, titanio, estaño o circonio, tecnologías ampliamente utilizadas para mejorar la resistencia a la corrosión.

Desde la perspectiva productiva, la medida apunta a mantener alineada la legislación argentina con los estándares técnicos del Mercosur. Esta armonización facilita la circulación de productos entre los países miembros, reduce barreras regulatorias y brinda mayor seguridad jurídica a fabricantes nacionales que abastecen tanto el mercado interno como las exportaciones.

El nuevo esquema también evita que las empresas deban adaptarse a requisitos diferentes según el destino comercial de sus productos, favoreciendo procesos industriales más eficientes y reduciendo costos derivados de certificaciones múltiples.

La resolución establece que las empresas dispondrán de 180 días para adecuar sus procesos productivos, materiales, etiquetados e información técnica a los nuevos requisitos. Durante ese período podrán continuar operando mientras realizan las modificaciones necesarias para cumplir plenamente con la normativa.

Más allá del aspecto técnico, la actualización refleja una tendencia creciente en la regulación alimentaria internacional: combinar innovación industrial con mayores garantías para la salud pública. En un contexto donde los consumidores demandan cada vez más transparencia sobre los materiales que entran en contacto con los alimentos, la incorporación de estándares comunes dentro del Mercosur busca fortalecer la confianza en toda la cadena alimentaria.

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Energy Mate: la yerba mate se reinventa en una lata y apuesta al mercado de las bebidas funcionales

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La innovación también llegó al universo de la yerba mate. Con apenas 25 años, el emprendedor Facundo Piacenza lanzó Energy Mate, una bebida funcional en lata que traslada las propiedades energizantes de la infusión más tradicional de la Argentina a un formato práctico, listo para consumir.

El producto combina extracto de yerba mate con vitaminas del complejo B y minerales, mientras que su dulzor proviene de jugo natural de uvas, una formulación que busca diferenciarse de las bebidas energéticas convencionales mediante una composición basada en ingredientes de origen natural.

La propuesta apunta a estudiantes, trabajadores y deportistas que necesitan un refuerzo de energía durante la jornada, pero prefieren una alternativa inspirada en uno de los productos emblemáticos de la economía regional argentina.

Energy Mate ya comenzó a expandir su presencia comercial mediante una estrategia enfocada en la distribución mayorista. Actualmente puede encontrarse en kioscos, almacenes y distintos puntos de venta del país, además de comercializarse a través de su plataforma online.

El proyecto no se limita al mercado local. Piacenza anticipa que el objetivo es consolidar la marca en Argentina para luego avanzar hacia mercados internacionales, al tiempo que trabaja en el desarrollo de nuevos sabores y variantes que permitan ampliar la oferta dentro del segmento de bebidas funcionales.

Con este lanzamiento, la yerba mate suma un nuevo formato de consumo y busca ganar espacio en una categoría de rápido crecimiento, donde la innovación y los hábitos saludables comienzan a marcar el rumbo del mercado.

Uno de los principales atributos que destaca la marca es que Energy Mate utiliza cafeína de origen natural proveniente de la yerba mate, lo que permite ofrecer una liberación de energía más gradual y sostenida, sin los picos de estimulación y las caídas bruscas que suelen asociarse a otras bebidas energéticas.

Además, el producto es apto para celíacos y apuesta por una formulación que prioriza ingredientes naturales. La receta incorpora extracto de yerba mate, vitaminas del complejo B, minerales y aditivos funcionales seleccionados para complementar sus propiedades nutricionales.

Según sus desarrolladores, la bebida fue diseñada sobre una fórmula balanceada, buscando un equilibrio entre energía, sabor y bienestar. La propuesta apunta a brindar un aporte energético constante para jornadas de estudio, trabajo o entrenamiento, sin recurrir a estimulantes considerados más agresivos.

Otro de los aspectos destacados es el contenido de antioxidantes naturales aportados por la yerba mate, compuestos que contribuyen a combatir el estrés oxidativo generado por la actividad cotidiana.

Entre las características que la empresa resalta del producto se encuentran:

  • Cafeína natural de la yerba mate.
  • Energía sostenida y estable, sin picos ni caídas bruscas.
  • Fórmula balanceada con vitaminas, minerales y aditivos funcionales naturales.
  • Sin estimulantes agresivos.
  • Apta para personas celíacas.
  • Rica en antioxidantes naturales.
  • Pensada para acompañar jornadas de estudio, trabajo, actividad física o rutinas de alta demanda.

Con esta propuesta, Energy Mate busca posicionarse como una alternativa dentro del creciente segmento de bebidas funcionales, combinando la tradición de la yerba mate con las nuevas tendencias de consumo orientadas al bienestar y la practicidad.

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Exclusivo Economis: California abre La Casona y un nuevo centro de logística en un fuerte plan de expansión

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Cuando muchas empresas priorizan la cautela, la cadena California decidió acelerar su plan de expansión en Misiones. Ricardo “Pilo” Cáceres, propietario del grupo supermercadista, adelantó en exclusiva a Economis que la firma pondrá en funcionamiento un inédito espacio gastronómico sobre avenida López y Planes, incorporará personal y avanzará con un ambicioso centro de logística y producción que concentrará buena parte de sus operaciones industriales en Posadas.

El empresario, que conduce una compañía con más de 2.000 trabajadores en el NEA, sostuvo que la decisión responde a una filosofía que mantiene desde hace décadas: reinvertir las ganancias para generar más empleo y mejorar la infraestructura de la empresa.

La principal novedad llegará entre fines de agosto y los primeros días de septiembre, cuando abra sus puertas La Casona del California, un nuevo espacio que funcionará en un edificio histórico completamente restaurado sobre avenida López y Planes, en la esquina con la calle Rocamora.

Cáceres explicó que no será únicamente un punto de venta, sino un espacio pensado para la experiencia del cliente. “Va a ser una linda experiencia”, resumió el empresario al describir el proyecto durante una visita a Open1017.

El lugar combinará producción gastronómica con espacios recreativos para cumpleaños, reuniones y actividades familiares, buscando transformarse en un nuevo punto de encuentro para los posadeños.

La apertura también implicará nuevas incorporaciones de personal.

Según adelantó Cáceres, en una primera etapa el emprendimiento demandará entre 12 y 15 nuevos trabajadores, que se sumarán a la estructura de California en Misiones, donde cuenta con un promedio de mil empleos, de una planta global de 2.500 en todo el NEA. 

El empresario remarcó que la prioridad será contratar mano de obra local y destacó que cada expansión representa una oportunidad para seguir generando empleo privado.

“Siempre tratamos de reinvertir para crear más fuentes de trabajo”, afirmó durante la entrevista.

La empresa trabaja con el objetivo de abrir el establecimiento antes del 20 de agosto. La obra civil y las instalaciones generales están prácticamente terminadas: los contratistas comenzaron a retirarse y las tareas se concentran en la limpieza, las terminaciones, la colocación del mobiliario y el diseño de la cartelería.

Será la primera vez que un establecimiento de la cadena adopte un nombre de fantasía propio. La denominación elegida será La Casona del Cali, aunque funcionará bajo la marca paraguas de California Sociedad Anónima.

El establecimiento será habilitado formalmente como supermercado, con anexos de bar, rotisería y panadería. La propuesta tendrá una orientación marcada hacia los productos elaborados por la propia empresa.

El concepto combinará cafetería, comidas al paso, rotisería y venta de productos de elaboración propia. Los clientes podrán consumir café, licuados, panificados, pastas, comidas preparadas y platos comercializados por peso o presentados en bandejas previamente fraccionadas.

El modelo de atención será similar al de Cali Bar: no habrá un servicio gastronómico tradicional con mozos, sino un sistema ágil en el que cada persona podrá elegir su comida, retirarla y consumirla en las mesas del establecimiento.

El predio completo tiene una superficie aproximada de entre 1.100 y 1.200 metros cuadrados. La empresa cuenta actualmente con más de 500 metros cuadrados construidos y proyecta completar alrededor de 600 metros cuadrados adicionales.

La Casona contará con espacios interiores y exteriores, alrededor de 40 o 50 mesas y una capacidad estimada de hasta 200 personas. Durante el verano también podrá utilizarse plenamente el sector externo.

La cocina contará con equipamiento para cocciones simples, un horno de apoyo, cámara de fermentación y cámara de frío. La mayor parte de los productos llegará desde el sistema central de elaboración de la empresa, aunque el local podrá completar determinados procesos antes de la venta.

Abrirá desde las primeras horas de la mañana

Uno de los elementos distintivos será el horario. California prevé abrir La Casona entre las 5.30 y las 6 de la mañana, con la intención de atender a trabajadores, estudiantes y personas que comienzan temprano su jornada.

La propuesta inicial estará concentrada en artículos de supermercado, panadería, cafetería y comidas elaboradas. En una segunda etapa, la compañía analizará ampliar los espacios, incorporar más mesas y sumar nuevos servicios según la respuesta del público.

El proyecto de mayor escala, sin embargo, está detrás del funcionamiento cotidiano de la empresa.

El segundo proyecto tiene una escala considerablemente mayor. California está desarrollando sobre la avenida Domínguez, en un predio que se extiende hasta la calle Ruiseñor, un nuevo centro de logística y producción.

El complejo tendrá aproximadamente 6.000 metros cuadrados construidos, distribuidos en dos plantas. Allí será trasladada la producción propia que desde la década de 1970 funciona en la sucursal de la avenida Lavalle.

El supermercado de Lavalle continuará abierto. Lo que será trasladado es el sistema de elaboración centralizada, incluyendo las áreas de panadería, pastas y rotisería.

La liberación de esos espacios permitirá evaluar posteriormente una ampliación de los servicios en Lavalle, incorporar nuevos rubros o mejorar el estacionamiento, uno de los principales problemas de esa sucursal debido al intenso tránsito de la zona.

El centro fue concebido como una plataforma de distribución capaz de abastecer tanto a los locales actuales como a las futuras aperturas.

California se prepara para habilitar su novena sucursal y contempla, posteriormente, sumar entre dos y tres establecimientos adicionales. Para sostener esa expansión necesita aumentar la capacidad productiva y disponer de más plataformas de carga y descarga.

El nuevo centro podrá recibir y estacionar hasta diez camiones de distribución. Esa capacidad representa un salto respecto de la infraestructura actual de Lavalle, donde la empresa opera con seis vehículos y dos plataformas para abastecer sus sucursales.

La compañía considera que el proyecto tiene una vida útil mínima de 20 años y fue diseñado con margen suficiente para incorporar nuevas líneas productivas y acompañar el crecimiento durante las próximas décadas.

Energía e infraestructura para crecer

La magnitud del proyecto obligó a California a desarrollar una infraestructura eléctrica específica.

La planta actual de Lavalle opera con una potencia de 13,2 kilovoltios. Para el nuevo complejo se construye una línea de 33 kilovoltios desde la zona de las avenidas Cocomarola y Domínguez, explicó el gerente de Recursos Humanos, Jorge Aguirre

La inversión incluye una bajada de energía de Energía de Misiones, transformador propio y un grupo electrógeno capaz de sostener la producción en caso de interrupciones del suministro.

La capacidad instalada no fue calculada únicamente para cubrir las necesidades actuales. También contempla futuras ampliaciones, nuevas maquinarias y el crecimiento de la red comercial.

El centro concentrará equipamiento industrial para la elaboración y conservación de alimentos.

La empresa ya adquirió hornos de mayor capacidad, instaló montacargas y avanza con la incorporación de cámaras frigoríficas, una central de frío y tanques de gas.

El objetivo es centralizar la producción de panadería, pastas y rotisería, estandarizar los procesos y aumentar el volumen de elaboración sin perder la calidad que caracteriza a la marca.

La centralización también permitirá ordenar el traslado diario de los productos hacia las distintas sucursales y reducir la presión sobre la planta de Lavalle, que quedó limitada frente al crecimiento de la cadena.

La empresa espera finalizar el centro logístico antes de fin de año, aunque los plazos dependerán de la instalación de los sistemas de frío, la entrega del equipamiento y la ejecución de las obras eléctricas.

Según Aguirre, los proyectos técnicos ya están definidos, pero cada componente requiere procesos de presupuestación, fabricación, pago, entrega e instalación que pueden extenderse entre 20 y 30 días.

Parte de la maquinaria fue adquirida con uno o dos años de anticipación y ya se encuentra disponible. La compañía trabaja ahora en completar las instalaciones necesarias para ponerla en funcionamiento.

La obra se financia íntegramente con recursos propios. La empresa no recurrió a créditos externos ni a endeudamiento para llevar adelante el proyecto. Los fondos provienen de la recaudación y de las ventas de la propia cadena, bajo una política de reinversión impulsada por Cáceres.

La construcción también tiene un fuerte componente local. La compañía contrató mano de obra, empresas constructoras y proveedores de Posadas y Misiones, siempre que las condiciones técnicas y los precios fueran competitivos.

Algunos componentes especializados, como determinados tableros eléctricos y sistemas de transferencia, debieron encargarse a firmas de otras provincias. Sin embargo, la mayor parte de la inversión se ejecuta con contratistas y proveedores de la región.

Con La Casona del Cali y el centro logístico, California no solamente amplía su presencia comercial. También construye la infraestructura necesaria para una nueva etapa de expansión. Para Cáceres, el crecimiento de California responde a una convicción que atraviesa toda la historia de la empresa.

El empresario sostuvo que el capital debe permanecer “al servicio de la gente”, transformándose en infraestructura, tecnología y nuevos puestos de trabajo antes que inmovilizarse.

“El dinero es justamente para invertir”, resumió el dueño de California, convencido de que el crecimiento empresarial debe traducirse también en desarrollo para la comunidad.

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