Industria Argentina

La construcción no tracciona y la madera depende de las exportaciones para sostener la actividad

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La industria de la madera y el mueble sigue sin señales de reactivación, ventas internas en mínimos y exportaciones como único motor

FAIMA advierte que el mercado interno continúa deprimido en agosto y que la rentabilidad del sector cayó a niveles históricos. El repunte exportador de madera aserrada de pino contrasta con la parálisis en la construcción.

La Federación Argentina de la Industria de la Madera y Afines (FAIMA) confirmó que la actividad del sector se mantiene en niveles bajos y sin signos de reactivación durante agosto de 2025, en un contexto marcado por la contracción del consumo interno, altas tasas de interés y competencia de precios que erosiona la rentabilidad de las empresas.

De acuerdo con el reporte mensual elaborado por el ingeniero Gustavo Cetrángolo, asesor de la entidad, las ventas permanecen estancadas y gran parte de las industrias se ven obligadas a ofrecer descuentos agresivos, plazos extendidos e incluso operaciones informales para sostener el nivel de actividad. “Esto lleva la rentabilidad a mínimos históricos e incluso a trabajar a pérdida”, señala el documento.

El único segmento que muestra cierta estabilidad es el de pallets, aunque también enfrenta baja de precios y presión competitiva.

Mercado interno deprimido y heterogeneidad en la recuperación

El monitoreo de FAIMA detalla que las empresas con mayor capacidad de resistencia son aquellas con forestación propia, diversificación hacia paneles y maderas laminadas, o presencia comercial directa en grandes centros urbanos. Estas firmas logran compensar parcialmente la caída del mercado interno y mantener cierta estabilidad operativa.

El informe coincide con los diagnósticos de la Unión Industrial Argentina (UIA), que destaca como principales desafíos la retracción de la demanda, la competencia de importados y el incremento de los costos laborales y logísticos.

En paralelo, el sector de la construcción, uno de los principales demandantes de madera, sigue sin recuperar ritmo. Los despachos de cemento y hierro redondo continúan cayendo, y el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) muestra una “meseta baja” pese a un leve repunte en el uso de madera.

FAIMA advierte que la mejora de algunos indicadores responde más a un efecto rebote tras la fuerte contracción de 2024 que a una reactivación genuina del mercado.

Exportaciones de pino en alza, molduras en retroceso

Mientras el mercado interno permanece estancado, las exportaciones se consolidan como el único motor del sector. En los primeros ocho meses del año, los envíos de madera aserrada de pino crecieron 34,5% interanual, impulsados por la puesta en marcha del mega-aserradero Acon Timber y el esfuerzo de pymes exportadoras que buscan compensar la caída doméstica.

Durante agosto, las ventas externas del complejo maderero subieron 19,8% respecto a julio y 64% interanual, aunque los precios internacionales de la madera rústica se mantienen en niveles bajos.

La situación es distinta en el segmento de molduras, cuyos envíos al mercado estadounidense acumulan una caída del 5,9% interanual y del 0,9% mensual. FAIMA vincula esta retracción a los aranceles aplicados durante la administración Trump, que aún no fueron revertidos, aunque prevé una recuperación parcial en el cuarto trimestre de 2025 con pedidos anticipados para 2026.

Producción, energía y confianza: señales de una economía estancada

El Índice de Producción de Madera del INDEC registró en agosto un crecimiento del 20% intermensual y 9,3% interanual, cifras que FAIMA considera “excesivas respecto de la realidad industrial relevada”. En contraste, el consumo de energía eléctrica retrocedió en todos los segmentos: 5,2% en el residencial, 2,3% en el comercial y 2,5% en el industrial, según la Fundación para el Desarrollo Eléctrico (FUNDALEC).

A nivel inmobiliario, los permisos de construcción en 247 municipios bajaron 0,5% en junio frente a mayo, aunque muestran una suba interanual del 32,7%, aún entre los valores más bajos de la última década.

Por su parte, el Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Torcuato Di Tella cayó 13,8% en agosto, con mayor impacto entre los hogares de menores ingresos y las provincias del interior, lo que refuerza la falta de impulso del mercado interno.

Con un consumo interno sin señales de recuperación y costos en alza, la industria maderera mantiene su dependencia de las exportaciones para sostener el nivel de actividad.
FAIMA señala que, si bien el sector forestal argentino posee capacidad instalada y potencial exportador, la recuperación estructural dependerá de una reactivación de la construcción y del crédito, junto con una mayor estabilidad macroeconómica.

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Celulosa Argentina en concurso preventivo: la Justicia abre proceso para reestructurar deuda millonaria

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Celulosa Argentina entra en concurso preventivo: el futuro de la histórica papelera dependerá de la reestructuración de su deuda millonaria

El 26 de septiembre, Celulosa Argentina informó a la Comisión Nacional de Valores (CNV) que el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial de San Lorenzo declaró abierto su concurso preventivo, tras la presentación realizada el 5 de septiembre. La medida, comunicada como Hecho Relevante, marca un punto de inflexión para la empresa con más de 90 años de trayectoria, que arrastra pérdidas por $172.634 millones, ingresos en caída del 44 % interanual y una deuda acumulada de US$128 millones.

La decisión judicial y el escenario financiero

El escrito presentado por Gonzalo Coda, apoderado de la compañía, detalla que la Justicia fijó para el 1° de octubre a las 10 horas la audiencia en la que se sorteará un síndico de categoría A. En caso de no concretarse, la diligencia se trasladará al miércoles inmediato posterior. El oficio ya fue elevado a la Presidencia de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Rosario.

El concurso se da en un contexto crítico: el balance al 31 de mayo de 2025 reflejó un patrimonio neto negativo, configurando una situación de quiebra técnica. El fuerte retroceso en la demanda y el incremento de costos agravaron el cuadro. Paralelamente, la compañía enfrenta múltiples reclamos judiciales, entre ellos el segundo pedido de quiebra iniciado por la brasileña Bbunker, y la demanda de Tecmaco Integral por unos $17 millones en cheques rechazados.

Cambio accionario y desafíos de gestión

En paralelo al pedido de concurso, los accionistas mayoritarios transfirieron el 45,5 % del capital social a Esteban Antonio Nofal, titular de CIMA Investments, en una operación registrada por US$1. El acuerdo incluyó el compromiso de lanzar una oferta pública de adquisición (OPA) sobre el resto de las acciones.

Nofal asume la conducción con el compromiso de garantizar la continuidad operativa, aunque deberá enfrentar un escenario complejo: pasivos multimillonarios, litigios abiertos y un frente sindical delicado. La situación más crítica se concentra en Forestadora Tapebicuá, subsidiaria en Corrientes, donde más de 420 trabajadores permanecen suspendidos con salarios atrasados.

Impacto sectorial y perspectivas

La apertura del concurso preventivo fue recibida con cautela en el mercado de capitales, donde los títulos de la compañía ya acumulaban fuertes pérdidas. El desenlace del proceso tendrá repercusiones sobre la cadena forestal y papelera nacional, dado que la producción de Tapebicuá y las plantas de Santa Fe resulta clave para proveedores y contratistas.

El próximo paso será la designación del síndico y la presentación de un plan de reestructuración que logre adhesión suficiente de los acreedores. Si el concurso logra encauzarse, el nuevo controlador podría intentar reflotar las plantas industriales y recuperar operaciones. En caso contrario, el riesgo de liquidación se mantiene latente.

El Gobierno provincial de Corrientes y los gremios del sector siguen de cerca cada movimiento judicial, conscientes de que el futuro de Celulosa Argentina no solo compromete la continuidad de una compañía fundada en 1929, sino también la estabilidad laboral de cientos de familias y el abastecimiento de la industria forestal.

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Inversión verde: una firma argentina apuesta al bambú misionero como sustituto de importaciones

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La firma argentina de productos ecológicos explora la capacidad productiva de Misiones para fabricar cepillos dentales de bambú y avanzar en la sustitución de importaciones. La visita abre la puerta a inversiones industriales con impacto ambiental y económico positivo.

La empresa TwoLife, dedicada a la fabricación de productos ecológicos, arribó a Misiones para analizar la viabilidad de utilizar el bambú cultivado en San Ignacio y Montecarlo como insumo estratégico. La compañía, que hoy produce 19 modelos de cepillos dentales de bambú, destacó que el 95% de los cepillos en Argentina se importan de China, lo que abre una oportunidad clave para la producción local y la sustitución de importaciones.

“Nosotros insistimos con nuestro país, con la producción nacional. El trabajo argentino y la industria argentina tienen que estar presentes en cada producto que hacemos”, afirmó Alberto Santoro, propietario de TwoLife, en diálogo con medios locales.

El desembarco en Misiones se articuló con la Secretaría de Producción, a cargo de Graciela de Moura, y empresarios locales que impulsaron la agenda de recorridas por plantaciones y establecimientos.

Viabilidad de un futuro aserradero de bambú en Misiones

El proyecto contempla la posible instalación de un aserradero de bambú que permita procesar la materia prima y ampliar la gama de productos sustentables.

“Estamos evaluando la capacidad productiva, la disponibilidad de plantaciones y los precios, para poder ser competitivos en el mercado”, explicó Sergio Fernández, director de fabricación de TwoLife.

La provincia cuenta con antecedentes en plantaciones de bambú desarrolladas en décadas anteriores, aunque aún no existe un aprovechamiento industrial sistemático. Misiones aparece así como el territorio ideal para un esquema de producción integrada, con plantaciones locales y procesamiento industrial articulado con la sede de la empresa en Buenos Aires.

Santoro precisó que la compañía ya comercializa sus cepillos en todo el país y tiene presencia en Chile y Paraguay, aunque la apuesta principal es consolidar un polo productivo en Misiones que combine innovación, sustentabilidad y generación de empleo.

Impacto ambiental, económico y proyección regional

El bambú es considerado un insumo de alta sustentabilidad: no requiere replantación, fertilizantes ni agroquímicos y alcanza condiciones de cosecha en apenas cinco años. Según la empresa, un cepillo de bambú puede biodegradarse en su totalidad y convertirse en compost, lo que lo diferencia de los productos plásticos tradicionales.

El desembarco de TwoLife en Misiones se enmarca en el creciente interés por economías verdes y productos orgánicos, un segmento que crece en el mercado nacional y que responde a nuevas demandas de consumo responsable.

De avanzar las negociaciones, el proyecto implicaría inversiones edilicias y tecnológicas, con la generación de empleo local y la posibilidad de escalar la producción hacia mercados regionales y de exportación.

“Queremos demostrar que se puede innovar desde Argentina con productos competitivos y respetuosos del ambiente. Si encontramos la capacidad productiva adecuada, seguramente avancemos con inversiones en Misiones”, adelantó Santoro.

Misiones como polo del bambú argentino

La iniciativa se suma a la estrategia provincial de diversificación productiva, que busca aprovechar recursos naturales con valor agregado y atraer inversiones sustentables. El Gobierno misionero promueve desde hace años proyectos vinculados a la foresto-industria y la bioeconomía, lo que convierte a la provincia en un aliado estratégico para emprendimientos como el de TwoLife.

De concretarse, el proyecto podría posicionar a Misiones como primer polo argentino de producción industrial de bambú, con potencial para abastecer al mercado interno y proyectarse hacia exportaciones regionales.

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La política “Compre Argentino” desarrollará 200.000 nuevos puestos de trabajo

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José Tamborenea, titular de la Cámara que reúne a los fabricantes de Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas, analizó para Télam la iniciativa que busca promover una mayor participación de la industria nacional en las compras públicas.

El presidente de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (Cadieel), José Tamborenea, sostuvo que la política de Compre Argentino “podría desarrollar 200.000 nuevos puestos de trabajo” en el término de diez años, y aportar una “potencial producción nacional, saberes, conocimiento, habilidades y desarrollo”.

El dirigente empresario dialogó con Télam y analizó el proyecto de ley de “Compre Argentino, Desarrollo de Proveedores y Compras para la Innovación,” presentado por el presidente Alberto Fernández y el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, esta semana.

Tamborenea destacó el proyecto de ley como “una obligación” del Estado para proteger la industria nacional y “reorientar su compra pública porque saben que, comprando internamente, recaudan mayor cantidad de impuestos; y promueve una potencial producción nacional, saberes, conocimiento, know how (habilidades), desarrollo y siembra para lo que va a ser en el futuro los próximos desarrollos por venir”.

En este marco, el también presidente de la empresa de luminarias LED Trivialtech explicó que “hemos relevado todas las opciones y beneficios que tienen las pymes y las grandes empresas, cuando afrontan un régimen de compras públicas donde compiten la fabricación nacional con los productos o servicios importados”.

“La conclusión analizando todo el costeo nacional, es que una empresa fabricante contribuye con 24% más de impuestos y cargas sociales que un importador, y el espíritu de la ley es equiparar el momento de la selección del mejor proveedor, teniendo en cuenta esos extra costos que tiene un fabricante nacional y, a su vez, todo lo que le aporta a la comunidad socioeconómica de un país el dar trabajo nacional y desarrollar la industria en tecnología”, resaltó Tamborenea.

Con la aprobación del proyecto de ley de Compre Argentino, el Gobierno nacional pretende generar 30.000 nuevos empleos privados y proyecta un ahorro de divisas por US$ 300 millones anuales.

Esta iniciativa tiene como objetivos promover una mayor participación de la industria nacional en las compras públicas, y generar inversiones y transferencias de tecnología hacia los sectores de la economía nacional con mayores capacidades tecnológicas y productivas.

A su vez, el proyecto apunta a modificar la ley actual (27.437) que fue sancionada en 2018, y que presenta limitaciones para que el Estado pueda utilizar su poder de compra como herramienta para el desarrollo.

En este sentido, Tamborenea destacó la incorporación del PAMI como sujeto explícito dentro de la Ley, que “es un gran comprador de productos y servicios”, y planteó la necesidad de incorporar otros sujetos que “son de suma importancia para nosotros y que sabemos que van a estar en discusión, pero nosotros creemos que corresponde, como YPF, que es una empresa grande y que debería estar alcanzada por el régimen de compras públicas, para defender la industria nacional”.

Asimismo, sostuvo que otra de las aristas a considerar en la discusión del proyecto es el control de cómo se compra, cómo se aplica y que estén las sanciones ya preestablecidas, “porque nuestra cámara, Cadieel, ha ganado juicios administrativos por no aplicación del compre nacional de hace 4, 7 u 8 años atrás, y es inviable retrotraerse y sacar una máquina que se importó y se instaló hace 10 años”, explicó.

“Tiene que ser coherente la ley en tiempo de aplicación, tiene que dar respuesta rápida, tiene que permitir el control”, agregó Tamborenea.

Por otra parte, el industrial señaló que “frente a las licitaciones internacionales, cuando viene un importador, que viene en forma directa, se le da una carta de crédito internacional, es decir, se le garantiza el pago en el caso de ser seleccionado; y en moneda dura, que es en este caso, en dólares y no se compara localmente con un producto que se cotiza a FOB (Free on Board = Libre a Bordo del barco en el país de origen)”.

Con lo cual, planteó que “el fabricante local cotiza en pesos y pone el producto del almacén de la empresa compradora o del Estado donde le dicen. La empresa que está ofreciendo su producto desde el exterior ofrece una mercadería a FOB o a veces CIF (Cost Insurance and Freight = Costo de flete y seguros) puesta en el puerto”.

En este marco, Tamborenea concluyó que “hay una gran diferencia ahí, porque uno tiene garantizado el cobro y en una moneda dura y el otro tiene una moneda local que sufre no tener financiamiento externo, no estar protegida respecto del tipo de cambio y al fabricante local se nos paga muchos meses después estas licitaciones”.

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El informe desde Economis sobre el estado de la industria argentina publicado hoy en La Nación

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¿Cómo está la industria nacional a dos años del nuevo gobierno de Cambiemos y su política económica? ¿Qué pasa con el empleo en este rubro fundamental para la economía argentina? ¿Hay apertura?¿Qué sectores son los ganadores y cuáles los perdedores con el modelo “M”?
Un periodista de Economis realizó un completo informe publicado en el diario La Nación este domingo. Incluye un capítulo sobre el futuro de la industria forestal y los debates de las políticas que impulsarán a este sector en los próximos 20 años.
Aquí, el link para acceder a la nota publicada en el suplemento de economía de LN, en su versión digital.
El futuro próximo del made in Argentina, ¿cómo le irá a la industria en 2018?

Juan Sosa es tucumano, pero vive hace casi tres décadas en el conurbano bonaerense. Trabajó 27 años como oficial tornero en la metalúrgica Futura, una pyme que fabrica tapas de cierre rápido y bridas para la industria petrolera en Lomas de Zamora. La firma exportaba a varios mercados, hasta que en 2014 vino el derrumbe del precio del crudo, y se generó una ola de despidos a nivel mundial.

Los dueños de Futura trataron de demorar la decisión, pero llegó un momento que la caída de la actividad, combinada con la suba permanente de costos y la presión impositiva (factores ” made in Argentina”) les hizo decir basta. Echaron a 20 de los 40 empleados que trabajaban en la fábrica, entre ellos a Juan, que hoy no tiene trabajo fijo. Hace “changas” y, con la indemnización, construyó piezas para alquilar en Lanús. La mayoría de sus compañeros maneja un remís, se empleó en el comercio o se las rebusca como puede.
Si Sosa hubiera trabajado en el sector metalmecánico, fabricando tractores, tolvas o cosechadoras el panorama sería muy distinto. O si trabajara en una de las muchas autopartistas del conurbano, también estaría en otra situación.
Esos sectores mencionados son parte de los que empezaron a ver una recuperación en los últimos tiempos. El año pasado, la producción industrial argentina tuvo un avance del 1,8% en promedio: seis ramas industriales que monitorea el Indec tuvieron un crecimiento y otras seis, cayeron.
Los sectores que empezaron a despegar son los vinculados a la construcción y al campo. El fuerte impulso a la obra pública del gobierno nacional traccionó fuerte a rubros como el acero o la producción de cemento.
“La industria automotriz empezó a sentir el despertar de Brasil, que en la última parte de 2017 empezó a crecer luego de una de sus peores crisis económicas”, explicó a LA NACION, Diego Coatz, director ejecutivo y economista de la Unión Industrial Argentina (UIA).
Otros sectores siguieron en caída, como el de productos textiles o electrónicos y la industria alimenticia. “En general, aquellos sectores con mano de obra intensiva son los que siguieron cayendo”, analizó Lorenzo Sigaut Gravina, director de Ecolatina.

LA NACION hizo un relevamiento entre funcionarios, economistas, analistas, gerentes y dueños de industrias de distintos rubros, para conocer las perspectivas de uno de los mayores sectores de la economía argentina, que emplea a 1,2 millones de personas en forma directa y que explica un 25% del producto bruto interno (PBI).
Se percibe que hay inquietud a largo plazo. Hay una comprensión hacia el Gobierno, por entenderse que no fue el responsable de generar los problemas de competitividad que arrastra la economía argentina. ¿Qué se le reclama? Más rapidez en la baja de impuestos, menos atraso cambiario y una política menos aperturista.
Desde el Gobierno dicen que no hay apertura indiscriminada. Pero los sectores vinculados a los no transables son a los que mejor les fue en 2017. El déficit comercial industrial en el comercio exterior llegó el año pasado US$48.000 millones el año pasado, una verdadera aspiradora de divisas que por ahora se compensa con los dólares que entran por emisión de deuda o inversiones financieras.
El dato más sensible de la situación es la destrucción de empleo.Desde 2016 se perdieron 70.000 puestos de trabajo en la industria: unos 50.000 en el primer año y 19.301 en 2017, según datos de la UIA basados en información del Ministerio de Trabajo.
Quizás el mejor diagnóstico del sector industrial argentino es el que hizo Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Chrysler Argentina, el miércoles último en Córdoba. El empresario expresó su confianza en la “hoja de ruta” de Mauricio Macri, quien estaba a su lado, pero dejó un mensaje: “No podemos seguir exportando impuestos que nos descolocan para ganar mercados”.
 

Industria automotriz

Rumbo al millón de unidades producidas
El sector automotor generará las mejores noticias en la industria argentina para este año. La producción se expandirá a tasas de dos dígitos por primera vez en siete años, estimó la consultora Abeceb. Según los datos del Estimador Mensual Industrial (EMI) elaborado por el Indec, en 2017 la producción del rubro cerró con una suba anual de 5,4%
El miércoles último, el presidente Mauricio Macri estuvo en el complejo industrial de la empresa Fiat, en la localidad cordobesa de Ferreyra, acompañando el lanzamiento del modelo Cronos, que se exportará a varios mercados, más allá de Brasil. “Vamos camino al millón de unidades, que es importante no por el número, sino por los empleos que hay detrás”, dijo el mandatario, cuya familia se dedicó a la fabricación de los modelos de la marca italiana en los 80 y 90.
Según estimaciones de la Asociación de Fabricantes de Automotores (Adefa), la producción de la industria automotriz crecerá alrededor de 20% en 2018, con unas 565.000 unidades (en 2017 fueron 472.158), mientras que las exportaciones se incrementarán un 43%. El plan es alcanzar el millón de unidades pronosticado por el Presidente en 2023.
El mercado interno viene aún mejor. Se vendieron 883.802 autos en 2017 también según Adefa, una cifra que es un 22,5% superior a la del año previo. Es algo que se percibe a simple vista, con solo salir a la calle. Pero lo cierto es que muchas unidades fueron importadas, lo que tiene que ver con el régimen de intercambio con Brasil y qué se fabrica en cada país.
Una de las buenas noticias del año que pasó fue que Brasil se empezó a recuperar después de cuatro años consecutivos de caídas. “Brasil tracciona: se vendieron 2,2 millones de autos el año pasado con un crecimiento de casi 10%”, dijo Lucio Castro, secretario de Transformación Productiva del ministerio de la Producción. En 2017 y según consigna el informe sobre industria del Indec, Brasil fue el principal comprador en el mercado externo, con el 65% de las ventas de automotores. También se destaca allí que hubo un crecimiento de las ventas con otros destinos, “como países de América central, Perú y Chile”.
El de las automotrices es uno de los pocos sectores industriales donde se puede decir que hay lluvia de inversiones. “Se anunciaron US$5000 millones en inversiones para los próximos años en nuevas líneas de producción o en autopartistas”, señaló el funcionario. Solamente la línea del Cronos, según explicó, tiene previstos desembolsos por US$500 millones, además de la instalación de cuatro autopartistas nuevas y 1000 puestos de trabajo directos.
“Hay un fuerte crecimiento esperado para la industria automotriz, gracias a la maduración de las inversiones realizadas en los últimos años, con nuevo lanzamientos y mayor inserción internacional, y potenciada por la recuperación de Brasil. Esta rama tendrá una expansión del 13% y aportará un tercio del crecimiento de la industria”, consideró el economista Dante Sica, director de Abeceb.
Otro dato que pone contento al Gobierno es que una buena parte de los autos que se ensamblan están vinculados al mundo productivo. “Cambió el mix y se producen más utilitarios que autos medianos”, explicó Castro, que tiene a su cargo la elaboración del Monitor de la Economía Real, en el que se usan los colores del semáforo para visualizar -rápidamente-, qué sectores están bien y qué sectores, no tanto.
Si los autos tienen color verde, otro tanto pasa con las autopartes. “Fue importante la sanción de la Ley de Autopartes”, analizó Diego Coatz, director ejecutivo y ex jefe del departamento de economía de la Unión Industrial Argentina (UIA). Esta norma, aprobada a fines de 2016, incorpora incentivos fiscales para las terminales que incorporen más piezas nacionales a los automóviles que ensamblan.

Sector metalmecánico

Avances con el empuje del campo
La industria metalmecánica pasa por un buen momento en la Argentina desde que el nuevo Gobierno le sacó “la bota de encima al campo”. ¿De qué hablamos, cuando hablamos de la rama fabril metalmecánica? De la producción de tractores, cosechadoras, tolvas, rastrillos, y muchos otros insumos que se producen en general en empresas que son medianas, pequeñas y hasta en talleres en los que trabajan tres o cuatro herreros.
En el sector también hay empresas de mayor magnitud, claro, como Agrometal, Pauny, Vassalli, John Deere, Pla o CNH. Todas esas firmas están en niveles récord de producción y tienen en carpeta planes de inversión para aumentar la capacidad instalada de sus plantas.
“El sector metalmecánico es el de mejor performance; tiene un nivel de producción récord y ventas récord. Impactaron de lleno medidas como la quita de retenciones a las exportaciones”, afirmó Lucio Castro, secretario de Transformación Productiva.
El potencial productivo del campo y el ingenio argentino para inventar soluciones aplicadas a la producción agrícola se combinaron de una manera especial en este sector y generaron resultados sorprendentes, algunos no muy conocidos.
“Han venido de Japón a estudiar las máquinas cosechadoras de té que se hacen especialmente para nuestra geografía, la Argentina tiene un potencial único”, contó Carolina Okulovich, de la familia propietaria de Don Basilio, la primera exportadora de té de la Argentina con una planta en Oberá, provincia de Misiones.
En 2017 la producción de este rubro creció un 8,5% según el Indec, que aclara en su informe que, además de la maquinaria agrícola, incluye la línea blanca de productos.

Actividad forestal

Un segmento con potencial en el país
Sacando de la consideración al campo, pocos sectores productivos de la Argentina demuestran tanto el antagonismo entre las políticas K y las políticas M como el forestal. De un Néstor Kirchner acompañando a los asambleístas de Gualeguaychú en su lucha antipasteras, se pasó a un Mauricio Macri involucrado con atraer esas inversiones de grandes capitales de multinacionales que derramaron en la región en otros tiempos, pero evitaron cuidadosamente a la Argentina.
Hay grandes multinacionales, en especial las de pasta de celulosa, con intención de invertir en la Argentina. “Hay lugar para dos o tres plantas de pasta de celulosa en la Argentina”, señaló Pablo Mainardi, CEO de Arauco Argentina, en un congreso que se realizó en octubre en Buenos Aires donde, por primera vez en más de 10 años, los grandes ejecutivos de la industria empezaron a discutir el futuro del sector. La fecha no fue casual: Macri acababa de ratificar su poder en las PASO.
La Argentina tiene un stock de 1,3 millones de hectáreas listas para ingresar en un proceso que lleve a la industrialización en pasta, madera aserrada para la construcción o viviendas, tableros y muebles. En 2017 la fabricación de papel y cartón en el país tuvo una pequeña caída, de 0,2%.
Desde septiembre, el Presidente convoca a los forestales a la Casa Rosada y a los gobernadores de Entre Ríos, Corrientes y Misiones. Entre otras cosas, piden que se remuevan trabas a las inversiones, que se modifiquen leyes como las que restringen la tenencia de tierras a capitales extranjeros, y que permitan la circulación de camiones bitrenes por sus rutas.

Alimentos y bebidas

Un rubro que no logró despegar
La industria alimenticia sufrió el impacto de la caída del consumo en la Argentina. Desde el Gobierno ofrecen una explicación: “Antes, la gente consumía porque no podía viajar, no podía comprar dólares”, afirmó Lucio Castro.
En la consultora Abeceb estiman que el rubro tendrá un crecimiento de 1,4% este año. En 2017, según el EMI, la caída fue de 1,4% y en 2016, de 1,2%.
El sinceramiento de las tarifas de servicios públicos y la inflación son dos factores que atentan contra la recuperación de esta industria que, de todas maneras, es muy heterogénea y, por tanto, muestra situaciones distintas según la rama. “El sector de las carnes tiene un muy buen desempeño por la tracción de las exportaciones bovinas, pero eso es contrarrestado por la caída del sector lácteo, que aún no se reacomoda tras la crisis”, señaló Dante Sica, economista de Abeceb. En el complejo sojero también se retrajo la actividad.
La reactivación de Brasil genera buenas perspectivas. “Se proyecta una recuperación leve, un año positivo para las carnes y una continuación del proceso de reorganización en la industria láctea”, estimaron en Abeceb.
Un directivo de la industria azucarera trazó un panorama inquietante y comentó el anuncio de cierre del Ingenio San Isidro en Salta (es del grupo peruano Gloria y tiene 730 trabajadores). “La política económica no parece contemplar las necesidades de las economías regionales”, afirmó.

Producción de bienes electrónicos

Frente al desafío de una reconversión
La industria electrónica es perdedora en el modelo económico del gobierno de Macri. “Hay dos casos distintos: por un lado está la industria ensambladora de Tierra del Fuego y, por el otro, la producción de televisores y otros aparatos en el conurbano bonaerense”, explicó Diego Coatz, director ejecutivo de la Unión Industrial.
La situación de este rubro fue impactada por la decisión del Gobierno de ir bajando impuestos a la entrada de bienes importados que son considerados claves para mejorar la productividad del país, como el caso de notebooks o tablets que se dejaron de ensamblar en la provincia fueguina. Algunas empresas líderes de esta actividad, que ya importaban, simplemente producen menos y traen más artículos de afuera.
A fines de noviembre pasado, el Poder Ejecutivo decidió anticipar por decreto la baja gradual del impuesto interno, que ya estaba anunciada para una reforma legal, con impacto en los bienes electrónicos que se venden en el continente, sean de fabricación nacional o importados. La apuesta fue por una reducción de los precios y una mayor accesibilidad para los compradores.
“La producción de electrónicos este año exhibirá un descenso del 6,2%, algo determinado por los cambios en el marco regulatorio, como la reconversión de la producción de notebooks en 2017. En cambio, la línea blanca tendrá una recuperación del 4,3%”, dicen en Abeceb.
De todas maneras, el rubro exhibirá este año un avance positivo, en parte porque viene de un año que fue malo. Y en parte, porque la confianza de los consumidores y cierta recuperación del salario empujarán a las ventas, según estiman los analistas.

Productos textiles

El rojo en el semáforo de la producción

El sector de la industria textil es perdedor hoy en la Argentina. Según el dato oficial del Indec, la producción cayó 4,3% en 2016 y 6,7% en 2017. Para este año se prevé un leve rebote de 1,5%, según Abeceb. El calzado tiene un panorama parecido: en 2016 cayó un 11,2% y en 2017, 9,9%. Para este año se prevé una caída bastante inferior: de 1%.
¿Las razones? La competencia con los productos importados. La firma Dass de El Dorado (Misiones), que produce zapatillas de marcas como Umbro y Fila, recortó turnos en 2016 y despidió operarios en 2017. “Es muy difícil competir con los productos importados”, dijo hace unos meses su gerente de Recursos Humanos, Flavio Olea. Dass es propiedad de un grupo brasileño que en 2015 compró una planta en Coronel Suárez (Buenos Aires).
Entre los industriales del sector textil y del calzado impera la sensación de que el Gobierno los considera un sector inviable, destinado a achicarse si no pueden competir. Los costos laborales pesan más que en otros sectores, por tratarse de una actividad mano de obra intensiva.
“Somos un sector sensible, porque lo que nos pasa primero a nosotros después le va a pasar a otras industrias, y cuando llega a otras industrias ya es muy tarde, la mitad del valor de una remera o un jean que se hace acá son impuestos, así es imposible”, señaló un referente que solo aceptó hablaren off. Los textiles no tienen ganas de hablar ni de pelearse: quieren concentrarse en trabajar y ver cómo sobreviven.
“El año pasado, solo de Chile los argentinos trajeron indumentaria por valor de US$1000 millones”, recordó Diego Coatz.
Desde el Ministerio de Producción, Lucio Castro reconoce que el sector textil está pintado de color rojo en el semáforo de su Monitor de la Economía Real. “Pero hay una realidad muy heterogénea; por ejemplo, crecemos en la producción de algodón, donde somos el décimo segundo productor del mundo y el número 14 en exportaciones”, señaló.
Los números de pérdida de empleos en esta industria son elocuentes. Según datos que maneja la UIA sobre la base de información del Ministerio de Trabajo, al final del segundo trimestre de 2017 y en comparación con ese período del año previo, la industria textil perdió 4129 puestos; la confección, 3925; el sector de cuero y calzado, 4520.
Según esos datos elaborados por la UIA, casi todos los rubros industriales perdieron puestos de trabajo, pero hay uno que ganó, a pesar de que algunos dicen que no es parte de la industria: en el software se generaron 2895 puestos en el período citado. Quizás sea un dato elocuente de los empleos del mañana.
“Los servicios motorizarán la tendencia, pero el escaso dinamismo fabril, que demanda muchos servicios, puede ser un lastre para el crecimiento en el mediano plazo”, analizó el economista Lorenzo Sigaut Gravina.
 
 

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