INFLACIÓN

La inflación del primer trimestre en torno al 3% mensual

Compartí esta noticia !

El IPC Nacional de INDEC registró una suba de 2,9% mensual en febrero, manteniéndose en el mismo nivel que en enero y acumulando 5,9% en el primer bimestre del año, según la consultora Ecolatina. En términos interanuales, la inflación alcanzó 33,1%, registrando la variación interanual más alta desde agosto.

En términos de categorías, los precios Regulados mostraron la mayor variación mensual (+4,3%), seguidos por el IPC Núcleo (+3,1%), mientras que los Estacionales registraron una caída de -1,3% en el mes.

Para marzo estimamos que la inflación se mantenga en la zona del 3%. A la resistencia inflacionaria que se viene observando a comienzos de año se le suma los aumentos típicos del tercer mes del año, vinculados a educación por el comienzo de clases y a indumentaria con el cambio de temporada.

El IPC Nacional de INDEC registró una suba de 2,9% mensual en febrero, manteniéndose en el mismo nivel que en enero y acumulando 5,9% en el primer bimestre del año. La medición se ubicó por encima del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que esperaba 2,7% para el mes. En términos interanuales, la inflación alcanzó 33,1%, registrando la variación interanual más alta desde agosto, poniendo en evidencia que se estancó la desinflación de la economía.

En términos de categorías, los precios Regulados mostraron la mayor variación mensual (+4,3%), seguidos por el IPC Núcleo (+3,1%), mientras que los Estacionales registraron una caída de -1,3% en el mes.

La aceleración de los precios regulados estuvo principalmente vinculado a las subas en tarifas de gas, agua y electricidad en la mayoría de las regiones, así como a cambios en los esquemas de subsidios aplicados en distintas provincias. De hecho, la inflación general fue igual o superó el 3% en todas las regiones, exceptuando el AMBA.

Por otro lado, la inflación núcleo mostró una aceleración (+0,4 p.p. respecto al dato de enero y 33,6% i.a.) y exhibió la variación más elevada desde abril del año pasado. De hecho, la “inflación subyacente” que sigue el BCRA, al cual a los precios núcleo le restan la evolución de carnes y alquileres, mostró una variación de 2,4% en febrero, también acelerándose respecto a los meses previos.

Por último, respecto a los precios estacionales, mostraron la evolución interanual más baja de las categorías (+22,6% i.a.) y tuvieron la menor evolución mensual luego de un enero movido por frutas, verduras y turismo.

En cuanto a las divisiones del índice, la mayor suba se registró en Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (+6,8%), impulsada principalmente por las actualizaciones tarifarias (casi 12% en el agregado nacional). En segundo lugar, se ubicó Alimentos y bebidas no alcohólicas (+3,3%), donde volvió a destacarse la incidencia de carnes y derivados (+6,6%, por encima del nivel general por quinto mes consecutivo). En contraste, las menores variaciones del mes se observaron en Bebidas alcohólicas y tabaco (+0,6%), y Prendas de vestir y calzado prácticamente no registró cambios (-0,0%) por cuestiones estacionales.

Perspectivas para este año

Para marzo estimamos que la inflación se mantenga en la zona del 3%. Al ritmo inflacionario que se viene observando a comienzos de año se le suma los aumentos típicos del tercer mes del año, vinculados a educación por el comienzo de clases y a indumentaria con el cambio de temporada. Además, se le sumará el impacto del incremento de combustibles desde principios de marzo, en conjunto a la suba del transporte público en AMBA.

Con todo, el primer trimestre cerrará con una inflación que acumulará cerca del 9%, condicionando la expectativa de que la inflación de 2026 esté muy por debajo de la del año pasado. De hecho, para que la inflación alcance el 26% interanual en diciembre que espera la mediana del REM, la suba de precios debería promediar un 1,6% entre abril-diciembre.

Hacia adelante, es probable que, una vez superados los factores estacionales y los principales ajustes tarifarios del comienzo del año, la inflación vuelva a mostrar una desaceleración moderada durante los próximos meses. En ese escenario, las variaciones mensuales podrían alejarse de la zona del 3%, aunque difícilmente retornen en el corto plazo a los mínimos observados a mediados de 2025. De este modo, el escenario más probable es que la inflación se mantenga mayormente en torno al 2% mensual durante buena parte del año, reflejando una dinámica más estable pero todavía lejos de niveles de la desinflación deseada por el gobierno.

El comportamiento del tipo de cambio también será un factor clave para la trayectoria de los precios. Hasta el momento, el panorama cambiario se mantiene relativamente estable, lo que contribuye a moderar presiones inflacionarias en el corto plazo. Sin embargo, el objetivo de acumulación de reservas internacionales por parte del BCRA, junto con el funcionamiento del actual esquema cambiario, podría limitar el margen para una apreciación real más marcada que contribuya a una desinflación pronunciada.

Por su parte, si bien las paritarias continuarán corriendo de atrás con esta aceleración de la inflación, las negociaciones tendrán un piso más alto, aportando su parte a la inercia de los últimos meses.

En este marco, si bien el actual esquema macroeconómico brinda cierto anclaje para las expectativas de inflación, también sugiere que la velocidad del proceso de desinflación podría ser más gradual hacia adelante

Compartí esta noticia !

La Guerra sacude al mundo y genera preocupaciones con la inflación mientras Argentina lucha con su propia inercia

Compartí esta noticia !

Por Damian Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL. Finaliza una de las semanas más complejas de 2026. El mercado global intenta digerir un conflicto en Medio Oriente que ya no se percibe como un shock pasajero, sino como una crisis estructural, mientras que, en el plano local, el IPC de febrero marca una hoja de ruta desafiante para el inversor.

El Petróleo en la zona de los USD 100: ¿Por cuánto tiempo más? 

A pesar de las medidas de la AIE y de que el Tesoro de EE. UU. permitió la compra de crudo ruso para aliviar el mercado, el Brent cerró cerca de los USD 100,17. La desconfianza reina por dos motivos:

El bloqueo de Ormuz es real: El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, prometió escoltas navales, pero el flujo de tanqueros sigue paralizado.

Ataques a infraestructura: Irán ha pasado de las amenazas a los hechos, golpeando instalaciones petroleras en países vecinos. Los analistas de ANZ advierten que el mercado ya no ve esto como algo transitorio; el “skew” de los precios es claramente al alza.

 Wall Street en rojo: La baja de tasas, un horizonte cada vez más lejano

El mercado cerró la semana con una dosis de realismo que tiñó las pantallas de rojo. El Índice Dólar (DXY) escaló hasta los 100,32 puntos, consolidándose como el refugio ante un escenario donde el dinero “barato” no parece estar en los planes de nadie.

Expectativas enterradas: La combinación de un petróleo cerca de las tres cifras y una inflación subyacente que no termina de ceder ha enfriado por completo las apuestas por una política expansiva.

El dilema de la Fed: En Wall Street ya no se debate cuándo bajarán las tasas, sino si la Fed tendrá que subirlas nuevamente para evitar un desborde inflacionario energético. Este giro en la narrativa golpeó al Nasdaq (-0,81%) y al S&P 500 (-0,38%), que sufren ante la perspectiva de costos financieros elevados por un tiempo indefinido.

Argentina: La inflación de febrero y el “atractivo” de los BONCER

En el plano local, el INDEC informó un IPC del 2,9% para febrero, confirmando que la desinflación encontró un escalón difícil de romper, especialmente por el peso de la carne (+6,6%) y los ajustes tarifarios (+6,8%).

El mercado está más cauteloso: Por tercer mes consecutivo, el REM ajustó sus proyecciones al alza. El mercado ya no espera ver una inflación debajo del 2% antes de mayo, lo que obliga a recalcular las carteras de inversión.

Renta Variable: El sector energético local marca el ritmo

A contramano de la debilidad que mostró Wall Street, la renta variable local mostró una notable firmeza durante la semana por su correlación con el sector energético, que fue el gran protagonista, capturando el interés de los inversores que buscan cobertura ante el escenario internacional de precios altos.

YPF y Vista (VIST) a la cabeza: Ambas compañías se mantuvieron sólidas y registraron ganancias del 3% en promedio, impulsadas por la expectativa de mejores márgenes de exportación y la aceleración de proyectos en Vaca Muerta. En un mundo donde la seguridad energética es la prioridad número uno, los activos argentinos vinculados al petróleo y gas se consolidan como vehículos de valor, logrando desacoplarse parcialmente del pesimismo que afectó a otros sectores del Merval.

Compartí esta noticia !

El sector textil en su momento más difícil: siete veces por debajo del promedio industrial y cayó 7,8%

Compartí esta noticia !

La industria textil atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. El sector cerró el 2025 con una contracción interanual acumulada de 7,8%, mientras que el total de la industria promedió una leve recuperación de 1,6%, según reveló el informe económico de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA). Además, en diciembre de 2025, la variación de la actividad textil cayó un 25,7% comparado con el mismo mes del año anterior.

De acuerdo con el relevamiento elaborado a partir de estadísticas oficiales, la actividad del sector textil continúa en fuerte retroceso, con escaso nivel de utilización de la capacidad instalada y una pérdida sostenida de puestos de trabajo, en un contexto marcado por el cierre de empresas y el ingreso de productos subfacturados que impiden una competencia leal.

Uno de los índices que generan mayor preocupación es la utilización de la capacidad instalada que no evidencia mejoría: durante diciembre operó con niveles mínimos cercanos al 35% y en enero con el 34%.

Otro indicador alarmante es la caída del empleo sectorial que mantiene una baja interanual continua desde febrero de 2024. Entre diciembre de 2023 y noviembre de 2025 se perdieron más de 19.000 puestos de trabajo formales. Según datos de la Secretaría de Trabajo, en noviembre pasado, el sector textil, confección, cuero y calzado alcanzó 102 mil empleos formales, 11.000 menos que en el mismo mes de 2024.

En materia de precios, el IPC  del rubro “prendas de vestir, cuero y calzado” (Índice de Precios al Consumidor Textil) de enero mostró una caída respecto a diciembre. En este último mes  registró un retroceso de  0,5 %, es decir, 3,3 puntos porcentuales por debajo del nivel general. De todos los rubros, la industria textil fue la única en experimentar deflación y desde agosto de 2023 se mantiene por debajo del promedio de la economía.

En cuanto al comercio exterior, en enero de 2026 se importaron 16.582 toneladas de productos textiles —hilados, tejidos y confecciones— por USD 39 millones, lo que representa una caída interanual de 31% en volumen y de 40% en valor. Esta disminución se explicó principalmente por la contracción en las importaciones de insumos. Sin embargo, en el mismo período crecieron con fuerza las importaciones de prendas terminadas: +129 % en cantidad y +91 % en valor respecto a enero de 2025. Esta dinámica refleja un aumento en la participación de productos finales importados en el mercado interno, en detrimento de la producción local. Además, persisten prácticas de subfacturación que distorsionan los precios declarados de importación y generan una competencia desleal frente a la producción nacional.

“Cuando el empleo industrial se contrae y, al mismo tiempo, aumentan las importaciones de productos terminados bajo condiciones inconsistentes con los antecedentes del sector y la realidad productiva internacional, el impacto sobre la producción nacional resulta inevitable y preocupante. Asegurar condiciones de competencia equilibradas es clave para que la industria textil argentina pueda sostener el empleo y fortalecer el entramado productivo en todo el país. Sin industria no hay desarrollo ni empleo“, dijo Luis Tendlarz, Presidente de FITA.

Compartí esta noticia !

El transporte de cargas acumula 4,4% de aumento en el primer bimestre de 2026

Compartí esta noticia !

El Índice de Costos del Transporte (ICT), elaborado por la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC) y auditado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), registró en febrero un incremento mensual del 2,28%.

Con este resultado, el ICT acumula en el primer bimestre del año un aumento del 4,4%, mientras que la variación interanual asciende al 37,2%.

El índice, elaborado por el Departamento de Estudios Económicos y Costos de FADEEAC, mide 11 rubros que inciden directamente en los costos de las empresas de transporte de cargas de todo el país y constituye una referencia técnica clave para la determinación y actualización de tarifas del sector.

Peajes y Gastos Generales impulsaron el aumento de febrero

Durante el segundo mes del año, una parte significativa de los rubros registró incrementos, destacándose especialmente Peajes, Gastos Generales y Combustible, mientras que otros componentes mostraron variaciones moderadas o se mantuvieron sin cambios.

El mayor incremento del mes correspondió a Peajes, con una suba del 13,3%, producto de nuevos aumentos tanto en corredores nacionales como en los accesos a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es importante destacar que tras un año prácticamente sin variaciones, se proyectan nuevos ajustes para marzo en los accesos a CABA.

En segundo lugar, Gastos Generales registró un aumento del 6,83%, reflejando principalmente la actualización de precios mayoristas en servicios.

En cuanto al Combustible, luego de haber acumulado un incremento del 45% durante 2025, el gasoil volvió a mostrar en febrero una suba significativa del 2,77%. En este contexto, la fuerte alza del precio internacional del petróleo —en un escenario de profundización del conflicto en Medio Oriente— podría derivar en nuevos ajustes en los próximos meses con un marco institucional de debilitamiento de los mecanismos que puedan desacoplar los precios internos de los internacionales.

Asimismo, volvió a diferirse la aplicación plena de la actualización de los impuestos específicos al combustible (Decreto 74/26), medida iniciada en mayo de 2024 y extendida ahora también a marzo de 2026 mediante el Decreto 116/26.

Variaciones moderadas en el resto de los rubros

Entre los restantes componentes del índice se registraron variaciones moderadas. En primer lugar, Personal (Conducción) mostró un incremento del 1%, correspondiente a la última cuota del acuerdo paritario CCT 40/89. Le siguió el Costo Financiero, con una suba del 0,79%, Reparaciones 0,42%, en un contexto de creciente deterioro de la infraestructura vial, y Seguros 0,32%.

Por su parte, Lubricantes, Neumáticos, Material Rodante y Patentes y Tasas no registraron variaciones en relación con enero.

Escenario sectorial

Como vienen señalando los analistas de FADEEAC, el sector del transporte de cargas continúa operando en un contexto de reactivación limitada —luego del escenario recesivo de 2024—, en una coyuntura económica compleja y desafiante, con señales de desaceleración en la economía real, posible presión adicional sobre el combustible y un progresivo deterioro de la infraestructura que impacta de modo directo en los costos operativos del sector.

Compartí esta noticia !

La indumentaria y el calzado desaceleraron frente a la inflación en 2025

Compartí esta noticia !

El precio de la ropa sigue en el centro de la discusión económica argentina, pero detrás de la pregunta aparentemente simple, si vestirse en el país es caro o no, se despliega un entramado mucho más complejo que combina inflación, apertura comercial, caída del poder adquisitivo, importaciones récord y una industria que atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. 

La tensión no es sólo discursiva, ya que los números muestran una paradoja difícil de ignorar. Mientras los precios de la indumentaria y el calzado crecieron muy por debajo de la inflación general, la producción se desplomó, el empleo retrocedió a mínimos históricos y cientos de establecimientos cerraron sus puertas.

El debate se intensificó cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó que nunca compró ropa en Argentina porque le parecía “un robo” y sostuvo que los consumidores llegaron a pagar entre dos y diez veces más que en el exterior. En esa misma línea, cuestionó el esquema de protección histórica del sector y defendió la apertura comercial como herramienta para disciplinar precios. “Si pagás cinco dólares una remera en vez de 50, ahora tenés 45 dólares para gastar en otra cosa”, indicó, al sugerir que el ahorro en indumentaria podría volcarse a otros consumos, como gastronomía o esparcimiento.

Sin embargo, cuando se observan los datos oficiales, la dinámica reciente no parece confirmar que la ropa haya sido uno de los motores de la inflación. Según cifras del Indec citadas por la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), durante 2025 los precios de indumentaria y calzado aumentaron 15,3%, frente a una inflación promedio de 31,5%; es decir, el rubro fue el de menor incremento del año. 

Si la comparación se amplía desde noviembre de 2023 -inicio de la actual gestión- la inflación acumulada alcanza el 259,4%, mientras que indumentaria y calzado avanzaron 149,4%. En términos relativos, el sector se abarató 30,6% frente al promedio general y hoy se ubica en su nivel relativo más bajo desde 2016. Desde la industria sostienen que esa moderación no es resultado exclusivo de la apertura, sino de un mercado deprimido y extremadamente sensible al precio.

En esa línea, un informe de la Fundación ProTejer remarca que, en perspectiva histórica, la indumentaria no encabezó la inflación y que incluso en precios mayoristas el crecimiento del segmento textil quedó por debajo del promedio de manufacturas. El documento también advierte que la relación entre mayor importación y menores precios no es automática, hubo años con fuerte ingreso de productos del exterior en los que la ropa subió por encima del índice general y períodos de menor apertura en los que aumentó por debajo.

Aun así, la discusión sobre precios no puede aislarse del contexto macroeconómico. La pérdida de poder adquisitivo y la caída del empleo formal contrajeron el consumo, lo que obligó a las empresas a ajustar márgenes para sostener ventas. En ese escenario, la estabilidad relativa de valores no logró reactivar la demanda. Entre enero y noviembre de 2025, las ventas reales en supermercados de prendas, calzado y textiles de hogar crecieron 23,7% interanual, pero en shoppings el consumo de ropa y marroquinería se mantuvo estable y cayó 2,4% respecto de 2023, con un fuerte desplazamiento hacia productos importados.

El reverso de los precios contenidos aparece con crudeza en la producción. En noviembre de 2025, la actividad textil cayó 36,7% interanual y 47,6% frente a noviembre de 2023. Si la comparación se realiza contra el promedio 2016–2023 (sin pandemia), la producción fue 40% menor en textiles y 18,1% inferior en confecciones y calzado. La utilización de la capacidad instalada se ubicó en apenas 29,2%, el nivel más bajo de toda la industria manufacturera: siete de cada diez máquinas permanecieron paradas.

Las consecuencias laborales son igualmente contundentes. Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 se perdieron 18.333 puestos de trabajo registrados en textiles, confecciones, cuero y calzado, una contracción del 15,1% que marca el piso de la serie iniciada en 2009. En paralelo, cerraron 558 establecimientos textiles. A ello se suma una elevada informalidad, que en confecciones ronda el 72%, lo que amplifica la fragilidad social del sector.

En el caso del calzado, la situación no es menos delicada. El presidente de la Cámara de la Industria del Calzado, Horacio Moschetto, advirtió sobre una caída del consumo y la producción superior al 30% en los últimos dos años, el cierre de más de 100 fábricas y la pérdida de alrededor de 10.000 empleos. Además, señaló un aumento del 100% en las importaciones y del 400% en compras por plataformas y clientes digitales, junto con un crecimiento del contrabando y la venta de productos falsificados en redes sociales.

El fenómeno importador, de hecho, es uno de los ejes centrales de la reconfiguración del mercado. En 2025, las importaciones de indumentaria y calzado totalizaron 1.506 millones de dólares. Las compras externas de prendas alcanzaron 681 millones de dólares -máximo histórico a precios constantes- y las de calzado y partes sumaron USD 825 millones, apenas por debajo del récord de 2017 (USD 857 millones). Datos de la consultora Analytica señalan que las importaciones crecieron 97,3% interanual en indumentaria, 121,2% en otros textiles y 25,2% en calzado y partes.

Si se amplía la mirada al conjunto del complejo textil, entre enero y diciembre de 2025 se importaron 391.676 toneladas de productos textiles e indumentaria por USD 1.702 millones, lo que implica un aumento de 71% en cantidades y 52% en valores. El hecho de que las cantidades hayan crecido más que los montos indica una caída de los precios unitarios, es decir, un ingreso masivo de mercadería más barata.

El canal courier aceleró esta tendencia. Las importaciones vía envíos puerta a puerta crecieron 274,2% interanual en 2025, impulsadas por plataformas como Shein y Temu. En prendas, las importaciones aumentaron 164% en toneladas, mientras que en confecciones el salto fue de 205%, ambos récords históricos. Para la industria local, estas plataformas operan con estructuras de costos sustancialmente distintas: no pagan alquileres locales, no financian ventas en cuotas y enfrentan cargas impositivas y regulatorias diferentes en origen.

En este punto, otro aspecto clave es la composición del precio final. De acuerdo con estimaciones de ProTejer, menos del 10% del valor de una prenda vendida en centros comerciales corresponde al costo industrial directo. Cerca del 50% son impuestos; alrededor del 30% se explica por alquileres y costos financieros; un 12% corresponde a logística, marketing y márgenes comerciales, y apenas el 8% queda en manos de la industria. Desde esa óptica, el precio final surge de una cadena de costos que excede al fabricante y que incluye una presión fiscal significativa.

La tensión entre el argumento oficial, que pone el foco en la protección y en los márgenes empresariales, y la mirada sectorial, que destaca la carga impositiva y la estructura de costos, configura un conflicto que va más allá de la coyuntura. En el fondo, se discute qué peso debe tener la industria nacional en un mercado crecientemente integrado al comercio global y cómo equilibrar precios accesibles para el consumidor, desde una prenda básica hasta el calzado femenino, con sostenibilidad productiva y empleo.

Experiencias, servicios y un nuevo patrón de consumo

Más allá de la disputa entre funcionarios y empresarios, el trasfondo revela un cambio más amplio en la forma en que los argentinos asignan su ingreso. La fuerte suba de servicios esenciales -tarifas, transporte, alquileres, salud y alimentos- absorbe una porción creciente del presupuesto familiar, lo que deja menos margen para bienes semidurables como la indumentaria. En ese contexto, la ropa pasa a ser un gasto postergable, reemplazable o directamente sustituido por opciones importadas de menor precio.

Al mismo tiempo, se consolida un desplazamiento hacia consumos con mayor carga experiencial. Estudios internacionales como “The Live Effect” de AEG Global Partnerships muestran que el 72% de la Generación Z asistió a al menos un evento de música en vivo en los últimos tres años, y que para muchos jóvenes la emoción asociada a comprar una entrada es comparable a planificar un viaje. El Trend LAB de Youniversal señala que recitales y festivales son la experiencia en vivo más significativa para el 44% de ese segmento, con fuerte presencia en países como Argentina. En ese marco, también gana terreno la lógica del regalo de experiencias -entradas a espectáculos, cenas, escapadas o actividades recreativas- por sobre los obsequios materiales tradicionales.

En contextos de ingresos restringidos, el consumidor prioriza aquello que percibe como generador de valor emocional inmediato. Comer afuera, realizar una escapada breve o asistir a un espectáculo pueden resultar más atractivos que incorporar una prenda adicional al guardarropa. La lógica ya no es acumular bienes, sino maximizar experiencias. Incluso el propio ministro Caputo aludió a esa reasignación potencial del gasto al señalar que el ahorro en ropa podría destinarse a otros sectores.

Este cambio cultural no elimina la necesidad de vestirse, pero sí redefine la elasticidad del gasto en indumentaria. Cuando el ingreso real cae y la oferta importada se expande con precios competitivos, la producción local queda atrapada entre un consumo selectivo y una competencia global intensa.

En definitiva, la situación actual del sector textil y de calzado combina variables macroeconómicas, fiscales y culturales. Los precios crecieron por debajo de la inflación y hoy se encuentran en mínimos relativos, pero la industria opera con niveles históricos de capacidad ociosa y empleo en retroceso. Las importaciones baten récords y el mercado se reconfigura con rapidez.

La pregunta que queda abierta es si este proceso es esencialmente coyuntural, producto de una economía en transición y de un consumo afectado por la pérdida de poder adquisitivo, o si marca un cambio estructural en el patrón productivo y en los hábitos de los consumidores argentinos. De la respuesta dependerá no solo el futuro de miles de empresas y trabajadores, sino también el perfil industrial que el país decida sostener en los próximos años.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin