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Madres argentinas: tienen un ingreso promedio mensual de $96.000 y el 62% están bancarizadas

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Según datos de un reciente análisis de Equifax, compañía global de Big Data & Analytics, las madres argentinas cuentan con un ingreso promedio mensual de $96.000.

Acerca del perfil financiero, el 62% cuentan con al menos un producto de crédito. El 68% de ese grupo sólo posee tarjeta de crédito, un 22% es titular de tarjeta y préstamo y un 10% solo préstamo. Respecto a la distribución generacional de las madres que tienen un empleo formal, el 56% tienen entre 26 y 41 años, el 41% de 42 a 57 años, un 2% es de más de 58 años y un 1% de entre 18 y 25 años.

Sobre las madres y su situación laboral, el 71% trabaja bajo relación de dependencia y el 29% es monotributista. El 28% se dedica al comercio, un 22% al servicio doméstico y rubros como peluquería, estética y belleza, mientras que un 19% trabaja en  educación y un 11% lo que hace a salud humana y servicios sociales.

En lo que respecta a cumplimiento de pago, de forma general el 79% no presenta atrasos en sus obligaciones con ciertas distinciones según la edad. Aquellas que tienen entre 18 y 25 tienen una ratio de cumplimiento de pago del 77%, quiénes tienen entre 26 y 41 un 78%, de 42 a 57 años un 82% y las de más de 58 años alcanzan un 88%. En lo que hace a deuda y ratio de compromiso mensual, este alcanza un 25% del ingreso promedio mensual, que equivale a $23.992.

“Los resultados que arroja nuestro análisis ponen de manifiesto que la bancarización todavía tiene un largo camino por recorrer en lo que hace al segmento de madres. Con ratios positivos en lo que hace a cumplimientos de pago, un mejor acceso a la educación financiera y mayor oferta de productos financieros personalizados en el mercado, son dos claves a profundizar en este sector” explica Erica Grimberg, gerente de Data & Analytics de Equifax para Argentina, Uruguay y Paraguay.

El análisis utilizó datos del Bureau Equifax analizando a la población de madres que trabajan con hijos entre 0-18 años con datos complementarios de BCRA y ANSES.

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Las ventas minoristas pyme cayeron 3,5% anual en septiembre

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lMedidas sus ventas a valores constantes, en los comercios minoristas pyme se registró un descenso del 3,5% en septiembre 2022, frente al mismo mes del año pasado. Así, se apunta por tercer mes consecutivo, una baja en las ventas minoristas en la comparación interanual. Sin embargo, en los primeros nueve meses del año, se observa un crecimiento en el comercio minorista del orden del 0,5% (vs. igual periodo 2021).

lEn septiembre, cinco de los seis rubros relevados vieron reducir sus ventas en la confrontación con 2021. En el balance mensual, las ventas de las pequeñas y medianas empresas se retrajeron 1,4%, también con cinco rubros en declive y uno en alza.

lAsí surge del Índice de Ventas Minoristas Pymes de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), elaborado en base a su relevamiento mensual entre 1.207 comercios del país, realizado entre el 3 y 5 de octubre de 2022.

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Análisis por rubro

El sector de Farmacia y Perfumería con una suba de 8,1% interanual en sus ventas fue el único que registró un incremento en el mes de septiembre. El resto de los ramos se retrajeron, con la mayor caída contabilizada por Textil e Indumentaria (-17%).

1) Alimentos y Bebidas. Las ventas disminuyeron 1% anual y 3,6% mensual, a valores constantes. Los negocios consultados coincidieron que el mes estuvo marcado por una inflación creciente y una merma en la demanda respecto a meses anteriores. Los comerciantes comentaron dificultades para reponer mercaderías, subas de precios semanales, y acumulación de deudas con proveedores como las principales problemáticas del mes.

“Los aumentos en los precios y las manifestaciones en la vía pública afectaron mucho nuestras ventas del mes”, relató el copropietario de un almacén localizado en la ciudad de Córdoba.

“La inflación nos está ahogando, vendimos mucho pero no vemos la diferencia en las ganancias”, dijo la dueña de un local de comidas de Tinogasta, en Catamarca.

2) Bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles. El desplome fue del 5,1% anual en septiembre y 3% en la comparación mensual, a valores constantes. Fue otro mes en baja para las pymes del rubro que ubicaron al incremento del costo financiero del último mes, al faltante de productos y, sobre todo, los aumentos de precios en cada entrega de mercadería, como la justificación de este comportamiento de las ventas.

“No podemos seguir vendiendo así, los costos de las tarjetas subieron y nos mató”, resumió la dueña de un negocio de Godoy Cruz en Mendoza.

“Nos fue bien en ventas porque mantuvimos todos los precios, pero nos fue pésimo en rentabilidad”, expresó el propietario de un negocio en Castelar, Provincia de Buenos Aires.

3) Calzado y marroquinería. Las ventas del sector se retrajeron 10,5% anual y 5,7% mensual en septiembre, siempre medidas a valores constantes. La mayoría de los comercios consultados llevaron adelante acciones para levantar la venta: reformas en los locales, incorporación de nuevos segmentos de productos, liquidaciones anticipadas, fueron algunas de las estrategias para despertar el interés de un público poco entusiasmado, aunque la evolución de los precios desanimó al consumidor.

“Septiembre fue particularmente malo, estamos muy preocupados. Hicimos cambios de vidrieras, liquidaciones, rebajas, pero no repuntan las ventas”, relató un empresario de CABA.

“Estamos invirtiendo todo en stock de la nueva temporada primavera-verano, estamos reformando el local, solo esperamos que sirva para repuntar”, manifestó la dueña de un local de la ciudad de Salta.

4) Farmacia y perfumería. En este rubro hubo un aumento del 8,1% anual y 5,1% mensual. Además, es el único sector que contabiliza registros positivos desde hace 4 meses en forma consecutiva. Algunas farmacias informaron retrasos de pagos de las obras sociales, situación que no caracteriza la evolución de este mes en particular dado que tiene un tiempo sin resolverse aún.

“Crecimos en septiembre por una buena política comercial de descuentos y la incorporación de diversidad de mercadería”, señaló el gerente de una farmacia de la ciudad de Mendoza.

“Antes se trabajaba más constante todo el mes y ahora se nota la baja a partir de la segunda quincena”, contó la propietaria de una farmacia y perfumería de Mar del Plata en la provincia de Buenos Aires.

5) Ferretería, materiales eléctricos y materiales de la construcción. La actividad minorista retrocedió 0,6% anual en septiembre a valores constantes y 1% en la comparación intermensual. Si bien este mes fue más estable, los incrementos de precios continuaron, pero con menos frecuencia y en porcentajes más reducidos de lo registrado durante los meses de julio y agosto pasado. La situación relevada resulta bastante dispar entre comercios y productos. Si bien septiembre suele ser un mes de baja actividad, pinturas y elementos para refacciones registraron mejores números que aquellos relevados por los materiales eléctricos.

“Mejoraron las ventas, pero estamos en niveles muy bajos, sosteniendo el negocio abierto esperando que se recupere el consumo”, dijeron desde un comerciante de San Miguel de Tucumán.

“Este mes incorporamos promociones y decidimos achicar nuestros márgenes de ganancias para sostener las ventas”, comentó la propietaria de una casa de luminarias de la ciudad de Salta.

6) Textil e indumentaria. Las ventas minoristas se derrumbaron 17% anual en septiembre y 1,3% en la comparación mensual. Fue el rubro de mayor retracción en el índice minorista de CAME, y es el quinto mes consecutivo en que sus indicadores caen. Además, en septiembre se registra el declive más importante del año. Las tiendas se están manejando con subas de precios interanuales por encima del 100% lo que describe porqué la demanda se retrae tanto. Algunos comerciantes mostraron preocupación creciente por una tríada de elementos que se retroalimentan y que explican esta evolución: el aumento de la informalidad, la evolución de la venta online y la suba de precios. Aun así, las expectativas para octubre, noviembre y diciembre son alentadoras, por el Día de la Madre, el Mundial y las fiestas.

“Se nota la disminución del poder adquisitivo, ingresan clientes con menor poder de compra y se venden productos más baratos”, dijo el dueño de un comercio de la ciudad de Santiago del Estero.

“El año pasado a esta altura del año nos iba mejor, hay una contracción desde hace meses que no logra mejorar, estamos 15% debajo de 2021 en cantidades. Esperamos que en octubre y durante las fiestas repunte”, se lamentó la dueña de un local en CABA

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La primera deflación global comenzó. Y no hay manera de saber qué tan grave será

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Escribe Adam Tooze, historiador de la economía, director del Instituto Europeo de la Universidad de Columbia y autor del boletín Chartbook. Por todo el mundo, la rápida recuperación económica de la sacudida de la covid desató la mayor oleada inflacionaria que habíamos visto desde principios de los años ochenta. Para enfrentarla, en el verano de 2021, algunos bancos centrales comenzaron a elevar las tasas de interés. Brasil fue el primer país en hacerlo. A principios de 2022, la Reserva Federal estadounidense hizo lo propio y provocó una tendencia arrolladora: en cuanto la Reserva Federal aplica medidas y el dólar se fortalece, otros países también aumentan sus tasas de interés o enfrentan una devaluación aguda, que aviva aún más la inflación.

Este patrón es familiar. Pero nunca antes había tenido este alcance. Nos encontramos al centro de la política fiscal contractiva más extensa que el mundo haya visto. Aunque los aumentos en la tasa de interés no son tan pronunciados como los que aplicó Paul Volcker en su época al frente de la Reserva Federal después de 1979, ahora muchos más bancos centrales han aplicado esta medida.

Hay momentos en los que descubres que vives un periodo histórico. Este es uno de esos momentos. En las economías avanzadas, la era de globalización a partir de los años noventa había sido una época de desinflación y políticas de expansión monetaria de los bancos centrales. Ahora, ese balance ha cambiado, y a escala mundial.

Algo que agrava la presión deflacionaria es el fin de los programas de estímulo implementados para combatir la era de la covid y la aplicación, en su lugar, de medidas como la Ley de Reducción de la Inflación, con la promesa de reducir déficits y eliminar la demanda de la economía. En Estados Unidos durante el tercer trimestre, el fenómeno llamado “progresión fría” ralentizará la economía más de un 3,4 por ciento del producto interno bruto, según un análisis del Instituto Brookings.

Es difícil predecir las consecuencias de este ciclo deflacionario global. Nunca hemos combatido algo así a esta escala. ¿Lograremos que baje la inflación? Es muy probable. Por desgracia, también podríamos caer en el riesgo de una recesión global que, en el peor de los casos, derribaría el mercado inmobiliario, llevaría a varias empresas y naciones a la quiebra, y dejaría a cientos de millones de personas en todo el mundo desempleadas y sumidas en una terrible aflicción.

En vista de cuán terrible podría llegar a ser la situación, los legisladores deben considerar tres preguntas: ¿las tasas de interés son un instrumento demasiado agresivo para lidiar con los desequilibrios económicos actuales? ¿Los gobernadores de los bancos centrales pueden seleccionar la tasa adecuada para desacelerar la inflación sin estrangular la economía? ¿Una economía mundial abrumada por la deuda puede sobrevivir un aumento considerable a las tasas de interés impulsado por la Reserva Federal?

Los movimientos en la inflación en gran parte del mundo han sido el resultado de las interrupciones en las cadenas de suministro relacionadas con la covid y la conmoción en los precios de la energía. Elevar las tasas de interés no va a ayudar a poner más gas o microchips en el mercado, todo lo contrario. Reducir la inversión limitará la capacidad a futuro y, por lo tanto, el abasto a futuro. Por este motivo, en Europa, además de los aumentos moderados en las tasas de interés dictados por el Banco Central Europeo, algunos países de la Unión Europea han establecido topes para el precio de la electricidad y el gas. El propósito de la política monetaria restrictiva es ayudar a evitar que la inflación se propague y afiance. En este momento, es la principal preocupación de la Reserva Federal.

El problema es que hay que pagar el precio por esta contención. El principal efecto, si la política de la Reserva Federal funciona, será una ralentización de la economía y mayor inactividad en el mercado laboral, un eufemismo que quiere decir que habrá más desempleo. ¿La contracción global será excesiva?

De por sí es difícil elegir la tasa de interés correcta para una sola economía. ¿Cómo se puede seleccionar la tasa adecuada si todos tus vecinos también alzan sus tasas? Cuando un banco central aumenta las tasas de interés, uno de los efectos que aprovecha para reducir la inflación es que se aprecia la moneda. Las tasas de interés más altas atraen a los inversionistas extranjeros, lo que impulsa el tipo de cambio al alza. Una moneda más fuerte abarata las importaciones y reduce la inflación. Es la política clásica de “empobrecer al vecino”.

La solidez del dólar en 2022 abarata las importaciones estadounidenses, pero, al mismo tiempo, alza los precios para el resto de los países que pagan su petróleo, por ejemplo, en dólares. En respuesta a esta inflación importada, a otros bancos centrales casi no les queda más remedio que alzar las tasas de interés todavía más, lo que perpetúa un círculo vicioso. En este círculo de estira y afloja, es impredecible el resultado final para el tipo de cambio, pero lo que sí hará es llevar las tasas de interés a niveles que nadie habría elegido por su cuenta.

Encima, no es el único efecto secundario que debe preocuparnos en esta primera desinflación mundial. El precio de los bienes no solo depende del tipo de cambio, sino también del equilibrio entre la oferta y la demanda, tanto en los mercados mundiales como en los nacionales. Durante la recuperación económica de la COVID, la inflación en Estados Unidos se vio impulsada no solo por el exceso de demanda en casa, sino también por los cuellos de botella en las cadenas de suministro de China.

Ahora ocurre lo contrario. Cuando muchos bancos centrales suben su tasa de interés, no solo desinflan su propia economía; también cambian el equilibrio entre la oferta y la demanda para todos los demás. Si estos efectos secundarios no se toman en cuenta, podríamos terminar con más desinflación de la necesaria.

Por ahora, solo podemos adivinar el alcance que tendrán estos efectos secundarios globales. Contamos con cálculos de efectos inflacionarios positivos. Pero la desinflación global es un territorio menos explorado.

Lo que es peor, hay otra cosa que tampoco sabemos. Incluso si seleccionáramos las tasas de interés adecuadas para desinflar la economía mundial a un costo mínimo, ¿una economía mundial que se ha acostumbrado a tasas de interés ultrabajas podrá resistir la tensión de las tasas positivas? Durante al menos una década, lo lógico ha sido acumular deuda.

Ante el alza de tasas, aunque siguen siendo negativas en su mayoría en términos reales, algunos deudores estarán en dificultades. Compadezco en particular a las empresas y países de todo el mundo que obtuvieron préstamos en dólares, en una cantidad que superaba los 22 billones de dólares para 2019, y ahora deben efectuar pagos a un tipo de cambio más alto. Si se ven en dificultades para cubrir el pago de sus deudas, lo más probable es que primero recorten otros gastos, lo que agravará la recesión, y luego intenten reestructurar sus deudas. Llegados a ese punto, la recesión se convertirá en una crisis y provocará el fracaso rotundo de las empresas y los países emisores de deuda.

Los puristas del mercado insistirán en que esta situación era de esperar desde hace tiempo: ya era hora de acabar con los zombis que acumulan deuda y solo sobreviven porque el costo de los préstamos es muy bajo. Por desgracia, hablar de acabar con ellos es más fácil que hacerlo en realidad.

La quiebra casi nunca es un proceso sencillo… ya de por sí es mala para las empresas que operan principalmente dentro de sus fronteras, pero es de una complejidad increíble en el caso de gigantes corporativos como la desarrolladora inmobiliaria china Evergrande, que tiene grupos de interés en todo el mundo. Cuando un gobierno nacional como el de Sri Lanka o Argentina se queda sin dinero, hace cimbrar a países y sociedades por igual.

No es fácil predecir con exactitud quiénes serán las víctimas. Lo que sí sabemos es que elevar las tasas de interés presionará todavía más a aquellos que ya están en problemas. Y sabemos que la arquitectura internacional para la reestructuración de la deuda es tremendamente inadecuada. Por desgracia, evitar la quiebra también es problemático. Hay pocas cosas peores para las empresas o las economías nacionales que una montaña de deudas incobrables, insolutas e imposibles de pagar. Corren el riesgo de sufrir años de estancamiento.

La medida que se espera de los bancos centrales es que intenten combatir la inflación. Las tasas de interés son la herramienta obvia. Pero ya es tiempo de despertar y percatarnos de la importancia histórica del momento que vivimos. Por primera vez en la era de globalización posterior a la Guerra Fría, enfrentamos la posibilidad de una inflación significativa y generalizada.

¿Por qué cada país pretende combatirla de manera aislada?

Si queremos mantener al mínimo los dolores de la desinflación, es urgente que haya cooperación internacional para tomar en cuenta íntegramente sus efectos secundarios y preparar las redes de seguridad. En 2015 y 2016, cuando la recesión amenazó a China, todavía teníamos la esperanza de que hubiera cooperación entre la Reserva Federal y el Banco Popular de China. Ahora, es mucho esperar, pues las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados, por un lado, y China y Rusia, por el otro, están en su peor momento. Sin embargo, coordinar los cambios en las tasas de agrupaciones globales como el Grupo de los Siete, la alianza o “Quad” del Indopacífico y quizá el Diálogo de Shangri-La en Asia enviaría un mensaje poderoso. No intentarlo podría causar más incertidumbre y sufrimiento para cientos de millones de personas en todo el mundo.

Si la generación de jóvenes cuya educación resultó afectada con los confinamientos a causa de la covid concluyen sus estudios solo para descubrir que los mercados laborales están cerrados debido a una desaceleración económica global, será un fracaso inexcusable de la política pública.

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JPMorgan advierte una inflación del 112% para 2023 en Argentina

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Diego Pereira, economista en jefe de JPMorgan para el Cono Sur, resaltó el rol del ministro Massa como un “articulador político”.

Diego Pereira, economista en jefe de JPMorgan para el Cono Sur, aseguró que desde que Sergio Massa asumió como ministro de Economía en agosto, la Argentina logró avanzar tres puntos clave: la relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el gasto público, y la acumulación de reservas internacionales.

“El liderazgo mostrado por Massa como ministro y articulador político ha sido importante”, señaló el analista frente al medio Bloomberg.

En esta misma línea destacó que el funcionario elegido en reemplazo de Silvina Batakis, consiguió “evitar una situación de tensión con el FMI, asegurando así un nuevo voto de confianza”. Eso se tradujo en otro desembolso para evitar que Argentina incumpla con sus compromisos con el organismo multilateral de crédito.

Pereira, subrayó que la estrategia de Massa a la hora de contener el gasto fue eficiente “lo cual junto con una inflación creciente hace más probable la consecución de la meta anual del déficit primario al 2,5% del PBI”.

Sobre el “dólar soja”, el experto de JPMorgan expresó que la medida permitió al Banco Central de la República Argentina (BCRA), “acumular reservas después de meses de caídas”.

Proyección para el 2023

Aunque también consideró que, “a la luz de los desequilibrios presentes, la ausencia de un plan de estabilización hace que los esfuerzos de la política sean incompletos en relación con la inflación y la brecha cambiaria, que se mantiene por encima del 100%”.

Ante este escenario, el experto espera que “en nuestro escenario base la inflación cerraría este año rozando el 100%, llegaría a un 112% el año próximo”, afirmó.

Y cerró, señalando que: “En cuanto a la actividad, esperamos +4.1% para este año, pero el año que viene vemos más probable una contracción del PBI, del -0,6%”.

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Massa advirtió que una devaluación empujaría a millones de argentinos a la pobreza

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El ministro de Economía, Sergio Massa, aseguró hoy que avanzar hacia una devaluación para resolver los problemas de la economía representaría empujar a millones de argentinos a la pobreza.

“Venimos haciendo un trabajo de disminución de la brecha (de los tipos de cambio) porque entendemos que es uno de los problemas que tiene la economía argentina”, afirmó Massa al dar a conocer los resultados del Programa de Incremento Exportador (PIE), conocido como “dólar soja”.

Al respecto, afirmó que “para los que creen que los problemas se arreglan mágicamente por una devaluación, entendemos que hay que tener responsabilidad”.

“Cambiar de un día para el otro el valor del tipo de cambio representa empujar a 20 puntos de argentinos a la pobreza”, afirmó Massa en el Palacio de Hacienda.

En ese sentido, manifestó que “cuando uno tiene la responsabilidad de mirar en términos económicos no puede mirar la economía sin mirar el costado social”.

“No hay paz social sin estabilidad macroeconómica pero tampoco estabilidad macroeconómica sin paz social”, sostuvo.

E insistió en que “empujar a 20 puntos de argentinos a la pobreza o la indigencia puede ser muy útil en un power point pero los que tenemos responsabilidades públicas tenemos la obligación de mirar que la Argentina no es un power point sino un país en el que viven millones de personas”.

Esta semana el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) dio a conocer el Índice de Pobreza correspondiente al primer semestre de 2022 en el universo de los 31 aglomerados urbanos relevados.

Según el relevamiento del Indec, el índice de pobreza fue del 36,5%, por debajo del 40,6% de enero-junio del año pasado, correspondiente a 2,6 millones de hogares, que incluyen a 10,6 millones de personas.

Dentro de ese conjunto, 660.494 hogares se encuentran por debajo de la Indigencia, es decir 2,56 millones de personas indigentes.

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