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Misiones marcó récord de consumo de combustible en agosto y lideró el crecimiento en el país

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Misiones tuvo un récord de ventas de combustible al público durante agosto, con el mayor volumen desde que se tiene registro. Por ello, el crecimiento  interanual de este indicador fue el más alto de todo el país, y se posicionó en tercer lugar del ranking nacional en la variación contra el mes anterior. 

En agosto, las ventas de combustibles al público en Misiones  totalizaron 53.530 metros cúbicos: se trata del mayor volumen de venta en la historia para la provincia, superando al récord anterior que había sido en diciembre pasado (por 52.246 metros cúbicos).

Este volumen de venta es superior al del mes previo (+3,6% vs. julio), con idénticos  desempeños tanto en gasoil como en naftas (+3,6% en cada caso).

Además, en la  comparación interanual, la demanda de combustible en Misiones se mantiene muy por  encima del año anterior, registrando una suba del 33,9%, concretando así su décimo octavo crecimiento año/año consecutivo pero, además, registra la suba más alta de todo  el país en este nivel comparativo. 

Visto por tipos, el 57% del total de las ventas estuvo en las naftas, y el 43% restante en  el gasoil, una distribución similar a meses previos aunque con una leve suba en la  participación de las naftas. Además, justamente las naftas tuvieron también un mejor  desempeño en la comparación interanual (+52,1% vs. +15,9% del gasoil). En ese  contexto, la nafta súper creció en mayor medida que la ultra (+54,7% vs.+40,8%), pero  en el gasoil, la ultra creció de manera muy importante y la común tuvo un leve descenso (+65,4% vs. -2,1%). 

Con estos resultados, Misiones ratifica su posición como la mayor consumidora de  combustible del NEA: concentró el 36,6% del total regional de agosto, siendo el mayor  nivel de concentración desde que se tiene registro. 

Finalmente, el acumulado del período enero-agosto 2022 finaliza con saldo altamente  positivo para la provincia: registra un total acumulado de ventas por 384.586 metros  cúbicos, y se ubica 36,6% por encima de igual período de 2021, siendo así la provincia  con la segunda mayor suba del país; además, muestra altísimos desempeños contra  años previos: +72,9% vs. 2020; y +47,4% contra 2019. 

En agosto, se vendieron en todo el país 1.559.789 metros cúbicos de combustible al  público, entre naftas y gasoil en sus respectivos segmentos. De ese total, el 53% de las ventas correspondió a naftas, y el 47% restante a gasoil, similar distribución que los meses previos, destaca un informe  elaborado por la consultora Politikon Chaco en base a información de la entidad nacional. 

Comparado contra igual mes de 2021, el crecimiento del total nacional fue del 14,3%, siendo el tercer mes de desaceleración en la tasa de crecimiento. En ese marco, se  observa un mejor desempeño en las naftas (+15,6% vs. +12,8% del gasoil) y se destaca que el segmento premium tuvo una performance más destacada, ya que el gasoil de  ese tipo creció 22,0% vs. 8,4% del común; y en naftas, la ultra creció 18,5% contra el  14,5% de la súper. 

En la comparación contra el mes previo (julio 2022), por el contrario, las ventas totales  descendieron 0,4%, un resultado influenciado por la baja en el gasoil (-1,5%, con mayor  fuerza en la ultra que cae -4,3%), pese a que hubo subas en las naftas (+0,6%, con  mayor suba en la súper). 

De este modo, el acumulado del período enero-agosto de 2022 muestra un volumen de  venta total por 11,9 millones de metros cúbicos: +19,9% contra igual período del 2021,  y también queda por encima de años previos (+45,1% vs. 2020 y +10,9% contra 2019).

Resultados por jurisdicción 

En el mes de agosto, todas jurisdicciones mostraron incrementos interanuales en ventas  de combustible: en el podio, se ubicaron Misiones (+33,9%), Formosa (+29,9%) y La  Pampa (+23,9%). Por su parte, Neuquén y Chubut fueron las de menor crecimiento y  las únicas que no superaron el 10% de crecimiento interanual.

En la comparación mensual, por su parte, fueron doce los distritos que exhibieron  incrementos contra julio 2022, y otros doce exhibieron caídas.  

En el top de crecimientos se ubicaron Tierra del Fuego, Neuquén y Misiones, todas por  encima del 3,5%; Córdoba y San Luis, por su parte, fueron las de que mostraron las  mayores caídas, por encima del 5%. 

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Supermercados: las ventas crecieron 5,1% en Misiones

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En julio Misiones registró ventas en supermercados por un total de $3.452,5 millones, con un crecimiento interanual de 81,3% a precios corrientes, mientras que la variación ajustada por inflación exhibió fue del 5,1% real, registrando  una importante aceleración en la tasa de crecimiento respecto al mes previo. 

Por rubros, lácteos, verduras y frutas y artículos de limpieza y perfumería explicaron las  mayores subas, detalla un informe publicado por la consultora Politikon Chaco, en base  a datos del INDEC.

Según informó el INDEC, las ventas totales a nivel nacional en supermercados en 2022, medidas a precios corrientes, fueron por $228.215,3 millones, lo que implica un alza del 81,6% a precios corrientes. Al medir por inflación, las ventas muestran una suba real del 5,3%, acelerando respecto a la suba del 2% del mes previo.

Visto por rubros, los incrementos reales más importantes en este mes de análisis se  observan en “Alimentos preparados y rotisería” (17,0%), “Electrónicos y artículos del  hogar” (+12,2%) y “Artículos de limpieza y perfumería” (+9,4%), todo en términos reales.

Por su parte, los rubros de “Indumentaria, calzado y textiles para el hogar” junto a  “Lácteos” fueron los únicos rubros con caída real (-4,7% y -3,2%, respectivamente). 

Así, el acumulado del periodo enero-julio del 2022 cierra con totales de ventas a nivel  país por $1.256.821,7 millones, y se expande 2,9% en términos reales. Además, crecen  también contra 2020 (+1,7%) y 2019 (+4,3%), pero quedan debajo de 2018 y 2017 (- 9,1% y -7,8%, respectivamente). 

Desempeños en Misiones 

Misiones registró ventas en supermercados, en julio por $ 3.452,5 millones: con una suba del 5,1% real, con fuerte aceleración en la velocidad de  crecimiento respecto al mes previo (fue de 2,0%). 

Desagregando las ventas por grupo de artículos, siete (sobre un total de once) mostraron incrementos interanuales reales en julio. “Lácteos” encabezó la suba (+20,9% real), seguida por “Verduras y frutas” (+20,1%) y “Artículos de Limpieza y Perfumería”  (+17,8%). A su vez, el rubro “Otros” (+14,5%), “Bebidas” (+8,2%) y “Productos de  Almacén” (+7,9%) también crecen y lo hacen por encima del total general provincial.  También con alzas, pero por debajo de la misma, quedó “Alimentos preparados y  rotisería” (+2,3%). Cabe señalar que los tres rubros de mayor participación en el total  de las ventas (Almacén, Limpieza y Perfumería, y Lácteos) crecieron por encima del  nivel general. 

Por el contrario, fueron cuatro los rubros con caídas en este mes: “Indumentaria, calzado  y textiles para el hogar” (-2,5%); “Panadería” (-4,3%), “Electrónicos y artículos para el  hogar” (-6,4%) y “Carnes” (-23,2%).  

Con estos resultados, el acumulado del período enero – julio del 2022 cierra en Misiones  con un incremento del 4,0% real, ubicándose décimo primera en el ranking nacional y  tercera en el NEA. Pero también crecen contra 2020 (+15,9%), 2019 (+9,9%) y 2017  (+3,5%), y sigue por debajo del 2018 (-2,1%). 

Escenario nacional por jurisdicciones.  

Sobre 25 jurisdicciones (la provincia de Buenos Aires se desagrega en Gran  Buenos y resto de la provincia), en 22 se registraron incrementos reales durante julio. 

El top de mayores crecimientos en moneda constante está integrado por Entre Ríos (+12,1%), San Juan (+9,7%) y San Luis (+9,0%). Por su parte, los tres distritos con  caídas registradas en el mes de análisis fueron Jujuy (-2,6%), La Pampa (-0,5%) y resto  de la provincia de Buenos Aires (-0,4%). 

Finalmente, el período enero-julio cerró con saldo positivo para la gran mayoría de las  jurisdicciones subnacionales: San Luis, Santa Cruz y Entre Ríos se posicionan en el top  tres de mayores subas, mientras que Misiones queda décimo primera a nivel país. Santa Fe y Jujuy, por su parte, son las únicas provincias del país que exhiben caídas en  este período acumulado.

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El Ahora Misiones, clave para sostener el consumo en Misiones

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Pese a los picos de inflación que se ensañan particularmente con el NEA, el consumo en Misiones logró sostenerse con una herramienta clave para el bolsillo de los compradores: los programas Ahora. Con el acompañamiento de Nación en el Ahora Misiones+21, hubo una disparada en las ventas, que, estima el ministerio de Hacienda, será incluso mayor cuando se conozcan los datos del Ahora Canasta. Pero los Ahora, que hasta abril rendían 500 millones mensuales, pasaron a facturar 1.500 millones en el mes de agosto, el último dato cerrado.

El Ahora Misiones+21 es el programa que más rinde, con una facturación de 511.558.000 pesos, mientras que el Ahora Patentamiento se ubicó en segundo lugar, con 405.130.000 pesos.

El Ahora Góndola (mientras estuvo vigente), facturó en el último mes 126.798.000. Ahora se espera que ese monto crezca sustancialmente, ya que el Ahora Canasta funciona todos los días con reintegros de productos de la canasta básica. 

El Ahora Misiones tradicional facturó 160.617.000 en el último mes, mientras que el Ahora Monedero rindió 154.408.000 pesos. El Ahora Patente es el programa que menos  facturó, con 56.073.000.

El gobernador Oscar Herrera Ahuad comenzó las negociaciones con el equipo económico que conduce Sergio Massa para sostener el aporte de la Nación a los programas Ahora, entendiendo que es una herramienta útil para sobrellevar el impacto de la inflación, que seguirá siendo alto en los próximos meses.

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Entender mejor la manera en que los consumidores perciben la economía ayudaría a las autoridades a controlar la inflación

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Escribe Carlo Pizzinelli – Con el alza de la inflación a niveles sin precedentes en décadas, los hogares de todo el mundo se preguntan cuánto más tendrán que pagar por la gasolina, los alimentos y otras necesidades. Las respuestas pueden ayudarlos a tomar decisiones financieras personales importantes. ¿Deberían simplemente comprar esa nevera nueva, o esperar hasta más adelante y arriesgarse a que su precio aumente? ¿Deberían pedir un aumento al jefe para compensar la pérdida del poder adquisitivo?

Las respuestas no afectarán solo a los hogares sino a la economía en su totalidad. El motivo: los bancos centrales y los economistas académicos ven la inflación, en parte, como una profecía autovalidante. Si los consumidores creen que los precios aumentarán a un ritmo más rápido, tal vez se comporten de maneras que propicien la inflación: compran una nevera o solicitan un aumento salarial. Cuando hay más gente dispuesta a pagar por un número fijo de neveras, sube el precio, y ante un mayor número de personas que solicitan un aumento salarial, los empleadores suben el precio de los bienes o servicios que venden para compensar los mayores costos de mano de obra. El Presidente de la Reserva Federal Jerome Powell expresó esa inquietud en una conferencia de prensa reciente, cuando anunció un aumento de medio punto de la tasa de interés clave de la Reserva: “No podemos permitir un espiral de salarios y precios. Y no podemos permitir que las expectativas inflacionarias se desanclen. Simplemente es algo que no lo podemos permitir”.

La declaración de Powell explica el motivo por el que las autoridades económicas siguen con atención las expectativas inflacionarias de los hogares y las empresas, en encuestas sistemáticas, en diferentes horizontes temporales. En particular, un mayor número de pronósticos inflacionarios en tres a cinco años indica que las expectativas se están desanclando y que tal vez sea necesario un aumento de la tasa de interés para mantener la inflación bajo control. Asimismo, esto explica por qué los bancos centrales procuran dar forma a las expectativas del público respecto a acontecimientos futuros explicando sus políticas actuales y futuras. En realidad, el éxito de la acción de las autoridades económicas depende crucialmente de su capacidad para comunicar el efecto previsto a los hogares y encauzar sus expectativas como corresponde.

Café, gasolina

Todo esto genera una pregunta importante para los académicos y los encargados de formular políticas: ¿Cuál es nuestro grado de comprensión de las expectativas de los hogares? En la última década, un gran número de estudios sobre economía conductual se adentró en esta pregunta. Las conclusiones principales son que los hogares tienen opiniones muy dispares sobre la inflación y tienden a percibirla más alta y más persistente de lo que suele ser. Los consumidores también tienden a disentir sobre las perspectivas de inflación más que los expertos, a menudo cambian de opinión y con frecuencia se basan en unos cuantos productos clave que consumen sistemáticamente —como el café y la gasolina— para extrapolar los cambios en el costo de vida general. Además, las expectativas individuales están estrechamente correlacionadas con características demográficas, como sexo, edad, educación y orientación política. Por ejemplo, las mujeres y las personas con menos estudios o ingresos más bajos tienden a esperar una inflación más alta. Finalmente, experiencias anteriores —como haber superado la Gran Depresión o el embargo de petróleo de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en la década de 1970, que impulsó la inflación al alza— pueden determinar fuertemente las percepciones de la inflación que tienen las personas el resto de sus vidas (Malmendier y Nagel, 2016; Weber et al., de próxima publicación; D’Acunto, Malmendier y Weber, de próxima publicación).

Si bien estos resultados caracterizan la riqueza y complejidad de las expectativas de los hogares, no llegan a explicar en detalle cómo se forman esas expectativas. Cuando personas no expertas leen noticias sobre política monetaria y fiscal o acontecimientos económicos, ¿cómo integran esa información en las expectativas inflacionarias y otros indicadores fundamentales? ¿Es seguro asumir, para la formulación eficiente de políticas y para modelos teóricos, que las expectativas del ciudadano común son iguales a la de los expertos? Las respuestas a estas preguntas ayudarían a las autoridades económicas a guiar mejor las expectativas de los consumidores sobre los efectos de sus acciones.

En un documento reciente, mis coautores y yo nos propusimos buscar respuestas (Andre et al., 2022). Realizamos encuestas para medir las opiniones de los ciudadanos sobre los efectos de los shocks económicos en el desempleo y la inflación. Entre 2019 y 2021, recabamos respuestas de 6.500 hogares estadounidenses representativos en forma amplia de la población. Por separado, en el mismo período, encuestamos a 1.500 expertos, personal de bancos centrales e instituciones financieras internacionales, profesores y alumnos de doctorado, así como a economistas del sector financiero. Para las muestras de la encuesta recogidas durante la pandemia de COVID‑19, modificamos el cuestionario para asegurarnos de que las expectativas de los encuestados se remitiesen a la forma en la que funciona la economía en “épocas normales” en lugar de cómo funcionó durante las circunstancias excepcionales de la pandemia.

Shocks hipotéticos

Empleamos la encuesta para entender mejor la percepción de la gente del funcionamiento de la economía, o en el lenguaje de los economistas, sus “modelos subjetivos”. Pedimos a los encuestados que consideraran cuatro shocks hipotéticos a la economía de Estados Unidos: un aumento pronunciado en los precios del crudo debido a una caída en el abastecimiento mundial, un alza de los impuestos sobre la renta, un aumento del gasto público federal y un alza de la tasa de interés fijada como meta de la Reserva Federal. Estos shocks se estudian en forma generalizada en macroeconomía, pero también son conceptualmente comprensibles para los que no son expertos. A fin de garantizar que todos los encuestados basaran sus respuestas en la misma información, ofrecimos cifras actuales para las tasas de inflación y desempleo y les pedimos pronósticos para las dos variables en el año siguiente. Luego informamos sobre uno de los cuatro shocks hipotéticos y les pedimos que realizaran predicciones nuevas para la inflación y el desempleo.

Sus respuestas mostraron que las opiniones sobre los efectos de los shocks económicos variaban ampliamente, con grandes diferencias dentro de nuestras muestras de hogares y expertos y entre los dos grupos. En algunos casos, los hogares y los expertos incluso disintieron sobre si un shock en particular tenía un impacto positivo o negativo en la inflación y en el desempleo. Más sorprendente es que los hogares consideraron, en promedio, que un aumento de la tasa de interés de la política monetaria del banco central y un alza en los impuestos sobre la renta aumentarían la inflación, en forma contraria a las predicciones de disminución por expertos y muchos modelos de libros de texto (gráfico 1).

En la segunda parte de la encuesta, investigamos los orígenes de la desavenencia entre expertos y hogares y dentro de los dos grupos. Parte de la diferencia parece deberse a que los encuestados consideran que los shocks repercuten por diferentes canales de transmisión, en particular, los mecanismos de demanda o de oferta. Mediante un conjunto de preguntas de selección múltiple y recuadros de texto abiertos, solicitamos a los encuestados que describiesen los factores que consideraban al momento de realizar sus predicciones. Vimos que estas asociaciones explicaban una parte importante de las diferencias en los pronósticos. De manera no sorprendente, los expertos tendían más a remitirse a sus conocimientos técnicos, con el uso de marcos tomados del conjunto de herramientas que utilizan diariamente y, con frecuencia, en referencia directa a modelos teóricos o estudios empíricos. Por el contrario, los hogares utilizaron una gama más amplia de enfoques para realizar las predicciones. Tendían más a recurrir a experiencias personales, estar influenciados por opiniones políticas o simplemente adivinar cómo un shock dado podría afectar la economía.

Además, cuando los hogares piensan en mecanismos específicos de propagación de shocks, suelen sugerir canales muy diferentes a los de los expertos. Esto explica en parte por qué sus predicciones sobre algunos shocks difieren en forma tan marcada de las de los expertos. Por ejemplo, los hogares consideraron con mayor frecuencia el impacto de un aumento de las tasas de interés en los costos empresariales de obtener préstamos de capital, que se transfieren a los consumidores a través de precios más altos. Por otra parte, los expertos consideraron sobre todo el canal de demanda canónico, el cual predice una disminución de la inflación en respuesta a un aumento de las tasas de interés dado que los consumidores gastan menos y ahorran más (gráfico 2).

Indicios contextuales

¿Son estos resultados mala noticia para los bancos centrales? Si el público en general interpreta un alza de las tasas de interés como un presagio de inflación más alta, ¿podría ser más difícil para los bancos centrales contener la inflación? Un resultado final de nuestro ejercicio apunta a la comunicación eficiente de las acciones de política como una solución. Los indicios contextuales pueden determinar en qué canales de propagación piensan los ciudadanos y, por tanto, qué pronósticos realizan. Vimos que los hogares a los que se los invitó a considerar los canales de la demanda antes de realizar sus pronósticos tenían mayor probabilidad de predecir un efecto de shock de política monetaria que estuviese de acuerdo con el de los expertos.

Algo positivo es que, mientras los bancos centrales son conscientes desde hace tiempo del poder de sus declaraciones cuidadosamente redactadas para guiar las expectativas del mercado, parece que ahora se concentran más en poner su comunicación al alcance de una audiencia más amplia. Por ejemplo, Gardt et al. (2021) muestran que, como parte de una estrategia más amplia para expandir el alcance de su mensaje, en los últimos años el Banco Central Europeo estuvo más presente en las diversas plataformas de los medios sociales y utilizó lenguaje más simple en discursos y declaraciones de política monetaria.

Los resultados de nuestro estudio también brindan cierta orientación empírica en un sentido diferente pero relacionado. Los modelos macroeconómicos canónicos giran crucialmente en torno al supuesto de “expectativas racionales”, según el cual los hogares basan sus decisiones —sobre cuánto ahorrar, consumir y trabajar— en expectativas sobre el estado futuro incierto de la economía. Estas expectativas, a su vez, son congruentes con la manera en la que la economía evoluciona finalmente. El supuesto no significa que los hogares tienen conocimiento perfecto del futuro. Pero sí implica que si los hogares ven que el banco central incrementa las tasas de interés de manera inesperada y creen que esto reducirá la inflación, sus acciones posteriores finalmente se traducirán en un descenso de la inflación. Si bien este enfoque para modelizar las expectativas ha sido criticado a menudo como demasiado estricto o poco realista, decidir la forma adecuada para apartarse de él no es sencillo. Para que sea válido, todo distanciamiento con respecto a este pilar de la macroeconomía moderna debe reflejar fielmente la manera en que los hogares forman realmente sus expectativas. Nuestro estudio proporciona así una dirección preliminar para que los modelos macroeconómicos incorporen aspectos conductuales de las expectativas de los hogares que se basan en pruebas empíricas.

Una iniciativa de investigación creciente —encabezada por académicos destacados en este campo— procura usar perspectivas de la economía conductual para incluir características conductuales de la manera en que los hogares forman sus expectativas en los modelos macroeconómicos y apartarse de los supuestos clásicos de expectativas racionales. Este campo, conocido como macroeconomía conductual, se expande con rapidez, pero se enfrenta a algunos desafíos importantes. Requiere de un alto nivel de cálculos aritméticos, lo cual puede limitar su uso inmediato en el trabajo diario de política económica. Además, se basa de manera crucial en datos empíricos de cómo los hogares razonan sobre la macroeconomía y se forman expectativas, que los economistas conductuales pueden construir en forma robusta únicamente mediante numerosos y exhaustivos estudios. Sin embargo, podría influir de manera fundamental tanto en la macroeconomía teórica como en la formulación de políticas en el mundo real a futuro, y seguramente cumplirá una función central para la comunicación al incidir en las expectativas.

CARLO PIZZINELLI es Economista del Departamento de Estudios del FMI.

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Presupuesto 2023 prevé inflación del 60%, crecimiento del PBI del 2% y dólar a un promedio de $219

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El proyecto de Presupuesto 2023 prevé un crecimiento del Producto Bruto Interno del 2% para el próximo año y una inflación del 60%, adelantaron fuentes oficiales.

La iniciativa ingresará formalmente a través de la Mesa de Entradas de la Cámara baja en las últimas horas de la jornada de hoy, con lo que el Ministerio de Economía cumplirá con el plazo previsto para la presentación del proyecto.

En lo que respecta a la cotización del dólar, el proyecto de ley, que lleva la firma del titular del Palacio de Hacienda, Sergio Massa, prevé “mantener actualizado el tipo de cambio” por lo que se espera que hacia diciembre próximo se ubique en $166,50 por dólar y que finalice 2023 en $ 269, con un promedio de $ 219 a lo largo del año, señalaron las fuentes.

Precisaron también que la proyección de déficit primario para el próximo año será equivalente al 1,9% del PBI, contra el 2,5% previsto para 2022, en línea con el compromiso asumido por el Gobierno nacional en el acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en marzo pasado.

Esta baja se realizará a partir de una reducción de los subsidios y la eliminación de algunas excepciones impositivas vigentes.

En este último aspecto, la novedad es que este proyecto de Ley de Presupuesto irá con un anexo en el que se le planteará al Congreso la posibilidad de eliminar algunos beneficios impositivos que suman un monto equivalente a 2,4% del PBI.

Entre ellos estarán la excepción del pago del Impuesto a las Ganancias en jueces, beneficios que tienen directores de empresas, los impuestos internos de Tierra del Fuego, entre otros.

Estas iniciativas van en línea con las discusiones mantenidas con el FMI -reflejadas en el comunicado del organismo del lunes pasado, tras el encuentro que el ministro Sergio Massa mantuvo con Kristalina Georgieva.

Por el lado de los subsidios se reducirá un monto equivalente a 0,6% del PBI en los destinados de manera específica al sector energético, que de esta forma quedarán en una cifra del orden del 1,6% del PBI el próximo año, ya sea por ahorro de consumo de la gente o por la actualización de tarifas.

También se reducirá en 0,1 del PBI el subsidio al transporte que quedará en 0,4% como compensación a los colectivos interjurisdisccionales.

Desde el Ministerio de Economía subrayaron que la tarifa de transporte de cada provincia la tendrá que disponer cada distrito.

En lo que respecta a la obra pública, el proyecto de Presupuesto 2023 contempla fondos equivalentes al 0,3% del PBI.

En lo que respecta al dólar, el proyecto prevé “mantener actualizado el tipo de cambio” por lo que se espera que hacia diciembre próximo se ubique en $166,50 por dólar y que pase a valer $ 269 hacia fines del 2023, pero con un promedio de $ 219 el año próximo, precisaron las fuentes.

También proyecta que el Banco Central mantenga una tasa positiva respecto de la inflación y que acompañe la baja que esperan ir teniendo con el correr de los meses.

En este marco, todo apunta a que el crecimiento de la economía será del 2% frente al 4% con el que cerrará este año.

Como contrapartida, la expectativa de inflación es del 60% y estima que este año cerrará en torno al 95%, por debajo de las tres cifras que proyectan la mayoría de los analistas de mercado.

Además, las proyecciones contemplan que los ingresos se recuperen, en 2%, hacia fin de 2023, con una tasa de desempleo que se mantendría en torno al 7% de la población económicamente activa.

Además, se espera un aumento en las exportaciones, de 7,1%, contra importaciones que se incrementarían el año próximo 2%. De esta manera, el superávit comercial pasaría de US$ 7.700 millones este año a US$ 12.300 millones en 2023.

El jefe de Gabinete, Juan Manzur, aseguró ayer que las medidas adoptadas por el Gobierno vinculadas a las tarifas de servicios públicos “están muy lejos de constituir un tarifazo”, al sostener que se trata de “redistribuir los subsidios de manera progresiva”.

Manzur, al exponer en la Cámara de Diputados, dijo que “el Estado seguirá subsidiando las tarifas de los sectores de menos recursos” y manifestó que esa decisión tiene “un claro criterio de justicia y equidad distributiva”, al responder una pregunta en ese sentido formulada por un diputado de la oposición.

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