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Más de 50 yerbateras ofrecieron sus productos en la Expo Mate 2026, en San Isidro

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Más de 50 establecimientos yerbateros; entre empresas, cooperativas y emprendedores, participaron de la segunda edición de Expo Mate, que se desarrolló los días 23, 24 y 25 de mayo en el Centro Municipal de Exposiciones de San Isidro (Buenos Aires). La feria fue visitada por más de 18 mil personas, proponiendo experiencias diversas en torno a la Infusión Nacional argentina.

La “embajada yerbatera” estuvo integrada por los establecimientos que contaron con el apoyo del INYM para cubrir el costo de sus stands; además de aquellos que sumaron su presencia en lugares estratégicos de la feria.

El trailer del INYM sumó la marca institucional Yerba Mate Argentina para compartir con los visitantes todo lo relacionado al universo yerbatero, desde información sobre el proceso de producción y elaboración hasta las propiedades benéficas que tiene nuestra Infusión Nacional en la salud; sin dejar de lados algunos “tips” para preparar un rico mate.

Expo Mate tuvo el sector Talleres en Vivo, con actividades de 40 minutos que incluyeron catas guiadas y también hubo espacio para el conocimiento científico con disertaciones acerca de las propiedades benéficas del consumo de yerba mate; sus mitos y verdades. Además, se presentaron libros sobre la historia de la yerba mate y se contó con la presencia de orfebres y artesanos del cuero, metal y madera que trabajaron “en vivo” para mostrar como logran sus productos.

En el Anfiteatro de Charlas se desarrollaron paneles sobre oportunidades laborales en el sector yerbatero, con la participación de emprendedores y empresa que relataron su historia. Para los más chicos, hubo funciones de títeres con temáticas materas; además de campeonatos de truco para toda la familia.

El escenario principal se sucedieron los números musicales con artistas de primer nivel y un repertorio netamente folklórico que fue acompañado por aplausos y baile del público presente. El lunes 25 de Mayo se vivió una jornada sumamente emotiva, con la entonación del Himno Nacional Argentino en la apertura de la feria.

En esta oportunidad nuevamente hubo un fin solidario, ya que los fondos recaudados serán destinados a la compra de un respirador con transporte y un desfibrilador para el Hospital Central de San Isidro.

Cabe señalar que la participación en este tipo de ferias responde a los lineamientos del Directorio del INYM, en el marco de la estrategia de promoción de la Yerba Mate Argentina que lleva adelante. En ese sentido, además del equipo de Promoción del INYM, los establecimientos yerbateros participantes contaron en el predio de la Expo Mate con el acompañamiento de los directores Ricardo Maciel (gobierno de Misiones), Ricardo Kalitko (sector Producción), Marta Cunha (gobierno de Misiones) y Carlos Czajkowski (sector Cooperativas).

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Yerba mate: la cosecha se contrajo 13% y el consumo cayó en una nueva meseta

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La actividad yerbatera atraviesa uno de los momentos más sensibles de los últimos años. Con precios en discusión, tensiones entre productores e industria y un mercado todavía impactado por la desregulación del sector, los números oficiales del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) muestran una postal compleja: fuerte caída de la cosecha, leve retroceso del consumo interno y exportaciones que continúan sosteniendo parte de la actividad.

Según los registros oficiales del INYM, en abril de 2026 ingresaron a secaderos 71.003.250 kilos de hoja verde. De ese modo, el acumulado de cosecha entre enero y abril alcanzó los 151.910.206 kilos, lo que representa una caída del 13,03% frente al mismo período de 2025, cuando se habían registrado 174.675.577 kilos.

La magnitud del descenso confirma que el sector productivo continúa operando en un contexto de retracción y cautela. La baja rentabilidad, la incertidumbre sobre los precios y las dificultades financieras de productores y secaderos impactan directamente sobre el ritmo de cosecha.

En paralelo, el mercado interno absorbió en abril 24.638.892 kilos de yerba mate elaborada, con una caída del 1,64% interanual. En el acumulado del primer cuatrimestre, las salidas al mercado doméstico totalizaron 89.602.773 kilos, 2% menos que en igual período de 2025, cuando se habían comercializado 91.427.568 kilos.

El dato refleja que, incluso en un escenario económico recesivo y de caída del poder adquisitivo, la yerba mate conserva un comportamiento relativamente estable dentro de la canasta de consumo masivo argentino. El mate sigue siendo un producto de fuerte arraigo cultural y con demanda menos elástica que otros alimentos.

En paralelo, el frente externo continúa mostrando señales positivas. Durante abril, las exportaciones alcanzaron los 3.979.610 kilos. Aunque el volumen exportado cayó 12,37% respecto de marzo -mes en el que se habían despachado 4.541.352 kilos-, el acumulado anual llega a 14.820.056 kilos, con una mejora interanual del 6,05% en el bloque exportador.

El crecimiento exportador sigue consolidando a mercados como Siria, Chile, Estados Unidos y Europa como destinos estratégicos para la yerba mate argentina, en un contexto internacional donde la bebida gana espacio asociada al consumo saludable y las bebidas funcionales.

Sin embargo, el dato más relevante del cuatrimestre aparece en la suma entre mercado interno y exportaciones, indicador que refleja la demanda total del sistema yerbatero. Entre enero y abril de 2025, ambos segmentos habían absorbido 105.402.269 kilos. En el mismo período de 2026, el total llegó a 104.422.829 kilos. La diferencia muestra una caída del 0,93%.

Ese dato deja una lectura central para el debate yerbatero actual. Mientras la producción cayó más de 13%, la demanda total prácticamente se mantuvo estable, aunque con luces amarillas en el consumo interno.

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A propósito del populismo

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El mercado jamás podrá resolver un detalle esencial. No abraza ni puede ni quiere a nadie

Diputado, le habla un hombre del interior argentino. Un misionero, igual que usted. Uno que desde hace más de veinte años trabaja en el sector privado real y representa con orgullo a su provincia desde la gastronomía y la cultura. No desde conferencias elegantes ni desde la comodidad de un despacho climatizado, sino desde la experiencia concreta de invertir, sostener empleados, pagar impuestos, atravesar crisis y seguir apostando al trabajo aun en los peores momentos del país.

Tal vez allí aparezca también una diferencia importante entre ambos recorridos. Mientras muchos de nosotros elegimos generar trabajo, abrir persianas y asumir el riesgo cotidiano de producir en la Argentina profunda, usted, luego de retirarse del tenis profesional, eligió vincularse al sector financiero, un ámbito que claro está no produce trabajo operativo real dentro de la sociedad ni construye tejido productivo concreto en la escala en que lo hacen quienes todos los días sostienen comercios, restaurantes, chacras, talleres o pequeñas empresas.

Son caminos distintos. Pero conviene mencionarlo porque resulta curioso escuchar extensas lecciones sobre “la economía real” pronunciadas desde espacios donde el capital suele desplazarse con mucha más velocidad que el esfuerzo concreto de quienes todavía dependen de vender, producir, atender clientes o llegar abiertos a fin de mes.

Por eso llama la atención cierta pedagogía del sacrificio pronunciada desde sectores acomodados que parecen haber descubierto recientemente la pobreza, aunque siempre desde una prudente distancia estética.

Porque hay algo casi refinadamente irónico en escuchar explicaciones sobre “el sinceramiento de la economía” dadas por dirigentes cuyo salario llega puntualmente todos los meses gracias al mismo Estado que cuestionan con fervor doctrinario. Resulta siempre más sencillo teorizar sobre el sufrimiento social cuando el sufrimiento ocurre lejos del propio comedor.

Y eso hoy se percibe con claridad en toda la Argentina. Se percibe en el pequeño comerciante que empieza a apagar heladeras para ahorrar electricidad. En el restaurante que reduce calidad para no espantar clientes con nuevos precios. En las familias que reorganizan silenciosamente su alimentación. En el jubilado que vuelve a mirar el costo de un medicamento como quien observa un lujo inaccesible. También se percibe en economías regionales como la yerba mate, donde el productor cobra cada vez menos por la hoja verde mientras el paquete continúa costando prácticamente lo mismo en góndola.

Allí el relato del libre mercado comienza a exhibir un problema incómodo: cuando el productor pierde, el consumidor jamás gana. El sacrificio parece detenerse siempre en el mismo lugar. Abajo.

Y quizá allí aparezca el aspecto más frío de ciertas miradas ultraliberales contemporáneas. Su dificultad para observar al ser humano por fuera de la lógica de rentabilidad. La sociedad deja entonces de ser una comunidad para convertirse en una competencia permanente donde algunos logran conservar privilegios mientras otros aprenden lentamente a naturalizar la caída.

John Maynard Keynes comprendió algo elemental que muchos liberales contemporáneos parecen olvidar: cuando una economía destruye consumo, empleo y capacidad adquisitiva de las mayorías, termina destruyéndose a sí misma. Porque el mercado no se mueve solamente por grandes capitales. Se mueve también por el pequeño comerciante, por el trabajador que consume, por la familia que todavía puede sentarse en un restaurante, comprar ropa o sostener una vida digna.

Sin demanda no existe rueda económica posible.

Por eso el keynesianismo jamás fue simplemente gasto indiscriminado como tantas veces se caricaturiza superficialmente. Fue, antes que nada, una doctrina económica que entendió algo profundamente humano: las sociedades necesitan evitar la exclusión absoluta de grandes sectores de la población porque cuando el tejido social se rompe, el daño deja de ser únicamente económico y pasa a ser civilizatorio.

Y allí emerge una pregunta moral incómoda que rara vez se formula con honestidad brutal: qué lugar ocupa el semejante dentro de un modelo que naturaliza que siempre deba existir una parte de la sociedad perdiendo para que otra pueda conservar privilegios y niveles de consumo.

Porque en el fondo determinados modelos económicos necesitan rezagados. Necesitan personas desesperadas aceptando cualquier condición para sostener salarios bajos, trabajos precarios y sistemas donde la rentabilidad siempre encuentre mano de obra disponible. Nadie imagina para sus hijos una vida de descarte. Sin embargo alguien debe hacerlo para que la maquinaria siga funcionando con eficiencia matemática y sensibilidad mínima.

Entonces el problema deja de ser solamente económico. Empieza a ser profundamente humano.

Y allí aparece algo que ciertas miradas economicistas modernas parecen olvidar: la tradición espiritual y humanista sobre la que se construyó Occidente jamás colocó al mercado en el centro de la vida humana. El Evangelio no habla de competitividad. Habla del prójimo.

“Porque tuve hambre y me disteis de comer. Tuve sed y me disteis de beber”. El Evangelio según San Mateo no pregunta primero por la rentabilidad ni por el equilibrio fiscal. Pregunta qué hicimos frente al sufrimiento del otro.

También resulta difícil no recordar aquella frase bíblica que afirma que “el amor al dinero es la raíz de todos los males”. No la riqueza. No el trabajo. No el esfuerzo individual. El amor desmedido al dinero por encima de toda dimensión humana.

El mercado no abraza ni puede ni quiere a nadie. No acompaña a un enfermo. No contiene emocionalmente a quien perdió su trabajo. No tiene misericordia ni compasión porque simplemente no fue creado para eso. El mercado calcula. Selecciona. Descarta. Y luego llama “adaptación” a las consecuencias humanas de esa lógica.

Por eso existen las sociedades. Por eso existe la política. Porque la civilización nació precisamente para impedir que la ley del más fuerte organizara completamente la vida humana.

Y quizá allí resida la diferencia más profunda entre ciertas miradas economicistas y la tradición humanista de nuestros pueblos. Unos creen que el hombre debe adaptarse al mercado aun cuando quede roto en el camino. Otros todavía creen que la economía debe estar al servicio del ser humano.

Tal vez por eso generan tanto rechazo algunos discursos pronunciados con una serenidad casi clínica frente al deterioro social, como si el hambre fuese apenas una transición estadística y no una tragedia concreta que ocurre mientras se redactan largos hilos sobre libertad económica desde una banca calefaccionada.

Y quizá toda esta discusión termine resumiéndose en aquella frase atribuida a antes de la Revolución Francesa: “si el pueblo no tiene pan, que coma tortas”.

La historia demuestra que las sociedades pueden tolerar muchas cosas. Lo que rara vez perdonan es la indiferencia volitiva.

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“No había que destruir al INYM, había que mejorarlo”: Castro expuso la crisis yerbatera en el Congreso

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El diputado provincial del Partido Agrario y Social (PAyS), Cristian Gabriel Castro, protagonizó este jueves una de las exposiciones más contundentes durante el plenario de las comisiones de Economía y Economías Regionales de la Cámara de Diputados de la Nación, donde se debatió la profunda crisis que atraviesa el sector yerbatero tras la desregulación impulsada por el Gobierno nacional.

Con una intervención cargada de datos, gráficos y definiciones políticas, el legislador misionero defendió el rol histórico del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), denunció la concentración económica del mercado y advirtió que el modelo de libre mercado está destruyendo la rentabilidad de miles de pequeños productores y tareferos.

“El INYM es una herramienta. Y si un machete pierde filo, no se tira a la basura: se le saca filo. Al INYM no había que destruirlo, había que mejorarlo”, sostuvo Castro ante diputados nacionales, productores, cooperativistas y referentes de toda la cadena yerbatera.

La frase sintetizó el eje central de su exposición: la crisis actual no es consecuencia de un exceso de regulación, sino del desmantelamiento de las herramientas que equilibraban un mercado históricamente desigual.

“Estamos ante un oligopsonio claramente”, planteó Castro al explicar cómo funciona el negocio yerbatero. Según detalló, el 90% de los productores misioneros tiene menos de 30 hectáreas, mientras que apenas un puñado de industrias concentra la mayor parte del mercado.

“Los dos principales molinos concentran cerca del 40% y las diez principales empresas manejan alrededor del 80% del mercado”, explicó.

En ese contexto, cuestionó con dureza el discurso libertario que presenta la desregulación como un camino hacia mayor eficiencia y competencia.

“La desregulación no mejora la eficiencia ni garantiza rentabilidad para toda la cadena yerbatera”, afirmó.

Castro expuso que la eliminación de las facultades regulatorias del INYM terminó generando una transferencia directa de recursos desde los pequeños productores hacia los sectores más concentrados de la industria.

“El precio bajó, sí. Pero ¿a costa de quién? La transferencia de recursos la pagaron los pequeños productores y los tareferos”, remarcó.

Durante su intervención, el legislador recordó que en diciembre de 2023, antes de la desregulación, muchos productores cobraban entre 370 y 380 pesos por kilo de hoja verde. Hoy, en cambio, los valores se derrumbaron mientras crecieron los plazos de pago con cheques diferidos de hasta 120 días.

“La crisis no es una sensación. Es real y se vive todos los días en la chacra”, advirtió.

Castro también desmintió uno de los argumentos más repetidos por el oficialismo nacional: la supuesta sobreproducción de yerba mate. Comparó campañas productivas recientes y mostró que los niveles de producción fueron similares, aunque el resultado económico para el productor fue completamente distinto.

“En 2021 sobraron siete millones de kilos y el productor tuvo un precio justo. En 2025 faltaron 55 millones de kilos y, sin embargo, le pagaron mucho menos”, explicó.

Para el dirigente del PAyS, la diferencia radica en que antes existían herramientas de regulación que impedían que el mercado quedara completamente dominado por las grandes industrias.

La exposición también apuntó contra el relato oficial sobre el crecimiento exportador. Castro sostuvo que el aumento de ventas al exterior no fue consecuencia de la desregulación sino de factores geopolíticos vinculados al crecimiento del consumo en comunidades sirias radicadas en Europa.

“El boom exportador no se explica por políticas del Gobierno nacional”, afirmó.

Además, señaló que el valor FOB de las exportaciones cayó un 23%, pese al incremento en los volúmenes vendidos.

Tras su exposición, Castro volvió a remarcar que la crisis yerbatera dejó de ser solamente un problema económico para transformarse en un conflicto social y cultural que atraviesa a toda la provincia.

“Dicen que crecen las ventas y las exportaciones, pero en la vida cotidiana de nuestros productores se ve una crisis que no es solo económica, sino también social y cultural”, expresó.

Desde el PAyS señalaron que la presencia de Castro en el Congreso representó la voz de miles de familias productoras que hoy sienten que el modelo económico nacional las dejó libradas a un mercado concentrado y profundamente desigual.

“La política tiene que servir para representar a la gente”, sostuvo el diputado al cerrar su participación.

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Hugo Sand exigió la restitución de las facultades del INYM

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El plenario de las comisiones de Economía y Economías Regionales de la Cámara de Diputados de la Nación, conducido por Julia Strada y Luis Basterra (UxP), trocó el debate técnico-arancelario por una encendida confrontación política, jurídica e identitaria. La irrupción de Hugo Sand, histórico dirigente de la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (APAM) y uno de los mentores de la Ley 25.564 de creación del INYM, personificó el contraataque del minifundio frente a la avanzada desreguladora de la gran industria molinera correntina.

El testimonio de Sand no solo confrontó la tesis de libre mercado expuesta minutos antes por el sector corporativo, sino que impugnó la validez jurídica del DNU 70/23 y reabrió la histórica disputa sobre los modelos de ocupación territorial en el Nordeste Argentino (NEA): el arraigo cooperativo del colono frente al monocultivo corporativo de gran escala.

La objeción constitucional al DNU 70/23

Apalancándose en una interpretación estricta del derecho público, el referente de APAM dirigió sus argumentos hacia el exdirector correntino Joaquín Comas y hacia la propia administración central, cuestionando la arquitectura jurídica de la desregulación yerbatera. Sand impugnó la validez del instrumento ejecutivo bajo la lente del control de convencionalidad y de los requisitos de excepcionalidad institucional:

“Cuando se emite ese DNU, se ve que no se leyó la Constitución Nacional. En su artículo 99, inciso 3, dice que los decretos de necesidad y urgencia tienen que ser urgentes, de emergencia, específicos y certeros. ¿Dónde están los estudios técnicos que avalan el capítulo yerbatero? El decreto no cumple estos requisitos y arrojó a la miseria al eslabón primario”.

Para la dirigencia de la zona centro misionera, el retiro de las potestades del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) no configura una modernización de mercado, sino una anomalía jurídica que carece de la debida fundamentación empírica. Bajo esta premisa, Sand solicitó formalmente a los bloques legislativos avanzar hacia una declaración de inconstitucionalidad del decreto, exigiendo la inmediata restitución de la estructura regulatoria del INYM con la totalidad de sus atribuciones de fijación de precios sostén.

El modelo de ordenamiento: Regulación, cupos y mercado consignatario

Frente al diagnóstico de la industria que atribuye la caída de precios a un ciclo endógeno de sobreoferta biológica, el líder de APAM defendió la necesidad de una economía administrada para corregir las asimetrías de origen en cadenas de valor con alta concentración de demanda.

Sand delineó la agenda de máxima de los productores agrarios misioneros para estabilizar el sector, estructurada sobre tres ejes macroeconómicos:

Regulación de la oferta y limitación de plantaciones: El dirigente aclaró que la histórica y polémica Resolución 170 no buscaba la “prohibición” del comercio, sino un esquema de planificación que limitara la expansión desmedida de nuevas superficies en manos de capitales concentrados.

Cupos de cosecha: Un mecanismo de cuotificación para administrar los volúmenes de hoja verde ingresados a secaderos en épocas de saturación de inventarios, evitando el desplome del precio real.

Mercado Consignatario de la Yerba Mate: El rescate de una herramienta financiera largamente postergada que actúe como un colchón de liquidez para el pequeño productor, evitando que deba malvender su stock ante la urgencia financiera de la cosecha.

El pasaje más denso del discurso de Sand expuso el profundo hiato cultural e ideológico que separa las realidades de Misiones y Corrientes. El dirigente de Oberá trazó un paralelismo crítico con el sector foresto-industrial (citando el caso de la firma Arauco) para ilustrar el riesgo sociodemográfico de desplazar el cultivo tradicional de la yerba mate por esquemas de monocultivo extensivo.

“El monocultivo significa la extinción de la biodiversidad, significa la muerte de la selva misionera. ¿Para qué? ¿Para plantar pino? Un kilo de pino de 22 años vale 14 pesos en la ciudad de Oberá. Ese modelo expulsa a las familias rurales y precariza el territorio”.

El planteo advierte sobre un proceso de reprimarización de la tierra y pauperización del colono. Desde la perspectiva de APAM, desregular la yerba mate equivale a forzar la conversión de minifundios polifuncionales y sustentables hacia economías de escala de bajísimo valor específico por unidad de biomasa, destruyendo el tejido social de las colonias.

La distancia entre el territorio y la burocracia

El cierre de la alocución de Sand evidenció la fractura institucional que atraviesa al sector tras los últimos cambios en la conducción del INYM. Con un tono directo, el dirigente de la zona centro dejó en claro el distanciamiento de las bases agrarias respecto a las nuevas autoridades designadas por la Casa Rosada y a los legisladores oficialistas de la provincia:

“Hoy recién conozco al presidente del INYM (Rodrigo Correa). Nosotros no pudimos ir todavía al instituto. Le pido a los diputados que nos acompañen y a los sindicatos rurales que organicen una reunión en el territorio, donde están realmente los tareferos y los productores, para que vean lo que les pasa”.

El plenario de comisiones ratificó que el conflicto yerbatero excede la frontera de una paritaria sectorial. Mientras la molinería integrada analiza la coyuntura desde la optimización logística y los balances comerciales de exportación, el cooperativismo de base defiende al INYM como la última línea de defensa institucional frente a la descapitalización de la chacra y el consecuente vaciamiento demográfico del interior misionero.

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