LA HOJA

Otra cooperativa yerbatera en crisis con cientos de cheques rechazados

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La crisis financiera que atraviesa la cadena yerbatera misionera sumó en las últimas horas un nuevo y delicado capítulo, con ramificaciones que exceden largamente a una sola empresa o cooperativa. A la cesación (momentánea) de pagos anunciada por la Cooperativa Yerbatera Andresito, se agrega ahora la compleja situación de la Cooperativa La Hoja, propietaria de una marca conocida del mercado, que acumula una abultada cantidad de cheques rechazados y arrastra en su caída a cooperativas proveedoras de menor escala.

Según datos oficiales del Banco Central de la República Argentina, la Cooperativa La Hoja mantiene una deuda superior a 1.200 millones de pesos, correspondiente a 398 cheques rechazados. Buena parte de esos compromisos impagos impacta directamente sobre cooperativas de productores que le vendieron yerba canchada, profundizando una crisis de liquidez que se expande en forma de efecto dominó dentro del entramado productivo.

Entre las entidades afectadas aparece la Cooperativa Agrícola Km. 16, con sede en Oberá, que enfrenta serias dificultades para cumplir con los pagos a sus socios tras el incumplimiento del molino al que abastece.

“La cooperativa tiene 20 años. Está conformada por 20 socios y compramos yerba a terceros productores. Son unas 110 familias, de las cuales unas 50 no cobraron. La bomba explotó hace 60 días con los primeros cheques rebotados de la yerba canchada que le vendimos al molino La Hoja. Eso hizo que rebotaran nuestros cheques”, relató a Bichos de Campo el productor y tesorero de la entidad, Patricio “Pato” Koch.

Los números reflejan la magnitud del problema: la cooperativa Km. 16 adquiere anualmente unos 8 millones de kilos de hoja verde, que tras el secado se convierten en aproximadamente 3 millones de kilos de yerba canchada. Entre el 10% y el 15% de ese volumen se destina a producción propia bajo la marca Yerba Progreso, mientras que el resto se envía a distintos molinos para su estacionamiento, entre ellos La Hoja.

Sin embargo, el quiebre en la cadena de pagos generó una deuda acumulada de 628 millones de pesos, correspondiente a 489 cheques rechazados, también según registros del BCRA. Un golpe severo para una estructura cooperativa que depende de la rotación financiera para sostener a decenas de familias productoras.

Andresito, la señal de alarma

La crisis tomó mayor visibilidad pública tras el anuncio de la Cooperativa Yerbatera Andresito, que comunicó formalmente la suspensión de pagos “debido a la situación económica actual”. Se trata de una de las cooperativas más relevantes del norte misionero, por lo que su decisión encendió alarmas en todo el sector.

Más allá de los casos puntuales, el trasfondo es común: caída del flujo financiero, incumplimientos en cascada y una estructura de costos que ya no encuentra precios de referencia que garanticen previsibilidad. A eso se sumó el elevado costo financiero por las tasas impuestas por los bancos.

En el sector yerbatero hay consenso sobre el origen del problema. El quiebre estructural se produjo en diciembre de 2023, con la entrada en vigencia del DNU 70/23, mediante el cual el Gobierno nacional avanzó en una profunda desregulación del mercado yerbatero. La norma dejó sin efecto una de las principales herramientas del Instituto Nacional de la Yerba Mate: la facultad de fijar precios mínimos para la hoja verde y la yerba canchada.

La eliminación de ese mecanismo alteró de inmediato el equilibrio interno de la cadena y expuso con crudeza las asimetrías entre productores primarios, cooperativas, secaderos y grandes molinos. En un mercado altamente concentrado, la pérdida de precios de referencia trasladó el riesgo financiero hacia los eslabones más débiles.

Durante 2024 y 2025, las cooperativas -históricamente un amortiguador frente a los vaivenes del mercado- comenzaron a mostrar signos crecientes de estrés: menor volumen de acopio, retrasos en los cobros, mayores costos operativos y una creciente dependencia de pagos diferidos que hoy se traducen en cheques sin fondos.

Lo que ocurre con Andresito, La Hoja y Km. 16 no es un hecho aislado, sino la manifestación más visible de una crisis sistémica en la principal economía regional de Misiones. La ruptura de la cadena de pagos compromete no solo a las cooperativas, sino también a cientos de productores primarios, tareferos, secaderos y economías locales que dependen directamente del movimiento de la yerba mate. En las últimas horas, una yerbatera de renombre tuvo que asistir financieramente a una cooperativa del sur provincial para evitar un inminente colapso.

Sin precios de referencia, con contratos frágiles y un mercado desregulado, la lógica financiera reemplazó a la lógica productiva. El resultado es una sangría que continúa, con cooperativas endeudadas, productores sin cobrar y una creciente incertidumbre sobre la sustentabilidad del modelo yerbatero misionero en el nuevo escenario.

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Yerba: ¿Qué marcas dominaron el mercado en un año top?

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Aunque todavía restan conocer los números finales de diciembre, el 2023 será un año récord para el consumo interno y con una demanda combinada entre mercado interno y externo, por encima de los últimos años. Pero no fue un año sencillo para las industrias. La combinación de precios máximos en las góndolas, problemas con el valor del dólar para exportar y aumentos de la materia prima, hicieron que fuera necesaria una mayor concentración en mercados, márgenes y rentabilidad. También hubo conflictos como el de la resolución 170, que le puso techo a las nuevas plantaciones.  Con todo eso, el planeta yerba entrará al 2024 con la incertidumbre de qué sucederá con los precios de la materia prima, ya que el presidente Javier Milei desreguló el mercado al quitarle herramientas al Instituto Nacional de la Yerba Mate. 

De lo que no hay dudas es que el mercado interno está dominado por un puñado de empresas que se mantiene firme en los últimos años: las dos marcas que más venden en el mercado interno son de Corrientes, aunque el volumen acumulado es largamente superior en Misiones, entre todas las otras marcas. 

En primer lugar, Las Marías se mantiene al tope del ránking de los últimos años, con 47 millones de kilos vendidos hasta octubre. La compañía de los Navajas terminará el año con un volumen similar a los 56,7 millones de kilos vendidos en 2022. Inamovible. 

En segundo lugar aparece la cooperativa Agrícola Colonia Liebig, con su marca Playadito, que hasta octubre había vendido 38 millones de kilos, mientras que en todo el año pasado vendió 41 millones.  “En un balance anual tenemos mucho por agradecer a la familia. Al equipo de la Liebig y al Consejo de Administración. A los asociados, empleados y proveedores. A los consumidores. También a Dios, que nos da la vida”, dijo Ricardo Handziak, presidente de la Cooperativa Agrícola Liebig. En 2023, la Cooperativa que elabora Playadito celebra su 97 años con cifras que hablan por sí mismas: 125 productores asociados, 353 empleados en planta permanente.

El podio del mercado interno lo completa La Cachuera, con su marca Amanda como emblema. El emporio yerbatero que lidera Victoria Szychowski es también el número uno en exportaciones de la Argentina y trepó un puesto en relación con 2022.

La yerbatera Rosamonte también escaló un puesto en la competencia, al quedarse con el cuarto lugar, con 14 millones de kilos vendidos hasta octubre. 

El cuarto puesto en 2022 había sido de La Cachuera, que había sido relegada por CBC, que sigue siendo líder entre las yerbas compuestas, aunque ahora en el quinto puesto de la general y unos 13 millones de kilos colocados en el mercado. En segundo lugar, entre las compuestas, aparece Verdeflor, del grupo Cordeiro, con 6,2 millones de kilos y el puesto once en la general. 

En el sexto puesto general, se encuentra Yerbatera Misiones, de la familia Puerta, que trabaja para Molinos. Empaquetó diez millones de kilos y mantiene el mismo puesto que en 2022. 

Al séptimo puesto trepó la Cooperativa Agrícola de Montecarlo, con ocho millones de kilos. Se trata de un ascenso para la entidad que tiene a la marca Aguantadora como emblema, ya que en 2022 ocupó el puesto ocho. Pero el salto más significativo se dio en el norte: la yerbatera Andresito trepó al octavo puesto con 7,5 millones de kilos hasta octubre, mientras que en 2022 había ocupado el puesto catorce, con 6.393.280 kilos. 

La Tranquera, del grupo Llorente, con siete millones de kilos, mantuvo el noveno puesto que había ocupado en 2022.

En cambio, Piporé volvió a meterse en el top 10, con 6,7 millones de kilos, lo que complementó un buen año en materia de exportaciones, que le valió el premio a la mejor empresa exportadora del NEA. “Fue un año muy difícil, complicado por una serie de variables no controlables por nosotros que hicieron muy difícil la planificación y proyecciones. El plan original a principio de año, lo tuvimos que cambiar varias veces. No solo por inflación, sino por laudos, que modificaron los precios de la canchada y hoja verde. Fueron laudos muy fuertes, pegaron saltos muy altos, que hicieron que todo el esfuerzo sobre márgenes y precios, fuera insuficiente, al mismo tiempo que la Secretaría de Comercio, nos ponía límites sobre los aumentos”, explicó Silvio Leguía, desde Piporé. Tanto a Piporé, como a La Cachuera, el Gobierno nacional les permitía aumentos en góndola menores a la competencia para compensar el “beneficio” del dólar agro por el comercio internacional, donde ambas son fuertes. 

“A pesar de todo, fuimos muy prolijos. Más allá del volumen de ventas, recuperamos el top ten. Terminamos el año de una manera muy auspiciosa y nos permite empezar el 2024 desde un lugar financiero mucho más cómodo”, marcó Leguía. El 2022 habían cerrado en el puesto once.

En contraste, la Cooperativa de Trabajo La Hoja descendió del décimo al puesto doce, con 5,5  millones de kilos. 

La yerba Romance, de Gerula, ocupó el puesto trece entre las más elegidas, con 4.7 millones de kilos. La marca apostoleña mantuvo el mismo puesto de 2022. 

El puesto catorce lo ocupó Cachamate, del grupo Cachay, con 4.1 millones de  kilos y mismo puesto que en 2022. 

El top quince lo cierra el grupo Navar, de Gobernador Virasoro, con la yerba Primicia, que colocó en el mercado argentino 3,9 millones de kilos y trepó cuatro puestos desde 2022.

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Los obreros de la Cooperativa “La Hoja”, a pasos de poder ser dueños de su propio trabajo

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La puja entre la cooperativa obrera y los ex dueños de la yerbatera rosarino misionera está a punto de resolverse en favor de los trabajadores. Los ex empleados cooperativizados pagaron al Banco Nación las deudas que enviaron la empresa a quiebra. Y ahora los Martin & Cía volvieron y dan pelea penal para meterse. 

“No sabíamos qué iba a ser de nosotros. Por las dudas nos quedamos en el molino a cuidar. Vinieron acreedores de los Martin, un proveedor de yerba, se querían llevar las máquinas para cobrarse. No los dejamos pasar. Ni a la Gendarmería, aunque los gendarmes mucha fuerza no hicieron porque nos conocían del pueblo”. Así cuenta Alfredo Fonseca aquellos días de incertidumbre del 2008, cuando la centenaria yerbatera Martin & Cía. quebró finalmente, luego de 10 años en concurso de acreedores.

Hoy preside la Cooperativa de Trabajo La Hoja Ltda., que integran 120 socios que antes fueron empleados y que desde 2015 han hecho un paradigma de empresa recuperada por sus trabajadores. Él mismo, Fonseca, se hizo al trabajo como cosechero de yerba mate en Capioví, colonia Oro Verde, Misiones, siguiendo el oficio de su padre. “Yo me crié en los yerbales”, reafirma hoy a los 58 años, desde San Ignacio.

Después de tomar por mano propia el destino de su fuente laboral, la cooperativa yerbatera superó esta semana el afán de los herederos que habían llevado a la firma a la quiebra en 2008 y que ahora forzaron a los trabajadores organizados a vérselas ante la Justicia penal como acusados de defraudación, vaciamiento, administración infiel y hasta sospecha de lavado de dinero. Un cúmulo de diatribas que logró impedir por dos meses que la Cooperativa de Trabajo pudiera finalmente comprar la quiebra luego de haber cancelado las hipotecas que la familia Martin, cuando poseía la empresa, contrajo con el Banco Nación.

El juez penal Nicolás Foppiani derogó el jueves una medida cautelar de “no innovar” que el empresario Alberto Martin consiguió interponer a través del fiscal Mariano Ríos Artacho y la jueza Silvia Castelli. Con esa medida, la Cooperativa no pudo escriturar la cesión de derechos litigiosos por la que el BNA daba por concluidas las 4 hipotecas que había librado sobre el campo de 2800 hectáreas en San Ignacio, Misiones, por un crédito que la empresa, cuando era Martin & Cía tomó, renegoció y nunca pagó.

“Defraudación calificada, vaciamiento de empresa y administración infiel”, fueron los cargos con los que el fiscal de Delitos Económicos tituló la denuncia que promovió Alberto Martin, ex ejecutivo de la firma Martin & Cía, fundada por el suizo Julio Martin en 1894, con yerbales en San Ignacio, Misiones, y oficinas y planta empacadora de mate cocido y té en saquitos en Zuviría al 7300, oeste de Rosario.

Un siglo después, cómo se llegó a tanto. La empresa de la familia Martin entró en concurso de acreedores en 1998, y terminó por quebrar en 2008. “Alguien pidió la quiebra por un pagaré caído por una suma irrisoria, increíblemente se decretó la quiebra. Ellos pensaron que iban a seguir manejando todo porque el juez del concurso falleció y el juzgado quedó vacante”, contó Marcela Macellari, la abogada y representante de la cooperativa en la causa civil. Esa acefalía hizo navegar a la deriva una empresa que quedó paralizada por meses.

“Desaparecieron todos los Martin, y nosotros por las dudas nos quedamos a cuidar las máquinas y no dejamos pasar a nadie. No sabíamos qué iba a ser de nosotros, por las dudas seguíamos haciendo el mantenimiento, ni luz teníamos”, contó Alfredo Fonseca,  pero que se hizo a la vida de trabajo en un secadero de Puerto Mineral, en Misiones junto a su padre. Y que en 1989 tuvo la oportunidad de entrar a trabajar a la yerbatera Martin. Pero en esos años de debacle, se involucró con sus compañeros para defender su fuente laboral por mano propia.

En el medio aparecieron empresas repentinas a explotar la compañía Martin aunque estuviera quebrada. Demirol y Yerbatera del Paraná, Mavea después, fueron pantallas detrás de las cuales los Martin siguieron explotando el negocio con un mismo gerente siempre como cara visible, Esteban Impallari, un ex empleado de la familia.

Algo curioso: Demirol primero, Mavea después, operaron la empresa sin rendir ni un centavo al fondo de la quiebra que debía administrar el juzgado n° 12. Y la Sindicatura brilló por su ausencia. “¡Qué raro que los Martin nunca se quejaron de eso!”, chanceó Héctor Superti, el penalista que patrocina la Cooperativa en la querella penal que entablaron los Martin.

“En diciembre de 2008 apareció la empresa Demirol que armaron los Martin con un tal Esteban Impallari, era el cabecilla. Era todo raro pero estábamos contentos porque reactivaron, no sabíamos si había autorización o no, ni sabíamos nada de la quiebra, ni juez había. A los dos años cerró y apareció Mavea, que estuvo 3 años, trabajamos así, y cuando empezó la cooperativa hicimos convenio y duró tres meses porque lo que Mavea buscaba era manejar la cooperativa. Ahí el juez entendió que la única manera de continuar era que la cooperativa siguiera sola. Corrimos al presidente porque era puesto por Mavea, y me pusieron a mí”, relató Fonseca. 

La cooperativa prosperó y hasta levantó las 4 hipotecas que el Banco Nación (BNA) le hizo a Martin & Cía por un préstamo que nunca devolvió. Los trabajadores pagaron ese clavo en cuotas y así terminaron con el primer y mayor acreedor de la quiebra. Entonces buscaron comprar definitivamente, tal como la Ley de Quiebras lo habilita y el juzgado lo aceptó. Cuando Cooperativa y BNA se disponían a escriturar la cesión de derechos litigiosos (acción que formaliza la extinción de la deuda), Alberto Martin y un par de parientes acudieron al famoso estudio jurídico Salvatierra para frenar la causa civil desde la Justicia penal.

Denunciaron a la cooperativa de destruir los yerbales en San Ignacio, descuidar las instalaciones, para depreciar los activos, incidir en el interés del BNA por cobrarse, y así comprar barato. Para ello documentaron una inspección al campo misionero con dos entendidos que abonaron la hipótesis de que la cooperativa había arruinado el cultivo. Esos dos habían pertenecido a la cooperativa y habían sido desplazados por manejos turbios de la producción.

A pesar de esa denuncia, el fiscal Ríos Artacho nunca concurrió al campo a comprobar la veracidad de la acusación ni preguntó a Belizia, el juez de la quiebra. Un detalle que el juez Foppiani sopesó negativamente al desestimar la pretensión de Fiscalía.

Con todo, Martin consiguió que, a instancias del fiscal, la jueza penal Silvia Castelli dictara una medida de no innovar por 180 días, y así paralizó la escrituración de la hipoteca cancelada y lo que iba a ser luz verde para que el juez civil Belizia, a cargo de la quiebra, autorizara a la cooperativa a comprar su propia fuente de trabajo por la que viene pagando un alquiler de 2500 kilos mensuales de yerba canchada. 

“¡Pero mire si vamos a querer tirar abajo el yerbal que nosotros mismos cultivamos! Si quisiera perjudicar el patrimonio voy por el activo más valioso, la marca La Hoja, y la saco de las góndolas, la desaparezco”, explicó Fonseca para invalidar la acusación. “Se invirtieron 250 millones de pesos, mire si la cooperativa los va a desperdiciar si no proyecta quedarse con la empresa”, reforzó la abogada Macellari.

“Los Martin creen que son los dueños y que tienen derecho a recuperar las cosas, y ensucian a un grupo de trabajadores que hace 7 años mantienen una empresa devastada, abusada por otras empresas que esa misma familia crearon y que obtuvieron ganancias por las que no rindieron cuentas a nadie. Y los trabajadores pagaron al Banco Nación una deuda que en 30 ni los Martin ni nadie fue a pagar. La Cooperativa fue la que se presentó a pagar”, enfatizó la asesora legal.

Patrones de ellos mismos 

“Valió la pena tanta angustia y sacrificio, es que en ese momento estábamos bien organizados mientras nos quedábamos a cuidar el molino: como ya no cobrábamos sueldo, el que tuviera una changa que fuera a hacerla, y el resto lo cubría, y así con todos. Pero siempre quedaba gente acá, todo el día. Teníamos la esperanza de que íbamos a arrancar, no se cómo pero sí. En esos ocho meses hicimos mantenimiento de las máquinas, engrasamos, reparamos sin tener luz porque hasta la luz nos habían cortado, nos habían dejado tirados”, recordó el trabajador.

Fonseca se remontó a esos días claves en los que había que animarse a pasar de ser asalariado sin salario a ser patrón de uno mismo y con la misión de levantar la fuente de trabajo. “Pensamos en nosotros. Yo podría haber dado un paso al costado porque me decían de afuera que renunciara, porque esto a los dos meses se iba a caer. Pero lo que nos hizo continuar fue la gente mayor, mucha gente de 60 años o más que no tenían ningún ingreso de nada. Qué íbamos a hacer. Teníamos la gente unida, el apoyo, pero no teníamos cómo arrancar. Hicimos varias reuniones, no sabíamos si sería viable, la única chance era que los proveedores confiaran y nos fiaran la yerba mate. Sin problema. Los proveedores nos querían, sabían que ese desastre no era culpa nuestra, sí que Martin, Demirol, Mavea los habían clavado. Entonces arrancamos como cooperativa porque nos fiaron la materia prima en el comienzo”.

La Hoja hoy participa del mercado nacional con 2 millones de toneladas de yerba empaquetada al mes, además de una importante porción del mercado de té y mate cocido en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. La dirigen 120 socios cooperativos que emplean, a su vez, a 400 personas de manera indirecta. 

“Hoy ya tenemos experiencia y conocimiento –reflexionó el presidente de la Cooperativa–, nos rodeamos de las personas ideales, honestas y capaces. Hoy pensamos como cooperativistas. Pero marcamos tarjeta y cumplimos horario, tareas, como en cualquier empresa. No somos dueños, solo de nuestro trabajo. El juez nos autoriza a usar esta herramienta, estos equipos para que trabajemos y salgamos adelante. Martin nos quiso trabar la opción de compra, pero ganó la verdad. Creo que vamos por buen camino”.

Fuente Pagina 12

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Ganadores y perdedores en un año complejo para la yerba mate

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La producción yerbatera está en constante ebullición. Precios bajos para la producción, precios altos para la industria, límite de plantaciones y un mercado acotado por un control de precios que influye en el desarrollo de las principales marcas. En ese escenario, la disputa por ganar mercados es durísima y nuevas marcas aceptan el desafío de intentar quedarse con una porción. 

En el top tres del mercado, dos empresas correntinas dominan desde hace tiempo y el 2021 no cambió esa realidad. Primero Las Marías, inamovible en el puesto número 1, con unos 54 millones de kilos declarados. En segundo lugar se ubica la cooperativa Liebig, con su marca Playadito, con unos 40 millones de kilos.

El podio lo completa CBC, la yerba compuesta con su planta en Santa Ana, con unos 22 millones. 

En cuarto lugar, la marca Amanda, de La Cachuera, movió 18 millones de kilos, seguida por Yerbatera Misiones (Cruz de Malta),con más de 15 millones de kilos. 

En el sexto lugar aparece la marca Rosamonte, con 15,6 millones de kilos colocados en góndolas. Pegadita aparece una marca que no es tradicional en Misiones, pero que gana terreno en las góndolas del país: VerdeFlor, que también es una yerba compuesta, alcanzó los 11,8 millones de kilos.

En el octavo lugar se ubica la yerba Andresito, de la marca de la cooperativa homónima, con 10.2 millones de kilos. La cooperativa decidió este año acotar su propio mercado para enfrentar la suba de costos y los precios tope. 

Después, completan el top ten Cachamai con nueve millones y medio de kilos y Llorente, con 7.900.000 de kilos.

La disputa por cada porción del mercado es durísima. Pero de todos modos, aparecen nuevos jugadores que se animan a la competencia. En diciembre fue presentada Camino Nuevo la nueva yerba de la familia del Establecimiento Don Leandro S.R.L, un producto premium que mezcla yerba de alta gama, con arte, con experiencia sustentable del medio ambiente y fe.

El último informe del Sector Yerbatero correspondiente al mes noviembre indica que durante ese mes el volumen de yerba mate elaborada con destino al mercado argentino fue de 22.670.944 kilos. Sumado a los meses anteriores, el consumo interno acumuló 261.457.074 kilos entre enero y noviembre del corriente año.

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