La Libertad Avanza

El oficialismo avanzó con la firma del dictamen de la ley Hojarasca en Diputados

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Con polémica por la falta de debate, el oficialismo logró hoy de manera exprés la firma del dictamen de mayoría del proyecto de ley “Hojarasca”, una iniciativa concebida por el ministro de Modernización y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que apunta a barrer con decenas de normas y regulaciones burocráticas que considera vetustas y obsoletas.

Detrás del pintoresco nombre del proyecto con que el proyecto fue bautizado existe el interés concreto de limpiar el digesto legislativo argentino de todas sus impurezas o excesos normativos.

Durante meses, la cartera liderada por Sturzenegger se dedicó a peinar exhaustivamente todo el digesto normativo vigente en nuestro país desde 1864 a la fecha, y presentó una iniciativa en 2024, que por no haberse tratado perdió estado parlamentario: en este segundo intento va por la revancha.

Con el dictamen de mayoría ya validado, la intención del oficialismo es tratarla durante una sesión a principios de mayo, luego de la esperada presentación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, para el informe de gestión del 29 de abril. 

En el plenario de las comisiones de Asuntos Constitucionales y Legislación General el secretario de Transformación del Estado, Maximiliano Fariña, explicó que las normas que se buscan derogar se clasifican en seis grupos.

Se encuentran aquellas que se pretenden suprimir por haberse cumplido su objeto, aquellas que limitan la libertad individual y restringen el derecho de propiedad, aquellas que suponen trámites inútiles, otras regulaciones que quedaron obsoletas por nuevas tecnologías, o por haber cambiado las circunstancias geográficas, sociales, económicas o por la sanción de leyes posteriores, normas que definen obligaciones para instituciones que ya no existen, y aquellas que crean organismos con financiamiento público.

A su turno, el secretario de Desregulación, Alejandro Cacace, explicó que el objetivo de la iniciativa para barrer “legislación obsoleta” es “el ordenamiento normativo”. 

“Así como es conocido que hemos tenido en la historia de nuestro país un problema de inflación monetaria también en el ámbito legislativo tenemos un severo problema de inflación normativa”, indicó.

Y agregó que sumando leyes, decretos y resoluciones ministeriales “se contabilizan más de un millón de normas”. 

“Desde luego uno de los objetivos de la desregulación es ordenar eso porque tiene un gran costo. El primer costo es para el ciudadano”, señaló.

También enfatizó que existe un “costo fuerte” para la administración pública porque “hay un problema de aplicación” de leyes que perdieron sentido práctico y que ya no son ejecutables.

Además apuntó que “hay organismos y estructuras que se crearon a partir de esas leyes que ya no cumplen ninguna función”.

A su entender, “este ordenamiento normativo es tan necesario para la certeza de los argentinos en qué normas les rige y para la certezas de los órganos de la administración para saber qué normas aplicar”.

Cacace aclaró que el de La Libertad Avanza no es el primer gobierno que se dedica a depurar el digesto jurídico, ya que es una tarea que encaró la gestión de Carlos Menem, que continuó Fernando de la Rúa y que retomaron años después los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Disconforme con la celeridad con la que el oficialismo cerró el debate, el diputado nacional de Unión por la Patria Diego Giuliano, planteó además que es “extraño que en este momento del país estemos discutiendo la hojarasca”.

Si bien reconoció que dentro del paquete de normas que el Poder Ejecutivo pretende derogar decenas de normas que quedaron obsoletas, como la ley de azotes, o el pago del impuesto a los sellos por la conscripción, advirtió que hay otras derogaciones que tocan temas “sensibles” y requieren de un abordaje más profundo, consultando a los sectores involucrados.

“Lo presentan como una tarea de limpieza normativa, de una depuración de normas obsoletas, pero estamos frente a una intervención de mayor alcance del Poder ejecutivo que incide sobre el modelo del Estado y las prácticas y orientación del Estado”, subrayó el legislador massista.

“Por otro lado, han dejado pasar leyes que sí deberían haber sido analizadas para su derogación. Dejaron vigente la ley de telégrafos de la presidencia de Avellaneda, en tiempos de la Inteligencia Artificial”, criticó, y lamentó que desde el Gobierno hayan hecho “un dispendio de la administración”.

Según denunció Giuliano, “quieren tocar temas sensibles que tienen que ver con la educación, la salud y la cultura”, y además “han incorporado otras normas que merecen ser analizados con mayor seriedad, como la cuestión cartográfica”.

También reprochó que se busque derogar la ley de producción pública de medicamentos, que reduce costos del sistema sanitario y garantiza el acceso a los medicamentos”, y también se pretenda eliminar la norma sobre control sanitario de la lepra, cuando existen “300 a 400 casos” de esa enfermedad en la última década.

Otros temas que despertaron la advertencia del legislador de Unión por la Patria son la derogación de la ley de apicultura y del Consejo Federal de Juventud.

Sin dudas, uno de los puntos que más controversia durante el debate fue la intención del Gobierno de derogar la ley 11.380 que autoriza al Banco Nación a otorgar prestamos especiales a cooperativas y establece beneficios tributarios a ese tipo de entidades.

Al tomar la palabra, la diputada nacional del Frente de Izquierda Myriam Bregman consideró que “solamente con un termo en la cabeza se puede levantar la mano para aprobar una ley de este tipo”. 

“Ante todo es una muestra de autoritarismo total hacer estas modificaciones sin consultas mediante”, siguió, y agregó que “esta ley lejos está de tener una implicancia menor” ya que “ataca la salud, las cooperativas y la cultura”, entre otros sectores.__IP__

La diputada de La Libertad Avanza Patricia Vásquez confirmó que “la decisión es ésta” y lamentó que no se puedan “poner de acuerdo porque el más mínimo sentido común nos tendría que ayudar a no tener leyes en desuso”.

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Dante Gebel aterriza en Argentina y activa su armado político rumbo a 2027

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Dante Gebel llegó a la Argentina y puso en marcha una agenda política que apunta directamente a 2027. El pastor, empresario e influencer encabezará en los próximos días reuniones con su mesa chica para avanzar en la consolidación de su eventual candidatura presidencial, en el marco de su espacio “Consolidación Argentina”.

El movimiento ocurre en un momento de fragmentación política y reconfiguración de liderazgos. No es un dato aislado: su irrupción introduce una nueva variable en el escenario electoral y abre una pregunta que empieza a inquietar tanto al oficialismo como a sectores del peronismo. ¿Puede capturar una porción del electorado que hoy sostiene o disputa el Gobierno?

Un armado híbrido entre política, sindicalismo y territorio

El primer paso de Gebel en el país será una reunión en el conurbano bonaerense con su círculo de confianza, donde convergen dirigentes sindicales, exreferentes de La Libertad Avanza y actores del mundo empresario y religioso. Ese núcleo no es casual: expresa la lógica de construcción que impulsa el espacio, apoyado en una red que cruza estructuras tradicionales con nuevos canales de influencia social.

El armado ya había tenido un anticipo en reuniones previas en el exterior, donde se delineó un diagnóstico crítico sobre la situación social y económica. Ese diagnóstico funciona como punto de partida político: caída del consumo, deterioro del empleo y tensiones en el entramado productivo.

En paralelo, el espacio busca capitalizar dos fenómenos: la dispersión del peronismo, sin liderazgo unificado, y el desencanto de sectores que acompañaron a Javier Milei. A eso suma un activo propio: la base social vinculada al crecimiento del culto evangélico, con fuerte presencia en zonas urbanas y sectores de mayor vulnerabilidad.

Un nuevo actor en la disputa por el voto blando

El avance de Gebel empieza a generar efectos concretos en la correlación de fuerzas. En La Libertad Avanza, la posibilidad de una candidatura competitiva activa alertas por la eventual fragmentación del voto que respaldó al oficialismo en 2023. Ese electorado, heterogéneo y menos ideologizado, aparece como el principal objetivo del nuevo espacio.

Pero el impacto no se limita al oficialismo. También en el peronismo se registran movimientos defensivos, en un contexto donde distintos actores buscan recomponer vínculos con sectores religiosos y territoriales. La disputa ya no es solo partidaria: se traslada a redes sociales, estructuras intermedias y espacios de contención comunitaria.

Además, el interés de sectores empresarios y dirigentes provinciales sugiere que la construcción de Gebel intenta proyectarse más allá de un fenómeno testimonial. La articulación con gobernadores, intendentes y actores del “círculo rojo” apunta a darle volumen político y viabilidad electoral.

Un proyecto en formación y un calendario que presiona

El cronograma también forma parte de la estrategia. Durante su estadía en el país, Gebel mantendrá reuniones con referentes políticos, empresarios y líderes religiosos, mientras prepara un acto masivo previsto para diciembre en el estadio de River Plate. Ese evento podría convertirse en el primer gesto explícito hacia una candidatura presidencial.

Por ahora, el armado se mueve en una zona intermedia: combina señales políticas con una narrativa de outsider que evita definiciones formales. Esa ambigüedad le permite crecer sin quedar atrapado en las lógicas tradicionales, pero también deja abierta la incógnita sobre su consolidación real.

El tablero empieza a moverse. La irrupción de un actor con base social propia, vínculos sindicales y proyección política redefine las variables de cara a 2027. Lo que aún está en discusión es si se trata de una construcción con capacidad de disputar poder o de un fenómeno que depende de la evolución de las tensiones actuales.

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Diputados ceden ante cooperativas y anticipan cambios en la “Ley Hojarasca”

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En medio del debate por la denominada “Ley Hojarasca”, el oficialismo en Diputados dio una señal política concreta: anticipó que eliminará un artículo clave del proyecto tras el reclamo del sector cooperativo. La definición se produjo este martes en la Comisión de Asuntos Cooperativos, en una reunión informativa donde entidades de todo el país advirtieron sobre el impacto económico de la iniciativa enviada por el Poder Ejecutivo. La escena abre un interrogante más amplio: ¿se trata de una corrección táctica para sostener apoyos o del primer límite efectivo a la agenda de desregulación del Gobierno?

El punto en disputa: la Ley 11.380 y el régimen fiscal cooperativo

El foco del conflicto se concentró en un inciso del proyecto oficial que propone modificar el esquema vigente de la Ley 11.380, norma que regula aspectos tributarios del cooperativismo, en particular las exenciones y contribuciones vinculadas a su funcionamiento.

Representantes de distintas entidades coincidieron en un diagnóstico: la derogación del artículo cuestionado implicaría un aumento significativo de la carga tributaria. Según explicaron, afectaría directamente al esquema de aportes para educación y promoción cooperativa, al modificar los mínimos no imponibles y elevar los montos a pagar.

Desde la Confederación Argentina Interfederativa de Cooperativas Eléctricas y otros Servicios Públicos advirtieron que el cambio podría “multiplicar” los costos y llevar a situaciones de quebranto. En la misma línea, otras organizaciones señalaron que la medida impactaría en la capacidad operativa y social del sector, especialmente en territorios donde las cooperativas cubren funciones que no alcanza el Estado.

Concesión puntual y mensaje político

El dato político surgió desde el propio bloque oficialista. En la comisión, un diputado de La Libertad Avanza adelantó que eliminarán el artículo cuestionado del texto de la “Ley Hojarasca”, en línea con el pedido del sector.

La definición no es menor. Llega en la antesala del debate legislativo y revela una estrategia de ajuste fino: sostener el objetivo general de derogar normas consideradas “obsoletas”, pero evitando conflictos con actores con fuerte territorialidad.

Al mismo tiempo, el oficialismo dejó planteada otra línea argumental: si bien reconoce el rol del cooperativismo, cuestiona su uso en determinados contextos políticos. Esa doble lectura —reconocimiento y crítica— marca el tono de la negociación que se abre.

Uun sector con capacidad de presión

El episodio expone la capacidad del movimiento cooperativo para incidir en la agenda legislativa. No solo por su volumen económico, sino por su despliegue territorial y su inserción en economías regionales.

Las advertencias fueron consistentes: pérdida de rentabilidad, afectación de servicios y debilitamiento del entramado social. En sectores como energía, consumo, agro o salud solidaria, el impacto trasciende lo estrictamente fiscal.

En términos políticos, el oficialismo evita un frente de conflicto con un actor transversal, que no responde a una única alineación partidaria. La decisión de modificar el proyecto antes de su tratamiento formal sugiere una lectura pragmática de las correlaciones de fuerza.

El debate pendiente sobre el régimen cooperativo

Aunque el conflicto inmediato parece encaminarse, el trasfondo sigue abierto. Varias entidades plantearon la necesidad de discutir el régimen tributario cooperativo, pero con un enfoque integral.

El cuestionamiento no se limita a una norma puntual, sino a la forma en que se introducen cambios: sin un esquema alternativo que reemplace los beneficios vigentes. “No derogar sin reemplazar” aparece como la consigna implícita.

Ese punto conecta con un debate más amplio sobre el rol del Estado, la carga fiscal y el lugar de las economías solidarias dentro del modelo económico.

Negociación, ley y límites políticos

La “Ley Hojarasca” sigue su curso legislativo, pero ya no es el mismo proyecto que ingresó al Congreso. La intervención del sector cooperativo obligó a recalibrar el texto antes de su discusión formal.

Lo que viene será una prueba de equilibrio: hasta dónde el oficialismo puede sostener su agenda de reformas sin erosionar apoyos sectoriales. Y, al mismo tiempo, qué otros actores buscarán introducir cambios en el articulado.

El episodio deja una señal. En un Congreso fragmentado, incluso iniciativas con respaldo del Ejecutivo deben negociar en tiempo real. Y en ese terreno, los actores con capacidad de organización territorial —como el cooperativismo— pueden marcar límites concretos.

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El Gobierno acelera la Ley Universitaria para recortar impacto fiscal y evitar un frente judicial adverso

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El Gobierno nacional reactivó su estrategia para impulsar una nueva Ley de Financiamiento Universitario y busca llevarla al Congreso en el corto plazo, con el objetivo de reducir el impacto fiscal del esquema vigente y desactivar un conflicto político y judicial en ascenso. La iniciativa se da en paralelo a un recurso presentado para suspender artículos clave de la actual normativa, cuya aplicación —según el Ejecutivo— no puede sostenerse sin presupuesto.

La ofensiva combina negociación política, presión judicial y rediseño del esquema salarial universitario, en un contexto donde el financiamiento de las casas de estudio se convirtió en un punto de tensión entre el oficialismo y la oposición.

Disputa entre Congreso, Ejecutivo y Justicia

El proyecto de ley impulsado por el oficialismo surge tras la sanción de la norma 27.795, promovida por la oposición durante 2025, que el Gobierno considera inviable desde el punto de vista fiscal.

En ese escenario, la Procuración del Tesoro de la Nación presentó un Recurso Extraordinario Federal ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal para suspender la aplicación de los artículos 5 y 6 de la ley vigente. La decisión revela una estrategia dual: mientras se busca modificar el marco legal en el Congreso, se intenta ganar tiempo en el frente judicial.

En paralelo, el Ministerio de Capital Humano había iniciado en febrero conversaciones con el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y con gremios docentes y no docentes, con el objetivo de consensuar un nuevo texto que pudiera avanzar en marzo. Sin embargo, el proyecto perdió prioridad parlamentaria en su momento, lo que derivó en tensiones internas dentro de La Libertad Avanza.

Ajuste salarial y límites presupuestarios

El nuevo proyecto propone recomponer el salario real de docentes y no docentes universitarios durante 2025, pero sin revertir la caída registrada en 2024. En términos concretos, implica una actualización más limitada que la prevista en la ley vigente impulsada por la oposición.

El argumento central del Ejecutivo es la necesidad de “armonizar” el financiamiento universitario con las “reales posibilidades” del Estado. En la práctica, esto se traduce en un esquema de gasto más contenido, alineado con la política de ajuste fiscal que sostiene el Gobierno.

Equilibrio fiscal vs. conflicto político

El avance de la ley expone una tensión estructural: el intento del Gobierno de sostener el equilibrio fiscal frente a demandas sectoriales que presionan por mayores recursos.

Dentro del oficialismo, las diferencias sobre la estrategia —entre priorizar la vía judicial o avanzar con acuerdos legislativos— generaron fricciones. Ahora, la apuesta es ordenar el frente político mediante negociaciones con sectores de la oposición dialoguista para garantizar la aprobación del proyecto.

Al mismo tiempo, el respaldo o rechazo de los rectores y gremios universitarios será un factor clave para la viabilidad política de la iniciativa.

La discusión sobre el financiamiento universitario tiene implicancias directas en las cuentas públicas. La ley vigente, según el Gobierno, implicaría un nivel de gasto que no puede sostenerse sin comprometer el equilibrio fiscal.

El nuevo esquema busca reducir esa presión, aunque a costa de una recomposición salarial más limitada. En términos macroeconómicos, se alinea con la estrategia oficial de contención del gasto como ancla del programa económico.

Efecto en universidades del NEA

Las universidades nacionales del NEA, incluidas las de Misiones, dependen en gran medida del financiamiento público. Cualquier modificación en el esquema impacta de forma directa en su funcionamiento, salarios y capacidad operativa.

Sin datos específicos por región, el cambio normativo podría traducirse en restricciones presupuestarias o en una menor capacidad de recomposición salarial, dependiendo de cómo se implemente la nueva ley.

El futuro del proyecto dependerá de dos variables centrales: la capacidad del oficialismo para construir mayoría en el Congreso y el desenlace judicial sobre la ley vigente.

También será clave la reacción del sistema universitario, que ya forma parte de la negociación política. En un contexto de ajuste fiscal, la discusión por el financiamiento universitario seguirá siendo un punto de tensión entre sostenibilidad económica y demanda social.

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Milei llevó su pelea con industriales a Nueva York y acusó a Rocca y Madanes de ser “empresarios prebendarios”

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En la apertura de Argentina Week, realizada en Nueva York, el presidente Javier Milei internacionalizó uno de los conflictos económicos más sensibles de su gestión: la disputa con sectores industriales que cuestionan la apertura comercial.

Durante su discurso inaugural, el mandatario apuntó directamente contra Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla, a quienes calificó como “empresarios prebendarios” y acusó de haber operado históricamente en alianza con dirigentes políticos para sostener esquemas de protección estatal. La intervención ocurrió frente a inversores internacionales y funcionarios del propio gabinete, en un evento cuyo objetivo formal es promover inversiones en el país.

El mensaje combinó defensa ideológica de la apertura económica con una señal política hacia el empresariado local. Milei sostuvo que parte del sector industrial se benefició durante años de barreras comerciales que encarecieron productos para los consumidores argentinos. En ese marco, aseguró que su gobierno busca desmontar ese esquema, aun si eso implica la reconversión o desaparición de algunas actividades.

La escena dejó una pregunta implícita en el centro del tablero económico: ¿se trata de una advertencia puntual a determinados grupos industriales o de una redefinición más profunda de la relación entre el Gobierno y el empresariado argentino?

Apertura económica y confrontación con la industria protegida

El presidente enmarcó sus críticas dentro de la estrategia de apertura comercial que impulsa su administración. Según planteó, las barreras arancelarias distorsionan los precios relativos y terminan trasladando costos al conjunto de los consumidores.

En ese sentido, señaló que algunos sectores productivos se sostuvieron gracias a medidas de protección estatal. Entre ellas mencionó las restricciones a importaciones que, según explicó, elevaban los precios internos respecto de los valores internacionales.

Milei sostuvo que, al eliminar esas barreras, los consumidores podrán acceder a bienes más baratos y destinar el ahorro a otros sectores de la economía. Bajo esa lógica, defendió el proceso de liberalización comercial aun cuando implique dificultades para industrias que operaron durante años bajo protección.

En ese contexto volvió a cuestionar a Rocca, titular del grupo Techint, y a Madanes Quintanilla, dueño de Fate y vinculado a Aluar. Según afirmó, ambos empresarios se beneficiaron históricamente de regulaciones favorables.

La acusación de presión empresaria y el conflicto por los 900 trabajadores

El punto más áspero del discurso se concentró en el caso de Madanes Quintanilla. Milei afirmó que el empresario presionó al Gobierno para mantener medidas de protección comercial y aseguró que, ante la negativa oficial, se produjo el despido de 900 trabajadores.

Según relató el Presidente, esa decisión ocurrió un día antes de que el Congreso debatiera la reforma laboral impulsada por el oficialismo. Para el mandatario, ese episodio representó una forma de presión sobre la política económica del Gobierno.

La acusación busca instalar una narrativa clara: la disputa no sería entre Estado y empresas, sino entre un nuevo modelo de mercado abierto y sectores industriales que —según la visión oficial— dependen de la protección estatal para sostener su rentabilidad.

En ese marco, Milei sostuvo que quienes defienden la industria nacional bajo esquemas de protección lo hacen para preservar privilegios, y vinculó ese sistema con prácticas de corrupción entre empresarios y dirigentes políticos de etapas anteriores.

Mensaje político y consolidación del liderazgo libertario

El discurso también tuvo un componente político interno. Durante su intervención, Milei destacó el desempeño electoral de La Libertad Avanza y agradeció el trabajo de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, a quien atribuyó la estrategia política y la organización electoral del espacio.

El mandatario sostuvo que el oficialismo logró quitarle al peronismo la mayoría en ambas cámaras del Congreso y afirmó que su gobierno está avanzando con reformas que —según dijo— no habían sido posibles en administraciones anteriores.

También elogió a varios integrantes del gabinete presentes en el evento, entre ellos el ministro de Economía Luis Caputo, el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger, la ministra de Capital Humano Sandra Pettovello y el ministro de Salud Mario Lugones.

Entre los funcionarios ausentes mencionó a Diego Santilli, Alejandra Monteoliva y Carlos Presti.

La enumeración no fue casual. En un foro orientado a inversores, el Presidente buscó mostrar cohesión interna del gabinete económico y respaldo político a su programa de reformas.

Riesgo político y escenario económico

Otro de los ejes del discurso fue el impacto del llamado “riesgo político” sobre el financiamiento internacional. Milei afirmó que el riesgo país bajó desde niveles cercanos a los 2500 puntos durante el período electoral hasta alrededor de 550 puntos en la actualidad.

Sin embargo, sostuvo que todavía existe lo que denominó “riesgo kuka”, en referencia a la posibilidad de un retorno del kirchnerismo al poder, factor que —según explicó— sigue influyendo en el costo del financiamiento para la Argentina en el mercado internacional.

De acuerdo con su proyección, si el riesgo país se mantuviera cerca de los 550 puntos, la economía podría crecer entre 4% y 5% anual. Y si descendiera a niveles cercanos a 220 puntos, el crecimiento podría alcanzar tasas de entre 7% y 8%.

En esa hipótesis, sostuvo, el país podría duplicar su producto bruto en menos de una década.

Una señal hacia el empresariado y hacia el Congreso

La intervención en Nueva York dejó algo más que un discurso económico ante inversores. Funcionó también como un mensaje político dirigido a dos frentes simultáneos: el empresariado industrial que cuestiona la apertura comercial y el sistema político que aún debe tramitar reformas estructurales en el Congreso.

La decisión de exponer el conflicto en un escenario internacional revela una estrategia deliberada. Milei no sólo busca convencer a inversores extranjeros de que la Argentina está cambiando su modelo económico; también intenta consolidar un nuevo marco de relación entre el Estado y los grandes grupos empresarios.

La incógnita, hacia adelante, es si esa confrontación se mantendrá en el terreno discursivo o si derivará en un reordenamiento más profundo de las alianzas entre el Gobierno, la industria y el sistema político. En un proceso de reformas todavía en curso, ese equilibrio seguirá siendo uno de los puntos más sensibles del programa económico.

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