LIBERTARIOS

En torno a camino de servidumbre

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Escribe Alberto Benegas Lynch (h) – En el título de esta nota periodística se consigna el primer libro de Friedrich Hayek considerado como una obra de divulgación que se apartaba de sus trabajos académicos que había publicado hasta ese momento. Primero comenzó como un texto dirigido al director de la London School of Economics en 1931, que luego amplió de forma considerable y publicó como un libro el 10 de marzo de 1944 por la Universidad de Chicago Press, después de haber pasado por otras tres editoriales que rechazaron el escrito y rodeado de comentarios desfavorables, incluso por parte de pensadores como Isaiah Berlin, que lo consideró “horrible”.

Es un libro que, al final, ha tenido amplia repercusión con varias ediciones, que contiene temas de gran interés que pueden resumirse en una formidable advertencia y es el no dejarse estar y estudiar y argumentar a favor de la sociedad libre a contracorriente de las marcadas tendencias de la época, representadas por pesadas telarañas mentales imbuidas de estatismo, expresadas en especial por el marxismo, el nacionalsocialismo, el fascismo y el estatismo en general, aunque después -igual que Revel en La gran mascarada- consideraba estas variantes todas hijas del espíritu totalitario.

El libro está dedicado “A todos los socialistas de los diversos partidos” y consta de quince capítulos y una corta conclusión donde reflexiona sobre temas cruciales de aquella época que, por desgracia, aun se arrastran en la nuestra. Abre el primer capítulo con un primer epígrafe de David Hume, quien consigna que “Es raro que una libertad, cualquiera que sea, se pierda de una vez” para ilustrar el proceso de corrosión en el que se va perdiendo noción de la relevancia de valores básicos para entregarse a las fauces del Leviatán. Nos dice que “Aunque algunos de los mejores pensadores del siglo XIX, como De Tocqueville y Lord Acton, nos advirtieron que socialismo significa esclavitud, hemos marchado constantemente en la dirección del socialismo”.

Se detiene a explicar el significado del Estado de Derecho, la democracia, el individualismo y su contracara, el colectivismo, la igualdad ante la ley y la institución de la propiedad privada en el contexto del abuso de la expresión “libertad” sin asignarle sustancia alguna donde más bien se consolidan autores como Hegel, Marx, List y Schmoller.

En esta línea argumental destaca los problemas que provoca el positivismo legal por el que se desestiman los mojones y puntos de referencia extramu- ros de la norma positiva desconociendo que “El Estado de Derecho implica, pues, un limite al terreno de la legislación”. Sostiene que no se entiende que la columna vertebral de la democracia estriba en el respeto y garantía a los derechos de las personas y no circunscribirla al mero recuento de votos. Que el individualismo considera prioritarios los derechos de las personas al efecto de usar y disponer de lo propio como cada cual lo estima conveniente en un marco de competencia. En este sentido, apoyado en citas de Max Eastman, desarrolla la trascendencia de la propiedad como institución clave para que se expresen los precios, que son los únicos indicadores para conocer donde invertir y donde lo hacerlo a los efectos de aprovechar los siempre escasos recursos frente a necesidades ilimitadas, lo cual permite el mejor nivel de vida posible. El colectivismo no solo desdibuja y destruye los referidos indicadores, sino que conduce a lo que posteriormente se conoció en ciencia política como “la tragedia de los comunes”, esto es lo que es de todos no es de nadie por lo que inexorablemente se despilfarran factores de producción.

Asimismo, argumenta que la igualdad ante la ley es la única igualdad que tiene sentido en una sociedad libre pues lo que el que esto escribe ha denominado “la guillotina horizontal” bloquea incentivos para el progreso donde los empresarios exitosos necesariamente satisfacen demandas ajenas e invierten, con lo que posibilitan mayores ingresos y salarios en términos reales y, por otra parte, los que yerran en los gustos y preferencias de su prójimo disminuyen sus ganancias o incurren el quebrantos. También debe subrayarse que la referida igualdad ante la ley es inseparable de la definición clásica de Ulpiano de “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite nuevamente a la propiedad, ya que no se trata de ser iguales ante la ley para ir a un campo de concentración.

En realidad, el mencionado Tocqueville en El antiguo régimen y la Revolución escribe que allí donde el progreso moral y material es grande, la gente tiende a dar eso por sentado, lo cual constituye el momento fatal. El alarido de Hayek en el libro que comentamos muy telegráficamente aconseja a los partidarios de la libertad a mantenerse alerta, profundizar y difundir los argumentos correspondientes basados en ámbitos morales, jurídicos, históricos y económicos que hacen de soporte a los beneficios del respeto recíproco. De allí es que los Padres Fundadores en Estados Unidos machacaban con que “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”.

En este plano, resulta de gran relevancia la educación como un proceso abierto de prueba y error en un medio competitivo en busca de excelencia académica estimulando la actitud contestataria y desarrollando al máximo las potencialidades de cada uno como seres únicos e irrepetibles, alejado de toda imposición curricular del poder de turno y de toda manifestación de adoctrinamiento. Mucha razón asistía desde la vereda de enfrente al marxista Antonio Gramsci, que repetía aquello de “tomen la cultura y la educación y el resto se da por añadidura”. También resulta útil la enseñanza que apareció plasmada en los graffiti del mayo francés del 68: “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, y de tanto reiterar sus ideas en todos los foros y lugares posibles, los socialismos terminan marcando la agenda, mientras algunos supuestos liberales se mantienen timoratos en “lo políticamente correcto” con lo que retroceden a pasos agigantados.

Tuve el privilegio de conocer a Hayek e invitarlo tres veces a pronunciar conferencias mientras fui rector de una institución de posgrado en Buenos Aires y tuvo la generosidad de prologar mi primer libro Fundamentos de análisis económico e invitarme a formar parte de la Mont Pelerin Society, de la que en dos oportunidades fui miembro de su Consejo Directivo.

Como ha apuntado Jorge Luis Borges citando a Alfonso Reyes “dado que no hay tal cosa como un texto perfecto, si no publicamos nos pasaríamos la vida corrigiendo borradores”. Todos evolucionamos y esto también va para el extraordinario Hayek, por ejemplo, en sus Fundamentos de la libertad enfatiza en que el manejo de la moneda es una función indelegable del gobierno, pero en 1976, en su célebre La desnacionalización del dinero, propone la privatización del medio de cambio y la eliminación de la llamada “autoridad monetaria”. Dicho sea, al pasar los banqueros centrales, por más que sean los más idóneos del planeta, están embretados en uno de tres caminos: a qué tasa emitir, contraer o dejar la masa monetaria inalterada, pues cualquiera de las tres posibilidades prostituye y desdibuja los precios relativos. Además, si se dijera que la autoridad monetaria tiene una gran percepción y hace lo que la gente hubiera decidido, la pregunta reside en para qué se metió si haría lo mismo que las personas prefieren con el consiguiente ahorro de honorarios.

Por otra parte, si se incurre en la falacia ad populum usando como argumento que por casi todos lados hay bancas centrales, es un razonamiento que no nos hubiera permitido salir de las cuevas, el garrote y el taparrabos, pues el arco y la flecha resultaba algo novedoso y no probado. Lo mismo podemos decir sobre Camino de servidumbre, donde en dos oportunidades aparece una referencia muy ambigua y confusa sobre el laissez-faire, cuando en verdad los fisiócratas aclararon bien que se trata de dejar hacer a las actividades lícitas y no la apología del caos. Cuando en una oportunidad Hayek fue a mi casa de San Isidro en Buenos Aires a almorzar, ponderó que en el portón de entrada se leía laissez-faire y volvió a señalar, esta vez de viva voz, lo que había apuntado hacia poco sobre el verdadero significado de esa expresión tan cara a la tradición de pensamiento liberal.

Bajo mi computadora tengo un inmenso letrero que dice nullius in verba, que es el lema de la Royal Society de Londres, es decir, no hay palabras finales. Como nos ha enseñado Popper, el conocimiento es fruto de corro- boraciones provisorias sujetas a refutaciones. El liberalismo está siempre en ebullición en busca de nuevos paradigmas.

Alberto Benegas Lynch (h) Doctor en Economía y Doctor en Ciencias de Dirección, miembro de las Academias Nacionales de Ciencias Económicas y de Ciencias.

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¡Han vuelto, son los mismos! 

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Así dijo Jauretche, con su campechana y contundente pluma, al describir la vuelta de los personeros del poder extranjero, al instalarse el gobierno de la revolución fusiladora (1955). 

Los grandes cambios, con mucha moralina pseudo patriótica y pseudo honesta, mostraron casi calcados los mismos personajes funestos que habían dado origen -con contundentes hechos probatorios- del calificativo de “década infame”, al período 1932-1943, cargado de negociados en contra de los Intereses Nacionales, y con explícita sumisión a los dictados del ya decadente Imperio del Reino Unido. 

Entre los muchos hechos vergonzosos de explícito antipatriotismo perpetrados en la “década infame” (muy liberal y “privatista”), caben citar los alevosos negociados de las concesiones eléctricas, con escasas inversiones y leoninas condiciones a favor de empresas extranjeras y en perjuicio de los consumidores; el insólito caso del funcionario de ferrocarriles británicos al que por su sumisión al imperio le dieron categoría de lord (Lord Leguizamón), y el vergonzoso discurso y el tratado de comercio (el Pacto Roca – Runciman), rubricado por “Julito” Roca (hijo del dos veces presidente), quien muy orondo expresó “Argentina es la joya más valiosa de la corona de Su Majestad”. 

Los mismos personeros de la dependencia y de la antipatria, o sus sucesores por vías familiares o de cargos del “elenco estable” del liberalismo antinacional, fueron los que “volvieron a sus funciones”, nombrados presurosamente por los usurpadores del poder en 1955. Eso, con su poderoso pensamiento y capacidad de síntesis, lo resumió el gran patriota Arturo Jauretche, con su lapidaria frase: “han vuelto, son los mismos”. 

Esa metodología de reciclar a personeros del establishment (el poder establecido) ultra liberal, anti Estado y socialmente excluyente del pueblo común, se repitió en los sucesivos golpes de Estado del siglo XX, con la excepción parcial del de 1966, en cuyos gobiernos coexistieron funcionarios de Mentalidad Nacional, con liberales antinacionales. 

Posiblemente, ese perfil diferente, más proclive a los Intereses Nacionales, tuvo que ver con las influencias positivas del economista Aldo Ferrer, del analista geopolítico General Guglialmelli, y algunos más. 

Como para dimensionar el accionar de esos patriotas, la oligarquía vacuna bonaerense presionó para paralizar la construcción del complejo ferro vial de Zárate – Brazo Largo, para dificultar la competencia de la buena ganadería de Entre Ríos y Corrientes, pero Aldo Ferrer persistió para completar esa gran obra de infraestructura. Ya avanzado el siglo XX, y con el accionar neoliberal a escala mundial, impuesto a sangre y fuego por la dupla Reagan – Tatcher, claramente se afinaron los procedimientos de manipulación mental de las poblaciones, perfeccionándose técnicas de masivos resultados, que parecen centrarse en el accionar de medios concentrados de comunicación masiva, y adicionalmente en las instalaciones de supuestas “opiniones correctas”, por medio de las crecientemente importantes influencias de las redes sociales electrónicas. 

Las manipulaciones mentales por medio de las redes sociales, perfeccionadas desde los años ’90, fueron las perpetradoras de masivas desestabilizaciones políticas en diversos países, en muchos casos con drásticos cambios en las naciones afectadas, siendo una constante que esos cambios estuvieron siempre orientados hacia el alineamiento con el Bloque de Poder del Atlantismo, cuyos epicentros de poder son ambas mega potencias anglosajonas. 

En muchos casos, esas acciones que buscaron modificaciones acentuadas en las ecuaciones internas de poder, estuvieron teñidas de sangre, en marcos de extrema violencia. 

Eso llevó a la desarticulación de los respectivos Estados Nacionales, para lo cual en algunos casos hubo acciones de agresiones directas para provocar esos cambios (Yugoeslavia, Libia, y otros en África Subsahariana), perpetradas por la OTAN o por potencias alineadas con ese bloque militar. 

En Argentina, y en cierto modo en Íbero América, el desprestigio de los golpistas militares afines al neoliberalismo, parece haber dejado a los uniformados dóciles a los poderes extranjeros, como “última alternativa” (como ocurrió en Bolivia), pasando a ser usados los conglomerados mediáticos alineados al poder neoliberal, sectores cooptados del Poder Judicial (como sucedió entre otros casos, en Brasil contra Lula, y por no citar casos más cercanos), y los accesos al poder formal, por parte de sectores ultra conservadores en lo político y antinacionales en lo económico, facilitado eso por las operaciones mediáticas, judiciales, y de los medios electrónicos. Estos últimos con mucha llegada a los jóvenes, a quienes previamente se les vació de principios éticos esenciales, como el sano patriotismo, y se les privó de conocimientos esenciales de la realidad, ante los vaciamientos de contenidos en los planes de estudios. 

Tal como describió con precisión Naomí Klein, en su libro “La Doctrina del Shock”, primero te prefabrican una enorme crisis, y luego se ofrecen los mismos como los supuestos “salvadores” o solucionadores, de los desastres que ellos provocaron. 

Los mismos que nos endeudaron con alevosía, subordinándonos al FMI, los que implementaron la especulación financiera desenfrenada como instrumento de endeudamiento externo, y el mismo economista que nos llevó a la crisis terminal de 2001/2002, junto a los mismos políticos neoliberales, que desprecian como “orcos” al pueblo común, que son los que nos metieron en un cuadro de crisis y estancamiento, esos mismos son los que hoy se presentan como los supuestos gestores de “soluciones”, de los descalabros generalizados y miseria masiva, que ellos mismos provocaron. 

Y todo ese proceso de destrucción y crisis autoprovocada, en un marco de desprecio explícito a la soberanía nacional, presurosos por desguazar o malvender extranjerizando activos estratégicos, como YPF, Aerolíneas Argentinas, el Banco Central y otros; además de arancelar la Salud y la Educación Públicas, marginando a las grandes mayorías nacionales: todo en un marco de una descomunal crisis socio económica intencionalmente en perpetración. 

Es el proyecto de retrotraernos a la Argentina semi feudal del siglo XIX, como paso previo a la disolución nacional, a la cual abonan tanto desde las “derechas” neoliberales, como las “izquierdas” de progresías sumisas a dictados extranjeros, como el ultra indigenismo, el ultra ecologismo, y otros. 

MGTR. CARLOS ANDRÉS ORTIZ 

Analista de Temas Económicos y Geopolíticos

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Javier Milei y la tradición libertaria en Argentina

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Escribe Daniel Raisbeck en Quillette – Su ascenso político fue meteórico, pero el liberalismo clásico tiene una larga historia en Argentina.

El presidente electo de Argentina, Javier Milei, el anarcocapitalista y economista de libre mercado que empuña una motosierra, cuyas denuncias virales de los privilegios de la clase política son tan fáciles de entender que han sido dobladas al japonés.

Y aunque Milei es un novato en política sin experiencia ejecutiva —como se apresuran a señalar los sobrios escribas de la prensa financiera de habla inglesa—, su extraordinario ascenso político no tuvo lugar en un vacío ideológico.

De hecho, la victoria electoral de este “libertario amante de Thatcher”, como llama a Milei el Financial Times, es similar a la de la Dama de Hierro en 1979 en un aspecto crucial: es el resultado de una lucha de décadas por parte de unos pocos individuos para promover las ideas del libre mercado y los principios del liberalismo clásico en un entorno completamente hostil.

Según el documental de la BBC de 2006 Tory! ¡Tory! Tory!, que traza el surgimiento del thatcherismo en Gran Bretaña mucho antes de que la propia Margaret Thatcher fuera al Parlamento: “Son solo grupos muy pequeños de personas los que se destacan en contra de cualquier consenso: personas que son diferentes de alguna manera”, ya sea como chiflados o genios.

En el caso de Gran Bretaña, todo comenzó cuando Sir Antony Fisher, “un viejo criador de pollos de Eton” preocupado por el consenso del estado de bienestar de la posguerra en el país —de hecho, un consenso socialista— conoció a Friedrich von Hayek, un pensador de libre mercado y futuro premio Nobel de economía. Hayek, “un vidente austriaco” según la BBC, convenció a Fisher de que no se presentara al Parlamento, sino que fundara el Instituto de Asuntos Económicos, un think tank de libre mercado. La influencia sobre los intelectuales, escritores y periodistas, “los traficantes de ideas de segunda mano”, afirmaba Hayek, conduciría en última instancia a un cambio radical en la opinión pública. Las ideas de la AIE, de hecho, “eran thatcheristas antes de que ella lo fuera”.

En el caso de Argentina, el “mileísmo” probablemente comenzó alrededor de 1957, cuando un economista llamado Alberto Benegas Lynch, que resultó ser pariente de Ernesto “Che” Guevara, fundó el Centro para el Estudio de la Libertad. Esto fue poco después de que un golpe de Estado derrocara a Juan Domingo Perón, el hombre fuerte corporativista que había gobernado el país de 1946 a 1955. A pesar de la caída de Perón, su tipo de corporativismo, en el que un Estado en crecimiento comparte el poder con los sindicatos y las empresas protegidas, ya sean públicas o privadas, seguía dominando. Como diría Perón poco antes de su regreso al poder en 1973: “ahora todos somos peronistas”. El Centro para el Estudio de la Libertad, sin embargo, ciertamente no lo era.

En cambio, Benegas Lynch organizó conferencias en Buenos Aires de los principales pensadores liberales clásicos del mundo. El principal de ellos fue Ludwig von Mises, mentor de Hayek y un incondicional de la “Escuela Austriaca” de economía. En un libro publicado en 1922 (Die Gemeinwirtschaft), Mises había demostrado cómo las economías comunistas de planificación centralizada fracasarían debido a la destrucción del sistema de precios a través de la abolición de la propiedad privada.

El hijo de Benegas Lynch, también llamado Alberto, se convirtió en un destacado defensor del liberalismo clásico por derecho propio. Alberto Benegas Lynch, abogado y economista de 83 años, fundó la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE), una universidad de Buenos Aires, en 1978. No sólo reclutó al propio Hayek para formar parte de la junta directiva de ESEADE, sino también a otros dos premios Nobel: los economistas estadounidenses de libre mercado James Buchanan y Vernon Smith. Profesor de la Universidad de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Argentina, Benegas Lynch Jr. es un escritor prolífico que ha argumentado durante mucho tiempo que Argentina debe descubrir su tradición de “liberalismo alberdiano”.

Esto se refiere al pensamiento político y económico de Juan Bautista Alberdi, el pensador liberal clásico cuyas ideas de libertad comercial, industria desenfrenada e inmigración libre influyeron en la constitución argentina de 1853. Como escribí recientemente, este fue “el modelo que una serie de gobiernos electos pusieron en marcha entre 1880 y 1916, un período que coincide aproximadamente con la edad de oro de Argentina como potencia exportadora”. Por el contrario, las épocas posteriores de nacionalismo y peronismo marcaron el comienzo de la fuerte decadencia del país.

Poco después de la muerte de Benegas Lynch padre en 1999, Argentina sufrió una de sus recurrentes crisis económicas, ya que el gasto público y la interferencia monetaria provocaron el colapso del “sistema de convertibilidad”, un mecanismo de tipo de cambio fijo (que no es dolarización) establecido por el ex presidente Carlos Menem, un peronista de derecha. En las consecuencias, el peronista izquierdista Néstor Kirchner llegó al poder.

El kirchnerismo fue la fuerza dominante en 21c-siglo político argentino hasta la aparición de Milei. El presidente electo se refiere a Benegas Lynch Jr. como su mentor y, durante su reciente campaña, citó a menudo la definición del primero del liberalismo clásico frente a grandes audiencias: “El respeto irrestricto por el proyecto de vida de los demás basado en el principio de no agresión y la defensa del derecho a la vida, la libertad y la propiedad”. Por su parte, Benegas Lynch Jr. atribuye a Milei la reintroducción del pensamiento de Alberdi en la política argentina después de 80 años de ausencia.

El ascenso político de Milei fue ciertamente meteórico —fue elegido por primera vez al Congreso en noviembre de 2021—, pero los principios del liberalismo clásico ya tenían un seguimiento sólido e influyente en Argentina antes de que el presidente electo se convirtiera en una celebridad. De hecho, las ideas que Benegas Lynch padre y sus colegas promovieron en la Universidad de Buenos Aires y en el Centro de Estudios de la Libertad se extendieron gradualmente por toda Argentina, donde ahora se encuentra la red más sofisticada de think tanks de libre mercado de América Latina. Entre ellas se encuentran Libertad y Progreso en Buenos Aires, Fundación Libertad en Rosario, Fundación Global en Mar del Plata y Fundación Federalismo y Libertad en Tucumán. Además, la Argentina cuenta con numerosos economistas formados en la tradición austriaca, que han ejercido la docencia durante décadas en varias instituciones de prestigio.

Un ejemplo es el economista Martín Krause, profesor (como Benegas Lynch) en la Universidad de Buenos Aires y ex decano de ESEADE. Krause, que escribe y da conferencias sobre la historia de la economía de la Escuela Austriaca, es también una autoridad en las dimensiones política y económica del pensamiento de Jorge Luis Borges, un feroz antiperonista y, como se supo, el último anarcocapitalista argentino de renombre mundial antes de Milei. En los propios términos de Borges, era un “anarquista spenceriano”, en referencia a 19ésimoEl autor inglés del siglo XX Herbert Spencer y su tratado de 1884, El hombre contra el Estado.

En agosto pasado, Milei, quien prometió introducir un sistema nacional de vales escolares, insinuó que, si ganaba la presidencia, Krause sería su secretario de Educación. Como ha señalado el periodista Marcelo Duclós, Krause se preocupa por una descentralización completa del sistema educativo argentino a través de la elección de escuela, la educación en el hogar y la autonomía curricular de las escuelas. Durante un reciente evento del Instituto Cato, Krause aclaró que estaba dispuesto a establecer los términos para una amplia reforma educativa de acuerdo con los principios liberales clásicos, pero que no estaba interesado en su implementación política. Escribía la partitura que otros podían tocar.

El propio Mimile, que se formó como economista neoclásico, no se encontró con la escuela austriaca hasta 2013. Como le dijo posteriormente a un entrevistador, descubrió a Mises y Hayek y encontró una “claridad conceptual superlativa”. Su conversión damasquina se vio favorecida por las conferencias, ampliamente vistas en YouTube en todo el mundo de habla hispana, del profesor español Jesús Huerta de Soto, que enseña economía en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Al igual que Benegas Lynch y Krause en Argentina, Huerta de Soto ha formado a varias generaciones de economistas, empresarios e intelectuales públicos españoles y es considerada la principal autoridad española en economía de la escuela austriaca.

A principios de este año, Milei escribió un capítulo para un Festschrift en honor a la carrera de Huerta de Soto, en el que ataca la economía neoclásica y su noción de la capacidad de un gobierno para corregir las llamadas “fallas del mercado”. Durante una de sus conferencias la semana pasada, Huerta de Soto respondió a las preguntas de sus alumnos sobre Milei y comparó la importancia de su victoria electoral con la de la caída del Muro de Berlín.

De hecho, hace unas semanas, el actual ministro de Hacienda, Sergio Massa, quedó muy por delante de Milei en la primera vuelta de las elecciones argentinas con el 36 por ciento de los votos, a solo cuatro puntos porcentuales de una victoria absoluta. El peronismo en el poder parecía aún inexpugnable. Es paradójico, por supuesto, que tantos argentinos hayan votado por el responsable de los niveles de inflación anual del 140 por ciento. Pero, por otra parte, el atractivo del peronismo, que es similar a una religión cívica en Argentina, nunca ha sido puramente lógico.

Sin embargo, en la segunda vuelta que siguió, Milei logró una victoria aplastante, rompiendo así la “paradoja de Perón” menos de tres años después de fundar su propio partido libertario. Sin embargo, visto a largo plazo, el cambio político de Argentina comenzó en la década de 1950, cuando un profesor de economía local comenzó a intercambiar correspondencia con Mises y Hayek.

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Estados Unidos necesita su propio Javier Milei

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Escribe Connor O’Keeffe del Instituto Mises – El domingo, el populista austrolibertario Javier Milei fue elegido presidente de Argentina. En Estados Unidos, la reacción varió desde la curiosidad preocupada por parte de la clase política hasta la celebración entusiasta en toda la derecha populista, incluidos, en particular, algunos nacionalistas económicos. Varios libertarios de renombre también llamaron la atención sobre algunos de los muchos defectos de Milei, como sus puntos de vista sobre la geopolítica.

Los escépticos libertarios de Milei tienen muchos puntos buenos. Y lo más probable es que un hombre con una legislatura en su contra no pueda abordar los muchos problemas de Argentina sin algún respaldo político. Pero aún así, hay mucho que admirar sobre el ascenso de Milei y mucho que aprender de la retórica audaz y enérgica de su campaña. Porque nuestro país también necesita desesperadamente un cambio de rumbo similar.

Muchos estadounidenses se encuentran en una situación difícil en este momento. Ochenta años de política monetaria inflacionista han encarecido la vida. Y la fuerte participación del gobierno en muchos de los sectores más importantes, incluidos la atención médica, la vivienda, la educación y la energía, ha hecho que sea más difícil para los estadounidenses más jóvenes permitirse los mismos estilos de vida que las generaciones anteriores.

Además, la manipulación de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal ha dejado al pueblo estadounidense muy endeudado, con pocos ahorros y obligado a capear la pesadilla recurrente del ciclo de auge y caída. Mientras tanto, mientras las décadas de intervención extranjera de Washington le estallan en la cara, los políticos piden al pueblo estadounidense que desembolse una cantidad cada vez mayor de dinero en el inútil esfuerzo por mantener un imperio global sin control. Mientras tanto, en casa, el gobierno sigue siendo incapaz o no está dispuesto a proteger las vidas y propiedades de millones de estadounidenses.

Puede que todavía no tengamos una tasa de pobreza superior al 40 por ciento o una inflación superior al 140 por ciento como Argentina, pero estamos en una trayectoria que nos lleva directamente a ese tipo de ruina económica. No tiene por qué ser así. Conocemos la salida.

Ese camino implica disolver el sistema monetario politizado y volver a un sistema de dinero sólido, donde los precios y las tasas de interés están determinados por las realidades económicas, no por los caprichos de los burócratas. Eso sólo puede lograrse con la abolición total del sistema bancario cartelizado. La despolitización del dinero y la banca devolvería al pueblo estadounidense el control de su propio dinero por primera vez en más de un siglo y pondría fin a la inflación permanente y a las recesiones incesantes.

Debemos poner fin a las desastrosas políticasregulaciones y departamentos que han restringido el suministro de vivienda y energía y que han hecho que la educación y los servicios de salud sean prohibitivamente caros.

Y, lo que es más importante, tenemos que poner fin a la campaña de Washington por un imperio que abarque todo el mundo. El pueblo estadounidense se ha visto obligado a financiar golpes de estado, campañas de bombardeos y guerras que han matado a millones de personas y han hecho que el mundo sea menos estable. La historia está llena de imperios que se extienden y se derrumban. Optemos por no participar en nuestra propia caída.

Javier Milei ha demostrado, como lo hizo antes Ron Paul, que es posible lograr que millones de personas entiendan la necesidad de la libertad radical y que se entusiasmen con ella. Y eso es importante, porque la clase política nunca va a ceder el poder a menos que un fuerte movimiento de base no les deje otra opción.

La victoria de Milei reitera que la libertad puede vencer. Pero requiere voces fuertes e intransigentes que puedan hablar a la gente común sobre sus problemas más apremiantes y ofrecer una visión convincente de un futuro más libre, más seguro y más rico.

*Connor O’Keeffe (@ConnorMOKeeffe) produce medios y contenidos en el Instituto Mises. Tiene una maestría en economía y una licenciatura en geología

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Para comprender la inflación, hay que observar la oferta monetaria, no los precios

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Escribe Andreas Granath* – La verdadera oferta monetaria es la medida correcta de la inflación, no el índice de precios al consumidor.

Históricamente, la inflación siempre se refería a un aumento en la oferta monetaria, mientras que hoy en día se refiere a un aumento en los precios.

Este cambio en la definición de inflación permite a los bancos centrales salirse con la suya con sus negocios fraudulentos. Por lo tanto, la definición original debe restablecerse. Debemos, por supuesto, cambiar el enfoque de los síntomas a la enfermedad.

El IPC merece menos atención

El atractivo del Índice de Precios al Consumidor (IPC) no solo socava la inflación de precios, sino que también camufla la inflación monetaria. En todas partes en los medios de comunicación y círculos académicos, el IPC se utiliza como la principal medida de la “inflación”. Junto con este índice, los “expertos” a veces hablan de índices de precios al productor y gastos de consumo personal.

Aunque estos índices pueden proporcionar una estimación de hacia dónde se dirige la economía, son indicadores rezagados. La inflación de precios es un síntoma de inflación monetaria. Por lo tanto, un buen economista debe identificar la causa del aumento de los precios, al igual que un buen médico debe encontrar la enfermedad que causa los síntomas.

Sin embargo, la inflación monetaria no siempre es la causa del aumento de los precios. Los precios de mercado cambian por medio de la oferta y la demanda. Por lo tanto, un aumento en el precio de un bien o servicio es el resultado de que la demanda del mismo exceda la oferta del mismo.

Algunos precios en el mercado pseudo-libre cambiarán debido a cambios naturales en la oferta y la demanda. Tales cambios dependen de los gustos y preferencias de las personas. Sin embargo, a menudo, los cambios en la oferta y la demanda no son naturales. Algunos cambios antinaturales incluyen regulaciones de mercado, controles de precios e inflación monetaria.

En consecuencia, el IPC no reflejará solo la inflación monetaria, ya que los precios fluctúan con cambios naturales y no naturales en la oferta y la demanda. Otra cosa a considerar sobre la inflación de precios es el efecto Cantillon. Los mayores aumentos de precios generalmente serán donde se inyectan grandes cantidades de dinero por primera vez.

No solo se debe considerar el efecto Cantillon, sino también la tasa de crecimiento de los bienes y servicios. Supongamos que hubiera un índice de precios que pudiera incluir todos los precios en la economía. En esta economía hipotética, la oferta monetaria aumenta en un 10 por ciento al mismo tiempo que la cantidad total de bienes y servicios aumenta en un 30 por ciento.

En igualdad de condiciones, deberíamos esperar una caída en el índice de precios, al igual que deberíamos haber mantenido la oferta monetaria sin cambios. Sin embargo, dado que no se mantuvo sin cambios, el índice de precios cayó menos de lo que hubiera sido de otra manera.

Enfoque en la oferta monetaria

La métrica de la verdadera oferta monetaria (TMS), creada por Murray Rothbard y Joseph Salerno, es la mejor métrica de oferta monetaria y, por lo tanto, la mejor medida de inflación (y deflación). Se basa en la definición austriaca de dinero, sobre la cual Rothbard escribe: “El dinero es el medio general de intercambio, la cosa por la que se intercambian todos los demás bienes y servicios, el pago final por tales bienes y servicios en el mercado”.

*Andreas Granath Escribe para el Instituto sueco Ludwig von Mises

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