Lula

¿Reconfiguración del mapa político en América Latina?

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El domingo anterior una noticia provocó el alerta en nuestra América, pues un episodio podía cambiar el rumbo de los acontecimientos políticos de Brasil: el juez Rogério Favreto había aceptado el pedido de “habeas corpus” de Lula Da Silva, decisión que le otorgaba la libertad inmediata. No obstante, la Policía Federal del país vecino no liberó al exmandatario, acatando un despacho del juez Sergio Moro, encargado de la causa “Lava Jato”, quién consideró que Favreto era incompetente para tomar esa decisión y solicitaba esperar la resolución de Gebran Neto, que finalmente fue negativa.  
Estas marchas y contra marchas no tardaron en suscitar especulaciones. Los medios de comunicación y los líderes políticos de la izquierda latinoamericana comenzaron a hablar de un posible “efecto contagio”, relacionando la decisión de Favreto con el resultado de la elección presidencial mexicana.  
El domingo 1 de julio Andrés Manuel López Obrador (AMLO) obtenía un triunfo histórico en la contienda electoral de México, convirtiéndose en el primer presidente elegido que fuera postulado por un movimiento de izquierda y que gobernará con esa plataforma.
Con el 53% de los sufragios, AMLO y su partido, triunfaron en 31 de los 32 estados del país, conquistando la mayoría en las cámaras del Congreso.
Con la izquierda suramericana alicaída tras perder terreno ante la derecha en países claves como Brasil, Argentina y Chile, la victoria de López Obrador sería interpretada como una bocanada de aire fresco para esta corriente política. Los dirigentes de la izquierda pueden interpretar esta victoria como una anticipación de su regreso en la región.  
Sin negar la trascendencia de la llegada de AMLO al poder en México, deberíamos ser muy cautelosos de no sobreestimar el posible impacto sobre los países de América del Sur. La idea de una América Latina única, que abarca desde México hasta Argentina, es un anhelo desde los tiempos de la independencia, pero tomarla como una unidad política no resulta lo más adecuado.
Para entender los procesos políticos de los países que la componen es preferible dividir este gran continente en tres regiones: América del Sur, América Central y América del Norte de habla hispana. La partición se realiza en base a que además de un pasado colonial común, sus instituciones, economías, estructuras sociopolíticas y problemas de seguridad nacional distan de asemejarse.
Particularmente México se determinó como una región distinta porque su estructura económica y política se encuentra más vinculada con Estados Unidos y Canadá, que con los otros países de América Latina.
Por ello, algunos analistas están convencidos de que el fenómeno vivido la semana pasada en México no tendría un correlato en los países que componen América del Sur, sino que, por ciertas particularidades, tiene más semejanzas con lo ocurrido en el 2016 en Estados Unidos y la victoria de Trump, a pesar de que el estadounidense sea considerado un conservador de derecha y el mexicano un revolucionario de izquierda. Al igual que Trump, López Obrador fue percibido por sus electores como la mejor opción para cambiar un sistema político que los desilusionó.
El actual presidente de los Estados Unidos, durante su campaña, manifestó que iba a “drenar el pantano” de Washington, y el presidente electo mexicano hizo hincapié en sacar al “régimen corrupto” de su país.
Además, ambos fueron etiquetados de populistas/nacionalistas, y vistos como riesgos para la democracia liberal o la economía de mercado. Y, por último, los dos prefieren enfocarse más en la política nacional que en las relaciones exteriores.
Por lo tanto, parece más razonable analizar la realidad política de América del Sur observando las elecciones presidenciales de este año en Colombia y en Paraguay. Ambas se caracterizaron por dos hechos claves: la baja participación en los comicios y el triunfo de los partidos de derecha. En Colombia, en la segunda vuelta realizada en junio, ganó Iván Duque candidato del partido Centro Democrático, que lidera el ex mandatario de ese país Álvaro Uribe; y en Paraguay triunfó Mario Abdo, representante del histórico Partido Colorado.
En Venezuela triunfó el oficialismo pos chavista pero la victoria se encuentra manchada por reiteradas denuncias de fraude y una intensa crisis económica.
Para terminar de definir el mapa político-social de América del Sur queda por presenciar la elección del país más grande de la región, Brasil, donde todavía reina la incertidumbre por la participación de Lula como represente del Partido Trabajador.

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El ministerio de Producción reconoce “desaceleración” y caída de varios sectores de la economía

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Un estudio del ministerio de Producción, que conduce Dante Sica admite que la economía argentina está “en una pausa” de crecimiento provocada por agentes externos, como la tasa de interés de largo plazo de Estados Unidos.
Pese a los datos negativos, el informe sostiene que Argentina cuenta con bases más sólidas gracias a las medidas tomadas en los últimos dos años: salida del cepo, negociación con los holdouts y reacomodamiento de las tarifas de los servicios públicos”, que generaron “la confianza para llegar al acuerdo con el FMI, y evitar así que el escenario internacional tenga un impacto aún mayor”.
El dossier sostiene que “la economía alcanzó el nivel más alto de la historia”, aunque “desaceleró su crecimiento” y cayó 0,2% mensual en Febrero y 0,1% en Marzo.
“Según el Ministerio de Hacienda, la actividad económica crecería entre 0,4% y 1,4% en 2018. La estimación original del 3,5% fue reducida por el efecto de la sequía y volvió a ajustarse a la baja tras las turbulencias financieras de los últimos dos meses”, reconoce el reporte.
“La inversión lleva más de un año en crecimiento empujada por la construcción y seguirá creciendo en los próximos meses, aunque a menor ritmo por la elevada base de comparación y reducción de la obra pública, además del mayor costo de financiación y la suba del tipo de cambio, que impactarán en los componentes importados”.
El documento sostiene que más de la mitad de los bienes de capital importados fueron destinados a la producción y que el agro y la industria impulsaron las compras externas de bienes de capital productivo, pero advierte que en los próximos meses habrá una menor demanda de importaciones por la menor actividad económica y la desaceleración de los sectores demandantes: agro, construcción y automotriz.

En cuanto a los servicios, sostiene que crecieron las ventas, pero “el empleo comenzó a desacelerarse”, mientras que el transporte perdió dinamismo por la suba de los combustibles. Como contrapartida, los servicios vinculados al turismo se proyectan como los líderes como consecuencia de la suba del tipo de cambio que atraerá a más extranjeros, mientras que muchos argentinos se verán forzados a quedarse. “Esto ya se evidenció en los datos adelantados de CAME: el fin de semana largo del 25 de Mayo viajaron por el país 870 mil personas, que gastaron más de $1,9 millones. Sin embargo, el turista se comportó más como espectador que como consumidor: su gasto promedio diario fue menor que los registrados en fines de semana largos anteriores”, sentencia el estudio.
 
Para la industria no hay mejores expectativas: “Continuó creciendo en abril, pero se desaceleraría en el segundo semestre” frente a “las turbulencias financieras internacionales recientes”. Lo mismo con la producción automotriz que “creció nuevamente, aunque se desaceleraría a fin de año”.
“Las ventas a mercados alternativos siguen altas, pero cayeron por los menores envíos a México”, agrega. “Aun con proyecciones de fuerte desaceleración metales básicos cerraría en alza”, reseña el documento en uno de los pasajes optimistas, aunque “minerales no metálicos moderarán su ritmo por la menor obra pública”.
“Las ventas de bienes durables continúan creciendo, pero el consumo no repunta”, admite el documento y puntualiza que el consumo masivo “permaneció estancado” y cayó en los hogares de ingresos bajos.
Sobre la venta de inmuebles, el dossier sostiene que “está en su máximo histórico”, pero se moderaría por el nuevo escenario financiero.
El documento reconoce que la inflación nacional de Mayo fue del 2,1% frente al mes anterior, y del 26,3% con respecto al mismo mes de 2017. Comunicación, alimentos y bebidas no alcohólicas, y recreación y cultura explicaron la inflación de mayo, relata, antes de reconocer que “aumentaron las expectativas de inflación”.
Asimismo, admite que los salarios cerraron el primer trimestre en baja y el menor poder adquisitivo de los asalariados se reflejó en el consumo.
“El consumo masivo cayó en el primer trimestre 1% frente al mismo periodo de 2017. El reacomodamiento tarifario de los primeros meses del año impactó en la capacidad de consumo de los hogares. “Tras dar de baja la meta de inflación para 2018 y recalibrarla para los próximos tres años, las paritarias que cerraron en 15% podrían adecuarse al régimen que habilita el otorgamiento en el sector privado de una recomposición salarial del 5%, a cuenta de las negociaciones paritarias que se desarrollen una vez que se activen las cláusulas de revisión en los acuerdos de este año”, explica.
Finalmente, el estudio reconoce que las políticas del Banco Central afectaron especialmente a las Pymes. “La suba de la tasa de los bonos a 10 años del tesoro estadounidense provocó que capitales que estaban en países emergentes salieran a buscar un mayor rendimiento, con una consecuente depreciación de las monedas de esas economías frente al dólar. El escenario de alta volatilidad cambiaria empujó al BCRA a mantener elevada la tasa de referencia, en 40% durante Mayo, para evitar mayores presiones sobre la cotización de dólar. Las demás tasas del mercado subieron durante la primera quincena de Mayo, y se estabilizaron a niveles levemente menores a principios de Junio. Los aumentos fueron heterogéneos: el crédito vinculado a las PyMEs fue el más afectado, con un costo de financiamiento que llegó a alcanzar 5 p.p. más que los otorgados al resto de las empresas”, concluye.

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Dilma Rousseff vuelve a la política: ahora busca ser senadora

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RÍO DE JANEIRO, New York Times — Casi dos años después de que el Congreso de Brasil destituyera a la entonces presidenta Dilma Rousseff y propiciara una de las caídas políticas más asombrosas en la historia de Brasil, la primera presidenta de ese país espera regresar a la capital como senadora.

Rousseff anunció formalmente sus intenciones de postularse para ocupar un escaño en el Senado el 28 de junio pasado, en representación del estado de Minas Gerais, de donde es originaria. Lo más probable es que en esta contienda se enfrente al titular actual, el senador Aécio Neves, a quien logró derrotar por un ligero margen en las elecciones presidenciales de 2014.

Si llega a ganar, Rousseff se convertirá en el caso más reciente de un polémico expresidente de la región que regresa a la política con un cargo en el Senado.

El colombiano Álvaro Uribe Vélez y la argentina Cristina Fernández de Kirchner se convirtieron en personajes importantes de la oposición en el Congreso después de haber cumplido dos mandatos en la presidencia.

 

“Creo que puedo contribuir mucho al país desde la perspectiva de Minas Gerais”, dijo Rousseff en una entrevista el viernes por la noche. “Sobre todo, quisiera ser una de las voces que defiendan la expansión de la democracia en Brasil”.

Rousseff afirmó que cree que su imagen entre el electorado ha mejorado debido a la cantidad de escándalos que han envuelto a varios legisladoresresponsables del proceso para destituirla, al que considera un golpe antidemocrático.

Rousseff dijo que, en caso de ser votada al cargo, luchará para reducir la desigualdad y ampliar el acceso a la educación, dos de las iniciativas principales que el Partido de los Trabajadores (PT) impulsó cuando esa agrupación estuvo en el gobierno, de 2003 a 2016.

“En la actualidad observamos un retroceso significativo por todo el país”, aseveró. “Los más pobres sufren las consecuencias de las políticas de este gobierno”.

Quizá Rousseff sea el nombre más reconocido que aparezca en las boletas representando al PT en octubre, cuando los brasileños elijan presidente.

Todavía no se sabe a quién postulará el partido de izquierda para la contienda presidencial. Su plan de lograr la elección para un tercer periodo de Luiz Inácio Lula da Silva, el predecesor de Rousseff, sufrió un traspié este año, cuando Lula comenzó a cumplir una sentencia de doce años por cargos de corrupción.

Rousseff, de 70 años, podría convertirse en el segundo caso de un expresidente brasileño destituido y después electo al Senado desde el restablecimiento de la democracia a mediados de la década de los ochenta. El expresidente Fernando Collor de Mello, quien renunció en diciembre de 1992 mientras se realizaba un procedimiento de juicio político en su contra por corrupción, ha ocupado un escaño en el Senado desde 2007.

Laura Carvalho, economista de la Universidad de São Paulo, quien publicó hace poco un libro en el que critica la política económica de los gobiernos del PT, opinó que Rousseff podría convertirse de nuevo en una voz influyente.

“Dilma podría tener una enorme influencia en los debates sobre temas económicos y políticos durante los siguientes cuatro años, en gran parte debido a su experiencia de haber fungido como presidenta”, explicó. “No me extrañaría que resultara mejor senadora que presidenta”.

Rousseff se ha mantenido relativamente lejos de la escena pública desde su remoción del cargo en agosto de 2016, después de que el Congreso determinara que había utilizado indebidamente fondos de los bancos del Estado para ocultar déficits presupuestarios.

Desde entonces se han formulado cargos de corrupción tanto en contra de ella como en contra de Neves, político de centroderecha afiliado al Partido de la Social Democracia Brasileña.

El año pasado, los investigadores obtuvieron una grabación en la que se escucha a Neves solicitar un soborno enorme a un empresario conocido. Aunque Neves ha negado su culpabilidad, el Supremo Tribunal Federal dictaminó en abril que había suficientes pruebas para proceder con el caso.

Una denuncia presentada en septiembre señaló a Rousseff como una de las responsables de operar un esquema masivo de sobornos dentro del Partido de los Trabajadores, expuesto como una organización criminal. Rousseff mantiene que las acusaciones en su contra carecen de fundamento.

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Brasil: Avatares de nuestro gran vecino

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A Dilma Rousseff se la puede considerar juzgada injustamente, pues la mayoría de sus jueces no tienen las manos limpias. Si el  aspecto contable que dio sustento para su juzgamiento que fue usado por todos sus antecesores era válido, ¿no corresponde el juzgamiento de todos los ex presidentes?
Ello pone en descubierto, sin lugar a dudas, que el denominado ”impeachment” fue  fabricado para juzgar a Dilma Rousseff y expulsarla de la presidencia, lo que constituye una conspiración de partidos opositores que buscan adueñarse del poder por medios no democráticos, ya que en unas elecciones abiertas, sus dirigentes, incluido el señor Paulo Antonio Skaf, presidente de la poderosa FIESP (Federación de Industrias del Estado de San Pablo) en una imprudente decisión tomó partido por una oposición abierta al gobierno democráticamente elegido.
Si hoy se realizaran elecciones, el señor Skaf, el conspirador Temer, que hoy tiene una aceptación de menos de 5% del electorado, el presidente del Senado y sus seguidores no obtendrían el 10% de los votos.
El ex presidente de la Cámara de Diputados Cunha, separado de su cargo por corrupto, pero aun influyente en el medio político declaró a la prensa “voy a ser recordado como el hombre que terminó con dos presidentes” Dilma es una, ¿Temer será el otro?. Había obtenido en las elecciones del 2013, apenas 232.708, contra los millones de la presidente. A Dilma Rousseff se le podrá imputar muchas cosas, pero nadie, ni sus contrincantes políticos pueden acusarla de haberse enriquecido personalmente, cosa que no puede afirmarse de sus opositores.
El Partido de los Trabajadores a la que pertenece Dilma y cuyo líder es Lula da Silva, será recordado como el hombre que con su programa “Hambre cero”, sacó de la miseria a 44 millones de brasileños y conformó con una inmensa mayoría, una pujante clase media sin parangón en la historia de Brasil. Hoy, su programa es recomendado por las Naciones Unidas, para combatir el hambre en el mundo. Tampoco hay que olvidar que Lula es un líder mundial excepcional. Construyó una estructura política propia, el Partido de los Trabajadores que supo gobernar en varias ciudades importantes con eficiencia y honestidad. Como presidente del país, supo gobernar con equidad, dando lugar en los planes de desarrollo a los empresarios del comercio, industria y los servicios.
Hoy existe en Brasil un porcentaje de la población que añora la vuelta del ejército a la cumbre del poder, creyendo que solucionarían la inestabilidad política y la falta de seguridad que convierte a Brasil en uno de los países que lidera el porcentaje de muertes violentas por el por ciento de la población y aparece como candidato un ex militar- Jair Bolsonaro – que competirá en las próximas elecciones.
Si queremos otear en el horizonte de nuestro país, ninguna personalidad se puede comparar con Lula da Silva, donde exista una proyección internacional positiva de su personalidad, y hasta en el mismo Brasil, que de acuerdo a todas las encuestas, será el vencedor de las próximas elecciones.
Por eso la campaña de sus opositores para cercarlo judicialmente y tergiversar de ese modo la voluntad popular, tiene la conspiración de una clase política corrupta donde se hallan comprometidos la mayoría de sus miembros.
Vale la pena mencionar la frase de Lula que muchos idealistas repiten en su defensa,”Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre, generaría tanto odio de una elite que se harta de tirar comida a la basura todos los días”.
Sé que muchos de mis amigos empresarios brasileños no compartirán estas opiniones, pero el derecho a expresar estos puntos de vista, son inalienables a la libertad de rebelarme ante tamaña injusticia.
Miguel Schmalko- ex presidente de la FEBAP (Federación Empresaria Brasil-Argentina-Paraguay)

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Emir Sader: “La izquierda no hizo lo suficiente para ganar conciencia social”

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O Brasil que queremos, es el título del libro que Emir Sader pone sobre la mesa. Es un extenso compendio de “nuevas utopías”, superadoras de aquellas que llevaron a Lula al poder en 2003. Ahí radica, según el veterano filósofo y pensador brasileño, la raíz del retroceso de las izquierdas de Latinoamérica después de una década rica en la recuperación y ampliación de derechos: la falta de nuevas utopías que reemplacen a aquellas que en Brasil se exteriorizaron en comer tres veces al día.
“El que vivió los años 90, aquí o allá, se daba cuenta, teníamos una cierta idea de que no había vuelta atrás, era tan avasallador lo de la victoria del neoliberalismo, como modelo económico, como desarticulación del Estado, como ideología. Pero conseguimos un milagro en esos seis países de América Latina. A contramano de lo que pasaba en el mundo logramos disminuir la desigualdad, disminuir el hambre, la exclusión social, a contramano del neoliberalismo que sigue vigente en escala mundial. Hemos dejado de construir eso”, explica Sader.
El pensador brasileño, uno de los férreos defensores de Lula, brindó una exposición en la facultad de Humanidades el viernes por la tarde. Antes dio un extenso reportaje a Economis.
Sader advierte que la derecha volvió para recuperar espacios que la izquierda supo ceder en los últimos años. Por las urnas, como en Argentina o a través de un golpe parlamentario, como en su país o el que desplazó a Fernando Lugo en Paraguay.
“Ayer salió la resolución jurídica que confirma que Dilma no cometió las “pedaladas” fiscales, por lo tanto, debieran devolverle el cargo. No sólo la condena de Lula es una trampa, tampoco el golpe no tenía ninguna razón”, puntualiza.
¿Qué pasó para que ese milagro, como lo denomina, quedara trunco?
Bueno, no fue un milagro, fue una combinación de un cambio de las condiciones internas y errores cometidos. En lo interno, el primer gobierno de Dilma fue bueno con políticas sociales y todo, pero no hubo discurso. Cuando llegaron las elecciones de 2014, una parte, a lo mejor 30 millones de personas que votaron por el candidato de la derecha, son beneficiarios de las políticas sociales. En el centro sur tuvimos una derrota enorme. En los pueblos donde las condiciones de vida cambiaron tanto, el efecto de los medios de comunicación fue muy pequeño. En el norte, Minas Gerais, Bahia hacia arriba, llegaron con un 70% de votos una diferencia pequeña, pero ganaron. Pero hay que ver los errores. Uno de los principales errores internos fue la presidencia desnuda, que no hablaba, no explicaba, porque uno cree que hace buenas medidas tecnocráticas y ya está, pero la gente toma conciencia de ello.
¿No hubo un giro también de Dilma en políticas que no fueron del todo progresistas?
Eso fue el segundo mandato, que fue desastroso. En la misma campaña electoral de 2014 no se dijo qué se iba a hacer, era una campaña buscando evitar un retroceso, pero sólo te convenzo de evitarlo, si estás convencido de que está bien, no ganás nueva gente. En el segundo mandato ella sola absolutamente implementó un ajuste que la aisló completamente de todo, fue ineficiente, injusto, que la dejó en una situación de debilidad donde todo la golpeaba. Ya no tenía el apoyo popular y la derecha la presionaba.
Eso de alguna manera termina arrastrando a toda Latinoamérica… la caída de Dilma fue el puntapié…
El error de perder beneficiarios de las políticas de inclusión se da en varias partes. Pero no es responsabilidad sólo del Gobierno, sino de las organizaciones sociales que no organizan a los beneficiarios de esas políticas. Es cierto que faltó discurso, pero los Gobiernos hicieron muchas buenas políticas sociales, hubo un universo de gente beneficiada que podía estar organizada y conciente, así que también hubo un error de los movimientos populares en su conjunto. Los electores del nordeste de Brasil, que son decisivos, no están organizados popularmente, quieren el liderazgo de Lula, etc, pero no están organizados para hacer política. Después del segundo mandato de Dilma, que ahí hubo errores graves, se aisló y ahí ellos aprovecharon esa nueva guerra híbrida que es combinar medidas en el parlamento, resoluciones en el poder judicial, medios de comunicación, para descalificar, judicializar la política. Como dicen, la guerra de lawfare (guerra jurídica), que busca utilizar las leyes de manera direccionada para la persecución política, y lograron imponer esa idea de que la política es mala y corrupta. Nosotros no pudimos revertir ese mensaje, sobre todo en la misma gente con la que ganamos, cuando pusimos la idea de que lo primordial era mejorar la desigualdad social. Eso fue cambiando porque ellos empezaron a hablar de la corrupción y del desastre económico que no era tal, pero se generó la idea de una inflación descontrolada. La combinación de todo eso generó que ellos tengan una agenda favorable.
Está contando la historia reciente de la Argentina…
Probablemente. Pero allá (en Brasil) la derecha perdió. Tuvo 51 millones de votos, Dilma tuvo 3 puntos más, pero de todas maneras fue un golpe para las políticas sociales de mucho éxito. En Ecuador, Lenin le ganó a uno de los banqueros más grandes del país, gana por muy poquito. Pero perdió en sectores organizados socialmente incluso, donde habían políticas sociales que beneficiaron a la mayoría de la población. No se hizo lo suficiente para ganar conciencia. Allí empiezan los argumentos que usted bien conoce como: “Dios me ayudó, me esforcé mucho, el Estado no me da nada”. La gente siente en la carne eso, porque ahora se da cuenta que había mejorado y el esfuerzo que ponía el Gobierno.

En el caso de Brasil el neoliberalismo es más frágil, primero porque no habían ganado elecciones, segundo el gobierno tiene el 3 por ciento de apoyo, no tiene caudal electoral. Tercero, hay una unidad muy fuerte de izquierda, donde Lula tiene un carácter de líder avasallador, donde si no es candidato va definir quién es el favorito para ganar. De allí que para América Latina, Brasil es decisivo, no sólo por el peso, sino por la fragilidad de ellos, y por el plazo del desenlace de este momento de crisis más profunda de la historia económica de Brasil, porque algún desenlace va a haber.
¿Eso puede influir en Argentina?
Sí, posiblemente ganando López Obrador, o el PT o lo que sea, va a significar frenar un poco al neoliberalismo. Por el contrario, si en Brasil se consolida, el viraje a la derecha se consolidará.
¿Porque cree que pasó, tanto en Brasil, Argentina, Chile, Fernando Lugo en Paraguay que terminan siendo derrotados o desplazados?
Lugo no tuvo tiempo de consolidarse, no es justo evaluarlo por el poco tiempo que tuvo, frenado por un parlamento, frenado por un vicepresidente. Los otros sí.
¿Pero por qué cree que pasó?
Por esa razón, (Alvaro) García Linera lo dice muy bien: “Cuando una fuerza política gana, la disputa ideológica sigue hasta la victoria política”. Con convencer a la mayor parte de la población a que tema el gasto excesivo del Estado, ganaron en los 90 una, dos o tres veces. Recién perdieron cuando convencimos de que había una gran desigualdad social. Con eso ganamos siempre, pero ellos fueron cambiando la agenda. Entonces cuando se llega a 2015 en Argentina, la agenda nacional es otra, ya no es la desigualdad social la centralidad que fue el espíritu de fuerza de nuestro gobierno. Ya empieza el tema asociado al gasto del Estado y a la corrupción que justifica los supuestos gastos, esta nueva agenda ganó a la mayoría de la gente acá.
Argentina firmó un acuerdo con el Fondo Monetario por 50 mil millones de dólares, ¿qué significa esto en materia política para la región?
Significa que, en Brasil y Argentina, el neoliberalismo no tiene nada de nuevo, propone lo mismo que en los 90, sin la paridad del 1 a 1, pero es lo mismo. Con todo el ajuste que hay allá hay un cierto control de la inflación, pero con una recesión letal, con 27 millones de personas desempleadas. Ahora están vendiendo la idea de un Fondo Monetario flexible. ¿En dónde está ese modelo? Al contrario, ya están comenzando a decir que el pueblo va a sufrir, que va a ser duro. Dígame dónde el ajuste fiscal derivó en una recuperación económica. No hay nada de nuevo en esto, es el camino de la depresión y derrota. En Brasil y Argentina, se aplica el mismo modelo que en los 90 y eso fracasa. En Brasil con la simple huelga de camioneros se cayó todo el optimismo de la recuperación económica, vuelve a ser un punto preocupante, después de dos años, dos años y medio, ni siquiera temperaron ese ajuste con políticas sociales, allá por lo menos. Acá no hicieron nada sustancial, allá congelaron los recursos por 20 años para políticas sociales. Por eso Lula dice que es ingobernable el país sin un referéndum revocatorio de las medidas, tiene que tener una votación del parlamento. Después sumar a los pueblos, sin eso incluso, la votación de los derechos de los trabajadores tendría que tener eso mínimamente para que sea gobernable.
Hay una discusión ideológica que los pensadores, filósofos no deberían involucrarse en política…
Hay un reflujo de la intelectualidad en Latinoamérica. En todos los periodos importantes en nuestra historia hubo nuevas corrientes, no sólo políticas, sino culturales, pero la intelectualidad está en cierto reflujo. En gran medida porque nuestros gobiernos fueron minimalistas en el sentido que se preocuparon en resolver problemas básicos que son poco heroicos. Venimos del “otro mundo es posible”. Pero es imposible decir que esos gobiernos son el otro mundo posible, porque atacaron temas básicos. La gente se dio cuenta del retroceso que hubo en esta última época. Lula repite lo que siempre dice: “El hambre y la miseria no llevan a la revolución. Llevan a la degradación, a la sumisión. Para llegar a la revolución, antes que todo hay que crear condiciones mínimas de dignidad en condiciones de vida. La gente no apoyó eso, el antineoliberalismo. Había gente que idealizaba que el capitalismo sólo llegó a la época neoliberal y ahora solo se sale de eso con el socialismo, porque teóricamente el capitalismo está más mercantilizado que nunca. En la derrota política, hay que mencionar también eso. Latinoamérica sufrió mucho los retrocesos, la crisis de la deuda, las dictaduras militares, y es el continente que tuvo más gobiernos neoliberales y los más radicales. Nadie más, salvo los pensamientos abstractos de Hugo Chávez, planteaba el socialismo en la actualidad. El intelectual siempre quiere interpelar la realidad desde la teoría y es la teoría la que debe ser interpelada por la realidad.
Es decir, los gobiernos “progresistas” no sirven desde esa teoría…
No, es minimalista, esos programas antineoliberales son épicos, fantásticos, heroicos, además critican las alianzas, una alianza en este periodo histórico es un sentido mayoritario. Pero es imposible llegar y gobernar sin alianzas.
¿Hay chances de que esa corriente de izquierda renazca?
Está en manos de Brasil y de Lula esa posibilidad. Hoy está de pie preso. Eso puede dar nuevo impulso.  Hay que combinar una serie de factores que ya no están, además parte del empresariado está muy unido en contra de la izquierda, porque está haciendo mucho dinero con este modelo.
¿Cuánto ha influido la emergencia de Donald Trump en Estados Unidos para que se incline la balanza?
Tiene un efecto directo sobre México pero no tanto sobre los otros. Lula dice que Bush fue más receptivo que Obama. Cuando vino en las elecciones acá el golpe a Brasil, ni él ni Hillary nunca dijeron nada. Trump es síntoma de un fortalecimiento de una corriente extrema en el mundo.
 

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