Macron

Nuevos equilibrios

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La liberación de Lula Da Silva después de 580 días preso, volvió a sacudir al péndulo de la política latinoamericana dominada en los últimos años por gobiernos conservadores que rompieron con una década en la que la idea de “patria grande” estuvo más presente que nunca. 

Lula recupera la libertad en un contexto distinto al que entró a la cárcel. 

La entronización de la derecha se ve amenazada por el fracaso de Mauricio Macri, el colapso del oasis chileno, donde Miguel Juan Sebastián Piñera resiste los embates de la revuelta social. 

El propio Brasil, donde Jair Bolsonaro gobierna a fuerza de improperios y fake news, no es el mismo y el mundo se pregunta qué quedará de la potencia verdeamarelha después del incendio de las relaciones internas e internacionales. 

Del otro lado, Evo Morales vive su reelección acosado por denuncias de fraude y amotinamientos. Maduro es una caricatura de lo que fue el comandante Hugo Chávez y apenas puede sostenerse en pie. La patria grande no es la misma. Por el contrario, es una enorme olla a presión que no admite viejos liderazgos. La revuelta chilena muestra que, al igual que las protestas en Francia, no tiene conducción política clara y mucho menos, un político al frente. Ahí quizás haya sacado una luz de ventaja la institucionalidad argentina, que logró encauzar el descontento a través de las urnas y cambió con los votos, una política económica que dejó un tendal de pobres y endeudó al país por varias futuras generaciones. 

¿Marcarán el triunfo de Alberto Fernández y la reaparición de Lula el comienzo de un nuevo liderazgo regional?

En principio, el brasileño tiene una libertad condicionada a que no se confirme su sentencia. Parece una obviedad que nadie deba estar preso sin una sentencia firme. Pero el ex presidente tenía una prisión preventiva similar a la de numerosos detenidos de la política Argentina y de millones de presos comunes que no tienen ninguna visibilidad. Lula estaba preso por un supuesto acto de corrupción aunque en la sentencia se reconoce que no hay pruebas concretas de que haya sido beneficiario. El proceso fue liderado por Sergio Moro, el juez que terminó siendo ministro de la Corte de Bolsonaro. “Moro estaba cumpliendo con su misión. Si esa misión que él tenía no hubiera sido bien cumplida, yo tampoco estaría aquí; entonces en parte de lo que ocurre en la política de Brasil se lo debemos a Sergio Moro”, dijo Bolsonaro en un acto oficial.

Raro republicanismo que persigue y encarcela opositores. Hasta la ONU se mostró interesada por la injerencia del Gobierno en la Justicia argentina: el Alto Comisionado de las Naciones Unidas, encabezado por la ex presidenta chilena Michelle Bachelet, el mismo que hace unos meses condenó las violaciones a los derechos humanos del presidente venezolano Nicolás Maduro, acusó a Macri de la utilización del Consejo de la Magistratura para presionar a jueces a través de la comisión de disciplina, designación ilegal de jueces y hasta de perseguir a quienes consideraba díscolos. La institucionalidad y el republicanismo también parecen ser parte de un relato con innumerables grietas. 

Pero Macri ya está de salida y se abre el interrogante ¿se reconstruye esa patria grande? ¿Están dadas las condiciones? Impredecible, aunque seguramente Fernández y Lula puedan hacer de contrapeso de una corriente que inclinó la balanza del continente hacia la derecha y un enorme retroceso en los derechos sociales y políticos. 

Fernández encabezó este fin de semana el Grupo de Puebla, que reunió a ex presidentes e intelectuales de centroizquierda con esa mirada en común.

Dilma Rousseff, Fernando Hadad de Brasil, José Mujica de Uruguay, Fernando Lugo de Paraguay, y más atrás, Rafael Correa, le dan sustento político al grupo que lidera el presidente electo argentino. Cristina no está en la nómina, aunque la figura de Lula libre marca una fuerte presencia. El ex presidente brasileño mandó saludos via teleconferencia y llamó a construir “la unidad latinoamericana”. 

El objetivo no es generar una referencia ideológica sino reencontrar un sistema político que devuelva la equidad perdida, el equilibrio y la igualdad social”, definió Fernández. 

Pero la prioridad deberá estar puesta en la reconstrucción del tejido económico y en suavizar la grieta que se agranda a cada minuto entre los fanáticos de uno y otro lado. 

La Argentina está hoy en estado de coma, con una industria paralizada hace más de año y medio, el consumo en brutal declive y la pobreza y el desempleo en alza minuto a minuto, con una inflación que nunca fue controlada y terminará siendo el doble que la dejada como herencia por Cristina Fernández. Los dos últimos años marcarán un triste récord de una inflación por encima del 50 por ciento. 

Las obras de infraestructura, exhibidas como el gran legado de Macri, también muestran fisuras, incluso en el relato oficial del Instituto Nacional de Estadística y Censos. El informe de Condiciones de Vida revela que prácticamente nada ha mejorado la situación de los más vulnerables. Al primer semestre de 2019 hay 1.315.000 personas que viven en hacinamiento crítico. Equivale al 4,7 por ciento de la población y es un dato apenas más bajo que en el segundo semestre de 2016, cuando eran 5,3 por ciento.

Además, el 11,4% de las personas no accede al agua corriente (3,2 millones de personas), el 35,4 por ciento no tiene gas de red (10 millones de personas) y el 33,3 por ciento no tiene cloacas (9,4 millones de personas).

En 2016 los valores eran muy similares y las mejoras son muy leves. En agua corriente la falta de acceso en 2016 era de 12,2% y en 2019 de 11,4%. La falta de cloacas en 2016 alcanzaba al 34,7% y hoy al 33,3%.

En la cobertura de gas de red hubo retroceso, ya que en 2016 las personas que no tenían gas de red eran el 34,3% y en 2019 son más, el 35,4 por ciento, relevó la Doctora en Desarrollo Económico Julia Strada. 

Al menos 14,2 millones de personas no acceden al menos a uno de los tres servicios. Por ende, sólo el 50% de la población urbana tiene los tres (agua corriente, gas de red y cloaca). Y al otro 50% le falta siempre alguno de los 3 servicios, o 2 de 3 o directamente carece de los 3 servicios. En alquileres h hay 4,4 millones de inquilinos y son el 15,6% de la población. Este porcentaje subió respecto de 2016, cuando eran el 14,5%. Es decir, en tres años – entre 2016 y 2019- hay 440 mil nuevos inquilinos o medio millón de personas más que alquilan.

Pensar que inmediatamente volverán tiempos mejores, sería muy ingenuo. Para hacer política exterior, primero habrá que consolidar la interior. 

De todos modos, Fernández parece contar con un visto bueno que muestra el acierto de la jugada de Cristina al haberlo puesto como candidato: no genera los rechazos que cosechaba ella. Ya tiene el respaldo de Donald Trump para negociar con el FMI, de Manuel Macron, quien lo espera en Francia antes de asumir y hasta del BID, que ofreció conexiones para renegociar la deuda. Con Antonio Manuel López Obrador hizo buenas migas y en este contexto eso es mucho más que cualquier retórica.

Los empresarios saben que no habrá milagros y a diferencia de otros momentos, incluso críticos durante el mandato de CFK, ahora coinciden en que la prioridad debe estar puesta en la reactivación, por encima de otras variables, aunque la baja de tasas de interés está también en el podio de necesidades. A esta altura, una inflación promedio de 25 por ciento como en los últimos años de Cristina, suena a un dulce recuerdo, en comparación con la imprevisibilidad de la suba de precios actual que parece no terminar nunca. Antes de dejar la Casa Rosada, Macri tiene en carpeta otros aumentos, como el del combustible -el congelamiento termina la semana que viene-, que genera un efecto en cascada en todos los precios que dependen de la logística. 

Los empresarios misioneros, consultados por Economis no piden “milagros” al nuevo Presidente y saben que está muy limitado por la crisis económica, financiera y fiscal. Es decir, todos saben que acá no hay soluciones mágicas de un día para otro y que el año 2020 se presenta muy complicado desde lo económico. El presidente de la Confederación Económica de Misiones, Alejandro Haene, planteó la regionalización de las cargas fiscales y revisar contratos laborales por regiones, sin que se toquen salarios, pero bajando la presión sobre las empresas que hoy están agobiadas. 

Los hombres y mujeres de negocios de Misiones insisten en que es necesario bajar tasas y contemplar las diferencias geográficas para atenuar los costos de producción, algo que nunca se concretó en estos años en los que abundaron las promesas. La ley Pymes y el famoso artículo 10 quedaron en la nada de las campañas. 

La expectativa de los empresarios es compartida por el Gobierno provincial. Recuperar una relación que contemple el diálogo como herramienta de gestión y, sobre todo, normalidad económica. Misiones es una de las provincias que trabó un litigio contra la Nación por el manotazo a los recursos de la coparticipación para financiar la campaña presidencial. La campaña terminó en fracaso, pero los recursos siguieron descontándose y hasta ahora no hay certezas de cómo y cuándo se hará la devolución, que seguramente terminará siendo un problema del próximo gobierno.

El gobernador Hugo Passalacqua comenzó el proceso de despedida con una reunión de Gabinete en la que agradeció a todos los funcionarios por el acompañamiento en la tarea de Gobierno y se trazaron algunas líneas de trabajo para los “31 arduos días de trabajo que quedan” hasta el traspaso. 

Passalacqua insiste en que la gestión debe terminar “cerca de la gente” en momentos de extrema vulnerabilidad con una emergencia alimentaria en vigencia. “Atender permanentemente la cuestión social, en especial a los sectores más vulnerables de la sociedad…y sobre todo, austeridad”, pidió el mandatario al pleno de funcionarios reunidos en la Residencia Oficial.

El gobernador electo, Oscar Herrera Ahuad tiene a su favor una transición en orden, mientras que define quienes serán sus colaboradores. Hasta ahora, pese a la insistencia en apurar nombres, son pocos los que fueron confirmados en sus puestos y menos los que saben que se van. Hay un puñado de nombres que ocuparán sillones después del 10 de diciembre. Pero la ansiedad contrasta con la calma que cultiva el mandatario, conocedor de los tiempos del interior profundo.

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Macron promete una marcha internacional para salvar la Amazonía

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El presidente Macron aseguró que trabajará para movilizar a los siete países del encuentro en la lucha contra el fuego, al tiempo que llamó a “preservar ese tesoro de la biodiversidad”.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, aseguró hoy que la cumbre del G7 que empieza este sábado trabajará para movilizar a sus siete países en la lucha contra el fuego en la Amazonía y para invertir en su reforestación, al tiempo que llamó a “preservar ese tesoro de la biodiversidad”.

En un mensaje televisado y difundido horas antes del inicio oficial de la cumbre en Biarritz, en el suroeste francés, Macron subrayó que la Amazonía es un “bien común”.

“Vamos a lanzar no solo un llamamiento, sino una movilización de todas las potencias que están aquí, en asociación con los países de la Amazonía, para invertir en primer lugar para luchar contra esos incendios en marcha”, dijo.

Macron añadió que se quiere invertir también en la reforestación y para permitir a sus pueblos autóctonos y a las ONG desarrollar actividades adecuadas para “preservar ese tesoro de la biodiversidad”.



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Apertura o proteccionismo, lo que está en juego en el acuerdo con la Unión Europea

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Hace unos días el Gobierno anunció la firma de un acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur básicamente para que, a través de la eliminación de barreras arancelarias y cupos, se incremente el comercio entre ambos bloques de países.

El hecho tiene una trascendencia incluso mayor que la propia creación del Mercosur y genera la obligatoria polémica a la que estamos acostumbrados por estos lugares; muchas especulaciones se están realizando sobre a quiénes beneficia y a quiénes perjudica, por ende es importante tener en claro algunos conceptos:

1 El tiempo:

El acuerdo tiene que ser refrendado por los poderes legislativos de los países comprometidos. Expertos estiman que esto podría llevar un plazo de dos años con lo cual mañana no va pasar nada todavía. No obstante dos años pasan rápido y si esto se ratifica (esperemos que así sea aunque Francia ya manifestó su desacuerdo) va a cambiar para siempre el comercio exterior de nuestro país.

2 A favor o en contra

La eterna discusión entre librecambistas y proteccionistas vuelve a florecer. Los primeros exponen basados en las ideas de David Ricardo y sucesores sobre el argumento que el comercio internacional genera beneficios para todos, ya que permite desde el lado de la demanda tener a disposición más bienes para comparar a la hora de elegir y desde el lado de la oferta más consumidores para venderles productos; los segundos establecen que hay que proteger la industria nacional para que se desarrolle, y la principal manera de hacerlo es con cupos y aranceles a los productos importados. La literatura es sumamente amplia sobre este tema, la realidad es que los países desarrollados son ambas cosas dependiendo del momento y del rubro que se trate. Europa y Estados Unidos protegieron su industria hasta que se desarrolló y aplican subsidios y trabas arancelarias a su producción agrícola para custodiarla de los productos de los países en vías de desarrollo. 

Lo cierto es que no se puede hacer una religión ni de una idea ni de la otra: todo depende del país, del rubro y del poder de lobby que tenga el empresario que se ve amenazado por la competencia internacional.

El dato que no hay que dejar de tener en cuenta es que a Argentina le fue muy bien con el modelo agroexportador. De hecho es cierto que tuvo el PBI per cápita más alto del mundo vendiendo trigo y carne; ver cuadro:

En el año 1895 Argentina superaba en PBI per cápita incluso al propio Estados Unidos, pero ¿cuándo empieza la decadencia?: existen muchas opiniones y no queda claro todavía si en los años 30 (culpa de Uriburu) o en los años 40 (culpa de Perón) pero sí está claro que a medida que el país se fue cerrando al mercado interno, fue perdiendo su pujanza económica. 

La patria agro exportadora fue muy criticada por las desigualdades sociales que coexistían en el país, pero hay que ubicarse en la época: el Keynesianismo, el Estado de bienestar, la responsabilidad de contención de los sectores más vulnerables, etc. son conceptos que nacieron años después, por lo que cualquier modelo hubiera acarreado tales desigualdades, ya que era el rol del Estado y no lo que se producía lo que las generaba.

El otro punto a mirar con lupa es la crítica que se hace a los procesos de apertura comercial que tuvo la Argentina en los años recientes, sobre todo en la última dictadura y en la década del 90 y cómo el país cayó en un proceso de desindustrialización por tener que competir con productos más baratos. 

No me gusta generalizar ya que cada sector de la industria tiene su realidad, pero si hay algo en común en estos dos procesos: que la Argentina tuvo el tipo de cambio atrasado (o el dólar barato) que hacían que nuestros productos, por más eficientes que fueran los empresarios, fueran caros para el resto del mundo. Pero la culpa fue de la política cambiaria primero de la plata dulce de Martinez de Hoz y después el uno a uno de Cavallo  y no de la dinámica del comercio en sí, con lo cual sería un suicidio tener una moneda única con Brasil y abrirnos al mundo, como lo explicamos acá https://economis.com.ar/la-moneda-unica-no-esta-facil/.

Vengan de a uno por las conclusiones:

Con el comercio exterior nos fue bien.

Las desigualdades no son culpa del comercio exterior, al contrario China sacó más gente de la pobreza extrema comerciando con el mundo que con el comunismo cerrado de Mao Tse Tung.

Nuestro país es muy chico para crecer con el mercado interno, debemos vender afuera si queremos crecer.

Que si vamos a vender materias primas y comprar productos industriales es una estupidez: compramos lo que queremos o necesitamos (si no le compramos a Europa le seguiremos comprando a China, Brasil, etc.). Nadie nos obliga.

También vendemos lo que producimos, y si hoy producimos materias primas eso es lo que vamos a vender. También aquí conviene aclarar que la agricultura cambió y la mano de obra que genera toda la cadena entre maquinaria, estudios, seguros, agroquímicos generan bastante más empleo que un tipo tirando semillas o arreando el ganado como era en 1895.

¡Bienvenido sea el tratado! ¿Qué va a pasar? Depende de los negocios que sepamos generar. Ahora, por favor, no atrasen el dólar (cosa que ya está ocurriendo) porque va a ser un desastre que para variar le vamos a echar la culpa a los malos europeos por fundirnos y no como corresponde a nuestras erráticas políticas cambiarias.

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Macri pasó de la «lluvia de inversiones» a la catarata de importaciones

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La quita de aranceles a los productos de la Unión Europea provocará una catarata de importaciones, justificada por el gobierno de Mauricio Macri bajo la perimida excusa de fomentar la «competitividad». Del Pacto Roca-Runciman al acuerdo Mercosur-UE se repite el esquema más antiguo sobre el modelo productivo nacional, que otra vez se vuelve más primario y agrega menos valor.

Foto: Presidencia

“No exportemos cuero exportemos zapatos” 

                                                                         Manuel Belgrano (1802)

El acuerdo de libre comercio entre lo que queda del Mercosur y la Unión Europea, que el gobierno de Mauricio Macri anunció como si se tratara de una gran noticia para los argentinos y cuya letra fina aún se desconoce, reafirma una vez más el rol de economía subordinada que las elites económicas criollas vienen proyectando desde los inicios mismos de la historia argentina. 

Ante las alarmas y las críticas que despertó la noticia, el ministro Dante Sica dio el mismo argumento que se utilizó durante la última dictadura militar y luego durante la década menemista: “para competir con el mundo deberemos mejorar la productividad y la eficiencia”. El acuerdo le pone fin al 91% de los aranceles que el Mercosur le imponía a los productos europeos, es decir que lejos de la lluvia de inversiones prometida en 2015, lo que va a llegar es una catarata de importaciones de productos que tendrán una consecuencia ruinosa sobre la industria argentina. Además el cinismo radica en que sin créditos y en una prolongada crisis, la única y verdadera reconversión posible es cerrar las persianas. Lo más llamativo es que el contexto mundial no es de apertura y libre comercio, sino de proteccionismo y competencia cerrada. 

También se le permitirá a las empresas europeas competir en las licitaciones para las obras públicas, sin ventajas para las nacionales. Cuando se encuentran en el mercado mundial un poderoso y un débil, el libre comercio es la garantía de una injusticia. 

Es la confrontación más vieja y la discusión más perimida con la que contamos, y sin embargo, otra vez nos la presentan como panacea, aquellos que pensaron que este gobierno encarnaba una derecha moderna por el solo hecho de su uso eficiente de los medios de comunicación y de las tecnologías de las redes sociales, tal vez entiendan el sentido profundamente anticuado de las políticas que pregona Cambiemos con un breve vistazo por la historia. 

Luego de la profunda crisis mundial desatada desde el desplome de la Bolsa de Nueva York en 1929, las grandes potencias económicas del mundo cerraron sus economías, el discurso proteccionista barrió casi por completo las ideas de libre comercio y se cerraron sobre si mismas. Las elites argentinas entraron en desesperación al comprobar que su principal comprador, la Corona Británica, se reunió en Ottawa con los integrantes de la Comunidad Británica de Naciones (Commonwealth), el conjunto de países vinculados por lazos históricos y culturales con Gran Bretaña, casi todas sus ex colonias. Estas le reclamaron un trato preferencial frente a la crisis: querían prioridad para venderle materias primas. El principal perjudicado era Argentina. Así es que en 1933, en Londres, se firmó un acuerdo entre el vicepresidente argentino Juliuo Argentino Roca (h) y el encargado de negocios inglés Walter Runciman. En su alegría desbordante ante la firma del tratado, el vicepresidente argentino no dudó en decir: “La geografía política no siempre logra en nuestros tiempos imponer sus límites territoriales a la actividad de la economía de las naciones. Así ha podido decir un publicista de celosa personalidad que la Argentina, por su interdependencia recíproca es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico”. La famosa integración al mundo desde esta particular visión.

Las condiciones que impuso este pacto fueron entre otras: a cambio de que Inglaterra no disminuya sus compras la Argentina se comprometía a que la carne se compre en un 85%  exclusivamente vía frigoríficos ingleses el 15% restante con frigoríficos argentinos que no persigan fines de lucro. EN su momento el senador Lisandro de la Torre denunció “En estas condiciones no podrá decirse que Argentina se haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer en sus dominios semejantes humillaciones”. Además se le quitaban los impuestos al carbón inglés perjudicando al petrólea argentino y la recaudación impositiva. Se le debió dar trato privilegiado a las inversiones inglesas incluso por sobre las argentinas. Y se debían contratar préstamos con instituciones bancarias de la Corona. Pero aún más humillante fue que se realizaron clausulas secretas. Una estuvo vinculada con el transporte público: los ingleses tenían en Argentina taxis y subterráneos, pero les había surgido la competencia de un invento criollo “el colectivo”, el tratado le otorgó a los ingleses el monopolio del transporte por 56 años. El escándalo fue tan descomunal que esta ley casi no se aplicó. La otra clausula secreta fue la creación del Banco Central, donde se le otorgó a la banca inglesa el control financiero del país. Se le impusieron obligaciones al Estado argentino como poner la mitad del capital, pero no tenía derecho a tener la mayoría del directorio. Se favoreció en impulsó el endeudamiento externo. 

Es decir que en función de los intereses de los sectores exportadores se sacrificó a la insipiente industria argentina y las arcas del estado. Las consecuencias para la economía nacional fueron ruinosas, el contexto político era el de la llamada “década infame”, y fue la salida predilecta, una y otra vez, que los exportadores quisieron imponer como proyecto de país.

Cada encuentro internacional deja en claro que las potencias no están abriendo sus economías, por el contrario, las cierran. Las condiciones del acuerdo que se conocen hasta ahora muestran que el compromiso alcanzado tiende a destruir los mercados internos de Argentina y Brasil. Con la misma astucia de siempre se denomina integración a lo que en los hechos es una subordinación. El emocionado ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Jorge Faurie, dijo que hace veinte años que nuestro país quería firmar un acuerdo con Europa y no lo había conseguido “Nosotros supimos hacerlo”. Tiene razón, las condiciones que exigían los europeos eran demenciales y nadie estaba dispuesto a concederlas. Macri si estuvo dispuesto desde el primer día pero el resto del Mercosur, sobre todo Brasil, no quería aceptar. La llegada de Bolsonaro a la presidencia y su política de apertura hiperneoliberal generaron las condiciones para que el acuerdo se haga posible. No se mide por la habilidad, sino por la disponibilidad a la entrega.

Son tantas y alevosas las coincidencias históricas: antes decían que éramos el granero del mundo, ahora el presidente Macri dijo que somos el supermercado del mundo. Generar trabajo y desarrollo argentino sigue siendo una asignatura pendiente.

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Los “chalecos amarillos” mantienen su desafío al Gobierno de Macron

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Al menos 50.000 personas se manifiestan en una nueva jornada de protestas en Francia con varios incidentes. Macron denuncia una “violencia extrema”
El País – El objetivo de los chalecos amarillos era claro: demostrar que pueden mantener el pulso con un Gobierno que sienten que sigue sin “entender” lo que le reclaman. La estrategia tampoco cambió: salir a las calles un sábado más, el octavo, para demostrar su fuerza. Pero el desafío era mayor en esta primera cita de 2019: tras la drástica caída de manifestantes en las últimas convocatorias, una participación contundente era clave para justificar la presión ante un Ejecutivo que ha vuelto a endurecer su tono y califica a los que insisten en continuar las protestas de “agitadores”. Miles de personas, visiblemente más que hace una semana, respondieron al llamamiento en una jornada en la que volvieron a registrarse choques violentos con la policía en varias ciudades, incluido un París mucho más movilizado que siete días atrás.


Según el Ministerio del Interior, 50.000 personas salieron a protestar este sábado en toda Francia, muchas más que hace una semana. Las imágenes tanto en París como en otras ciudades donde se celebraron protestas —como Burdeos, Nantes o Toulouse— evidenciaban una mayor presencia que siete días atrás. Solo en París marcharon 3.500 personas, una participación también muy superior a la de la semana pasada y que llega a la de mediados de diciembre.
En cualquier caso, siguen siendo cifras muy lejanas a los más de 100.000 manifestantes que protestaban a comienzos de diciembre o de los 282.000 de la primera convocatoria, el 17 de noviembre. La gran cuestión es si la nueva oleada de manifestantes bastará para mantener el pulso con el Gobierno. Según el ministro del Interior, Christophe Castaner, no. “50.000, eso es un poco más de una persona por municipio de Francia. Esa es la realidad de los chalecos amarillos hoy. Se ve bien que ese movimiento no es representativo de Francia”, declaró.
París fue una vez más el epicentro de unas protestas en las que se vivieron varios momentos de tensión con el millar de agentes desplegados, 3.600 en todo el país. La policía no dudó en volver a lanzar gas lacrimógeno para reprimir a grupúsculos violentos y a los chalecos amarillos que trataban de llegar hasta la Asamblea Nacional, fuertemente protegida. Al ver cortado su camino, algunos chalecos amarillos se trasladaron hasta el vecino bulevar de Saint Germain, donde intentaron detener el tráfico —no había en París una consigna generalizada de cierre de museos ni comercios, y apenas se limitó el transporte público— con barricadas incendiarias retiradas rápidamente por los agentes. Con la caída de la noche también regresaron a los Campos Elíseos, centro habitual de sus protestas y donde volvieron a vivirse momentos de tensión, con choques policiales y vehículos volcados o incendiados. Al menos 20 personas fueron detenidas, según la Prefectura de Policía de París.
El portavoz del Gobierno, Benjamin Griveaux, que el viernes había calificado de “agitadores” a los manifestantes,tuvo que ser evacuado después de que varios chalecos amarillos lograran entrar en sus oficinas. “Hay una minoría que llama siempre a la insurrección y a derrocar al Gobierno. Creo que la mayoría quiere la calma y el diálogo, los que han entrado no se han comportado como ciudadanos”, lamentó. El ataque provocó una dura reacción del presidente Macron. “Una vez más, una violencia extrema vino a atacar la República – a sus guardianes, a sus representantes, a sus símbolos. Quienes cometen estos actos olvidan el corazón de nuestro pacto cívico. Se hará justicia. Todos deben serenarse para que pueda producirse el debate y el diálogo”, escribió el presidente en Twitter.
Pese a los incidentes, y al contrario que en movilizaciones anteriores, las dos concentraciones principales previstas en la capital habían sido debidamente declaradas y autorizadas por las autoridades: una primera desde la avenida de los Campos Elíseos y que acabó confluyendo con otra que, partiendo de la plaza del Ayuntamiento, atravesó el río Sena en un intento de llegar hasta la Asamblea Nacional.
Para Nelly, una parada y madre de cinco niños del departamento de Loiret, al sur de París, era el cuarto sábado que acude a la llamada de los chalecos amarillos. Y seguirá haciéndolo, aseguró, todas las veces que sea necesario. “Esto acabará cuando (el presidente) nos dé lo que queremos. Esto no se va a calmar”, advirtió.
En las últimas semanas, Emmanuel Macron ha hecho varias concesiones. Además de anular la tasa a los carburantes previstas para este enero, aprobó varias medidas para aumentar el poder adquisitivo ciudadano por un valor estimado en 10.000 millones de euros. Entre otros, se decretó un aumento del salario mínimo en cien euros —mediante el aumento de la llamada prima a la ocupación— y la exención de impuestos y cargas fiscales a las horas suplementarias. El Gobierno también se ha mostrado abierto a discutir otra de las demandas que en las últimas semanas tomaron fuerza entre los chalecos amarillos: los referendos de iniciativa ciudadana (RIC) en los que, como indica su nombre, la iniciativa para estas consultas parte de los ciudadanos y no de los parlamentarios, y que requieren además un menor número de firmas para lanzarlos. Macron quiere que estos temas sean discutidos en el “debate nacional” que anunció el 31 de diciembre y que comenzará a mediados de enero, organizado por los alcaldes de toda Francia.
Pero ninguna de estas medidas o propuestas son suficientes para los chalecos amarillos que insisten en mantener el pulso con el Gobierno.
“Tenemos cosas que decir y esto no ha acabado. Continuaremos hasta que (Macron) proponga algo más constructivo”, dijo a los periodistas durante la marcha Priscillia Ludosky, una de las iniciadoras de la protesta que rechaza el debate nacional de Macron y que había llamado a una fuerte movilización este sábado para forzar al Gobierno a dialogar según sus condiciones.

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