La tensión política entre el PRO y el Gobierno nacional sumó este miércoles un nuevo capítulo. El senador nacional por Misiones, Martín Goerling, presentó un proyecto de resolución para citar al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a comparecer ante el Senado el próximo 2 de julio, con el objetivo de que brinde explicaciones sobre la evolución de su patrimonio y presuntas inconsistencias detectadas entre sus declaraciones juradas y manifestaciones públicas.
La iniciativa marca una señal política de alto voltaje dentro del PRO y profundiza las diferencias con La Libertad Avanza en un momento de creciente tensión parlamentaria. Goerling, quien preside el bloque amarillo en la Cámara alta, no sólo impulsa la interpelación del funcionario sino que además propone que, en caso de que Adorni no concurra al recinto, el Senado avance directamente en el tratamiento de una moción de remoción prevista en el artículo 101 de la Constitución Nacional.
Según el texto presentado este 24 de junio, el Senado debería convocar a Adorni para ser interpelado respecto de “omisiones e inconsistencias” que habrían surgido entre sus declaraciones patrimoniales, las correcciones posteriores reconocidas públicamente y sus exposiciones ante la Cámara de Diputados.
El proyecto también solicita que el jefe de Gabinete explique qué medidas adoptó desde su función institucional frente a lo que el documento describe como el reconocimiento público de una situación de evasión fiscal, al tiempo que señala que el origen lícito de determinados fondos aún no habría sido acreditado.
La iniciativa lleva la firma de Goerling y fue ingresada formalmente este martes en la Cámara alta.
La movida del senador misionero se produce apenas horas después de una votación significativa en la Cámara de Diputados. Allí, el bloque PRO acompañó el emplazamiento impulsado por el diputado de la Coalición Cívica, Maximiliano Ferraro, para acelerar el tratamiento de los pedidos de interpelación y moción de censura contra Adorni.
El dato político no pasó inadvertido. Aunque los diputados del PRO rechazaron avanzar directamente con una moción de censura, sí votaron de manera unánime a favor de emplazar a la Comisión de Asuntos Constitucionales para que trate el asunto sin dilaciones.
Esa posición comenzó a mostrar un mayor distanciamiento respecto de la estrategia parlamentaria del oficialismo y sus aliados. Ahora, el proyecto de Goerling en el Senado profundiza esa línea y eleva la presión sobre el jefe de Gabinete.
Qué dice el proyecto
El texto presentado por el senador misionero establece cuatro puntos centrales:
Convocar a Manuel Adorni al Senado el 2 de julio.
Requerir explicaciones sobre su evolución patrimonial y declaraciones juradas.
Solicitar informes sobre las medidas adoptadas desde la Jefatura de Gabinete frente a las irregularidades denunciadas.
Avanzar en una moción de remoción si el funcionario no concurre a la citación.
La presentación adquiere especial relevancia porque proviene del presidente del bloque PRO en el Senado y se produce en medio de una creciente discusión sobre el vínculo entre el partido fundado por Mauricio Macri y el Gobierno de Javier Milei.
Mientras en Diputados el PRO ya había mostrado señales de autonomía al respaldar el emplazamiento promovido por Ferraro, la iniciativa de Goerling abre un nuevo frente institucional que podría derivar en uno de los debates políticos más sensibles de las próximas semanas.
La presentación del legislador misionero reconfigura el escenario parlamentario. Hasta ahora, los cuestionamientos a Adorni se concentraban principalmente en sectores de la oposición dialoguista y de la Coalición Cívica. La decisión del PRO de acompañar mecanismos formales de control y ahora impulsar una interpelación desde el Senado introduce un factor de incertidumbre sobre la solidez de los acuerdos legislativos que venían sosteniendo al oficialismo. Con la convocatoria propuesta para el 2 de julio, la discusión promete convertirse en uno de los principales focos de atención de la agenda política nacional.
La disputa por la posible interpelación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, se convirtió en una nueva prueba de fuerza para el Gobierno nacional en el Senado. A pocos días de una sesión que podría derivar en uno de los debates políticos más incómodos para la Casa Rosada desde el inicio de la gestión libertaria, La Libertad Avanza logró construir una estrategia parlamentaria que, al menos por ahora, le permitiría frenar el avance opositor y ganar tiempo frente a una investigación judicial sobre la evolución patrimonial del funcionario.
La negociación se cerró durante las últimas horas entre el oficialismo y los bloques dialoguistas. El acuerdo contempla modificar las condiciones de tratamiento de la interpelación para exigir una mayoría agravada de dos tercios de los presentes, un requisito que eleva considerablemente la vara para la oposición. A cambio, el Gobierno aceptó abrir el debate en la Comisión de Asuntos Constitucionales, una instancia que permitiría discutir los pedidos de citación a Adorni, aunque sin garantizar una resolución inmediata.
La maniobra fue impulsada por la presidenta del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich, quien solicitó formalmente una reunión de Labor Parlamentaria para modificar el acta acordada durante la sesión preparatoria de la semana pasada. El cambio no es menor: mientras el peronismo sostiene que una moción para convocar a Adorni requiere mayoría absoluta de 37 votos, el oficialismo y sus aliados buscan imponer el criterio de los dos tercios, es decir, 48 voluntades.
Detrás de la discusión reglamentaria se libra una disputa mucho más profunda. El Gobierno pretende evitar que Adorni enfrente una interpelación específica sobre su patrimonio en un momento políticamente sensible. La alternativa que promueve la Casa Rosada es que el funcionario concurra el próximo 2 de julio a brindar un informe de gestión general, reservándose la posibilidad de responder o no a las preguntas de los senadores.
Por eso la actividad política de este martes no estará concentrada únicamente en el Congreso. El propio Adorni convocó a los senadores oficialistas a reuniones escalonadas en la Casa Rosada para explicar personalmente su situación patrimonial y coordinar la estrategia parlamentaria de cara a la sesión del jueves.
La clave del operativo oficialista pasa por los números. La Libertad Avanza cuenta con 21 senadores propios y ya tendría garantizado el acompañamiento de los representantes del Frente Renovador de la Concordia de Misiones, Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, además de la radical chaqueña Silvana Schneider. Con ese respaldo alcanzaría 24 votos y quedaría a apenas una adhesión de bloquear cualquier intento opositor de reunir los dos tercios necesarios.
En ese escenario, vuelven a adquirir centralidad los bloques provinciales y los legisladores que habitualmente actúan como árbitros de las votaciones más sensibles. Entre los nombres que aparecen cerca de la posición oficialista figuran el mendocino Rodolfo Suárez, la neuquina Julieta Corroza, la chubutense Edith Terenzi, el correntino Carlos “Camau” Espínola y la tucumana Beatriz Ávila.
Del otro lado, el interbloque peronista conducido por José Mayans busca consolidar una mayoría amplia que incluya a sectores provinciales, senadores santacruceños, representantes de Salta y Catamarca, además de legisladores de la UCR y el PRO que vienen mostrando distancia con algunas decisiones del Gobierno nacional.
La discusión expone, una vez más, una característica central del actual esquema político argentino: la capacidad del oficialismo para sostener gobernabilidad sin mayoría propia depende cada vez más de acuerdos circunstanciales con gobernadores y fuerzas provinciales. En ese tablero, los votos de Misiones vuelven a ocupar un lugar estratégico.
Si el oficialismo logra imponer el criterio de los dos tercios, la interpelación quedará virtualmente bloqueada y podría postergarse hasta agosto, una vez concluido el receso parlamentario de invierno. Si la oposición consigue quebrar ese cerco, el Senado avanzará hacia una instancia de alto impacto político para el Gobierno.
Más allá del resultado, la pulseada revela que la principal batalla ya no se libra únicamente en el terreno económico. Con la estabilización de algunas variables macroeconómicas, la Casa Rosada enfrenta ahora un desafío diferente: administrar los costos políticos derivados de una agenda institucional que comienza a ganar protagonismo en el Congreso.
La polémica por el auspicio de una marca brasileña de yerba mate a la Selección Argentina escaló en las últimas horas y dejó al descubierto un fenómeno poco habitual en la política nacional: un reclamo transversal que une a dirigentes del misionerismo con sectores del PRO alineados al oficialismo nacional.
A la iniciativa impulsada por los senadores misioneros Sonia Rojas Decut y Carlos Omar Arce, que solicitaron a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) revisar el acuerdo comercial, se sumó un documento del senador nacional Martín Goerling, referente del PRO y cercano al mileísmo, que endurece el tono y amplía el alcance del planteo.
El proyecto de declaración presentado por Goerling expresa un “profundo rechazo y enérgico repudio” a la decisión de la AFA de incorporar como sponsor a una yerba mate de origen brasileño, al considerar que la medida “perjudica de manera directa a las economías regionales” y desplaza a la industria nacional de uno de los espacios de mayor visibilidad global.
El dato político no es menor: el cuestionamiento ya no se limita al espacio provincial misionero, sino que alcanza a sectores opositores que, en otros temas, suelen acompañar la agenda del gobierno de Javier Milei. La yerba mate, en este caso, funciona como un eje de defensa productiva que trasciende alineamientos partidarios.
En sus fundamentos, tanto el proyecto de los senadores misioneros como el de Goerling coinciden en un punto central: la contradicción entre el carácter de “Infusión Nacional”, establecido por la Ley 26.871, y la decisión de promover una marca extranjera en uno de los principales símbolos del país.
Goerling advierte que la medida rompe con la tradición de acompañamiento de empresas nacionales a la Selección y constituye “un precedente lesivo para la soberanía productiva” de provincias como Misiones y Corrientes.
El planteo adquiere mayor peso al incorporar datos estructurales del sector: Misiones concentra el 88% de la superficie cultivada de yerba mate en Argentina, con más de 200 mil hectáreas, mientras que la actividad involucra a más de 13.000 explotaciones y sostiene el entramado económico de amplias zonas del noreste.
En ese contexto, los legisladores advierten que la decisión de la AFA no es un hecho aislado ni meramente comercial, sino que impacta directamente en la cadena productiva y en el empleo, en un momento en el que el sector ya muestra señales de deterioro.
Más que un sponsor: visibilidad, mercado y posicionamiento
El núcleo del conflicto no radica únicamente en la elección de una marca extranjera, sino en lo que representa la Selección Argentina como plataforma de posicionamiento global.
“La máxima vidriera deportiva del país” —como la define el documento— es también un espacio estratégico de marketing internacional. Ceder ese lugar a un competidor externo implica, según los legisladores, resignar una oportunidad clave para promover la producción nacional en mercados internacionales.
El argumento se refuerza con un dato simbólico: mientras el mate se consolida como parte de la identidad argentina a nivel global, impulsado incluso por la visibilidad de los campeones del mundo, la AFA opta por asociar esa imagen a un producto importado.
El reclamo comenzó en el ámbito productivo, con el planteo del diputado provincial Juan José Szychowski, pero rápidamente escaló al plano institucional y ahora suma volumen político en el Congreso.
La coincidencia entre el misionerismo y un sector del PRO alineado al oficialismo nacional introduce un elemento nuevo: la posibilidad de que el tema trascienda lo simbólico y se convierta en un punto de tensión concreta entre economías regionales y decisiones de actores privados con impacto público.
Aunque la AFA es una entidad de derecho privado, los proyectos presentados sostienen que su rol excede lo comercial por su peso cultural y representativo, lo que abre un debate más amplio sobre los límites entre mercado, identidad nacional y políticas de promoción productiva.
En ese escenario, la discusión por un sponsor deportivo se transforma en algo más profundo: un test sobre cómo se defienden —o se resignan— los espacios de visibilidad global de las economías regionales argentinas.
Pasaron apenas siete días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Y el escenario mutó a una velocidad no apta para impresionables. Solo en Argentina. Hace una semana Sergio Massa iba de punto y Javier Milei celebraba por anticipado. Se ilusionaba incluso con ganar en primera vuelta, pero fue el ministro de Economía el que estuvo más cerca de ese hito, mientras que el minarquista se estancó en sus votos de las elecciones primarias, allá hace una eternidad en el tiempo, en agosto. La abrumadora avanzada libertaria se convirtió en un lastimero ruego de respaldos en los set de televisión, que esta vez potenciaron todas las flaquezas e inestabilidad emocional del candidato. La última aparición televisiva de Milei generó estupor. Muchos se preocuparon por el estado de salud del candidato, con evidentes problemas de conexión y de contención de sus emociones. Algunos se preguntaron si está en condiciones de seguir, tanto que él mismo tuvo que salir a aclarar que sigue en carrera.
La evolución de Massa sorprendió a todos. El resultado de las Primarias quedó en el olvido, con un crecimiento de más de diez puntos para conquistar 9.6 millones de votos y quedarse con el 36,68 por ciento del total. En las PASO la suma de Unión por la Patria había sido de 6.460.689 votos.
Milei, que había sido primero, acariciando el 30 por ciento en agosto, se quedó estancado en porcentaje y votos: apenas consiguió 7,8 millones, contra 7.116.352 de las PASO. ¿Será su techo? Juan Schiaretti sumó 869.503 sufragios entre las dos instancias electorales. Milei quedó 1,7 millones de votos abajo de Massa, que sumó casi tres millones de votos desde las Paso.
Cambiemos perdió votos. La suma de Horacio Rodríguez Larreta y Bullrich había dado 6.698.029 votos, el 28,27 por ciento del total. Bullrich sola alcanzó 6,2 millones. Si se comparan los 10,8 millones votos que había sacado Juntos en 2019, la entonces fuerza opositora perdió 4,5 millones de votos en cuatro años.
En Misiones, Massa también levantó su adhesión, aunque no le alcanzó para superar a Milei, quien ratificó el triunfo de las PASO. Pero en la elección de los representantes para el Congreso no hubo dudas: el misionerismo sacó amplia ventaja. Los candidatos de Innovación Federal, que acompañaron a Massa, cosecharon 253.428 votos en la categoría de senadores y 252.335 en diputados nacionales. La Renovación amplía su presencia en el Congreso.
En el Senado renovó las dos bancas en juego y entrarán Carlos Arce y Sonia Rojas Decut. En Diputados ponía en juego una banca y ganó tres: entrarán Daniel Vancsik, Yamila Ruiz y Alberto Arrúa, los dos últimos en las bancas que dejarán Cristina Britez y Héctor “Cacho” Bárbaro.
La alianza Cambiemos sacó 109.836 votos para senadores y 109.856 en diputados nacionales. Así, entrarán Martín Goerling a la Cámara alta y Emanuel Bianchetti, a la baja, en reemplazo de los hermanos Humberto y Alfredo Schiavoni, quienes se enfrentaron en la interna pero ahora coincidirán en la militancia por Milei, lo mismo que el propio Goerling.
“En Misiones no entró la grieta”, sintetizó el presidente de la Legislatura y conductor de la Renovación, Carlos Rovira. La campaña de la Renovación se basó en la necesidad de una mejor representación misionera en el Congreso, donde descansan varias de las demandas que tiene la provincia. En este escenario, además, cada banca representa una enorme capacidad negociadora. Misiones marcó su propia agenda de la mano de la Renovación, mientras que las oposiciones siguieron repitiendo temarios importados.
En Misiones, Massa creció 56 por ciento. Milei apenas 9,98 y Bullrich retrocedió 14,4 por ciento.
La derrota aplastante de Cambiemos, que perdió votos en Nación y en Misiones, hizo indisimulable la fractura entre macristas y radicales. “Los puentes están rotos”, admitió Rodrigo De Arrechea. Goerling se quejó de la falta de apoyo radical y se sumó a las filas de Milei, lo mismo que los hermanos Schiavoni. En rigor, el primero en ponerse a disposición del “nuevo jefe” de la oposición fue Pedro Puerta, quien mientras el cadáver todavía estaba tibio, pidió que “la gente de bien” se sume a “limpiar a la política de la casta que solo busca cargos”. No es una ironía. El propio Pedro fue tres veces candidato antes de conseguir una banca provincial. Su padre, por supuesto, tiene una historia mucho más larga. Ha sido candidato incontables veces desde mediados de los 80. La paradoja es que Miguel Pichetto, referente nacional de ambos, se pronunció por la neutralidad.
El radicalismo misionero se tomó su tiempo para acatar el mandato nacional. Este sábado hubo una reunión de poco más de tres horas con notables ausencias. El pase de facturas tendrá varios capítulos. El reproche a la cúpula dirigencial es vasto: entregaron las principales candidaturas legislativas a cambio de liderar la fórmula a la gobernación, en una elección que perdieron de forma abultada. Se quedaron sin presencia en el Congreso y regalaron espacios propios. Varios están decididos a pegar un portazo.
El triunfo de Sergio Massa hizo implosionar a la oposición. Cambiemos formalizó su fractura y la Libertad Avanza, sin titubear, le cedió a Mauricio Macri el control de la una nueva alianza antikirchnerista.
“Milei está solo y por eso transa con lo peor de la política”, había dicho Patricia Bullrich en el último debate, sin advertir que ella misma iba a protagonizar un sumiso abrazo con quien la acusaba de “montonera asesina”. “Las ideas de Milei son malas y peligrosas. Quiere no solo liberar las armas y la venta de órganos. Es la ley de la selva”, dijo apenas tres días antes de las elecciones.
“Con Milei nos perdonamos mutuamente”, tuvo que decir ahora para justificar la sociedad forzada por la presión de Antonia, la novel consejera política de Macri.
Apenas consumada la derrota, Macri obligó a Bullrich a declarar su rendición incondicional ante Milei para encabezar una cruzada con final incierto. La suma de dirigentes no necesariamente garantiza la suma de votos. “Somos los más representativos”, ninguneó Bullrich sobre la decisión de la que el resto de la coalición se enteró prácticamente cuando la nueva alianza ya estaba sellada.
Más de medio PRO, con Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal a la cabeza, anticipó neutralidad. Elisa Carrió dejó en libertad de acción a sus seguidores. Los gobernadores de Cambiemos -incluido Rogelio Frigerio, uno de los más leales a Macri- también rechazaron sumarse a las nuevas huestes.
El radicalismo optó por una abstención que revela el grado de inexpresividad de sus dirigentes en un momento cumbre para la democracia argentina. Pusieron en un mismo plano a Milei, que desprecia al partido y a Raúl Alfonsín, uno de sus máximos referentes históricos, que al candidato que los convoca a un gobierno de unidad nacional.
En última instancia, hasta Macri se juega más por su concepción de la política. Gane o pierda, el ex presidente se quedará con el liderazgo de la extrema derecha argentina. El ex presidente ya ganó, al mismo tiempo que minó la plataforma y credibilidad del libertario, quien de luchar contra la casta, pasó a abrazarla con desesperación. El nivel de improvisación no puede ser mayor.
Pero lo cierto es que el propio Macri dinamitó Cambiemos en la agónica extensión de la grieta contra el kirchnerismo, motivo que muchos atribuyen a la derrota y retroceso de la alianza. Haberse ensimismado en esa contienda casi personal, sin ofrecer ninguna otra cosa a la sociedad. Perdió la frescura del “cambio”, que alguna vez supo representar. Milei le arrebató ese protagonismo sin estructura ni partido.
Las horas posteriores al triunfo de Massa fueron dignas de una película -parodia, comedia o drama, a elección del televidente-. Milei rogando respaldos y prometiendo cargos a “zurdos” y la casta. “Juntos por el cargo no son los abanderados de la institucionalidad ni de nada. Son tan delincuentes como los del Frente de Chorros, lo único que les importa es el poder”, había dicho pocos días antes de pedir la incorporación de sus nuevos socios, de Cambiemos. De querer ponerla presa por montonera, a ofrecer el ministerio de Seguridad. Esa parábola trazó con Bullrich.
El llamativo acuerdo se selló con un abrazo forzado en los estudios de un canal televisivo. El rostro de Bullrich denotaba frustración. El posteo de Mieli mostraba la infantil euforia del momento. Un león en un abrazo de contención de un pato.
“Las áreas que entran en capital humano, las personas que más saben sobre eso, son de izquierda. Las llamamos igual”, dijo sobre los “zurdos de mierda”. De anti casta a un simple anti k. La involución libertaria.
Hoy es Macri el que domina el escenario en la nueva alianza. Cuestionó a sus ex delfines y acusó a los radicales de “transar” con Sergio Massa, en el Congreso.
“Ellos han tenido permanentemente reuniones con Massa, con (Gerardo) Morales a la cabeza. Le han apoyado todas las leyes que Massa les pedía en contra de la decisión de la mayoría, aumento de impuestos, jubilaciones sin aportes… Morales, (Emiliano) Yacobitti y Martín Lousteau transando por detrás de nosotros”, dijo. La UCR respondió embravecida: “La acusación del ingeniero Macri a la Unión Cívica Radical de haber transado en contra de los intereses de los argentinos constituye una ofensa inclasificable por parte de un ex presidente a quien nuestro partido sostuvo con lealtad durante los 4 años de su gobierno. Sus palabras son un ejercicio más de hipocresía”. Los radicales aseguran que Macri jugó siempre para Milei.
“Quiero evitar que gane Milei y le haga daño a todos los argentinos. Y yo no le pido consejos a mi hijo de 10 años de qué hacer como político”, respondió Martín Lousteau.
“Hasta acá llegaste, individualista soberbio, autor de la 125. Votá a Massa si eso es lo que pensaste siempre, funcionario del kirchnerismo. Pero ensuciar aMauricio Macri que fundó el PRO, que ayudó a fundar una alternativa a estos mafiosos, que fue dos veces jefe de gobierno y luego Presidente, pasa todos los límites. Tergiversás la historia. Abandonaste irresponsablemente tu puesto de Embajador en Estados Unidos. Desde qué lugar hablás, ¿Cuándo alguien te eligió para algo? Y falso sabelotodo, aprendélo bien: ni los radicales te quieren”, le retrucó Hernán Lombardi, otro que viene de la otra alianza, junto a la propia Bullrich y Rodríguez Larreta. Todas las miserias juntas. Expuestas a la vista de todos. Una alianza que estaba pegada con saliva.
Todo eso, en menos de una semana.
La semana de Massa, en cambio, fue mucho más tranquila. La inyección anímica le permite encarar el último tramo con el control de la situación. Se esperaba que entre al balotaje. Entrar primero fue un plus.
El ministro de Economía remarcó su convocatoria a un gobierno de unidad y descartó acuerdos de cúpula como los que apuraron en la oposición. La reunión con los gobernadores marcó el volumen de respaldos: 19 presencias, entre vigentes y electos. Los gobernadores entienden que está en riesgo la propia democracia si se impone el candidato anarcolibertario.
Como contracara, Massa puso sobre la mesa un nuevo pacto federal para ampliar la coparticipación de las provincias y simplificar el sistema impositivo.
“Trabajamos en el tema federalismo y el impacto de algunas posiciones que en este momento se discuten en la Argentina, respecto de la eliminación de subsidios aparece como tema central en el AMBA, el tema vinculado a la eliminación del subsidio al transporte, y el impacto de pasar de 60 a 1.100 pesos en el boleto de tren, o de pasar de 70 a 650 pesos en el boleto de colectivo, que es el primer impacto del planteo de la eliminación de subsidios que se hace desde otros sectores de la política”, explicó el ministro de Economía al término de la reunión.
“Nuestra responsabilidad es construir un gobierno de unidad nacional, convocando a los mejores, no cayendo en la trampa de las discusiones de acuerdos de cúpula de partidos, sino entendiendo que la responsabilidad a partir del 10 de diciembre es elegir a los mejores de cada una de las fuerzas económicas, sociales, políticas, de la cultura de la Argentina. La gente no es ganado a la que le ponen un sello, elige libremente, va a la urna, elige de acuerdo a quien lo convence, quien le genere la esperanza”, remarcó.
“El 10 de diciembre empieza un nuevo gobierno en la Argentina. Yo no creo que la discusión se dé en el marco del para atrás, sino para adelante, qué va a hacer cada uno de nosotros a la hora de gobernar, de los que estamos en competencia”, proyectó.
El 27,5% de los votantes de Bullrich votará en blanco o no irá a votar y el 11.8% está indeciso. Entre los que definen su voto, el 46,6% votará a Javier Milei y el 14,1% a Sergio Massa. Proyectando votos afirmativos, “hay un escenario de gran paridad con pequeña ventaja de Javier Milei en (50.7%) sobre Sergio Massa (49.3%)”, marca el estudio.
“La deriva discursiva de los libertarios ayudó a potenciar el miedo, y cimentó un techo de hormigón sobre la cabeza de Javier Milei. El libertario pasó de ser la persona más votada en las PASO a ser el candidato que menos creció en la elección general. Un caso inédito de frustración electoral nunca antes visto en la historia democrática argentina”, marcó Gustavo Córdoba, de Zuban & Córdoba y asociados.
En cambio, Analogías, de Analía del Franco, es más optimista sobre las chances de Massa. Entre el 23 y 25 de octubre, realizó un estudio de alcance nacional con el objetivo de relevar las preferencias electorales de cara al balotaje presidencial del 19 de noviembre. El trabajo de campo se efectuó con el resultado reciente de la elección general del domingo pasado, un álgido contexto de debate entre dirigentes opositores y, principalmente, un acentuado estado de deliberación ciudadana.
Massa capta el primer orden de preferencias confirmando toda su adhesión del pasado domingo, sumando alrededor de una tercera parte de los votantes de Juan Schiaretti, el 60% de los del Frente de Izquierda, y casi un 15% de los votantes de Juntos por el Cambio, que al momento presentan una gran dispersión entre las candidaturas que irán a la segunda vuelta y el “no sabe”.
El candidato de Unión por la Patria crece entre las mujeres, los segmentos de edad medios y los entrevistados de menor nivel de instrucción y, por primera vez en esta campaña, se igualan los niveles entre los que tienen estudios secundarios.
Por otra parte, un 52% se manifestó en acuerdo con la conformación de un gobierno de unidad nacional como respuesta a la etapa que vive la Argentina y en orden a resolver los desafíos que enfrenta.
En una entrevista en Radio Open 101.7 el precandidato a Senador nacional Martín Goerling por Juntos por el Cambio contó cuáles son las expectativas respecto a las próximas PASO y las futuras elecciones de octubre de 2023.
Después de las elecciones donde resultó victorioso Juntos por el cambio en la provincia de Santa Fé con un amplio margen Goerling se mostró muy entusiasmado ya que no solamente fue en esa provincia sino que en Chaco, San Juan, agrupación Neuquén y varias partes de la Argentina, donde Juntos por el cambio marcó la diferencia.
Respecto a la interna conflictiva que tenían entre Pullaro y Lozada, Goerling comenta que “Patricia Bullrich banca a su gente hasta el final y que las PASO no son las elecciones finales sino una primera instancia para que Juntos por el cambio en octubre, creo que vamos a hacer una excelente elección y los argentinos están demostrando que necesitan un cambio verdadero”.
¿Qué es lo que más les piden y cuál es el eje que buscan transmitir?
Creo que Patricia es la que mejor representa este momento que vive la Argentina, donde se necesita un tipo de liderazgo que nos pueda sacar adelante, que pueda enfrentar la decadencia del país, a las mafias, y hacer un cambio profundo. La gente hoy ve y valora la personalidad, el coraje y la fuerza que representa Patricia, no en esta campaña sino desde hace muchos años.
¿Por qué el votante de Juntos por el Cambio acompañaría a Patricia Bullrich en vez de Horacio Rodríguez Larreta?
Los dos son excelentes dirigentes, pero creo que hoy la gente está demandando lo que propone Patricia, que es encarar el desafío que viene en la Argentina a partir del 10 de diciembre. Ir a fondo en los cambios que necesita el país, definir una línea de acción e ir hacia adelante sin claudicar ante el primer piquete que nos pongan enfrente. O vamos en serio al cambio o seguimos como estamos, y “como estamos” significa 40% de pobreza, un sistema educativo totalmente quebrado y una economía totalmente desmadrada, que no crece, no crea empleo, y donde el empleo público duplica al empleo privado.
Patricia dice que primero necesitamos poner orden en la economía, en lo social, en la educación, en la calle. Empezar a ordenar primero la Argentina, para después ir paulatinamente a ese cambio profundo que nosotros planteamos.
Horacio es un perfil más de diálogo. Él propone sumar a todo el mundo a partir del diálogo, y nosotros decimos que no podemos dialogar con los que llevarán al fracaso a la Argentina. Nosotros vamos a buscar el diálogo para ir a la reforma que necesita Argentina para salir adelante.
Hubo un resultado adverso para Patricia Bullrich en Santa Fe, el tercer distrito electoral del país, ¿cómo ven el trabajo a partir de ese resultado?
Primero, creo que fue un gran resultado electoral para Juntos por el Cambio. Fue un triunfo contundente teniendo en cuenta que más del 60% de los santafesinos votaron a nuestro espacio y solamente el 26% al justicialismo. Es un dato histórico, porque el justicialismo gobierna Santa Fe desde el ‘87. Creo que es un síntoma del cambio que se viene en la Argentina que empieza por las provincias.
Con respecto a la interna nuestra, donde Patricia apoyó a Federico Angelini, son internas provinciales. Patricia se juega por su gente, fue y puso el cuerpo, pero en Santa Fe tiene un apoyo impresionante. Cuando se vota la presidencial, el comportamiento electoral es distinto.
En Santa Fe se viene dando lo que para mí es el fin del ciclo del kirchnerismo, el peronismo y el populismo. Pasó en San Juan, en Neuquén, en Chaco, donde Leandro Zdero le ganó a esa maquinaria de Capitanich. Es un cambio que se viene dando en muchas provincias y a nivel nacional. La gente se hartó. Esto también se ve en las encuestas donde cerca del 70% de la Argentina no quiere que siga gobernando el populismo y el kirchnerismo.
¿Qué opinión tenés acerca de la figura y “el fenómeno” Javier Milei?
Yo separo en dos partes la candidatura de Milei. Por un lado, valoro mucho la discusión de las ideas que trajo. La discusión del liberalismo y cómo movilizó a los jóvenes, que van por otro canal. Por eso entra tanto en la juventud, porque quieren libertad, moverse, no quieren que nadie le dirija la vida. Me parece muy buena y sana esa discusión.
Por otro lado, no coincido con su personalidad. Me parece que expresa la bronca que tiene la Argentina contra la clase política, los mismos de siempre, una dirigencia que no ha resuelto absolutamente ninguno de los problemas que tienen los argentinos.
Pero la gente no es tonta y cuando llegue el momento de votar va a ver que no tiene estructura en el país y si llega a la presidencia, no va a tener diputados ni senadores, y no va a poder gobernar. Creo que hoy la única fuerza competitiva para poder gobernar es Juntos por el Cambio, que lo demostró en los 4 años de Mauricio, nos mantuvimos unidos y vamos de nuevo en las preferencias de la gente.
¿Qué le dirías a los votantes? ¿Cuáles serían tus propuestas?
Primero, recordar que el Senado representa el federalismo por excelencia, por ejemplo, Misiones tiene la misma cantidad de senadores que la provincia de Buenos Aires. Por mi parte, defender los intereses de todos los misioneros, ser la voz de los misioneros en el Congreso y dar las peleas que hay que dar. También, ser una de las espadas de Patricia Bullrich en el Senado, porque ahí van a estar las grandes reformas que necesita la Argentina; ahí es donde se reforman las leyes, donde necesitamos tener mayoría y donde vamos a tener que dar la pelea. Así que si es presidenta, voy a tener un rol muy importante para defender esas ideas de cambio y por supuesto, ser la voz de los misioneros. Soy misionero. Nací acá. Conozco mi provincia. Conozco la problemática y estoy aprendiendo y escuchando en todos estos recorridos para poder representar.
¿Qué le dirías a los jóvenes, que componen una mayoría demográfica en Misiones?
Yo tengo dos hijas, una de 18 y otra de 15, y hablamos y discutimos mucho con los amigos. Ellos están observando desde su teléfono el circo de la política, cómo nos peleamos entre todos y dicen: “¿Y a mí quién me habla? ¿Y lo mío dónde está? ¿Quién se ocupa de nuestras problemáticas?”. Es un desafío para la clase política y sobre todo para el futuro gobierno enfocarse en los jóvenes.
El mayor problema que hay en Argentina y en una provincia como la nuestra es la educación que está cayendo permanentemente. La base de nuestras escuelas es pésima con respecto a lo que es una universidad. Estamos hablando de los que logran terminar el secundario y tienen la suerte de ingresar a la universidad. Porque hay muchísimos jóvenes misioneros que no pueden acceder a la universidad por falta de recursos y por falta de universidad pública en muchos lugares.
Si vemos las últimas pruebas Aprender, es realmente una tragedia. 9 de cada 10 chicos que terminan quinto año no satisfacen los niveles mínimos de matemática; y Misiones está dentro de las cinco peores provincias; y el 54% tienen problemas de lectocomprensión. Esos son los chicos que estamos formando ante un mercado laboral que está en otro ritmo. La economía del conocimiento. Cualquiera que tenga una empresa, necesita mano de obra cada vez más especializada. Para mí, ese es el problema más grande hoy que tiene la Argentina, dentro de todos los que tiene, pero ahí vamos a poner el foco para poder revertirlo.