mercado yerbatero

Misiones activa alivio financiero: cheques a tasa cero, a cambio de precio mínimo para la yerba

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En medio de la profunda crisis que atraviesa la cadena yerbatera por la desregulación del mercado y la pérdida de facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), el Gobierno de Misiones anunció una nueva medida de alivio financiero destinada a sostener la actividad primaria y evitar una mayor descapitalización de productores.

A través del Ministerio del Agro y la Producción, la Provincia confirmó que desde este miércoles 6 de mayo tanto productores como secaderos y molinos podrán descontar cheques en el Banco Macro a 60 y 90 días, con tasa cero, para operaciones vinculadas al mercado yerbatero.

La herramienta no será automática ni indiscriminada: estará condicionada al cumplimiento de un precio mínimo de referencia de $301 por kilo de hoja verde y de $1.160 por kilo de yerba canchada.

La decisión busca atacar uno de los principales problemas que hoy enfrenta la actividad: la falta de liquidez inmediata en el primer eslabón de la cadena y las fuertes asimetrías de negociación entre productores e industria.

Desde la desregulación impulsada por el Gobierno nacional, que dejó al INYM sin capacidad efectiva para fijar precios de la materia prima, los productores denuncian una fuerte caída del valor real de la hoja verde, atraso en los pagos y creciente concentración en manos de grandes molinos.

El propio gobernador Hugo Passalacqua advirtió recientemente en la apertura de sesiones legislativas que “esta desregulación no es libertad, es una asimetría profunda que deja el escenario donde se permite que el pez grande se devore al más chico”.

El mandatario fue aún más contundente al cuantificar el impacto económico: “Hace exactamente un año pedíamos en este mismo lugar 505 pesos y ese valor hoy sería $700 por kilo de hoja verde. El ajuste castiga al eslabón más vulnerable, el productor, mientras el sector industrial mantiene sus márgenes. Estamos hablando de 400 mil millones de pesos que dejan de ingresar a nuestra economía”.

La nueva línea de descuento de cheques forma parte precisamente de ese esquema de contención. La Provincia ya había anticipado que una de las prioridades era recuperar herramientas financieras que permitieran sostener capital de trabajo mientras continúa la disputa por los precios.

El ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, había planteado semanas atrás la necesidad de “volver al descuento de cheques e incluir también descuento de facturas, con entidades bancarias y no bancarias”, siempre vinculadas a precios mínimos de referencia.

Ahora, esa primera parte comienza a ejecutarse formalmente.

Un precio mínimo que funciona como condición política

Aunque la Provincia no puede fijar precios oficiales -atribución que quedó virtualmente desactivada tras el DNU 70 y la posterior interpretación jurídica dentro del INYM-, el establecimiento de un piso de $301 para hoja verde funciona como una señal política y económica clara. Es, en los hechos, una forma indirecta de ordenar el mercado, que está pagando en promedio, 250 pesos por la hoja verde

La medida provincial no resuelve el problema estructural: la ausencia de una regulación efectiva del mercado yerbatero.

El Directorio del INYM rechazó recientemente la posibilidad de sugerir un precio de referencia, argumentando que sería contrario al Decreto 812 de Nación y a la lógica de competencia del sector privado.

La votación dejó en evidencia la fractura: el presidente del organismo, representantes de industrias, secaderos y cooperativas votaron en contra; sectores productivos y el representante misionero Ricardo Maciel impulsaron la necesidad de fijar una referencia. Misiones insiste en ese camino.

La Mesa Yerbatera convocada por la Provincia buscó precisamente reconstruir consensos y evitar que la crisis termine trasladándose a toda la economía regional. No se trata solamente de una discusión sectorial: la yerba mueve consumo, empleo y circulación de dinero en miles de pueblos y colonias..

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Yerba: leve caída entre exportaciones y consumo interno con un salto en la cosecha

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La cadena yerbatera dejó en marzo una postal de doble lectura: mientras la salida de molinos mostró una fuerte recuperación tanto en el mercado interno como en las exportaciones, el comportamiento de la cosecha sigue reflejando la tensión estructural que atraviesa al sector productivo, en especial en el primer eslabón de la cadena.

Los datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) confirman que durante marzo las exportaciones alcanzaron los 4.541.352 kilos, lo que significó una suba del 66,61% respecto de febrero y una mejora interanual del 9,32%. En el acumulado del primer trimestre, los envíos al exterior totalizaron 10.840.446 kilos, con un crecimiento del 3,38% frente al mismo período de 2025.

El mercado interno también mostró una aceleración. La salida de molinos hacia el consumo doméstico llegó a 24.285.176 kilos en marzo, con un incremento mensual del 26,08% y una suba interanual del 4,57%. En el acumulado enero-marzo, el consumo interno alcanzó los 64.947.806 kilos, apenas 0,86% por encima del mismo tramo del año pasado.

En términos globales, la suma entre mercado interno y exportaciones dejó un volumen total de 75.788.252 kilos entre enero y marzo de 2026, prácticamente en línea con los 76.863.678 kilos del mismo período de 2025, lo que implica una leve caída del 1,4%.

Ese dato es central porque representa la salida de molino, el indicador más cercano al comportamiento real de la yerba en góndola: incluye tanto los despachos hacia centros de distribución como las compras de mayoristas, hipermercados y supermercados.

Yerba mate: marzo 2026 en números
Indicador Marzo 2026 Variación
Exportaciones 4.541.352 kg +66,61% mensual
+9,32% interanual
Consumo interno 24.285.176 kg +26,08% mensual
+4,57% interanual
Ingreso de hoja verde 44.985.760 kg +148,18% mensual
Acumulado exportaciones 10.840.446 kg +3,38%
Acumulado consumo interno 64.947.806 kg +0,86%
MI + ME total 75.788.252 kg -1,4% interanual

La cosecha crece sin precio

El otro gran dato del trimestre está en la materia prima. Según el INYM, entre enero y marzo ingresaron a secaderos 80.847.651 kilos de hoja verde, un 24,3% más que en igual período del año pasado.

Solo en marzo, el ingreso de hoja verde fue de 44.985.760 kilos, con una suba mensual explosiva del 148,18% respecto de febrero.

Ese comportamiento se da en medio de una fuerte crisis de rentabilidad para el productor primario, atravesada por la desregulación del mercado tras la pérdida de facultades del INYM para fijar precios de referencia. El reclamo por un valor sostén para la hoja verde sigue abierto, mientras la provincia insiste en mecanismos de consenso para evitar que el ajuste recaiga exclusivamente sobre el eslabón más débil.

La paradoja es evidente: mientras la yerba sigue sosteniendo su nivel de consumo y mantiene buen ritmo exportador, el productor continúa atrapado en una ecuación donde el volumen no necesariamente se traduce en rentabilidad.

El paquete de medio kilo sigue mandando

En el análisis de formatos, no hubo sorpresas. El paquete de medio kilo volvió a consolidarse como el preferido de los consumidores argentinos: en marzo representó el 55,89% de las salidas de molinos al mercado interno.

Le siguieron los envases de un kilo, con el 38,21%; los paquetes de dos kilos, con 1,97%; y los de cuarto kilo, con 0,72%.

El rubro “sin estampillas” representó el 2,97%, mientras que “otros formatos” alcanzó apenas el 0,24%.

Así, los envases de medio kilo y un kilo concentraron el 94,10% del total de las ventas, ratificando una tendencia histórica que prácticamente no presenta cambios y que refleja el patrón de consumo más estable del mercado yerbatero argentino.

En ese escenario, la yerba mate vuelve a mostrar una fortaleza comercial sostenida, pero también una fragilidad estructural que sigue sin resolverse: la brecha entre lo que ocurre en la góndola y lo que sucede en la chacra. Allí, donde empieza toda la cadena, todavía persiste la discusión más sensible.

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Correa niega una crisis en la yerba y defiende la desregulación: “Hay un cambio de modelo”

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En medio de un escenario de protestas, reclamos por precios y advertencias de una “crisis terminal” en el sector yerbatero, el presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate, Rodrigo Correa, trazó una lectura diametralmente distinta: negó que se trate de una crisis estructural y sostuvo que la actividad atraviesa una transición derivada de la desregulación.

“Hay un cambio de modelo (…) la desregulación trajo buenas noticias, como por ejemplo, el frente exportadores creció, tuvo récord, el consumo interno se estabilizó (…) pero hay variables que se están corrigiendo”, señaló en una entrevista concedida a Radio Rivadavia. Sin embargo, los datos no convalidan esa tesis. Si bien hubo un récord de exportaciones, el consumo interno está por debajo de 2023, el último año con el mercado regulado, que cerró con 285.430.373 de kilos, el volumen más alto de la historia. El año pasado se vendieron en el mercado interno 266 millones de kilos. 

Lejos de convalidar el diagnóstico de los productores, Correa encuadró el momento actual como un proceso de ajuste tras años de intervención estatal.

El funcionario apuntó directamente al esquema previo de regulación de precios como origen de los desequilibrios actuales.

“Venimos de un proceso de intervención estatal (…) donde el Estado intervenía mediante la fijación de un precio. Eso trajo a colación que muchos oportunistas se metieran en el rubro porque el Estado les garantizaba una rentabilidad”, argumentó.

Según su mirada, esa lógica distorsionó el mercado. “Eso benefició a algunos y a la gran mayoría de los argentinos le trajo un perjuicio, sobre todo al productor genuino (…) porque eso trajo sobreproducción de yerba mate”.

Correa detalló que “del 2016 al 2025 crecieron casi un 40% de las superficies implantadas de yerba mate. Eso denota el oportunismo”. Ante esa expansión el INYM había emitido la resolución 170, que limitaba las nuevas plantaciones a cinco hectáreas por productor, pero las grandes industrias, de Corrientes y de Misiones lograron que la Justicia frene esa medida. 

Correa en cambio, sin identificar actores puntuales, remarcó que las nuevas plantaciones pertenecen a “nuevos jugadores” atraídos por un negocio con rentabilidad asegurada.

Correa defendió el nuevo esquema sin intervención estatal, donde los valores se determinan entre privados. “Estamos en un modelo que se rige por oferta y demanda y ahí se establecen los precios”, resaltó en defensa del DNU presidencial que provocó un desplome del valor de la hoja verde, que se paga hoy menos que hace dos años. 

Y fue enfático respecto al rol del organismo: “EI Instituto hoy no cuenta con facultades para intervenir en los precios (…) y yo como representante del Ejecutivo nacional apoyo esa idea”.

Para el titular del INYM, la caída del precio de la hoja verde responde a un reacomodamiento tras la sobreoferta generada en años previos.

Cuando las cosas iban bien, no se quejaron y hoy día (…) al establecer los precios entre privados hay resistencia y la distribución se modificó”, remarcó. 

En respuesta a los reclamos de los sectores productivos, Correa también relativizó la dimensión del universo afectado. “Tenemos registrados productores por 14.200, pero en los últimos 6 años entregaron hoja verde 9.200 (…) pequeños productores no tenemos más de 5.000”, criticó. 

“Cuando digo pequeños productores, digo productores que van de 5 hasta 10 hectáreas (…) y hasta 15 hectáreas”, diferenció. 

En línea con la política de desregulación que emana del Gobierno, el presidente del INYM planteó que la solución pasa por expandir el consumo. “La solución acá es trabajar en la demanda de producto, es aumentar la demanda”.

Y vinculó directamente la desregulación con un cambio en la estructura comercial. “Históricamente las exportaciones representaban un 10% (…) hoy representan cercano al 20% a dos años de implementación”.

“Eso nos está mostrando el camino por donde debemos encauzar esta situación”, aseguró. Sin embargo, las principales industrias advierten que el aumento de las exportaciones no es sinónimo de rentabilidad, afectada por la suba de tarifas y el combustible. De hecho, Argentina exporta a un valor menor por tonelada que Brasil, el principal competidor global.  

Correa planteó que el futuro del sector no pasa sólo por el consumo tradicional, sino que “tenemos que ir detrás de las necesidades del mundo y abrir otros rubros como el energizante, cosmético, farmacéutico”.

En paralelo, propuso una transformación del rol del productor que “tiene que integrar todo el ciclo productivo y eso se está dando con pequeñas marcas”.

Sobre el debate por los costos, cuestionó los esquemas homogéneos: “Hay una resolución (…) que establece una única modal productiva y eso es lo que nos oponemos (…) debería haber tantas modalidades productivas como productores haya”.

Para Correa, la eficiencia individual será clave en los nuevos tiempos de la yerba. “Va a depender el costo real de cuán eficiente es cada productor”.

Finalmente, el titular del INYM dejó en claro que no espera soluciones inmediatas: “Acá no hay soluciones de la noche a la mañana. Acá es trabajo y tenemos que incrementar la demanda”.

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Gustavo Quatrin, CEO de Playadito sobre el precio de la yerba: “Ni antes éramos ángeles ni ahora somos demonios”

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En la reunión de la mesa yerbatera realizada el 23 de abril en el Ministerio del Agro de Misiones, Gustavo Andrés Quatrin -gerente de la Cooperativa Agrícola de Colonia Liebig, con su marca Playadito- no pasó desapercibido: es quien conduce la asociación con el rigor de una empresa que hoy lidera el mercado interno con 56,7 millones de kilos vendidos en 2025.

Tras la reunión habló con Economis y marcó un punto de inflexión en el tono del debate. “Somos conscientes de los bajos precios que hoy tiene la producción”, reconoció. “Sabemos que los precios están lejos de lo que hoy desearían los productores y no solo desean, sino que necesitan”.

Sin embargo, al mismo tiempo, defendió la posición de la industria que tiene otros problemas, asociados a los costos y la rentabilidad, “Podemos tener las mejores normativas, pero si no tenemos consumo, no podemos transformar absolutamente nada”, afirmó, en una definición que corre el foco desde la regulación hacia la dinámica del mercado.

Tras más de una década de precios altos, el sector enfrenta ahora un escenario inverso: mayor producción, aumento de stocks y presión a la baja en los valores de la hoja verde. El gerente explicó que el problema central es la sobreoferta acumulada tras años de expansión productiva. “Hay un potencial de producción que supera la demanda en un momento determinado y eso lleva a la situación de precios actual”, sostuvo.

Incluso con un aumento del 37% en las exportaciones, el sistema no logró absorber el excedente. “Los stocks no bajaron, sino que subieron ligeramente”, detalló. Esa afirmación desarma una de las expectativas del sector: que el crecimiento externo pudiera compensar la presión interna por los precios.

En ese contexto, el precio se convierte en la variable de ajuste. Y la explicación que ofrece Quatrin es directa: “Cualquier número superior a cero es mejor que no vender”. Esa dinámica, que antes jugaba a favor del productor -cuando retenía stock esperando mejores precios- ahora opera en sentido inverso.

El cambio coincide con el nuevo esquema del Gobierno nacional desde diciembre de 2023, que modificó las reglas del negocio yerbatero. Sin intervención directa en precios, el mercado quedó expuesto a su propia dinámica. El resultado: una competencia más agresiva y una pérdida de referencia para toda la cadena.

Una cadena tensionada desde adentro

El posicionamiento de Quatrin tiene un peso específico: proviene de una cooperativa que no solo lidera ventas, sino que articula con productores y secaderos desde hace más de 20 años. Por eso, su advertencia evita confrontaciones y apunta a sostener el entramado.

Lo peor que nos puede pasar es pelearnos entre productores y secaderos industriales”, señaló, en un intento por desactivar tensiones en un momento crítico. Los propios productores le reconocen que son la empresa que mejor paga por la yerba canchada a un precio de 1160 pesos el kilo, cuando las demás están pagando por debajo de los 900 pesos.

Sin embargo, también dejó en claro los límites de la industria para recomponer precios. Recordó que la empresa aplicó una baja del 20% cuando sus despachos cayeron “casi a la mitad” en abril de 2024, y que desde entonces no logró recuperar ese nivel de precios, aunque lidera el mercado.

Esa señal impacta en toda la cadena productiva. Si la empresa con mayor espalda financiera y volumen no logra trasladar mejoras, el resto del sector queda condicionado. En especial los productores primarios, que dependen directamente del precio de la hoja.

Aun así, anunció un movimiento reciente: “Hemos hecho un aumento de un 5% para la materia prima y acortamos en 30 días los plazos de pago”. Es un gesto que busca recomponer parcialmente el ingreso del productor, pero también funciona como test para medir la reacción del mercado.

Consumo estancado y exportaciones insuficientes

Otro eje central de su análisis fue el comportamiento del consumo. Quatrin lo definió como estructuralmente limitado: “La demanda es inelástica”. Es decir, aunque bajen los precios, el volumen consumido no crece de manera significativa.

En paralelo, el ingreso de productos importados con mayor precio en góndola agrega una distorsión adicional. No compiten directamente en formato, pero sí en percepción de valor, tensionando la lógica del mercado local.

El gerente, además, relativizó el impacto del mercado externo. “El crecimiento de las exportaciones no supera el 2% del total en cantidad (del volumen comercializado por su empresa”, explicó, pese a que la cooperativa exporta a más de 20 países.

Incluso en mercados grandes, como China, el desafío es cultural. “Lograr que el mundo incorpore una infusión nueva es una tarea compleja, de altísimo costo”, sostuvo. Explicó que desde la cooperativa están trabajando en ese mercado hace 10 años y aun así el volumen comercializado en el 2025 fue de 60 mil kilos y es solamente hoja, porque se exporta para infusionar con formato de tés.

Además, Quatrin fue claro al explicar que el aumento de exportaciones se explica en gran medida por la caída de los precios locales, que volvió competitiva a la yerba argentina en el exterior. Sin embargo, ese impulso no alcanza para absorber el excedente: los stocks que han acumulado las empresas no bajaron y eso sigue condicionando los valores.

Esa combinación -consumo interno estable y exportaciones limitadas- refuerza la presión sobre los precios locales y deja a la cadena sin una válvula de escape inmediata.

Quatrin deja entrever un cambio más profundo: el sector yerbatero atraviesa una transición donde las herramientas tradicionales ya no alcanzan y el mercado aún no encuentra equilibrio.

El gerente lo resumió con una frase que busca ordenar el debate sin personalizar responsabilidades: “Éramos los mismos cuando los precios eran espectaculares. Ni antes éramos ángeles ni ahora somos demonios”.

Esa lectura introduce una variable incómoda: el problema no responde a decisiones aisladas, sino a ciclos productivos y expectativas acumuladas.

Hacia adelante, la expectativa es moderada. “Esperemos que hayamos tocado los pisos de precio”, expresó. Pero la definición no es categórica. Dependerá de cómo evolucione la reposición, el nivel de stocks y la capacidad del mercado para absorber la producción.

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Misiones retoma la mesa yerbatera en busca de un acuerdo de precios en un mercado sin regulación

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El Gobierno de Misiones reunió este jueves en Posadas a productores, cooperativas, secaderos e industrias yerbateras en una mesa de diálogo convocada por el Ministerio del Agro y la Producción, con un objetivo: destrabar la crisis de precios que golpea al eslabón primario. Según lo expuesto en la reunión, el valor actual de la hoja verde se ubica alrededor de un 50% por debajo de los costos, lo que implica una pérdida de rentabilidad cercana al 70% para los productores.

El sector ya no cuenta con la herramienta que permitía fijar precios mínimos -atribución que tenía el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM)– y la provincia solo puede tomar un rol de mediación. Pero el dato es que la Industria acudió casi en pleno y escuchó y expuso su posición en un diálogo abierto aunque no exento de tensión con los productores.

Durante el encuentro, los productores plantearon la necesidad de contar con precios de referencia que otorguen previsibilidad a la actividad, mientras que los representantes de los trabajadores rurales expusieron la compleja situación que atraviesa el sector, señalando el impacto directo de la desregulación sobre sus condiciones laborales y de ingresos. Se compartió un diagnóstico generalizado sobre las dificultades que atraviesan especialmente los sectores primarios de la cadena.

Los representantes de la industria misionera manifestaron su disposición a trasladar el planteo a sus respectivas cámaras y federaciones, con el objetivo de avanzar en una propuesta concreta que permita ordenar la discusión de precios. Desde el sector industrial con presencia en Corrientes -particularmente de la cooperativa de Colonia Liebig- se expusieron los valores actualmente abonados por la materia prima, destacando el vínculo con productores misioneros y reconociendo que la situación responde a múltiples factores que inciden sobre la rentabilidad del sector.

Del precio regulado a la negociación entre privados

El ministro del Agro, Facundo Sartori, explicitó en dialogo con Economis ese límite: la provincia no fija precios, pero intenta ordenar el conflicto. “Hoy los valores que se están pagando no cubren los costos”, advirtió, al tiempo que describió un mercado con fuerte asimetría: muchos productores frente a pocos molinos que concentran la capacidad de fijación de precios.

La dinámica actual, según se planteó, responde a un cambio estructural. La oferta de materia prima creció en los últimos años, mientras la demanda no acompañó en igual proporción. Esa combinación, en un esquema sin precios sostén, presiona a la baja el valor de la hoja verde.

El subsecretario de Asuntos Yerbateros, Ricardo Maciel, recordó que este tipo de instancias de diálogo tiene antecedentes previos a la creación del INYM, y remarcó que, más allá de los desafíos, la existencia de ese organismo permitió durante años dotar de mayor previsibilidad al sector. Asimismo, advirtió que los períodos de libre mercado han sido históricamente los más adversos para el conjunto de los actores de la cadena.

Desde la industria, el diagnóstico no difiere en lo general, aunque incluye sus propios problemas. Gustavo Quatrin, de la Cooperativa Liebig, señaló a Economis que el aumento de exportaciones -que llegó a crecer un 37% interanual- se explica en gran medida por la caída de los precios locales, que volvió competitiva a la yerba argentina en el exterior. Sin embargo, ese impulso no alcanza para absorber el excedente: los stocks no bajaron y eso sigue condicionando los valores.

Qué se discute: precios, plazos y poder de mercado

El eje concreto de la negociación pasa por el precio de la materia prima y las condiciones de pago. La cooperativa Liebig anunció un incremento del 5% en los valores que paga por hoja verde y una reducción en el plazo de pago de 30 días, movimiento que fue leído por el Gobierno como un gesto inicial, aunque insuficiente.

Los productores cuestionaron que los precios actuales que ofrece la industria están entre 180 y 250 pesos por kilo, valores que, según afirmaron, no solo eliminan margen sino que generan pérdidas. “Cosechar es entrar en deuda”, sintetizó uno de los referentes.

La posibilidad de medidas de fuerza sigue latente. Algunos sectores ya evalúan sostener la no cosecha e incluso avanzar en cortes para interrumpir la circulación de materia prima, aunque la mayoría pretende seguir el camino de la negociación y el Gobierno busca evitar mediante la mediación. El dato político es que la Industria se sentó a la mesa y sus representantes no bloquearon la discusión. La producción, incluso los más exaltados, también mantuvo una posición negociadora.

El diagnóstico industrial hizo foco en otro dato: el mercado interno mantiene una demanda relativamente estable -definida como inelástica-, lo que limita la capacidad de absorber mayores volúmenes incluso con precios más bajos.

Al mismo tiempo, el crecimiento del mercado externo enfrenta barreras culturales y de escala. Quatrin explicó que la Cooperativa Liebig aunque exporta a más de veinte países, la participación sobre el total sigue siendo marginal, inferior al 2% en volumen. La expansión internacional, entonces, aparece como una estrategia de largo plazo, pero sin capacidad de resolver la sobreoferta inmediata.

El corrimiento del INYM como fijador de precios reconfigura el equilibrio de poder dentro de la cadena. Los molinos basan su capacidad de negociación en un contexto de sobreoferta, mientras los productores quedan están expuestos a la dinámica de mercado.

El Gobierno provincial, sin herramientas regulatorias directas, intenta ocupar un rol de articulador. La mesa de diálogo funciona como espacio de contención institucional, pero su efectividad depende de la voluntad de las partes de ceder posiciones.

La convocatoria a un cuarto intermedio por parte de las cámaras molineras marca el próximo punto de inflexión: deberán definir si avanzan hacia un precio común o sostienen estrategias individuales.

Ingreso rural en riesgo y tensión social

La caída de precios en la hoja verde impacta de forma directa en el ingreso de las familias productoras, que constituyen la base social de la actividad en Misiones. La pérdida de rentabilidad no solo compromete la cosecha actual, sino también la sostenibilidad de las chacras en el mediano plazo.

En paralelo, el encarecimiento del financiamiento -con tasas positivas- limita la capacidad de la industria para sostener stocks y pagar mejores precios, lo que complejiza aún más la ecuación.

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