MILEI

El nuevo des-orden mundial y los refugios estratégicos

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El ataque de Donald Trump a Venezuela y la detención de su presidente, Nicolás Maduro marcaron el fin del orden mundial tal como se conocía. Emerge ahora uno nuevo, ni global ni multipolar. Ni dividido en dos como durante la Guerra Fría. En el nuevo orden impera la ley del más fuerte por sobre el derecho internacional. Y eso no es un buen augurio para Ucrania o para Taiwan, ni para ningún país del mundo. 

El estado de derecho se ha transformado en “el Estado soy yo”. Donald Trump es al mismo tiempo presidente, policía, militar y juez de sentencias. 

En una entrevista extraordinariamente franca con The New York Times, Donald Trump esboza una concepción del poder presidencial que roza el absolutismo. Como comandante en jefe, sostiene que su autoridad está limitada únicamente por “su propia moral” y “su propia mente”, desestimando al derecho internacional, los tratados y las normas multilaterales como restricciones reales. En su visión, la fuerza nacional -y no el andamiaje jurídico construido tras la Segunda Guerra Mundial- es lo que verdaderamente ordena el sistema internacional. Las reglas, alianzas y convenciones que durante décadas estructuraron la estabilidad global aparecen, en su cosmovisión, como cargas innecesarias para una superpotencia que debería actuar sin ataduras.

Ese mismo enfoque se proyecta sobre la geopolítica concreta. Trump reduce a la OTAN a una herramienta vacía sin Estados Unidos y admite que podría verse obligado a elegir entre preservar la alianza o apropiarse de Groenlandia, a la que considera estratégicamente indispensable, justo cuando sus pobladores están buscando la autodeterminación. Defiende la “propiedad” territorial como una condición psicológica y material del poder -superior a cualquier tratado o arriendo- y deja en claro que, para él, la soberanía de otros Estados es secundaria frente al papel de Estados Unidos como “protector de Occidente”. En contraste con presidentes anteriores, a quienes acusa de haber sido demasiado cautelosos, Trump reivindica el uso directo del poder estadounidense con fines políticos y económicos, incluso cuando eso implique redefinir -o ignorar- los límites del orden internacional vigente.

Cualquier parecido con la imagen de un dictador, es pura coincidencia. Obviamente Trump no se presenta como un dictador -Maduro tampoco-, sino como alguien que desprecia la idea misma de los límites. Niega que la ley, el derecho internacional o las alianzas sean fuentes externas de autoridad a las que deba someterse. Eso es en la práctica, un pensamiento tiránico, aunque todavía no sea una tiranía institucionalizada.

En términos de ciencia política, la visión que Trump expresa encaja con precisión en el concepto de cesarismo: una forma de liderazgo en la que el poder no se legitima por la ley ni por las instituciones, sino por la fuerza, el éxito y la capacidad de imponerse. El líder cesarista se sitúa por encima de los contrapesos formales, convierte al Estado en una herramienta personal y concibe la política -tanto interna como externa- no como un sistema de derechos y normas compartidas, sino como un campo de dominio, donde manda quien puede y no quien debe.

Julio César no abolió la República el primer día. Primero la vació de sentido.

Para desazón de los entusiastas del derrocamiento de Maduro y la acción de Estados Unidos, Trump ya no habla ni de democracia ni de salvar al país de una dictadura. Ni siquiera de narcotráfico. Estados Unidos admitió que el Cártel de los Soles, señalado por Trump como el enemigo que lideraba Maduro, no es una “organización criminal real”.  Expertos en delincuencia y narcóticos en Latinoamérica afirmaron que, esa denominación, se trata de “un término coloquial, inventado por los medios venezolanos en la década de 1990, para referirse a funcionarios corruptos por el dinero del narcotráfico“.

El eje es el petróleo. Negocios. Negocios para empresas de Estados Unidos. 

“Lo que hemos hecho es que hemos tomado el control de todo un país. Vamos a hacer que el país sea fuerte y bueno y, en última instancia, van a poder votar y poner a alguien que les guste. Hemos tomado petróleo por un valor de 4.000 millones de dólares en un solo día, y eso va a aumentar. Vamos a reconstruirlo. Todas las grandes compañías petroleras están entrando. Van a ganar mucho dinero y Venezuela va a recibir parte de ese dinero y nosotros vamos a recibir parte de ese dinero. Trajimos estabilidad a la región, con estabilidad y precios del petróleo mucho más bajos”, explicó Trump en otra entrevista. 

A diferencia de otros años -en noviembre se cumplieron 25 años del No al Alca-, el poder imperial no encuentra oposición. Javier Milei aplaudió el avance de Trump, Lula Da Silva ensayó una crítica de compromiso y el resto del continente miró para otro lado. El colombiano Gustavo Petro llamó dócilmente a Trump para calmar las amenazas del norte. En Europa y los organismos internacionales, las críticas no hirieron susceptibilidades. 

La crítica más mordaz provino de la ultraderechista francesa Marion Anne Perrine Le Pen, a quien nadie puede achacarle alguna simpatía por el chavismo residual: “Existían mil razones para condenar al régimen de Nicolás Maduro: comunista, oligárquico y autoritario, hacía pesar sobre su pueblo, desde hace demasiado tiempo, una losa que hundió a millones de venezolanos en la miseria -cuando no los obligó al exilio-. Pero existe una razón fundamental para oponerse al cambio de régimen que Estados Unidos acaba de provocar en Venezuela. La soberanía de los Estados nunca es negociable, cualquiera sea su tamaño, cualquiera sea su poder, cualquiera sea su continente. Es inviolable y sagrada. Renunciar hoy a ese principio para Venezuela, para cualquier Estado, equivaldría a aceptar mañana nuestra propia servidumbre. Sería, por lo tanto, un peligro mortal, en un siglo XXI que ya es escenario de grandes sacudidas geopolíticas y que hace pender sobre la humanidad el riesgo permanente de la guerra y del caos”, detalló. Servidumbre del siglo XXI. El nuevo des-orden mundial. 

Ese nuevo des-orden no necesita de alineamientos, sino sometimiento. Países como Argentina, urgidos de respaldos para sostener su economía, quedarán cada vez más expuestos. Los grandes jugarán su juego. El acuerdo Mercosur-UE, largamente buscado y a punto de ser firmado, ya no es garantía de crecimiento para los países de este continente, porque las condiciones las pone Europa y, en el caso de la Argentina, los costos de producción se han disparado en los últimos años, lo que hace difícil estimar potenciales beneficios. La yerba es uno de los productos que entrará sin arancel y se buscará potenciar la demanda de otros productos para sostener el ritmo exportador que cerró el 2025 en uno de sus mejores momentos. 

Pero aún con exportaciones en alza, la economía no encuentra sosiego. En la industria, once de los 16 principales sectores están en rojo contra noviembre de 2023. La industria textil es la más golpeada, con una caída del 38 por ciento, seguida por metales, caucho y la industria automotriz. 

De pasar a cobrar en dólares, a contar los pesos para llegar a fin de mes. El derrumbe económico coincide con una suba de precios que tuvo poco de moderación. La inflación seguirá en enero por encima del 2 por ciento y la de diciembre, que se conocerá en los próximos días, marca un porcentaje similar. Enero también marcará el debut del nuevo índice de precios al consumidor del Instituto Nacional de Estadística y Censos. El nuevo formato no llega para mejorar la comprensión de la inflación, sino para desnudarla. Al actualizar la canasta con la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/18, la inflación de la era Milei salta a 269%, frente al 259% que arroja el viejo patrón de consumo de 2004/2005. La diferencia no es técnica: es política. Durante más de veinte años se midió el costo de vida con una canasta que ya no existe, subestimando el peso real de los alquileres, los servicios y los bienes básicos en los hogares. El resultado es incómodo para el relato oficial: cuando la inflación se mide con los hábitos reales de la gente, el ajuste aparece todavía más brutal de lo que ya muestran las estadísticas.

Uno de los cambios clave será la ponderación que tienen viviendas y servicios en el IPC, que -hasta el momento- es de 9,44% a nivel nacional, y a partir de enero escalará a 14,5%. Este fue un gran debate durante 2024, cuando se redujeron fuertemente los subsidios económicos para los servicios públicos y el IPC no reflejaba lo que ocurría hacia dentro de los presupuestos familiares.

En ese escenario de contracción, las provincias se ven obligadas a redoblar esfuerzos para sostener las economías regionales, con suerte dispar. La vecina Corrientes, señalada siempre como el “ejemplo” por las oposiciones en Misiones, tiene a decenas de municipios en virtual cesación de pagos, mientras que la provincia atraviesa una crisis financiera y administrativa de magnitud estructural que ya no puede ser disimulada por discursos de equilibrio fiscal ni por la aprobación exprés de presupuestos inflados. 

El gobernador Juan Pablo Valdés asumió con una herencia fiscal crítica, producto de la gestión de su hermano Gustavo, padrino político del radicalismo misionero: el gasto provincial creció un 39% por encima de los ingresos, el déficit supera los 160.000 millones y la deuda proyectada para 2025 ronda los 184.905 millones, ubicando a Corrientes entre las provincias más comprometidas del país.

En contraste, Misiones cierra el año con nota alta. Moody’s Argentina ratificó la calificación crediticia de Misiones y confirmó su perfil como uno de los distritos subnacionales más sólidos del país en un contexto macroeconómico todavía frágil para la Argentina. La agencia afirmó tanto las calificaciones de emisor en moneda local como en moneda extranjera de largo plazo en BB+.ar, con perspectiva estable, lo que implica que no se esperan cambios significativos en los fundamentos financieros de la provincia en el corto y mediano plazo.

El informe de Moody’s destaca que el perfil crediticio de Misiones se construye sobre una combinación clave: márgenes operativos sólidos, bajo nivel de endeudamiento y una muy reducida exposición al riesgo cambiario. Misiones presenta una de las estructuras de deuda más prudentes del mapa subnacional argentino, con un peso acotado de pasivos en moneda extranjera, lo que la protege frente a saltos en el tipo de cambio, una de las principales fuentes de estrés fiscal en el país.

Este punto es central en momentos en que la Argentina atraviesa un proceso de reordenamiento macroeconómico con fuerte ajuste fiscal, inestabilidad monetaria y aún alta sensibilidad cambiaria, Moody’s subraya que Misiones no está expuesta a shocks cambiarios por su estructura de deuda, algo que pocas provincias pueden exhibir.

Ese orden económico se sustenta en el desendeudamiento de los últimos años y en una política fiscal que fortalece la autonomía y le permite a Misiones cumplir con sueldos y sostener lo que puede: programas productivos y de respaldo a la economía.

De todos modos, la oposición, carente de creatividad, repite las críticas hacia los pilares de esa fortaleza. Desde siempre el radicalismo, después el PRO y ahora Diego Hartfield, el ex tenista libertario, que repite los mismos conceptos sin decir cómo sostener servicios básicos sin recursos propios en momentos en los que la Nación se desentiende de todas sus responsabilidades. Salud, educación, seguridad y transporte, dependen exclusivamente de los recursos provinciales, mientras que el Gobierno de Milei sigue recaudando impuestos únicamente para cumplir con los vencimientos de una deuda que se hace cada vez más insostenible. Para Hartfield, Misiones sufre una fragilidad financiera, está “en default” y al mismo tiempo, debe suprimir sus herramientas fiscales. Contradicciones a la vista.

El ministro de Hacienda, Adolfo Safrán, quien ya había salido al cruce de las posiciones exhibidas por la Confederación Económica de Misiones, en contra de las políticas fiscales, no eludió contestar la diatriba del ex tenista que comenta la realidad en las redes y desde la playa: el funcionario planteó que no existe ningún escenario de fragilidad financiera cuando una calificadora como Moody’s acaba de volver a certificar la solvencia de la provincia, con bajo riesgo fiscal y una trayectoria de más de dos décadas de manejo responsable de las cuentas públicas. 

En ese mismo sentido, explicó que Misiones consiguió financiamiento de la Corporación Andina de Fomento no para cubrir déficits corrientes -como sucedió en otras épocas y como hace la Nación para dibujar equilibrios contables-, sino para destrabar una obra eléctrica de alta tensión que la Nación dejó sin ejecutar y que es clave para sostener el crecimiento productivo de Misiones. Desde su óptica, el verdadero problema no está en la salud financiera provincial, sino en los recursos que el Estado nacional sigue adeudando a los misioneros -desde regalías energéticas hasta fondos previsionales y programas sectoriales-, y que requieren una defensa activa en el Congreso. Por eso, Safrán dejó en claro que, mientras los indicadores macro puedan mostrar cierta mejora, la prioridad es atender la realidad concreta de la economía local, el empleo y la actividad, una tarea que demanda menos ruido político y más trabajo coordinado en favor de la provincia. “Lo invito a trabajar en esa agenda compartida por el bien de la provincia”, señaló Safrán, aunque Hartfield ya dejó claro que es “diputado de Milei” y no necesariamente de la provincia de Misiones.

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Ley de Presupuesto y fiscos provinciales: un paso adelante y varias incógnitas

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Por Isidro Guardarucci / FIEL – Radiografía del superávit. 2025 llegó a su fin y los números fiscales van a apareciendo. La información más reciente es la ejecución a noviembre, es decir, sólo queda por agregar el último mes del año. La foto del pre cierre de año muestra un superávit primario de $14,6 billones, un 12,6% más bajo que el observado en igual período de 2024 (cuando se compara a precios constantes, es decir, neto del efecto inflacionario). Por su parte, el balance global, que incluye el pago de intereses, se ubicó en $4,7 billones. Este número, favorecido por el registro contable de los instrumentos capitalizables cuyos servicios se reflejan íntegramente debajo de la línea, es muy similar a lo observado un año atrás.

En línea con lo acontecido durante todo 2025, se destaca la fuerte contracción de los subsidios económicos y la inversión pública; en menor proporción, las partidas salariales también se vieron reducidas. Mención aparte para las transferencias a universidades nacionales, las cuales, si bien cayeron, arrancan el año 2026 con Ley de Financiamiento vigente. En la misma línea, también cayeron los intereses, por cuestiones de registro ya mencionadas. Por el contrario, los gastos no salariales de funcionamiento estatal y las transferencias a provincias aumentaron considerablemente. En menor proporción, pero con un impacto considerable, el aumento de las prestaciones sociales es el principal determinante de que la situación fiscal muestre un retroceso con respecto a 2024. En el mismo sentido juega la caída de la recaudación tributaria, que afecta negativamente al balance en unos $3 billones (medidos en moneda constante).

Finalmente, hay Ley de Presupuesto

Con el año nuevo, el gobierno logró tener (finalmente) un presupuesto aprobado. Esto representa un hito en la gestión económica, dotando de mayor institucionalidad a la cuestión fiscal. No obstante, el tema no está cerrado totalmente. El proyecto aprobado por el Poder Legislativo eliminó el artículo que derogaba las leyes referidas a financiamiento educativo y discapacidad. Así, no es obvio cómo se logrará sostener el superávit primario proyectado en 1,5% del PIB. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso ambas normativas implican más de medio punto del producto en gasto anual, el cual ahora deberá ser absorbido con alguna reasignación de partidas. Una posibilidad es que, al menos parcialmente, estos gastos se financien con los recursos generados por el nivel de inflación más alto implícito en el nuevo plan cambiario anunciado para este 2026. Se plantea también la alternativa trascendida de ignorar estas disposiciones, toda vez que el proyecto aprobado por el Congreso no especifica las fuentes de financiamiento asignadas para tales erogaciones. Finalmente, existe la posibilidad de algún recurso normativo que proponga el Poder Ejecutivo para buscar una solución intermedia a una disputa no saldada.

Fin de año en las provincias: optimismo se busca

Por su parte, las provincias enfrentan un escenario que luce algo más deteriorado. Si bien es un mapa heterogéneo, el análisis macroeconómico impone la necesidad de una lectura agregada. Como se manifestó en esta misma columna hace algunos meses, la situación subnacional del primer semestre era peor que la de 2024 (cuando la licuación del gasto jugó a favor de los tesoros provinciales) y similar a la de 2023. No obstante, no es correcto pensar que este corte parcial se debe traducir linealmente al cierre de año. La realidad se impone.

Las provincias tienen gastos muy rígidos, donde el componente salarial es (por mucho) el más relevante. Además, la mitad de ellas sostienen a sus cajas previsionales provinciales, las cuales imponen también erogaciones sin ninguna flexibilidad. En cuanto al gasto “discrecional”, es más rígido que en nación: los bienes y servicios que contratan son asociados en su mayor parte al funcionamiento de salud, educación y seguridad; mientras que la obra pública tiene también escaso margen de maniobra dada la contracción del financiamiento nacional en este rubro.

Del lado de los ingresos, las provincias viven principalmente de la coparticipación (Ganancias e IVA dirigen el show) y la recaudación del Impuesto a los Ingresos Brutos. Estos recursos se ven influenciados de forma directa por la inflación. Y el comportamiento de los precios en 2023 no se puede comparar en absoluto con 2025. Mientras hace dos años el segundo semestre fue de fortísima aceleración, en el último ejercicio mostró niveles más o menos constantes entre julio y diciembre. Así, mientras los precios se aceleran, la recaudación aumenta y los recursos para financiar gastos (que se actualizan mirando al pasado) son suficientes. Esto brinda flexibilidad en el corto plazo a gobiernos que, si se acostumbran a operar en ese contexto, terminan por adaptarse a dinámicas menos sostenibles en procesos de estabilización. El cierre de 2025, si bien dista mucho de lo que es un nivel de inflación deseable, no se compara con lo observado en años pasados. Es decir, los números deben cerrar con prudencia fiscal, no apostando a la nominalidad y “patear el problema para adelante”.

La situación luce más sensible si se compara la recaudación provincial y su dinámica reciente. Según los datos más actuales, la recaudación acumulada del Impuesto a los Ingresos Brutos está por debajo de los registros tanto de 2023 como de 2024 (en algunos casos, como en Córdoba, la situación es similar). En resumen, ni los recursos de 2023 ni la licuación del gasto de 2024. Las provincias suelen ser algo lentas para mostrar sus números, pero no hay dudas de que la foto de cierre de 2025 mostrará a varios fiscos subnacionales en la situación más incómoda de los últimos años.

El año que se viene

Comienza un nuevo año y el gobierno deberá enfrentar el desafío de sostener el superávit fiscal, sin dudas, el pilar de su programa económico. No se puede ignorar que la Ley de Presupuesto y el resultado electoral plantean un escenario más sólido en lo institucional y político, pero la tarea sigue. Por el lado de las provincias, en las próximas semanas (y quizás meses) posiblemente empezaremos a ver un cierre de 2025 con más déficit del que veníamos acostumbrados.

Pasado un año marcado por las elecciones legislativas, 2026 llama a encauzar las finanzas públicas a todo nivel. Aunque parezca pronto, ya podemos decir que el año que viene se renuevan autoridades ejecutivas. Y no es deseable llegar sin margen a esas instancias. Para los gobernantes, un fisco bajo stress es sinónimo de ajuste y menor capacidad de negociación; para la economía, es sinónimo de inestabilidad e incertidumbre.

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La nominalidad de 2026 va a dar espacio

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El año 2025 cierra con la aprobación por parte del Congreso de dos normas importantes para la macro de 2026: el presupuesto y la ley de inocencia fiscal.

Luego de dos años sin presupuesto aprobado por el poder Legislativo, era imperioso que el gobierno pudiera lograr el consenso necesario para volver a la normalidad de contar con un presupuesto en tiempo y forma. En el camino quedó la intención de revertir el aumento en el gasto en universidades y discapacidad. En algún momento, estos temas demandarán un debate menos politizado del que se dio antes de las elecciones de octubre, con posturas extremas que resultaron en un relajamiento de los ya débiles requisitos para acceder a una prestación por discapacidad y en una priorización del gasto en universidades por sobre otras necesidades de gasto público nacional sin siquiera un intento por mejorar la eficiencia del gasto (por ejemplo, revisar la cantidad de universidades cuando existe evidencia de que se ha politizado la apertura de varias casas de estudio, incluso en ciudades poco pobladas del país cuyas necesidades podrían ser atendidas por regionales de las universidades más grandes).

En cualquier caso, surge la pregunta de cómo hará el Ejecutivo para alcanzar el resultado primario proyectado de 1.5% del PIB. La reasignación de partidas es una opción, pero tiene un límite importante que es la actualización por inflación de muchas de ellas (la más importante, el gasto en jubilaciones) y una restricción de un porcentaje máximo de afectación de cada rubro.

Sin embargo, el presupuesto 2026 se hizo suponiendo que el PIB nominal promedio del año aumentará alrededor del 20% respecto del de 2025. Es poco probable que la inflación del año sea tan baja como la prevista, y ello más que compensaría el menor crecimiento real respecto del demasiado optimista 5% contemplado en el presupuesto. Entonces, la mayor nominalidad aportará ingresos adicionales en pesos y licuará el gasto no ajustable por inflación sin necesidad de afectar las partidas aprobadas por el Congreso. Por ello, es probable que se alcance la meta de superávit primario, aunque eso deja un problema abierto para el presupuesto de 2027 cuando las proyecciones se basen en la ejecución real del año 2026.

Es difícil estimar el impacto de la ley de inocencia fiscal sobre las decisiones de las familias argentinas, pero en cualquier caso contribuirá algo a la actividad económica y podría ser también un vehículo para aportar algún financiamiento al soberano en la medida en que algunos de los dólares ingresados al sistema terminen comprando títulos públicos.

La mayor nominalidad de la economía también ayudará al BCRA. Los datos confirman que hubo una gran dolarización de portafolios previo a la elección de octubre y que ello debería revertirse, al menos en parte, dando un espacio para que aumente la demanda de pesos. Este efecto de normalización (que puede demorar varios trimestres) es de una sola vez. Pero, además, cada año el BCRA puede emitir para satisfacer el incremento en la demanda de base monetaria que se requiere para mantener el cociente Base a PIB constante en el nivel deseado por los agentes económicos privados. Una economía con mayor crecimiento del PIB nominal le da más espacio al BCRA para comprar divisas con emisión que no genera inflación.

Aquí es importante recordar porqué es necesario acumular reservas aún si el tipo de cambio flotara libremente. Los países emergentes están expuestos a shocks que pueden desatar un corte abrupto del financiamiento al soberano y a las empresas privadas. Si no hay alguna reserva podría forzarse a los deudores a incumplir en sus obligaciones. Por ello, para establecer el nivel adecuado de las reservas de un país se consideran, entre otros indicadores, el monto de vencimientos de deuda de corto plazo y de los pagos de importaciones. Se trata de evitar eventos disruptivos que agravarían las tendencias recesivas de un shock des favorable.

El swap con Estados Unidos, que parece ser de más fácil acceso que el swap con China, actúa como un sustituto transitorio a la débil posición de reservas netas del BCRA. Pero hay que resolver la debilidad aun cuando en el corto plazo ello se traduzca en un tipo de cambio real algo más depreciado y se sacrifique parte de la mejora posible en el nivel de actividad.

El último punto se explica porque la alternativa a la acumulación de reservas era que se gastaran esas divisas. Ello daría más actividad (al evitar pagar el costo del seguro anticrisis) pero al riesgo de enfrentar una recesión mayor si no se cuenta con el “pago” del autoseguro.

Es posible, incluso, que a medida que se avance en la mejora de la posición de reservas netas se reduzca el riesgo país y ello aporte una compensación. Pero eso podría ocurrir luego de varios meses de compras netas del BCRA.

Empieza un nuevo año en el cual la nominalidad le dará espacio al programa de gobierno permitiéndole fortalecer algunos puntos débiles. Una reducción más paulatina en la tasa de inflación parece un buen precio a pagar para ganar en tranquilidad.

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Milei: “La región ha despertado de la pesadilla del socialismo del siglo XXI”

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l presidente Javier Milei destacó que en América Latina “pareciera que la región ha despertado de la pesadilla del socialismo del siglo XXI”, al afirmar que “la gente está descubriendo que la pátina buenista una farsa”.

“No es ni más ni menos que un relato sensiblero, mentiroso, engañoso, para que un conjunto de forajidos tomen el poder y empobrezcan a la población, si en todos los lugares donde se aplica es un fracaso…”, expresó en una entrevista con CNN en Español.

Consultado sobre si avanzará en la conformación de un bloque regional de gobiernos de derecha, dijo que “sin dudas” y agregó que está trabajando activamente por eso”.

“Todavía no le pusimos nombre, pero ya hay un grupo de 10 países que estamos trabajando y que vamos a seguir avanzando”, agregó, y detalló que se trata de un “trabajo que está llevando a cabo” el canciller Pablo Quirno

El caso Venezuela

Milei sostuvo que “el régimen de (Nicolás) Maduro es a América Latina hoy, lo que fue Cuba, el castrismo en los 70. Básicamente el socialismo del siglo XXI intenta instalar el comunismo desde la vía democrática, pero por la propia dinámica que llevan estos regímenes, terminan en situaciones totalitarias”, añadió. 

Y añadió que “en el caso de Maduro es un dictador y está vinculado al narcotráfico y además ha contaminado el continente con espías, con actos subversivos y que han trabajado en contra de gobiernos con signos distintos al socialismo del siglo XXI. Por eso también, a países alineados con el socialismo del siglo XXI, que son financiados por este narcoterrorista asesino, después no lo quieren condenar”.

Milei dijo además estar “de acuerdo” con que Estados Unidos avance sobre Venezuela, y añadió que “si necesitan de mi apoyo lo va a tener porque es un régimen dictatorial narcoterrorista que ha infectado a todo el continente, inyectando dinero para generar problemas en todos aquellos gobiernos que no responden al socialismo del siglo XXI. Más claro que échele agua”.

Otras latitudes

También reafirmó que su gobierno tiene una “muy buena relación comercial con China. Nosotros
tenemos que tratar de comercializar con todos los países del mundo, y todos aquellos que quieran comercializar con nosotros, bienvenidos”.

“En ese sentido, China es un gran socio comercial”, subrayó.

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El Congreso de Estados Unidos advierte que Argentina se enfrenta a un default o una devaluación

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Un informe técnico del Congreso de Estados Unidos encendió señales de alarma sobre la sostenibilidad financiera de la Argentina y ayuda a explicar por qué la administración de Donald Trump aún no habilitó los fondos que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, le habría prometido al gobierno de Javier Milei como respaldo financiero.

El documento, fechado el 30 de diciembre y elaborado por el Congressional Research Service (CRS) -el organismo técnico que asesora al Congreso norteamericano-, evalúa los riesgos, costos y alternativas del apoyo financiero de Washington a la Argentina, en particular el swap de monedas y otros mecanismos de asistencia.

Bajo el título “US Financial Support to Argentina”, los autores Joshua Klein y Rebecca Nelsson describen una economía con fragilidad cambiaria, dificultades para estabilizar la moneda y una fuerte dependencia del financiamiento externo, pese a las reformas impulsadas por el gobierno libertario.

El informe advierte que la estrategia oficial de sostener el tipo de cambio mediante ventas de reservas “no es sostenible en el tiempo” y que el país carece de un superávit comercial robusto que garantice un flujo genuino de divisas. En ese contexto, el CRS plantea de manera explícita la posibilidad de un nuevo incumplimiento de deuda.

“Si el gobierno de Milei se encuentra sin suficientes divisas para hacer los pagos de su deuda y sostener sus objetivos de política cambiaria, probablemente enfrentará decisiones políticas difíciles, como por ejemplo dejar de pagar su deuda por décima vez o permitir más flexibilidad en el valor del peso”, sostiene el informe en la página 7.

Los técnicos subrayan que la principal fuente de dólares hoy es el remanente del swap con Estados Unidos, y que la falta de generación propia de divisas deja al programa económico expuesto a un escenario de estrés financiero. Ante esa situación, señalan que el Gobierno podría verse obligado a buscar más apoyo del Fondo Monetario Internacional, de Washington u otros prestamistas oficiales, aunque aclaran que “las perspectivas de obtener dicho apoyo son inciertas”, dado el alto nivel de exposición del FMI a la Argentina.

El economista y director del Instituto Consenso Federal, Alejandro Topo Rodríguez, sostuvo que el documento plantea “la advertencia más dura de todo el informe”: sin dólares suficientes, el programa económico de Milei y del ministro Luis Caputo quedaría atrapado entre dos opciones extremas, el default o una devaluación más profunda. “Mientras el mundo mira a Venezuela, una oficina técnica del Congreso de los Estados Unidos puso el ojo en la economía argentina y advirtió que el programa podría enfrentarse a un dilema ingrato: caer en default o ejecutar una fuerte devaluación”, señaló.

Rodríguez remarcó que el objetivo del informe fue asistir al Congreso norteamericano en la evaluación del respaldo financiero a la Argentina, incluyendo el swap de monedas, y en la medición de sus riesgos y alternativas.

El CRS, sin embargo, también reconoce avances: destaca mejoras en indicadores macroeconómicos, las reformas estructurales impulsadas por Milei y el impacto que tendría un eventual respaldo de Estados Unidos sobre la credibilidad del programa. El informe también menciona el triunfo oficialista en las elecciones de medio término.

Desde la oposición argentina, la diputada Julia Strada, de Fuerza Patria, afirmó que el documento confirma que cualquier ampliación o modificación del swap debe pasar por el Congreso estadounidense. Según explicó, los técnicos de Washington le presentan a la Casa Blanca tres caminos: aprobar o rechazar el swap en el Congreso, exigir un mayor nivel de información sobre los acuerdos vigentes o limitar montos y plazos.

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