MILEI

Ventas en supermercados de Misiones cayeron 7,3% en junio y cerraron el semestre en -10,4%

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En junio de 2026, las ventas en los grandes supermercados a nivel nacional fueron por $ 2,48 billones y registraron un descenso real del 3,1% interanual, siendo la sexta baja consecutiva. Por su parte, la comparación mensual desestacionalizada exhibió también una caída que llegó al -1,0% respecto a mayo pasado. Así, este indicador se ubica -10,3% en lo que va del actual gobierno nacional.

En la provincia de Misiones, las ventas totalizaron $ 27.274 millones en mayo de 2026 y en relación con igual mes del 2025 mostraron una caída del 7,3% real, siendo la quinta baja más fuerte del país y la décimo cuarta consecutiva para la provincia aunque, en ese marco, se destacan dos cosas: la caída interanual se desaceleró significativamente en comparación con el mes anterior (fue -14,3% en mayo) y, en segundo lugar, las ventas de junio crecieron mensualmente 5,6% respecto a mayo.

Por grupos de artículos, tres de los once que releva el INDEC presentaron crecimientos interanuales: lideró Panadería con +13,1%, seguido por Verduras y Frutas con +5,7% y por productos de Almacén con +3,2%, siendo este el caso más relevante dada su alta participación en el total provincial (explica el 33% de la facturación total del mes).

A su vez, el resto de los rubros exhibieron caídas interanuales con una fuerte brecha entre ellos: por un lado, el rubro de Otros lo hizo en -1,5% pero, en el extremo opuesto, Indumentaria cayó al 29,3%, la más fuerte en la provincia. De esta forma, el acumulado del primer semestre del año cerró para Misiones con ventas por $ 155.793 millones con una caída del 10,4% respecto a igual período de 2025, además de quedar por debajo también de igual período del 2024 (-9,8%), de 2023 (-33,8%) y de 2022 (-35,8%).

A nivel nacional, como se mencionó, la caída en las ventas de junio fue del 3,1% interanual y en ese marco, hubo solo seis provincias que exhibieron crecimiento con Neuquén (+5,3%) y La Pampa (+5,0%) a la cabeza; entre los que presentaron caídas, las más abruptas fueron las de Chaco (-8,2%), Catamarca (-8,5%) y Corrientes (-9,8%).

A nivel acumulado, el total nacional presenta una caída del 2,8%; y solo cuatro provincias exhiben resultados positivos (lideradas por Neuquén con +3,5%) y el resto registra descensos, siendo los de Corrientes (-13,3%) y Misiones (-10,4%) los más fuertes.

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El Riesgo País volvió a instalarse bien arriba de los 500 puntos

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Luego de dar una señal de distención en el inicio de la rueda, el Riesgo País retomó el sendero alcista de las últimas jornadas y al cierre de esta nota se ubicaba nuevamente en los 512 puntos básicos, la marca más alta desde finales de mayo.

Los bonos caían hasta un 0,6% y revertían la tendencia positiva del inicio de la rueda producto del contagio del contexto internacional, luego de que el secretario del Tesoro de USA, Scott Bessent, anunciara un aumento en la recompra de títulos con el fin de bajar los rendimientos, que llegaron a máximos de varios años en los últimos días.

Consecuencia del anuncio, el rendimiento de “treasuries” cayó, lo que volvió más atractivo a los activos emergentes, como los bonos argentinos. De esa forma, se produjo una mejora de los títulos argentinos que derivó en un recorte de 10 puntos del Riesgo País, hasta los 502.

Pero el alivio duró poco y tras un deterioro de las cotizaciones el índice de probabilidad de default del JP Morgan volvió al punto de partida de 512 puntos.

El sesgo alcista se mantiene por 11ava jornada consecutiva, atravesando nuevamente el umbral de los 500 cuando en julio la expectativa era que el indicador perforara los 400 puntos.

Pero desde entonces factores externos y otros domésticos, como el debilitamiento de Javier Milei en las encuestas lo que dispara incertidumbre inversora sobre su reelección, y la merma en la compra de reservas por parte del Banco Central reincorporó la volatilidad.

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Flybondi: cuando el mercado falla, ¿quién se hace cargo?

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Llegué a Aeroparque hace unos días, desde Posadas, y me encontré con una protesta de trabajadores de Flybondi y muchos policías a su alrededor. Era una escena extraña en un aeropuerto: carteles, reclamos, empleados denunciando despidos y pagos pendientes.

Pero hubo algo que me llamó todavía más la atención: no estaban frente a una oficina de la empresa -vaya a saber dónde quedan- ni frente a una dependencia del Estado. Estaban en un aeropuerto, reclamando en un lugar que, en principio, no era el lugar donde alguien debería tener que ir a reclamar por su indemnización o por sus derechos laborales.

Mientras seguía viaje, ya en el Uber, apareció una pregunta que creo que va mucho más allá de Flybondi: ¿Quién protege a las personas de carne y hueso cuando una empresa así entra en crisis?

Porque, además, hay algo que tampoco podemos ignorar: Flybondi nunca fue precisamente una compañía que se caracterizara por funcionar sin problemas. Las cancelaciones, demoras e incumplimientos vienen de hace tiempo y durante 2026 la situación se agravó hasta niveles inéditos.

Y detrás de una empresa que no puede sostener sus vuelos hay mucho más que aviones. Hay trabajadores despedidos que reclaman indemnizaciones. Trabajadores que permanecen en la empresa y atraviesan suspensiones, incertidumbre o no cobran. Hay pasajeros que compraron un boleto y no pudieron viajar. Personas esperando reintegros. Proveedores que reclaman deudas.

Y hay un Estado que, cada vez más, parece llegar después de que el problema ya ocurrió. O, peor aún, parece no querer llegar.

Flybondi cuenta con un sindicato propio, la ATAF (Asociación de Trabajadores Aeronáuticos de Flybondi), pero su representación queda circunscrita a la empresa. Esa limitación reduce su capacidad para ejercer una fuerza colectiva que trascienda al empleador y deja al trabajador como el eslabón más débil de la relación: existe representación formal, pero no necesariamente una estructura con suficiente poder para equilibrar la posición de quien depende de la empresa para conservar su empleo.

Esta crisis deja una pregunta mucho más incómoda: ¿Quién representa realmente al trabajador cuando deja de ser trabajador?

Más de 700 personas fueron desvinculadas de Flybondi y existen reclamos por indemnizaciones y acuerdos de salida que, según denuncias difundidas públicamente, todavía no fueron abonados.

Algunos exempleados comenzaron a autoconvocarse para reclamar. ¿A quién?

Y ahí aparece una de las paradojas de nuestro tiempo: alguien puede tener un derecho reconocido, pero no necesariamente tener el poder para hacerlo efectivo.

El trabajador despedido deja de ser parte de una estructura colectiva y pasa a convertirse en un individuo frente a una empresa. Su indemnización se transforma en un expediente. Su reclamo, en una demanda. Y mientras tanto, el tiempo corre.

Después están los pasajeros. El pasajero no compró una crisis financiera. No compró una discusión entre accionistas sobre quién debe poner el dinero para sostener la empresa. No compró una reestructuración empresarial. Compró un vuelo.

Y, sin embargo, hoy se encuentra atrapado en una discusión que le es completamente ajena. Mientras los accionistas discuten quién debe aportar fondos para sostener la compañía, el pasajero sigue esperando una respuesta sobre algo mucho más sencillo: el servicio que pagó. ⁠ 

Cuando ese vuelo se cancela, el problema deja de ser una cuestión empresarial y pasa a ser un problema personal. Una conexión perdida. Una noche de hotel. Una reunión de trabajo. Un día de vacaciones. Otro pasaje comprado a las apuradas y mucho más caro.

El pasajero también reclama solo. Y esa es otra de las cuestiones centrales del caso.

Porque tener derecho a reclamar no significa necesariamente tener capacidad para obtener una respuesta.

Y la situación llegó hoy a un punto todavía más elocuente: después de doce días sin operar vuelos, la página web de Flybondi dejó de funcionar. Ya no se trata solamente de un vuelo cancelado o de una demora: el pasajero ni siquiera puede ingresar al canal habitual de la empresa para consultar, comprar o reprogramar un pasaje. ⁠ 

Durante el último año, Flybondi acumuló miles de cancelaciones y cientos de miles de pasajeros afectados.

Entonces la pregunta vuelve a ser inevitable: ¿Quién protege al usuario cuando la empresa que le vendió el servicio no puede prestarlo?

Y entonces aparece el Estado. El Gobierno de Javier Milei hizo de la desregulación y de la reducción de la intervención estatal una parte central de su política económica. En el sector aerocomercial, la apertura y la competencia fueron presentadas como herramientas para ampliar la oferta y beneficiar al consumidor. El caso de Flybondi, claramente, al día de hoy, no resultó exitoso.

La discusión, sin embargo, no debería ser -ni cerca- si el Estado tiene que administrar una aerolínea. La pregunta es otra: ¿Qué hace el Estado cuando una empresa privada falla?

No tiene que rescatarla. No necesariamente tiene que poner dinero. Pero sí tiene que proteger a quienes quedan atrapados en su crisis.

Porque el Estado puede dejar de ser empresario y no está mal. Lo que no puede dejar de ser es Estado, para ayudar a sus ciudadanos. El Estado no existe constitucionalmente solo para garantizar libertad económica, sino también para afianzar la justicia y -fundamentalmente- el bienestar general. El Estado está, entre otras cosas, para evitar los abusos.

Tiene que garantizar que el trabajador cobre lo que corresponde. Que el pasajero no quede indefenso. Que una empresa no siga vendiendo un servicio que no está en condiciones de prestar. Que los organismos de control actúen antes de que el daño sea irreversible.

Porque si el Estado aparece solamente cuando hay que sancionar, cuando hay que iniciar un expediente o cuando el problema ya explotó, la pregunta es si realmente está regulando o simplemente está tomando nota del fracaso.

El costo para el que está solo es enorme. Flybondi no es solamente una historia sobre una aerolínea en problemas. Es una historia sobre la relación entre individuos, empresas y Estado. El trabajador reclama solo. El pasajero reclama solo. El pequeño proveedor reclama solo.

Y enfrente hay una empresa con abogados, estructura y capacidad de negociación.

Por eso existen los sindicatos. Por eso existen las asociaciones de consumidores. Por eso existe el Estado.

No para reemplazar a las personas, sino porque una persona sola casi siempre tiene menos poder que una organización. Una persona sola o aislada es el eslabón débil.

La desregulación puede ser una herramienta económica. La competencia puede ser saludable. El Estado puede y debe discutir su tamaño.

Pero hay algo que no debería discutirse: cuando el mercado funciona, la empresa gana; cuando el mercado falla, la persona no puede quedar sola pagando la cuenta.

Esa tarde, mientras veía a los trabajadores de Flybondi protestar en Aeroparque, me quedó la triste sensación de que aquello no era solamente una protesta laboral. Era una imagen bastante precisa de una discusión mucho más grande.

Trabajadores que no saben dónde reclamar. Pasajeros que no saben a quién recurrir. Una empresa que atraviesa una crisis profunda. Proveedores que esperan cobrar.

Y un Estado que parece haber decidido que intervenir menos es siempre mejor.

Y aquí, hay un dato que resulta difícil de ignorar: mientras en Brasil, ante el nivel de cancelaciones de Flybondi, el Estado restringió la venta de nuevos pasajes para proteger a los usuarios; aquí, en cambio, se permitió durante bastante tiempo que la compañía siga vendiendo mientras los pasajeros ya afectados deben reclamar después de haber perdido vuelos, dinero o tiempo. Dos Estados frente al mismo problema y dos maneras muy distintas de entender hasta dónde debe llegar la protección pública.

Además, hay una diferencia entre intervenir menos y dejar de intervenir cuando más hace falta.

La pregunta, entonces, no es solamente qué será de Flybondi. La pregunta es más incómoda: ¿quién se hace cargo de los que quedan abajo?

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Goerling pide que el PRO tenga candidato presidencial propio y sostener las PASO

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El jefe del bloque del PRO en el Senado, Martín Goerling, respaldó la posibilidad de que el partido tenga un candidato presidencial propio para las elecciones de 2027. Además, consideró válida la decisión del exministro de Economía Hernán Lacunza de comenzar a mostrarse como una alternativa electoral.

Goerling habló en Radio Futurock y se refirió al debate interno que atraviesa el PRO mientras mantiene conversaciones con La Libertad Avanza. En ese marco, planteó que el partido debe definir su estrategia electoral sin descartar la construcción de un espacio propio para competir en los próximos comicios.

“Yo creo que el PRO tiene que tener un candidato propio”, afirmó Goerling. 

En ese sentido, Goerling señaló que una parte del PRO busca construir un frente electoral diferente al oficialismo. “Hay una gran parte del PRO de todo el país que quiere que el PRO tenga su candidato, que arme un frente electoral con otro esquema que no sea con el presidente Javier Milei”, explicó.

Las declaraciones de Goerling se producen mientras el PRO y La Libertad Avanza avanzan en conversaciones para coordinar su trabajo legislativo y analizar un posible acuerdo electoral. Sin embargo, el senador aclaró que la discusión sobre el futuro de ambos espacios todavía no está cerrada.

“Es una discusión que todavía no está zanjada. Falta mucho para las elecciones presidenciales”, sostuvo. De esta manera, dejó abierta la posibilidad de que el PRO avance con una candidatura propia antes de definir si finalmente habrá una alianza con el oficialismo de Javier Milei.

Goerling también se refirió a la discusión por las PASO y señaló que, en principio, el PRO mantiene la postura de conservarlas como herramienta electoral. No obstante, consideró necesario introducir modificaciones, como revisar su obligatoriedad y los pisos electorales.

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Salarios: qué gremios perdieron más poder de compra y cuáles lograron ganarle a la inflación

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El poder adquisitivo de los salarios volvió a mostrar un comportamiento dispar entre los distintos sectores de la economía. Un informe de la Secretaría de Trabajo de la Nación reveló que, durante el último año, algunos convenios colectivos lograron superar a la inflación, mientras que otros acumularon pérdidas de dos dígitos en términos reales.

El relevamiento oficial tomó 27 acuerdos colectivos y comparó la evolución del salario conformado con la inflación. El resultado muestra una marcada diferencia entre actividades: apenas siete convenios registraron mejoras reales, mientras que otros terminaron el período con retrocesos significativos.

Entre los sectores que lograron recuperar poder adquisitivo se ubicaron encargados de edificios, con una mejora real del 5,9%; camioneros, con 3,1%; construcción y farmacia, con 2,5% cada uno; entidades deportivas, con 1,7%; y aceiteros y seguros, ambos con 1,6%.

En el extremo contrario aparecen los convenios que más terreno perdieron frente a la inflación.

Textiles encabezó el retroceso, con una caída del 12,6% del poder de compra, seguido por metalúrgicos, con -12,4%; comercio, con -11%; y calzado, con -10,5%.

También se ubicaron en terreno negativo otros sectores como bancarios, químicos e industria de la carne, aunque con variaciones más moderadas y cercanas al equilibrio.

El salario privado volvió a perder en junio

El deterioro también aparece cuando se observa la evolución general de los trabajadores privados registrados.

Según la Secretaría de Trabajo, el salario real promedio del sector privado cayó 0,9% en junio, después de haber registrado una baja del 2,9% en mayo.

El dato resulta significativo porque llevó nuevamente el poder adquisitivo por debajo del nivel previo al cambio de gobierno. De acuerdo con el informe oficial, el ingreso medio quedó 0,6% por debajo del registrado en noviembre de 2023.

Se trata de la primera vez en 20 meses que el indicador se ubica por debajo de aquel punto de comparación.

La explicación oficial está relacionada con el comportamiento de los salarios nominales frente a los precios. Aunque la inflación se encuentra en niveles considerablemente inferiores a los registrados durante 2024, los aumentos salariales de los últimos meses no alcanzaron para sostener el poder de compra promedio.

Los convenios muestran realidades muy diferentes

El promedio, sin embargo, esconde diferencias importantes.

La evolución de cada actividad depende de los acuerdos alcanzados en las negociaciones paritarias, de la estructura salarial de cada convenio y de la incorporación de sumas fijas o adicionales.

Por eso, mientras algunos trabajadores consiguieron incrementos que superaron la inflación acumulada, otros quedaron varios puntos por debajo.

El caso de Comercio resulta especialmente relevante por la cantidad de trabajadores alcanzados. El convenio registró una pérdida real del 11% durante el período analizado.

También aparecen entre los principales retrocesos Metalúrgicos (-12,4%), Textiles (-12,6%) y Calzado (-10,5%), actividades particularmente vinculadas al mercado interno y a sectores industriales que vienen atravesando dificultades para recomponer sus ingresos.

Del otro lado, Camioneros y Construcción aparecen entre los convenios que lograron mejores resultados en términos reales, aunque con magnitudes mucho menores a las pérdidas registradas por los sectores más rezagados.

Las paritarias avanzan más lento que los salarios promedio

Otro aspecto destacado por el informe oficial es la diferencia entre la evolución de los salarios establecidos en los convenios colectivos y el comportamiento del salario promedio de los trabajadores privados.

Los salarios de convenio avanzaron a un ritmo inferior al promedio de las remuneraciones del sector privado.

Según el análisis de la Secretaría de Trabajo, esta diferencia podría estar relacionada, entre otros factores, con la utilización de sumas fijas y componentes salariales que no necesariamente se reflejan de la misma manera en las escalas de los convenios.

El resultado es una recuperación salarial heterogénea: determinados sectores logran recomponer parte del poder adquisitivo perdido, mientras que otros continúan acumulando diferencias frente a la inflación.

Qué muestran los datos hacia adelante

El escenario deja una conclusión central: la desaceleración de la inflación no garantiza por sí sola una recuperación generalizada de los salarios.

Con una inflación mensual que se mantiene alrededor del 2%, la evolución del poder adquisitivo dependerá cada vez más de la capacidad de cada actividad para negociar aumentos que superen ese ritmo.

El informe de Trabajo muestra que esa carrera ya tiene ganadores y perdedores. Siete de los 27 convenios relevados consiguieron mejorar su poder de compra durante el último año, mientras cuatro acumularon pérdidas superiores al 10%.

La diferencia entre ambos grupos marca uno de los principales desafíos del mercado laboral: aun con una inflación más baja que en los momentos de mayor aceleración de precios, la recuperación del salario real continúa siendo desigual y depende fuertemente del sector y del convenio colectivo de cada trabajador.

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