MONTE

Efecto borde: un factor soslayado de la deforestación que genera degradación “invisible” de bosques nativos

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(Agencia CyTA-Leloir).- El Chaco Seco, un bosque seco subtropical que abarca porciones de Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil, es una de las regiones del mundo con mayor tasa de deforestación en las últimas décadas. Esto genera impactos negativos sobre la conservación de la biodiversidad y el balance de carbono, entre otros aspectos. Ahora, un equipo de investigación de Argentina y Alemania advierte que existe un factor subestimado o inadvertido que también produce una degradación forestal “muy relevante”: el llamado “efecto borde”, que define los cambios en la estructura y funcionamiento de los bosques en las áreas lindantes al desmonte. Una especie de daño a distancia.

El efecto borde “puede tener una profundidad de hasta 700 metros y una magnitud cercana al 40% en términos de la caída de la cobertura de árboles y arbustos y de la cantidad de biomasa, lo que implica una degradación de casi el 20% de los bosques remanentes”, explicó a la Agencia CyTA-Leloir el doctor en Biología y autor principal del estudio, Sebastián Torrella, docente investigador del Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y del Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA), que depende del CONICET.

“Si como impacto del avance agropecuario contamos sólo el bosque perdido por deforestación (que es un montón) estamos subestimando el verdadero impacto. Los bosques que no son desmontados también son afectados de manera muy relevante a través del efecto borde”, remarcó Torrella.

Para el trabajo, publicado en la revista Global Change Biology, Torrella y colegas analizaron imágenes satelitales y diseñaron mapas de la región del Chaco Seco desde 1976, incluyendo un relevamiento de la cobertura vegetal del bosque, los lotes desmontados y la actividad desarrollada en cada uno de ellos, como agricultura o pastura.

Los resultados fueron alarmantes. Por distintos factores, como mayor exposición a la radiación solar o el viento, la deriva de agroquímicos o la incursión de ganado, el bosque sufre el impacto de los lotes contiguos. Y no es un perjuicio menor: el equipo de investigación calculó que el efecto borde en el Chaco Seco habría implicado la pérdida de 92,3 millones de toneladas de biomasa aérea, lo que equivale a llenar 1.000 estadios grandes de fútbol con madera y vegetación compactada. El efecto probó ser mayor cuando las áreas desmontadas se destinaron a cultivos.

“Esa degradación no se expresa en el momento, sino a lo largo de los años o décadas. Por eso decimos en el artículo que queda una ‘deuda de degradación’ pendiente”, sostuvo Torrella.

“En virtud del hallazgo ¿se deberían incluir ‘áreas de amortiguamiento’ o distancias mínimas obligatorias entre los cultivos y el bosque?”, preguntó la Agencia CyTA-Leloir“Para un desmonte nuevo no recomendaría utilizar parte del área habilitada como zona de amortiguamiento. Me parece más razonable que en esa área se mantenga bosque, porque es importante mantener la mayor superficie de bosque posible”, respondió Torrella. Y añadió que sería necesario planificar la forma y el tamaño de los lotes y bosques remanentes, evitando la fragmentación para minimizar la cantidad de estos últimos que queden expuestos al impacto del efecto borde.

“Nuestro trabajo apoya la visión de que la planificación de la conservación debe priorizar áreas forestales grandes y contiguas para ayudar a mantener bosques ecológicamente funcionales”, concluyó el equipo autoral.

Del estudio también participaron Rubén Ginzburg y Sebastián Aguiar, del IEGEBA; María Piquer Rodríguez, de la Universidad Libre de Berlín, Alemania; Matthias Baumann, Marie Pratzer y Tobias Kuemmerie, del Departamento de Geografía de la Universidad de Humboldt de Berlín, Alemania; y Gregorio Gavier Pizarro, del Instituto de Fisiología y Recursos Genéticos Vegetales (IFRGV) del INTA, en Córdoba.

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El clima en Misiones: entre récords de lluvia y heladas que quedaron para la historia

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El 2024 fue un año excepcional para la producción misionera. Un informe elaborado por la Estación Agrometeorológica del INTA en Cerro Azul muestra que las condiciones climáticas estuvieron atravesadas por fuertes contrastes: registros de lluvias históricas en otoño, un invierno seco con heladas intensas y un cierre de año marcado por déficit hídrico en plena etapa crítica para los cultivos.

La influencia del fenómeno El Niño hasta mayo determinó un inicio favorable para la actividad agrícola. Entre abril y mayo se acumularon más de 745 milímetros de precipitaciones, el doble del promedio histórico. El 2 de mayo se rompió un récord absoluto al registrarse 247,5 mm en un solo día, la mayor marca desde que se llevan estadísticas en 1967. Ese aporte de agua permitió la recuperación de arroyos y vertientes tras varios años de sequía, un alivio clave para productores de la región.

Sin embargo, esa abundancia pronto dio paso a la fase neutral. En junio y julio las lluvias quedaron más de 100 mm por debajo de lo normal, y hacia diciembre se instaló una marcada deficiencia hídrica que coincidió con momentos sensibles de floración y desarrollo de cultivos. En el balance anual, Cerro Azul sumó 2.321 mm de precipitaciones en 127 días de lluvia, un 17% por encima de la media, confirmando la elevada variabilidad climática de la provincia.

La disparidad también se sintió en el territorio. Mientras en el norte San Pedro lideró con 2.382 mm y Andresito apenas alcanzó 1.801 mm, en el sur Cerro Azul se destacó con el máximo acumulado, frente a los 1.739 mm de Fachinal. Estos contrastes reflejan la dificultad de planificar la producción bajo condiciones que cambian radicalmente en pocos kilómetros.

Las temperaturas acompañaron este escenario atípico. Junio marcó un récord histórico al superar los 30 °C en pleno invierno, mientras que la mínima del año se ubicó en -0,4 °C, por encima de los valores extremos de décadas anteriores. El invierno trajo consigo 14 heladas, cuando el promedio histórico es de nueve. Las de agosto resultaron especialmente dañinas porque coincidieron con la brotación y floración de cultivos sensibles como el banano, impactando en la campaña siguiente.

Otros indicadores refuerzan el carácter excepcional del año. Se acumularon 249 horas de frío, muy por encima del promedio histórico de 172 horas, un dato positivo para ciertos frutales y yerbales, aunque la intensidad de las heladas relativizó el beneficio. La heliofanía efectiva fue de 6,5 horas diarias, por debajo de las 7 habituales, y la humedad relativa promedio se ubicó en 80%, cinco puntos más que la media.

Para el sector agroindustrial y los productores misioneros, estas cifras no son solo datos técnicos: se traducen en decisiones sobre inversión, calendario de siembra, planificación de cosecha y manejo de riesgos. El informe confirma que la provincia seguirá enfrentando una creciente volatilidad climática, y que la competitividad dependerá cada vez más de contar con información precisa y de estrategias que permitan mitigar los efectos de un clima cada vez menos previsible.

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Misiones crea una nueva reserva privada para proteger la biodiversidad en San Vicente

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El Gobierno de Misiones aprobó por decreto la incorporación de tres lotes ubicados en la Colonia Laharrague, municipio de San Vicente, al Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas. Se trata de la Reserva Privada “San Juan”, impulsada por el ciudadano José Carlos San Juan y formalizada mediante convenio con el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables. De este modo, Misiones cuenta con 57 reservas naturales privadas.

La decisión se fundamenta en la Ley XVI – 29 (antes Ley 2.932), que permite a particulares constituir reservas naturales en sus propiedades cuando éstas presentan características de valor ecológico o cultural significativo. Según consta en el expediente N° 9910-1-2024, la zona presenta un alto valor de conservación, motivo por el cual fue aceptada su incorporación al sistema provincial.

El convenio fue firmado por el ministro de Ecología, Martín Antonio Recamán, y José Carlos San Juan, propietario de los lotes. El decreto fue rubricado por el gobernador Hugo Passalacqua el 15 de noviembre de 2024.

La nueva reserva privada “San Juan” comprende los siguientes inmuebles:

  • Lote 40 “K”, matrícula 2781, partida inmobiliaria 6909.
  • Lote 40 “L”, matrícula 2782, partida inmobiliaria 6910.
  • Lote 40 “M”, matrícula 2780, partida inmobiliaria 6911.

Todos forman parte de subdivisiones del Lote 40 del Fraccionamiento del Remanente del Lote “E”, en Colonia Laharrague, Departamento Guaraní.

El propietario se compromete a regirse por el marco normativo vigente en materia de conservación, conforme a la ley provincial de Áreas Naturales Protegidas y al Decreto N° 944/94. Aunque el convenio no implica cesión de la propiedad, en caso de venta o cesión deberá notificarse al nuevo titular de su existencia.

El Ministerio de Ecología se compromete a brindar asistencia técnica y capacitar a los guardaparques que visiten la reserva, mientras que el propietario podrá establecer convenios con terceros para mejorar el manejo del área.

La vigencia del convenio es de 20 años, y en caso de incumplimiento, el Ministerio podrá dejarlo sin efecto. Además, ambas partes acordaron que cualquier litigio se resolverá ante tribunales ordinarios con asiento en Posadas.

Este nuevo paso fortalece la política ambiental de Misiones, única provincia del país con un sistema integral de áreas protegidas y una legislación propia para la conservación de su selva, flora y fauna.

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Gigantes de la selva

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Para llegar hay que recorrer unos 24 kilómetros por caminos de tierra desde el acceso al costado de la ruta nacional 12. El paisaje va mutando entre forestaciones y tierra preparada para nuevas plantaciones. Hasta que el monte impone su presencia. Dos majestuosos tucanes aparecen dispuestos a dar la bienvenida al reducido grupo de visitantes que rompe la aparente calma de la selva. Al lugar se llega únicamente en camionetas 4×4 y no está abierto al turismo. Solo ingresan biólogos, científicos o fotógrafos de naturaleza, que deben tramitar un permiso especial. 

Fotos: Gianella Aguirre.

La reserva San Jorge, de Arauco, es la más grande del sector privado en Misiones. Son 16.500 hectáreas de selva en un alto grado de conservación, que albergan ejemplares únicos y el mítico yaguareté, guardián y predador principal del monte, donde comparten espacio con pumas, carpinchos y tapires. 

Los guardaparques Sergio Palavecino y Darío Moraes De Lima explican, emocionados, que el monte está igual que cuando Alvar Núñez Cabeza de Vaca anduvo por el lugar. Los árboles, gigantes silenciosos, lo reafirman: tienen entre 500 y 700 años de edad según los análisis de dendrocronología en el lugar. 

Los guardaparques Sergio Palavecino y Darío Moraes De Lima en medio de la reserva San Jorge.

A cada pocos pasos se encuentra un ejemplar de Palo Rosa, imponente monumento natural que en este lugar reúne una característica única. Son los ejemplares más altos de la selva paranaense y le sacan varias cabezas a sus vecinos cercanos del Parque Nacional Iguazú. Incluso en otros países donde hay registros de la misma especie, no consiguen tanta altura como en esta reserva, donde alcanzan unos 35 o 40 metros. A sus pies, otra singularidad. Donde hay un Palo Rosa, hay un palmito. Crecen juntos. Uno al lado del otro. El Palo Rosa, es también apodado el “yaguareté de los árboles”, por su alto valor en la biodiversidad y señal de que la selva está en buen estado. El yaguareté también está presente y sus huellas se ven marcadas en algunos troncos. Hay alimento abundante y su rugido siempre se escucha. Son sus dominios.

El paso del tiempo es, sin embargo, inexorable y se hace sentir en los gigantes caídos que permiten apreciar dimensiones y se convierten lentamente en nuevos elementos del entorno. El ciclo de la vida.

También hay abundancia de Cedro, Guayubira, Cancharana y Loro Negro, entre otras especies. Son el testimonio vivo de la exuberante naturaleza que aún queda en pie en Misiones, que conserva el 7 por ciento del bosque atlántico original. 

La reserva logró conservar en pie esos árboles centenarios pese al cambio de administraciones. Alto Paraná -ahora Arauco- compró la tierra de la familia Pérez Companc y mantuvo intacto lo que estaba destinado a la conservación. El monte se encuentra en un lugar clave, para la conexión de bosques. 

“Frente a la actual realidad del planeta, en Arauco buscamos triplicar nuestros esfuerzos para mitigar los efectos del cambio climático, revertir la pérdida de biodiversidad y enfrentar la contaminación de nuestro planeta. En Argentina, Arauco conserva casi la mitad de su patrimonio como bosque nativo. Sabemos de la importancia de proteger la biodiversidad para mantener el bienestar de nuestro planeta y sus habitantes. Gracias a ella, los ecosistemas logran ser funcionales, encargándose de proporcionar las necesidades básicas para la vida, mejorar el ciclo hidrológico y la calidad del agua, y contribuyendo significativamente a la captura y almacenamiento de CO2”, señalaron a Economis desde la compañía de capitales chilenos. 

“En armonía con lo anterior, nuestro manejo forestal sustentable permite que mantengamos operaciones que garanticen la preservación de la biodiversidad, productividad, capacidad regenerativa y vitalidad de los bosques, jugando un rol crucial en la lucha contra el Cambio Climático”, remarcaron.

San Jorge fue declarada Reserva Forestal Privada en 1999. Se trata de un predio de 16.500 hectáreas que guarda selva paranaense con altos grados de conservación y biodiversidad. Integra las más de 110.000 hectáreas de monte nativo y áreas de alto valor de conservación ambiental, un bloque fundamental de selva nativa que permite la conectividad entre dos grandes reservas de la zona norte de Misiones: el Parque Nacional Iguazú y el Parque Provincial Urugua-í, cuyo arroyo central corre a poca distancia.

Esta área presenta gran cantidad de especies de flora y fauna, destacándose una elevada diversidad de orquídeas, árboles y especies vegetales con propiedades farmacológicas. También hay especies endémicas, helechos, líquenes y hongos. En animales se observa una abundancia significativa de aves, con varias especies endémicas y en peligro de extinción. También se identifica la presencia de mamíferos destacándose entre ellos el yaguareté y el tapir (especies declaradas monumento naturales).

Asimismo, dentro de esta área se encuentran una variada gama de paisajes y ecosistemas como zonas de bajos y bañados, áreas de alta cobertura de bosque. 

La protección del ambiente es clave. Además de Palavecino y Moraes De Lima, hay otros seis guardafaunas dedicados exclusivamente a la reserva. En total, son 50 las personas vinculadas al control y vigilancia para la conservación y protección de incendios. Hay un fuerte sentido de pertenencia y amor por el monte. Palavecino es en realidad un analista de sistema transformado en guardaparque. Nació en Wanda y siente un fuerte vínculo con el monte. Moraes De Lima es de San Antonio y conoce palmo a palmo cada metro de la selva que le toca cuidar.

El rol de los guardaparques es fundamental en la preservación. Arauco tiene sólo en Misiones 118.942 hectáreas de bosque nativo. La reserva San Jorge es la más grande. Pero hay otras de alto valor de conservación: el predio Los Palmitos tiene 10.200 hectáreas, el Predio Valle del Arroyo Alegría otras 9.200 y entre Piray y San Pedro se conservan otras 19 mil hectáreas.

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Colonia Gisela: familia comprometida con la selva suma su reserva al Sistema de Áreas Naturales Protegidas de Misiones

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Otras 76 hectáreas se sumarán al Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas. Son las que corresponden a la Reserva Privada El Lapacho de Colonia Gisela, municipio de General Urquiza. La propietaria de las tierras, Carolina Gutiérrez Zaldivar, realizó los trámites correspondientes ante el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables. “Con esto buscamos que se tome conciencia. Misiones es una de las pocas provincias que lleva adelante acciones concretas para la conservación de lo que nos queda de monte nativo”, destacó.

“Con mi familia siempre concebimos a estos dos lotes como un lugar de conservación. Solo que recién ahora se da la oportunidad de formalizarlo. Estamos muy contentos de haber podido alcanzar este logro”, reconoció tras reunirse con el ministro Martín Recamán.

Carolina tiene una historia particular. Nació en Misiones, pero luego se mudó con sus padres a Córdoba. Sin embargo, al regresar a la Tierra Colorada, volvió a comprar parte de las propiedades que habían sido de sus progenitores.

“En 1996 adquirimos 76,9 hectáreas de las tierras que habían sido de mis padres entre 1942 y 1975. En su momento, fue una chacra con 70 hectáreas de tung y 120 hectáreas de yerba y monte”, precisó la propietaria, muy orgullosa de sus profundos lazos con la provincia.

En la propiedad siguen en pie los yerbales (alrededor de 6 hectáreas). Muchas de las plantas tienen alrededor de 80 años. “Somos socios fundadores de la Cooperativa Biodinámica La Abundancia Ltda de Puerto Rico. Damos valor agregado a la yerba mate con la marca comercial Arapeguá. Estamos adheridos al proyecto de Aves Argentinas para la conservación del Bosque Atlántico y a promover el cultivo de yerba bajo monte, identificando esta labor con el sello CAA (Cultivo Amigo de las Aves). Esta iniciativa exige un compromiso de conservar por cada hectárea de yerba mate 1 ha de monte. Y en la cooperativa tenemos el orgullo de decir que los productores cuentan por cada ha de yerba mate 10 ha de monte”, añadió.

Carolina remarcó que en estos tiempos en que el mundo habla de la fragilidad de muchos ecosistemas, “es más importante que nunca la conservación. Buscamos abrir la conciencia de los dueños de propiedades con monte nativo”.

En la reserva privada de los Gutiérrez Zaldivar hay árboles como pino Paraná, cedro, anchico, cancharana y laurel. “Se han avistado animales como osos hormigueros, coatíes, hurones, tiricas y magray. Además tenemos un humedal (bañado) de dos hectáreas y la propiedad es atravesada por el arroyo Once”, detalló.

Anticipó que tienen en proyecto la puesta en marcha de un vivero de nativas y ornamentales y un centro de estudios e investigaciones. 

De las 76,9 hectáreas de la reserva, 48,3 hectáreas son de monte nativo. Carolina regresó a Misiones para cumplir sueños. El primero fue volver a ser propietaria de la tierra en la que nació. Ahora concretó el segundo: hacer un aporte para la conservación del Bosque Paranaense.

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