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La otra cara de la recuperación: la deuda de los hogares se triplicó en dos años y crece la morosidad

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Mientras los indicadores macroeconómicos muestran señales de estabilización y algunas variables sociales comienzan a exhibir mejoras, una dinámica menos visible avanza sobre la economía cotidiana de los argentinos: el fuerte crecimiento del endeudamiento de los hogares. Un informe de la Fundación Éforo revela que, entre diciembre de 2023 y enero de 2026, la deuda promedio por persona se triplicó, pasando de 337.000 pesos a más de un millón de pesos, en un contexto donde el acceso al crédito se expandió, pero también lo hicieron las dificultades para cumplir con los compromisos financieros.

El fenómeno pone de relieve una de las tensiones más importantes del actual ciclo económico. La desaceleración de la inflación y la recuperación parcial de algunas líneas de financiamiento conviven con una creciente dependencia del crédito para sostener el consumo, especialmente en los sectores de ingresos medios y bajos.

Los datos recopilados por la Fundación Éforo muestran que el sistema crediticio continúa ampliándose, aunque con señales crecientes de fragilidad. En apenas dos años, la cantidad de personas endeudadas a través de proveedores no financieros pasó de 9,5 millones a 11,3 millones. Se trata de usuarios que acceden a financiamiento mediante fintech, mutuales, billeteras virtuales y tarjetas emitidas fuera del sistema bancario tradicional.

El crecimiento no sólo se refleja en la cantidad de usuarios. El volumen total financiado mediante estos canales aumentó de 3,2 billones de pesos a 11,8 billones, una expansión que evidencia el papel cada vez más relevante de los actores no bancarios dentro del ecosistema financiero argentino.

Sin embargo, la expansión del crédito viene acompañada por un deterioro de la capacidad de pago. La morosidad muestra una tendencia ascendente en prácticamente todos los segmentos. En los préstamos otorgados por bancos privados, el incumplimiento pasó del 4,5% al 10,6%, más que duplicándose en el período analizado. La situación es aún más delicada entre los proveedores no financieros, donde la mora alcanzó el 16,2%, mientras que las tarjetas no bancarias registraron un incumplimiento del 14,5%.

La relevancia de estos números radica en que estos instrumentos se han convertido en una de las principales herramientas de financiamiento para el consumo cotidiano. En muchos hogares, especialmente aquellos con dificultades para acceder al sistema bancario formal, las fintech y las tarjetas alternativas funcionan como una vía indispensable para afrontar gastos corrientes.

Para Carla Pitiot, vicepresidenta de la Fundación Éforo, los datos reflejan una situación compleja y contradictoria. Según señaló, el sistema muestra una mayor inclusión financiera, pero al mismo tiempo evidencia un aumento de la vulnerabilidad económica de numerosos hogares.

“Los datos muestran una realidad ambivalente. Más argentinos acceden al crédito, pero una parte creciente de los hogares lo hace en condiciones cada vez más exigentes y con mayores dificultades para sostener sus compromisos financieros. El aumento simultáneo de la deuda promedio y de la morosidad sugiere que estamos frente a una señal de alerta que merece seguimiento, especialmente en los sectores de menores ingresos”, sostuvo.

Uno de los factores que explican este deterioro es el elevado costo del financiamiento. Aunque las tasas de interés han descendido respecto de los picos registrados durante los años de alta inflación, continúan siendo significativamente elevadas. Durante 2025 y comienzos de 2026, los préstamos personales otorgados por bancos operaron con tasas nominales anuales de entre 70% y 90%.

La situación resulta aún más exigente en el universo de los proveedores no financieros, donde el costo promedio del crédito alcanzó el 129% nominal anual. Este diferencial impacta principalmente sobre los sectores con menor bancarización, que terminan accediendo a financiamiento más caro y enfrentan mayores riesgos de sobreendeudamiento.

La fotografía del endeudamiento adquiere especial relevancia en momentos en que diversos indicadores sociales muestran mejoras parciales. Recientemente, UNICEF informó una reducción de la pobreza infantil durante 2025, aunque advirtió sobre posibles retrocesos para 2026. El crecimiento del crédito permitió amortiguar parte de las dificultades económicas de los hogares, pero los datos de morosidad sugieren que una porción creciente de ese financiamiento podría estar funcionando como mecanismo de supervivencia más que como herramienta de inversión o consumo sostenible.

No todas las líneas crediticias presentan el mismo comportamiento. El informe destaca una excepción significativa: el crédito hipotecario. Impulsado por la estabilización macroeconómica y la reaparición de préstamos ajustados por inflación, este segmento registró un crecimiento real superior al 50% interanual y mantiene niveles de mora considerablemente inferiores al promedio del sistema financiero.

La diferencia pone en evidencia una creciente segmentación del mercado crediticio. Mientras los sectores con capacidad de ahorro y acceso al sistema financiero formal comienzan a recuperar instrumentos de financiamiento de largo plazo, los hogares más vulnerables enfrentan costos más elevados y una carga financiera cada vez más difícil de sostener.

Desde la Fundación Éforo advierten que esta evolución configura una estructura crediticia dual. Por un lado, un sistema financiero que muestra signos de recuperación y expansión. Por otro, una creciente concentración del endeudamiento riesgoso en los segmentos de menores ingresos.

La preocupación trasciende el plano individual. El aumento simultáneo de deuda, morosidad y financiamiento de alto costo plantea desafíos para las políticas de inclusión financiera, la protección de consumidores y la estabilidad económica de mediano plazo. Si bien el crédito continúa siendo una herramienta clave para sostener la actividad económica y el consumo, la velocidad con la que crecen los incumplimientos comienza a encender señales de alerta sobre la capacidad real de los hogares para absorber nuevas obligaciones.

En una economía que busca consolidar la estabilidad luego de años de volatilidad, el endeudamiento de las familias emerge como una de las variables a monitorear. Porque detrás de los indicadores de recuperación macroeconómica, la situación financiera de millones de hogares sigue mostrando signos de fragilidad que podrían condicionar la sostenibilidad de la mejora económica en los próximos años.

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Recorte de tasas y mora serán insuficientes

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Por Guillermo Bermúdez / FIELLa evolución de las tasas de interés en las semanas recientes ha hecho que el foco en materia financiera vuelva a ponerse en la cuestión de la recuperación del crédito y el apuntalamiento del consumo privado como motor de la mejora de la actividad y el empleo. Desde inicio de la actual gestión de gobierno, y con el retroceso de la participación del sector público en la hoja de balance del sistema financiero, la economía experimentó un ciclo de recuperación de los préstamos que no había tenido antecedentes. Este ciclo se truncó a fines de 2025 a partir del repunte de la morosidad –ya se la observaba varios meses antes-, el salto de las tasas de interés en el tercer trimestre y el deterioro de los ingresos reales de la población.

Al respecto del freno en el crecimiento del crédito, el propio Fondo Monetario Internacional en la reciente revisión del Acuerdo de Crédito Ampliado que tiene la Argentina, observó el deterioro en el segmento de préstamos al consumo a causa de la ceñida política monetaria, y advirtió sobre la necesidad de contener la volatilidad de las tasas para mejorar la transmisión de la política monetaria y el crédito. El Organismo observó que, a pesar de la baja reciente de las tasas, las condiciones crediticias siguen siendo restrictivas en el proceso de ordenamiento de las carteras de los bancos a causa del aumento de la participación de los préstamos morosos.

En efecto, en la actualidad se tienen unas tasas de interés activas para personas jurídicas que han retornado a niveles previos a las turbulencias financieras de la segunda parte del año pasado, pero ese recorte no se ha tenido en el caso de las tasas para las personas físicas, que se sostienen en elevados niveles reales.

Las tasas han transitado diferentes senderos. Asimismo, la irregularidad en los préstamos a las familias en la banca tradicional, si bien luce haber frenado su crecimiento, multiplica por cuatro el valor que se tenía a comienzos de 2025, colocándose en 11.5% del total del financiamiento. Por caso, para las líneas de crédito personales, la tasa de mora superó en marzo el 14%, y en el caso de tarjetas se acerca al 11%. En cambio, en el caso del crédito dirigido a las empresas, la irregularidad es menor –alcanza el 6% en las líneas de adelantos y al 2.9% en las de documentos-, del mismo modo que en los préstamos con garantía real –para hipotecas alcanza 1.9% y para créditos prendarios 5.3%.

Lo anterior permite inferir diferencias en la situación de entidades individuales según la especialización de sus negocios, aun cuando el conjunto posea elevados niveles de previsionamiento. La situación de irregularidad crediticia es más compleja cuando se consideran entidades no financieras –crédito extra bancario- tanto en lo referido al costo como a la tasa de mora[1].

Todo lo anterior permite anticipar que, a pesar de que el sistema financiero cuenta con una elevada capacidad prestable en pesos y dólares, resulta poco probable replicar en los próximos meses un despegue del crédito similar al observado a inicios de 2024. A partir de ello, en la presente columna se repasa la evolución reciente de las tasas activas y se revisa la evidencia relativa a una incipiente recuperación del crédito.Tras el inicio de la actual gestión económica, en los primeros meses de 2024 las tasas activas mostraron un sensible recorte desde niveles superiores al 100% nominal hasta un rango de entre el 35% al 45% para personas jurídicas –pymes y otras[2]-, mientras que en el promedio para personas físicas pasaron a moverse en un rango de entre el 70% y 80%. En los meses sucesivos y hasta mediados de 2025, las tasas se mantuvieron relativamente estables, en un contexto en el que el crédito total, en términos reales, llegó a crecer a un ritmo superior al 100% anual.

El fin de la operatoria de las Letras Fiscales borró la tasa de referencia del sistema e introdujo una altísima volatilidad, a lo que se sumaría el impacto de cambios en la política de encajes y una extraordinaria huida del peso en un contexto de creciente incertidumbre pre electoral. En agosto de 2025, las tasas tuvieron su primer repunte, que en el caso de la pagada por pymes saltó cerca de 18% elevándose hasta 62.7% o en el de los adelantos que tuvieron un aumento desde 47.4% hasta 76.3%.En octubre, el costo del financiamiento alcanzó el nivel más alto, trepando hasta el 69.7% para las personas jurídicas, y hasta 84.5% en el de las personas físicas.

El aumento de las tasas y su volatilidad no sólo tuvieron un impacto sobre el consumo, sino que también alcanzaron el costo de financiamiento del capital de trabajo de las empresas.En la última parte de 2025 comenzó a darse un incipiente proceso de normalización, que se aceleró a partir de marzo de 2026 –cambios en la política de encajes y retorno de la operatoria de pases de por medio-. Los datos preliminares para mayo dan cuenta de unas tasas para personas jurídicas en el orden del 33%, del 74% para personas físicas, del 37% para pymes y del 25% para las líneas de adelantos.

Como se observa en el Gráfico 1, el costo del financiamiento para personas físicas no mostró el recorte que tuvieron las líneas de crédito a personas jurídicas, al tiempo que se mantiene en niveles superiores a los de comienzos de 2025. Al respecto, puede argumentarse que son los altos niveles de mora los que impiden una compresión más acelerada hacia los niveles de las tasas pasivas, de modo que a medida que las entidades avancen en la renegociación de los créditos irregulares –con alargamiento de plazos y recorte de tasas-, puede esperarse una mayor reducción. En el tránsito, la mejora del crédito será parsimoniosa, en especial en las líneas destinadas al financiamiento del consumo de las familias.

Gráfico 1

Con el sendero que han transitado en los últimos meses las tasas de interés ¿cómo ha evolucionado el crédito? Como se mencionó, desde inicio de 2024 el crédito al sector privado tuvo un crecimiento sin precedentes. En ese ciclo de recuperación tuvieron un mayor dinamismo los préstamos a las familias por sobre el dirigido a las empresas, mientras que se observó el retorno del financiamiento de largo plazo –hipotecas- y de los préstamos en dólares.   

En febrero de 2024, la relación de préstamos al sector privado a PBI era 4.9% -un mínimo histórico-, y en términos reales alcanzaba $ 52.1 billones. El ciclo de crecimiento del crédito se estiró hasta diciembre de 2025 en la medición en moneda constante cuando el stock trepó hasta $ 135.5 billones, marcando un crecimiento de 160% respecto al nivel de febrero de 2024. Al tiempo que, si se toma la relación de los préstamos con el producto bruto, el pico se tuvo en febrero de 2026, cuando la razón se colocó en 12.3%, más de 7% por encima del registró de dos años atrás.Los datos preliminares de mayo de 2026 dan cuenta que el crédito al sector privado asciende a $ 127.7 billones, correspondiendo algo más del 75% a líneas en pesos y el resto en dólares. En términos reales, el actual nivel de crédito es 5.7% inferior al registrado en diciembre pasado, al tiempo que en términos del PBI, el stock es equivalente al 11.45% del producto, también por debajo del pico de febrero pasado. El crédito en el agregado aun no muestra un repunte.

Tomando en consideración que los créditos en dólares al sector privado no han dejado de crecer en los dos últimos años, habiendo pasado de menos de USD 3.5 mil millones a fines de 2023 a USD 22.7 mil millones en la actualidad –un récord en más de dos décadas-, resulta conveniente poner el foco en la evolución reciente del crédito en pesos[3].En mayo, del total de crédito en pesos, el 51% corresponde a crédito de consumo –préstamos prendarios, personales y tarjetas-, cerca del 35% a financiamiento a las empresas mediante adelantos y la firma de documentos, y el resto a crédito hipotecario.

En términos reales y en la comparación interanual, el crédito a las empresas igualó el nivel de un año atrás, combinando un alza de adelantos con un nuevo retroceso en el financiamiento mediante documentos. Por su parte, el crédito hipotecario tuvo una mejora real del 67.5%, continuando con el recorte en el ritmo de crecimiento real anual luego de haber marcado el mayor avance (360%) en julio del año pasado.

Finalmente, el crédito al consumo tuvo en mayo un recorte real interanual del 7.2% -la primera caída anual desde agosto de 2024-, a partir de combinar ligeros retrocesos en créditos prendarios y personales con una marcada contracción en el financiamiento de tarjetas de crédito, reflejando cancelaciones. Es decir, las líneas de crédito con mayor participación en la cartera de las entidades, muestra un retroceso anual, y sólo una parte menor asociada al crédito a las empresas ha dejado de caer en la comparación anual.

Pero a los fines de evaluar el potencial inicio de un nuevo ciclo de recuperación del crédito, resulta conveniente considerar el comportamiento de los préstamos en los meses recientes, además de en términos reales, descontando factores estacionales. Como se observa en el Gráfico 3, desde julio de 2024 el crédito hipotecario había mostrado continuas mejoras mensuales hasta mayo de este año cuando ha interrumpido su crecimiento.

Para el crédito a las empresas, hacia mayo de 2026 se tiene una ligera mejora luego de un bimestre de contracción, y para el crédito a las familias se profundiza la caída observada en abril pasado. En el caso del crédito a las empresas, la mejora se sostiene en el aumento de los adelantos y en el caso de la caída del crédito al consumo, esta deriva de un deterioro del crédito prendario y un más profundo retroceso del financiamiento de tarjetas de crédito.

Es decir, el crédito a las empresas podría estar comenzando a mostrar signos de mejora a la par de la incipiente recuperación de la actividad económica –contando ventajas en términos de una mejor tasa de interés y menores niveles de irregularidad-, mientras que el crédito a las familias muestra un mayor retroceso, por las razones opuestas –costo de financiamiento que no se ha recortado lo suficiente y mayores niveles de mora-. Como se observa, el repunte del crédito a empresas resulta momentáneamente insuficiente para traccionar sobre los préstamos en el agregado.

Precisamente por lo anterior, aun cuando los bancos tengan holgura para aumentar el tamaño de su cartera de crédito, es de esperar que privilegien líneas de préstamos dirigidas a empresas, eventualmente de plazos cortos, para el financiamiento de capital de trabajo, mientras se ordena la cartera de préstamos al consumo dirigidos a familias -por caso, por medio de refinanciaciones-.

En efecto, puede anticiparse una oferta más selectiva –y una demanda más prudente de parte de las familias- y de ello, menor dinamismo del crédito en los meses por venir en comparación con el ciclo iniciado en 2024. Derivado de lo anterior, el sistema financiero podría transitar una reconfiguración de los negocios hacia un mayor financiamiento productivo, al tiempo que no deben soslayarse potenciales presiones de transformación –en términos de número y tamaño de entidades- a causa del cambio en el patrón productivo y de localización espacial de las actividades que se encuentra transitando la economía real.

En síntesis. Las tasas de interés han tenido recientemente una evolución dispar según se trate del financiamiento a empresas o familias, al tiempo que la mora ha tenido un mayor aumento en el caso del crédito al consumo. Los préstamos a las empresas comienzan a mostrar señales de incipiente recuperación, que aún no traccionan al crédito en el agregado. Con una oferta más selectiva, la baja de tasas de interés y recorte de la mora, resultarán insuficientes para replicar en los meses por venir un ciclo de recuperación del crédito como el que se tuvo a inicios de 2024, cuando el mayor dinamismo lo mostraron los préstamos a las familias por sobre el dirigido a las empresas.


[1] Por caso, entre las Fintech la mora total –considerando créditos irrecuperables- superó el 30% en febrero, mientras que la mora operativa –descontando irrecuperables- se estabilizó algo por encima del 22% en los últimos meses.

[2] Tal el caso de la tasa de interés por Adelantos en cuenta corriente en moneda nacional (con acuerdo de 1 a 7 días y de 10 millones o más) a empresas del sector privado no financiero.

[3] No debe perderse de vista que, en el caso del crédito en dólares, el marco regulatorio prohíbe el financiamiento en esa moneda a sujetos que no obtienen ingresos en divisas, al tiempo que las autoridades en reiteradas oportunidades se han mostrado renuentes a introducir modificaciones a la legislación de modo de permitir canalizar el stock récord de depósitos en dólares hacia el crédito para cualquier tipo de individuo.

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Los bancos activan planes para auxiliar a deudores de préstamos y tarjetas de crédito

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El Banco Nación puso en marcha un plan de salvataje no solo para sus clientes morosos sino también para quienes están endeudados con otras entidades y con esta jugada puso en alerta al sector.

Los bancos públicos y privados están definiendo estrategias ante este problema, que llevó en marzo la tasa de morosidad de las familias al 11,3%.

El miércoles, el Banco Nación anunció que implementará dos líneas de asistencia para auxiliar a quiénes estén atrasados en el pago de las deudas, incluyendo a las personas que estén comprometidas con otros bancos o fintech.

La refinanciación que ofrece el Nación será a 72 meses, a una tasa del 65% y un costo financiero total del 114%. Con esta política agresiva, el Nación busca quedarse con clientes de otros bancos, lo que fuerza a las entidades a tener que implementar sus propios planes de rescate.

Entre los bancos privados, desde el Macro indicaron que tienen implementadas líneas de ayuda con menores tasas y prolongación de plazos para los empleados públicos de las provincias de las que son agentes financieros. Se trata de Misiones, Salta, Tucumán y Jujuy. Para el resto de los clientes “todo sigue como está, aunque hay medidas en estudio”. Sin embargo apuntaron que los últimos datos muestran que “la mora está bajando fuerte”.

“No estamos aplicando medidas masivas o indiscriminadas, sino un enfoque bastante segmentado“, señalaron desde uno de los principales bancos privados. “El foco es bajar la carga mensual más que patear el problema: extender plazos, consolidar deudas y dar algo de alivio en tasa en relación al producto original”.

“No hay una tasa única, depende mucho del perfil y del caso, pero en general son condiciones mucho más blandas que las de originación, justamente para facilitar la normalización. Nuestra mirada es que esto es un proceso de transición. A medida que bajen las tasas reales y se recupere el ingreso, debería tender a estabilizarse”, sostuvieron.

“Tomamos medidas preventivas en términos de originación, gestión del recupero y estrategia de refinanciación, estirando plazos y mejorando condiciones para ayudar a los clientes a atravesar esta dificultad”, contestaron desde otro banco privado.

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El endeudamiento avanza mientras se deteriora la capacidad de pago

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En Misiones, el crédito al sector privado mostró un importante crecimiento durante 2025. En principio, ese fenómeno podría interpretarse como una señal positiva: más hogares y empresas accediendo a financiamiento, con impacto potencial sobre el consumo, la actividad económica y la inversión. Sin embargo, al observar el otro lado del balance aparece una señal de alerta que comienza a crecer silenciosamente: la morosidad avanza a un ritmo mucho más acelerado que el propio crédito.

Los datos muestran justamente esa doble dinámica. De acuerdo con la información suministrada por el BCRA, por un lado se observa un fuerte incremento real de los saldos de crédito (es decir, del total otorgado) en buena parte de los segmentos; pero, al mismo tiempo, los saldos en mora exhiben una expansión muy superior. Veamos caso por caso.

Al cierre de 2025, en Misiones había $1,3 billones en créditos al sector privado, cuando 2024 había finalizado con un saldo de $0,8 billones. Medido en términos reales, el crecimiento fue del 13,6%. 

Sin embargo, mientras que en 2024 el saldo en mora ascendía a $25 mil millones, en 2025 ya trepaba a casi $120 mil millones. En términos reales, el saldo moroso creció 237,3%.

El mayor stock de crédito corresponde a las personas físicas en relación de dependencia, que concentraron el 43,9% del saldo total. En este segmento, el stock de crédito creció 22,8% interanual, pero el saldo en mora avanzó 302,8%. Como resultado, el ratio de morosidad pasó de 2,6% a 8,4%. Aunque el deterioro es significativo, no fue el más pronunciado entre los distintos segmentos de la economía misionera.

La industria manufacturera exhibió el segundo mayor stock de crédito de la provincia, concentrando el 16,6% del total. En este caso, el saldo total otorgado a la industria cayó respecto a 2024, pero el saldo en mora se disparó 1074%, llevando el ratio de morosidad del 0,4% al 7,1% en 2025. 

Dentro de esta actividad, el mayor deterioro se observó en el subsector de elaboración de productos alimenticios y bebidas, donde la mora creció 842%, elevando el ratio del 0,4% al 6,9%. También se registró un fuerte salto en la fabricación de productos textiles y de cuero, donde los saldos en mora crecieron 662,6% real en el año y el ratio pasó de 0,7% a 12,7%.

Por su parte, el comercio explicó el 14% del stock de crédito de la provincia y mostró un desempeño relativamente más favorable. Si bien el saldo en mora aumentó 7,6%, el crédito total otorgado creció a un ritmo mayor (+20,6%), permitiendo que el ratio de morosidad descendiera del 9,9% al 8,8%. 

Sin embargo, hacia el interior del sector aparecen fuertes disparidades. En la venta y reparación de vehículos y expendio de combustibles, el saldo en mora cayó 91,4% y el ratio bajó de 18,2% a 1,3%. En el comercio minorista, el saldo moroso retrocedió 3,7% y el ratio pasó de 12,5% a 9,5%. Pero en el comercio mayorista ocurrió lo contrario: el saldo en mora se disparó 822,8% y el ratio saltó del 1,5% al 12,2%.

En el rubro de servicios, que concentra el 12,6% del crédito otorgado en Misiones, la mora creció 346,2% y el ratio de morosidad escaló al 8,8%, cuando en 2024 era del 3,1%. Los mayores deterioros se observaron en Hotelería y Restaurantes (de 3,1% a 10,5%) y en Transporte y Comunicaciones (de 1,7% a 14,0%).

En otros sectores también se verifican señales preocupantes. En la producción primaria, el crédito otorgado creció 7,6%, pero el saldo en mora se disparó 1473%, llevando el ratio del 1,0% al 14,7%. Dentro de este rubro, la situación más crítica se registra en agricultura, ganadería, caza y silvicultura, donde la morosidad pasó del 1,0% al 15,7%. Finalmente, en la construcción, la mora subió del 1,4% al 6,8%, tras un incremento del 934,5% en los saldos atrasados.

De este modo, el escenario que muestran los datos es mucho más complejo de lo que sugiere una lectura superficial del crecimiento del crédito. Porque detrás de la expansión de los préstamos no necesariamente hay una economía más sólida o una mejora genuina en la capacidad de consumo e inversión. En muchos casos, lo que aparece es una creciente dependencia del financiamiento para sostener gastos corrientes, cubrir costos operativos o incluso compensar la pérdida de ingresos reales. Y cuando ese proceso ocurre en paralelo con una aceleración tan fuerte de la mora, el mensaje de fondo es que cada vez más actores económicos llegan al límite de su capacidad de pago.

El fenómeno es particularmente preocupante porque no se concentra en un único sector, sino que atraviesa de manera transversal a buena parte de la estructura económica misionera. Se observa en hogares asalariados, en industrias, en actividades primarias, en servicios y también en segmentos comerciales específicos. Es decir, no parece tratarse de problemas aislados o coyunturales, sino de una señal más profunda de deterioro financiero. Incluso sectores que lograron expandir el crédito muestran ratios de mora crecientes, reflejando que el acceso al financiamiento ya no necesariamente implica mayor fortaleza económica, sino muchas veces una necesidad creciente de endeudamiento para sostener la actividad.

Además, hay un dato especialmente sensible: varios de los mayores saltos de morosidad se registran en actividades estrechamente ligadas al mercado interno y al consumo cotidiano. Esto permite inferir que el debilitamiento del poder adquisitivo y la desaceleración económica empiezan a trasladarse con fuerza a la cadena de pagos. Cuando las familias pierden capacidad de compra, el impacto no queda solamente en el consumo: termina afectando ventas, capital de trabajo, capacidad de reposición de stock y cumplimiento financiero de empresas y comercios.

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Récord de morosidad: uno de cada cuatro argentinos ya tiene deudas en atraso

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La morosidad de las familias argentinas alcanzó en febrero de 2026 un nuevo máximo histórico y expone con crudeza el deterioro del poder de pago de los hogares. Según un informe elaborado por el Instituto Argentino de Análisis de Gestión (IAG) en base a datos del Banco Central de la República Argentina (Banco Central de la República Argentina), el 11,2% de los créditos de las familias presenta atrasos superiores a 90 días, el nivel más alto de toda la serie iniciada en 2010.

El dato no solo marca un récord absoluto, sino que confirma una tendencia persistente: ya son 17 meses consecutivos de suba en la morosidad familiar. Desde julio de 2025, este indicador rompe su propio techo mes tras mes, superando ampliamente el máximo previo de 5,1%, que había funcionado como techo histórico durante más de una década.

El deterioro golpea especialmente en los créditos personales, donde el 13,8% de las operaciones ya se encuentra en situación irregular. En tarjetas de crédito, la mora alcanza el 11,6%, mientras que en los créditos prendarios se ubica en 6,8%.

El fenómeno no se limita a los hogares. Las empresas también muestran señales de tensión financiera: la morosidad corporativa llegó al 2,9% en febrero y acumula 15 meses consecutivos de aumento, aunque todavía sin alcanzar niveles récord comparables con los de las familias.

Una crisis más profunda de lo que muestran los bancos

El informe advierte que la situación real de las personas es todavía más grave que la reflejada por los indicadores bancarios tradicionales.

El Banco Central mide la morosidad como el monto moroso sobre el total del crédito otorgado, una metodología útil para evaluar el riesgo sistémico del sistema financiero, pero que puede subestimar el drama cotidiano de los hogares.

Cuando se observa la cantidad de personas morosas —y no solo el peso monetario de sus deudas— el panorama se agrava de manera contundente: el 25,5% de las personas humanas del país tiene al menos una deuda en situación irregular, es decir, con atrasos de tres meses o más.

En cambio, la medición tradicional sobre montos muestra una mora total de 15,5%.

Récord de morosidad en Argentina

Febrero 2026 | Fuente: IAG en base a BCRA

Indicador Valor
Morosidad total de familias 11,2%
Créditos personales en mora 13,8%
Tarjetas de crédito en mora 11,6%
Créditos prendarios en mora 6,8%
Morosidad de empresas 2,9%
Deuda total en mora (por monto) 15,5%
Personas con al menos una deuda impaga 25,5%
Desde julio de 2025, la morosidad de las familias rompe récords todos los meses. La serie histórica comenzó en 2010 y nunca había superado el 5,1%.

La diferencia responde a un fenómeno claro: quienes deben montos más pequeños son hoy proporcionalmente más morosos que quienes arrastran deudas más grandes. Como esos pasivos pesan menos en el total de pesos adeudados, quedan parcialmente invisibilizados en la estadística clásica.

Esto significa que millones de personas enfrentan situaciones de asfixia financiera cotidiana —atrasos en cuotas, refinanciaciones forzadas, pagos mínimos o directamente incumplimientos— aunque su situación no impacte con igual fuerza en la contabilidad bancaria.

Consumo en tensión y deterioro del ingreso

El avance de la mora refleja la persistente fragilidad del ingreso real, especialmente en sectores medios y asalariados informales, que enfrentan aumentos acumulados en servicios, alimentos, tarifas y financiamiento, con salarios que no logran recomponerse al mismo ritmo.

La expansión del crédito al consumo durante 2024 y 2025 permitió sostener transitoriamente niveles de gasto, pero también dejó una estructura más expuesta a la suba del endeudamiento y a la incapacidad de cancelarlo.

El resultado es una economía donde crece el uso del financiamiento para sostener gastos corrientes y, al mismo tiempo, aumenta la imposibilidad de cumplir con esos compromisos.

La mora récord de febrero no solo es una señal de alerta para los bancos: es, sobre todo, una radiografía del deterioro social y financiero de las familias argentinas.

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