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Oportunidad de desarrollo profesional, a la cabeza de la demanda de los talentos femeninos

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En los últimos años la disponibilidad y el acceso al talento se han convertido en una de las mayores preocupaciones de las organizaciones en todo el mundo. Actualmente, más del 70% de los CEOs están comprometidos en su búsqueda, sin importar geografías o demografías. Claramente, las mujeres constituyen uno de los grupos de talentos más importantes. Sin embargo, las organizaciones todavía no han logrado aprovechar plenamente su excelencia profesional. Estos datos y los que se presentan a continuación provienen del informe Ganar la lucha por el talento femenino: Cómo lograr diversidad a través de un reclutamiento inclusivo” de PwC. Un estudio que analiza ocho temas críticos para mejorar la inclusión de género y la eficacia de las estrategias de atracción y selección de talentos.

Entre las características que hacen más atractivo un empleo, mujeres y hombres coincidieron en destacar las oportunidades para el desarrollo de la carrera, salarios competitivos, flexibilidad laboral y cultura de equilibrio entre la vida laboral y familiar. De este podio, las posibilidades de progreso constituyen el principal atractivo para los hombres, mientras que la flexibilidad lo es para las mujeres. No obstante, analizando con más detenimiento las respuestas de las encuestadas, se pueden observar que, como en el caso de los hombres, el desarrollo de la carrera ocupa el primer lugar para las mujeres que están iniciando su vida laboral y para las millennials. Asimismo, las mujeres que recientemente cambiaron de trabajo, lo hicieron justamente por la falta de oportunidades para progresar en su antiguo empleo.

El estudio señala que estos factores de atracción se mantienen en las diferentes etapas de la vida de los empleados encuestados. Por ejemplo, el desarrollo de la carrera cae un lugar cuando los encuestados son madres o padres, pero sigue siendo uno de los tres atractivos más valorados para elegir -y conservar- un empleo.

“En general, estos hallazgos rompen con estereotipos tradicionalmente asociados con el género o la etapa de la vida, tales como la ambición profesional de los hombres o la demanda de flexibilidad laboral de las mujeres (específicamente las madres) explica Karin Reise, Socia de Diversidad de PwC Argentina. Tener esto en mente será cada vez más importante para atraer y retener a los mejores talentos en un mundo altamente competitivo, porque ayudará a los CEOs a aprovechar todo el mercado laboral, en lugar de solo la mitad”.

El informe hace referencia a un reclutamiento más inclusivo y destaca que las organizaciones de todo el mundo están redoblando esfuerzos por la diversidad de género: el 58% de los empleadores respondió que está trabajando activamente para aumentar sus niveles de contratación femenina, proporción que asciende a 78% entre las grandes empresas.

Sin embargo, el documento también señala un aumento en la percepción de que los empleadores se inclinan a favor de los candidatos masculinos cuando se trata de atraer talento. Este punto de vista fue expresado por el 28% de mujeres millenials y por el 30% de las mujeres en general, en comparación con el 13% de todos los hombres encuestados. Además, cuando se trata aplicar para puestos con experiencia, el 27% de las mujeres -en comparación con el 16% de los hombres y el 14% de los empleadores- no creen que las candidatas tengan las mismas posibilidades que sus pares masculinos.

Para abordar esta situación, las organizaciones están implementando prácticas de reclutamiento más inclusivas. Los ejecutivos consultados por el estudio destacaron: asegurar la diversidad del panel de entrevistadores durante el proceso de entrevistas (52%); formar a los selectores para centrarse en un reclutamiento más incluyente (49%); y revisar las descripciones de roles para asegurar el uso de un lenguaje inclusivo (48%).

Además, las organizaciones están utilizando programas innovadores para atraer talento femenino clave. Por ejemplo, los programas de retorno están demostrando ser un puente exitoso para que los profesionales talentosos vuelvan al trabajo después de una interrupción de carrera prolongada. El 28% de los empleadores ya ha formalizado un programa de estas características, y otro 25% están actualmente explorando esta oportunidad.

Aunque las organizaciones están haciendo esfuerzos sustanciales para alcanzar un mayor nivel de reclutamiento de empleadas mujeres, todavía faltan concretar algunos pasos importantes concluye Karin Reise, socia de Diversidad de PwC Argentina. Es fundamental que los empleadores identifiquen los puntos débiles en sus procesos de atracción y selección, intervengan para abordarlos y luego evalúen el impacto de sus intervenciones para comprobar su progreso con resultados significativos”.

 

Diversidad, en la marca y en los hechos

El sondeo revela que el 76% de las empresas consultadas ha incorporado la diversidad y la inclusión en su marca, y la proporción asciende a 88% entre las organizaciones con más de 10.000 empleados. Sin embargo, la diversidad como parte de una marca ya no es suficiente.

Al momento de evaluar un potencial empleo, más de la mitad (56%) de las mujeres buscan verificar un progreso efectivo de la diversidad en las empresas consideradas -tendencia que se eleva al 61% en las mujeres que inician su carrera-. Asimismo, tanto el 61% de las mujeres como el 49% de los hombres manifestaron que antes de aceptar su último empleo prestaron atención a la diversidad del equipo de liderazgo de la organización.

Otro factor que cobra especial importancia en la elección del futuro empleador es la equidad en la remuneración. La mitad de las mujeres encuestadas por PwC consideran que existe una brecha salarial entre hombres y mujeres con la misma calificación -consideración avalada por alrededor de la cuarta parte de los participantes hombres-. Respecto de este histórico pendiente, el 46% de las mujeres destacó la importancia de que las organizaciones revelaran públicamente la brecha salarial entre su personal femenino y masculino. Del otro lado, cabe señalar que solo el 41% de los empleadores respondió que actualmente llevan a cabo algún tipo de monitoreo para identificar cualquier discrepancia en los salarios o compensaciones.

 

Incluyendo a los hombres en la conversación

PwC es Corporate Impact Champion de la campaña “HeForShe” de ONU Mujeres, cuyo objetivo es movilizar hombres y niños en apoyo de la igualdad de género, eliminando las barreras sociales y culturales que impiden a las mujeres alcanzar su potencial. Como parte de su participación, PwC ha creado el micrositio heforshe.pwc.com, destinado a mujeres y hombres, donde proporciona información, herramientas y recursos para el cambio.

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Ellas, la otra cara de la protesta yerbatera

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Por Julieta Martinez. El olor a leña quemada utilizada para resguardarse de estos días de bajas temperaturas y para cocinar durante el día y la noche o preparar un mate compartido en ronda, se siente a varias cuadras. Los productores yerbateros afianzan su protesta en Posadas y reciben la solidaridad de los vecinos que les acercan mercaderías, colchones y frazadas. Su estadía se prolonga porque la respuesta que esperan desde el Instituto Nacional de la Yerba Mate, aquel que fuera creado para resguardarlos por ley, no llega. Por momentos, hasta pareciera que los ningunea.

Mientras tanto, sobre el asfalto, en el rostro de la chacra misionera sobresale el de la mujer. Esa mujer que mientras presta atención a las discusiones, no pierde de vista a sus retoños, o aquella que se animó a dejar a sus hijos a resguardo de algún familiar, el mayor de los hermanos para acompañar la lucha por su tierra, su producto, aquello que trabajó durante años, sola, junto a su esposo, o a sus hijos.

Uno de esos rostros es el de Catalina Almirón, productora de San Pedro. De mirada fuerte, la sonrisa justa para demostrar amabilidad y las manos gastadas por la tarefa. Hizo varios kilómetros convencida de la lucha por precios justos para una vida digna. Catalina habló de su causa, y de la de muchas otras mujeres que trabajan la tierra y que pocas veces pueden hacer escuchar su voz.

Yo soy productora, tengo 60 años y me ocupo de mi chacra, yo la dirijo. En este caso no acompaño a ningún hombre, la chacra es mía, pongo el hombro en todo, desde agarrar un animal hasta tareferar la yerba, siempre fui así”, cuenta en una entrevista a Economis.

¿Cómo es compartir el tiempo entre el trabajo en la chacra y cuidar y criar a los hijos?

Es un trabajo fuerte el de la chacra pero también es fuerte criar a los hijos, realmente ahora esto nos preocupa porque la situación está difícil, los chicos no pueden ir a la escuela, los padres no tienen trabajo. Nosotros somos productores, pero hay una cadena que yo defiendo y entiendo porque sin ellos no hacemos nada, que son los tareferos. Familias humildes que están en los pueblos que no tienen un pedacito de tierra para plantar una mandioca. Nosotros tenemos tierra para trabajar. Yo tengo tres hijos, pero hay familias que tienen ocho, nueve chiquitos muy chiquitos, que quieren leche, que necesitan pañales, alimentos para crecer. Esa familia de tareferos es la que está sufriendo, a mí lo que más me duele no somos nosotros, como productores, sino que alguien nos ayude para que podamos ayudar a la familia de tareferos a que no pasen hambre. Ellos están pasando muy mal.

¿En la chacra se valora el lugar que ocupa la mujer?

Nunca se valoró a la mujer. En mi caso, tengo 60 años, problemas de columna, y hoy por hoy ya debería estar recibiendo una pensión, pero nadie valora a la mujer que está para todo, desde que se levanta atendiendo a los chicos, a la gallina, el chanchito, ordeñando la vaca, terminás en el rozado, viniendo al mediodía a cocinar, descansar media hora sin bañarse, comer algo, muy poco para volver de nuevo a la chacra, así es la vida de la mujer.

Catalina tenía programada una operación de vesícula en Oberá para sacarse unas piedritas.

Llamó a cancelar el turno, porque “no pienso moverme de acá”

 

 Catalina considera válido que las mujeres acompañen a sus maridos, a su familia. “Yo no tengo marido pero vengo por mí y por mis hijos, somos una cadena, somos la base de cada pueblo. Sin nosotros, el pueblo no crece, sin nosotros las familias tareferas no comen, lo que hacemos va a parar a los comercios”.

¿Cree que algún día tendrá solución el problema de los yerbateros?

Confío en Dios. Esta difícil, pero estamos decididos a quedarnos y vamos a ir a buscar los tractores y cada vez vamos a ser más.

 

“Estoy muy agradecida con Posadas y pido que Dios multiplique lo que la gente nos da todos los días acá en la ciudad, recibimos leche, mercadería, colchones, frazadas, porque estamos durmiendo en la calle”

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Empleo femenino en la clase media duplica al de indigentes

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La difusión de estadísticas señalando que un tercio de la población está en la pobreza generó encendidas discusiones sobre el gasto asistencial y la insuficiente creación de empleos. Sin embargo, los planes asistenciales tienen escaso impacto en la reducción de la pobreza y el crecimiento del empleo, aunque muy necesario, no es suficiente. Para reducir la pobreza es esencial incorporar al mercado laboral a las mujeres de los hogares pobres. Para ello, se necesitan mejores instituciones laborales, educación de calidad y prácticas sexuales y reproductivas saludables. 
Mediciones privadas señalan que a setiembre del 2016 aproximadamente un tercio de la población vive en la pobreza. Estas mismas fuentes ya advertían en abril del 2016 que la incidencia de la pobreza sería de este orden. El dato es consistente con lo que el mismo INDEC normalizado señala para el 2° trimestre del 2016 que ubica la pobreza en 32%. En suma, la pobreza aumentó a comienzos del año pasado y se mantuvo durante el 2016.
Ante este escenario, muchos reclaman expandir los programas asistenciales. Este tipo de gasto aumentó durante el 2016 a un ritmo similar a la inflación lo que sugiere que no es la falta de planes sociales lo que mantiene la pobreza alta. Otros ponen énfasis en aumentar la inversión y la producción para crear más empleos de calidad. ¿Pero alcanza con el crecimiento del empleo para terminar con la pobreza?
Información para responder a este interrogante proviene de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC correspondiente al 3° trimestre del 2016. Esta fuente señala que entre las mujeres jefas de hogar o cónyuges la situación es la siguiente:
  • En los hogares de clase media el 72% trabaja.
  • En los hogares pobres no indigentes el 41% trabaja.
  • En los hogares indigentes sólo el 35% trabaja.
Estos datos muestran que la inserción laboral de las mujeres adultas con responsabilidades familiares (jefa de hogar o cónyuge) es muy diferente según estrato socioeconómico. Resulta muy contundente que el empleo de las mujeres adultas entre los hogares de clase media duplica al observado entre las familias indigentes. Dicho de otra manera, mientras que en los hogares de clase media la mayoría de las mujeres con responsabilidades familiares trabaja, en los hogares pobres sólo la minoría lo hace.
Adicionalmente, según el INDEC, así como sólo un tercio de las mujeres de hogares indigentes trabaja, la mitad cumple el rol de jefe de hogar en la familia y hay 3 niños a cargo por familia. Muy diferente es la situación entre los hogares de clase media, donde además de que la mayoria de las mujeres trabaja, sólo un tercio cumplen el rol de jefes del hogar y hay un niño cada 3 hogares (es decir, en promedio, cada 3 hogares, en dos no hay menores y en el restante hay un solo niño). Estos datos sobran para afimar que fenómenos muy asociados a la indigencia son el abandono económico del hogar por parte del adulto varón, menor tasa de empleo de las mujeres y una mayor cantidad de niños.
Frente a este contexto destinar más recursos a programas asistenciales, como proponen las organizaciones sociales, sólo sirve para potenciar el derroche de recursos públicos. Tampoco hay que poner mucha confianza en la generación de empleos de calidad ya que, aun cuando se produzca, dificilmente alcance para incorporar automáticamente a las mujeres pobres al mercado laboral. Por eso, junto con buenas politicas económicas y laborales, es central asumir como objetivo que las mujeres pobres tengan la oportunidad de ser artífices de su propio progreso. Para ello, se requiere, además de un entorno general de expansión en la producción y el empleo, acciones especificas sobre este segmento de educación, de promoción de prácticas sexuales y reproductivas más saludables y responsables y centros de cuidado de la primaria infancia de alta calidad.
Para abordar el desafío hay que buscar instancias superadoras a la superposición de roles entre la Nación, las provincias y los municipios que impera en la actualidad. La Nación debería dejar de ejecutar programas sociales y concentrarse en acelerar la generación de empleos en base a la estabilidad, incentivos a la inversión, eliminar las cargas sociales a trabajadores de bajos salarios y desburocratizar la legislación laboral. La salud, la educación y los programas asistenciales deben ser gestionados por quienes son sus responsables: las provincias y los municipios.  
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El paro de mujeres es económico y político: resistir para avanzar

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El 1 de marzo el presidente Mauricio Macri inauguró la Asamblea Legislativa. A lo largo de su discurso, en el que recorrió las políticas y acciones que se implementaron durante el año pasado, las mujeres tuvieron solo un instante de protagonismo. Macri mencionó el Plan Nacional contra la Violencia de género y la consigna #NiUnaMenos: “Es un desafío que tenemos que encarar juntos, poniendo fin a la violencia machista. Tenemos que terminar con los patrones culturales que naturalizan la agresión a la mujer. El elemento fundamental es la educación, desde la política, la escuela y en cada casa.” Sin embargo, el presupuesto asignado al Consejo Nacional de las Mujeres es de apenas $6,96 por mujer para 2017. Además, durante 2016 fue seriamente sub-ejecutado: solo se utilizó un 14,5% del monto destinado al organismo (datos de las economistas Magalí Brosio y Violeta Guitart). No solo este Plan es insuficiente, sino que además no toma dimensión de que esos patrones culturales que hay que cambiar afectan otros aspectos de la vida cotidiana de las mujeres, en donde la violencia de género y el femicidio son las expresiones más visibles pero no las únicas.

Este 8 de marzo, mujeres de más de 40 países se van a movilizar en cientos de ciudades con motivo del Día internacional de la mujer trabajadora. Argentina es parte de la organización de este experimento internacional, como lo llamó Cinzia Azzurra (activista estadounidense), que se inspira en una marcha que protagonizaron las islandesas en 1975, cuando más de 25 mil mujeres salieron a las calles de Reikiavik. Se trataba de una manifestación a modo de “día libre de las mujeres” y una huelga en la que participó el 90 por ciento de las mujeres islandesas: ninguna de ellas hizo tareas domésticas ese día. A los hombres les tocó estar a cargo de la casa, los niños y todas las tareas asignadas tradicionalmente a las chicas. Como resultado de este paro se cerraron bancos, escuelas y negocios. Un año después, el Parlamento aprobó una ley de pago igualitario y al poco tiempo, Islandia elegía también su primera presidenta mujer. Estas marchas simultáneas del 8M, no serán solamente en contra de la violencia de género, que en la Argentina ha recrudecido este 2017, sino también son un reclamo por igualdad. Estadounidenses, peruanas, españolas, polacas o islandesas tienen un campo de disputa en común: la desigualdad en sus economías se potencia con la desigualdad de género.

¿Cómo le decimos a una mujer que vale lo mismo que
un hombre si eso no se refleja siquiera en su salario?

En el discurso de Macri o en sus políticas públicas, nadie parece tomar nota de estos planteos. No solo escasean las mujeres en los equipos de Hacienda, Finanzas, Banco Central, Ciencia y técnica o Producción, sino que tampoco aparece la perspectiva de género a la hora de abordar una situación que es clave para transformar estos patrones culturales que abonan situaciones de discriminación y desvalorización. Las mujeres en la Argentina ganan 27% menos que los varones y la brecha llega al 40% para trabajadoras precarizadas, que a su vez son más de un tercio del total. ¿Cuál es el plan del gobierno para cerrar la brecha salarial? ¿Cómo le decimos a una mujer que vale lo mismo que un hombre si eso no se refleja siquiera en su salario? 6 de cada 10 mujeres sin hijos trabaja mientras que solo 4 de cada 10 lo hace cuando tiene 2 o más niños. Ocurre lo contrario con los varones. ¿Cuál es la política para que la maternidad no penalice a las mujeres? Más del 60% de los jóvenes llamados Ni-Ni (ni trabajan ni estudian) son chicas que si trabajan, pero en su casa: son niñeras de sus hermanitos o familiares, enfermeras de sus abuelos, limpian sus casas, hacen las compras, preparan los alimentos, son el sostén de hogares pobres.

 

Las mujeres en Argentina ganan 27%
menos que los varones

Días atrás, Nancy Fraser, filósofa y politóloga feminista estadounidense, dijo que “las mujeres hoy somos la resistencia, solo si resistencia no significa que queremos volver a donde estábamos antes de Donald Trump”. Esta idea también es válida en la Argentina. Hoy las mujeres están expresando una agenda de discusiones que han sido relegadas una y otra vez. Es que el deterioro de la situación económica, algo que el presidente eludió contando solo las notas buenas y haciendo énfasis en que tenemos que esperar al largo plazo para ver resultados, ha calado hondo en la calidad de vida. En 2016 la economía argentina siguió en recesión, la inflación deterioró el poder adquisitivo del salario, de las jubilaciones, de la AUH; la industria (que no fue mencionada una sola vez en todo el discurso) cayó junto a la construcción generando un mayor estancamiento en la creación de empleo y el Estado se deshizo de miles de trabajadores. Científicos y docentes reclaman en las calles que la oda a la educación, ciencia y tecnología se convierta en salarios dignos y presupuesto. En este marco, las mujeres hoy no solo paran en contra de la violencia de género sino que incorporan demandas económicas y políticas. Son ellas quienes resisten, como dice Fraser, en solidaridad cruzando fronteras locales e internacionales y encadenando experiencias.

Y en la Argentina tampoco se trata de volver al punto anterior. El 8 de marzo es un punto de partida que sin duda va a traer una nueva agenda de debate pública, en donde las mujeres son protagonistas.

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El paro de mujeres es económico y político: resistir para avanzar

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El 1 de marzo el presidente Mauricio Macri inauguró la Asamblea Legislativa. A lo largo de su discurso, en el que recorrió las políticas y acciones que se implementaron durante el año pasado, las mujeres tuvieron solo un instante de protagonismo. Macri mencionó el Plan Nacional contra la Violencia de género y la consigna #NiUnaMenos: “Es un desafío que tenemos que encarar juntos, poniendo fin a la violencia machista. Tenemos que terminar con los patrones culturales que naturalizan la agresión a la mujer. El elemento fundamental es la educación, desde la política, la escuela y en cada casa.” Sin embargo, el presupuesto asignado al Consejo Nacional de las Mujeres es de apenas $6,96 por mujer para 2017. Además, durante 2016 fue seriamente sub-ejecutado: solo se utilizó un 14,5% del monto destinado al organismo (datos de las economistas Magalí Brosio y Violeta Guitart). No solo este Plan es insuficiente, sino que además no toma dimensión de que esos patrones culturales que hay que cambiar afectan otros aspectos de la vida cotidiana de las mujeres, en donde la violencia de género y el femicidio son las expresiones más visibles pero no las únicas.

Este 8 de marzo, mujeres de más de 40 países se van a movilizar en cientos de ciudades con motivo del Día internacional de la mujer trabajadora. Argentina es parte de la organización de este experimento internacional, como lo llamó Cinzia Azzurra (activista estadounidense), que se inspira en una marcha que protagonizaron las islandesas en 1975, cuando más de 25 mil mujeres salieron a las calles de Reikiavik. Se trataba de una manifestación a modo de “día libre de las mujeres” y una huelga en la que participó el 90 por ciento de las mujeres islandesas: ninguna de ellas hizo tareas domésticas ese día. A los hombres les tocó estar a cargo de la casa, los niños y todas las tareas asignadas tradicionalmente a las chicas. Como resultado de este paro se cerraron bancos, escuelas y negocios. Un año después, el Parlamento aprobó una ley de pago igualitario y al poco tiempo, Islandia elegía también su primera presidenta mujer. Estas marchas simultáneas del 8M, no serán solamente en contra de la violencia de género, que en la Argentina ha recrudecido este 2017, sino también son un reclamo por igualdad. Estadounidenses, peruanas, españolas, polacas o islandesas tienen un campo de disputa en común: la desigualdad en sus economías se potencia con la desigualdad de género.

¿Cómo le decimos a una mujer que vale lo mismo que
un hombre si eso no se refleja siquiera en su salario?

En el discurso de Macri o en sus políticas públicas, nadie parece tomar nota de estos planteos. No solo escasean las mujeres en los equipos de Hacienda, Finanzas, Banco Central, Ciencia y técnica o Producción, sino que tampoco aparece la perspectiva de género a la hora de abordar una situación que es clave para transformar estos patrones culturales que abonan situaciones de discriminación y desvalorización. Las mujeres en la Argentina ganan 27% menos que los varones y la brecha llega al 40% para trabajadoras precarizadas, que a su vez son más de un tercio del total. ¿Cuál es el plan del gobierno para cerrar la brecha salarial? ¿Cómo le decimos a una mujer que vale lo mismo que un hombre si eso no se refleja siquiera en su salario? 6 de cada 10 mujeres sin hijos trabaja mientras que solo 4 de cada 10 lo hace cuando tiene 2 o más niños. Ocurre lo contrario con los varones. ¿Cuál es la política para que la maternidad no penalice a las mujeres? Más del 60% de los jóvenes llamados Ni-Ni (ni trabajan ni estudian) son chicas que si trabajan, pero en su casa: son niñeras de sus hermanitos o familiares, enfermeras de sus abuelos, limpian sus casas, hacen las compras, preparan los alimentos, son el sostén de hogares pobres.

 

Las mujeres en Argentina ganan 27%
menos que los varones

Días atrás, Nancy Fraser, filósofa y politóloga feminista estadounidense, dijo que “las mujeres hoy somos la resistencia, solo si resistencia no significa que queremos volver a donde estábamos antes de Donald Trump”. Esta idea también es válida en la Argentina. Hoy las mujeres están expresando una agenda de discusiones que han sido relegadas una y otra vez. Es que el deterioro de la situación económica, algo que el presidente eludió contando solo las notas buenas y haciendo énfasis en que tenemos que esperar al largo plazo para ver resultados, ha calado hondo en la calidad de vida. En 2016 la economía argentina siguió en recesión, la inflación deterioró el poder adquisitivo del salario, de las jubilaciones, de la AUH; la industria (que no fue mencionada una sola vez en todo el discurso) cayó junto a la construcción generando un mayor estancamiento en la creación de empleo y el Estado se deshizo de miles de trabajadores. Científicos y docentes reclaman en las calles que la oda a la educación, ciencia y tecnología se convierta en salarios dignos y presupuesto. En este marco, las mujeres hoy no solo paran en contra de la violencia de género sino que incorporan demandas económicas y políticas. Son ellas quienes resisten, como dice Fraser, en solidaridad cruzando fronteras locales e internacionales y encadenando experiencias.

Y en la Argentina tampoco se trata de volver al punto anterior. El 8 de marzo es un punto de partida que sin duda va a traer una nueva agenda de debate pública, en donde las mujeres son protagonistas.

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