Naturaleza

Cazadores de belleza natural

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Facundo Gallo y Jorge Otamendi son los profesionales detrás de La Huella Films, una productora audiovisual que recorre el país mostrando los mejores paisajes. Misiones con su exuberancia natural es uno de los destinos preferidos. Sus trabajos, que llegaron a National Geographic, muestran la naturaleza de una forma única.

Facundo y Jorge son fotógrafos desde hace más de 15 años. Ambos son apasionados de la fotografía de naturaleza. Hace dos años y medio conformaron La Huella Films una productora dedicada a mostrar la belleza de la Argentina.

La fotografía de naturaleza es una modalidad del amplio espectro que trata de enmarcar en el papel la grandiosidad de los paisajes, la fauna, la flora hasta en los más mínimos detalles. Se centra en la captación de aspectos estéticos, muy por encima de otros tipos de fotografía.

Los jóvenes profesionales definen a su productora como “una empresa especializada en fotografía y filmación con la última tecnología”, que apunta a “impactar y generar emociones”.

“Pensamos, producimos y realizamos cada video con pasión y creatividad”, cuenta Facundo, entrevistado por Economis horas después de haber salido de la selva de Yabotí.

Hace pocos días estuvo recorriendo Corrientes y en especial la zona de los Esteros del Iberá.

Recordó que el año pasado estuvieron más de seis veces trabajando en Misiones “porque tiene todo, flora, fauna y paisajes increíbles”.

El fotógrafo explicó que la productora cuenta con un gran equipamiento para fotos y video: cinco drones y muchos equipamientos para travelings y time lapse.

Cataratas De Iguazu, Misiones Argentina from La Huella Films on Vimeo.

Reconoció que les costó llegar a tener el alto nivel de equipos, pero la satisfacción de poder plasmar en sus trabajos su visión de trabajo, compensa los esfuerzos.

Recorren el país mostrando deportes en la selva, desiertos, playas, montañas. También haciendo trabajos de paisajes para promoción turística. Su perspectiva y sensibilidad a la hora de captar las imágenes los convierten en dos aventureros dignos de seguir para conocer lugares y atractivos de la región.

La Huella Films por Diego Winitzky

Además, para el sector turístico hacen fotografía de hoteles, lodges, cabañas. Sus trabajos para publicidades son muy requeridos por el enfoque que logran.

 Una vida llena de aventuras

Forman una dupla impresionante, porque comparten la visión estética, algo fundamental para el trabajo del fotógrafo. Además disfrutan de la aventura porque pueden pasar semanas enteras a la intemperie, viviendo en una carpa solamente para lograr las mejores capturas de un paisaje o de un ecosistema.

“Vamos a lugares donde nadie va, queremos descubrir lugares nuevos siempre”, explica Facundo. Por ello están en viaje constante. “Cada mes viajamos a algún punto del país”, insiste.

Ese constante recorrer, les llevó a considerar que “Argentina es un país muy hermoso, con innumerables lugares para disfrutar. Si te gusta la selva, la montaña, las zonas áridas, las planicies, tenés todo”, indica el fotógrafo.

“Pasamos de castillos a una carpa, de tener todos los lujos a no tener nada”, describe Facundo, sobre cómo es su trabajo. Explicó que el oficio del fotógrafo de naturaleza es muy difícil, porque significa viajar mucho y trabajar unas 20 horas al día para poder aprovechar cada experiencia.

Si bien han cumplido muchos sueños, como hacer trabajos para National Geographic estos profesionales saben que no deben bajar la guardia y siguen apostando a aprender cada día. Innovando y aprovechando las nuevas tecnologías.

 

Para ellos el uso de los drones para hacer fotos y videos es sumamente importante porque les permite hacer trabajos con una perspectiva global del entorno donde trabajan.

Aunque para el trabajo con los animales Facundo prefiere seguir apostando a las fotos macro, que demanda mucho tacto para poder acercarse sin afectar su entorno.

Valoró qué en los viajes, lo más grato es conocer a las personas, con quienes comparten semanas de trabajo. “Lo que nos llevamos siempre es la experiencia de conocer buena gente, porque si bien los paisajes son hermosos y somos como niños en cada lugar, lo valioso es encontrar a gente que nos entienda y poder compartir”.

Facundo reconoce que cada destino “es un desafío. Siempre voy con miedo, en cambio Jorge es diferente. Para el en cada lugar vamos viendo como trabajar”.

Esta diferencia de posicionarse ante el trabajo no los aleja, sino que los complementa.

Ambos además de apasionados por la fotografía, aman vivir al aire libre. Facundo cuenta una infidencia sobre su colega y socio: “Ama caminar descalzo, en la selva como en la montaña o en el desierto”.

Uno nunca deja de aprender

Facundo, quien ha trabajado como fotógrafo de estudio, para producciones de modelos, publicidades, o fotografía de arquitectura, se ha especializado en sus pasiones: la fotografía de naturaleza, los deportes extremos y además ha avanzado como documentalista.

Reconoció que “estudio todos los días fotografía”. Cada día le dedica un espacio a ver tutoriales y aprender sobre cómo mejorar su técnica y el uso de los equipos.

“Hace ocho años que hago time lapse y aún cometo errores. Todo es aprendizaje, por más clara que la tenga me equivoco como un principiante”, admitió.

También trabajó como profesor de fotografía básica y dijo que “me sentía como un chanta, porque hacía lo que me gustaba y estaba en lugares muy lindos”.

“Me colgaba en las clases que eran de dos horas y las llegaba a dar en cuatro horas, porque salíamos mucho a la calle a hacer fotos”, se ríe.

Planteó que después de hacer tanto tiempo fotografía le costó hacer videos, porque “las fotos son un instante en el tiempo y el video es otra cosa”. Explicó que “cuando filmas te lleva 10 veces más tiempo, esto es paciencia y práctica. Cada vez aprendemos y entendemos más a los animales. Nos relacionamos con biólogos y guardaparques para poder hacer mejor nuestro trabajo”.

 

Explicó que el hacer filmaciones lo llevó a cambiar su trabajo como fotógrafo, ya que ahora “el 80 por ciento de mis fotos las hago con trípode, cuando antes eran todos con la cámara en la mano mientras caminaba”.

Para hacer las mejores tomas de los paisajes y de la fauna, se toman su tiempo y se pasan horas buscando acercarse a los animales, ganando su confianza y tratando de no alterar su entorno natural.

“Los guías no pueden creer que nos acercamos tanto a los animales, nos gusta mucho esto y le ponemos mucha pasión”, afirmó.

Sobre el equipo que llevan a cada viaje, dijo que “estamos muy equipados. Nos costó mucho esfuerzo a ambos”.

Pero los equipos, pese a lo caro, no dejan de correr riesgos en cada incursión. Riesgo de desastre. “Estrellamos entre dos y cuatro drones por año”, cuenta Facundo.

Estas situaciones les demandan una inversión constante en equipos.

Como anécdota Facundo contó que el año pasado, en el sur del país, filmaba con un dron una cascada y unos rápidos en Ushuaia. De pronto el dron tocó una rama y se cayó al agua.

Él tuvo que bajar una montaña corriendo y meterse a los rápidos para tratar de recuperar el equipo.

Me tuve que meter debajo de la cascada en el agua helada, apenas pude recuperar el dron y salir”, contó. Pero la cámara no apareció y el dron estaba totalmente dañado, desde las hélices, los motores y el sistema de fijación de la cámara.

Esta experiencia tuvo una sorpresa, porque en diciembre un colega del sur se encontró la cámara y se contactó. Y funcionaba… con el registro del trabajo que estaba haciendo.

“Tengo miles de historias”, relata. Y afirma que muchas veces se ha pasado horas en el suelo para lograr las imágenes. “Soy mochilero y tengo toda la paciencia del mundo para hacer este trabajo”, cuenta.

Me he peleado muchas veces con mis amigos y con mis novias por mi trabajo de fotógrafo”, comento. Explicó que en un tiempo debió trabajar para Playboy y a sus novias no les gustaba que haga fotos a las chicas.

“La fotografía es difícil y lleva tiempo ganarse el espacio, la gente muchas veces no valora el trabajo”, dice.

Comentó que en la profesión hay mucho ego por el trabajo propio. Por ello se mostró feliz de compartir el trabajo con Jorge. A quien lo consideró como un hermano en este viaje. “Es difícil encontrarse con alguien que piensa como vos en esta profesión”, dijo.

“Jorge es la persona más sensible que conozco, compartimos todo y nos conocemos mucho”, afirmó.

Iberá es el Disney para los fotógrafos

Estando en Misiones Facundo y Jorge fueron invitados a recorrer los Esteros del Iberá. En especial la zona del programa de reinserción de animales en la isla San Alonso.

Facundo describió a los esteros como “Disney para los fotógrafos” por la flora, fauna y paisajes que permiten un trabajo único.

“Fuimos para estar una semana y terminamos quedándonos dos”, recordó. Luego el volvió por otros quince días, ya era en plan de vacaciones, pero también terminó trabajando por mero placer.

El próximo lunes saldrán los documentales que ellos compartirán en su sitio y a través de las redes sociales.

En estas visitas no solo compartieron con los profesionales que trabajan en el programa de reinserción de animales, sino también con turistas. Valoró que en estos encuentros “uno se abre y cuenta cosas muy íntimas, porque la vivencia es única”.

“Misiones tiene de todo”

Si bien viajan a todos los rincones del país, se apasionaron con Misiones. Vinieron las primeras veces por trabajo y el año pasado realizaron seis viajes a la tierra colorada, para recorrer los diferentes atractivos.

Facundo valoró que en la provincia se desarrollen competencias de deportes extremos en un entorno de selva.

“Misiones tiene todo, selva, animales, biodiversidad y paisajes únicos”, describió. Aunque dijo que “el clima no es de lo mejor, lo lindo es el viaje”.

También en Misiones perdieron un dron, durante una competencia de mountain bike por la selva. “Estábamos filmando la competencia y el dron quedó enganchado en el único cable que estaba en la selva. Llevaba electricidad de una comunidad a otra”, recordó.

Pero el riesgo siempre está. “Si tenemos que meternos, lo hacemos, porque es nuestro trabajo”. Una filosofía.

“Nosotros no tenemos problemas verdaderos, hay gente que no tiene agua, que no tiene para comer, ellos tienen problemas”, analiza.

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Gustavo Santos: “Estamos imaginando a Misiones como el gran reservorio de naturaleza de la Argentina”

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El Ministro de Turismo de la Nación, confirmó que se negocia con el Banco Interamericano de Desarrollo un crédito de cien millones de dólares para financiar obras regionales del Corredor Jesuítico, que involucra a Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y hasta Uruguay. En paralelo comprometió cien millones de pesos de la Nación para mejoras en el los Saltos del Moconá.

Gustavo Santos, acompañó al gobernador, Hugo Passalacqua, en la presentación de la segunda jornada del Congreso Binacional de Marketing Turístico, en el Teatro de Prosa del Centro del Conocimiento en Posadas.

 

El ministro de Turismo de la Nación, Gustavo Santos se trasladó de Iguazú a Posadas para confirmar anuncios de inversiones que potencien atractivos turísticos. En la ciudad de las Cataratas participó de la inauguración del Falls Iguazú Hotel, un nuevo cinco estrellas en las 600 hectáreas, y junto al gobernador, Hugo Passalacqua,  y su par, José María Arrúa, de la segunda jornada del Congreso Binacional de Marketing Turístico en el Centro del Conocimiento.

Entre las ideas que dejó para trabajar en los próximos años, está la de empezar a pensar y construir la marca América del Sur, “porque si bien entre nosotros nos intercambiamos pasajeros y de alguna manera competimos, para el resto del mundo somos una misma cosa. Es básico trabajar en la visión integrada de los países”, dijo y proyectó que los mercados asiáticos son los que más van a crecer en los próximos años y “ellos no nos imaginan con fronteras no saben dónde empieza uno y termina el otro, y tenemos que apuntarle a esos mercados que van a ser los que de alguna manera van a decidir el movimiento turístico del planeta”.

Consultado sobre las gestiones que realizan para lograr un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo que  permita concretar el proyecto de un corredor integrado, y la Ruta de los Jesuitas que incluye cinco países de la región, precisó que “obtuvimos una línea especial de créditos para este tipo de proyectos que nos va a permitir avanzar en esto que estoy seguro será uno de los grandes productos que tendrá la región. Los acuerdos están muy avanzados, seguramente en el segundo semestre lo estaremos firmando”, arriesgó.

¿En cuánto tiempo prevén que esté en funcionamiento?

– En el 2018 tendrían que estar las inversiones en marcha.

¿Se harán inversiones en el Moconá también?

– No hay duda que los Saltos del Moconá son uno de los grandes atractivos de la provincia, como lo es San Ignacio. Estamos imaginando a la provincia de Misiones como el gran reservorio de Naturaleza de la Argentina. Como el ícono principal del ecoturismo, pero al mismo tiempo como una puerta de entrada o de salida de un corredor que incluye a los Esteros del Iberá en Corrientes, El Impenetrable en el Chaco y la Fidelidad en Formosa. Con respecto al Moconá que vamos a invertir cien millones de pesos que se van a ejecutar en el segundo semestre de este año en obras, también tiene que ver con el plan maestro del Iberá que ya está en marcha.

Si alguna vez en nuestro país, gobernar fue poblar, si alguna vez en nuestro país y pensemos en Sarmiento, gobernar fue educar, hoy no tengo dudas que para los líderes de este tiempo gobernar debe ser, generar empleo

Santos aseguró finalmente, que la Nación no cree en el concepto de políticas de cielo abierto como tal, “eso no existe en casi ninguna parte del mundo, sí estamos trabajando en una política de apertura que permita ponernos a la altura de lo que pasó en la región en estos años. Cuando a mí me preguntan qué es turismo digo, conectividad o muerte”.

 

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Alto nivel de ocupación y reservas en lodges de Misiones

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La Semana Santa, además de ser un tiempo de reflexión, se convierte en una minitemporada turística para recorrer Misiones y los lodges son un atractivo ineludible para alejarse del ruido de las ciudades. En la zona norte alcanzan al 100 por ciento mientras que en el sur llega al 90 por ciento.

El circuito Lodges de la Selva constituye un atractivo que ofrece confort en contacto pleno con la naturaleza y desde hace algunos se consolidó como una oferta destinada a visitantes exigentes que disfrutan del marco natural que ofrece la provincia. De acuerdo a datos proporcionados a Economis por la Subsecretaría de Ecoturismo que depende del Ministerio de Turismo, el nivel de ocupación para los días de Semana Santa llegan al 100 por ciento en zona norte (Iguazú), 80 por ciento en la zona centro, 90 por ciento en la zona sur mientras que los que se ubican en la localidad de Andresito mantienen hasta este lunes un 50 por ciento de reservas.

El rango de precios de los lodge comienza en los 600 pesos a 3800 por persona por noche, variando las tarifas según las preferencias de los huéspedes en las actividades y el servicio de gastronomía.

El circuito está compuesto por 49 lodges distribuidos en toda la provincia emplazados en áreas naturales protegidas que conforman una plataforma de 741.217 hectáreas.

Entre las actividades que ofrecen estos  establecimientos se encuentran la navegación en gomones, canotaje, cabalgatas, kayaking, caminatas de baja dificultad y observación de flora y fauna aptas para toda la familia, y para los más aventureros existen actividades de altas exigencias como trekking en la selva, rafting, canopy y rappel.

Asimismo, alrededor de 12 lodges que se encuentran en el área Moconá-Yabotí, se ofrecen visitas a las comunidades aborígenes, ubicadas en la Huella Guaraní, paseos en canoas típicas, paseos en carros

tradicionales, caminatas de baja dificultad, observación de flora y fauna y opciones como el trekking en selva, canopy, cicloturismo, cabalgatas, rafting, kayaking, tubbing Y floating.

 

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Alto nivel de ocupación y reservas en lodges de Misiones

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La Semana Santa, además de ser un tiempo de reflexión, se convierte en una minitemporada turística para recorrer Misiones y los lodges son un atractivo ineludible para alejarse del ruido de las ciudades. En la zona norte alcanzan al 100 por ciento mientras que en el sur llega al 90 por ciento.

El circuito Lodges de la Selva constituye un atractivo que ofrece confort en contacto pleno con la naturaleza y desde hace algunos se consolidó como una oferta destinada a visitantes exigentes que disfrutan del marco natural que ofrece la provincia. De acuerdo a datos proporcionados a Economis por la Subsecretaría de Ecoturismo que depende del Ministerio de Turismo, el nivel de ocupación para los días de Semana Santa llegan al 100 por ciento en zona norte (Iguazú), 80 por ciento en la zona centro, 90 por ciento en la zona sur mientras que los que se ubican en la localidad de Andresito mantienen hasta este lunes un 50 por ciento de reservas.

El rango de precios de los lodge comienza en los 600 pesos a 3800 por persona por noche, variando las tarifas según las preferencias de los huéspedes en las actividades y el servicio de gastronomía.

El circuito está compuesto por 49 lodges distribuidos en toda la provincia emplazados en áreas naturales protegidas que conforman una plataforma de 741.217 hectáreas.

Entre las actividades que ofrecen estos  establecimientos se encuentran la navegación en gomones, canotaje, cabalgatas, kayaking, caminatas de baja dificultad y observación de flora y fauna aptas para toda la familia, y para los más aventureros existen actividades de altas exigencias como trekking en la selva, rafting, canopy y rappel.

Asimismo, alrededor de 12 lodges que se encuentran en el área Moconá-Yabotí, se ofrecen visitas a las comunidades aborígenes, ubicadas en la Huella Guaraní, paseos en canoas típicas, paseos en carros

tradicionales, caminatas de baja dificultad, observación de flora y fauna y opciones como el trekking en selva, canopy, cicloturismo, cabalgatas, rafting, kayaking, tubbing Y floating.

 

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Diego, el donjuán de Galápagos que salvó a su especie de tortugas

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TheNewYorkTimes. La tortuga gigante en Galápagos revirtió la amenaza de extinción y “seguirá reproduciéndose hasta que muera”, según un científico. Su experiencia ha servido como ejemplo sobre cómo evitar la desaparición de especies en el laboratorio de la evolución que son las islas.

De todas las tortugas gigantes que hay en estas islas, donde nació la teoría de la evolución, solo unas cuantas han recibido nombres memorables.

Existió Popeye, adoptado por marineros en una base naval ecuatoriana. También hubo un Solitario George, el último de su linaje, que pasó años ignorando a las hembras con las que compartía una jaula.

Además está Diego, un macho vetusto que es lo opuesto a George.

Diego ha procreado a cientos de crías: 350 según cálculos conservadores o unas 800 según los cálculos más fantasiosos. Sin importar cuál sea la cifra, son buenas noticias para su especie, Chelonoidis hoodensis, que estaba al borde de la extinción en los años setenta. Apenas quedaban más de una decena de sus familiares; la mayoría de ellos eran hembras.

Después llegó Diego, que en 1977 regresó a las Galápagos desde el zoológico de San Diego.

“Seguirá reproduciéndose hasta que muera”, dijo Freddy Villalva, quien cuida a Diego y a muchos de sus descendientes en un centro de reproducción en este complejo de investigación, ubicado en una costa volcánica rocosa. Las tortugas generalmente viven más de 100 años.

Las historias sobre Diego y George demuestran lo mucho que las Galápagos, en Ecuador, han servido como laboratorio evolutivo del mundo. Muy a menudo, el destino de toda una especie que ha evolucionado a lo largo de millones de años puede depender de la supervivencia de un día al otro de tan solo uno o dos animales individuales.

Diego y sus descendientes son parte de una de las iniciativas más destacadas para hacer que prosperen las poblaciones de tortugas de las Galápagos. Se estima que quizá tiene un siglo de edad y es uno de los principales motores de una recuperación notable de la especie hoodensis: ahora hay más de 1000 de esas tortugas en la isla Española, una de las muchas en Galápagos.

Su historia contrasta con la de Solitario George, que quizá era el residente más famoso de las Galápagos cuando murió en 2012 y tenía casi 100 años. Su especie, Chelonoidis abingdonii, ahora vive solo en camisetas y postales porque George, encontrado en 1971 por un biólogo en la isla de Pinta, jamás procreó ninguna cría en cautiverio.

En Galápagos, alrededor de 11 de casi 115 especies animales conocidas se han extinto desde que los científicos comenzaron a llevar registros. Sin embargo, el establecimiento de un parque nacional, así como los esfuerzos de los científicos, significan que las extinciones son una rareza. Por eso la muerte de George fue un golpe tan fuerte.

Los científicos hicieron todo lo que pudieron para sacar más abingdonii de George y sus parejas. Cuando George murió, una autopsia reveló que no se trataba de una falta de potencia, sino de una afección anatómica que afectaba su órgano reproductivo e impedía que procreara.

“No nos gusta hablar de eso”, dijo –medio en broma– James P. Gibbs, un profesor de biología de conservación de vertebrados en la Facultad de Ciencias Ambientales y Forestales de la Universidad Estatal de Nueva York en Siracusa (SUNY), y uno de los expertos en tortugas en el mundo.

Gibbs había regresado a las Galápagos desde el norte de Nueva York para traer los restos embalsamados de George y varias unidades costosas de aire acondicionado y filtros UV que conservarán al reptil en perpetuidad dentro de una suerte de mausoleo en una de las islas.

Tanto George como Diego tenían caparazones mucho más pequeños que los de otras especies, así como largos cuellos para alcanzar los pocos cactus que crecían en su ventosa isla. De alguna manera, esos pequeños caparazones fueron una maldición en sus hogares: los abingdonii y hoodensis eran presa fácil para los bucaneros y balleneros que llegaron a sus islas en siglos anteriores y tan solo los veían como alimentos indefensos y lentos que podían recoger fácilmente.

Tampoco ayudó que las tortugas gigantes de las Galápagos pueden sobrevivir hasta un año en el casco de un barco, lo que significa que brindan un suministro casi infinito de carne fresca, pues apilaban cientos de ellas debajo de la cubierta. Incluso las arrojaban por la borda cuando una nave necesitaba perder lastre para escapar rápidamente.

Una de las personas que cenaban carne de tortuga gigante era Charles Darwin.

“Vivíamos solo de carne de tortuga; cuando la coraza se asa con carne en ella es muy buena. Además, se puede hacer una sopa excelente con las tortugas jóvenes”, escribió Darwin en 1839, cerca del punto máximo del saqueo de tortugas, en el que unas 200.000 fueron asesinadas o cazadas en las islas.

Al final, los peces lo llevaron a la teoría de la evolución, no las tortugas.

“Puede que se haya comido a sus mejores especímenes”, dijo Gibbs.

La recuperación de la especie hoodensis de Diego también trae consigo un dilema que desconcertó a Darwin durante sus aventuras en las Galápagos hace más de un siglo, cuando estudió su fauna.

Conforme Diego produce más crías, y conforme las que ha producido se reproducen entre sí, toda la especie hoodensis podría comenzar a parecerse a Diego.

Los científicos evolucionistas llaman a este proceso el efecto de cuello de botella; es cuando los genes de los sobrevivientes llegan a dominar el acervo genético mientras las poblaciones repuntan. Eso es particularmente cierto en islas como Española, donde las tortugas de otros linajes no se reproducirán con los familiares de Diego.

Durante una tarde reciente, los expertos en tortugas se mostraron polarizados en cuanto a qué riesgo representa eso para la especie hoodensis. Gibbs lo llamó una “zona peligrosa”, donde la falta de diversidad genética podría significar que sean susceptibles a enfermedades peligrosas o cambios en el hábitat a causa del cambio climático.

Sin embargo, Linda Cayot de Galápagos Conservancy no estuvo de acuerdo, y dijo que las especies isleñas de las Galápagos tienen una larga historia de verse reducidas a tan solo algunos sobrevivientes que repuntaron sin incidente alguno, como una población de tortugas gigantes que eligió vivir en la caldera de un volcán. Después de que el volcán hizo erupción hace 100.000 años, las tortugas repuntaron y regresaron a la caldera.

“Cada especie vino de un cuello de botella”, dijo Cayot. “Es lo que pasa en las Galápagos”.

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