New York Times

La batería que podría poner fin a la era de la gasolina

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Por Jack Ewing, New York Times. Jack Ewing fue el primer reportero que se subió a un coche de pruebas con las nuevas baterías de estado sólido de Factorial en una pista de pruebas de Mercedes-Benz cerca de Stuttgart, Alemania. Un día helado de principios de enero, mientras trabajaba en su oficina de Billerica, un suburbio de Boston, Massachusetts, Siyu Huang recibió un mensaje de texto de dos palabras.

“Ruedas girando”, decía. Un breve video que acompañaba al mensaje mostraba un coche sobre rodillos en un centro de pruebas.

Para el ojo inexperto, ese video no tendría nada destacable. El auto podria estar siendo sometido a una prueba de emisiones en un taller de Connecticut (salvo que no tenía tubo de escape). Pero para Huang, directora ejecutiva de Factorial Energy, el video era un hito en una búsqueda a la que ya había dedicado una década de su vida.

Huang junto con su marido, Alex Yu, y sus empleados en Factorial, habían trabajado en un nuevo tipo de batería para vehículos eléctricos, conocida como de estado sólido, que podría revolucionar la industria automovilística en pocos años, siempre y cuando se lograra superar un número desalentador de desafíos técnicos.

Para Huang y su empresa, la batería podría cambiar la manera en que los consumidores ven a los vehículos eléctricos, darles a Estados Unidos y Europa una ventaja sobre China y ayudar a salvar el planeta.

Factorial es una de las decenas de empresas que están tratando de inventar baterías que puedan cargarse más rápido, llegar más lejos y hacer que los coches eléctricos sean más baratos y cómodos que los de gasolina. El transporte es la mayor fuente de gases de efecto invernadero producidos por los seres humanos, y los vehículos eléctricos podrían ser un arma potente contra el cambio climático y la contaminación atmosférica urbana.

El video que llegó al teléfono de Huang había sido enviado por Uwe Keller, jefe de desarrollo de baterías de Mercedes-Benz, quien apoyó la investigación de Factorial con dinero y conocimientos.

El breve clip, que mostraba un sedán Mercedes en un laboratorio de investigación cerca de Stuttgart, Alemania, revelaba que la empresa había instalado la batería de Factorial en un coche, y que había logrado que las ruedas se movieran.

La prueba fue un importante avance en un trayecto que comenzó cuando Huang y Yu todavía eran estudiantes de posgrado en la Universidad de Cornell. Hasta ese momento, todo su trabajo se había desarrollado en laboratorios. A Huang le entusiasmaba que su invento saliera al mundo.

Pero aún quedaba un largo camino por recorrer. El Mercedes con batería Factorial aún no había salido a recorrer un camino, y ese era el único lugar donde esta tecnología realmente importaba.

Muchas empresas emergentes han desarrollado prototipos de baterías de estado sólido, pero ningún fabricante de autos estadounidense o europeo ha instalado una en un vehículo de producción para demostrar que esta tecnología puede sobrevivir a las sacudidas, las vibraciones y la humedad de las calles. O, si alguien lo ha hecho, lo ha mantenido en secreto.

A fines de 2023, Keller, un veterano ingeniero de Mercedes, le propuso a Huang que lo intentaran.

“Somos gente de coches”, dijo Keller más tarde. “Creemos en las cosas que de verdad se mueven”.

Huang destaca dentro de un nicho dominado por hombres de Silicon Valley. Algunos presumen sus semanas laborales de 100 horas; ella cree en los beneficios de dormir bien. “Tener la mente clara para tomar la decisión correcta es más importante que la cantidad de horas que trabajas”, dijo.

Es accesible y se ríe con facilidad, pero también proyecta determinación. Trabaja en una oficina de decoración austera en Billerica, con vista a un bosque atravesado por líneas eléctricas. El mobiliario incluye un sencillo librero negro con unos cuantos volúmenes técnicos que heredó de un inquilino anterior. En la pared cuelgan sus diplomas de Cornell: un doctorado en química y una maestría en administración de empresas.

Huang creció en Nankín, China, donde participó en un programa de educación primaria en el que tenía que recopilar datos medioambientales. El programa le inculcó el interés por la química y la conciencia sobre las emisiones vehiculares y la contaminación industrial que envenenaban el aire de Nankín. Recuerda que se dio cuenta de que “necesitamos crear un planeta más sano para los seres humanos”.

En un dormitorio de la Universidad de Xiamen, en la costa meridional de China, donde estudiaba química, vio un anuncio de un programa de intercambio sueco. Después de pasar dos años ahí, ella y Alex, a quien conocía desde que eran estudiantes en China, fueron aceptados en programas de doctorado del departamento de química de Cornell. En 2009 llegó a Ithaca, Nueva York, con 3000 dólares que había logrado ahorrar de su beca sueca. Hoy ambos son ciudadanos estadounidenses.

Eran estudiantes estrella, comentó Héctor Abruña, un profesor de Cornell conocido por sus investigaciones en electroquímica. Aún conserva en el librero de su despacho una foto donde está con Yu y Huang en sus togas de graduación.

Con una idea que surgió en el laboratorio de Abruña y algo de capital inicial del estado de Nueva York, Yu y Huang fundaron la empresa que más tarde se convertiría en Factorial mientras ella aún estaba terminando sus estudios de negocios.

“Son extremadamente dedicados y extremadamente brillantes”, afirmó Abruña, quien sigue asesorando a Factorial. “Directos. Cero tonterías”.

Yu ahora es director de tecnología de Factorial. La empresa es, en ese sentido, una operación familiar. Huang es reservada en cuanto a su vida privada; ni siquiera quiere decir cuántos hijos tienen.

Al principio, la empresa estaba enfocada en mejorar los materiales que permiten que las baterías almacenen energía. Eso cambió cuando Mercedes invirtió en Factorial en 2021. Mercedes buscaba un salto tecnológico mayor y animó a Factorial a dedicarse al estado sólido.

La tecnología tiene ese nombre porque elimina la mezcla química líquida, conocida como electrolito, que ayuda a transportar los iones cargados de energía dentro de una batería. Los electrolitos líquidos son muy inflamables. Sustituirlos por un electrolito sólido o gelatinoso hace que las pilas sean más seguras.

Una batería que no se sobrecalienta puede cargarse más rápidamente; quizá en el tiempo que toma llenar un coche de gasolina. Y las baterías de estado sólido almacenan más energía en menos espacio, reduciendo el peso y aumentando la autonomía.

Sin embargo, las baterías de estado sólido tienen un gran inconveniente que explica por qué, en la actualidad, uno no puede comprar un coche que tenga una: las celdas de estas baterías son más propensas a desarrollar irregularidades que provocan cortocircuitos. A la empresa que logre superar este problema y desarrolle una batería duradera, segura y razonablemente fácil de fabricar le esperan enormes riquezas.

A pesar de las evidentes diferencias entre Factorial y Mercedes —la primera tiene poco más de 100 empleados; la segunda, 175.000—, el estilo de trabajo de Huang encajaba con la cultura de Mercedes y sus raíces en Suabia, la región que rodea Stuttgart, donde la gente es conocida por su enfoque directo y discreto.

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En avión con el papa Francisco

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Por Jason Horowitz. El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio era mi elección para ser el siguiente papa. Me equivoqué.

Era 2005, y el sacerdote, un jesuita sudamericano conocido por viajar en autobús, cumplía muchos de los requisitos que los expertos eclesiásticos me dijeron que eran necesarios para hacer avanzar a la Iglesia católica. En lugar de eso, el Colegio Cardenalicio eligió al archiconservador Joseph Ratzinger, quien se convirtió en el papa Benedicto XVI.

Cuando, ocho años después, informé sobre otro cónclave y volví a estar en la Plaza de San Pedro escrutando el color del humo que salía de la Capilla Sixtina (señal de que se ha elegido a un nuevo papa), pensé que el cardenal argentino había envejecido demasiado para ser uno de los principales candidatos.

Volví a equivocarme.

El cardenal Bergoglio, quien adoptó el nombre papal de Francisco, el primero en hacerlo en la historia de la Iglesia católica, fue un pontífice de sorpresas. Durante la decena de años que me tocó cubrirlo, desde el día de su elección hasta el día de su muerte, a los 88 años, mantuvo en vilo a la iglesia que dirigía, al mundo que le importaba y a los periodistas que lo seguían. Lo cubrí en destinos inesperados —Mongolia, Irak, Birmania—, donde llamó la atención hacia problemas humanitarios que estaban fuera del radar mundial.

Una imagen imborrable que recuerdo fue verlo visiblemente conmovido, con la voz apretada, cuando se encontró cara a cara en Bangladés con miembros de la minoría étnica rohinyá que habían sufrido una enorme persecución. Para mí, aquello puso de manifiesto hasta qué punto Francisco se preocupaba por los migrantes, los desplazados víctimas de la guerra y los más olvidados y marginados de entre nosotros, independientemente de su religión. Para él, su sufrimiento era real.

Pero también llegué a apreciar a Francisco como un hábil operador político con el que no había que jugar.

Cuando los cardenales conservadores deseosos de erosionar la autoridad del papa escribieron a Francisco una carta oficial de dubia —duda en latín— pidiéndole que aclarara la “grave desorientación y gran confusión” que, según decían, había causado un documento escrito por él, planteando una cuestión de derecho eclesiástico, el papa se negó sencillamente a responder.

Eso los enfureció y, con los años, la presión y el ruido que la oposición conservadora produjo en los medios de comunicación afiliados llevó a algunos de ellos a insinuar que se acercaba el momento de un cisma, una ruptura formal con la Iglesia.

En un vuelo papal, pregunté a Francisco sobre los cuestionamientos sin respuesta de la dubia y si le preocupaba que sus oponentes en la Iglesia estadounidense pudieran separarse de Roma.

“Rezo para que no haya cismas”, me dijo Francisco. “Pero no tengo miedo”.

Fue el equivalente papal a sacudirse el polvo de los hombros con desdén.

En el avión papal, era un tipo despreocupado, con buen sentido del humor, que se llevaba mejor con los medios de comunicación que todos los candidatos presidenciales y presidentes que yo había cubierto. Comparó gustosamente conmigo apuntes sobre atascos en ascensores después de una semana en la que ambos nos habíamos quedado atascados en ascensores. Lo vi aceptar suficientes dulces para alimentar a un ejército.

En el Vaticano, me sorprendió con un estilo de gobierno que sus críticos consideraban autoritario (“Frankie, ¿dónde está tu piedad?”, se leía en carteles en Roma) y una habilidad para sortear las trampas de una institución construida para ralentizar las cosas. En otras ocasiones, me asombró su aparente indecisión, postergando decisiones importantes, como permitir que algunos hombres mayores y casados sirvieran como sacerdotes en lugares remotos.

Recuerdo que me quedé atónito cuando concluyó una reunión de obispos de un mes de duración en 2018 saliéndose del tema con una perorata sobre la Iglesia “perseguida” y “ensuciada” por acusaciones del diablo.

Pero sus amigos me contaron que aprendía de sus errores y mostró capacidad de cambio, quizá el más sorprendente de los rasgos humanos. Cuando creyó a sus obispos en lugar de a las víctimas de abusos sexuales, admitió su error y prometió que no volvería a ocurrir. Tomó medidas importantes para mejorar la seguridad en la Iglesia.

Lo más sorprendente, quizá, fue la importancia que adquirió Francisco en mi propia vida. Era una presencia que se vislumbraba constantemente. Mis hijos crecieron escuchando los discursos papales en el coche. Repartí cuentas del rosario que el papa me había dado a familiares y amigos que las necesitaban más que yo.

Cuando inicialmente se convirtió en papa, a los 76 años, dijo que pensaba que duraría unos pocos años en el cargo. En cambio, vivió una decena más, y sus reformas y reveses, sus pasos en falso y sus saltos inesperados hacia adelante exigieron toda mi atención y mi tiempo.

Viajé con Francisco a decenas de países —rincones olvidados del planeta llenos de oprimidos— y vi el mundo como él lo veía.

En cierto modo, creo que esa era la sorpresa que más deseaba dar.

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Exigen a Apple que retire una app de noticias, por errores en sus resúmenes

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A causa de un error en un resumen de noticias sobre un informe de la BBC, Reporteros Sin Fronteras exige que la función Apple Intelligence sea retirada.

El grupo de libertad de prensa Reporteros Sin Fronteras (RSF) instó a Apple a retirar una función de inteligencia artificial que resume noticias, después de que esta publicara un titular erróneo atribuido a la BBC. La controversia surgió cuando una notificación push generada por Apple Intelligence, enviada a los usuarios la semana pasada, procesó incorrectamente un informe de la BBC que afirmaba que Luigi Mangione, sospechoso del asesinato del CEO de UnitedHealthcare, se había suicidado.

La BBC mencionó que se había comunicado con Apple para expresar su preocupación y solucionar el problema, pero no pudo confirmar si la empresa había respondido a su queja. Ante esta situación, Vincent Berthier, responsable de la sección de tecnología y periodismo de RSF, pidió el miércoles que Apple “actúe de manera responsable” y elimine la función, señalando que la inteligencia artificial no puede decidir hechos a través de probabilidades. “La creación automatizada de información falsa atribuida a un medio de comunicación daña la credibilidad del mismo y pone en peligro el derecho del público a acceder a información fiable”, dijo Berthier.

Reporteros Sin Fronteras también expresó su preocupación por los riesgos que las nuevas herramientas de inteligencia artificial presentan para los medios de comunicación. Destacaron que el incidente pone en evidencia que la inteligencia artificial aún es “demasiado inmadura para generar información confiable” y que no debería ser utilizada para tales fines. Según RSF, la naturaleza probabilística de los sistemas de IA los descalifica como una tecnología confiable para los medios que se dirijan al público en general.

En respuesta, la BBC subrayó la importancia de que su audiencia pueda confiar en la información publicada bajo su nombre, incluidas las notificaciones. Apple, por su parte, no respondió a las solicitudes de comentarios.

La herramienta de inteligencia artificial generativa de Apple fue lanzada en junio en EE.UU., destacando su capacidad para resumir contenido de manera accesible, presentando resúmenes en párrafos, puntos clave o listas. Esta función, disponible en dispositivos iPhone, iPad y Mac, agrupa notificaciones para ofrecer resúmenes de noticias en alertas push. Desde su lanzamiento en octubre, los usuarios han señalado varios errores, como un resumen incorrecto de una noticia del New York Times que afirmaba que el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, había sido arrestado, cuando en realidad la Corte Penal Internacional había emitido una orden de arresto contra él.

El principal problema de la función de Apple radica en la limitada capacidad de los medios para tomar acciones correctivas, ya que, aunque algunos medios optan por el uso de inteligencia artificial en su redacción, los resúmenes generados por Apple Intelligence se atribuyen erróneamente a estos. Esto no solo puede propagar información incorrecta, sino también dañar la credibilidad de los medios.

Desde el lanzamiento de ChatGPT hace poco más de dos años, grandes empresas tecnológicas han lanzado sus propios modelos de IA, muchos de los cuales han sido acusados de utilizar contenido con derechos de autor, incluidos los informes de noticias. Mientras algunos medios, como The New York Times, han demandado por el uso indebido de su contenido, otros, como Axel Springer, han optado por firmar acuerdos de licencia con los desarrolladores.

Fuente: CNN

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Elon Musk: “El próximo problema será la falta de electricidad”

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La electrificación del transporte, ¿un camino insostenible?

Elon Musk Photographer: Qilai Shen/Bloomberg

Mientras que países como Noruega han logrado un rotundo éxito con una tasa del 82% de ventas de autos eléctricos nuevos, otros como Países Bajos se enfrentan a un panorama desalentador: el colapso de sus redes eléctricas debido a la alta demanda de energía de su parque automotor enchufable. La problemática no se limita a la cantidad de cargadores, sino a la capacidad eléctrica de las ciudades en su conjunto, y va más allá de los vehículos eléctricos, abarcando la capacidad energética general.

Stedin, el principal distribuidor de energía eléctrica de Países Bajos, ha lanzado una severa advertencia: la situación actual es insostenible. La ciudad de Utrecht ya presenta una demanda de electricidad superior a la capacidad de la red general, y escenarios similares podrían materializarse en un futuro cercano en Rotterdam, Ámsterdam y La Haya.

El problema no se circunscribe a Europa. Elon Musk, CEO de Tesla, expresó recientemente en la conferencia del Bosch Connected World su preocupación: “Primero hubo escasez de chips de red neuronal. Después, el problema de la disponibilidad recayó en los transformadores reductores de voltaje. Esta sucesión de acontecimientos me lleva a pensar que el próximo desafío será la falta de electricidad”.

Las redes de carga en países como Noruega y Países Bajos, si bien abundantes debido a su amplio parque de autos eléctricos, comienzan a mostrar signos de colapso en la capacidad energética de las ciudades.

Un informe del New York Times respalda las declaraciones de Musk, alertando que la descomunal demanda actual de energía eléctrica no solo está poniendo al límite las redes eléctricas, sino que también pone en riesgo los objetivos climáticos establecidos por los países desarrollados, tanto de forma individual como en bloque en el caso de la Unión Europea.

El documento del NYT señala que, solo en Estados Unidos, los centros de datos, la criptominería y la expansión de la IA impulsada por gigantes como Amazon, Apple, Google o Microsoft están catapultando a la frágil red eléctrica. En algunos estados como Georgia, la demanda ha experimentado un aumento 17 veces mayor en comparación con una década atrás.

Cabe destacar que la energía se genera en puntos específicos del país, pero debe ser distribuida por todo el territorio. Es aquí donde las líneas de alta tensión y de tensión normal soportan sobrecargas, ya que, al ser cables con una capacidad limitada, cuanto más energía transportan, más se calientan, lo que conduce a caídas en el sistema.

“El crecimiento simultáneo de la movilidad eléctrica y de la IA está creando una demanda excesiva de generación de energía eléctrica”, afirmó Musk, vinculando este problema al mundo de los autos a batería.

En los autos eléctricos, conectados e inteligentes, la presencia de tecnología basada en Inteligencia Artificial (IA) es cada vez mayor, lo que incrementará el consumo y, por ende, demandará más energía de las redes eléctricas, que deberán responder con mayor capacidad y velocidad. Sin embargo, las fábricas de microchips y baterías también consumen considerablemente más energía debido al aumento de la producción global, y todas ellas, indefectiblemente, terminan recurriendo a las centrales de generación de electricidad, que comienzan a colapsar.

Este informe del New York Times revela que, en aquellas ciudades o estados con un alto consumo de energía por criptominería y expansión de la Inteligencia Artificial, el consumo eléctrico supera la producción.

En este escenario, la única solución viable parece ser la construcción de nuevos centros de generación de electricidad, que no pueden ser exclusivamente ecológicos, ya que la demanda supera la capacidad de producción. De este modo, no queda más alternativa que recurrir a generadoras que funcionan con gas, carbón, energía nuclear e hidroeléctrica, poniendo en jaque los objetivos de neutralidad de carbono al medio ambiente.

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‘No nos quejamos’: mitos y realidades de la felicidad finlandesa

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Por Penelope Colston, New York Times. El 20 de marzo, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sustentable de Naciones Unidas publicó su Informe mundial de la felicidad, que califica anualmente el bienestar en países de todo el mundo. Por sexto año consecutivo, Finlandia ocupa el primer puesto.

Sin embargo, los finlandeses dicen que la clasificación responde a una realidad más compleja.

“Yo no diría que somos muy felices”, opinó Nina Hansen, de 58 años, profesora de inglés en un colegio de Kokkola, una ciudad mediana de la costa occidental de Finlandia. “De hecho, desconfío un poco de esa palabra”.

Hansen fue una de más de una decena de finlandeses que entrevistamos —entre ellos una inmigrante zimbabuense, un violinista de folk metal, una exatleta olímpica y un granjero lechero jubilado— sobre lo que, supuestamente, hace tan feliz a la gente de Finlandia. La edad de los entrevistados oscilaba entre los 13 y los 88 años y representaban una gran variedad de géneros, orientaciones sexuales, orígenes étnicos y profesiones. Procedían tanto de Kokkola como de la capital, Helsinki; de Turku, ciudad de la costa suroccidental; y de tres pueblos del sur, este y oeste de Finlandia.

Aunque elogiaban la sólida red de seguridad social de Finlandia y se referían a las maravillas de los beneficios psicológicos de la naturaleza y las alegrías personales del deporte o la música, también hablaban de culpa, ansiedad y soledad. En vez de “felices”, eran más propensos a caracterizar a los finlandeses como “bastante sombríos”, “un poco malhumorados” o poco dados a sonreír innecesariamente.

Muchos también compartían la preocupación por las amenazas a su estilo de vida, como la posible victoria de un partido de extrema derecha en las elecciones del país, la guerra en Ucrania y la tensa relación con Rusia, que podría empeorar ahora que Finlandia entró en la OTAN.

Resulta que ni siquiera las personas más felices del mundo lo son tanto. Más bien podría decirse que simplemente están contentos.

Según Arto O. Salonen, profesor de la Universidad de Finlandia Oriental que ha investigado el bienestar en la sociedad finlandesa, a los finlandeses les satisface llevar una vida sustentable y perciben el éxito económico como la capacidad de identificar y satisfacer las necesidades básicas. “En otras palabras”, escribió en un correo electrónico, “cuando sabes en qué momento tienes lo suficiente, eres feliz”.

Hertta Kiiski, artista de técnica mixta, con su esposo, Teemu Kiiski, director ejecutivo de Finnish Design Shop. La pareja dice que la financiación pública de la educación y las artes les da libertad artística a finlandeses como Kiiski. Credit…Jake Michaels para The New York Times.



“A veces, se usa a la ligera la palabra ‘felicidad’, como si solo se tratara de lucir una sonrisa en el rostro”, comentó Teemu Kiiski, director general de Finnish Design Shop. “Pero creo que esta felicidad nórdica es algo más fundacional”.

La alta calidad de vida en Finlandia está muy arraigada en el sistema de bienestar del país, afirmó Kiiski, de 47 años y residente en Turku. “Hace que la gente se sienta protegida y segura de que no quedaron al margen de la sociedad”.

El financiamiento público de la educación y las artes, incluyendo las becas individuales para artistas, da a personas como su esposa, Hertta, artista de técnica mixta, la libertad de poder perseguir sus pasiones creativas. “También influye en el tipo de trabajo que hacemos, porque no tenemos que pensar en el valor comercial del arte”, agregó la artista de 49 años. “Así que lo que hacen muchos de los artistas es muy experimental”.

​​Jani Toivola, de 45 años, que vive en Helsinki con su esposo e hija, se convirtió en 2011 en el primer diputado negro del Parlamento de Finlandia. Credit…Jake Michaels para The New York Times

Como persona negra en Finlandia —país cuya población es blanca en más de un 90 por ciento—, Jani Toivola, de 45 años, pasó gran parte de su vida sintiéndose aislado. “Creo que con mucha frecuencia, al ser un homosexual negro en Finlandia, sientes que eres la única persona en la habitación”, afirmó Toivola. Su padre, de origen keniano, estuvo ausente durante gran parte de su vida, y Toivola, cuya madre es blanca, luchó por encontrar modelos a seguir de su misma etnicidad con los que pudiera identificarse.

En 2011, se convirtió en el primer miembro negro del Parlamento de Finlandia, donde ayudó a liderar la lucha por la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Tras dos mandatos, Toivola dejó la política para dedicarse a la interpretación, la danza y la escritura. Ahora vive en Helsinki con su esposo y su hija, y sigue defendiendo los derechos del colectivo LGBTQ en Finlandia. “Como hombre gay, sigo pensando que es un milagro poder ver crecer a mi hija”, señaló.

A warmly lit hallway seen through the doorway of a dark classroom. A woman in a gray sweater and black pants sits on a bench in the hall talking to a teenage boy and girl, who lean on either side of the doorway facing her.
Nina Hansen, profesora de inglés en una escuela secundaria, cuestiona el uso de la palabra “feliz” para describir la mentalidad finlandesa.Credit…Jake Michaels para The New York Times

La creencia generalizada dicta que es más fácil ser feliz en un país como Finlandia, donde el gobierno garantiza una base segura sobre la que construir una vida plena y un futuro prometedor. Sin embargo, esa expectativa también puede crear presión para estar a la altura de la reputación nacional.

“Somos muy privilegiados y conocemos nuestros privilegios”, comentó Clara Paasimaki, de 19 años, una de las estudiantes de Hansen en Kokkola. “Por eso también nos da miedo decir que estamos descontentos con algo, porque sabemos que nos va mucho mejor que a otras personas”, sobre todo en comparación con quienes viven en países no nórdicos, explica.

Frank Martela, investigador de psicología de la Universidad de Aalto, se mostró de acuerdo con la valoración de Paasimaki. “El hecho de que Finlandia haya sido ‘el país más feliz del mundo’ durante seis años seguidos podría empezar a ejercer presión sobre la gente”, escribió en un correo electrónico. “Si los finlandeses somos todos tan felices, ¿por qué yo no lo soy?”.

Y continúa: “En ese sentido, dejar de ser el segundo país más feliz podría ser bueno para la felicidad de Finlandia a largo plazo”.

El estilo de vida finlandés se resume en el termino “sisu” que, según se dice, es un rasgo que forma parte del carácter nacional. La palabra podría traducirse como “firme determinación ante las dificultades”, como los largos inviernos del país: incluso en la adversidad, un finlandés debe perseverar sin quejarse.

“En la antigüedad, cuando no era tan fácil sobrevivir al invierno, la gente tenía que luchar, y eso se ha ido transmitiendo de generación en generación”, aclaró Matías From, de 18 años, un compañero de clase de Paasimaki. “Nuestros padres eran así. Nuestros abuelos eran así. Eran duros y no se preocupaban por todo. Simplemente vivían la vida”.

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Julia Wilson-Hangasmaa, una mujer de 59 años que dirige su propia agencia de contratación y consultoría, distingue entre la satisfacción de los finlandeses y la alegría exuberante de la gente de Zimbabue, su país natal.Credit…Jake Michaels para The New York Times

Desde que emigró de Zimbabue en 1992, Julia Wilson-Hangasmaa, de 59 años, ha llegado a apreciar la libertad que ofrece Finlandia para que la gente persiga sus sueños sin preocuparse de cubrir sus necesidades básicas. Profesora jubilada, ahora dirige su propia agencia de contratación y consultoría en Vaaksy, un pueblo al noreste de Helsinki.

No obstante, también ha observado el aumento del sentimiento antiinmigración, exacerbado por la crisis migratoria de 2015, y le preocupa la sustentabilidad de la alta calidad de vida en Finlandia. “Si tenemos actitudes del tipo ‘Finlandia es para los finlandeses’, ¿quién cuidará de nosotros cuando seamos ancianos?”, dijo, refiriéndose a un eslogan común de la derecha. “¿Quién manejará el camión que lleva la comida al supermercado para que puedas ir a hacer compras?”.

Cuando regresa a su país natal, le impresiona la “buena energía” que no proviene de la satisfacción del “sisu”, sino de la alegría exuberante.

“Cuando visito Zimbabue me doy cuenta de que lo que más extraño son las sonrisas”, dice. Y luego agrega: “Esa gente no tiene mucho, comparado con los estándares occidentales, pero es rica de espíritu”.

A man with gray hair in a long-sleeved black shirt sits at a white kitchen table. A woman with short brown hair, wearing a black long-sleeved sweater over a floral top, stands behind him, smiling, with her hands on his shoulders. Green teacups on black saucers sit on the table in front of them. At the far right, the shoulder of a young man in a ribbed white sweater is visible, but his face is out of frame.
Tuomo Puutio, agricultor jubilado de 74 años, y su hija Marjukka, directora de orquesta de 47 años. En Finlandia, “tienes la oportunidad de tocar el violonchelo, aunque seas la hija de un granjero”, dice Marjukka Puutio. Credit…Jake Michaels para The New York Times

Tuomo Puutio, de 74 años, empezó a trabajar a los 15 y durante décadas mantuvo a su familia como ganadero y lechero. Gracias al sistema escolar finlandés, que incluye educación musical para todos los niños, su hija Marjukka Puutio, de 47 años, pudo perseguir su sueño de una carrera musical más allá de su pueblo. “Tienes la oportunidad de ser violonchelista, aunque seas la hija de un granjero”, dijo.

La música es una fuente de bienestar para muchos finlandeses, muchos de los cuales cantan en coros, aprenden instrumentos o asisten con frecuencia a conciertos, sobre todo durante los largos y oscuros inviernos del país. No obstante, a Marjukka Puutio le preocupa que estas oportunidades no estén al alcance de las generaciones futuras: Finlandia celebrará elecciones parlamentarias el domingo, y el Partido Finlandés de extrema derecha, que obtuvo el segundo mayor número de escaños en 2019, ha prometido recortar el financiamiento de las artes si consigue una coalición mayoritaria este año.

“La música, que me apasiona, crea una mentalidad en la que puedes enfrentarte a tus sentimientos y miedos internos”, aseguró Marjukka Puutio, que ahora dirige una orquesta. “Toca partes de nuestra alma a las que de otro modo no podríamos llegar. Y, si nos arrebatan estas experiencias, eso tendrá un efecto a largo plazo en la vida de las personas”.

A woman with short brown hair and glasses sitting at a white kitchen table. She wears a magenta dress and sweater. Behind her is a living room with a black couch, magenta-and-white striped curtains and white-and-yellow floral wallpaper. She looks at a woman leaning against the wall at the front of the frame, out of focus.
Helina Marjamaa, a la derecha, representó a Finlandia en los Juegos Olímpicos de 1980 y 1984, en su casa de Kokkola con su hija Mimmi. Credit…Jake Michaels para The New York Times

Muchos de los encuestados citaron la abundancia de naturaleza como un factor crucial de la felicidad finlandesa: casi el 75 por ciento del país está cubierto de bosques y están abiertos para todo el mundo, gracias a una ley conocida como “jokamiehen oikeudet”, o “derecho de todos”, que da derecho a vagar libremente por cualquier zona natural, en terrenos públicos o privados.

“Disfruto de la paz y el movimiento en la naturaleza”, comentó Helina Marjamaa, de 66 años, atleta retirada que representó a su país en los Juegos Olímpicos de 1980 y 1984. “Ahí es donde recobro fuerzas. Los pájaros cantan, la nieve se derrite y la naturaleza cobra vida. Es increíblemente hermoso”.

A woman in purple leggings, a dark grey tunic top and a white cap sitting on a mattress in a bedroom with gray striped wallpaper. To her right is a window with beige curtains, showing a snowy outdoor scene.
La hija de Helina, Mimmi, de 36 años, es profesora de danza y terapeuta sexual titulada. Dice que, como miembro de la comunidad LGBTQ, se siente animada al ver la franqueza de los jóvenes de la próxima generación. Credit…Jake Michaels para The New York Times

Su hija Mimmi, profesora de danza y terapeuta sexual titulada, se comprometió hace poco con su novia. Mimmi, de 36 años, dice que le anima la apertura y la comprensión más profunda del género y la sexualidad que ve en la próxima generación.

“Muchos adolescentes ya se muestran tal como son”, dijo. Como adultos, “tenemos que fomentarlo”.

A man kneeling in a snowy expanse at twilight, next to a burning log planted vertically in the snow. The sky is a deep cobalt blue, as is the snow.
El compositor Tuomas Rounakari se inspira en su entorno y le preocupa cómo afectarán al país las políticas contra el cambio climático. Credit…Jake Michaels para The New York Times

Los tesoros naturales de Finlandia, un tercio de los cuales se encuentran por encima del Círculo Polar Ártico, son especialmente vulnerables a los efectos de la crisis climática. Al igual que Marjukka Puutio, Tuomas Rounakari, de 46 años, un compositor más conocido en Finlandia como antiguo miembro de la banda de folk metal Korpiklaani, está preocupado por la creciente popularidad de grupos como el Partido Finlandés y las políticas contra el combate al cambio climático que defienden.

“Me preocupa el nivel de ignorancia que tenemos hacia nuestro propio medioambiente”, afirmó, citando las especies en peligro de extinción y el cambio climático. La amenaza, dijo, “aún no parece cambiar el pensamiento político”.

A teenage boy in a black shirt and black shorts playing badminton on an indoor court. The wall behind him is lined with gray plastic padding, with netting at the top.
El bádminton le ha enseñado a Niklas Hukari, de 13 años, que la perseverancia puede traer satisfacción. Credit…Jake Michaels para The New York Times

Las razones para sentir optimismo pueden ser personales. Para la familia Hukari, esa razón es el bádminton.

Unas instalaciones deportivas en la comunidad rural de Toholampi han permitido a Henna, de 16 años, y a Niklas, de 13, competir a nivel europeo, lo que les ha expuesto a nuevos lugares y jugadores de todo el continente. El juego ha proporcionado a los adolescentes un pasatiempo satisfactorio en una zona remota y sus padres, Lasse y Marika Hukari, son optimistas sobre el futuro de sus hijos.

Lasse Hukari, de 49 años, espera que, con el tiempo, los niños lleguen a comprender plenamente las oportunidades que les ha brindado el bádminton. “Ahora quizá no entiendan lo que tienen pero, cuando lleguen a mi edad, sé que lo entenderán”, afirmó.

A woman with short white hair wearing a thin gold necklace over a dress with a white-and-burgundy plaid pattern. She is looking off to her right and holding the hand of a younger woman with blond hair sitting beside her in shadow.
Eeva Valtonen con su nieta Ruut Eerikainen. A Eerikainen le sorprendió que Finlandia fuera el país más feliz. “Podemos ser bastante sombríos”, dijo. Credit…Jake Michaels para The New York Times

Nacida 17 años después de que Finlandia se independizó de Rusia, Eeva Valtonen ha visto cómo su patria pasaba de la devastación de la Segunda Guerra Mundial a años de reconstrucción hasta convertirse en un país ejemplar para el mundo.

“Mi madre solía decir: ‘Recuerda que la bendición de la vida está en el trabajo, y cada trabajo que hagas, hazlo bien’”, relató Valtonen, de 88 años. “Creo que el pueblo finlandés cumple con eso. Todos hacían todo juntos y se ayudaban mutuamente”.

Su nieta Ruut Eerikainen, de 29 años, se sorprendió al ver que Finlandia figura como el lugar más feliz de la Tierra. “Para ser sincera, los finlandeses no parecen tan felices”, opinó. “Afuera está muy oscuro, y podemos ser bastante sombríos”.

Quizá no es que los finlandeses sean mucho más felices que los demás. Quizá sea que sus expectativas de satisfacción son más razonables y, si no se cumplen, perseveran en el espíritu de sisu. “No nos quejamos”, concluyó Eerikainen. “Simplemente lo hacemos”.

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