obispo Martinez

Pan para compartir

Compartí esta noticia !

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo [19 de junio de 2022]

Este domingo celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, el «Corpus Christi». Después de la dura experiencia de la pandemia que nos impidió celebrar con el fervor del encuentro comunitario y la tradicional procesión, este año queremos darle una especial significación y relevancia a la Eucaristía como centro de la vida cristiana. En todas las comunidades de nuestra Diócesis celebramos esta liturgia del Corpus, adorando el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, el Señor.

En la zona de Posadas y Garupá, hemos suspendido todas las misas del sábado por la tarde, para celebrar la misa juntos a las 16 horas en el Anfiteatro «Manuel Antonio Ramírez» de Posadas y posteriormente el recorrido por las calles de nuestra ciudad, hasta llegar a la Catedral. En cada parroquia de los distintos pueblos y ciudades de la Diócesis se significará de una manera especial este acontecimiento. Es importante recordar cómo San Roque González y los misioneros de las reducciones guaraníes celebraban el Corpus en nuestra tierra. Particularmente tenemos en la memoria agradecida la fundación de la Reducción de Corpus hace 400 años. En 1622, los padres Pedro Romero y Diego de Boroa fundaron este pueblo primeramente en la banda occidental del río Paraná. Los indígenas tenían una gran devoción al Cuerpo y a la Sangre del Señor. Mientras se realizaba la procesión, las comunidades indígenas traían sus instrumentos de trabajo, plantas, ramas y animales para que fueran bendecidos con el Corpus Christi.

El texto de este domingo (Lc 9,11b-17), nos relata la multiplicación de los panes, y nos permite profundizar en este misterio central de la fe de los católicos, que es el sacramento de la Eucaristía. La Misa, es donde recibimos el Pan de la Palabra y el Pan del Cuerpo y la Sangre del Señor. Por eso en la lectura que leemos este fin de semana, el Apóstol San Pablo, nos dice: «Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.» (1 Cor 11,23-26).

La Eucaristía es el momento culminante del amor, de la donación Pascual de Jesucristo. Es aquello que expresa la necesidad de vivir en la caridad y sobre todo practicarla. «Del don de amor de Cristo proviene, por tanto, nuestra responsabilidad especial de cristianos en la construcción de una sociedad solidaria, justa y fraterna. Especialmente en nuestro tiempo, en el que la globalización nos hace cada vez más dependientes unos de otros, el cristianismo puede y debe hacer que esta unidad no se construya sin Dios, es decir, sin el amor verdadero, ya que se dejaría espacio a la confusión, al individualismo, a los atropellos de todos contra todos. El Evangelio desde siempre mira a la unidad de la familia humana, una unidad que no se impone desde fuera, ni por intereses ideológicos o económicos, sino a partir del sentido de responsabilidad de los unos hacia los otros, porque nos reconocemos miembros de un mismo cuerpo, del cuerpo de Cristo, porque hemos aprendido y aprendemos constantemente del Sacramento del altar que el gesto de compartir, el amor, es el camino de la verdadera justicia». (cf. Benedicto XVI, Homilía 2011)

La caridad es el fundamento del amor solidario tan necesario como aspecto de la espiritualidad de todo cristiano, y que nos lleva a privilegiar a los más pobres en el corazón de los cristianos que van madurando su fe. Necesariamente nos cuestiona el pedido que Jesús le hace a los Apóstoles, en el texto del Evangelio de este domingo: «Denles ustedes de comer».

En este Corpus celebramos el don de este alimento que da Vida. Y queremos rezar especialmente para que, como argentinos, valoremos siempre este don inestimable de la Vida que Dios nos da. ¡Cristo vive! y viene a darnos la Vida verdadera. Es necesario que defendamos toda vida, no sólo con eslóganes simpáticos, sino, sobre todo, con una caridad operante. Esto implica nuestra responsabilidad cristiana que, desde la caridad, nos impulsa a ocuparnos de aquellos que padecen distintos tipos de exclusión, queriendo que replique en nuestro corazón el mandato del Señor: «que amemos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos». Por eso, queremos tener presente especialmente en esta celebración a los niños por nacer, a los más pobres y sufrientes, a los que padecen el flagelo de las drogas y a todos los que experimentan formas de violencia y marginación. Queremos poner en el corazón de Jesús también a los niños desnutridos, a los adolescentes y jóvenes con adicciones que son víctimas de estructuras de corrupción.

En la celebración del Corpus, en la Eucaristía celebrada, comprendemos con hondura que el Amor donado, es aquello que nos plenifica, humaniza, y presenta la verdadera felicidad.

Les envío un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

Compartí esta noticia !

Martinez: “Hay problemas de fondo que requieren buscar soluciones un poco más juntos”

Compartí esta noticia !

Como todos, la celebración católica también padeció los efectos de la pandemia. Por eso la expectativa es alta esta Semana Santa, con una presencialidad plena que se traducirá nuevamente en celebraciones masivas en Cerro Monje o las Misiones Jesuíticas de San Ignacio. El obispo de Posadas, Juan Rubén Martínez es uno de los que celebra la vuelta a la presencialidad. “Hemos tenido tantos cuidados durante estos dos años y volver a la presencialidad a la gente le hace mucho bien, hay un gran deseo de esto y después de Semana Santa se vienen celebraciones muy importantes, como Fátima, Santa Rita, que son acontecimientos de mucha presencia de nuestra gente”, explica.

“En nuestro pueblo, sobre todo nuestra Misiones, en Argentina, hay una experiencia de fe muy profunda y muy linda de la gente. Hay una piedad popular muy fuerte, que definimos como el catolicismo popular, que se expresa de muchas maneras. Obviamente que estamos en contextos que a veces son complejos, nuestro tiempo no es fácil, salir de la pandemia, muchas consecuencias que esto trajo y esperemos que salgamos de esto realmente y podamos recuperarnos bien. Pero hay otras cosas en las cuales tenemos preocupaciones serias, como es el tema de la guerra entre Rusia y Ucrania: Vamos a hacer una petición especial porque no es novedoso el tema de la guerra. Hubo guerras muy duras que hemos tenido y esta es terrible. A nosotros nos duele porque acá hay mucha gente que son descendientes de los inmigrantes, sobre todo de ucranianos, algunos rusos también y siempre es dolorosa una guerra. Nos degrada humanamente, la guerra siempre nos degrada”.

Hablar de una guerra cuando todavía no salimos de una pandemia…

Tener que hablar de una guerra era lo menos pensado, era el escenario menos pensado, pero de todas maneras, estamos comprometidos para que esto, ojalá, que termine pronto y después también pondremos las propias preocupaciones y las esperanzas que tenemos, esa es la realidad.

También destacamos esto de la presencialidad y el poder trabajar, por ejemplo, con la catequesis. Hay 400 capillas en la diócesis de Posadas, son miles de catequistas y que todo esto esté activo con presencialidad, a nosotros nos resulta maravilloso. 

¿Qué le dice la gente en estos días?

Tiene muchas expectativas y hay mucha alegría alrededor de la vuelta a la presencialidad. Lo notamos en cada celebración que hacemos ahora con la gente y la participación es masiva. Lo vimos, fue impresionante acá en Posadas, el día de San José que la plaza estaba repleta, había 800 sillas y estaba toda la plaza, así que supongo que había más de 1.500 personas. La gente goza con la presencialidad y ojalá que seamos sensatos para aprovechar la presencialidad, para hacer las cosas bien.

Hay que cuidarnos entre todos… Nos dimos cuenta de que somos finitos…

Si, nos dimos cuenta de lo finito que somos, que somos limitados. La pandemia nos ha hecho percibir la necesidad, que todos somos necesitados, queremos que esta sea una consecuencia positiva de un momento tan doloroso como fue la pandemia. Ojalá que en nuestra realidad podamos salir de las grietas, podamos salir pensando en que hay problemas más de fondo, que requieren buscar soluciones y que nos tiene que encontrar, por lo menos en los temas más serios, un poco más juntos

Hay problemas que son complejos, que estaban, que se profundizaron con la pandemia y que la verdad que requerirían que nos juntemos para ver esos temas de fondo…

Escuchando al presidente de Chile, Gabriel Boric, me gustó, porque él es de una postura totalmente distinta a los anteriores y sin embargo, sin dudar, decía: “Este tema es un tema de Estado, que lo venimos tratando, que lo trató, que lo está tratando el presidente anterior y seguiremos tratándolo, porque son políticas de Estado”. Qué poco acostumbrados estamos nosotros a esto, a la sucesión de ideas, porque el otro habrá sido más de derecha, éste más socialista, pero tienen este una mirada de que los temas fundamentales hay que trabajarlos juntos y en Argentina nos falta un poquito ser más maduros en esto.

¿Están convocando a la Iglesia para dialogar?

Hay problemas de pobreza y hoy se ha profundizado. Seguro la pandemia no ayudó., Que bueno sería que pueda haber una mesa donde se sienten los unos y los otros a pensar. Estas son las cosas que pedimos, con esperanza. La Iglesia es escuchada relativamente, en estos pedidos. En algunos aspectos sí, en otros en otros no, faltan mesas de encuentro. Hemos estado en momentos muy duros, como fue el 2001, en ese diálogo social, en esas mesas de diálogo que eran claves. Ahí fue como que a pedido a la Iglesia, la Iglesia tuvo una presencia relevante en ese encuentro para poder salir de ese pozo en el que habíamos estado y en este momento no hay demasiadas mesas, esa es la realidad.

Son situaciones muy complejas y creo que llega la hora en que tendremos que pensar, porque si no, cada vez vamos a estar más en el fondo y más dañados. 

¿Cómo estarán las celebraciones en Semana Santa?

Estos días están a full en las comunidades, en cada capilla, porque  hay celebraciones, confesiones. Hay muchas actividades. 

La misa de este jueves en San Ignacio, desde las 19 es muy significativa, es la misa en la que Jesús instituyó en la Última Cena, la Eucaristía, el sacerdocio y la misa de la Caridad, está el lavatorio de los pies, previo a lo que es el, ahí se celebra, sacramentalmente con el pan y el vino, lo que se vive el Viernes Santo. Será emblemática porque lo hacemos en la plaza de San Ignacio, de la reducción, transmitido por la televisión pública y Canal 12. Con presencialidad y la peculiaridad de que celebramos la Cena del Señor ahí, pero con la música armada por los músicos populares misioneros, letras que compusieron ellos para esa noche, eso es muy lindo. Será abierto al público, en dos años que lo hemos mantenido sin presencialidad, pero ahora, con la participación de la gente. En esto tuvo mucho que ver como como músico, el actual ministro Joselo Shuap. Ahora va a estar la misa y va a haber un festival posterior. Es un servicio también para los cristianos que están como turistas, que quieran participar.

El viernes, a la mañana, se hacen los Via Crucis en Loreto, que es acompañarlo a Jesús en su pasión y en Loreto, hacemos a las 8:30 y también en un lugar emblemático, que ya los jesuitas lo realizan, la hemos recuperado y son 15 cuadras que está todo eso en medio de la selva, muy lindo. Esto lo recuperamos después de estos dos años y es toda la representación de la Pasión, con los jóvenes que lo van a hacer de la parroquia de Luján, en Loreto. Muy lindo, muy emocionante y muy movilizador también verdad. A las 13 nos vamos a la Cruz de Santa Ana, hay una capilla ahí que es muy linda también, una capilla que está subiendo hasta la cruz, y ahí haremos la adoración a la cruz. 

Después, la vigilia Pascual, la voy a celebrar en la Catedral el sábado a la tarde.

¿Cuál es el mensaje en estos días?

Siempre en estas fiestas y celebraciones  tengo una un recuerdo especial para todos, pero especialmente para los que están más necesitados. Hay situaciones de mucha gente que está mal, de gente que está en situaciones de salud, que no pueden participar. Los medios prestan un servicio muy grande para enfermos, para tanta gente y tener el corazón también la marginalidad, de tanta gente que vive en condiciones muy complejas de necesidad, que están presos, en esta Pascua, los tenemos en el corazón. Gente que tiene problemas de soledad, porque los nuevos problemas urbanos son bien distintos. Es una celebración para la esperanza, porque también tenemos nosotros que cambiar cosas seguramente. Cada uno sabe por dónde aprieta el zapato y  que tenemos que tener la esperanza de poder mejorar. Esto es la Pascua, nada más y nada menos que Dios hecho hombre y se hizo uno de nosotros, sufre y celebramos esto, muere, pero resucita. La vida triunfa sobre la muerte y esto tenemos que saberlo, los que tienen algún sufrimiento, con más razón.

El obispo Juan Rubén Martínez con parte del equipo de Economis y Open1017.
Compartí esta noticia !

“Sacar el cuero” nos degrada

Compartí esta noticia !

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 8° domingo durante el año [27 de febrero de 2022]

El texto del Evangelio de este domingo (Lc 6, 39-45) señala varias enseñanzas, entre ellas, la misericordia y la bondad para juzgar al prójimo, así como la necesidad de realizar con caridad toda corrección fraterna. El texto dice: «¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? […]¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano».

Este texto es muy concreto y tiene mucho contenido para aplicarlo en la vida cotidiana. Si miramos en nuestros ambientes es sorprendente percibir cómo aquello que prima es el chisme, la difamación y la calumnia. Lamentablemente, lo habitual es, muchas veces, «sacar el cuero» al otro provocando, en ocasiones, daños irreparables. En muchas oportunidades hemos reflexionado sobre la necesidad de insertar el evangelio en la vida cotidiana. Para vivir la santidad no es necesario hacer cosas extraordinarias y llamativas. He aquí un pedido concreto en el evangelio de este domingo: ser más misericordiosos y justos en el juicio al otro y ser capaces y veraces para realizar un auténtico examen de conciencia. La corrección fraterna hecha con verdad y caridad es un instrumento muy importante que nos propone el evangelio y que, bien hecha, puede sanar y mejorar los ambientes, tanto familiares como sociales.

Considero indispensable que, en nuestro tiempo, donde hay tantos malos ejemplos, también podamos resaltar que hay muchísimos hombres y mujeres, educadores, amas de casa, periodistas, políticos, consagrados, sacerdotes, etc., que son verdadero testimonio de santidad sin necesidad de hacer cosas que llaman la atención.

Desde un estilo de vida comprometido con la realidad, logran ser fecundos y construyen desde la santidad en lo cotidiano. Es cierto que estos modelos de santidad -los de la vida cotidiana- seguramente no sirven a ciertos medios de comunicación que siempre buscan rating desde el sensacionalismo. Pero también hay que subrayar que si el sensacionalismo, la difamación o la calumnia, venden, es porque hay muchos que lo consumen.

Dañar a otro en el juicio «sacando el cuero», con la difamación o la calumnia, forman parte de la «inteligencia del mal» que busca convencernos de que es imposible creer que podemos estar mejor e intenta dejarnos sin esperanza. Esta postura es fatal porque lleva a cruzarnos de brazos o, peor aún, a bajarlos, renunciando a todo tipo de ideal. Los cristianos tenemos la certeza de que, a pesar de todo, la vida triunfa sobre la muerte. Y esto nos anima a trabajar para mejorar nosotros mismos y mejorar nuestro mundo.

En este domingo el texto del Evangelio nos pide que antes de juzgar al otro nos miremos a nosotros mismos. Y que, si consideramos que el otro está errado o pecando, tengamos un juicio y una corrección misericordiosa. «Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano».

Así como la comunión de bienes y la solidaridad son una forma concreta del amor cristiano, desde ya que, el corregir bien y fraternalmente, también lo es.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

Compartí esta noticia !

El obispo Martínez volvió de Roma y está en cuarentena

Compartí esta noticia !

Según informó el diario El Territorio esta tarde desde la Diócesis de Posadas, uno de los que está bajo cuarentena obligatoria es el obispo Juan Rubén Martínez, que retorno en las últimas horas de un viaje a Italia, uno de los países europeos más complicados por el coronavirus.

“Monseñor estuvo en Europa por cuestiones de la Diócesis y para tener un encuentro con el papa Francisco. Ahora está en su casa en la cuarentena que debe cumplir y lo va a hacer tal cual lo indica la ley”, aseguraron.
Confirmaron que se trató de un viaje extraordinario y que Martínez adelantó su regreso a la provincia. El religioso se encuentra bien y asintomático pero a resguardo en su domicilio particular.

Compartí esta noticia !

Evangelizar y humanizar la ciudad

Compartí esta noticia !

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 24 durante el año [15 de septiembre de 2019]

Este domingo el Evangelio que leemos (Lc 15,1-32), nos presenta las llamadas parábolas de la misericordia de Dios. En realidad, son las respuestas en parábolas que el Señor da a los fariseos y los escribas que se escandalizaban y murmuraban contra Él: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos» (Lc 15,2). El Señor les responde con la parábola de la oveja perdida, de la moneda perdida y encontrada, y del padre misericordioso. Les dice: «Les aseguro que de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse» (Lc 15,7).

Desde ya que esta Palabra de Dios que leemos nos ayuda a profundizar sobre la necesaria conversión que tenemos que realizar los cristianos, tanto a nivel personal, como eclesial. En nuestra Diócesis nos hemos planteado en el primer Sínodo la necesidad de asumir el documento de Aparecida, sobre todo en los desafíos de ser Misioneros de Jesucristo, buscando nuevas estrategias de evangelización, y de ser más discípulos profundizando la formación como camino al discipulado. Todo esto se vio ratificado con el pontificado del Papa Francisco, a través de sus encíclicas, sus gestos y sus palabras.

El desafío de nuestro tiempo será salir a buscar a aquellos que no lo conocen a Dios, a los que no están. Es interesante la referencia específica que realiza Aparecida a los nuevos problemas que presenta la pastoral urbana y que también nos debe hacer reflexionar a nosotros: «La ciudad se ha convertido en el lugar propio de nuevas culturas que se están gestando e imponiendo con un nuevo lenguaje y una nueva simbología.

Esta mentalidad urbana se extiende también al mismo mundo rural. En definitiva, la ciudad trata de armonizar la necesidad del desarrollo con el desarrollo de las necesidades fracasando frecuentemente en este propósito… La Iglesia en sus inicios se formó en las grandes ciudades de su tiempo y se sirvió de ellas para extenderse. Por eso, podemos realizar con alegría y valentía la evangelización de la ciudad actual. Ante la nueva realidad de la ciudad se realizan en la Iglesia nuevas experiencias, tales como la renovación de las parroquias, sectorización, nuevos ministerios, nuevas asociaciones, grupos, comunidades y movimientos. Pero se notan actitudes de miedo a la pastoral urbana; tendencias a encerrarse en los métodos antiguos y de tomar una actitud de defensa ante la nueva cultura, de sentimientos de impotencia ante las grandes dificultades de las ciudades» (DA 511-513).

En la Diócesis venimos buscando caminos que nos movilicen a vivir esta dimensión discipular y misionera, sabiendo que no podemos evangelizar si no amamos. Si no vemos al mundo y al hombre -varón y mujer concretos de hoy- con cierto optimismo, positivamente; si no tratamos de ver también que la semilla del Verbo está en nuestra realidad; si no tenemos una actitud de amor y diálogo, no podemos captar los códigos desde los cuales tendremos que evangelizar.

Tendremos que proponernos vivir este espíritu de salida, un salir misionero, ir a todos, a los más alejados y a los que están más excluidos. Como obispo y pastor de la diócesis, me alegra profundamente el esfuerzo de las comunidades por asumir el desafío de buscar caminos de misión que respondan a tantas demandas que se van intensificando. A veces nos sentimos insuficientes, pero debemos agradecer a Dios que nuestros laicos, consagrados, diáconos y sacerdotes ponen el corazón para que podamos ser una Iglesia cada día un poco más samaritana y misionera, que con misericordia sale al encuentro de los que sufren y están excluidos. Este fin de semana en nuestro Santuario de Loreto, hemos tenido la «Asamblea diocesana de la Familia» en donde los matrimonios delegados de las parroquias y los movimientos eclesiales, junto al Secretariado diocesano para la Familia, nos planteamos el camino pastoral que vamos realizando desde «Amoris Laetitia», documento asumido en la Asamblea diocesana de junio de 2017 con el deseo de acompañar con misericordia desde la tarea evangelizadora a las familias de nuestra diócesis. Hemos puesto todo lo vivido a los pies de nuestra madre de Loreto. Ella es patrona de las familias y, desde el santuario de Loreto como «casa de Nazaret» acompaña con amor de madre las situaciones de alegría y dolor.

Pidamos que en este domingo las parábolas de la misericordia nos ayuden a ser una Iglesia Samaritana y misionera.

Un saludo cercano y hasta el próximo domingo. Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin