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Obispo Martínez advirtió sobre la ley de tierras y pidió a los legisladores votar “desde la conciencia”

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Radio Tupambaé – El obispo de la diócesis de Posadas, monseñor Juan Rubén Martínez, expresó su preocupación por el proyecto de ley sobre la inviolabilidad de la propiedad privada que volverá a tratarse en el Senado de la Nación. Además, se refirió a la crisis que atraviesa el sector yerbatero, defendió el valor del trabajo como eje de la dignidad humana y sostuvo que la Iglesia tiene el deber de pronunciarse sobre las realidades sociales desde el Evangelio.

“Es un tema de extrema gravedad”

Mons. Martínez dedicó gran parte de su reflexión al proyecto legislativo sobre la inviolabilidad de la propiedad privada, previsto para ser tratado el próximo 6 de agosto, y reiteró la postura expresada por la Iglesia a través de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.

«Nos trae mucha preocupación», afirmó, al recordar que el documento «La tierra no es una mercancía» ya fijó la posición de la Iglesia sobre la iniciativa.

El obispo sostuvo que la discusión trasciende la cuestión jurídica y plantea un debate sobre la soberanía y el destino de los recursos naturales del país.

«Si se absolutiza la propiedad privada de empresas que pueden comprar tierras y recursos estratégicos, es un tema de extrema gravedad», advirtió.

En ese contexto, pidió a los tres senadores nacionales por Misiones y a los diputados nacionales que analicen cuidadosamente el proyecto.

«Les decimos que piensen mucho, porque se ponen en juego muchas cosas. Que voten desde su conciencia y no desde estrategias políticas», expresó.

Mons. Martínez consideró que una eventual aprobación de la norma podría generar consecuencias sobre el acceso a la tierra, los recursos naturales y distintas situaciones sociales vinculadas a la vivienda y la producción.

“La tierra, el agua y los recursos naturales fueron dados para toda la humanidad”

Para fundamentar su postura, el obispo citó la reciente encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV, donde se recuerda el principio del destino universal de los bienes.

Según explicó, el documento sostiene que «los bienes de la tierra, el suelo, el agua, el aire y los recursos naturales han sido dados por Dios a toda la familia humana para sostener la vida de todos, hoy y en las futuras generaciones«.

Mons. Martínez señaló que esa enseñanza forma parte de la doctrina social de la Iglesia desde sus orígenes y recordó que la propiedad privada tiene un valor reconocido por la Iglesia, aunque no constituye un derecho absoluto.

Reunión con productores yerbateros

Durante la charla también confirmó que recibirá en audiencia a productores, tareferos y representantes de la producción primaria de yerba mate que solicitaron ser escuchados por la situación que atraviesa el sector.

Explicó que el encuentro tendrá como principal objetivo escuchar los planteos de los trabajadores y productores, una problemática que, aseguró, ya viene conociendo durante sus recorridas pastorales por la provincia.

«He escuchado mucho a pequeños productores que plantean que están muy mal«, indicó.

Asimismo, cuestionó los efectos de un mercado sin regulaciones suficientes para proteger a los sectores más vulnerables.

«La liberación del mercado termina favoreciendo a los grandes mientras los pequeños mueren. El mercado es necesario, pero también hace falta una mirada que impida que los más poderosos se devoren a los pequeños«, sostuvo.

El trabajo como eje de la dignidad

Mons. Martínez vinculó esa realidad con la próxima celebración de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, cuya fiesta se celebrará el 7 de agosto.

Recordó que participará de las celebraciones tanto en Apóstoles como en Posadas y afirmó que el trabajo debe ocupar un lugar central en cualquier proyecto económico.

«Si una proyección económica no tiene en cuenta la dignidad de la persona, no nos sirve. Los números solos no sirven«, afirmó.

También valoró la decisión de bendecir motocicletas durante la festividad de San Cayetano, al considerar que para muchas familias constituyen una herramienta de trabajo y movilidad.

“La Iglesia no hace política partidaria”

Consultado sobre la intervención de la Iglesia en debates públicos, Mons. Martínez rechazó que ello implique una posición partidaria.

Explicó que la misión de la Iglesia consiste en iluminar las realidades humanas desde el Evangelio y recordó que Jesucristo vivió entre las personas acompañando especialmente a los más pobres.

«La Iglesia tiene una mirada sobre las realidades sociales desde el Evangelio. No hacemos política partidaria«, afirmó.

En ese sentido, cuestionó las posturas ideológicas extremas, tanto de derecha como de izquierda, cuando se apartan de los principios del Evangelio.

La importancia de escuchar

Finalmente, el obispo destacó el valor de la escucha como una de las necesidades más urgentes de la sociedad actual.

Consideró que muchas crisis familiares, sociales y políticas tienen su origen en la falta de diálogo y sostuvo que la Iglesia debe seguir ofreciendo espacios de escucha para quienes atraviesan situaciones difíciles.

«No hay escucha. Ese es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo«, concluyó.

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El obispo Martínez alertó sobre el deterioro del poder adquisitivo y la desigualdad

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En una nueva visita a Radio Tupambaé, el obispo de Posadas, monseñor Juan Martínez, advirtió sobre el agravamiento de la situación social al señalar que “el salario no alcanza” y que cada vez más trabajadores formales quedan por debajo de la línea de pobreza.

El prelado sostuvo que la pérdida del poder adquisitivo es el eje del problema económico actual y afirmó que “la pobreza ya no está sólo asociada a la desocupación”. En ese marco, cuestionó la credibilidad del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), al considerar que sus mediciones no reflejan adecuadamente los gastos cotidianos.

“La gente ya no cree en los datos oficiales. Es necesario incorporar más variables para que los índices sean verídicos”, expresó, al tiempo que advirtió que sostener cifras alejadas de la realidad “no sirve”.

Asimismo, subrayó el aumento de la desigualdad, señalando que los sectores de mayores ingresos perciben hasta 13 veces más que los de menores recursos. Mencionó especialmente el impacto del costo de medicamentos, servicios y vivienda sobre jubilados y trabajadores.

Economía al servicio de la persona
En su análisis, el obispo posadeño insistió en que la economía debe estar al servicio de la persona. “Si no se refleja en la vida diaria de la gente, pierde sentido”, afirmó, subrayando la necesidad de escuchar las realidades concretas de las familias.

Monseñor Martínez también se refirió al escenario internacional y manifestó su preocupación por el crecimiento de la violencia, en sintonía con el llamado del papa León XIV a promover la paz y evitar discursos agresivos.

Durante la entrevista, destacó además sus recientes encuentros con jóvenes en ámbitos académicos, en los que abordó temas como la inteligencia artificial y la ética. En ese contexto, reafirmó el rol central de la educación: “De ella depende nuestra democracia”, señaló, al advertir que su postergación puede derivar en una “pseudo democracia”.

Finalmente, valoró el compromiso solidario de Cáritas, al destacar la participación de la comunidad en la colecta de Cuaresma incluso en contextos de dificultad. “Vivimos tiempos complejos, pero la fe nos impulsa a actuar”, concluyó.

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En el pesebre entendemos el amor de Dios

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 4° domingo de Adviento [18 de diciembre de 2022]

En este último domingo del Adviento ya estamos próximos a celebrar la Navidad. Uno de los ejes de la oración y reflexión de este tiempo es la esperanza. La espera y expectativa de los contemporáneos de Jesús por la llegada del Mesías es actualizada por la liturgia del Adviento que nos prepara para el nacimiento del Señor.

Es un tiempo especial porque vamos cerrando el año, quizás cansados por la intensidad de lo vivido. Las luces navideñas de los pueblos y ciudades empiezan a encenderse, así como las despedidas festivas. En medio de esta realidad es indispensable evaluarnos y tratar de salir por un momento de tantas urgencias, para ver si aquello que es importante como nuestros ideales y nuestros valores, la familia, la vida y la solidaridad… ocupan realmente un lugar central en nuestro corazón. La Navidad, el Dios hecho hombre, el nacimiento marginal de Jesús en el pesebre, nos permiten comprender el lenguaje de Dios y ubicarnos en aquello que es central, para responder a tantas urgencias que nos agobian.

La Navidad es un tiempo de gracia que nos puede llevar a volver a Dios. No es fácil porque nos juega en contra el excesivo consumismo de la época. Lamentablemente dicho consumismo usa hasta las fiestas fundamentales como la Navidad y las vacía de contenido. ¡Cuántas familias se reúnen, festejan y se olvidan el sentido y el porqué del festejo! ¡Cuántos saludos de fin de año y deseos de felicidades, que siguen marginando a Jesús!

Si bien hay mucha religiosidad y nuestra cultura local es especialmente religiosa, con una fuerte raíz católica, muchos no practican su fe y desconocen básicamente sus contenidos. El Adviento es un tiempo oportuno para volver a Dios. En las capillas se multiplican los pesebres y las Misas navideñas. La fe necesita ser compartida y requiere nuestro compromiso y nuestra búsqueda de comunión con otros hermanos que están en el mismo camino. El pesebre nos ayuda a convertirnos. Nos permite comprender que no necesitamos mucho para ser amigos de Dios. Ante el pesebre descubrimos la pequeñez, la necesidad de la humildad, la grandeza y la esperanza.

Una de las dificultades para volver a Dios en este tiempo es el creciente subjetivismo de la fe. Cuando nos pasa esto es porque fuimos acomodando la fe a nuestro parecer, a nuestros afectos, a nuestros criterios. Es una tendencia fuerte este excesivo subjetivismo que nos lleva a adecuar la propuesta de Jesucristo, el Señor, a lo que nos parece y a lo que nos gusta en el momento, eludiendo aquello que nos enseña el Evangelio. Si bien es cierto que su propuesta habitualmente es exigente, tenemos la certeza que siempre el camino que Él nos propone lleva a la verdadera felicidad.

Al finalizar el año queremos agradecer por tantas cosas vividas como Diócesis. Continuamos haciendo nuestro camino pastoral, este año acentuando especialmente la temática de los jóvenes. Lo vivido en nuestro Santuario Diocesano de Loreto que fue un momento de especial gracia de Dios y de compromiso evangelizador donde nos hemos reunido para agradecer nuestra memoria y proyección.

El laicado que va haciendo consistente el trabajo evangelizador en las distintas áreas pastorales, y sobre todo la consolidación vocacional en nuestro Seminario «Santo Cura de Ars» que es un verdadero signo de esperanza. Las ordenaciones de un nuevo sacerdote y de cinco diáconos en camino al sacerdocio. También en la vida tenemos dolores y sufrimientos, y motivos para pedir perdón a Dios, y con la gracia del Adviento, buscar la conversión y volver a Dios.

Ya tan próximos a la nochebuena y a la Navidad debemos preguntarnos si queremos realmente volver a Dios. Hacerlo implica revisar nuestras vidas, cambiar, arrepentirnos, potenciar nuestros dones y confiar en que podemos mejorar. Volver a Dios requiere gestos concretos relacionados con Él y con nuestros hermanos. También implica expresar nuestra fe en la participación de la Misa de nochebuena o de Navidad, en poner un pesebre en nuestros hogares. En hacer la bendición de nuestra mesa familiar.

¿Rezar? Sí, rezar juntos. Seguramente la oración nos permitirá descubrir un nuevo sentido al encuentro familiar y con amigos que realizaremos en esta Navidad. Reencontrarnos más profundamente con Jesús en el pesebre navideño nos permitirá reencontrarnos en la esperanza.

Les envío un saludo cercano y ¡Feliz Navidad! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Contemplativos en la acción

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 17° domingo durante el año [24 de julio de 2022]

En este domingo el Evangelio de San Lucas (11, 1-13), sigue proponiéndonos el tema de la oración. Uno de los discípulos le pide a Jesús, su Maestro: «Señor enséñanos a orar». En realidad, ellos querían aprender aquello que hacía su Maestro: «Un día Jesús estaba orando en cierto lugar».

Muchos textos bíblicos nos hablan de la oración de Jesús. El Señor subía a la montaña para orar (Mt 14,23), incluso cuando todo el mundo lo buscaba (Mc 1,37). En general, su oración estaba ligada a su misión. San Lucas nos presenta a Jesús en oración antes de cada acontecimiento importante, como en este domingo que Jesús estaba en oración, antes de enseñar a rezar el «Padre Nuestro» a sus discípulos.

Todos los bautizados estamos llamados a ser hombres y mujeres de oración. Pero cada uno tiene que ligar la espiritualidad, devoción y oración a la vocación y misión que tiene. En nuestra Diócesis, en Santa Ana, está iniciando la experiencia de una comunidad contemplativa de mujeres: la asociación «Contemplativas de la Santísima Trinidad». Ellas tienen una vocación y misión ligadas íntimamente a la oración personal y litúrgico-comunitaria. Los consagrados y sacerdotes tenemos que vivir la comunión con Dios, para ser instrumentos de la comunión con los hermanos. Y para esto es necesario orar como Jesús, el buen Pastor. Pero en esta reflexión quiero referirme especialmente a la oración de los laicos, que son la mayoría del Pueblo de Dios. Su oración no puede ser igual a la de los monjes o a la de los sacerdotes. Quiero que reflexionemos sobre un texto de San Francisco de Sales en su gran libro «Introducción a la vida devota» que, aunque fue escrito a principios del siglo XVII, tiene mucha actualidad: «La devoción se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno.

Dime, si sería lógico que los obispos quisiéramos vivir entregados a la soledad, al modo de los monjes; que los casados no se preocuparan de aumentar su peculio más que los religiosos capuchinos; que un obrero se pasara el día en la Iglesia, como un religioso; o que un religioso, por el contrario, estuviera continuamente absorbido, a la manera de un obispo, por todas las circunstancias que atañen a las necesidades del prójimo. Una tal devoción ¿no sería algo ridículo, desordenado e inadmisible? Y, con todo, esta equivocación absurda es de lo más frecuente… La devoción –la oración- mientras sea auténtica nada destruye, sino que todo lo perfecciona y completa». La verdadera oración no complica, sino que nos permite hacer bien las ocupaciones propias de nuestra vocación y misión.

Esto puede ayudarnos a reflexionar sobre la necesidad de oración que tienen los laicos que por su propia vocación están ligados a tantas situaciones que muchas veces parecen contraponerse a las cosas de Dios. Es erróneo pensar que la espiritualidad y la oración están ligadas solamente a los momentos en que estamos en el templo. Si creemos esto, corremos el riesgo de estar generando una ruptura entre la fe y la vida cotidiana.

Quizás tengamos que aprender a orar las situaciones -como lo hace tanta gente con sencillez y espontaneidad- con una jaculatoria, o bien tocando una imagen, invocando a nuestro Padre Dios, como en el «Padre Nuestro», o bien elevando una petición, como los pobres que piden, porque se saben necesitados.

Es necesario que los laicos tengan algún rato de oración personal o de adoración eucarística, retiro espiritual o participación en los momentos comunitarios y litúrgicos, pero es también indispensable que oren desde las situaciones que les toca vivir a diario, que sean de algún modo, «contemplativos en la acción». Siempre nos encontramos con alegrías, tristezas, desengaños, sufrimientos propios y ajenos. Todo esto podemos elevarlo a Dios como agradecimiento, alabanza o petición. Por eso en el Evangelio de este domingo, el Señor nos propone la parábola del «amigo insistente», en el contexto del tema de la oración. Nos promete que a quien pide con insistencia «le dará todo lo necesario». (Lc 11,8)

Es cierto que no es fácil reflexionar sobre la oración en un tiempo en que se olvida a Dios. Quizás por eso mismo tenemos que recordar que el hombre o la mujer que oran, no solo alimentan su vida espiritual, sino que sobre todo, se humanizan.

Un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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En Él todo tiene sentido

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 13° domingo durante el año [26 de junio de 2022]

El texto del Evangelio (Lc 9, 51-62), nos presenta a Jesús que va camino a Jerusalén para celebrar su Pascua y las exigencias para aquellos que quieran seguirlo y ser discípulos suyos. Es habitual la tentación de pensar en un cristianismo sin Cristo, y sin cruz pascual. Esto en general está causado por la incomprensión de nuestra condición de discípulos de Jesucristo. Todos los bautizados estamos llamados a ser discípulos. El sacramento del bautismo, forma parte de una práctica habitual de los cristianos, es un acontecimiento incorporado en nuestra religiosidad. Pero también es cierto, que no hemos asumido suficientemente este camino de discipulado y de una formación -que es indispensable- para vivir con un compromiso de fe nuestra vida cristiana.

Este discipulado del cristianismo no se refiere en primer lugar al seguimiento de una doctrina. No es una teología-teoría del mundo o una teoría desde los pobres. Su ángulo, para mirar la realidad no es un conjunto de normas morales. Tampoco ser cristiano es la realización de algunas prácticas de piedad o el cumplimiento de algunos rituales. El discipulado implica el seguimiento o adhesión a la persona de Jesucristo. En esto, el cristianismo se distancia de las otras religiones. La vinculación a la persona de Jesús no es por un tiempo o bajo un aspecto determinado. El discípulo que sigue a Jesús se encuentra con la necesidad de asumir sus enseñanzas. Desde Él, nosotros nos comprometemos con la doctrina que Él nos revela, hacemos una opción preferencial por los pobres y marginados, y solo desde Él tienen sentido nuestras prácticas de piedad.

Estas enseñanzas son liberadoras y nos regalan la Vida. Pero también hay que decir que son exigentes e implican un seguimiento que tiene que ver con la cruz. Por eso en el texto de hoy Jesús, ante alguien que expresa su deseo de seguirlo: «Te seguiré adonde vayas!» (Lc 9,57), le advierte que Él, que es «el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Lc 9,58). Y más adelante dice: «el que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios» (Lc 9,62).

Quizás nos venga bien preguntarnos: ¿podemos vivir este discipulado de Jesucristo, en medio de un mundo tan complejo y donde las ofertas parecen ser tan diferentes a la propuesta cristiana? Desde ya que debemos reconocer que es difícil. Uno de los principales males viene por el lado del secularismo, la indiferencia y el individualismo religioso. Pero también, lamentablemente, hay propuestas religiosas que son consumistas y entusiasman temporalmente a algunos y después los dejan peor que antes. Aunque es difícil, sabemos que es posible vivir nuestra condición de cristianos porque Dios nos ayuda con su gracia. Seguramente, en donde podemos encontrar las mejores respuestas es en el testimonio de tantos mártires y santos del pasado y de nuestro tiempo. La carta del apóstol san Pablo que leemos este domingo nos dice: «Yo los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios» (Gal 5,16). La humildad y el sabernos necesitados, nos abre las puertas a Dios y nos permite construir sobre roca. Por el contrario, la autosuficiencia nos hace perder la condición de discípulos y nos hace inconsistentes y perecederos.

La semana pasada hemos vivido con gozo la celebración del «Corpus Christi» en el Anfiteatro «Manuel Antonio Ramírez». Desde allí, y en sintonía con las celebraciones de toda la diócesis, hemos pedido al Señor presente en la Eucaristía por nuestras necesidades. Con la presencia de muchos sacerdotes y diáconos, junto a miles de fieles imploramos a Dios pidiendo especialmente por los niños y jóvenes y por todos aquellos que sufren por diversas causas.

Queremos seguir renovando nuestro compromiso cristiano de ser Discípulos y Misioneros, una Iglesia en salida y más Samaritana. No queremos tener un mero entusiasmo pasajero, sino que adquirimos la certeza que nuestra esperanza es pascual. La vida del cristiano, para que sea pascual y redentora, requiere de la cruz y de martirios que, sin buscarlos, nos purifican en el camino personal y eclesial. Podemos decir que siempre hay una dimensión martirial en el discipulado cristiano, que nos lleva a poder vivir con gozo, con mucho gozo, la experiencia del Cristo resucitado, y nuestra condición de hijos e hijas de Dios.

Un saludo cercano y ¡hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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