Los 35 jurados electorales especiales de Perú terminaron de desestimar todos los recursos de nulidad, 943, presentados por Fuerza Popular, el partido Keiko Fujimori, contra los resultados de las elecciones presidenciales en las que perdió por escaso margen ante el candidato de izquierda Pedro Castillo, informaron hoy medios locales.
La noticia se conoció apenas horas antes que miles de simpatizantes de Castillo y Fujimori salieran de nuevo a las calles de Lima, principalmente, para mantener vivos sus reclamos: el respeto al resultado del escrutinio, por un lado, y el cuestionamiento al conteo y hasta el balotaje en su conjunto, por otro.
La totalidad de los pedidos de nulidad del fujimorismo fueron declarados improcedentes e infundados, por lo que a la dirigente de derecha solo le restan dos vías para intentar revertir su derrota: elevar un recurso de hábeas data para acceder a los padrones electorales y la demanda presentada por un exjuez cercano que busca declarar nula toda la segunda vuelta que tuvo lugar el 6 de junio.
El Jurado Electoral Especial (JEE) de Huancavelica fue el último en considerar infundados los 21 recursos de nulidad pendientes, en una decisión publicada anoche en la plataforma virtual del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), informó el diario La República.
Con sus matices, los distintos jurados electorales especiales descartaron cualquier aproximación a lo que pueda considerarse un fraude, tal como viene denunciando, sin éxito, Fujimori.
Una vez desestimados estos 943 recursos de nulidad en primera instancia, Fuerza Popular comenzó a tramitar los recursos de apelación para que los casos sean revisados por el pleno del JNE, la última instancia de la Justicia Electoral.
La norma fija tres días de plazo para el trámite de las apelaciones y luego el pleno del JNE debe revisar los escritos para pronunciarse, lo que podría prolongar la incertidumbre más de una semana, precisó la agencia de noticias Europa Press.
Horas después, el defensor del Pueblo de Perú, Walter Gutierrez, destacó a la prensa que “en el proceso electoral no se han advertido de parte de las autoridades electorales ningún intento de querer alterar la voluntad popular”, como puso en duda por estas horas la fuerza de Fujimori.
“Nadie puede hablar de fraude, por lo menos de un fraude masivo sistemático. Nadie puede hablar de fraude, nadie se puede autoproclamar presidente o presidenta de la República porque eso es sustituir al Jurado Nacional de Elecciones”, agregó en una entrevista con la radio RPP.
Sin embargo, en paralelo a sus apelaciones ante la autoridad electoral, la fujimorista Fuerza Popular también impulsa acciones en la vía judicial, para intentar revertir el resultado.
Por un lado, ha anunciado un hábeas data contra la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) a fin de acceder a los padrones electorales.
Las autoridades reconocen el “derecho de acceso a la información pública”, pero defienden también la “protección de los datos personales que no se pueden compartir con un partido político”, en palabras de la exministra de Justicia Ana Neyra.
“No se puede dar información personal como la dirección, la huella digital o la foto”, precisó.
Además, se presentó una acción constitucional a cargo del abogado y exjuez Javier Villa Stein, conocido por su cercanía con el fujimorismo.
En esa acción de amparo se pide la nulidad de la segunda vuelta y “como consecuencia de ello, se ordene (…) a repetir dicho proceso electoral”, un pedido similar al que hicieron ya dos grupos de militares retirados en las últimas semanas y que desataron una ola de repudio desde el Gobierno, organizaciones civiles y el propio sector aliado de Castillo, que llamó a salir a las calles a defender el resultado en las urnas.
Pero los cuestionamientos del fujimorismo sufrieron un nuevo revés hoy cuando la reconocida consultora Ipsos publicó un análisis que hizo sobre el escrutinio final y concluyó que no hay evidencia de acumulación de votos “atípica” para ninguno de los candidatos, como reclama la campaña de la exlegisladora de derecha.
“El análisis estadístico que hemos realizado no nos permite comprobar o descartar que haya habido algunas actas manipuladas. Sin embargo, no se encuentra evidencia de una concentración atípica de casos, ni en determinadas zonas geográficas ni para un candidato en particular”, concluyó Ipsos y publicó en su Twitter.
Por Franz Lidz, New York Times.Juliane Diller cayó en la Tierra, y a la mañana siguiente se despertó en la profundidad de la selva peruana aturdida y sin entender nada. Justo antes del mediodía del día anterior, la víspera de la Navidad de 1971, Juliane, quien entonces tenía 17 años, y su madre habían abordado un vuelo en Lima con destino a Pucallpa, una zigzagueante ciudad portuaria ubicada a lo largo del río Ucayali. Su destino final era Panguana, una estación de investigación biológica en el centro de la Amazonía, donde durante tres años había vivido de manera intermitente con su madre, Maria, y su padre, Hans-Wilhelm Koepcke, ambos zoólogos.
Se suponía que el vuelo duraría menos de una hora. Aproximadamente 25 minutos después del despegue, el avión —una aeronave turbohélice modelo Lockheed L-188A Electra de 86 pasajeros—, atravesó una tormenta y comenzó a vibrar. Los compartimentos superiores del equipaje se abrieron y los pasajeros y la tripulación se vieron rodeados de maletas y regalos de Navidad.
“Mi madre, quien estaba sentada a mi lado, dijo: ‘Con suerte, esto va a salir bien’, recordó Diller, quien habló por video desde su casa en las afueras de Múnich, donde recientemente se jubiló como subdirectora de la Colección Estatal de Zoología de Baviera. “Aunque podía sentir su nerviosismo, me las arreglé para mantener la calma”.
Desde su asiento junto a la ventana, en una fila trasera, la adolescente vio cómo un rayo cayó sobre el ala derecha del avión. Recuerda que la aeronave caía en picada y su madre decía, de manera monótona, “Todo ha terminado”. Recuerda a la gente llorando y gritando. Y recuerda el silencio atronador que siguió. El avión se fracturó separándola del resto de las personas a bordo. “Lo siguiente que supe fue que ya no estaba adentro de la cabina”, dijo Diller. “Estaba afuera, al aire libre. No había salido del avión; el avión me había expulsado”.
Mientras el avión descendía, la fila de tres asientos en la que permanecía con el cinturón abrochado voló como la semilla alada de un arce hacia el dosel de la selva. “Desde arriba, las copas de los árboles parecían cabezas de brócoli”, recuerda Diller. Luego se desmayó, y solo recuperó la conciencia en la mañana de la Navidad: sola, debajo de la fila de asientos, con su vestido corto rasgado. Había caído unos 10.000 pies, casi tres kilómetros. Se cree que su fila de asientos aterrizó sobre un follaje denso, lo que amortiguó el impacto. Juliane fue la única sobreviviente del accidente.
De manera milagrosa, sus heridas fueron relativamente menores: una clavícula rota, un esguince de rodilla y cortadas en el hombro derecho y la pantorrilla izquierda, un ojo cerrado por la hinchazón y, en el otro, el campo de visión reducido a una pequeña ranura. Entre las molestias, la más insoportable fue que desaparecieron sus anteojos (era miope) y una de sus sandalias. “Me quedé allí, casi como un embrión durante el resto del día y toda la noche, hasta la mañana siguiente”, escribió en sus memorias, When I Fell From the Sky, publicadas en Alemania en 2011. “Estoy completamente empapada, cubierta de barro y tierra, porque debe haber estado lloviendo a cántaros durante un día y una noche”.
Escuchó los cantos de los pájaros, el croar de las ranas y el zumbido de los insectos. “Reconocí los sonidos de la vida silvestre de Panguana y me di cuenta de que estaba en la misma selva y había sobrevivido al accidente”, dijo Diller. “Lo que experimenté no fue miedo, sino un sentimiento insondable de abandono”. En estado de shock, confundida por una conmoción cerebral y con solo una bolsa pequeña de dulces para alimentarse, avanzó por la temible Amazonía con caimanes moteados de dos metros y medio, serpientes y arañas venenosas, abejas sin aguijón que se apiñaban en su rostro, enjambres omnipresentes de mosquitos y mantarrayas de río que, al pisarlas, atacan instintivamente con sus colas que tienen púas y veneno.
Era la mitad de la temporada de lluvias, por lo que no había frutas al alcance de la mano ni leña seca para hacer fuego. El agua del río le dio el poco sustento que Juliane encontró. Durante 11 días, a pesar de la gran cantidad de humedad y del calor abrumador, caminó, recorrió ríos y nadó.
Un refugio para hormigas y murciélagos
Selva de tierras bajas en la Reserva Panguana en Perú.Credit…Konrad Wothe
Este año es el cincuenta aniversario del vuelo 508 de LANSA, el desastre aéreo por el impacto de un rayo más mortífero en la historia de la aviación. En el intervalo de esos años, Juliane se mudó a Alemania, estudió un doctorado en biología y se convirtió en una zoóloga respetada. En 1989 se casó con Erich Diller, entomólogo y autoridad en avispas parasitoides. A pesar de sufrir una turbación comprensible por los viajes en avión, continuamente ha regresado a Panguana, el remoto puesto de conservación fundado por sus padres en 1968. “La selva me acogió y me salvó”, dijo Diller, quien no ha hablado públicamente sobre el accidente en muchos años. “No fue su culpa que haya aterrizado allí”.
En 1981, pasó 18 meses en residencia en la estación mientras investigaba su tesis de posgrado sobre mariposas diurnas y su tesis doctoral sobre murciélagos. Diecinueve años después, tras la muerte de su padre, Diller asumió el cargo de directora de Panguana y organizadora principal de las expediciones internacionales al refugio. “En mi caminata solitaria de 11 días de regreso a la civilización, me hice una promesa”, dijo Diller. “Juré que si seguía viva le dedicaría mi vida a una causa significativa que sirviera a la naturaleza y la humanidad”.
Esa causa se convertiría en Panguana, la estación de investigación biológica más antigua del Perú. A partir de la década de 1970, Diller y su padre presionaron al gobierno para proteger la zona de la tala, la caza y la colonización. Finalmente, en 2011, el recién creado Ministerio de Ambiente declaró a Panguana como un área de conservación privada. Para ayudar a adquirir los terrenos adyacentes, Diller reclutó donantes del extranjero. En gran parte gracias a la generosidad de Hofpfisterei, una cadena de panaderías con sede en Múnich, la propiedad se ha expandido de sus 180 hectáreas originales a más de 1600.
“Juliane es una embajadora sobresaliente de cuánto puede lograr la filantropía privada”, dijo Stefan Stolte, miembro de la junta ejecutiva de Stifterverband, una organización sin fines de lucro alemana que promueve la educación, la ciencia y la innovación.
Durante el último medio siglo, Panguana ha sido un motor de descubrimiento científico. Hasta la fecha, la flora y la fauna han originado 315 artículos publicados sobre temas tan exóticos como la biología del género de orquídeas neotropicales del género Catasetum y las glándulas de feromonas protrusiles de la seductora mantis.
Escindida por el río Yuyapichis, la reserva alberga más de 500 especies de árboles (16 de ellas palmeras), 160 tipos de reptiles y anfibios, 100 tipos diferentes de peces, siete variedades de monos y 380 especies de aves. El nombre de Panguana proviene de la palabra de la comunidad local para el tinamú ondulado, una especie de ave tinamiforme usual en la cuenca de la Amazonía. La mascota favorita de la infancia de Diller era una panguana a la que llamó Polsterchen —que quiere decir Pequeña almohada—, debido a su suave plumaje.
“Panguana ofrece condiciones excepcionales para los investigadores de la biodiversidad: sirve como base de operaciones con una excelente infraestructura y como punto de partida hacia la selva tropical principal a solo unos metros de distancia”, dijo Andreas Segerer, subdirector de la Colección Estatal de Zoología de Baviera, en Múnich. “Su extraordinaria biodiversidad es un ‘Jardín del Edén’ para los científicos y una fuente de resultados para proyectos de investigación exitosos”.
Los entomólogos han catalogado una gran variedad de insectos en el suelo y en las copas de los árboles de Panguana, incluidas mariposas (más de 600 especies), abejas azules (26 especies) y polillas (unas 15.000). Manfred Verhaagh, del Museo de Historia Natural de Karlsruhe, Alemania, identificó 520 especies de hormigas. (Demasiadas para los picnics en Panguana).
Mientras trabajaba en su disertación, Diller registró 52 especies de murciélagos en la reserva. “Ahora sabemos de 56”, dijo. “En contraste, solo hay 27 especies en todo el continente europeo”. La reserva ha sido colonizada por las tres especies de murciélagos vampiro. Aunque rara vez atacan a los humanos, uno cenó en el dedo gordo del pie de Diller. “Los murciélagos vampiros lamen con la lengua, en lugar de chupar”, dijo. “Después de que hacen una pequeña incisión con los colmillos, una proteína en su saliva llamada draculin actúa como un anticoagulante, que mantiene la sangre fluyendo mientras se alimentan”.
Regreso al lugar del accidente
Diller describió su juventud en Perú con entusiasmo y mucho afecto. Nació en Lima, donde sus padres trabajaban en el museo nacional de historia. Los terremotos eran comunes.
“Crecí sabiendo que nada es realmente seguro, ni siquiera el suelo firme sobre el que caminaba”, dijo Diller. “Los recuerdos me han ayudado una y otra vez a mantener la cabeza fría incluso en situaciones difíciles”.
Diller dijo que todavía le atormentaba la separación con su madre durante el vuelo. Cuando relató algunos momentos de la experiencia bajó la voz. “Sobre todo, por supuesto, el momento en el que tuve que aceptar que en realidad solo yo había sobrevivido y mi madre había muerto”, dijo. “Después llegó el momento en el que me di cuenta de que ya no se escuchaba ningún avión de búsqueda y entendí que seguramente moriría; y luego está la sensación de morir sin haber hecho nada de importancia en mi corta vida”.
Por el desastre aéreo consiguió una cierta fama que aceptó a regañadientes debido a una cursi película biográfica italiana de 1974, Miracles Still Happen [I miracoli accadono ancora], en la que una Diller adolescente es retratada como una chica histérica y boba. Durante muchos años, evitó a los medios de comunicación, y todavía le molestan los primeros reportajes que se publicaron sobre su caso, que a veces eran bastante inexactos. Según un relato de la revista Life en 1972, sobrevivió a la selva al construir una balsa de enredaderas y ramas. El semanario alemán Stern relató que se dio un festín con un pastel que supuestamente encontró entre los escombros e insinuó, a partir de una entrevista realizada durante su recuperación, que era arrogante e insensible.
Diller volvió a visitar el lugar del accidente con el cineasta Werner Herzog en 1998.Credit…Werner Herzog Film/Deutsche-Kinemathek
Diller mantuvo un perfil bajo hasta 1998, cuando la contactó el director de cine Werner Herzog, quien esperaba convertir la historia de sobrevivencia en un documental para la televisión alemana. Mientras el cineasta buscaba locaciones para su drama histórico Aguirre, la ira de Dios, perdió por poco el mismo vuelo en Navidad que Diller. “Por lo que sé, es posible que nos hayamos cruzado en el aeropuerto”, le dijo Herzog.
Intrigada, Diller viajó a Perú y fue trasladada en helicóptero al lugar del accidente, en donde —en medio de los restos del avión que aún estaban esparcidos ahí— le contó a Herzog los detalles desgarradores. El momento más aterrador de la película fue cuando relató un recuerdo del cuarto día de su travesía en la selva, cuando se encontró con una fila de asientos del avión. Ahí, todavía con el cinturón de seguridad, estaban una mujer y dos hombres que habían aterrizado de cabeza. La hilera había caído con tal fuerza que quedaron enterrados a un metro bajo tierra y se alcanzaban a ver las piernas de los pasajeros que sobresalían grotescamente desde el suelo.
“Fue horrible”, me dijo. “No quería tocarlos, pero quería asegurarme de que la mujer no fuera mi madre. Tomé un palo y moví uno de sus pies con cuidado para poder verle las uñas de los pies. Tenían esmalte y respiré con tranquilidad. Mi madre nunca usó esmalte en las uñas”.
La colaboración de Diller con Herzog resultó enLas alas de la esperanza, una película inquietante que, filtrada a través del humanismo áspero de Herzog, exhibió la extraña y terrible belleza de la naturaleza. “Hacer el documental fue terapéutico”, dijo Diller. “Después del accidente nadie me ofreció ningún asesoramiento formal ni ayuda psicológica. No tenía ni idea de que era posible conseguir ayuda”.
De Lima a la selva
Diller cree que su tenacidad viene de su padre, Hans-Wilhelm Koepcke, un ecologista determinado. Conoció a su esposa, Maria von Mikulicz-Radecki, en 1947 en la Universidad de Kiel, donde ambos eran estudiantes de biología. (La tesis doctoral de su madre se enfocaba en la coloración de palomas silvestres y domésticas; el tema de la de su padre, las cochinillas). A fines de 1948, a Koepcke le ofrecieron un trabajo en el museo de historia natural de Lima.
Llegar allí no fue sencillo. Los viajes de la Europa en posguerra eran bastante complejos, pero solían ser particularmente problemáticos para los alemanes. No había pasaportes y las visas eran difíciles de conseguir.
Para llegar a Perú, Koepcke tuvo que llegar primero a un puerto y lograr entrar en un buque de carga transatlántico. Continuó a pie, recorrió varias cadenas montañosas, fue arrestado y cumplió su condena en un campo italiano de prisioneros, y finalmente fue enviado como polizón en la bodega de un carguero con destino a Uruguay en el que tuvo que excavar en un montón de sal de grano. Cuando finalmente se presentó en la oficina del director del museo, dos años después de aceptar la oferta de trabajo, le dijeron que el puesto ya estaba ocupado.
Pero no se rindió y terminó por administrar la colección de ictiología del museo. Su prometida lo alcanzó en un barco de vapor que atravesó el sur del Pacífico en 1950 y también fue contratada en el museo y con el tiempo llegó a dirigir el departamento de ornitología. Experta en aves neotropicales, desde entonces ha sido conmemorada en los nombres científicos de cuatro especies peruanas.
A él se le recuerda por una obra de dos volúmenes y 1684 páginas, Formas de vida: la base de una teoría biológica universalmente válida. En 1956, una especie de lagarto de lava endémica de Perú, Microlophus koepckeorum, fue nombrada en honor a la pareja.
En 1968, los Koepcke se mudaron de Lima a un pequeño trozo de bosque abandonado en medio de la selva. Su plan era hacer estudios de campo sobre sus plantas y animales durante cinco años y explorar la selva tropical sin explotarla. “No estaba exactamente emocionada con la idea de estar allí”, dijo Diller. “Tenía 14 años y no quería dejar a mis compañeros de escuela para estudiar en lo que imaginaba sería un lugar a la sombra de árboles altos, desde donde el dosel arbóreo no permitiría que llegara ni un solo rayo de sol”.
Para sorpresa de Juliane, su nuevo hogar no era lúgubre en absoluto. “Era hermoso, un sitio idílico en el río con árboles que florecían en un rojo intenso”, escribió en sus memorias. “Había mangos, guayabas y cítricos, y, lo más importante, un árbol glorioso de lupuna de 45 metros de altura, también conocido como ceiba”.
La familia vivía en Panguana a tiempo completo con un pastor alemán, llamado Lobo, y un periquito, Florian, en una cabaña de madera construida sobre pilotes, con techo de palma. Juliane recibió educación en casa durante dos años y sus libros de texto y tareas le llegaban por correo, hasta que las autoridades educativas le exigieron que regresara a Lima para terminar la secundaria.
‘Un lugar de paz y armonía’
Los padres de Diller inculcaron en su única hija no solo el amor por la naturaleza de la Amazonía, sino también el conocimiento del funcionamiento interno de su ecosistema imprevisible. Si alguna vez te pierdes en la selva, le aconsejaron, busca agua en movimiento y sigue su curso hasta llegar a un río, donde es probable que haya algún asentamiento humano.
Ese consejo resultó profético. En 1971, Juliane, partió del lugar del accidente, encontró un arroyo, que se convirtió en un riachuelo, que finalmente se transformó en un río. El día 11 de su terrible experiencia, se encontró con el campamento de un grupo de trabajadores forestales. Le dieron de comer yuca y le echaron gasolina en las heridas abiertas para sacar a los gusanos que sobresalían “como tallos de espárragos”, dijo. A la mañana siguiente, los trabajadores la llevaron a un pueblo, desde donde la transportaron en avión a un lugar seguro.
“Para mis padres, la estación de la selva era un santuario, un lugar de paz y armonía, aislado y hermoso de una manera sublime”, dijo Diller. “Me siento igual. La selva fue mi verdadera maestra. Aprendí a usar viejos senderos indígenas como atajos y trazar un sistema de caminos con una brújula y una regla plegable para orientarme en la maleza espesa. La selva forma parte de mí tanto como el amor que siento por mi esposo, la música de la gente que vive a lo largo del Amazonas y sus afluentes, y las cicatrices que conservo del accidente aéreo”.
Antes de 2020, cuando la pandemia de coronavirus restringió los viajes aéreos internacionales, Diller se propuso visitar la reserva natural dos veces al año en expediciones de un mes. Gran parte de su trabajo administrativo consiste en mantener los límites del desarrollo industrial y agrícola. Calcula que hasta el 17 por ciento de la Amazonía ha sido deforestada y lamenta que el deshielo, los patrones de lluvia fluctuantes y el calentamiento global —la temperatura promedio en Panguana ha aumentado 4 grados Celsius en los últimos 30 años— están provocando la reducción de sus humedales. Un estudio reciente publicado en la revista Science Advances advirtió que la selva tropical puede estar acercándose a un peligroso punto de no retorno.
“Después del 20 por ciento, no hay posibilidad de recuperación”, dijo, sombría, Diller. “Se podría esperar una muerte regresiva importante del bosque y una evolución bastante abrupta hacia otra cosa, probablemente una sabana degradada. Eso conduciría a un aumento dramático en las emisiones de gases de efecto invernadero, por eso es que la preservación de la selva peruana es tan urgente y necesaria”.
Bajo la dirección de Diller, Panguana ha aumentado su alcance a las comunidades indígenas vecinas al dar empleos, financiar una nueva escuela y crear conciencia sobre los efectos a corto y largo plazo de la actividad humana en la biodiversidad de la selva tropical y el cambio climático.
“La clave es lograr que las poblaciones de los alrededores se comprometan a preservar y proteger su medioambiente”, dijo. “La protección de las especies y el clima solo funcionará si quienes habitan ahí se integran en los proyectos, se benefician de sus ya modestas condiciones de vida y la cooperación es transparente”. Y ella planea volver y no dejar de hacerlo, una vez que los viajes aéreos se lo permitan.
Cincuenta años después del viaje traumático de Diller a través de la selva, se complace en mirar su vida y saber que ha alcanzado un propósito y significado. “El solo hecho de haber ayudado a la gente y haber hecho algo por la naturaleza significa que fue bueno que se me permitiera sobrevivir”, dijo con el esbozo de una sonrisa. “Y por eso estoy muy agradecida”.
Tras idas y vueltas, el Congreso de Perú aprobó este lunes 16/11 a la candidatura de Francisco Sagasti y así éstese convirtió en el tercer presidente del país en una semana tras la destitución de Martín Vizcarra, y la renuncia de Manuel Merino.
El parlamentario centrista Francisco Sagasti fue elegido este lunes como titular del Congreso de Perú, lo que automáticamente lo proyecta al cargo de presidente de la república, cargo que asumirá esta tarde, debido a la acefalía provocada por la renuncia de Manuel Merino, quien dimitió ayer, cinco días después de haber iniciado su gestión.
Sagasti, ingeniero de 76 años, será el tercer jefe del Ejecutivo en poco más de una semana y el cuarto en lo que va del actual período quinquenal de gobierno, iniciado el 28 de julio de 2016, tras la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski en marzo de 2018, la destitución de Martín Vizcarra el lunes pasado y la dimisión de Merino.
Además, podría no ser el último si prospera una iniciativa anunciada ayer por su Partido Morado para debatir en el Congreso la anulación de la remoción de Vizcarra y su reposición en el gobierno.
La designación fue posible con 97 votos a favor y 26 en contra, sin abstenciones, luego de que la mayoría del parlamento rechazara anoche la lista única que encabezaba la izquierdista Rocío Silva Santisteban y en la que Sagasti figuraba como primer vicepresidente, lo que lo habría dejado automáticamente como titular del Congreso.
Tanto Sagasti como los tres nuevos vicepresidentes del parlamento -Mirtha Vásquez, del Frente Amplio izquierdista, Luis Roel, del centrista Acción Popular, y Matilde Fernández, del socialcristiano Somos Perú- juraron sus cargos y el primero asumirá la presidencia de la república hoy, a las 16 (las 18 en la Argentina), según la agencia de noticias Andina.
En su primer discurso como presidente del Congreso, Sagasti llamó a todas las fuerzas políticas a “trabajar en conjunto” para “devolverle la confianza a la ciudadanía, con empatía y con responsabilidad”, y luego de la ceremonia rindió homenaje a los dos jóvenes muertos el sábado durante la represión de las protestas callejeras contra el entonces mandatario Merino.
“Debemos estar a la altura de las circunstancias, estamos con toda la voluntad, creo que Sagasti lo hará, responderá a las expectativas de la ciudadanía, queremos encauzar el proceso de transición que hay que garantizar en forma adecuada, correcta y confiable para la población”, afirmó Vásquez, quien presidirá el Congreso una vez que su flamante titular asuma la jefatura del Ejecutivo.
Nacido en la ciudad de Lima en 1944, Sagasti se desempeñaba desde marzo de este año como congresista de la República, lugar que ocuparía hasta 2021.
Ingeniero industrial, investigador y autor de varios libros, el flamante presidente peruano comenzó su trayectoria política en le década del 70′ cuando fue nombrado asesor del ministro de Industria del llamado Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, el contralmirante Alberto Jiménez de Lucio.
Durante esos años, también se desempeñó como vicepresidente del Directorio del Instituto de Investigación Tecnológica, Industrial y Normas Técnicas del Perú (ITINTEC) y contribuyó, en su rol como asesor en el ministerio, en asuntos de industrialización y tecnología. Asimismo, asesoró también al Consejo de Investigación Nacional.
De 1985 a 1987 fue asesor del entonces ministro de Relaciones Exteriores, Allan Wagner Tizón, durante el gobierno de Alan García. Un año más tarde asumiría como presidente del Comité Consultor de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo de las Naciones Unidas, cargo que ocupó hasta 1989.
Paralelamente a ello, fue Jefe de la División de Planeamiento Estratégico del Banco Mundial para posteriormente, en 1990, volver a ocupar el rol de asesor: en este caso para los Departamentos de Evaluación de Políticas y de Relaciones Externas de ese organismo multilateral.
Ya en el siglo XXI, de 2007 a 2009 fue presidente del Consejo Directivo del Programa de Ciencia y Tecnología en las gestiones de los primeros ministros Jorge del Castillo y Yehude Simon, durante el segundo gobierno de Alan García, y ocupó el mismo cargo entre diciembre de 2011 y marzo de 2013 en las gestiones de Óscar Valdés y Juan Jiménez, en el gobierno de Ollanta Humala.
De destacada trayectoria académica, Sagasti tiene una maestría en ingeniería industrial por la Pennsylvania State University, y es doctor en investigación operacional y ciencias de sistemas sociales en la Escuela de Negocios Wharton, de la Universidad de Pensilvania.
También ejerció como profesor en la Universidad del Pacífico y en la Pontificia Universidad Católica del Perú, entre otras casas de estudio.
En 1996 le tocó atravesar uno de los episodios más difíciles de su vida, cuando fue secuestrado por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) durante la Toma de la residencia del embajador de Japón el Lima. Sería liberado a los pocos días y regresó a Costa Rica, lugar en el cual residía junto a su familia.
Ahora, 24 años después, se encuentra al frente de otra situación compleja: la de la crisis política en la que está sumido Perú, que se propone aplacar ahora que fue designado Presidente.
Figura con buen imagen en su país, Sagasti superó este lunes 16/11 los votos suficientes en el Congreso para liderar la nueva mesa directiva del Congreso unicameral, por lo que también asumirá la presidencia del país. Asumirá así la misión de liderar el gobierno de transición hasta el 28 de julio de 2021, momento en que tomará el poder el ganador de las elecciones generales del próximo 11 de abril.
De esta manera se convierte en el tercer presidente de Perú en una semana, tras la destitución de Martín Vizcarra acorralado por denuncias de corrupción y la posterior renuncia de su sucesor Manuel Merino, quien dimitió a su cargo tras las protestas y hechos de violencia suscitados el fin de semana.
El hasta hoy primer mandatario peruano es apuntado por corrupción. Será reemplazado por Manuel Merino, titular del Parlamento, que asumirá la presidencia hasta julio de 2021. La moción fue apoyada por una amplia mayoría en el Congreso.
El Congreso unicameral de Perú destituyó este lunes al presidente Martín Vizcarra, el segundo mandatario al que depone en lo que va del presente período de gobierno y cuando faltan apenas cinco meses para que se celebren elecciones presidenciales.
Vizcarra fue removido esta noche por una amplia mayoría de 105 votos contra 19 en contra y cuatro abstenciones, según la radio RPP, menos de dos meses después de un proceso similar en el que solo 32 legisladores se pronunciaron por la destitución.
Dado que en este momento Perú no tiene vicepresidente, le corresponde asumir el Ejecutivo al presidente del Congreso, Manuel Merino, y convocar “de inmediato” a elecciones, según la Constitución, que sin embargo no precisa un plazo para ello.
La moción de vacancia (juicio político) debatida hoy se originó en denuncias según las cuales Vizcarra recibió sobornos por 2,3 millones de nuevos soles (equivalentes a poco más de 630.000 dólares al cambio actual) a cambio de otorgar dos contratos de obras públicas cuando era gobernador del departamento sureño Moquegua.
El mandatario fue cesado por “incapacidad moral permanente”, que es una de las causas establecidas por la Constitución para que el Congreso destituya a un presidente.
En el actual período, iniciado el 28 de julio de 2016, el presidente Pedro Pablo Kuczynski renunció en marzo de 2018 para evitar ser destituido en el segundo juicio político que le inició el Congreso en menos de tres meses, y fue sucedido por su hasta entonces vicepresidente Vizcarra.
Asimismo, en septiembre de 2019 Vizcarra disolvió el Congreso en uso de la facultad que la Constitución le confiere para hacerlo si el parlamento le deniega la confianza a un gabinete por segunda vez dentro de un mismo período, y en enero pasado se celebraron comicios para elegir la actual composición del Legislativo.
Desde que fue admitido en la Constitución en la reforma de 1993, es la quinta vez que se pone en marcha un proceso de vacancia contra un presidente.
El único fuera del actual período de gobierno se produjo en 2010 y derivó en la destitución de Alberto Fujimori, quien días antes había renunciado al cargo desde Japón.
Lucas Adrián disertará sobre “El Rol de los Jóvenes en la Agenda 2030 de la ONU” y contará su experiencia como están trabajando la temática en la provincia y en la región. Es importante resaltar que es el segundo año consecutivo que este destacado joven nos representa en actividades de vinculadas al Congreso de Perú, así como ya lo ha hecho este año, de manera virtual, y años anteriores en diferentes países de Latinoamérica.
El evento contará con la ponencia de seis jóvenes líderes de diferentes países latinoamericanos: Giorgiana Martínezgarnelo y Calvo, presidenta de la Fundación hispano mexicana a favor de la Educación Jóvenes por México; Lucas Adrián García, presidente del Foro Jóvenes por los ODS de Argentina; Yesenia Yarhui Albino, diputada Nacional del Estado Plurinacional de Bolivia; Juan Fernando Flores Arroyo, Asambleísta de Ecuador; Susana Gutiérrez Rivera, directora de la Organización Democrática del Perú y Jacobo Pompo, presidente del Global Youth Leadership Forum de España.
El evento es creado con la finalidad de fortalecer el liderazgo, como herramienta primordial de desarrollo para la juventud, a través de la Comisión de Educación, Juventud y Deporte del Congreso de la República del Perú, presidido por el congresista Luis Reymundo Dioses Guzmán.
“Es importante otorgar un reconocimiento merecido a todos los jóvenes del Perú en su día, además de promover espacios para que continúen fortaleciendo el liderazgo que los caracteriza. Hoy en día, en esta crisis que atraviesa el Perú y el mundo, el trabajo y aporte hacia el cambio que la juventud realiza es invaluable” señaló el legislador.
El foro se realizará el miércoles, 23 de septiembre del 2020 a las 5:00 p.m., mediante la plataforma virtual zoom y Facebook, y se entregará certificación gratuita. Hasta la fecha se cuenta con cientos de jóvenes inscritos de diferentes países. Un evento que impulsa el crecimiento y empoderamiento de la juventud.
“Los invitamos a participar de este foro internacional, sin duda será una gran experiencia para los jóvenes escuchar a sus pares desde sus experiencias propias en cada país. Desde mi despacho continuaremos sumando esfuerzos a favor de la juventud” señaló el congresista Dioses Guzmán.