PIÑERA

Boric ganó las elecciones en Chile y se rearma un nuevo mapa político en Latinoamérica

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El candidato de izquierda Gabriel Boric se perfilaba como presidente electo de Chile al reunir 54,72% de los votos válidos del balotaje de hoy, cuando se había completado 50% del escrutinio oficial.

Su adversario, el postulante de derecha José Antonio Kast, reunía 45,28% de los sufragios, según reportó el Servicio Electoral (Servel) en su sitio web. Kast reconoció rápidamente la derrota: “Acabo de hablar con Gabriel Boric y lo he felicitado por su gran triunfo; desde hoy es el presidente electo de Chile y merece todo nuestro respeto y colaboración constructiva” porque “Chile siempre está primero”, escribió Kast en Twitter.

La divulgación de esos resultados provocó un estruendo de felicidad en el comando de la campaña de Boric, en un hotel en el centro de Santiago, donde colaboradores y simpatizantes del candidato comenzaron a cantar “Se siente, se siente, Boric presidente”.

“Con el resultado de 30% del escrutinio tenemos tranquilidad”, reveló el alcalde Gonzalo Durán. Hasta entonces, los dirigentes presentes se habían mostrado ansiosos por el conteo.

Los chilenos votaron hoy en un polarizado balotaje para elegir presidente entre Boric y Kast, dos opciones diametralmente opuestas que prometieron un cambio de raíz en el modelo social o una continuidad a las políticas neoliberales.

La jornada estuvo caracterizada por las altas temperaturas en buena parte del país y la polémica por la reducción del servicio de colectivos en Santiago, que el gobierno desmintió inicialmente pero luego admitió, y por el que la autoridad electoral protestó.

El ganador del balotaje sucederá al presidente conservador Sebastián Piñera al frente de un país en efervescencia política y virtual refundación tras un estallido social en 2019 que reclamó mayor igualdad y que logró su cometido de empezar a elaborar una nueva Constitución que reemplace a la heredada de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-90).

“De ustedes depende que Chile cambie”, dijo el joven diputado Boric, de 35 años, en una exhortación a los votantes de todo el país luego de sufragar en la ciudad de Punta Arenas, en el extremo sur de Chile, 2.200 kilómetros al sur de Santiago, y tras un intenso mes de campaña de cara a esta segunda vuelta.

“La voz está gastada, pero el corazón está lleno y la esperanza intacta”, prosiguió el candidato de la alianza Apruebo Dignidad, y agregó que esperaba terminar el día siendo “el presidente de todas y todos los chilenos”.

Casi al mismo tiempo, su adversario Kast, de 55 años y candidato del Partido Republicano, votaba en una escuela de una localidad al sur de Santiago.

“Sería un gran honor dirigir el destino de la nación”, dijo Kast a periodistas en las puertas del colegio de Paine, a unos 50 kilómetros de Santiago. El candidato pinochetista recibió el respaldo de Mauricio Macri.

“Hay legítimas diferencias, pero tenemos que trabajar por el diálogo y el reencuentro; eso se hace a través de la justicia y el orden”, agregó, en relación con la alta polarización electoral, considerada la mayor desde la vuelta a la democracia, en 1990.

Boric, que nació en la sureña región de Magallanes y que antes de ser diputado fue un reconocido líder estudiantil, promete garantizar los derechos básicos universales y de las minorías, la libertad sexual e igualdad de género, y aumentar el rol del Estado en la economía y poner fin al sistema privado de pensiones, una herencia de la dictadura.

En la otra vereda, Kast es un exdiputado y abogado que durante su campaña se negó a calificar el gobierno de facto de Pinochet como una dictadura y se declara partidario de las políticas del mandatario brasileño Jair Bolsonaro.

Entre sus promesas de campaña, que moderó para este balotaje para captar el voto del centro, se destacan el orden y la seguridad y mantener el modelo neoliberal pinochetista cuestionado en las calles por las protestas de 2018.

Kast prometió cavar una zanja en la frontera para detener a los inmigrantes, oponerse al aborto y recortar impuestos.

Ambos candidatos moderaron sus discursos luego de la primera vuelta del 21 de noviembre, en la que Kast salió primero con 27,9% de los votos y Boric fue segundo con 25,8%.

En el último mes los dos postulantes sumaron a sus planes de gobierno propuestas de los candidatos de centroizquierda y centroderecha para alcanzar el necesario 50% más uno de los votos para convertirse en el sexto presidente desde el retorno a la democracia.

Los resultados de estas elecciones eran inciertos, ya que las últimas encuestas dieron triunfos tanto al candidato de izquierda como al de derecha, pero siempre en estrecho margen, por lo que la mayoría de los expertos esperaba un resultado muy ajustado.

Otra de las dudas era la cantidad de votantes, ya que el voto es voluntario en Chile, e históricamente asiste alrededor de 50% del padrón.

Al término de la votación, la prensa local especulaba con la posibilidad de que la concurrencia hubiera sido mayor que la de la primera vuelta del 21 de noviembre, cuando votó poco más de 47% del padrón.

El ganador de la jornada sucederá el próximo 11 de marzo de 2022 a Piñera, que fue el primero en emitir su voto en un colegio en Santiago.

“Es muy importante que todos participen; hoy se apaga la voz de los candidatos y se escucha la voz de la gente”, dijo el mandatario.

Kast recibió el apoyo de algunos de los candidatos de derecha o centroderecha que quedaron atrás en la primera vuelta, incluyendo el oficialista Sebastián Sichel.

Boric, por su parte, recibió el respaldo de la expresidenta Michelle Bachelet, quien actualmente es la más alta autoridad de la ONU en derechos humanos.

Bachelet votó en un barrio del noreste de Santiago y llamó al ganador del balotaje a tener “tranquilidad y amor por la Patria” y “buscar el diálogo con todos los sectores”.

“Nadie puede ser indiferente, porque la elección tiene que ver con el futuro de nuestro país”, agregó.

Estaban habilitadas para votar casi 15 millones de personas, que debieron respetar un estricto protocolo sanitario por el coronavirus, que contempló distanciamiento social y el uso de barbijo y alcohol gel dentro de los más de 2.800 centros de votación.

El futuro mandatario lidiará con un Congreso equilibrado entre fuerzas políticas de derecha e izquierda, y entre sus desafíos deberá llamar a los cuatro meses de su mandato a un plebiscito de salida para que los chilenos aprueben o rechacen el nuevo texto constitucional que está escribiendo la Convención Constitucional.

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Chile: gana la ultraderecha pinochetista pero habrá balotage con la izquierda

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El próximo Presidente de Chile se definirá finalmente en una segunda vuelta. En una calurosa jornada electoral, marcada por la masiva concurrencia ciudadana a las urnas, que incluyó extensas filas en los locales de votación hasta última hora, ninguno de los siete postulantes a La Moneda pudo obtener el 50% más uno de las preferencias que le permitiera liderar el país por los próximos cuatro años.

José Antonio Kast (Frente Social Cristiano) y Gabriel Boric (Apruebo Dignidad) se impusieron con las dos más altas mayorías y se enfrentarán nuevamente el próximo 19 de diciembre, cuando se realice el balotaje.

Con casi 50% del escrutinio de las elecciones nacionales en Chile, el candidato ultraderechista a la presidencia José Antonio Kast se mantenía hoy en el primer puesto, seguido por el aspirante de izquierda Gabriel Boric, quien achicó un poco la diferencia conforme avanzó el recuento, aunque aún estaba cuatro puntos porcentuales por debajo.

De confirmarse esta tendencia -que parece ya inamovible- ambos irán a un balotaje el 19 de diciembre próximo.

Esto marca un hito, ya que tanto Kast como Boric pertenecen a pactos que están fuera de las dos fuerzas políticas que, desde el retorno a la democracia en Chile, han liderado el país: exConcertación o Nueva Mayoría, y la Alianza o Chile Vamos, que en estos comicios se denominaron Nuevo Pacto Social y Chile Podemos Más.

Según los datos publicados por el Servicio Electoral (Servel) en su página web, escrutadas 23.270 mesas de un total de 46.639 (49,62%), el pinochetista Kast (Frente Social Cristiano) se alzaba con 932.252 votos (28,64%), mientras que Boric (Apruebo Dignidad) reunía 795.689 (24,44%).

Muy por detrás, marchaban el independiente de derecha Franco Parisi (13,60%), la centroizquierdista Yasna Provoste (12,36%), el derechista Sebastián Sichel (11,96%), el izquierdista Marco Enríquez-Ominami (7,57%) y el izquierdista Eduardo Artés (1,42%).

El candidato presidencial de la oficialista Chile Podemos Más -que responde a Sebastián Piñera-, Sebastián Sichel, fue el primero esta noche en reconocer su derrota en las elecciones presidenciales celebradas hoy cuando se conocía recién el 40% del escrutinio provisorio, y anticipó que se sentaría “a conversar” con el pinochetista Kast, quien marcha primero en el conteo.

Desde su comando electoral, Sichel admitió: “no nos fue bien (…) los chilenos decidieron que otras personas pasen a segunda vuelta presidencial”.

También dijo que llamó a Kast para felicitarlo por pasar a segunda vuelta y volvió a remarcar que en esa instancia no va a votar por el candidato de izquierda Gabriel Boric, quien marcha segundo en los cómputos y se perfila para disputar el balotaje.

“No voy a votar por Boric. No quiero que gane la extrema izquierda en Chile”, disparó el candidato que tenía apenas 11,9% de los votos en el conteo oficial.

Sichel añadió que con Kast tiene grandes diferencias programáticas, aunque que se sentará a conversar con él.

“He tomado la decisión de dar un paso al costado en la vida pública”, afirmó Sichel, quien no pudo revertir la baja aprobación pública del gobierno de Sebastián Piñera, de la misma fuerza política por la que se presentó a la elección.

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El fin del “piñerato” en Chile

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Por Álvaro Ramis, Le Monde Diplomatique. Cambio de ciclo político. ¿El término del segundo gobierno de Sebastián Piñera es también el final de su larga hegemonía sobre la derecha chilena? Control que se inició en 2005, cuando su candidatura presidencial logró pasar a la segunda vuelta presidencial desplazando a Joaquín Lavín, candidato de la Unión Demócrata Independiente (UDI). Dieciséis años después, la derecha puede cambiar de controlador: a manos de José Antonio Kast, el candidato subordinando al débil candidato piñerista Sebastián Sichel, quien, por su lado, no logra posicionarse producto de sus contradicciones y baja capacidad de convocatoria. ¿Qué está pasando en la derecha? ¿Cuál es el motivo de estos desplazamientos? ¿Qué implica para el futuro inmediato?

Para comprender este fenómeno es necesario volver a 1990, al inicio del gobierno de Patricio Aylwin, cuando la derecha chilena inició un largo camino por el desierto y una despiadada lucha interna entre facciones que buscaron controlar el sector, derrotado y reducido a su mínima expresión. Por un lado, la UDI avanzó rápidamente en sus posiciones, disolviendo al sector más militarista, ligado a Avanzada Nacional, y neutralizando también a la llamada “patrulla juvenil” de Renovación Nacional (RN) donde participaban Andrés Allamand, Alberto Espina y Sebastián Piñera, que aseguraba ser más liberal. Es el tiempo del “Piñeragate” o “Kiotazo” en Megavisión, que dejó a Piñera fuera de sus ambiciones presidenciales en 1992.

La UDI logró esa temprana hegemonía producto de dos factores: su privilegiado vínculo financiero con el gran empresariado, beneficiado por las privatizaciones realizadas en dictadura, y su fuerte implantación territorial, producto de su experiencia con alcaldes designados en municipios de todo el país. Joaquín Lavín logró liderar ese proyecto y convertirlo en una candidatura presidencial competitiva en 1999. La UDI logró así un éxito arrollador en las elecciones municipales de 1997 y Lavín quedó a 31 mil votos de diferencia de Ricardo Lagos en 1999. El problema es que no consiguieron capitalizar ese logro de forma definitiva. Se centraron en una propuesta “cosista”, efectista, y no supieron responder a una escala política mayor, con una propuesta de largo aliento. Lavín fracasó en su alcaldía de Santiago y no pudo exportar su gestión en Las Condes. Sebastián Piñera se supo mover estratégicamente, y logró en 2005 desplazar a Lavín de la segunda vuelta electoral frente a Michelle Bachelet. Aunque no triunfó supo posicionar un nuevo proyecto que prometía una derecha viable, capaz de romper con el peso muerto de la dictadura, y a la vez centrarse en el crecimiento neoliberal de la economía como consigna y programa. En 2009 este diseño le permitió ganar la presidencia, y con las mismas ideas y el mismo esquema estratégico, le devolvió al poder a fines de 2017. De esta forma es posible hablar de un largo ciclo 2005-2021 de la derecha chilena, un extenso “piñerato”, un singular modelo de liderazgo político liberal-conservador, con una cultura patrimonialista de la gestión del Estado, que evidencia una fase de ruptura y continuidad de la derecha chilena, marcada por la singular personalidad de Piñera.

La lógica del piñerato

Este largo piñerato no hubiera sido posible sin la alianza con actores claves de la UDI, como Andrés Chadwick y Cristián Larroullet, que aceptaron su liderazgo, y controlaron el “alma” de la UDI, subordinándola disciplinadamente a su conducción. Pero a la vez Piñera fue apartando sus primeros ánimos liberales y se fue subordinando cada vez más a la lógica política UDI. A partir del movimiento estudiantil de 2011, el piñerato se convirtió en un modo de gobernar cada vez más autoritario, inmediatista, controlador, reactivo. Esta lógica se exacerbó en su segundo mandato, llegando a su extremo desde el 18 de octubre de 2019 en adelante.

El piñerato puede definirse como el gobierno de un empresario al que sus adherentes le han perdonado todo (su inconsistencia ética, su falta de carisma, sus permanentes conflictos de interés, su incontinencia lucrativa, la volubilidad y oportunismo de sus decisiones, su incompetencia cultural) en razón de su reconocida capacidad de gestión. El gerente Piñera ha justificado, para sus votantes, al escuálido gobernante. El gestor eficaz y el administrador eficiente de las pocas tareas y roles que sus electores radican en el Estado ha validado su precario liderazgo público. Esto ha sido efectivo cuando se ha tratado de tareas netamente ejecutivas, como la vacunación o el rescate de los mineros en 2010. Pero ha sido un desastre en todas las áreas en las que se exige una gestión política basada en acuerdos y sentido de Estado.

De alguna manera este estilo de gobierno se fue volviendo cada vez más intolerable para la gran mayoría, pero de un modo progresivo. Poco a poco incubó los efectos de una crisis mayúscula. A su llegada al poder en 2010 Piñera desencadenó las enormes movilizaciones estudiantiles y regionales de 2011 y 2012, proceso que aceleró el fin del binominalismo con la irrupción de nuevas fuerzas políticas. Y esa misma forma de gobernar catalizó los hechos inmediatos que generaron el estallido social de 2019. Sería injusto afirmar que Piñera y su forma de gestión gubernamental originaron la rebelión, en sus causas más ondas. De alguna forma ya en 2010, al instalarse en el gobierno, Piñera estaba sobre un polvorín bajo sus pies. La Constitución vigente y la racionalidad neoliberal de los “30 años” ya estaban como un enorme sustrato explosivo de la sociedad. Pero en lo que no hay duda es que el piñerato fue la chispa que encendió el polvorín.

Es importante pensar que este proceso fue más allá de la persona de Piñera, ya que el piñerato es también el estilo de gobierno de sus ministros y funcionarios, que hicieron todo lo posible para que estallaran todas las cargas dinamiteras que se podían hacer estallar: la ministra Cubillos lo hizo con la ley aula segura, persiguiendo a los estudiantes secundarios. La ministra Hutt al elevar en $30 pesos el pasaje de metro sin ponderar los efectos de esa pequeña medida. El ministro Larraín que invitaba a comprar flores porque habían bajado de precio en tiempo de alzas. El ministro Fontaine que invitó a “madrugar” para ahorrar en el metro. Todas estas anécdotas fueron pequeñas chispas de un largo proceso de ofuscación de la ciudadanía que se incubó desde 2010, y aceleró la deslegitimación radical del sistema constitucional mismo.

¿Sustitución de liderazgo?

En las elecciones del 21 de noviembre se pueden dar dos escenarios dentro de la derecha: Sichel podría pasar a segunda vuelta sobre la base de una votación disciplinada que los partidos que le apoyan logren generar. En ese caso el “piñerato” continuaría, muy debilitado y cuestionado, pero se podría augurar que el grupo de poder que está actualmente en La Moneda mantendría el control fundamental de ese sector por algún tiempo más.

El otro escenario es que José Antonio Kast pase a segunda vuelta. Ello representaría un cambio de conducción en la derecha de enormes consecuencias, equivalente al triunfo de Donald Trump sobre los líderes históricos del partido republicano en Estados Unidos en 2015. Como señala Daniel Innerarity: “Estábamos centrados en la crisis de la socialdemocracia y quienes realmente se encuentran en una encrucijada crítica son los conservadores, hostigados por la extrema derecha y al mismo tiempo seducidos, a falta de mejores ideas, por su cacharrería ideológica” (1). Este efecto es el que explica a Kast. La crisis del “piñerato” es la expresión de una falta de proyecto teórico y práctico, que ante el vacío se está dejando llevar por las “convicciones” duras y recalcitrantes de la ultraderecha. Es el ascenso de una derecha testosterónica, para la cual cualquier manifestación de duda, debilidad o incertidumbre le parece una prueba de incompetencia.

¿Kast encarna un proyecto fascista? No lo es plenamente en este momento, pero sí lo es en potencia. Para que lo fuera necesitaría salirse de las reglas del juego democrático, y acudir a la violencia explícitamente. Lo más probable es que su diseño estratégico y sus posibilidades tácticas no le permiten ese tipo de acciones en este momento, pero si Kast alcanza el poder del Estado seguramente derivaría rápidamente hacia prácticas fascistas. Lo que le caracteriza en el presente es su alineamiento con la ultraderecha actual, a escala internacional: el rechazo al saber experto, al liderazgo compartido y a la idea de comunidad global.

Si se concreta el sorpasso de Kast a Sichel la más directa afectada sería la UDI, que tendería a ceder sus espacios de poder hacia el Partido Republicano. Para RN se abriría una crisis importante, tal vez una escisión entre un ala encabezada por Mario Desbordes que no conjuga con una alianza con Kast y los sectores ligados a su actual presidente Francisco Chahuan que no van a dudar en buscar pactos con los republicanos. Evopoli, el tercer partido de la derecha piñerista, también entraría en una crisis existencial que no tendría solución colectiva, sino más bien disímiles posturas individuales entre sus militantes. Pero las consecuencias de este cambio, a mediano y largo plazo, se sentirían al modo de un terremoto político para todo el espectro. Una ultraderecha orgánica, al mando de la ya radicalizada derecha chilena, pondría al país en el concierto de los debates que entrampan a otros países, como el Brasil de Bolsonaro, y ante los dilemas que plantea el auge de VOX en España, Eric Zemmour en Francia o AFD en Alemania. En síntesis, los sectores de centro derecha, incluso del centro político deberán optar por llegar a acuerdos con esta nueva fuerza hegemónica en la derecha, o aplicar un cordón sanitario que le aísle y le contenga. El resultado del 21 de noviembre dará pistas al respecto.

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Diputados de Chile aprueban someter a Piñera a juicio político

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La Cámara de Diputados de Chile aprobó hoy la admisibilidad de la acusación constitucional contra el presidente Sebastián Piñera, luego que la investigación periodística de los Pandora Papers revelara un posible conflicto de intereses en la venta de una mina por parte de su familia.

Tras 22 horas de una maratónica sesión que incluyó un discurso récord de 15 horas del diputado socialista Jaime Naranjo para asegurar así el voto de un legislador cuya cuarentena por coronavirus expiraba a las 0:00 de hoy, los impulsores de la medida lograron los 78 votos necesarios para que este pedido sea revisado y votado por los senadores.

En la Cámara alta, la oposición necesita dos tercios para destituir al mandatario, lo que requiere convencer a cinco senadores del oficialismo, algo que a menos de dos semanas de las elecciones presidenciales parece poco probable.

La acusación surgió tras la investigación conocida como Pandora Papers, que en el caso de Piñera detalló la compraventa del proyecto minero-portuario Dominga que la familia de Piñera y su esposa, Cecilia Morel, hizo con su amigo Carlos Alberto Délano en 2010 a través de un paraíso fiscal.

Además de este procedimiento considerado “acusación constitucional”, que permite a los parlamentarios decidir el futuro del mandatario, el Ministerio Público abrió una investigación judicial contra Piñera por “posibles delitos tributarios y de cohecho” en la venta del megaproyecto minero.

En los últimos 40 años, Piñera estuvo involucrado en una serie de escándalos empresariales, aunque nunca fue condenado.

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La Justicia chilena abrió un proceso penal contra Piñera por los Pandora Papers

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La Justicia chilena aceptó hoy la apertura de un proceso de investigación penal contra el presidente Sebastián Piñera debido a la publicación de los Pandora Papers sobre negocios en paraísos fiscales que lo involucra, mientras se debate la posibilidad de que sea sometido a un juicio político a solo meses de las elecciones y del fin de su mandato.

“El Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago admite a tramitación la querella interpuesta por el abogado Luis Rendón contra Sebastián Piñera”, informó en un comunicado el Poder Judicial de Chile.

El mandatario está acusado de participar en la venta de la empresa minera Dominga a través de un paraíso fiscal en las islas Vírgenes Británicas en 2010, mientras ejercía su primer mandato, lo que supondría un conflicto de intereses, que Piñera no obstante descartó.

Luis Mariano Rendón, un abogado y activista ecológico, interpuso formalmente una querella en la que lo acusa del delito de “negociación incompatible” ya que “el imputado tenía interés objetivo en que el negocio se concretase en plenitud, tanto por la parte vendedora como de la compradora”.

“Resulta fundamental que los hechos conocidos sean investigados a fondo y es importante que exista un querellante porque las investigaciones de oficio de Fiscalía han demostrado no dar las garantías necesarias”, afirmó Rendón en una conferencia de prensa citada por la agencia de noticias Sputnik.

Pero en paralelo, la Fiscalía también abrió hoy una investigación penal en su contra por la venta de la Minera Dominga por parte de una empresa de sus hijos, operación por la que apareció en los Papeles de Pandora, que el Gobierno repudió horas más tarde.

“El fiscal nacional Jorge Abbott, con fecha de hoy, 8 de octubre, ha decidido abrir de oficio una investigación penal por los hechos asociados a lo que se ha conocido como los ‘Pandora Papers’ y que en definitiva tienen relación con la compraventa de la minera Dominga, que estuvo vinculada a la familia del presidente Piñera”, informó la jefa anticorrupción de la Fiscalía, Marta Herrera.

Herrera indicó que “el fiscal nacional ha tomado esta decisión atendido que en su momento los antecedentes podrían revestir caracteres de delito de cohecho, con su correlato de soborno, y eventuales delitos tributarios, materias que en definitiva serán todas objeto de una investigación”.

La pena por cohecho conlleva cinco años de prisión, precisó Herrera, quien agregó que dada “la gravedad de los hechos investigados”, la causa estará a cargo de una fiscal regional, en vez de uno local. Abbott designó a Claudia Perivancich, de la región de Valparaíso.

El Gobierno rechazó enfáticamente la medida por considerarla “difícil de comprender”.

“Respecto a la decisión anunciada por el Ministerio Público de iniciar una investigación sobre la compraventa de Minera Dominga, realizada en el año 2010, la Presidencia de la República reitera que existe un pronunciamiento de las máximas autoridades del Poder Judicial en relación a que los hechos investigados no constituyen delito y a la inocencia del presidente Sebastián Piñera”, indicó el Gobierno en un comunicado que recoge el diario local La Tercera.

Además, la Presidencia insistió en que “nada de esto ha cambiado y no existe ningún elemento distinto”.

“Los antecedentes de la venta de la participación de Minera Dominga, en la cual miembros de la familia del presidente -al igual que muchos otros inversionistas- tenían una participación indirecta y no controladora, están incluidos en la carpeta de investigación, mediante correos electrónicos y del documento denominado ‘Acuerdo’, tanto en forma digital como impresa”, añadió.

Estos argumentos se relacionan con la consideración de la Fiscalía de que “el contrato en inglés, suscripto en Islas Vírgenes Británicas, no estaba incorporado en la investigación de ese tiempo, por lo que es un antecedente nuevo” y de que “los hechos relacionados con la compraventa de la minera no está expresamente incluidos en la decisión” anterior del Poder Judicial.

En medio del escándalo desatado por la investigación periodística conocida como Pandora Papers, el mandatario afirmó el pasado lunes que en la venta de la minera “se cumplió estrictamente con las reglas tributarias de Chile”, que la operación no le fue “consultada” y que en la venta “se pagaron todos y cada uno de los impuestos”.

Sin embargo, la investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) reveló que una de las condiciones para realizar la transacción era que el terreno donde se emplazaba el proyecto no fuera declarado reserva natural, una decisión que en Chile depende del mismo presidente.

Piñera alegó que nunca supo de esta transacción y que al asumir el cargo entregó todas sus empresas a un fideicomiso ciego para evitar eventuales conflictos de interés.

Además del frente judicial, la bancada de diputados de oposición anunció que la próxima semana presentará una acusación constitucional (juicio político) en su contra.

Si bien el texto todavía no está redactado, el diputado socialista Jaime Naranjo. explicó que “los motivos y fundamentos de esa acusación van a estar basados por haber infringido el principio de probidad y por comprometer gravemente el honor de la patria”.

El presidente de la oficialista Unión Demócrata Independiente (UDI), Javier Macaya, en tanto, rechazó hoy la iniciativa.

“No se trata de mirar para el techo, pero ojalá podamos ser serios cuando uno dice algo de suma gravedad como destituir al presidente de la República”, refirió en diálogo con el canal local CNN Chile.

Respecto a la votación de la Cámara baja, Macaya adelantó que “la suerte está un poco echada”.

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