Política

Milei cuestiona a periodistas y redefine el vínculo con los medios

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El presidente Javier Milei difundió un extenso mensaje en el que cuestionó el rol de periodistas y medios de comunicación, al tiempo que reafirmó una decisión central de su gestión: la eliminación de la pauta oficial. La publicación, realizada en sus redes, se inscribe en un contexto de confrontación creciente con actores del sistema mediático y plantea una redefinición explícita del vínculo entre el Gobierno y la prensa.

El mandatario sostuvo que “nunca en la historia argentina hubo tanta libertad de expresión como hoy”, pero rechazó la idea de que ese derecho implique “decir cualquier cosa sin consecuencias”. En esa línea, planteó que parte del periodismo confunde libertad con impunidad y defendió la necesidad de que quienes comunican asuman responsabilidades por sus afirmaciones.

Libertad de expresión y financiamiento

El planteo presidencial se apoya en dos ejes: la concepción de la libertad de expresión y el esquema de financiamiento de los medios. Por un lado, Milei propone una interpretación en la que el ejercicio de ese derecho está condicionado por la responsabilidad individual. Por otro, cuestiona la estructura de sostenimiento económico del sector, particularmente el rol de la pauta oficial.

Según lo expresado, el Gobierno nacional eliminó ese mecanismo de financiamiento, lo que —de acuerdo al Presidente— debería derivar en un sistema donde los medios se validen en el mercado. Sin embargo, señaló que la persistencia de pauta en niveles subnacionales distorsiona ese proceso, al sostener medios “artificialmente”.

Sin pauta y con confrontación directa

La decisión política ratificada es clara: no habrá pauta oficial desde la administración nacional. Milei aseguró que, mientras su gobierno continúe, no se restablecerán esos fondos y descartó cualquier esquema de financiamiento indirecto.

En paralelo, el Presidente anticipó una estrategia de confrontación discursiva: “vamos a contestar cada una de sus mentiras, operaciones e injurias”, afirmó, marcando un cambio respecto a modelos anteriores de relación más institucionalizada con el sistema de medios.

Este enfoque implica un doble movimiento: retiro de recursos económicos y aumento de la disputa pública narrativa.

El mensaje reconfigura el equilibrio entre el poder político y los medios. Por un lado, fortalece la posición del Ejecutivo en su narrativa de eliminación de privilegios y ajuste del gasto estatal. Por otro, coloca a los medios —especialmente aquellos con dependencia de pauta pública— en una situación más expuesta.

La lógica planteada por Milei traslada la validación de los medios al mercado y a la audiencia, lo que, según su visión, debería “depurar” el sistema. Sin embargo, también incrementa la tensión con sectores periodísticos que interpretan estas declaraciones como un cuestionamiento directo a su rol.

El planteo presidencial sugiere una transición hacia modelos basados en audiencias y mercado, aunque reconoce que la continuidad de pauta en otros niveles de gobierno podría amortiguar ese cambio.

Mercado, política y narrativa

El posicionamiento de Milei abre varios frentes a observar: la reacción del sistema mediático, la eventual replicación de políticas de ajuste en pauta a nivel provincial y el impacto en la calidad y diversidad informativa.

También queda en juego cómo evolucionará la relación entre el Gobierno y los medios en términos institucionales, en un contexto donde la confrontación pública se vuelve un componente central de la estrategia política.

El posteo de Milei

SOBRE LOS “PERIODISTAS” Hay un fenómeno muy recurrente en los periodistas argentinos, o entre aquellas personas que dicen ejercer el periodismo, que es que ante la primera crítica que reciben acusan censura y violaciones a la libertad de expresión. Déjenme decirles un par de cosas así saldamos esta discusión. En primer lugar nunca en la historia argentina hubo tanta libertad de expresión como hoy. Un error que suelen cometer los periodistas es creer que libertad de expresión significa decir cualquier cosa sin ningún tipo de consecuencia. Eso no es libertad de expresión. La libertad exige responsabilidad. Reclamar un supuesto derecho a poder decir lo que se les antoje sin consecuencias es reclamar el privilegio de poder seguir viviendo en la torre de marfil en la que vivieron durante muchos años. Sin embargo, la Argentina de los privilegios de ha terminado. Todos debemos hacernos responsables de nuestros actos. Hoy les toca enfrentarse a un ciudadano que llegó a Presidente y no le debe nada a nadie más que cumplir el mandato de cambio que nos dio el país, y que no tiene miedo de decir un par de verdades incómodas aunque a muchos privilegiados les duela. En segundo lugar, en un mercado verdaderamente libre, sería la propia sociedad la que se encargaría de limpiar el sistema mandando a la quiebra a aquellos medios que publican falsedades, operaciones e injurias de manera constante, porque la gente no es idiota, a diferencia de lo que algunos medios creen. Pero el sistema de medios en Argentina no es libre. En tanto y en cuanto la mayoría de los medios de comunicación sigan viviendo de la pauta oficial de algún gobierno subnacional ya que nosotros hemos eliminado la pauta, los mecanismos de corrección del mercado no funcionan ya que se sostienen artificialmente al servicio del interés de algún político. Es exactamente lo mismo que sucede con las empresas que subsisten gracias a la prebenda estatal y reclaman poder seguir cazando en el zoológico. En esencia, lo que la mayoría de los periodistas reclaman no es libertad de expresión. Es poder vivir sin hacerse cargo de las consecuencias de las cosas que dicen y que encima la factura la pague el pagador de impuestos. Privilegios y pauta. Ese es el verdadero reclamo de algunos periodistas. Quiero que sepan que mientras nosotros tengamos el honor de seguir conduciendo los destinos de nuestro país, no van a obtener ni privilegios ni pauta (al menos no de nuestra parte). Vamos a contestar cada una de sus mentiras, de sus operaciones y de sus injurias, y tendrán que hacerse responsables de las cosas que dicen como cualquier ciudadano de a pie. Se acabó la Argentina con ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Todos somos iguales ante la ley, todos debemos hacernos cargo de nuestras acciones y de la misma manera que los empresarios tienen que aprender a competir en una economía cada día mas abierta, los periodistas tienen que aprender a hacerse cargo de sus palabras. VIVA LA LIBERTAD CARAJO…!!!

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La política también tiene que dar el paso

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Pascua es paso.

Pero no alcanza con decirlo.
Hay que animarse a hacerlo.

Hoy, el desafío de la política misionera no es explicar lo que hizo,
sino demostrar hacia dónde va.

Y ese rumbo exige un movimiento claro:
menos distancia y más territorio,
menos soberbia y más humildad,
menos fragmentación y más equipo,
menos discurso y más escucha.

Porque cuando la política se aleja, pierde sentido.
Y cuando pierde sentido, pierde rumbo.

El primer paso es volver al territorio.
No para la foto.
Para entender.

Entender cómo se produce, cómo se vive, qué falta, qué duele y qué funciona.
Ahí está la política real, no en los papeles.

El segundo paso es recuperar la humildad.
La política no sabe todo.
Y cuando cree que sabe todo, deja de escuchar.

Gobernar también es aprender.
Aprender de quienes todos los días sostienen la vida sin micrófono.

El tercer paso es romper la lógica de compartimentos.
Los problemas no vienen separados por áreas.
La vida no se organiza en ministerios.

O trabajamos en equipo, o llegamos tarde.

Y el cuarto paso es escuchar en serio.
No para responder mejor.
Para decidir mejor.

Porque muchas de las respuestas que buscamos
ya están en nuestros territorios.

La agricultura familiar lo muestra con claridad:
cuando hay cercanía, hay organización;
cuando hay organización, hay producción;
y cuando hay producción con sentido, hay futuro.

Por eso, si Pascua es paso,
la política no puede quedarse quieta.

Tiene que moverse.
Tiene que acercarse.
Tiene que ordenar.

Y sobre todo, tiene que volver a mirar a los ojos.

Porque el futuro no se construye desde arriba.
Se construye desde el territorio.

Y ese es el paso que todavía tenemos que dar.

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“La comunicación no hace magia”: Mariana Angerosa y el detrás de escena del poder

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En tiempos donde la política atraviesa una crisis de credibilidad sostenida y la conversación pública se fragmenta en múltiples pantallas, la comunicación dejó de ser un complemento para transformarse en una herramienta central del poder. Pero también en un terreno donde los errores se amplifican y quedan expuestos con mayor velocidad. Mariana Angerosa, comunicadora política y estratega digital, lo plantea sin rodeos: hay límites que ninguna estrategia puede atravesar y hay crisis que no se pueden esconder.

En diálogo con Open1017, en el marco de la presentación de su libro “¿Quién nos asesora?”, Angerosa propone mirar la política desde un lugar menos visible, ese detrás de escena donde se toman decisiones que muchas veces explican tanto los aciertos como los papelones públicos. “El libro son 20 historias de comunicación política… se cuentan desde el humor distintas situaciones del detrás de escena”, explicó, al tiempo que remarcó que esas dinámicas no son exclusivas de la política, sino que también atraviesan empresas, pymes y marcas personales.

La elección del humor como recurso no es casual. En un contexto de apatía social y saturación informativa, Angerosa encontró allí una forma de romper barreras y volver a conectar con la audiencia. “En un momento de tanto desánimo… encontré siempre en el humor una forma de vencer esa barrera y poder dar mi mensaje”, sostuvo.

Desde esa experiencia, su diagnóstico sobre la comunicación política actual es tan claro como incómodo. Muchas veces, explica, se intenta resolver con discurso lo que en realidad es un problema de gestión o de conducta. “Si vos hiciste una estafa, no hay comunicación que te pueda salvar”, afirmó, marcando un límite estructural que suele ignorarse. En esa misma línea, advierte que “hay cosas que la comunicación no puede sola”, una definición que desarma la idea de que todo puede corregirse con una buena estrategia.

Ese límite se vuelve especialmente visible en contextos de crisis, donde -según su mirada- los errores se potencian cuando no se reconoce el problema a tiempo. Al analizar el escenario del Gobierno nacional y el rol del vocero Manuel Adorni, Angerosa es directa: “Creo que lo primero que hay que definir… es que estaban en una crisis”. A partir de allí, cuestiona la forma en que se gestionó la exposición mediática: “No necesariamente tenía que salir Adorni a defenderse… lo expusieron en un montón de programas y creo que lo dejaron solo en ese momento”. Incluso la reacción posterior, con un respaldo generalizado del oficialismo, habría sido contraproducente: “Después salieron todos en tándem a bancarlo y creo que eso fue lo que lo debilitó más”.

El problema, según su lectura, es más profundo: la crisis no se cerró. “Que pase una semana y sigan los rumores… es una crisis que no se cerró bien”, señaló, al tiempo que dejó una definición clave para entender el fenómeno: “Las crisis no decide uno cuándo se cierran, lo deciden los medios o la sociedad”.

En ese mismo análisis aparece otro patrón recurrente: la negación como estrategia. “Es una de las pistas que te da que estás en crisis y que no la estás manejando bien”, sostuvo, en referencia a los intentos de minimizar conflictos o evitar reconocer errores. Y en el caso del gobierno libertario, agregó un elemento de mayor peso político: la ruptura de su narrativa original. “Se rompió el mito fundacional… que era ir contra la casta”, explicó, subrayando el impacto que tiene la incoherencia en la percepción social.

Sin embargo, Angerosa no se limita a la crítica. También reconoce experiencias exitosas en la política argentina. “El gobierno de Cristina fue impresionante la comunicación que tuvo, siempre marcando la agenda”, destacó, al recordar cómo atravesó crisis complejas como el conflicto con el campo o el caso Nisman. En la misma línea, valoró la estrategia del macrismo y del Frente de Todos en sus inicios: “El macrismo tuvo una muy buena comunicación… el Frente de Todos también al principio, hasta la foto de Olivos”. Pero vuelve a marcar el límite: “No hay nada que la comunicación pueda hacer si no lo hace la política”.

En el plano internacional, su mirada sobre Donald Trump permite entender otro modelo de comunicación: el de la saturación permanente. “Es que la agenda de los demás no tenga ni un segundo de descanso, estás todo el tiempo atacando”, explicó. Sin embargo, advierte que estos estilos no son replicables automáticamente. “Trump hay uno solo, Milei hay uno solo… estos liderazgos surgen cuando hay un caldo de cultivo que lo permite”, afirmó, desarmando la idea de que existe una fórmula universal. Incluso señala tensiones entre discurso y realidad: “Dice ‘ganamos la guerra’ y no está sucediendo en la realidad”, apuntó sobre el expresidente estadounidense.

Para explicar cómo se gestiona una crisis de manera más integral, Angerosa menciona el caso de la marca Balenciaga, que tras una campaña polémica debió combinar disculpas públicas con acciones concretas de reparación para recuperar legitimidad. El ejemplo refuerza su idea central: la comunicación por sí sola no alcanza si no hay hechos que la respalden.

En ese contexto, la dimensión emocional del voto aparece como un factor decisivo. “Si a vos no te mueve una fibra eso que estás comunicando, no le va a llegar a nadie”, explicó. Y fue más allá: “El voto racional es el voto duro… al indeciso lo movés con las emociones”. Una definición que conecta directamente con el escenario actual, donde la política disputa atención en entornos cada vez más fragmentados.

Las redes sociales, en ese sentido, imponen nuevas reglas. “La gente se pasa cuatro horas en redes… pero no se acuerda de nada”, reflexionó, graficando la dificultad de construir mensajes duraderos en un contexto de consumo fugaz. Por eso insiste en que el diferencial no está en copiar estilos, sino en construir identidad. “Nadie vota algo que no siente familiar y que no conoce”, sostuvo.

Esa lógica también atraviesa su forma de trabajar. Angerosa no oculta que selecciona los proyectos en los que participa y que prioriza perfiles con convicción. “No trabajo con políticos de relleno… quiero políticos que tengan ambición de poder porque creen en lo que quieren hacer”, afirmó, marcando una línea clara entre estrategia y contenido político.

En definitiva, “¿Quién nos asesora?” funciona como una radiografía del sistema político desde su dimensión menos visible. “Mostrar que del otro lado hay un montón de decisiones que se toman… algunas se ven y otras no”, resumió.

En un escenario donde la política compite por atención en medio del ruido digital, la advertencia de Angerosa es contundente: la comunicación puede amplificar, ordenar o incluso disimular, pero nunca reemplazar lo esencial. Porque, al final del día, la credibilidad no se construye con slogans ni con apariciones mediáticas, sino con algo mucho más básico -y mucho más difícil- que una estrategia: la coherencia entre lo que se dice y lo que efectivamente se hace.

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Aberrante accionar geopolítico de Libertarios y secuaces

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Respecto a la Política Exterior del actual gobierno de Argentina, cabe, definirla más bien como la anti geopolítica, con evidente carencia total de la más elemental dosis de patriotismo.

Subordinarse explícita y vergonzosamente a los dictados de potencias extranjeras, es carecer por completo de Política Exterior Nacional. Y eso es cipayaje explícito de la peor calaña.

En más de dos siglos de vida nacional, pese a haber soportado más de un gobierno nefasto, antinacional, cargados ellos de racismos implícitos o explícitos, destructores intencionales de la Patria, e incluso cerradamente unitarios que despreciaron la integridad territorial; el (des)gobierno libertario, excede con creces las negatividades y corruptelas de los gobiernos cipayos y antinacionales que marcaron negativamente amplios períodos de nuestra tumultuosa historia; la cual también tuvo períodos y gobiernos claramente patriotas.

Cabe citar entre los peores ejemplos a Rivadavia, Urquiza, Mitre y sucesores, los de la infame década del ’30 (del siglo XX), el gorilismo militaroide patriotero de la revolución fusiladora y sus continuadores proceseros, los neoliberales noventistas (Menem – De La Rúa), y el endeudador e industricida gobierno macrista; pese a todos los inmensos daños que esa caterva de personajes nefastos cometió, el muy negativo accionar de neoliberales y libertarios (con varios perpetradores que se repiten en sucesivos gobiernos), supera ampliamente los prontuarios nefastos y antinacionales de los citados gobiernos que tantos daños nos han causado.

El accionar de vergonzosa e impresentable postura de sumisión total a los dictados del Bloque Atlantista, en particular a los objetivos de política exterior de EEUU y sus aliados directos, y dentro de ello la subordinada actitud con caracteres felpúdicos -que tan abiertamente opera el histriónico presidente de muy dudoso equilibrio mental-, respecto al agresivo y voluble accionar de Trump y el establishment de caracteres neoimperiales, es vergonzoso y ofende al Ser Nacional.

Acompañar y fogonear esas acciones de neo imperialismo por parte de nuestro gobierno nacional actual, pisotea en forma infame el accionar señero de la Política Exterior Argentina, que supimos tener.

Esa trayectoria positiva de la diplomacia nacional se caracterizó en amplios períodos de nuestra historia, por el marcado pacificismo, la neutralidad y la defensa de principios elementales de soberanía y de dignidad nacional, y el respeto al ser humano; fue una constante, solo transgredida en algunos períodos de gobiernos de acentuado perfil ultra liberal, en los que las minorías apátridas gustosamente se subordinaron a los designios de los principales poderes imperiales de turno, con el miserable “proceso” y los impresentables períodos del menemato y el delarruato, en el último medio siglo, como los recientes peores ejemplos.

Caben destacar el patriótico accionar de Julio Argentino Roca, que en su segundo período presidencial, evitó la guerra contra Chile, que hubiera dejado lamentables odios insalvables a ambos lados de la cordillera; el señero accionar del Canciller Carlos Saavedra Lamas como factor fundamental para dar fin a la absurda guerra fratricida entre Bolivia y Paraguay (Guerra Del Chaco); la neutralidad argentina en las dos Guerras Mundiales, pese a las presiones muy fuertes de los anglosajones y sus aliados, para que aportemos nuestra “debida” cuota de carne de cañón, en dos enormes conflictos de los que no éramos parte involucrada. Claro que al final de la Segunda Guerra Mundial, bajo fuertes presiones de los aliados ya a punto de ganar, Argentina como mera formalidad diplomática declaró la guerra al Eje, e incluso se llegaron a aprontar tropas (mi propio padre fue uno de los convocados, seguramente por sus conocimientos en telegrafía, y por egresar del Servicio Militar como Dragoneante).

Sucesivos conflictos desde los años ’50 (Corea, el polvorín de Medio Oriente, Vietnam, y otros) fueron períodos en los que mantuvimos la neutralidad, e incluso fuimos factores impulsores de la paz.

No fue detalle menor que, en la década peronista, como formalización doctrinal de la necesaria neutralidad, se creara e impulsara la Doctrina de la Tercera Posición, que fuera uno de los pilares del Movimiento de Países No Alineados, que fuera importante en las décadas del ’50 y ’60.

Décadas después, como uno de los fundamentos de su Cuarta Doctrina Política, Alekxandr Dugin, se basó en los valiosos antecedentes de la Tercera Posición. Y fue ese filósofo el principal intelectual cuyas elucubraciones fueron base del accionar que evitó el desguace de Rusia en la era post Unión Soviética; en un complejo proceso que, entre otros cambios profundos, pasó del anti-teísmo dogmático de la URSS, al renacer de la Iglesia Ortodoxa como uno de los pilares del nacionalismo ruso. Tuve el gusto de escuchar a Dugin, en una disertación en Buenos Aires, hace algunos años.

No son temas menores considerar que la población argentina, entre sus múltiples incorporaciones migratorias, recibió a importantes contingentes de sirios y libaneses, que ingresaron con pasaportes turcos; y también mucha población de orígenes judíos, la mayoría proveniente de naciones eslavas; todos ellos positivamente integrados al mosaico de orígenes de nuestra población.

Como dato tal vez poco conocido, al término de la Segunda Guerra Mundial, Argentina recibió fraternalmente a un barco repleto de inmigrantes de orígenes hebreos, que se integraron a nuestra población. Otros países se habrían negado a recibir a esos migrantes, posiblemente por los costos económicos que esa solidaria acción representaba.

Volviendo al eje del tema, la altiva neutralidad de Argentina fue parte del accionar pacifista mundial, para intentar la paz en el conflictivo Medio Oriente.

Pero después, el neoliberal (y por ende apátrida) menemato, pisoteando nuestra neutralidad, nos involucró absurdamente en la agresión contra Iraq, comandada por la OTAN.

Vendrían después las explosiones con dolorosos saldos de víctimas, en la embajada de Israel y en la AMIA, cuyos reales perpetradores tal vez nunca se terminen de definir con contundentes pruebas. Parecería que las “pruebas” que involucrarían a Irán en esos atentados, están “algo flojas de papeles”, y no se termina de entender que rédito real podría haber buscado la nación persa en esos hechos.

Actualmente, el accionar genuflexo del gobierno libertario hacia las potencias de la OTAN y sus aliados; con el presidente que no da muestras de mantener la necesaria mesura y equilibrio de conducta que su alta investidura debería imponer, pretende involucrarnos en la guerra en curso “in crescendo” en Medio Oriente, en la cual no tenemos nada que ver ni nada que ganar -y mucho para perder- con esa impostada agresividad, que más bien parece una actitud de desquiciados totales, de un gobierno que evidencia odio y desprecio hacia el propio pueblo; y un enfermizo accionar destructivo de nuestra patria.

El propio presidente, en una entrevista televisada, expresó con exaltada fruición, que es el topo (infiltrado), que vino a destruir al Estado Argentino. Cabe enfatizar que SIN ESTADO NO HAY NACIÓN, Y SIN NACIÓN NO HAY PATRIA.

Entre tantas aberraciones que libertarios y secuaces perpetran día a día, algo tan grave como esa insólita confesión de las apátridas intenciones destructivas del Ser Nacional, pasó casi desapercibida.

Claramente, de mínima, buscan involucionarnos al perimido e inviable país – colonia, de estructura semi feudal, que éramos a fines del siglo XIX; pero de máxima, pretenden implosionarnos para hacer desaparecer a la República Argentina. 

Y repitiendo el infame accionar que se pretendió imponer en la crisis terminal de 2001-2002, el establishment antinacional evidencia buscar forzar el canje de deuda por territorio, amenazando especialmente a nuestra querida Patagonia Argentina.

¡Que Dios nos proteja y nos de fuerza y coraje para evitar tan malvados y aberrantes objetivos anti argentinos!

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Del PRO al oficialismo: una decisión que expone la crisis de las terceras vías

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La salida de Gustavo Velázquez del PRO y su incorporación al oficialismo provincial reaviva el debate sobre el modelo misionerista, el federalismo real y el impacto de la macroeconomía nacional en las economías regionales.

El escenario político de Misiones volvió a moverse. La decisión de Gustavo Velázquez, excandidato a intendente y concejal por el PRO en Oberá, de abandonar las filas del partido amarillo para incorporarse al oficialismo provincial no es un hecho aislado: es una señal de época. Hace poco hizo lo propio el intendente de Concepción de la Sierra.

Velázquez explicó su pase con una definición que resume el debate de fondo. Reivindicó el modelo misionerista y cuestionó con dureza la política económica nacional del presidente Javier Milei, a la que responsabilizó por la recesión y la caída del consumo. “Si el modelo provincial fuera fallido, Misiones sería una provincia dependiente del empleo público como tantas otras. Acá es el sector privado el que empuja”, afirmó en una nota publicada por Misiones Opina.

El planteo apunta al corazón del conflicto actual: mientras Nación ajusta y recentraliza, Misiones sostiene un esquema propio, con herramientas de alivio para el comercio y la producción. Programas como Ahora Misiones, el Boleto Educativo Misionero o el acompañamiento salarial a través del FOPID aparecen, en este contexto, como un dique de contención frente a una macro, ordenada en los papeles, pero que golpea con una fuerza brutal en el interior.

Velázquez también cuestionó a una oposición que, según señaló, “milita la crisis desde las redes” sin hacerse cargo del origen del problema. En ese contraste, comparó la situación fiscal de la provincia con la de distritos vecinos como Chaco o Corrientes, donde varios municipios enfrentan serias dificultades financieras. Para el dirigente obereño, el Estado provincial cumple hoy un rol de amortiguador frente a políticas nacionales que están “asfixiando” al comercio de cercanía.

La salida de Velázquez vuelve a dejar expuesta la fragilidad, no solamente, del PRO en Misiones, sino de los espacios prêt-à-porter en general. El partido fundado por Mauricio Macri atraviesa una crisis de identidad, atrapado entre la fuga de dirigentes y los intentos de convergencia con La Libertad Avanza.

Aunque referentes locales como Horacio Loreiro y la diputada Analía Labandoczka insisten en preservar la autonomía partidaria, el goteo constante de cuadros territoriales achica cada vez más el margen de maniobra. En la práctica, las terceras vías tradicionales parecen diluirse.

El 2026 encuentra a la provincia ante una polarización clara: un modelo misionerista que, aún con desaciertos, se presenta como pragmático, productivista y con anclaje territorial, frente a una gestión nacional de fuerte sesgo centralista. En ese escenario, los pases políticos no solo reordenan nombres y sellos: funcionan como termómetro de hacia dónde miran quienes realmente caminan el territorio.

Sin estridencias ni consignas, el mensaje de fondo pareciera que termina de consolidarse, aunque pase desapercibido para los players más nuevos. Para muchos actores políticos locales, la Renovación logró reinventarse tras su emblemático concepto: el misionerismo. Ya no estamos frente a un ejercicio de identidad política, sino ante una apuesta de futuro.

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