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Inflación: el NEA tuvo la menor suba en enero, pero superó el 100 por ciento interanual

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En el mes de enero de 2023, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de la región del NEA registró un incremento de 5,6%; la más baja del país. Sin embargo, la trayectoria interanual de este indicador se ubicó en 100,2%, superando los tres dígitos de suba por primera vez desde el inicio de la serie de medición regional. 

En relación con el mes previo el IPC aceleró su tasa de crecimiento en 0,9 puntos porcentuales. Respecto a las otras regiones del país, el NEA se ubicó como la región con el menor crecimiento del índice de precios en el mes de análisis, pero inició el año con récord en la suba interanual. 

Por divisiones, Bienes y Servicios varios, Recreación y Cultura y Bebidas Alcohólicas y Tabaco fueron las que mostraron las mayores expansiones en el mes de análisis en la región, indicó un informe elaborado por la consultora Politikon Chaco en base al INDEC.

En el mes de análisis, el IPC nacional registró una suba del 6,0% (acelerando en 0,9 puntos porcentuales respecto a diciembre). Entre las regiones, Cuyo exhibió la mayor expansión en este mes (6,4%), seguida por el NOA y la Pampeana (6,3% y 6,1% respectivamente); por su parte, el GBA creció a igual ritmo que el nivel general nacional (6,0%) y detrás se ubicaron la Patagonia con 5,9% y cierra el NEA con 5,6%. 

Por su parte, en la comparación interanual, la suba del IPC nacional alcanzó el 98,8%, el mayor valor desde la hiperinflación. A nivel regional, el NEA (100,2%) se ubica al tope del ranking siendo la única región que ya superó el 100%. Le sigue el NOA (99,4%) y GBA (99,0%), siendo estos los que exhiben alzas superiores al total general nacional; detrás del mismo quedaron Cuyo (98,7%), Patagonia (98,6%) y cierra la región Pampeana (98,3%).

La región del Nordeste (NEA) exhibió en enero de 2023 un alza del IPC del 5,6%, por encima del registro del mes previo (+0,9 p.p). Se trata del peor enero desde 2017 a la fecha. 

Así, la región exhibe un alza de precios interanual que ya superó el triple dígito: marcó 100,2%, el valor más alto desde que se mide a nivel regional, siendo además la región de mayor incremento en el país y la única en alcanzar niveles de subas de triple dígito. 

Durante enero el IPC NEA visto por divisiones muestra que las mayores expansiones en el mes de análisis estuvieron en Bienes y servicios varios (7,8%, con tracción de elementos de higiene y servicios de cuidado personal); Recreación y Cultura (7,6%, con empuje de servicios de turismo por temporada de vacaciones y del servicio de televisión por cable); el tercer lugar estuvo compartido entre Bebidas alcohólicas y Tabaco y Comunicación (7,0%). En el caso del primero, tuvo mayor peso la suba en los cigarrillos; en el segundo, peso el aumento en servicios de telefonía e internet. 

En este mes, otras dos divisiones también exhiben subas por encima del nivel general regional: Alimentos y bebidas no alcohólicas (6,6%) y Equipamiento y Mantenimiento del hogar (6,5%). En el extremo opuesto, Educación (0,1%) tuvo el menor incremento. 

En la comparación interanual, ya son seis divisiones con aumentos superiores al 100%: Prendas de Vestir y Calzado (117,6%), Vivienda, agua, electricidad, gas y otros (113,1%), Bienes y Servicios varios (106,6%), Bebidas alcohólicas y Tabaco (105,4%), Restaurantes y Hoteles (103,7%) y Equipamiento y Mantenimiento del hogar (101,7%). 

En relación con la situación de los alimentos y bebidas no alcohólicas (esta división es la que muestra la mayor incidencia en el IPC del NEA, representando el 35,3% del total de la canasta medida), en enero creció 6,6%, acelerando de manera muy fuerte respecto al mes previo (diciembre marcó 3,6%). Al igual que se observó para el nivel general regional, se trata del peor enero para esta división. Además, a nivel interanual la variación alcanza el 97,9%, un récord histórico en esta división pero sigue quedando por debajo de nivel general regional. 

Dentro de esta división, el rubro de “Verduras, tubérculos y legumbres” exhibió el mayor aumento en el NEA (+22,3%) mientras que en segundo lugar quedaron las “Frutas” (11,1%) y el podio se completa con “Aguas minerales, gaseosas y jugos” (7,8%). Por su parte, la menor suba del mes se registró “Carnes y derivados” (3,0%). 

A nivel interanual, “Verduras, tubérculos y legumbres” es la apertura que abre el 2023 con el mayor crecimiento en la comparación año/año (192,4%). 

Durante el mes de enero los Bienes registraron una suba en el NEA del 5,9%, por encima de los Servicios que aumentaron 4,7%. En la comparación interanual, los Bienes acumulan un aumento del 101,6%, mientras que en los Servicios llega al 94,2%. Desagregando por categorías, durante el mes de enero el IPC Núcleo exhibió un incremento de 4,9%, siendo el tercer mes de aceleración. En términos interanuales crece 91,4%. La categoría de precios Regulados, por su parte, aumentó 4,4% en enero y alcanzó un aumento interanual del 106,8%. Por último, los bienes y servicios Estacionales presentaron en enero un alza de 10,7%, y una suba año/año del 144,5%

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La yerba entre los productos con “aumentos moderados” durante 2022

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Indumentaria y calzado fue el rubro con el mayor aumento de precios en un año, mientras que latas de tomate y varios cortes de carne fueron algunos de los productos que subieron por debajo de la inflación, según un informe del Centro de Estudios para la Recuperación Argentina de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

El rubro con el mayor aumento fue indumentaria y calzado, que creció 122,4% en promedio en los últimos doce meses; en cambio, el ítem con menor aumento fue comunicaciones, con un avance de 65,3% respecto a noviembre de 2021.

Por otra parte, el sub-rubro con mayor incremento fue verduras, que subió 152% respecto a 2021, mientras que transporte público fue el que menos aumento registró en doce meses (53,3%).

Esta divergencia en el ritmo de los precios “dificulta la desinflación y supone un mayor grado de presión, especialmente a los productos regulados que ostentan un nivel de atraso superior; así, un eventual ajuste de los rubros regulados podría alimentar nuevamente la dinámica inflacionaria”, sostiene el estudio.

Por productos, el mayor aumento fue en la cebolla, que creció 466,7% anual; seguido por la batata (350,8%), la papa (270,1%), y el azúcar (221%).

También se observaron aumentos altos, superiores a 100% anual, en leche, aceite, carne, harinas, productos de tocador, artículos de limpieza, café y bebidas alcohólicas.

Los incrementos más bajos se dieron en el tomate en conserva (47,2%), carne picada (46,9%), arroz blanco (51,4%) y tomate redondo (54,8%).

Los cortes de carne aumentaron casi 40 puntos menos que el nivel general de precios: el asado subió 54,2%, la paleta 56,8%, la colita de cuadril, 57,5%; y la nalga, 57,1%.

Los servicios crecieron menos que los bienes (84,3% contra 95,5% anual), en forma heterogénea: el servicio con el mayor aumento fue restaurantes y comidas fuera del hogar (93,8% anual), mientras que los menores aumentos se dieron en el transporte público, seguido por los servicios recreativos y culturales (59,4% anual).

En un nivel intermedio se ubicaron las prepagas (87,8% anual) y los alquileres (65,5% anual), además de teléfonos e internet (60,2% anual).

Todos los productos que forman parte de la canasta básica alimentaria presentaron aumentos fuertes interanuales en noviembre, como la cebolla, el azúcar, los huevos (155%), los fideos (140%), la harina (137%), el café (135%), la manzana y la banana (133% ambas), el zapallo (128%), y el pan de mesa (112%).

En cambio, se dieron aumentos moderados en tomate en conserva, carne, arroz (51.4%), arvejas (67.6%), naranja (68.3%) y yerba mate (70.5%).

El resto de los productos, incluyendo lácteos (leche, dulce de leche, manteca, yogur), las gaseosas, las bebidas alcohólicas, las carnes.

En síntesis, se constata un mayor encarecimiento relativo de bienes que constituyen primera necesidad, lo que se vio reflejó en el elevado aumento del costo de vida.

Con una inflación en alimentos del orden de 94% anual, el impacto en la porción más vulnerable de la sociedad se torna sensible.

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Carne vacuna: sana para el IPC, ¿lo seguirá siendo en 2023?

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A pesar de una paulatina reducción en las últimas décadas, el consumo de carne vacuna sigue estando fuertemente arraigado en la cultura alimenticia nacional. En lo que va de 2022 el consumo en Argentina ronda los 48 kg per cápita por año, registro que si bien resulta muy inferior al promedio histórico (73,4 kg/hab/año en 1914-21[1]) y se encuentra en los niveles más bajos en 100 años, sigue erigiéndose como el mayor a nivel mundial, seguido de cerca por Uruguay (46 kg/hab/año).

Esta relevancia tiene su correlato en su participación dentro del Índice de Precios al Consumidor (IPC) -y al interior del rubro Alimentos en particular-: su peso es de casi 5% en el IPC y representa el 15% dentro de Alimentos y bebidas, por lo que el impacto de las variaciones de su precio sobre el gasto de las familias no es menor.

En este sentido, en el último semestre se registró un claro abaratamiento en el valor de la carne, en claro contraste con lo sucedido en 2020 y 2021. De acuerdo al relevamiento del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), en noviembre el precio minorista promedio de la carne vacuna en el AMBA volvió a caer en términos reales por sexto mes consecutivo, resultando 25% más barata que en mayo y 20% más económica que un año atrás.

El menor dinamismo en el precio de la carne vacuna fue clave para evitar un mayor incremento del IPC, siendo uno de los principales factores que contribuyeron a que la inflación perforara el 5% en noviembre. Según el IPC GBA Ecolatina, hasta noviembre la carne promedió un aumento mensual del 3,7%, cuando la media para el índice general fue de 5,9%. Más aun, mirando los últimos seis meses el promedio fue de 2,2%, 4,4 puntos porcentuales por debajo del promedio general para el mismo período. De hecho, mientras que en 2021 explicó alrededor de 12,5% de la inflación anual, estimamos represente cerca de 5-6% de la inflación este año.

Además, la menor gravitación del precio de la carne tiene un impacto progresivo, puesto que los hogares de menores recursos destinan una mayor proporción de sus recursos a su ingesta. Para ilustrar este punto basta decir que mientras que en la canasta del 10% de los hogares de menores ingresos la carne vacuna explica casi 8% del total, en el 10% de las familias de mayores recursos este peso se reduce a algo más del 2%.  

Llegado este punto, cabe preguntarse: ¿a qué responde la debilidad en los precios de la carne en el último semestre? ¿puede mantenerse en los próximos meses y favorecer el objetivo del Gobierno de una inflación descendente? ¿de qué dependerá?

Una sobreoferta que presiona los precios a la baja

Detrás de la tendencia descripta se esconde una combinación de un elevado nivel de oferta, un poder adquisitivo en términos de carne que, si bien se recupera en el margen, expone un importante rezago, y una exportación que tracciona menos sobre los valores frente a una mayor incertidumbre a nivel global, principalmente en China.

Por el lado de la oferta, la sequía que ha venido azotando a gran parte de la zona productiva del país genera que los productores anticipen la salida de animales de los campos por la menor disponibilidad de pasto para la alimentación del ganado y temores a la mortandad de los animales. En consecuencia, se adelanta el envío a faena o se “terminan” los animales en corrales, agregándole más rápidamente los últimos kilos a base de granos (engorde intensivo).

En este sentido, la producción de carne bovina ha venido garantizando un mercado bien abastecido, mientras que la ocupación de los feedlots se ha mantenido elevada. En el lapso Enero-Noviembre el volumen de producción trepó 5% i.a. y resultó 3% superior al promedio del mismo lapso en los últimos cinco años, favorecida por un importante incremento en el peso promedio de los animales faenados. Por otra parte, según la Cámara Argentina del Feedlot a inicios de diciembre los niveles de ocupación de los corrales acumularon 13 meses de tendencia al alza, promediando en el año una ocupación del 62,4%, por encima del 58,6% de 2021.

Este escenario deriva en mayor presión bajista sobre los precios de la hacienda que se absorbe en el mercado local. En noviembre, los precios de la hacienda más asociada al consumo interno (vaquillonas y novillitos) trepó apenas 0,8% m/m y “sólo” 32% i.a.

Desde la demanda se destaca el deterioro que acumula el poder adquisitivo en términos generales y en carne bovina en particular. Una de sus principales consecuencias es que el canal minorista (carnicerías principalmente) tiene menor capacidad para trasladar a precios los aumentos en el costo de la hacienda. Si bien en los últimos meses los precios al consumidor de la carne vacuna vienen logrando una mejor perfomance que esta última, favorecida por un salario en términos de carne que lleva 5 meses en recuperación, la relación Carne/Hacienda promedia un 2022 en mínimos históricos (5% inferior a la media de los últimos 10 años). Asimismo, aún con la reciente recomposición el “salario cárnico” es casi 10% inferior a 2020.

A todo este combo se suma un mercado exportador debilitado, no tanto en volumen sino en precio, que también resta tracción. Desde septiembre los precios de exportación vienen acusando una importante reducción (pasaron de un promedio de 5.800 USD/Ton en agosto a 4.200 USD/Ton en noviembre), afectados por un menor poder de compra de China y Europa frente al fortalecimiento del dólar y la desaceleración económica. Esta dinámica deteriora la rentabilidad del sector exportador y su capacidad de impulsar la demanda de hacienda.

Perspectivas: ¿menor oferta de carne en 2023?

Históricamente, los dos últimos meses del año suelen ser momentos en los cuales el precio de la carne tiende a corregir eventuales retrasos. Esto se da por la conjunción de una mayor demanda ante el incremento en las reuniones sociales y el consumo fuera del hogar, pero también por ante una oferta de hacienda terminada que comienza a ser cada vez más escasa a medida que se vacía el producto del llenado de corrales que se da usualmente hasta agosto.

No obstante, por los factores mencionados previamente no se espera que esto ocurra este año. Por caso, el ajuste que debería hacer el precio de la carne en diciembre para recuperar lo perdido en los últimos 6 meses debería ser de algo más de 30%, lo cual resulta a todas luces difícil de plasmar en este contexto de sobreoferta y frente a un consumidor que se viene mostrando más dispuesto a reemplazar el producto por alternativas más económicas.

De todos modos, la mayor oferta actual presenta riesgos de mediano plazo, con un impacto potencial sobre los precios. El adelantamiento tanto de la salida de animales de los campos como de la zafra, sumado a que en escenarios de sequía cae la tasa de preñez y destete, provocarían una menor oferta en el futuro, que a la vez llegaría con menos kilos logrados producto de la pérdida de rentabilidad de los feedlots. La falta de lluvias también dificulta la posibilidad de cría, ante un mayor porcentaje de vacas vacías que por su estado físico no sólo no ingresan al ciclo reproductivo, sino que tampoco pueden criar a los terneros.

De hecho, las recientes proyecciones del Outlook Ganadero realizadas por Movimiento CREA muestran que no existe posibilidad de repetir el nivel de faena registrado en 2022: en su escenario base plantean una producción achicándose 9% con relación a este año.

Ahora bien, aún con un cambio de fase climática la oferta también podría caer. Si esto sucede, tal como revelan los principales modelos climáticos, y a partir de febrero comenzamos a transitar desde una fase de neutralidad hacia un otoño-invierno más lluvioso, podríamos esperar una mayor retención de hacienda en los campos, dado que mejoraría el escenario para producción a base pastoril. Así, estos ciclos de engorde más largos derivarían en un bache transitorio de oferta que se sentiría especialmente durante la primera mitad del año.

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¿Hecho aislado o inicio de tendencia? Analizando la inflación de noviembre

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Escribe Alejandro Pegoraro, director de Politikon Chaco, exclusivo para Economis.com.ar. Los datos del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de noviembre del INDEC sorprendieron a propios y extraños. Se esperaba un descenso en la velocidad de crecimiento, pero ni la más optimista de las proyecciones la ubicaba por debajo del 5%. Esto generó dos debates: la veracidad del dato y su sostenibilidad.

Con respecto al primero, algunos -principales opositores más reaccionarios- pusieron en duda el dato alegando una vuelta a un INDEC intervenido como durante la gestión de Guillermo Moreno. Sobre esto, no hay absolutamente ningún elemento fáctico que sostenga la posibilidad de una manipulación de los datos. Metodológicamente, la medición sostuvo los mismos parámetros que se utilizan desde 2016 y la elaboración del dato es inobjetable. Fin de la discusión.

El segundo debate es algo más complejo, ya que no existe hoy la posibilidad de determinar si se trata de un dato puntual en un momento coyuntural o si, por el contrario, se da lo que el Gobierno nacional afirma (quizás más en forma de deseo que de empírico) respecto al inicio de una tendencia desaceleratoria del nivel de precios, que además tendría un inmediato efecto político, acrecentando las chances de postulación presidencial de un Sergio Massa “exitoso”, como anhela buena parte del Frente de Todos. 

Veamos algunos puntos que nos dejaron los datos del IPC de noviembre, en particular la región del NEA. En primer lugar, la baja en la velocidad de crecimiento del índice es fuerte, aún más que el descenso observado en el nivel general nacional (-1,7 puntos porcentuales vs. -1,4 p.p). ¿En qué se sustentó esta reducción? 

En primer lugar, la división de Comunicación pasó de crecer 11,5% en octubre a “solo” 5,5% en noviembre (-6,0 pp.), situación dada por el hecho de que en octubre se aplicó la mayor parte de los incrementos en esos servicios, que fueron autorizados por el Estado nacional. 

La división de Prendas de Vestir y Calzado -la de mayor suba interanual en la región- pasó del 8,1% de octubre al 3,8% en noviembre (-4,2 p.p), apoyado sobre la cercanía del fin de la temporada primaveral y por ciertos acuerdos realizados entre empresas y el Gobierno nacional, que aún no se aplicaron de todo en este mes de análisis. 

La división de Hoteles y Restaurantes, que sostuvo altos niveles de suba desde julio, pasó del 7,1% de octubre al 5,1% de noviembre (-2,0 p.p). Por su parte, la división de Transporte pasó del 6,3% de octubre al 4,6% de noviembre (-1,6 p.p) explicado por una menor suba en el costo de adquisición de vehículos y del transporte público. 

Finalmente, Alimentos y bebidas no alcohólicas pasó del 5,8% de octubre al 3,6% de noviembre (-2,2 p.p), basado en tres principales artículos: la Carne (-1,3 p.p), los Aceites, grasas y mantecas (-2,2 p.p) y, sobre todo, las Verduras (-16,6 p.p).

Pero la duda que surge es: ¿Qué explica estos descensos en las tasas de crecimiento de esas divisiones y rubros? Los factores son varios y varían según el elemento a analizar, pero se observa que en ninguno de los casos, a priori, garantiza que sean sostenibles. 

Un caso clave a analizar son los Precios Estacionales: son aquellos que tienen un comportamiento marcado en algunos meses en particular, como el precio de la ropa en los cambios de temporada, los bienes y servicios asociados al turismo durante las vacaciones, o las frutas y verduras de estación. Entre agosto y octubre, en el NEA estos precios crecieron a un ritmo promedio mensual del 11,8%, pero descienden a 4,1% en noviembre, con una marcada influencia de la ropa y de las verduras. Sin embargo, el mes de diciembre tiene un fuerte componente estacional producto del cambio de temporada, inicio de vacaciones y las fiestas, lo cual es difícil que vuelva a posicionarse en esos niveles. 

Otra categoría es la de Precios Regulados, que son aquellos precios sujetos a alguna normativa o intervención estatal (tarifas de los servicios públicos, prepagas, combustibles y telefonía e internet) o aquellos que tienen un alto componente impositivo (como el caso del tabaco y también combustible). Entre agosto y octubre, estos crecieron a un promedio mensual del 7,7% y fue del 6,0% en noviembre. Pero para diciembre y, sobre todo, el primer trimestre de 2023, se espera una nueva actualización de combustibles (precio e impuestos), como también de otros servicios. Por ende, tampoco pareciera ser sostenible la baja.

Finalmente, la última categoría es la de Precios Núcleo: ésta agrupa al conjunto de bienes y servicios que no se ven afectados tanto por efectos estacionales como por cambios regulatorios del Estado y tiene una fundamental importancia porque brinda una visión más estructural de la evolución de los precios que se mueven de manera libre. Entre agosto y octubre, el promedio de la suba mensual en el NEA de esta categoría fue del 5,8% y pasó al 4,3% en noviembre. Esta es, quizás, la única noticia positiva del indicador de este mes de análisis. 

Entonces, ¿circunstancial o sostenible? A priori, el dato de noviembre parece ser circunstancial y todavía no hay motivos para creer que se trate de una disminución de la tasa de crecimiento del IPC que se sostenga en el mediano plazo a ese mismo ritmo. Diciembre va a ser un mes bisagra en este escenario: los precios tienen una fuerte influencia de la estacionalidad, pero al mismo tiempo, entrarán en vigencia muchos de los acuerdos realizados por Massa, por lo cual será fundamental observar cómo se comporta el IPC Núcleo para lograr determinar con mayor precisión si la naturaleza de una eventual disminución es algo más coyuntural o no. 

Lograr una baja sostenida -y genuina- en la variación del IPC no es una tarea para el corto plazo, ya que requiere de medidas de fondo que llevan su tiempo; en eso, hay que destacar el hecho de que Massa sostiene que sus objetivos están planteados en torno al primer trimestre del 2023, entendiendo que las medidas tomadas en estos últimos meses repercutirán eventualmente recién meses después. Lo que el gobierno NO debe seguir haciendo es hablar de baja de la inflación, como tan inoportunamente lo hizo la portavoz oficial Gabriela Cerutti. 

El dato de noviembre no significa que la inflación baje, sino que crece a menor velocidad. Parece una diferencia semántica pero no lo es; más bien, se trata de definiciones económicas donde no da lo mismo decir una cosa que la otra. 
Hay un dato muy particular -casi anecdótico a estas alturas- que surge como consecuencia de los resultados de noviembre: está prácticamente descartado que el año cierre por encima del 100% de inflación. A partir de la fuerte desaceleración de noviembre, para llegar al 100% a nivel nacional se requiere que en diciembre el IPC suba 8% -en el NEA, se necesita de una suba del 7%-, situación que difícilmente se cumpla.

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En noviembre la inflación del NEA fue la más baja del país ¿por qué?

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Durante noviembre, el Índice de Precios al Consumidor de la región del NEA registró un incremento de 4,5%, acumulando en los 11 meses del año una suba de 87,0%. La trayectoria interanual de este indicador se  ubicó en 95,3%. En relación con el mes previo, el IPC desaceleró en 1,7 puntos  porcentuales. Respecto a las otras regiones del país, el NEA se ubicó como la de menor  crecimiento de precios en el mes de análisis, pero conserva su liderazgo en las  comparaciones acumuladas e interanuales. Por divisiones, Vivienda, agua, electricidad y otros, Bebidas Alcohólicas y Tabaco Recreación y Cultura fueron las que mostraron las mayores expansiones en el mes de  análisis, indicó un informe elaborado por la consultora Politikon Chaco en base al  INDEC.

IPC de noviembre: situación por regiones 

En el mes de análisis, el IPC nacional registró una suba del 4,9% (desacelerando en 1,4 puntos porcentuales contra octubre): así, por primera en los últimos nueve meses, se  ubica por debajo del 5% mensual. Entre las regiones, el GBA exhibió la mayor expansión en este mes (5,0%), seguida por la Pampeana, Cuyo y Patagonia, que marcaron 4,9%  en todos los casos, en línea con el nivel general nacional. El NOA (4,6%) y el NEA  (4,5%) se ubicaron en el fondo de la tabla. 

Respecto a la variación acumulada anual, todas las regiones exhiben subas por encima  del 80%, con el NEA a la cabeza (87,0%) y cierra la Pampeana (84,8%). 

Por su parte, en la comparación interanual, la suba del IPC nacional llegó al 92,4%,  superando el techo del 90% por primera vez desde la hiperinflación. A nivel regional, el  NEA (95,3%) y el NOA (94,0%) se ubican en el tope del ranking, que cierra la Pampeana (91,3%). Por primera vez desde que se miden los IPC regionales, todas están por  encima del 90% en este nivel comparativo.

IPC de noviembre en la región del NEA 

La región del Nordeste (NEA) exhibió en noviembre de 2022 un alza del IPC del 4,5%,  por debajo del registro del mes previo (-1,7 p.p). Además de la importante  desaceleración, por primera vez en cinco meses registra una suba inferior al 6%. 

De esta forma, en el acumulado del período enero-noviembre 2022 la región exhibe un  alza de precios del 87,0%, siendo la más alta del país y es además el peor resultado  para un período similar desde que arrancó la nueva serie de medición (2016), un hito  que también se observa en el nivel general nacional y en las diferentes regiones. El salto  respecto a igual período del 2021 es de fuerte magnitud: +43,7 puntos porcentuales. 

A nivel interanual, por su parte, el NEA aceleró al 95,3% en noviembre, marcando otro  récord para la región y consolidando su posición como la región con la suba más alta  del país. 

Comportamiento según divisiones en el NEA 

Durante noviembre el IPC NEA visto por divisiones muestra que las mayores  expansiones en el mes de análisis estuvieron en Vivienda, agua, electricidad, gas y otros  combustibles (7,0%, impulsado sobre todo por servicios eléctricos y de gas), Bebidas  Alcohólicas y Tabaco (6,6%, con mayor empuje en bebidas) y Recreación y Cultura 

(6,4%, traccionado por diarios, revistas, libros y artículos de papelería). 

Al contrario de lo que se suele observar en los registros previos, en noviembre fueron  muchas las divisiones que mostraron una suba superior al nivel general regional. Luego  de las tres ya mencionadas se posicionaron Comunicación (5,5%), Salud (5,1%),  Restaurantes y Hoteles (5,1%), Equipamiento y Mantenimiento del Hogar (4,9%),  Bienes y Servicios Varios (4,7%) y Transporte (4,6%). En el top de menores incrementos  quedaron Prendas de Vestir y Calzado (3,8%), Alimentos y bebidas no alcohólicas (3,6%) y cierra Educación (0,7%). 

Analizando el comportamiento interanual, el top tres de mayores alzas está liderado por Prendas de Vestir y Calzado (117,2%); seguido por Restaurantes y Hoteles (108,5%) y  Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (106,4%), en todos los casos por  encima del nivel general regional. Educación, por su parte, es la división de menor  crecimiento interanual (63,2%).

Alimentos: frutas encabezan la suba del mes pero verduras frenan su  crecimiento 

En relación con la situación de los alimentos y bebidas no alcohólicas (esta división es  la que muestra la mayor incidencia en el IPC del NEA, representando el 35,3% del total  de la canasta medida), en noviembre tuvo una fuerte desaceleración, pasando del 5,8%  de octubre al 3,6% en este mes, por debajo del nivel general regional (5,8%). A nivel  interanual la variación saltó al 96,9%, siendo éste un récord histórico en esta división y  superior al nivel general de la región, ubicándose cuarta en entre las divisiones  regionales.

Dentro de la división, el rubro de “Frutas” exhibió el mayor aumento en el NEA (+11,9%,  con fuerte estacionalidad); en segundo lugar quedaron las “Aguas minerales, jugos y  gaseosas” (+8,4%), y el podio se completa con “Pan y cereales” (5,7%), siendo las tres únicas aperturas con subas superiores al nivel general regional. Por el contrario, la  menor suba se registró “Carnes y derivados” (2,1%), mientras que “Verduras, tubérculos  y hortalizas” no mostró variación (0%). 

Pese a ello, a nivel interanual es justamente “Verduras, tubérculos y legumbres” la  apertura que se consolida como la de mayor crecimiento en la comparación año/año (166,6%); seguida de “Aceites, grasas y mantecas” (133,2%) y “Azúcar, dulces,  chocolate, golosinas, etc.” (130,3%). Además, “Pan y cereales” (110,9%) y “Frutas” (104,0%) se suman al lote de aperturas con subas interanuales por encima del 100%.

Comportamiento según bienes y servicios en el NEA 

Durante el mes de noviembre los Bienes registraron una suba de 4,3%, por debajo de  los Servicios que aumentaron 5,6%. La dinámica mensual de los Bienes respondió fundamentalmente a los incrementos en los precios de las bebidas alcohólicas, el  tabaco, los artículos de papelería y las frutas. 

En tanto, el comportamiento de los Servicios reflejó principalmente los aumentos en los  precios de los servicios eléctricos. 

Así, en los 11 meses del año los Bienes acumularon un aumento de 87,8% y los  Servicios de 83,7%. En términos interanuales, los Bienes crecen en 96,8% y en el caso  de los Servicios llega al 88,9%.

Estacionales, regulados y Núcleo IPC NEA 

Desagregando por categorías, durante el mes de noviembre el IPC Núcleo exhibió un  incremento de 4,3%. En términos interanuales, se aceleró hasta 88,6%. La categoría de  precios Regulados, por su parte, aumentó 6% en noviembre (principalmente por  servicios eléctricos). En la comparación interanual, los Regulados llegan al 96,3%.  Por último, los bienes y servicios Estacionales presentaron en noviembre un alza de  4,1%, destacándose la fuerte desaceleración contra el mes previo (-7,0 p.p). En términos interanuales, esta agrupación alcanza el 134,9% de alza.

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