PROTECCIONISMO

Replanteando el libre comercio

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Por Kim Ruhl / F&D FMI – En lo que respecta al comercio internacional, los países siempre han sopesado la eficiencia económica frente a la seguridad nacional. Tras la Segunda Guerra Mundial, promovieron el libre comercio internacional mediante aranceles bajos, creyendo que era tanto económicamente eficiente como políticamente estabilizador. El comercio mundial se triplicó como cuota del PIB entre 1950 y su máximo en 2008, con aproximadamente la mitad de este comercio en bienes intermedios, reflejando la importancia de las relaciones de producción transfronterizas. Aunque el conflicto continuó, no hubo guerras a escala global como las que caracterizaron la primera mitad del siglo XX. La globalización y la estabilidad habían prevalecido.

El mundo está ahora reevaluando el papel de la interconexión económica en los asuntos globales, consciente de que más interconexión implica más dependencias que las naciones adversarias pueden aprovechar para imponerse con la suya en otras áreas de las relaciones internacionales. Las economías resilientes deben ser la respuesta. Un país debe tener acceso a los recursos que necesita para librar una guerra prolongada. Debe contar con un suministro fiable de medicamentos, microchips, minerales críticos y otros insumos vitales, independientemente de la alineación global cambiante. Y debe ser capaz de aumentar rápidamente la producción ante una emergencia como la COVID-19.

En Estados Unidos, la administración del presidente Donald Trump está trabajando para reducir riesgos en las cadenas de suministro y fortalecer la capacidad nacional en industrias clave para mejorar la resiliencia económica. Esto implica una modificación de la política de apertura casi incondicional que caracterizó el pasado.

Estas políticas, en algunos casos, reducirán la eficiencia económica en comparación con un mundo en el que ignoramos el riesgo geopolítico. Estos son los costes necesarios de la resiliencia. La modelización económica que reconoce el equilibrio puede guiar a los responsables políticos. El reto es minimizar los costes y garantizar que no se aplique un proteccionismo burdo bajo el pretexto de la seguridad nacional.

Décadas de fragilidad

Durante décadas, el comercio y la inversión internacionales avanzaron en gran medida sin control. En busca de eficiencias, las cadenas de suministro —y industrias enteras— se trasladaron al extranjero, a sus ubicaciones de menor coste. La política comercial jugó un papel, al igual que los avances tecnológicos en comunicaciones, transporte y logística que hicieron viables las relaciones de producción a larga distancia. Las diferencias en los estándares medioambientales y laborales incentivaron a las empresas a trasladar la producción a lugares que valoraban menos el medio ambiente y los derechos de los trabajadores.

El orden internacional liderado por Estados Unidos proporcionó la estabilidad que permitió que estas complejas redes prosperaran. A medida que las cadenas de suministro se estiraban y concentraban, se acumulaban fragilidades. Estas fragilidades siempre estuvieron presentes, pero a menudo se manifestaban de formas limitadas o idiosincráticas.

Una serie de eventos recientes aumentó la conciencia sobre estas vulnerabilidades y renovó el interés en cómo encajan la economía y la seguridad nacional.

Las interrupciones en las cadenas de suministro por COVID-19 dejaron claro a todos que bienes críticos—productos como farmacéuticos, semiconductores y suministros médicos—provenían de un puñado de países y que las grandes interrupciones eran tanto posibles como dolorosas. Las vulnerabilidades de la cadena de suministro sorprendieron a algunas empresas. Una encuesta de Deloitte reveló que solo el 15 por ciento de los directores de compras podía ver los riesgos más allá de sus proveedores directos.

La dependencia de Europa de la energía rusa recordó al mundo la idea largamente entendida de que la integración económica puede unir a los países con una contención mutua, pero también produce influencia. En 2022, Rusia representó el 27 por ciento de las importaciones de petróleo de la UE y el 45 por ciento de las importaciones de gas, según la Comisión Europea. Para 2025, Rusia representaba el 3 por ciento de las importaciones de petróleo y el 13 por ciento de gas. El desacoplamiento de la energía rusa se produjo a costa de precios más altos y un crecimiento económico más lento. Las facturas energéticas más altas redujeron los ingresos en unos 1.000 € por persona en 2021–22, estima la Comisión.

Los controles chinos de licencias de exportación impuestos en abril de 2025 provocaron una escasez de tierras raras y derivados que amenazaron con cerrar las líneas de producción de automoción, defensa, electrónica y otras en Estados Unidos y otros lugares. Seis meses después, China amenazó con ampliar el alcance y la escala de sus controles de exportación, recordando de forma contundente a Estados Unidos su vulnerabilidad.

Estados Unidos debe ahora enfrentarse a los riesgos para la seguridad nacional que acompañan a cadenas de suministro clave dominadas por sus adversarios. Las consideraciones geopolíticas sobre lo que comerciamos y con quién comerciamos se han convertido en una prioridad.

Esto no rechaza la ventaja comparativa ni las ganancias del comercio; Es un reconocimiento de que el libre comercio no siempre es apropiado. El libre comercio en mercados bien funcionales sigue siendo el ideal y debe buscarse siempre que sea posible, especialmente con aliados. Sin embargo, muchos de los problemas que enfrenta Estados Unidos son resultado de fuerzas deliberadas no mercantiles, que distorsionan la producción y el consumo a pesar de los bajos tipos arancelarios predominantes.

Fuerzas peligrosas

La dirección estratégica del Estado, las subvenciones, la represión financiera, el proteccionismo y el arbitraje regulatorio son fuerzas políticas, no fundamentos económicos. Estas políticas son especialmente peligrosas cuando se aplican por grandes países adversarios. El pensamiento económico debe tener en cuenta más de estas fuerzas, y los economistas pueden aumentar su implicación con ellas.

Los responsables políticos necesitan marcos para analizar las consideraciones estratégicas de sus elecciones. ¿Una política genera influencia para Estados Unidos o vulnerabilidad? ¿Cómo podemos identificar qué bienes deben controlarse por razones de seguridad nacional evitando un proteccionismo innecesario? ¿Qué productos deben obtenerse en el país y cuáles pueden importarse de aliados? ¿Cómo reactivamos una industria nacional de la forma más eficiente posible? Quizá lo más importante sea el desarrollo de herramientas que identifiquen claramente los compromisos entre la eficiencia económica y los objetivos estratégicos.

Los economistas ya disponen de muchas de las herramientas analíticas necesarias, y estas pueden informar a los responsables de la toma de decisiones sobre los sacrificios y consecuencias no deseadas de las políticas. Los aranceles y sanciones son quizás las palancas de política más estudiadas, pero los mínimos de precios, los almacenes, las restricciones a la exportación y los acuerdos de inversión son solo algunos de los instrumentos políticos relevantes disponibles. La política fiscal, la política industrial y la infraestructura regulatoria pueden parecer política interna, pero también son instrumentos de la diplomacia económica y deben estudiarse en ese contexto.

Siempre ha habido economistas estudiando geoeconomía, y se está realizando más trabajo. Las conferencias emblemáticas de la Oficina Nacional de Investigación Económica y la Asociación Americana de Economía incluyen regularmente sesiones sobre temas geoeconómicos. Lo mismo está ocurriendo en círculos académicos y de políticas públicas en el extranjero. La investigación económica tiende a ir por detrás de los grandes eventos de rápido desarrollo, pero se pone al día rápidamente.

Un nuevo enfoque

Este es el comienzo de un cambio de enfoque a largo plazo y de gran alcance para responsables políticos y analistas. El campo de la geoeconomía es total, extendiéndose más allá del comercio internacional y la seguridad nacional. Controlar las redes internacionales de pagos y el dólar son fortalezas geopolíticas para Estados Unidos, pero los países no alineados, tras haber aprendido una lección de las sanciones a Rusia, están creando redes alternativas de pago y encontrando formas de aislarse de una posible pérdida de acceso al sistema financiero liderado por Estados Unidos.

Los países compiten por cerrar activos minerales críticos en todo el mundo, a veces compitiendo con aliados por los recursos. Tecnologías que definen el futuro como la IA, la computación cuántica y la biotecnología están en juego y seguirán siendo sujetas a políticas, tanto buenas como malas.

El cambio necesario no ocurrirá rápidamente. Redirigir las cadenas de suministro y reubicar la producción entre países llevará décadas. A corto plazo, los cambios en la política pueden hacer que los precios suban, que algunos bienes escaseen y requieran inversiones costosas. Estos costes a corto plazo existen, incluso si el objetivo a largo plazo merece la pena. La estructura de la democracia estadounidense genera complicaciones adicionales. El compromiso con una política a largo plazo es difícil cuando una administración futura puede deshacer la política de sus predecesoras, especialmente cuando se acumulan los costes a corto plazo.

Un mundo cambiante ha devuelto a los compromisos entre eficiencia económica y seguridad nacional al centro del pensamiento político. Una reevaluación clara de la seguridad nacional es bienvenida, pero no debemos abandonar los principios económicos que han hecho grande la economía estadounidense, especialmente los mercados libres y competitivos. Encontrar el equilibrio adecuado requiere un esfuerzo continuo por parte de los responsables políticos y de los investigadores que los apoyan.

KIM RUHL  titular de la Cátedra Curt y Sue Culver de Economía en la Universidad de Wisconsin–Madison y fue miembro del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca desde febrero de 2025 hasta febrero de 2026.

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Pregonan Liberalismo, practican proteccionismo e intervencionismo del Estado

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Contundente pero poco conocido es el caso de los países que, “por desobediencias ideológicas”, no hicieron caso a los “cantos de sirena” de los economistas e ideólogos del liberalismo, y rompieron falsos tabúes del “libre mercado” y del pseudo “eficientismo privado” a ultranza, protegiendo sus economías de la destructiva competencia externa, promovieron las mejoras sociales, y fortalecieron el rol del Estado como conductor, ordenador, e incluso partícipe activo de la economía nacional.

En el siglo XIX, EEUU, Alemania, y después Japón, fueron los más claros ejemplos de “desobediencia ideológica”, transgrediendo los tabúes “librecambistas” del liberalismo, apostando fuertemente a sus propios desarrollos industriales y tecnológicos.

El gran ideólogo en cuyas ideas forjaron sus desarrollos industriales y tecnológicos EEUU y Alemania, fue Friedrich List, alemán y estadounidense por opción, cuyo único notable libro desnuda las falsedades ideológicas en las que se fundamenta la nociva y anti industrialista doctrina liberal. De algún modo, también su pensamiento tuvo fuertes matices geopolíticos, pues dio las bases teóricas para la unificación de los pequeños Estados, los que al unirse formaron la nación germana, eso algunas décadas después, con Bismarck.

En EEUU su pensamiento fue implementado por varios presidentes, destacándose Hamilton, coincidiendo con esas ideas antes de ser difundido el pensamiento de List; pero continuadas por sucesivos gobiernos.

En Alemania fue Bismark quien años después de la muerte de List -el cual inició la Corriente Nacional del Pensamiento Económico- con sus ideas transformó la economía germana, poniendo en vigencia ese caudal de pensamientos de List, incluso para la unificación de su país.

Con muy poca difusión, o con la marginación total de sus fundamentadas ideas, otros economistas fundamentaron las gruesas falsedades y negatividades del liberalismo económico (y sus versiones acentuadas neoliberales y libertarias). Entre ellos, Aldo Ferrer y el coreano Ha Joon Chang.

Como sucedió con muchos pensadores transgresores del “pensamiento correcto dictado por el establishment”, List es muy poco conocido, pese a ser merecedor de figurar junto a otros economistas referentes de doctrinas económicas, como sí sucede con Adam Smith y con Karl Marx.

En todos esos casos, y en otros posteriormente sucedidos, las naciones que pudieron salir del subordinado rol de simples proveedores de materias primas, para ser potencias industriales y tecnológicas, evolucionando con ello de economías pobres y subdesarrolladas, al estatus de economías desarrolladas, con sensibles mejoras en el nivel de vida de sus poblaciones, lo hicieron basándose en un fuerte rol del respectivo Estado Nacional, y apostando a la industrialización y el desarrollo tecnológico.

En todos esos casos, el respectivo Estado Nacional tuvo -y tiene- posturas y acciones concretas para promover y desarrollar sus economías, mejorando además en forma muy clara, el nivel de vida de sus poblaciones.

Por el contrario, el dudosamente equilibrado mental e impresentable presidente argentino, dijo claramente, que busca DESTRUIR AL ESTADO, lo que implica destruir a Argentina, y lo está perpetrando, con un conjunto de medidas probadamente negativas y destructivas. El industricidio es uno de los ejes principales de tan perversamente antinacional plan de acción, el que claramente tiene dos objetivos.

De mínima, involucionarnos al hoy inviable país estancia, que éramos alrededor de 1900 (agregando hoy actividades extractivas, con dudoso o nulo control estatal); fungiendo como dócil colonia de poderes financieros, corporativos y geopolíticos de neto corte antinacional.

De máxima, están operando para perpetrar la disolución nacional, siendo una de las deleznables alternativas, hacernos implosionar en media docena o más, de republiquetas pobres, débiles y fácilmente saqueables.

Las mismas “recetas” fuertemente negativas, solo que no con tanta intensidad y desenfado, fueron implementadas, con similares consecuencias negativas, en precedentes gobiernos liberales, en varios períodos de nuestra historia, provocando severas crisis sociales y económicas, y poniendo a nuestro país en deplorable condición de postración geopolítica, provocada por la extrema debilidad que implica una economía primarizada, carente de industrias y de desarrollos tecnológicos estratégicos, que nos impone una débil posición de servilismo.

Al carecer de producciones propias esenciales, varias de ellas (o todas) de altos valores estratégicos, se nos empuja al muy negativo estatus de economía subdesarrollada, muy vulnerable a las presiones externas que nos empujan al subdesarrollo crónico, lo que deteriora al nivel de vida de nuestra población, y nos degrada a simple colonia de los poderes financieros transnacionales.

Además, nos condiciona el brutal nivel de endeudamiento, y con eso al acatamiento a las siempre negativas “recetas” del FMI, y a las “sugerencias” (léase órdenes) de las Potencias Atlantistas.

Entes y Estados extranjeros y locales cipayos, como factores de poder, ante las claudicaciones de soberanía que demuestran y perpetran libertarios y cómplices, ocupan los vacíos de poder que deja el actual Estado ausente y en pleno proceso de desguace, tal cual dijo explícitamente el actual presidente, quien dijo ser el topo que desde adentro, busca destruir el Estado, lo que nos está dejando inermes para impedir el saqueo liso y llano, de nuestras riquezas nacionales.

Esa cruda realidad deja a Argentina muy vulnerable ante la concreta realidad del mundo actual, en el cual las grandes potencias tecnológicas e industriales del Bloque Atlantista, pregonan y fuerzan al mundo subdesarrollado al crudo liberalismo, que esas potencias pregonan, pero no practican.

Una economía que solo producía materias primas, como lo fuimos, alrededor del Centenario (1910), era muy débil y completamente dependiente de factores de poder externos; en cuyo contexto en lo económico éramos dóciles subordinados a las imposiciones del Reino Unido, mientras que en lo político interno éramos una pseudo democracia que en realidad marginaba al pueblo en la miseria y la dependencia de una estructura semi feudal que marginaba a las grandes mayorías.

La ya poderosa oligarquía -consolidada en los gobiernos de Mitre y Sarmiento-, quienes avalaron e impulsaron las posesiones de extensos campos de la muy fértil Pampa Húmeda- detentaba la suma del poder interno, concentrando las riquezas en muy pocas manos de familias pseudo “patricias”, las cuales eran soberbias con su propio pueblo y dócilmente subordinadas a los dictados de “La Rubia Albión”.

Esos sectores oligárquicos, continuadores del unitarismo portuario de Rivadavia y sucesores endeudadores, demostraron su desprecio por el pueblo común y por la grandeza nacional, concepto básico que evidenciaron practicar, al ser impulsores del “ninguneo” de la soberanía y la integridad territorial.

Es tan burdo, brutal y cargado de malicia, el proceso de industricidio en plena deleznable perpetración, que resulta totalmente incomprensible la pasividad, casi total en la cual permanece casi toda nuestra hoy sufrida población.

Vemos, con profunda preocupación y dolor ante el gravísimo daño intencionalmente en curso de ejecución, la extrema mansedumbre general, con acciones de repudio sectoriales, que si bien son importantes, carecen de la contundencia necesaria para frenar el desguace nacional.

Entidades empresariales ultra conservadoras y embebidas de dogmático liberalismo económico, dan muestras claras de la falta de real patriotismo, apoyando medidas claramente destructivas para la economía nacional y perjudiciales para las grandes mayorías de nuestra población, o a lo sumo, haciendo edulcoradas críticas de nulos efectos concretos.

Se está en una vergonzosamente cómplice inacción -cuando no la implícita aprobación- de muchos (políticos, intelectuales, sindicalistas, empresarios, docentes, uniformados supuestamente “muy nacionalistas”, y otros), que por elemental dignidad y básico patriotismo, deberían estar frenando y revirtiendo este aquelarre destructivo, apátrida y cargado de operaciones impresentables -cuando no directamente delincuenciales, que solo la “apatía” de ciertos sectores del Poder Judicial, y los sesgados enfoques de medios de comunicación, parecen omitir o tratar con varas diferentes, según que sectores perpetran el desquicio, mientras otros sectores políticos son agredidos pese a la escasez o nulidad de elementos probatorios concretos.

Todo el conjunto de medidas económicas, claramente busca la desaparición del núcleo industrial, para primarizarnos forzosamente, y de esa forma terminar con los “malos ejemplos” de empleos formales de buen nivel, en vez de la informalidad y bajos salarios, como evidencia añorar la retrógrada oligarquía rural y otros sectores similares.

Son de recordar las miserabilidades conceptuales de Alfredo De Angeli, ex legislador neoliberal, quien se manifestó explícita y fuertemente, a favor del trabajo rural infantil, quejándose que en el campo, los niños prefieran ir a la escuela antes que trabajar; y de Luis Miguel Etchevehere, quien con sorna se refirió al desarrollo tecnológico satelital argentino, diciendo que mejor sería comprarlos a “los países que saben del tema, como Francia”, dejando de lado, con evidente malicia, no considerando el fuerte efecto multiplicador que -probadamente- tienen los desarrollos tecnológicos.

Es esa misma nefasta oligarquía, nucleada en la SRA, pero con ramificaciones diversas que se entrelazan con otros sectores de “afinidades ideológicas”, que no solo apoyó al muy nefasto “proceso”, sino que fue parte relevante y conductora ideológica del mismo, bajo la tutela de Martínez De Hoz

Cabe señalar las más nocivas medidas económicas, que entre otros daños enormes al tejido social y económico, nos empujan con total malicia, al industricidio total.
– Atraso muy acentuado en el valor del dólar, lo que encarece la producción nacional.
– Apertura comercial total, inundando el mercado argentino con productos importados.
– Acentuada caída en el nivel general de remuneraciones, lo que achica mucho el mercado comprador potencial.
– Falta casi total de acceso a financiación bancaria.
– Fuerte achicamiento del PBI, lo que provoca negativas proyecciones económicas.

Ante la pasividad o complicidad generalizada, nos llevan a ser ya un Estado fallido, como paso previo a la disolución nacional, Libertarios y secuaces, destrozan a Argentina con impresentables acciones que causan empobrecimiento masivo e implementan medidas de acentuada crueldad social, las que claramente pueden catalogarse como de genocidio económico planificado, ejecutado con premeditación y alevosía.

¿Es tan profundo el grado de confusiones e ignorancias instalados en nuestro pueblo, o será que el auténtico patriotismo pasó a ser un concepto desconocido, o burlonamente desplazado por el materialismo extremo, que se mofa de todo valor ético superior?

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Ha-Joon Chang: “No hay ningún país que haya tenido éxito con este tipo de políticas liberales de Milei”

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En un contexto global que vuelve a tensionarse hacia el proteccionismo, el economista surcoreano Ha-Joon Chang reaviva un debate central para la Argentina: qué tipo de modelo económico permite crecer de manera sostenida.

Autor de Patear la escalera, uno de los textos más influyentes de la economía heterodoxa, Chang sostiene que las recetas de liberalización extrema no tienen antecedentes exitosos en la historia económica mundial. Y advierte que el país enfrenta problemas mucho más profundos que la inflación.

“La alta inflación es un problema menor ante las debilidades estructurales de la Argentina a largo plazo”, señaló en un reportaje con Alejandro Rebossio de ElDiarioAr.

El mito del libre mercado

El núcleo del planteo de Chang es histórico: las economías desarrolladas no crecieron bajo esquemas de libre mercado, sino mediante políticas activas del Estado.

“Todos los países ricos de hoy se enriquecieron usando políticas que recomendaban a los países en desarrollo no usar”, describe.

Según el economista, potencias como Estados Unidos, Japón o Corea del Sur aplicaron durante décadas altos niveles de proteccionismo, subsidios y regulación para consolidar sus industrias. Recién después, ya consolidadas, promovieron el libre comercio a nivel global.

Esa lógica, sintetizada en la metáfora de “patear la escalera”, vuelve hoy a escena en un mundo que abandona progresivamente el consenso liberal de los años noventa.

Para Chang, el escenario internacional actual confirma su tesis. Las economías centrales están reintroduciendo políticas industriales activas ante el avance de China.

“Los países occidentales están usando proteccionismo y subsidios ellos mismos. Ya ni siquiera pueden ser hipócritas”, explica.

Sin embargo, advierte que el caso estadounidense presenta debilidades estructurales: la falta de inversión productiva y el predominio de la lógica financiera.

“Distribuyeron el 90-95% de sus ganancias a accionistas. Perdieron la capacidad de invertir”, remarca.

“En el caso de Estados Unidos, básicamente no hay una política real. Lo que Estados Unidos está haciendo es explotar su posición como el mercado más grande del mundo para amenazar a otros países con acceso limitado a su mercado mediante barreras arancelarias y forzar a otros países a no competir con empresas americanas o a invertir en Estados Unidos para construir capacidades manufactureras allí. Podría decir que esto es una versión geriátrica de la protección de la industria infantil. La protección de la industria infantil es la idea de que, de la misma manera que necesitamos proteger y nutrir a nuestros hijos hasta que crezcan y puedan competir en el mercado laboral, los gobiernos de países en desarrollo necesitan proteger y nutrir sus industrias jóvenes antes de que puedan desarrollarse y competir en el mercado mundial. No podíamos competir con lo mejor, no sé, las empresas automotrices coreanas en los 70 o las empresas textiles americanas en los 1850, pero teníamos que hacerlo algún día. Y vamos a proteger nuestras industrias para que puedan invertir, aumentar la productividad y eventualmente volverse internacionalmente competitivas. Lo que está haciendo Trump es como tener un hijo de 55 años que fracasó en su negocio porque no estaba invirtiendo, estaba gastando dinero en jets privados, yates y casinos en Las Vegas. Ahora su negocio está en problemas. Entonces su padre llega y dice: “OK, te voy a ayudar porque quiero hacerte grande otra vez. Voy a impedir que empresas extranjeras compitan contigo poniendo muros arancelarios. Y también voy a forzar a algunos de estos tipos, coreanos, japoneses, alemanes, a invertir en tu empresa”. El problema es que este tipo no tiene incentivos para mejorar su desempeño porque no hay condiciones. En los últimos 25, 30 años, las empresas americanas han dejado de invertir. Distribuyeron el 90-95% de sus ganancias a accionistas en forma de dividendos muy altos y recompras de acciones, lo que significa que la empresa compra sus propias acciones para que suban los precios y los accionistas puedan obtener ganancias extra vendiendo sus acciones. Perdieron la capacidad de invertir. Entonces, a menos que hagas que estas empresas vuelvan a invertir, no van a poder revivir su competitividad”, detalla.

Milei y el experimento argentino

El economista es categórico sobre el rumbo adoptado por el gobierno de Javier Milei:

No hay ningún país que haya tenido éxito con este tipo de políticas liberales que está implementando el gobierno del señor Milei”.

Chang ubica este proceso en una secuencia histórica conocida para América Latina, donde la región ha funcionado como laboratorio de reformas de mercado.

“Argentina ya lo intentó, bajo la dictadura militar, con Carlos Menem. No funciona”.

Incluso desarma el caso de economías consideradas “liberales”, como Singapur, al señalar el fuerte rol estatal en su estructura productiva.

Más allá del debate ideológico, Chang identifica un núcleo estructural que explica la recurrencia de crisis en Argentina: la falta de divisas.

Argentina no desarrolló la capacidad de exportar más allá de commodities primarios”.

El problema, según explica, es cíclico: cada vez que la economía crece, aumenta la necesidad de importar insumos, tecnología y bienes de capital, lo que genera tensiones en la balanza de pagos.

“Apenas crecés unos años, tenés crisis de balanza de pagos”.

Este diagnóstico conecta con una de las restricciones históricas del país y explica por qué las soluciones basadas exclusivamente en estabilización macroeconómica resultan insuficientes.

Sobre el rol de sectores como energía y minería, el economista introduce un matiz clave: pueden aportar divisas en el corto plazo, pero no resuelven el problema estructural.

“En el corto plazo puede ayudar. Pero el petróleo va a ser un activo varado”.

Chang advierte sobre la transición energética global y el desarrollo tecnológico, que podrían reducir la demanda de recursos estratégicos como hidrocarburos e incluso litio.

“Los chinos ya están desarrollando baterías de sodio. Cuando eso pase, la demanda de litio va a colapsar”.

Frente a este escenario, el economista plantea que el desarrollo requiere una estrategia activa, focalizada y con condiciones claras.

“La política industrial tiene que ser focalizada. La protección general no funciona”.

El modelo exitoso, según explica, combina protección selectiva, inversión en infraestructura, desarrollo tecnológico y formación de capital humano, con exigencias concretas de desempeño al sector privado.

Chang también describe un cambio profundo en el orden global: el avance de China, el debilitamiento del multilateralismo y la emergencia de un sistema más multipolar.

“Hoy los países en desarrollo tienen diferentes opciones. Si juegan inteligentemente, pueden mejorar sus posiciones”.

Sin embargo, advierte que la Argentina sigue atrapada en debates del pasado.“Me da pena que Argentina esté atrapada en debates de los 80 y 90”, analizó.

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Europa, entre el libre mercado y el proteccionismo

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¿Cómo se le llama a algo o alguien que pregona una cosa pero hace otra? En términos diplomáticos se le diría que es hipócrita y en el barrio se le diría “careta”. Hoy, Europa está en esa encrucijada. Una región que durante décadas ha pregonado la vida de la democracia liberal y el irrestricto respeto al libre mercado, ve en el proteccionismo la única herramienta para aún seguir en pie, mientras su luz se apaga lentamente, cual vela consumida por el calor.

Tractorazo europeo

Cuando las papas queman, la agenda de lucha se da en la calle, o al menos los europeos lo entienden de esa manera, mientras sacaban a relucir sus tractores y  maquinarias en una marcha de protesta sobre el edificio de la sede oficial de la Unión Europea en Bruselas.

El contexto o la crítica principal de los productores de los países que integran la Unión Europea es por un posible acuerdo de libre comercio entre el bloque europeo y el Mercosur. De congratularse en algún futuro, la fragilidad económica a la que están sometidos, principalmente Italia y Francia provocarían un impacto económico negativo en los sectores productivos.

La ecuación es simple. Si entran productos agropecuarios de países del Mercosur a los países de la Unión Europea, su precio en góndola será menor al de los europeos, por ende, es mucho más probable que los consumidores se vuelquen hacia los precios más accesibles. Esto decantaría en una menor demanda de los productos del viejo continente, conllevando a menor generación de excedentes, lo que se traduciría en decisiones empresariales para mantener el rango de producción y las ganancias, cómo por ejemplo la reducción de la planta laboral o la reconversión a otros modelos de producción, con el fin de abaratar costos y poder competir en las góndolas.

Ante esta situación, los productores italianos y franceses se “pararon de mano” para los políticos europeos con el fin de frenar este proyecto, cosa que lograron en cierta medida. La postergación de esto trae a colación una petición de medidas económicas para salvaguardar a los productores, sumado a multas o sanciones para los productos del Mercosur que no cumplan con los estándares “ambientales”.

Italia y Francia son los más afectados, entendiendo que son las zonas de mayor producción agrícola a gran escala y que se verían imposibilitados de competir con los productos del Mercosur. La contracara es Alemania, con una base productiva en el aparato tecnológico, ve con buenos ojos el arribo inminente en 2026 de los productos sudamericanos a un precio bajo, entendiendo la mejora que puede producir en la competitividad en los mercados más importantes del país.

Esta encrucijada en la que se encuentra Europa era un tanto impensada hace décadas. Evidentemente, estos cimbronazos son producto de la absoluta fragilidad económica y de la burbuja globalizadora que al explotar, se lleva puesto al endeble sistema en el que se encuentra el viejo continente.

Si hay un hecho histórico reciente que demostró el fácilmente corrompible modelo económico de la Unión Europea fue la guerra en Ucrania. Ante el avance de las tropas rusas (ya hace casi 4 años), los europeos tomaron la decisión de ejecutar una serie de sanciones y multas económicas de impacto internacional contra el país de Putin. Hoy, a años de comenzada la guerra, el tiro les salió por la culata. Ese cúmulo de sanciones sólo demostraron una amplia dependencia energética con Moscú, la cual en cada verano e invierno que pasa, lo sienten profundamente con cortes de energía y con una factura cada vez más cara.

Está a las claras que Europa está atravesando un momento clave, en donde su economía agraria depende exclusivamente de que no se apruebe un acuerdo de libre comercio. Ironía pura, si entendemos al viejo continente como el centro cosmopolita del mundo.

Haz lo que digo, no lo que hago

Curiosa situación la de un lugar como Europa, que, al menos desde la posguerra, pregonaron con fuerza el libre mercado. Con matices y altibajos pero siempre fiel capitalismo su Dios y el libre mercado su iglesia, hoy depende, lisa y llanamente de una decisión proteccionista.

El resguardo de un sistema completo parece estar en manos de un grupo de productores franceses e italianos. Si esto es así, ¿de qué se ocuparon los eurodiputados en décadas? Si la discusión sigue siendo libre mercado vs proteccionismo, evidentemente hubo una gran ocupación por cuestiones que no mejoraron el ritmo económico de Europa o que simplemente “no la vieron”. La descomposición social, económica y cultural a la cual está sometido el viejo continente tiene un capítulo más con los productores que piden a gritos que no entren productos del Mercosur ya que no podrían competir con los precios. 

¿Es soberbia? Posiblemente. Nunca quisieron aceptar que esa era de bonanza post caída del muro de Berlín está llegando a su fin. Esa premisa cosmopolita de que Europa es el gran ejemplo ha quedado atrás. La desglobalización se los está llevando por delante.

El rearmado geopolítico actual muestra y demanda bloques o países con tendencias nacionalistas, más no el multilateralismo que imperó hasta hace algunos años. Es justamente Europa quien tiene una crisis de identidad política actual al no tener líderes fuertes ni referencias de peso geopolítico dentro del bloque de la UE. La salida de Angela Merkel de Alemania en 2021 significó el fin de la última líder fuerte que tuvo el viejo continente. No es casualidad que Putin haya invadido Ucrania un año después. Personajes como Macron, Scholz o Meloni son simples caras de rutina para los grandes mandamases del mundo: Putin, Trump y Xi Jinping.

Puede pasar. Un movimiento agrario en Europa puede ser el empujón que necesitan sus políticos para dar un giro en el timón político y empezar a ponerse a tono con la nueva era geopolítica.

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El ministerio de Ambiente presentó un plan contra la extinción de especies

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El Plan de Acción Extinción Cero apunta a la conservación y prevención de especies autóctonas en peligro, como el yaguareté, el venado de las pampas, la ranita del Pehuenche, el cardenal amarillo, entre otras.

En la presentación del programa Extinción Cero que busca la conservación de especies autóctonas, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Sergio Bergman, remarcó que “los chicos son promotores y despertadores de conciencia”.

“Los chicos y los jóvenes son los que nos terminan enseñando a los adultos, nos van marcando estas nuevas tendencias, por eso es fundamental apuntar a la educación ambiental en los niveles iniciales y, para ello, es importantísima la articulación de los distintos ministerios y la participación de los gobiernos provinciales y municipales”, dijo Bergman a Télam tras la presentación del Plan de Acción Extinción Cero, que apunta a la conservación y prevención de especies autóctonas en peligro.

Para este programa se “estudiaron las especies argentinas que están en peligro crítico de extinción y se priorizaron siete, a las que se le realizará una tarea de seguimiento y acompañamiento para protegerlas”, explicó el ministro, quien detalló que se apunta a “cuidar el hábitat de cada población, combatir la caza furtiva y el tráfico ilegal de fauna”.

En este sentido, aseguró que es “esencial el trabajo interdisciplinario tanto con el ministerio de Seguridad” para llevar adelante operativos contra este tipo de delitos, como con la cartera de educación “que permite llegar a los más chicos, que son los niños que ya saben identificar estas especies protegidas”.

La primera etapa del programa apuntará a crear un plan de acción enfocado en la conservación y protección del yaguareté, el venado de las pampas, la ranita del Pehuenche, el cauquén colorado, el cardenal amarillo, el macá tobiano y la mojarra desnuda.

Para esta selección se tuvo en cuenta el peligro de extinción crítico que afrontan estas especies y la representación de cada una las ecorregiones del país.

“Si le preguntamos a un ciudadano medio sobre cualquiera de estas especies, es muy probable que no las conozca, por eso consideramos que hay que trabajar desde la escuela, con educación ambiental apuntada a los mas pequeños, en la concientización y el cuidado de todas las especies”, señaló el ministro.

Para Bergman, “estos animales están en peligro, en muchos casos por las actividades que realiza el hombre, malversando y depredando la naturaleza, ya que la consideraba como un bien ilimitado, y estos animales en riesgo son parte del resultado”.

El secretario de Política Ambiental y Cambio Climático, Diego Moreno, señaló que para la confección de este plan se realizó “un primer relevamiento de 15 especies en riesgo critico y, en esta primera etapa vamos a trabajar con estos 7 proyectos, en conjunto con los gobiernos provinciales, municipales y organizaciones de la sociedad civil”.

“Esto es un trabajo de todos, vamos a desarrollar acciones concretas para atacar las amenazas que estas especies tienen”, agregó y explicó que junto al ministerio de Seguridad “apuntaremos al fortalecimiento para detectar el mercado ilegal de fauna silvestre, talleres de capacitación para personal de frontera, donde se harán mayores controles”.

“Otro de los punto conflictivo es la introducción de especies exóticas de otros continentes, que son traídas y luego compiten y desplazan a especies autóctonas”, evaluó Moreno.

Como parte de esta iniciativa, que se presentó en el Paseo de la Costa de Vicente López, se actualizarán las “Listas Rojas”, evaluando todas las especies de diferentes grupos que se encuentran en Argentina, y se las categorizará según su nivel de amenaza.

La tarea comenzará con aves y mamíferos, una acción que no se realizaba desde 2010 y 2004, respectivamente.

El programa se realizará en el marco de la Estrategia Nacional de Biodiversidad que lleva adelante el ministerio de Ambiente en articulación con las provincias y municipios y en colaboración con organismos nacionales, de la sociedad civil y el sector académico.

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