El Gobierno de Misiones continúa con las obras de infraestructura en el Puerto de Posadas para ampliar la atención que puede brindar esa terminal fluvial a las empresas exportadoras de la región, que reducen sustancialmente sus costos logísticos al operar esa modalidad de transporte.
La Dirección Provincial de Vialidad ejecutó la obra básica y el asfaltado de la playa de maniobras, antes de la habilitación del depósito fiscal de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP).
Para poder asfaltar la playa se proyectó un espacio adecuado para el tránsito pesado y el acceso al depósito. Primero se ejecutaron obras de saneamiento que permiten drenar el agua subterránea que había en el lugar. Paralelamente se generaron cunetas de guardas laterales para proteger dichas obras. Posteriormente, el equipo de DPV avanzó con la ejecución de una sub base de piedra triturada, una base asfáltica y carpeta de rodamiento en todo el sector de la playa de maniobras. De esta manera se facilitará tanto la circulación de camiones como la limpieza que requiere el lugar para poder ser habilitado.
“En el lugar se ejecutó una importante obra de saneamiento para aportar una infraestructura de soporte adecuada al puerto, como Posadas y la provincia requieren, que jerarquice, facilite y optimice la logística de la región. En una segunda etapa, para dar funcionalidad, se ejecutará una dársena de hormigón que servirá de acceso a la báscula”, detalló el ingeniero Sebastián Macias, presidente de Vialidad de Misiones.
Hasta ahora la Provincia no contaba con un depósito fiscal general en la provincia donde los exportadores puedan consolidar su carga. “Todos los exportadores que hoy no tienen su planta habilitada para despachar sus productos deben ir a los puertos de Buenos Aires, Rosario o al Centro Unificado de Fronteras en Santo Tomé”, explicó Ricardo Babiak, presidente de la administración portuaria de Posadas y Santa Ana.
Este nuevo servicio no solo proporcionará las facilidades portuarias y de flete fluvial, sino también la consolidación y despacho desde el mismo puerto.
Se conoció el decreto con el que el gobierno de Javier Milei pretende volver a licitar la vía navegable troncal y disolver el Consejo Federal de la Hidrovía, corriendo de la escena a las provincias por las que pasa el Río Paraná y el Río de la Plata.
El decreto transfiere el manejo del proceso desde la Administración General de Puertos al Ministerio de Economía, lo que significa un nuevo retroceso para el desarrollo de los puertos públicos provinciales, dejando a merced de las corporaciones el mercado de granos y los impactos que el tráfico fluvial genera sobre el ambiente.
El gobierno tiene un proyecto de decreto de necesidad y urgencia que desplaza a las provincias de la licitación de la principal vía de exportación del país: por allí circula casi el 80 por ciento de las cargas granarias y derivados industriales procesados en el polo del Gran Rosario.
Con este decreto, Milei da de baja el esquema trazado por el gobierno de Alberto Fernández y avanza hacia el modelo de licitación de los años 90, que entregó el dragado de los ríos a la empresa privada Jan de Nul, sin prever mecanismos de control estatal.
Esto significa que deja afuera en el control de la Vía Navegable Troncal del Río Paraná y del Río de la Plata a los gobernadores de Entre Ríos, de Corrientes, de Santa Fe y de Misiones.
Las provincias perderán la oportunidad de discutir temas fundamentales como los dragados de sus canales de acceso a los puertos provinciales, la evaluación del impacto ambiental sobre su fauna ictícola, flora, la calidad del agua y la erosión de sus costas, cuestiones esenciales para la vida y el desarrollo de la región.
Con este decreto que está al firmar de Milei, Entre Ríos y las demás provincias ribereñas (Buenos Aires, Chaco, Corrientes, Formosa, Misiones y Santa Fe) volverán a dejar de tener voz y voto, y deberán acatar las decisiones del gobierno nacional, permitiendo que las corporaciones avanzan de nuevo sobre los intereses soberanos.
Desde hace varias décadas en la región se utiliza el término corredores bioceánicos, aunque surgen dudas sobre si es correcto usar este concepto en Sudamérica o está siendo mal utilizado y deberíamos hablar de ejes de Integración y Desarrollo.
Es conveniente comenzar por definir claramente la expresión “Corredores Bioceánicos”, que es un puente terrestre que une mercados de continentes distantes, separados por océanos, donde la mercadería corre de un océano a otro. Un claro ejemplo son los Corredores Bioceánicos Norteamericanos, los cuales permiten que la carga proveniente desde Oriente vía Pacífico transite por el corredor terrestre continental y retome la vía marítima (Atlántico) para arribar a las costas de Europa, con un tráfico que se da en ambos sentidos y donde la distancia es menor que usando el Canal de Panamá.
Hagamos un ejercicio simple y práctico, tomemos algunos de los 22 países de África que tienen costa sobre el océano Atlántico, ¿podrimos decir que Angola, Nigeria, Namibia, Camerún, Congo o Sudáfrica tiene cargas que sean enviadas con destino a Asia que requieran usar a Sudamérica como puente, o que Asia tenga carga que envié a estas regiones? la respuesta claramente, es no. Con la sola observación utilizando una herramienta, como el Google Earth, podemos ver que la distancia para dichos países es más corta bajando en barco por Sudáfrica cruzando por ciudad del Cabo y dirigiéndose directamente a Asia. El trayecto vía Sudamérica como CORREDOR BIOCEÁNICO será de 28.375 Km, contra 15.432 Km si el viaje se hiciera directamente en barco bajando por Ciudad del Cabo.
Sumado a esto en 2000, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) realizó un estudio con el objetivo de saber cuáles eran las ventajas competitivas al mover el comercio entre América del Sur y Asia vía Pacífico, y concluyó que no existían ventajas para la salida por allí de carga contenerizada desde la Argentina.
Todo lo expuesto nos indica que deberíamos hablar de Ejes de Integración y Desarrollo (EIDs), tal como lo define el COSIPLAN (Consejo Suramericano de Infraestructura y Planificación) son franjas multinacionales de territorio en donde se concentran espacios naturales, asentamientos humanos, zonas productivas y flujos comerciales. Para cada EID se identifican los requerimientos de infraestructura física, a fin de articular el territorio con el resto de la región, planificar las inversiones y mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Los EIDs organizan el territorio sudamericano y ordenan la Cartera de Proyectos. En IIRSA (Iniciativa de integración regional Sudamericana) se han identificado diez EIDs: Andino, Andino del Sur, Capricornio, Hidrovía Paraguay-Paraná, Amazonas, Escudo Guayanés, Del Sur, Interoceánico Central, MERCOSUR-Chile, Perú-Brasil-Bolivia.
Por lo antes mencionado, sostengo que no existen corredores Bioceánicos en Sudamérica, sería mas apropiado hablar de ejes de integración y desarrollo como lo expresa IIRSA-COSIPLAN en sus ejes estratégicos de infraestructura para Sudamérica.
En el caso de los productos argentinos que tienen como destino Asia, si se usaran los puertos de Chile, la distancia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) a Valparaíso es de 1.461 kilómetros y de éste al puerto a Shanghái, uno de los puertos asiáticos más importantes, es 19.500 kilómetros. Ese mismo viaje desde el Puerto de CABA por el océano Atlántico e Indico a Shanghái es de 19.000 kilómetros, lo que representa menos kilómetros, sumado a esto la historia demuestra que la cordillera de los Andes es un obstáculo muy difícil para toda forma de transporte, requiriendo altas inversiones en infraestructura y elevados costos operativos logísticos en relación al valor de la mercadería transportada.
Como misionero sostengo que es más importante que impulsemos a que la Argentina oriente su estrategia a fortalecer sus ejes de integración y desarrollo como ser la Hidrovía Paraguay-Paraná, que potencie la logística a través de los trenes y su conexión con los puertos fluviales y marítimos nacionales para sacar la producción exportable de las diferentes regiones de nuestro país a optar por la salida por el Pacífico.
Un claro ejemplo a consolidar es lo que vivíamos hace pocos días, la partida de un puerto Misionero de dos barcazas cargadas con 80 contenedores con productos locales con destino al mundo. De esta forma podremos fortalecer el rol estratégico del puerto de la ciudad de Posadas como un Hub regional para lograr esa máxima del comercio exterior de “llegar justo a tiempo, con el mejor precio posible y la máxima calidad”.
Poco más de un año después de haberse puesto en operaciones, el puerto de Posadas sacará este jueves la mayor carga de la que se tenga registro: serán 80 contenedores de madera de las firmas Arauco y Acon Timber.
Se trata de la carga más grande, que va en sintonía con un marcado crecimiento de las operaciones del puerto capitalino. El convoy con 80 contenedores vacíos llegó este domingo y se prepara para iniciar el viaje 14 entre el jueves y viernes. La conexión es Posadas-Zárate-Montevideo y de allí al mundo.
Los dos principales operadores son Arauco, que transporta pasta celulósica y Acon Timber, el aserradero de Virasoro que eligió el puerto misionero para exportar sus cargas de madera.
Ambos operadores se transformaron en los más regulares del puerto posadeño, que también cuenta con té y yerba mate, pero en menor volumen. Sin embargo, según el administrador del puerto, Ricardo Babiak, es creciente la demanda de cotización para poder sumar cargas a las operaciones.
En paralelo, avanza la puesta a punto del depósito fiscal. Por estas horas se está construyendo el piso consolidado para el peso de los camiones.
Escribe Leandro Vesco, (La Nación). La tierra colorada es intensa y las hojas de los árboles son inmensas, la vida tiene mucho espacio para desarrollarse y la selva abraza en embrujos y belleza a este pequeño pueblo a orillas del majestuoso río Paraná, y frente a la costa paraguaya. Está a media hora de Puerto Iguazú y del destino estrella: las Cataratas. Sin embargo, aquí crece el silencio y la calma. “Es la capital de la tranquilidad”, dice Celia Cuba, mientras licúa mangos y asa un mbeyu en su bar Utama.
Celia Cuba, la propietaria del bar Utama.
“Queríamos escapar a la muchedumbre de las Cataratas”, dice Patricia Fornillo, violinista de la Orquesta Filarmónica del Teatro Colón, de visita en el pueblo. Puerto Libertad no perdió su dinámica de la vida “a la misionera”, como le llaman aquí a hacer todo sin prisa y con una sonrisa. El calor es penetrante, a las 6 el termómetro abraza los 32°C, los mbarigüis –pequeños mosquitos– amenazan a los visitantes y obvian a los locales. “Sabemos a la hora en la que salen”, dice Cristián Duarte, que nació aquí.
En las verdulerías se ofrecen frutas tropicales, guayaba, papaya, mango, cocos, maracuyá, jaboticaba, pitanga, cítricos, ananá y algunas que llegan de Brasil. Todas son grandes, carnosas, jugosas y de colores puros. En la plaza hay puestos que venden chipa caburé, que se asa a las brasas en un palo de escoba. En Misiones muy fácilmente se reconoce al foráneo. “Los de afuera le agregan el acento, para nosotros es femenino y sin acento, la chipa”, explica Duarte. La chipa es el maná, se consume a toda hora y en todo lugar. La influencia guaraní es más fuerte que la brasileña.
Chipa en guaraní significa masa y todo lo que quepa dentro de ella, es válido, así en las casas se hacen chipa guazú, soó, mboca o pirá. Cada familia tiene su receta y es secreta. El mbeyu es una variante asada similar a una tortilla, pero en este caso delgada y porosa. “Vivimos muy tranquilos”, reafirma Duarte. En las veredas, hacia la tarde, los vecinos sacan sus reposeras para tomar “el fresco” y los jóvenes se juntan a tomar “tere” (tereré). Puerto Libertad es la joya oculta de Misiones.
Orígenes
Tiene una historia muy interesante, cambió de nombre tres veces. Nació como Puerto Bemberg, la familia fue la impulsora de la industria yerbatera y cambió el paradigma de las condiciones laborales: a los empleados les daba casa para fomentar el arraigo y desalentar el estilo de vida nómade del trabajador golondrina. Construyó una escuela y una iglesia. Fue una industria modelo. Con el peronismo, se expropiaron las tierras y se rebautizó como 17 de octubre, luego Puerto Evita y durante la Revolución Libertadora, recibió el nombre que quedó hasta la actualidad, Puerto Libertad.
“Hay brujas en el pueblo”, señala Duarte. El folclore guaraní otorga a la selva una vida propia de entidades benévolas y malignas. También los “maestros” umbandas tienen centros espirituales y programas de radio, en ambas orillas se oyen y ofrecen “amarres”, “macumbas” y hasta un perfume “Abrecaminos” que asegura el éxito en las finanzas personales y en el amor. “Se oyen muchas historias de aparecidos”, dice Duarte. El Pombero, el Yasy Yateré, el Kurupí y el Yaguarú, quien protege la selva, son algunos de los personajes míticos que viven en los espacios verdes. “Todas esas creencias son parte de nuestra cultura”, describe.
“No puede ser que Misiones sea solo las Cataratas”, dice Juan Manuel Zorraquín, a cargo de la Posada Puerto Bemberg, un lodge con una historia importante: aquí nació la industria yerbatera argentina. Hoy está dentro de una reserva natural privada de 300 hectáreas, con arroyos de aguas cristalinas y acceso al salto Yasí (luna, en guaraní), escondido y virgen, por aquí también se llega por agua a las Cataratas. “Somos el lado B de esa maravilla mundial”, agrega Zorraquín. La posada resume el espíritu de Puerto Libertad, inmersa en la selva, sus habitaciones tienen contacto directo con la espesa vegetación. También es el portal de ingreso al secreto mejor guardado de esta costa: el Pristine Iguazú.
“Nuestro objetivo es el encuentro con uno mismo, pero también ayudar al desarrollo del pueblo”, dice Héctor “Bebe” Badino, presidente de la Fundación Pristine, es una red de alojamientos que tienen en común el estar aislados y en contacto estrecho con la naturaleza. Tienen domos en las Salinas Grandes en Jujuy y en El Calafate. Su proyecto en Puerto Libertad es más amplio que el de ofrecer hospedaje en la selva y a orillas del Paraná, en completa austeridad de miradas y con pocas huellas humanas que interrumpan el exuberante y armónico barullo selvático. “Abrimos una escuela donde dictamos la tecnicatura en gestión hotelera”, cuenta. En tres años los alumnos reciben esta formación y la fundación los apadrina.
Chipa, uno de los atractivos gastronómicos.
Es la única escuela de este tipo en Puerto Libertad. Los egresados hacen pasantías pagas en la cadena de la fundación y en la Posada Puerto Bemberg. Con certificaciones de casas de altos estudios nacionales, la institución es una de las pocas chances de los jóvenes para insertarse en el mundo laboral en un campo, el turístico, que en Misiones es una verdadera industria. “El 75% de las empleados son del pueblo”, afirma Badino para referirse al staff de Pristine. Abrió en septiembre de 2023 y el impacto que tuvo en la pequeña localidad fue inmediato. “Estamos abriendo la inscripción para este año y ya tenemos 20 interesados”, afirma Badino.
Siguiendo una calle de lajas coloradas, escoltada por güembés, palmeras pindó y plantaciones de árboles y ya dentro de la reserva Bemberg, un camino penetra por el corazón de la selva. La intervención es mínima. Pristine está diseñado para personas que quieren alejarse del mundo. “Buscamos valorizar la vida, la cultura local y un regreso a nosotros mismos”, confiesa Badino. Seis “vilas” (especie de chozas lujosas con techos de paja) montadas sobre un deck ofician como penínsulas en altura que penetran la selva. Tienen todas las comodidades. Cada una es una pequeña isla de humanidad inmersa en la abrumadora exuberancia.
Una Main House (casa principal) es el punto de encuentro, allí caben los 20 pasajeros que, como máximo, moran este pequeño mundo de soledad y belleza. “Vine para estar sola y sentir el sonido del agua y las aves”, afirma Fornillo. Más de la mitad de su vida la ha dedicado a la música y en sus máximas exigencias. “El sonido de la ciudad se ha vuelto insoportable, necesitamos silencio y naturaleza”, sostiene. Eligió Pristine para volver a sentirlos “Es un lugar muy íntimo, estás en la selva”, dice Lidia Branda, su madre que la acompaña.
Un lugar rico
“Son las voces de los hermanos paraguayos”, dice Duarte. Desde la escalinata de una antigua capilla se ven luces en la costa del frente. Es el pueblo Irala, del vecino país. El río Paraná une ambas naciones y hermana las culturas, su cauce es aplomado y lento, aunque es constante. La profundidad del río aquí es de 90 metros. Es tal la ausencia de sonidos artificiales que es posible oír diálogos enteros del pueblo guaraní. “Compartimos una cultura común”, describe Duarte, quien trabajo en Pristine. “No fue necesario irme del pueblo, amo mi tierra”, dice.
La gastronomía es el mejor lenguaje para materializar esa unión de culturas. “Nos aferramos al producto local”, señala Carla Cañete, a cargo de la pastelería en Pristine y como gran parte de sus compañeros, oriunda de Puerto Libertad. Creció entre guayabos y palmeras. “Libertad es un lugar rico”, resume. Señala tres frutas que están dentro del menú: el mango, la guayaba (hace un postre frío con tres texturas de esta icónica fruta tropical) y la yaca, un fruto milenario que se asemeja a la imagen que se les da a los huevos de dragón en las películas, de figura ovalada, pesada, grande y con una piel similar a la de un animal prehistórico, puntiaguda. “Tiene los mismos nutrientes que la carne”, dice Lucas Gómez, maitre.
La mencionada yaca, la mandioca chiriry, el borí borí, el reviro, el dorado, pacú y el ceviche de surubí, los ñoquis de mandioca, la infaltable chipa y los grandes ventanales que muestran el Paraná y la enigmática selva son atractivos aquí. “Nos gusta nuestra tierra colorada y el calor”, dice Cañete. En broma señala la imposibilidad de mantener limpias las zapatillas blancas. “Tenemos mucha libertad en el pueblo, nos conocemos todos”, afirma. Sostiene que la escuela hotel es una gran oportunidad para los jóvenes.
“Es la Nueva Iguazú”, dice Badino cuando quiere hallar una palabra para describir Puerto Libertad y este germinal destino que se muestra como disruptivo, frente a una de las maravillas del mundo, visitada por miles de turistas de todo el mundo, con hoteles colapsados y restaurantes a sala llena. Habla de una evolución de los viajeros. “Buscan lugares alejados, descubrir la naturaleza, vivirla en privacidad”, señala. “Estamos muy cerca de todo, pero a la vez lejos”, resume Duarte.