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Sin alto el fuego ni acuerdo: qué significa la cumbre de Alaska para Trump, Putin y Ucrania

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, abandonaron Alaska este viernes sin llegar a un acuerdo para un alto el fuego en Ucrania.

Tras una reunión de casi tres horas, los líderes emitieron una declaración conjunta a los medios de comunicación antes de marcharse sin responder preguntas.

Con aviones de combate, alfombra roja y un eslogan esperanzador (“Buscando la paz”) en la pared, el presidente Donald Trump recibió a su homólogo ruso, Vladimir Putin, para una cumbre en Alaska cuyo resultado quedó completamente incierto tras su abrupto final.

Después de casi tres horas de reunión, ambos líderes salieron proclamando avances, pero abandonaron la conferencia de prensa sin explicar qué lograron exactamente.

Algo es evidente: no hubo acuerdo.

“Hubo muchos, muchos puntos en los que estuvimos de acuerdo; la mayoría, diría yo”, dijo Trump tras la intervención de Putin. “Un par de puntos importantes en los que aún no llegamos, pero hemos avanzado”.

“No hay acuerdo hasta que haya un acuerdo”, sentenció Trump.

Ambos se retiraron del escenario sin responder preguntas.

Fue un final inconcluso para una cumbre vistosa que, pese a las incógnitas, pareció dar la bienvenida definitiva de Putin al escenario diplomático.

Sin embargo, desde el inicio quedó claro lo difícil que será la tarea de Trump. Mientras los presidentes se saludaban en la pista de la Base Aérea Elmendorf, en Ucrania sonaban alertas por drones y aviones rusos, una señal de que Putin mantiene su ofensiva incluso mientras Trump le ofrecía honores en suelo estadounidense.

Puntos clave de la cumbre en Anchorage:

Avances, pero sin acuerdo

Ambos líderes ofrecieron un balance vago de una reunión que se extendió por horas.

“Tuvimos una reunión sumamente productiva y se acordaron muchos puntos”, dijo Trump. “Quedan muy pocos. Algunos no son tan significativos. Uno probablemente es el más importante, pero tenemos muy buenas posibilidades de lograrlo. No lo logramos, pero tenemos muy buenas posibilidades de lograrlo”.

Sin embargo, no quedó claro cuán cerca están de poner fin a la guerra en Ucrania.

Previo a las conversaciones, siempre fue más claro cómo se vería un resultado fallido que uno exitoso. Trump había prometido “levantarse e irse” si no le gustaba lo que Putin decía, amenazó con reducir la conferencia de prensa conjunta a una aparición en solitario y advirtió que habría “consecuencias severas” para Moscú si la guerra no terminaba.

No obstante, mientras volaba a Anchorage, Trump admitió que no sabía cómo se vería el éxito, sugiriendo que lo reconocería cuando lo viera.

Al final, el éxito fue tan difícil de identificar después de la cumbre como lo era al principio.

Sin noticias sobre una reunión con Zelensky

Trump no mencionó la posibilidad de una cumbre trilateral entre él, Putin y el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, algo que previamente había señalado como su objetivo final.

Dijo que llamaría por teléfono a “las personas que considere apropiadas”, incluyendo a Zelensky, para informarles sobre las conversaciones.

Sin embargo, la única reunión futura mencionada durante su aparición fue un posible nuevo encuentro con Putin.

“Nos hablaremos muy pronto, y probablemente nos veremos de nuevo muy pronto”, dijo Trump.

“La próxima vez en Moscú”, respondió Putin en inglés, lo que parece excluir a Zelensky de la discusión.

Putin regresa al escenario diplomático

Poco después de su llegada a Estados Unidos, la sonrisa de Putin al asomarse por la ventana de la limusina de Trump lo decía todo: tras años de aislamiento occidental, estaba de regreso en la nación más poderosa del mundo.

Habían pasado 10 años desde la última visita de Putin a Estados Unidos y aún más desde que fue recibido para una cumbre presidencial importante. Tras la invasión a Ucrania en 2022, el líder ruso se convirtió en un paria para muchos mandatarios, no bienvenido en la mayoría de los países occidentales e incluso con una orden de arresto de la Corte Penal Internacional. (Alaska fue elegida en parte porque EE.UU. no es miembro de la CPI).

Pero el aislamiento de Putin terminó cuando su avión aterrizó en Anchorage. Con alfombra roja, un sobrevuelo de aviones de combate y aplausos del propio presidente de EE.UU., el mensaje de Trump fue claro: Putin estaba de vuelta. La televisión estatal rusa calificó el saludo sonriente como un “apretón de manos histórico”.

Aunque Putin sigue sin ser bienvenido en gran parte de Europa, la decisión de Trump de recibirlo —como líder de la mayor economía y el Ejército más poderoso del mundo— debilita más los intentos de aislamiento diplomático que cualquier otro mandatario podría lograr.

Esto quedó aún más claro cuando Putin subió a la limusina blindada de Trump, un gesto inusual que simbolizó su regreso a la diplomacia global. Incluso sin grandes avances, para él, fue una victoria.

La sorpresa llegó justo cuando Trump aterrizaba: ya no se reuniría con Putin a solas. En cambio, dos asesores se unieron a cada líder para las conversaciones bilaterales.

Esto fue diferente a lo anunciado a principios de semana, cuando la Casa Blanca dijo que la cumbre incluiría un componente a solas. Un funcionario estadounidense señaló que fue un cambio de último momento, pero no ofreció explicación sobre el motivo.

Las reuniones uno a uno de Trump con Putin durante su primer mandato estuvieron rodeadas de cierto misterio. Con solo un traductor en la sala, a menudo no quedaba claro qué se discutía exactamente. A veces, los asesores tenían dificultades para saber si los dos líderes habían llegado a algún acuerdo. Tras una de esas reuniones, en Alemania, Trump pidió a su intérprete que destruyera sus notas.

La incorporación de dos asesores a la sesión de este viernes —el secretario de Estado, Marco Rubio, y el enviado especial, Steve Witkoff— podría aportar mayor claridad en los próximos días, especialmente si Rusia y EE.UU. ofrecen versiones distintas de lo ocurrido.

Aun así, hubo un momento que solo Trump y Putin podrán relatar: su breve trayecto juntos en la limusina presidencial, desde la pista hasta la sala de reuniones. Nadie más estuvo en el auto, salvo agentes del Servicio Secreto; nada de asesores ni traductores.

El contenido de esa breve charla solo lo saben ellos.

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Cumbre Trump-Putin: avances, pero sin acuerdo por Ucrania

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Las conversaciones se llevaron a cabo en un ambiente “respetuoso y constructivo”, dice Putin.

“No hay acuerdo hasta que haya un acuerdo”: el presidente de EE.UU., Donald Trump, y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, ofrecen una conferencia de prensa en Alaska tras reunirse para conversar sobre la guerra en Ucrania. Ambos líderes se han elogiado mutuamente y han calificado la reunión de constructiva, pero “no hay acuerdo hasta que haya un acuerdo”, declaró Trump, añadiendo que próximamente llamará a la OTAN y a Kyiv.

Las negociaciones entre el presidente ruso Vladimir Putin y el presidente de Estados Unidos Donald Trump se llevaron a cabo en un “ambiente respetuoso, constructivo y de mutuo respeto”, dijo Putin en una conferencia de prensa posterior a la reunión.

“Nuestras negociaciones se llevaron a cabo en un ambiente respetuoso, constructivo y mutuamente respetuoso, fueron muy exhaustivas y fructíferas”, dijo.

Putin reiteró su agradecimiento por la invitación de Trump para visitar Alaska.

“Es bastante lógico reunirnos aquí, porque nuestros países, aunque separados por océanos, son vecinos cercanos”, dijo el líder ruso.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, está considerando un lugar diferente para su próxima reunión con el presidente Donald Trump: Moscú.

La sugerencia de Putin de celebrar una cumbre posterior en la capital rusa —una solicitud que hizo en inglés— provocó una reacción ambivalente por parte de Trump.

El presidente de EE.UU., reconoció que aceptar esa propuesta sería muy controvertida, pero no la descartó por completo. “Esa es una pregunta interesante, me van a criticar un poco”, dijo Trump. “Pero creo que podría suceder”.

El presidente ruso, Vladimir Putin, dijo que está de acuerdo en que debe garantizarse la seguridad de Ucrania.

“Estoy de acuerdo con (el presidente de EE.UU.) Donald Trump en que la seguridad de Ucrania debe ser garantizada, y por supuesto, estamos listos para trabajar en eso”, dijo.

Agregó: “Me gustaría esperar que el acuerdo al que hemos llegado juntos nos ayude a acercarnos a ese objetivo y allane el camino hacia la paz en Ucrania.”

La llegada

Con un apretón de manos en la pista de aterrizaje de la base de la Fuerza Aérea Elmendorf-Richardson en Anchorage, Alaska, el presidente de EE.UU., Donald Trump, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, iniciaron este viernes una muy anticipada cumbre en la que está en discusión la actual guerra en Ucrania y las posibilidades de un cese el fuego.

Luego de intercambiar saludos, los mandatarios posaron brevemente ante la prensa y se marcharon juntos en una limusina para acudir a su reunión a puerta cerrada.

Durante el encuentro, ambos mandatarios están acompañados de dos asesores cada uno.

En el caso de Rusia, se trata del ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, y el asesor de política exterior, Yuri Ushakov. A Trump, lo acompañan el secretario de Estado, Marco Rubio, y el enviado especial, Steve Witkoff.

La reunión forma parte de las iniciativas que ha puesto en marcha Trump desde su regreso a la presidencia con miras a poner fin a la guerra en Ucrania, un objetivo que hasta la fecha se ha mostrado esquivo.

Cómo se desarrolló la jornada: Putin y Trump llegaron a las conversaciones de hoy en su avión presidencial, participando en una ceremonia de bienvenida cuidadosamente coreografiada en la alfombra roja antes de partir juntos en la limusina presidencial estadounidense.

Trump y Putin junto a sus traductores y los dos asesores que acompañan a cada uno.

El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, no fue invitado a participar en el encuentro, que Trump ha presentado como una especie de reunión preliminar para evaluar la disposición de Putin a lograr la paz.

En un mensaje publicado en su cuenta en X este viernes, Zelensky se mostró escéptico sobre las intenciones de Moscú y aseguró que Kyiv está listo para avanzar en la búsqueda del fin del conflicto.

“En el día de las negociaciones, los rusos también están matando. Y eso lo dice todo. Recientemente, hemos discutido con Estados Unidos y Europa qué puede realmente funcionar. Todos necesitamos un fin justo a la guerra. Ucrania está dispuesta a trabajar de la forma más productiva posible para poner fin a la guerra, y contamos con una postura firme de Estados Unidos. Todo dependerá de esto: los rusos tienen en cuenta la fuerza estadounidense. No se equivoquen: fuerza”, escribió.

Putin y Trump.
Pie de foto, Trump y Putin posaron brevemente para la prensa.

Rusia, por su parte, ha introducido en la agenda de discusión otros temas distintos a la guerra en Ucrania y más de interés bilateral para Washington y Moscú, como los acuerdos sobre control de armas nucleares y la posibilidad de cooperación económica entre los dos países.

Sin embargo, antes del encuentro, Trump dejó claro su interés en lograr avances en el conflicto de Ucrania y dijo que “no estará contento” si durante la reunión con Putin no se acuerda un alto el fuego.

Este es el primer cara a cara que sostienen Trump y Putin desde el regreso del mandatario estadounidense a la Casa Blanca. La última vez que se vieron en persona fue en junio de 2019, en el marco de una cumbre del G20 en Osaka (Japón).

Trump y Putin
Putin y Trump
Putin fue recibido por Trump en la pista de aterrizaje de la base aérea de Anchorage.
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Trump, ¿the lord of war?

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Donald ha hecho del fin de los conflictos mundiales parte de su prédica predominante. Desde Ucrania hasta Medio Oriente, como los casos salientes, el mandatario estadounidense busca un mundo en donde el comercio sea fluido y las guerras bajo control del Tío Sam. Aparentemente, y refrendando lo ya logrado en su primera gestión, su violencia verborrágica no es parte de la política exterior. 

Dos guerras, un objetivo 

Ucrania y Medio Oriente han servido, en tan solo algunos meses, como termómetro del manejo de conflictos que tiene el gobierno de Donald Trump. De hecho, parte de su campaña electoral se centró en ponerle un punto final a la guerra en Ucrania. 

En Europa del Este la cosa se le empantanó un poco. Si bien logró acercar las partes, esa posición del gran pacificador quedó meramente dilatada. Trump no pudo lograr hasta hoy, que Putin y Zelenski arrimen posiciones con el fin de terminar esta conflagración, aunque las conversaciones continúan y el teléfono está siempre disponible. 

Por otro lado, el interminable conflicto en Medio Oriente. La guerra en Gaza, la crisis con los hutíes en Yemen y la más reciente (o no tanto) guerra entre Israel e Irán. Lo cierto de todo esto es que la situación en esta parte del mundo será siempre la misma, gobierne quien gobierne en Estados Unidos, entendiendo dos cuestiones: el petróleo y la causa palestina. 

Ahora, más allá de todas las cuestiones o características que definen a cada conflicto, queda por preguntarse la razón por la cual Trump quiere tan insistentemente la paz. El mandatario estadounidense ve en un mundo bajo control, la posibilidad de ampliar sus ganancias. 

Muchos historiadores coinciden en que la industria armamentística fue un pilar para Estados Unidos y que la guerra se transformó en un negocio, y es realmente cierto eso, sin embargo, Trump ve un mundo que ya no acepta los conflictos bélicos como antes. 

El siglo XIX fue clave para la expansión y el crecimiento de Estados Unidos, con conflictos de por medio, el siglo XX fue signado por dos guerras mundiales y por la Guerra Fría, pero el siglo XXI ya vio a los primeros nativos de la globalización, es decir, a aquellos que nacieron, crecieron y viven en la era del mero dominio del capitalismo y donde, en Occidente, las guerras son cosas del pasado o reservado para algunos lugares del mundo. 

Esto último es algo que puede evidenciar la total sorpresa de millennials y centennials ante las guerras previamente nombradas y sobre todo, a los niveles de incomprensión de un mundo complejo. 

Dada esta situación, Donald Trump entiende que la guerra es algo que siempre existirá pero la mejor forma de asegurar su ganancia es que esté bajo control estadounidense. Si tiene la hegemonía de los conflictos, tiene la hegemonía de los mercados. 

Simplemente, Trump quiere hacer dinero. Le interesa un mundo multipolar lo menos conflictivo posible para poder continuar con sus negocios y para enfocarse en su verdadero rival, el cual vamos a nombrar más adelante. Una demostración de esto es la apresurada necesidad de declarar cualquier tipo de algo al fuego entre Irán e Israel cuando el Régimen de los Ayatolas aclaró que podría cerrar el Estrecho de Ormuz. Por esa zona pasa gran parte del petróleo y el gas que abastece al mundo. El resultado está a las claras: cuando le tocaron el bolsillo, se acordó de la paz.

China, la única “guerra” para Trump 

Siempre lo dejó claro. Jamás pretendió ocultarlo o matizarlo, sino que fue tajante al entender que su gran amenaza es China. 

No es el Estado moderno chino al mejor estilo “1984” de George Orwell, imitando a su simbólico Gran Hermano pero con la salvedad de una híper avanzada tecnología que le permite estar en cada detalle de los ciudadanos. 

Tampoco es la pretensión china de avanzar sobre Taiwán, algo que, eventualmente, va a suceder de manera bélica. Lo que le quita el sueño a Trump es la economía, y es el hecho de que China reúne las condiciones para pelear el lugar de la máxima potencia económica del mundo. 

A Trump le importa la plata, y por primera vez ve en China un digno contrincante. Ese capitalismo de Estado ha llevado al gigante rojo de Asia a la cima de la proyección de poder económico global. Desde el fin de la Unión Soviética es que Estados Unidos no tenía un digno polarizador. 

Lo que distingue a China y atemoriza a Trump es su poder de persuasión. En su forma de comercio exterior, China logró conseguir tratados y permisos de explotación con el fin de hacer obras o de promover el crecimiento y el desarrollo local, algo que Estados Unidos nunca lo entendió así, sino más bien con el pleno sometimiento de un Estado sobre el otro. 

Con la táctica china y su proyección a una economía inteligente y mega futurista, consiguió penetrar en Europa y África con vitalidad, como zonas alejadas de su influencia, además de Latinoamérica, lo que, históricamente, Washington consideró, de manera despectiva, su “patio trasero”. 

Trump además entiende que Biden perdió mucho territorio contra China en el comercio internacional, es por eso que su apuesta fuerte va por el desarrollo a gran escala de tecnología y con el fortalecimiento de la industria nacional, tomando dos conceptos: el poderío internacional de la tecnología y el fortalecimiento de la clase media de Estados Unidos. 

La geopolítica es un ajedrez, en donde cada movimiento es fundamental para el resto del juego. Trump entiende que su guerra no es con misiles sino con billetes. Ve que el último bastión del sueño americano podría derrumbarse si Estados Unidos pierde la hegemonía del mercado exterior, sin embargo, no parece estar dispuesto a mejorar su “oferta” con las periferias sino debilitar a su rival para seguir con su ofrenda de intercambio desigual. 

Si hay que definir a Trump, podría decirse que es un pacifista ensobrado. Busca el fin de los conflictos para tener el control de los mercados y usar el arma del billete para mantener el el tiempo su postura como el gran dueño del mundo.

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La cumbre que no fue: sin líderes, sin solución

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Parecía ser un evento que podía cambiar el rumbo en absoluto de este conflicto armado que ya lleva más de 3 años en actividad entre rusos y ucranianos, pero, hasta el momento, todo se diluyó. Un presidente ausente, otro presente y un tercero en discordia que dio la clave del fin de la guerra. 

El gran ausente 

Todos esperaban la foto. Los flashes de los medios internacionales apuntando hacia ese portón del recinto en Estambul que iba a alojar a ambas delegaciones con el afán de poder concretar, al menos, un principio de entendimiento de paz entre Rusia y Ucrania. De antemano, esto cayó en cuanto a expectativas posibles por una ausencia vital en cualquier acuerdo que pueda darse: Putin no fue. 

El máximo mandatario ruso no dio, aún, la foto esperada por todos los portales, en donde se vea cara a cara con su par ucraniano, Volodimir Zelenski. ¿Las razones? Pueden ser varias. Una de ellas es que Putin tiene muy bien entrenado a su plana mayor. Desde el arranque de esta guerra, su canciller, Serguéi Lavrov fue el encargado de encabezar las comitivas y de “dar la cara” ante el marco internacional que, en Occidente, fue completamente acusatorio siempre con Moscú. Lavrov sabe bien lo que tiene que hacer y cuida los intereses rusos bajo la tensa presión de ser la mano derecha de Putin, con todo lo que eso pueda significar, sin embargo, eso no es todo. 

El otro punto interesante a analizar es que Putin tiene, debido a la guerra en Ucrania, un pedido de captura por parte de la Corte Penal Internacional de La Haya, bajo la carátula de cometer o al menos de generar condiciones para crímenes de guerra en suelo ucraniano. Esta situación le vale la condición de no poder viajar a varios países del mundo que se encuentran bajo el manto de La Haya, aunque, paradójicamente, el país que es sede de esta cumbre (Turquía) no está adherido a la misma, por ende, no rige el pedido de captura. Tampoco se encuentran no acatando el Estatuto de Roma países importantes como Estados Unidos, China, Israel y hasta la propia Rusia de Vladimir Putin. 

El tercero en discordia

Más allá de toda condición que haya puesto o haya rechazado Putin, hay un tercer mandatario que dio en el clavo con la explicación de su ausencia, pero también dando a entender la clave del fin de este conflicto. 

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, fue taxativo y dijo, de forma textual: “No creo que vaya a pasar nada, les guste o no, hasta que él y yo nos reunamos. Pero vamos a tener que resolverlo porque están muriendo demasiadas personas”.

Trump lo deslizó, sin ningún tapujo y fiel a su estilo, que Putin no fue porque él no iba a estar y desnudó una realidad que a Ucrania y los países que lo apoyan en esta guerra les duele pero es algo fundamental. En la alta política mundial, Zelenski no es ni siquiera un invitado. Putin y Trump se reconocen como pares y como iguales, líderes de naciones fuertes, potencias militares y con un amplio espectro de influencia a nivel global, dotes de los cuales carece Ucrania desde todo punto de vista. Asimismo, Trump entiende (al igual que Putin) que son, junto a China y algún puñado de países más, los mandamases del nuevo modelo internacional multipolar, en donde Ucrania no tiene injerencia alguna. 

En varias ocasiones, Putin dio a entender que este conflicto arrancó por pretensiones ucranianas de cercanía hacia la OTAN y la UE, adhesiones que hoy en día no van a ocurrir. Además de que Trump fue muy explícito en cuanto a sus diferencias con Zelenski y a qué está guerra nunca hubiera ocurrido bajo su mandato. Este contexto es, lógicamente, desfavorable para Ucrania. Hay que caer en cuenta, de una vez por todas, que Zelenski no tiene validez por ninguno de los líderes y que el único apoyo mayoritario con el que cuenta hoy en día es de los países occidentales de Europa, entendiendo que una caída estrepitosa de Kiev, abre la puerta a posibles pretensiones imperialistas de Rusia sobre el resto del mapa europeo, y eso cambiaría en absoluto la equivalencia de fuerzas y la cierta tranquilidad con la que viven los países ricos del viejo continente. 

Para Putin y Trump, Zelenski es algo meramente secundario. Rusia buscará quedarse con la mayor cantidad de territorio posible en el contexto de la ocupación acontecida desde que arrancó la guerra y Estados Unidos buscará hacerse propio de los minerales y las tierras raras ucranianas para explotarlas en la industria tecnológica, bajo el marco de una guerra comercial con China.

¿Y Ucrania? Bien, gracias. Esta cumbre en la cual ambos líderes (Trump y Putin) dejaron plantado a Zelenski, es una vergüenza geopolítica tan grande como el paseo que le dio Trump en la última visita del líder ucraniano a EEUU, en donde le cantó todas las justas de su país en la cara y ante los ojos del mundo. Tomando lo último, aquí también quedó plantado ante los ojos del mundo. Un presidente que había sido ensalzado por los medios occidentales y financiada su maquinaria bélica por la endeble gestión Biden, hoy ve que ante la pureza política de Trump y Putin, es solo un ladrillo más en la pared. En términos futbolísticos, Zelenski venía bien pero no pudo ascender, y en primera solo juegan los grandes como Donald y Vladimir.

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Trump presiona a Ucrania para aceptar un plan de paz que favorece a Rusia

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Por David E. SangerMichael D. Shear y Mark Landler, New York Times. El presidente Donald Trump y sus principales asesores exigieron el miércoles que Ucrania aceptara una propuesta diseñada por Estados Unidos que, en esencia, concedería a Rusia todo el territorio que ha ganado en la guerra, a la vez que solo ofrecería a Kiev vagas garantías de seguridad.

El plan estadounidense, que también impediría explícitamente a Ucrania ingresar en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, fue rechazado por el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, cuya larga disputa con Trump estalló hace dos meses en el Despacho Oval. La propuesta también parece pedir que Estados Unidos reconozca la toma de Crimea, región de Ucrania, por parte de Rusia en 2014.

“No hay nada de qué hablar. Esto viola nuestra Constitución. Este es nuestro territorio, el territorio del pueblo de Ucrania”, dijo Zelenski.

Trump replicó en las redes sociales que el presidente ucraniano estaba siendo “incendiario” y dijo que solo “prolongaría el ‘campo de exterminio’”.

Trump sugirió que la propuesta estaba a punto de ser aceptada por el presidente de Rusia, Vladimir Putin. “Creo que tenemos un acuerdo con Rusia”, dijo a los periodistas en la Casa Blanca. El problema, sugirió, era Zelenski.

“Pensé que sería más fácil tratar con Zelenski”, dijo. “Hasta ahora es más difícil”.

El vicepresidente JD Vance habló con el mismo tono durante un viaje a India.

Dijo que Estados Unidos “se retiraría” del proceso de paz si tanto Ucrania como Rusia se negaban a aceptar las condiciones estadounidenses. Sin embargo, era claro que el mensaje era para Zelenski.

“Hemos extendido una propuesta muy explícita tanto a los rusos como a los ucranianos, y ha llegado el momento de que digan sí o de que Estados Unidos se retire este proceso”, dijo Vance a los periodistas. “La única manera de detener realmente la matanza es que ambos ejércitos bajen las armas, congelen este asunto y se dediquen realmente a construir una mejor Rusia y una mejor Ucrania”.

No estaba claro si los anuncios estadounidenses formaban parte de una campaña de presión para obligar a Zelenski a hacer concesiones territoriales o si estaban diseñados para crear un pretexto para abandonar el apoyo estadounidense a Ucrania.

Pero Estados Unidos se está conformando esencialmente con un acuerdo que favorece al agresor en la guerra, que obliga a Ucrania a aceptar la reescritura forzosa de su frontera y a renunciar a su esperanza de ingresar finalmente en la OTAN, como han hecho otras ex repúblicas soviéticas.

Los aliados europeos, que en las últimas semanas han prometido más apoyo militar y económico a Zelenski, han acusado a Trump de estar cambiando de bando en la guerra, y de que su verdadero objetivo es dejar de lado a Ucrania y encontrar una forma de normalizar las relaciones estadounidenses con Moscú. Trump y sus principales ayudantes ya han empezado a discutir la posibilidad de levantar las sanciones a Rusia y de llegar a acuerdos energéticos y minerales con Putin.

Sean cuales sean los motivos de Trump, lo ocurrido el miércoles señaló el posible abandono del compromiso estadounidense con Zelenski de que Estados Unidos nunca entablaría conversaciones que excluyeran al país de determinar su propio destino.

Aunque Estados Unidos no hizo público el texto de su propuesta, los funcionarios europeos que lo han visto afirman que, según sus términos, Estados Unidos reconocería Crimea —de la que Putin se apoderó ilegalmente en 2014— como territorio ruso. Aunque la península formó parte de Rusia durante cientos de años, fue cedida a Ucrania por el dirigente soviético Nikita Jruschov hace casi siete décadas.

En su publicación en redes sociales, Trump dijo que no estaba pidiendo a Zelenski que reconociera a Crimea como territorio ruso, aunque el plan estadounidense exigiría que Washington lo hiciera.

“Nadie está pidiendo a Zelenski que reconozca Crimea como territorio ruso, pero, si quiere a Crimea, ¿por qué no lucharon por ella hace once años, cuando fue entregada a Rusia sin que se disparara un tiro?”, escribió Trump.

Hace solo tres años, Marco Rubio, entonces senador y ahora secretario de Estado de Trump, copatrocinó una enmienda para prohibir que Estados Unidos reconociera jamás cualquier reivindicación rusa de soberanía sobre partes de Ucrania de las que se hubiera apoderado.

“Estados Unidos no puede reconocer las reivindicaciones de Putin o nos arriesgamos a establecer un peligroso precedente que otros regímenes autoritarios, como el Partido Comunista Chino, puedan imitar”, dijo entonces, en alusión a Taiwán.

Ahora Rubio se ha convertido en defensor del planteamiento de Trump, aunque Ucrania tenga que ceder el 20 por ciento del país a Putin y conceder al líder ruso la mayoría de sus objetivos bélicos.

Funcionarios sentados alrededor de una mesa, cada uno con una tarjeta con su nombre y un micrófono.
El secretario de Estado Marco Rubio, en el centro con corbata roja, con otros diplomáticos en una conferencia de paz celebrada en París la semana pasada para hablar de Ucrania. Credit…Foto de consorcio por Julien De Rosa

Trump ha tomado otras medidas para apaciguar a Putin. Ha desmantelado o neutralizado unidades del Departamento de Estado y del Departamento de Justicia encargadas de reunir pruebas de posibles crímenes de guerra cometidos por Rusia, entre ellos la matanza de civiles en Bucha, a las afueras de Kiev, poco después de la invasión rusa.

No está claro qué ocurrirá si Zelenski se niega a ceder. Trump ha sugerido que simplemente se lavaría las manos en el esfuerzo de paz —que una vez dijo que se podía resolver en 24 horas— y, en palabras de Rubio, “pasar a otra cosa”.

Estados Unidos ya ha limitado sus envíos de armas a Ucrania, aunque algunas siguen pasando. Y se ha reanudado el intercambio de información de inteligencia estadounidense, tras una pausa temporal para presionar a Kiev para que acudiera a la mesa de negociaciones.

Pero Trump siguió esforzándose por menospreciar al líder ucraniano, que en su día fue vitoreado por legisladores de ambos partidos que lo comparaban con Churchill. “La situación de Ucrania es terrible”, escribió Trump. “Puede tener Paz o, puede luchar otros tres años antes de perder el país”.

El miércoles por la tarde, Yulia Svyrydenko, ministra de Economía ucraniana, también prometió que su país “nunca reconocerá la ocupación de Crimea”. En la red social X, dijo que “Ucrania está dispuesta a negociar; pero no a rendirse. No habrá ningún acuerdo que brinde a Rusia las bases más sólidas que necesita para reagruparse y volver con mayor violencia”.

Vance dijo a los periodistas en India que, según la propuesta estadounidense, “vamos a congelar las líneas territoriales a un nivel cercano al que están ahora”.

“Las líneas actuales, o en algún lugar cercano a ellas, es donde en última instancia, creo, se van a trazar las nuevas líneas en el conflicto”, añadió. “Ahora, por supuesto, eso significa que tanto los ucranianos como los rusos van a tener que ceder parte del territorio que poseen actualmente”.

El miércoles, un portavoz del Kremlin acogió con gusto las declaraciones de Vance.

“Estados Unidos continúa sus esfuerzos de mediación y, desde luego, los recibimos con agrado”, dijo el portavoz, Dmitri S. Peskov. “Nuestras interacciones continúan pero, sin duda, hay muchos matices en torno al acuerdo de paz que deben discutirse”.

La agresiva presión del gobierno de Trump para llegar a un acuerdo representa un duro golpe para los líderes europeos, quienes han pasado las últimas semanas intentando apoyar a Ucrania mediando en las conversaciones de paz con Estados Unidos. El primer intento ocurrió la semana pasada en París y estaba previsto que el miércoles comenzara otra sesión en Londres, antes de que Rubio anunciara el martes por la noche que ya no asistiría.

La decisión de Rubio de cancelar su asistencia tomó desprevenido al gobierno del Reino Unido, según un funcionario británico que dijo que el ministro de Asuntos Exteriores David Lammy había tenido la plena certeza de que el secretario de Estado iba a estar en Londres el miércoles.

Diplomáticos de menor rango del Reino Unido, Francia, Alemania, Ucrania y Estados Unidos sí se reunieron para mantener conversaciones técnicas. Sin embargo, la ausencia de Estados Unidos hizo temer que Ucrania y Europa quedaran marginadas, ya que el gobierno de Trump parecía estar trabajando principalmente con Rusia.

Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, dijo el martes que está previsto que Witkoff viaje a Moscú esta semana.

Andriy Yermak, jefe de gabinete del presidente ucraniano, llegó a Londres el miércoles por la mañana para asistir a las conversaciones reducidas junto con los ministros de Defensa y Asuntos Exteriores de su país.

“A pesar de todo”, escribió en la plataforma de redes sociales X tras su llegada, “seguimos trabajando por la paz”.

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