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El mercado eléctrico argentino y sus nuevos desafíos

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Por David Burrieza, director de los Mercados de Energía, Telco e Industria para la región de Perú y Cono Sur en Minsait. El mercado eléctrico argentino está entrando en una nueva etapa. Después de años marcados por precios administrados, subsidios y distintos mecanismos de intervención, el sistema avanza hacia un proceso de normalización que busca dar mayor peso a las señales económicas, abrir más espacio a la contratación entre privados y reflejar con mayor claridad los costos reales de la energía.

Este cambio no es menor. Tampoco es únicamente regulatorio o tarifario. En la práctica, redefine la forma en que generadores, comercializadores, grandes usuarios y empresas energéticas deben tomar decisiones. La energía deja de ser vista sólo como un insumo operativo y pasa a ocupar un lugar estratégico dentro del negocio, con impacto directo en la caja, los márgenes, la planificación financiera y la competitividad.

En un contexto más dinámico, la pregunta ya no es solamente cuánto cuesta la energía, sino cómo se gestiona la exposición a ese costo. Y ahí aparece uno de los grandes desafíos para las compañías argentinas: tomar decisiones relevantes en un entorno de mayor volatilidad, con información que muchas veces sigue estando dispersa, fragmentada o alojada en procesos manuales difíciles de auditar.

Durante mucho tiempo, operar eficientemente podía ser suficiente. Hoy, eso ya no alcanza. Las empresas necesitan integrar datos, anticipar escenarios y contar con trazabilidad sobre sus decisiones. En otras palabras, necesitan poder explicar no sólo qué decisión tomaron, sino con qué información, bajo qué supuestos, con qué nivel de riesgo y con qué impacto esperado.

La fragmentación de la información es uno de los principales puntos críticos. En muchas organizaciones, las áreas de Operación, Comercial, Finanzas, Regulación y Tecnología trabajan con datos que no siempre conversan entre sí. Contratos, mediciones, liquidaciones, precios, provisiones, coberturas y proyecciones financieras pueden estar distribuidos en múltiples sistemas, planillas o circuitos internos.

Cuando eso ocurre, los ciclos de decisión se vuelven más lentos, aumenta la dependencia de procesos manuales y se debilita la capacidad de responder frente a auditorías, reguladores o instancias internas de control. En un mercado más expuesto a señales económicas, esa debilidad deja de ser un problema administrativo y se convierte en un riesgo de negocio.

El nuevo escenario exige pasar de una gestión reactiva a una gestión basada en evidencia. No se trata de predecir el mercado, porque ningún actor puede eliminar por completo la incertidumbre. Se trata de estar mejor preparado para interpretarla, modelarla y tomar decisiones con mayor control.

Desde nuestra experiencia, hay tres capacidades que serán cada vez más importantes para competir en esta nueva etapa del mercado eléctrico argentino.

La primera es contar con un dato unificado. Esto significa construir una visión común que integre información operativa, contractual, económica y financiera. Sin una base confiable, cualquier decisión queda expuesta a inconsistencias, reprocesos o interpretaciones parciales.

La segunda es la capacidad de simular escenarios de manera ordenada. Los cambios en precios, demanda, regulación o condiciones contractuales pueden tener efectos relevantes sobre la caja, los márgenes y la exposición al mercado. Las empresas que puedan anticipar esos impactos estarán mejor posicionadas para planificar, negociar y gestionar riesgos.

La tercera es la trazabilidad por diseño. En un entorno más exigente, no basta con tomar decisiones rápidas. También será necesario dejar evidencia clara de los datos utilizados, los supuestos aplicados, las aprobaciones realizadas y los responsables involucrados. La trazabilidad será clave para fortalecer la gobernanza y dar confianza tanto hacia dentro como hacia fuera de la organización.

Este punto es especialmente importante porque la digitalización del sector energético ya no puede entenderse sólo como una vía para ganar eficiencia. Por supuesto que automatizar procesos, reducir errores y acelerar tareas sigue siendo relevante. Pero el valor más profundo está en habilitar una gestión más transparente, anticipatoria y robusta del negocio energético.

El nuevo ciclo del mercado eléctrico argentino no premiará necesariamente a quienes reaccionen más rápido, sino a quienes estén mejor preparados para decidir. Y en esa diferencia puede estar buena parte de la competitividad futura del sector.

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La yerba orgánica proyecta una rentabilidad del 34% muy por encima del modelo convencional

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En un escenario donde la actividad yerbatera atraviesa un proceso de reconfiguración marcado la desregulación, la definición de los precios y el aumento de costos, el Ministerio del Agro y la Producción de Misiones elaboró un estudio comparativo que analiza la rentabilidad proyectada del cultivo hacia 2026. El informe pone en foco dos modelos productivos -convencional y orgánico- y aporta información concreta para la toma de decisiones en un contexto que exige mayor diferenciación.

En principio, los resultados muestran una diferencia estructural significativa entre sistemas. La producción orgánica proyecta un margen bruto positivo de $995.436,19 por hectárea, equivalente a una rentabilidad del 34,27%, mientras que el sistema convencional presenta un margen negativo de -$671.505,77 por hectárea, con una rentabilidad de -19,07% en el escenario 2026.  

Uno de los factores determinantes es el precio de la hoja verde. El modelo orgánico alcanza valores de al menos $600/kg, más del doble del precio de referencia del sistema convencional ($285/kg), lo que permite sostener ingresos superiores aun con menores rendimientos. A su vez, el análisis evidencia que el costo total por hectárea es menor en el sistema orgánico ($2.904.563,81) respecto al convencional ($3.521.505,77), lo que refuerza su eficiencia económica. Esta diferencia está directamente vinculada a la estructura productiva: mientras el modelo tradicional depende de insumos externos, el orgánico se apoya en procesos biológicos y recursos del propio sistema

En este sentido, el informe señala que en el sistema convencional “con los precios de referencia actuales, los costos superan los ingresos del productor, generando márgenes económicos negativos y aumentando el riesgo financiero del establecimiento”,. En contraposición, destaca que el sistema orgánico “presenta menores costos por hectárea, menor dependencia de insumos externos y un precio de venta significativamente superior. Esto permite obtener márgenes brutos positivos y una mayor estabilidad económica en el mediano y largo plazo”.

El estudio incorpora además el punto de equilibrio como variable clave: el sistema orgánico necesita 4.841 kg/ha para cubrir costos, mientras que el convencional requiere 12.357 kg/ha, superando el rendimiento estimado y evidenciando una mayor exigencia productiva.  Actualmente, Misiones cuenta con más de 4.600 hectáreas certificadas como orgánicas, consolidando una transición progresiva hacia modelos productivos más sustentables, con mayor valor agregado y mejores condiciones de inserción en mercados diferenciados.  

El análisis confirma que, aún con rendimientos moderados, el sistema orgánico logra una mayor eficiencia económica y márgenes brutos positivos. “Esto responde a una estructura de menores costos totales por hectárea y a la obtención de un precio de venta diferenciado, lo que reduce la vulnerabilidad del productor frente a la volatilidad del mercado convencional”, concluye el documento al evaluar los resultados comparativos. 

El estudio fue desarrollado por la Dirección General de Yerba Mate y Té, en base a datos relevados en campo y modelos representativos de la zona centro de Misiones. Su objetivo es ofrecer una herramienta técnica que permita evaluar alternativas productivas frente a un escenario donde los márgenes del sistema tradicional se ven cada vez más exigidos, en un contexto de menor previsibilidad para el sector.

De esta manera, el Gobierno de Misiones fortalece el acceso a información estratégica para el sector yerbatero, promoviendo decisiones productivas basadas en evidencia y orientadas a mejorar la rentabilidad, reducir riesgos y consolidar un modelo de desarrollo más sostenible para la provincia.

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La paradoja de la inflación: el sueldo rinde más, pero los productores perdieron ingresos

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Entre marzo de 2024 y junio de 2025 se consolidó un fenómeno que refleja las contradicciones de la economía argentina: mientras los salarios recuperaron capacidad de compra frente a alimentos básicos, los productores de materias primas —entre ellos, los de yerba mate— sufrieron una fuerte pérdida de rentabilidad por el atraso de los precios en origen.

La mejora en los salarios medidos por el RIPTE

El último informe de CONINAGRO, titulado “Del Sueldo al Plato: ¿Cuánto rinde el salario?”, muestra con claridad el cambio de tendencia. Según el relevamiento basado en el índice RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables), los salarios crecieron un 57,3% interanual entre junio de 2024 y junio de 2025, frente a una inflación de 39,4%.

Esa diferencia dejó una mejora real del 12,8%, lo que a su vez acumuló una recuperación del 25,8% desde el piso de marzo de 2024. En valores constantes, el salario promedio pasó de $1.166.780 en marzo de 2024 a $1.468.135 en junio de 2025.

La relación con la inflación mensual confirma la tendencia: en junio de 2025 el índice de precios avanzó un 1,6%, mientras que el RIPTE trepó 2,8%, consolidando dieciséis meses de desaceleración inflacionaria y de recomposición del ingreso.

El sueldo frente al changuito: cuánto más se compra

El ejercicio de comparar salario y alimentos de la canasta básica muestra con nitidez la paradoja.

  • Aceite de girasol: +41,9% de poder adquisitivo, lo que permitió comprar 99 botellas más (de 237 a 336).
  • Yerba mate: +82,3%, el mayor salto del período, con 293 paquetes más (de 356 a 650).
  • Leche: +60%, con 349 sachets adicionales (de 583 a 933).
  • Asado: +20,2%, con 22,5 kilos más (de 111 a 134).
  • Huevo: +24%, con 70,5 medias docenas más (de 293 a 364).
  • Pan: +30%, con 94 kilos más (de 319 a 413).

La mejora en el poder adquisitivo, explican en CONINAGRO, responde a la combinación de dos factores: la recuperación salarial en términos reales y el menor ritmo de aumento de los precios de los alimentos respecto del resto de la economía.

La contracara: los productores en rojo

El mismo informe deja en evidencia la otra cara de la moneda: la pérdida de ingresos para las economías regionales, con impacto directo en los productores de alimentos.

En el caso de la yerba mate, el precio en góndola subió mucho menos que los costos de producción, lo que recortó márgenes y encendió la alarma en toda la cadena. Según los cálculos, la yerba perdió un 25,8% de su valor real en el último año, ubicándose entre los productos más castigados junto a la cebolla (-71,4%), el tomate (-56,2%), el arroz (-41,2%), la papa (-30,2%) y el vino (-21,5%).

Para los yerbateros, esta situación refleja la dificultad de sostener la rentabilidad en un contexto en el que los insumos —desde el combustible hasta la mano de obra— subieron muy por encima de lo que se les paga por la hoja verde o la yerba canchada.

El atraso de los precios en origen genera un desfase estructural: mientras los consumidores celebran que el paquete de medio kilo es relativamente más accesible, los productores advierten que el modelo es insostenible.

Una demanda que empieza a repuntar

La paradoja no se cierra en sí misma. CONINAGRO señala que la mejora salarial ya comenzó a traducirse en un incremento del consumo de alimentos, lo que podría abrir una ventana de alivio para las economías regionales en el corto plazo.

En Misiones, el corazón yerbatero del país, las cooperativas y productores esperan que ese mayor consumo permita compensar, aunque sea parcialmente, la caída en los márgenes. La incógnita es si el atraso en el precio en origen podrá corregirse en la próxima ronda de negociaciones o si la presión sobre el sector se profundizará.

El contexto macroeconómico aporta otro elemento clave. El INDEC informó que la inflación de julio de 2025 fue del 1,9%, apenas por encima de junio, pero celebrada como un dato positivo por el bajo traslado de la devaluación a precios.

En el detalle, las mayores subas se dieron en Recreación y cultura (+4,8%), Transporte (+2,8%) y Restaurantes y hoteles (+2,8%). En tanto, Alimentos y bebidas no alcohólicas, el rubro que más pesa en el IPC, se ubicó en 1,9%, por debajo del promedio interanual de precios (+36,6%) y con un alza acumulada del 30,6% en doce meses.

Esto explica por qué los alimentos fueron el motor de la recuperación del poder adquisitivo, aunque al mismo tiempo refleja el desequilibrio entre consumidores y productores.

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El nuevo aumento de combustibles y la rentabilidad de las Estaciones

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Daniel Montamat, exsecretario de Energía de la Nación y exdirectivo de YPF, explicó que los ajustes están por detrás de la inflación y la suba de costos operativos, pero además muy lejos de las referencias internacionales.

Se espera que los combustibles en las Estaciones de Servicio tengan un nuevo aumento del 4 por ciento a raíz de lo fijado por el programa gubernamental “Precios Justos”. Iniciativa que congeló el valor de aproximadamente 2.000 productos que forman parte de la canasta básica y que en noviembre se incorporó la nafta y el gasoil con previo acuerdo con las petroleras.

Este incrementó será el penúltimo estipulado (sólo resta un 3,8 por ciento en marzo), pero desde el sector volvieron a remarcar que la suba está por detrás de la evolución del índice inflacionario nacional, lo que produce distorsiones entre los montos en las pizarras de las bocas de expendio y los costos operativos.

Los precios de los combustibles en el surtidor se vienen ajustando de acuerdo a la devaluación del peso. El problema es que el dólar oficial se retrasa cada vez más a comparación de la inflación, cercana al 6-7 por ciento mensual, lo que genera presiones cambiarias mayores”, sostuvo Daniel Montamat, exsecretario de Energía de la Nación y exdirectivo de YPF.

Es decir, pesan más los costos operativos y ello afecta el margen disminuyendo un poco más la rentabilidad de las Estaciones de Servicio”, agregó.

Cabe recordar que hoy en día la utilidad del sector estacionero argentino es una de las más bajas del Cono Sur, por detrás de Chile (9,6), Brasil (13,9) y Uruguay (15,2 puntos porcentuales), de acuerdo a datos que compartió el especialista.

Asimismo, tanto el precio de la nafta súper como el gasoil de grado 2 (común) continúan lejos de las referencias internacionales, a pesar de los últimos incrementos que se concretaron en los últimos meses.

En el caso del primer combustible mencionado, la brecha alcanza el 17 por ciento, dado que el litro en el surtidor de Gran Buenos Aires cuesta $177 en promedio, pero el valor del import parity se calcula en $213,8 por litro. Mientras que para el diésel, la diferencia es de 22 puntos porcentuales, ya que el litro en GBA ronda $202,3 y la paridad de importación es de $258,3 por litro.

Para que desaparezca la distorsión respecto al import parity la nafta súper debería aumentar un 20.7 por ciento y el gasoil grado 2 un 27,6 por ciento. En tanto que los combustibles premium estamos bien, casi en paridad de importación, aunque es cierto que el consumo mayoritario pasa por los otros dos productos”, detalló Montamat.

Fuente: Redacción Surtidores.

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YPF: los bonos tienen “potencial de rentabilidad superior”, de acuerdo a un informe

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Un informe de Bloomberg Intelligence, estableció que los títulos de la petrolera fueron destacados entre las opciones de empresas de mercados emergentes.

Un informe de Bloomberg Intelligence definió a los bonos de YPF como una “rareza” entre las alternativas corporativas disponibles de los mercados emergentes. Pero, una rareza con connotación positiva por su “combinación de notas con grandes descuentos, pero relativamente líquidas”, además de su “potencial de rentabilidad significativamente superior al de otras empresas de mercados emergentes”.

“YPF es una rareza entre los emisores corporativos en dólares de los mercados emergentes, con su combinación de notas con grandes descuentos, pero relativamente líquidas” resaltó la unidad de research de Bloomberg.

“La preocupación por los vencimientos más inminentes de la deuda de YPF y su exposición a la política nacional de precios de los combustibles contribuyeron a que sus bonos cotizaran con un descuento cada vez mayor respecto a los de la Pampa Energía hasta mediados de 2022”, expresa el informe elaborado por Jaimin Patel y Damian Sassower.

El atractivo de los bonos de YPF

“El bono de YPF al 7% con vencimiento en 2023 sigue cotizando con un descuento de casi el 30% sobre la par. Este descuento es el más elevado entre las empresas de mercados emergentes en dólares a 10 años con un saldo vivo superior a US$ 500 millones”, enfatizó Bloomberg

Sobre el rendimiento de papeles de otras compañías del mismo sector “los bonos de empresas energéticas latinoamericanas emitidos por Pemex, Ecopetrol y Petroperú también cotizan con algunos de los diferenciales más elevados entre las empresas de los mercados emergentes”.

Riesgos en el país

Este informe además señala la “débil posición fiscal y económica de Argentina, la disminución de las reservas de dólares y la depreciación de la moneda”, como factores que “limitan seriamente la capacidad del gobierno para apoyar a las empresas energéticas nacionales como YPF”.

Por otro lado, advierte que, para este proceso, por el desarrollo de los yacimientos no convencionales en Vaca Muerta, que aumentan la capacidad de exportación de petróleo crudo y la disminución de la dependencia de las importaciones de gas natural, “será fundamental para mitigar la tensión de divisas”. De esta forma, según el informe, “las tensiones de liquidez pueden obligar a YPF a reducir su programa de gasto de capital”.

Para este año, la empresa petrolera y energética aspira a incrementar sus inversiones incluso por encima de los US$4000 millones del 2022. Estos planes dependen de muchos factores, marca el informe de Bloomberg Intelligence, que tienen su impacto en el valor de sus bonos.

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