SANDLERIS

A los inversores de largo plazo no les gusta el control de precios

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Luego del horrible e inesperado dato de inflación del 4,7% en marzo, sucedieron algunos movimientos interesantes en el mundo financiero. La suba de los precios en el primer trimestre se esperaba que fuera alta, pero el 11,8 por ciento acumulado superó todas las expectativas y llevó a muchos agentes del mercado a tomar decisiones drásticas.
La primera movida fue del Banco Central de la República Argentina, que hace unas semanas viene negociando con el Fondo Monetario Internacional, que es imposible que en Argentina el dólar flote libremente, (algo de eso se acordó apenas empezaba el programa, con las bandas que tenían un ajuste diario al alza donde el Banco Central podría intervenir comprando dólares si perforaba el piso o vendiendo si el precio superaba el techo). En el comienzo del nuevo plan había tanta volatilidad que lo que menos imaginábamos era que el tipo de cambio tocaría la banda inferior antes que la superior y por esa razón el BCRA salió a comprar en total unos 1000 millones de dólares en subastas diarias, emitiendo pesos y ampliando la base monetaria, decisión que terminó siendo un balazo en el pie.
Luego del mal dato de inflación de enero la situación cambió, las expectativas del mercado también y el dólar comenzó a recalentarse inesperadamente contra un BCRA atado de pies y manos para poder actuar, aún con esos 1000 millones comprados, hasta que el tipo de cambio llegara a la zona superior de la banda.
Como en Argentina tenemos un nivel de pass trough (traslado a precios de la devaluación) que es altísimo, luego del salto de la cotización del dólar en marzo, la inflación vino muy mala y llegaron las medidas de fuerza.
El FMI entendió que flotar libremente el dólar en Argentina no sirve porque nunca va a encontrar un precio de equilibrio ya que, al recalentarse la inflación, el tipo de cambio real (comparando precios contra países vecinos) vuelve a estar atrasado rápidamente requiriendo una nueva devaluación. Por ende, es importantísimo actuar también sobre expectativas y no dejar solo la escasa oferta de pesos como única herramienta.
Si bien se detuvo totalmente el excedente de pesos a costa de tasas altas que prometen emisión futura, hay una gran falta de confianza que no logra hacer reaccionar al mercado a que demande pesos y así poder estabilizar tanta volatilidad.
Dicho esto, el BCRA fijó las bandas para lo que queda del año, poniéndole un techo de $51,45 como zona de no intervención.
O sea, mucho poder de fuego para sostener el tipo de cambio en caso de que llegara a esa zona teniendo en cuenta los USD 150 millones que puede usar el BCRA más los USD 60 mm que tiene q vender el Tesoro todos los días. Eso hace un total de USD 210 mm en un mercado donde se opera en promedio unos USD 600 mm por día.
¿Le cree el mercado a la futura estabilidad? Bueno, ahí está la cuestión. Lo primero que tiendo a mirar es el dólar futuro de diciembre, que antes de la medida cotizaba a $59.50 y el miércoles luego de mucha volatilidad terminó en $58.50 ayudado también por la baja en el tipo de cambio.
Pero lo más interesante se empieza a ver en las tasas implícitas de esos contratos, recordemos que cada futuro de dólar cotiza aproximadamente al valor del tipo de cambio más la tasa anual de referencia, es decir, si el dólar valiera $10 y las tasas fueran del 12% anual, el contrato de futuro debería valer 10 centavos más caro por mes y así cotizar $11.20 a un año.
Por ende, si el mercado le cree al techo de 51,75 y el precio del contrato a futuro se acerca a ese precio, las tasas implícitas bajarían mucho, empujando al resto de las tasas, todo esto en el escenario más optimista.
Lo positivo del miércoles es que no solo los precios de los futuros bajaron sino también lo hicieron las tasas implícitas dando una mini señal de que el Mercado podría empezar a convalidar dichas tasas menores que tanto esperamos todos.

Pero la mala noticia la siguió dando el riesgo país, volviendo a golpear máximos deprimiendo los precios de los bonos en dólares a largo plazo, arrastrando también a nuestros bonos en pesos de mediano y largo plazo a rendimientos muy altos: por ejemplo, el TJ20 que vence en junio del año que viene, tiene una tasa interna de retorno de un 70% anual aproximado, dando una clara señal contraria a la anterior de los futuros de dólar. (Recordemos que dichas tasas están disponibles para todo tipo de inversores, chicos o grandes, a través de una sociedad de bolsa).
Eso nos alerta que a los inversores de más largo plazo no les gustaron en absoluto las medidas tomadas por el Gobierno de volver a intentar controlar precios, como ya lo hiciéramos tantas veces en nuestra historia, poniendo en juego el equilibrio fiscal que tanto necesitamos para poder tener estabilidad en el largo plazo, a costas de traer algo de alivio momentáneo teniendo en cuenta las elecciones de octubre.
Será muy importante seguir al mercado la semana que viene, a medida que vayan transcurriendo los días, para saber si se convalida la baja del tipo de cambio y eso trae tranquilidad a las tasas y por ende impacta al riesgo país o la situación es al revés, el riesgo país siga creciendo y se termine llevando puesto al tipo de cambio para una nueva etapa de mucha volatilidad. Dicho sencillamente, las opciones de inversión más agresivas estarán para los plazos más largos y aquellos más conservadores deberán situarse en renovaciones muy cortas a la expectativa de lo que suceda en el mundo político.

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No es por ahí… Redrado tiene razón

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El Artículo 3 de la Carta Orgánica del Banco central de la República Argentina dice: el Banco tiene por finalidad promover la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social, entre otras finalidades. Sin embargo, todos pueden apreciar que todo esto no se está cumpliendo.
Para que exista estabilidad monetaria debe haber estabilidad de precios y con una inflación proyectada este año mayor que el año pasado el incumplimiento de la Carta Orgánica es cada vez más evidente.
Desde ese famoso debate de los candidatos Mauricio Macri y Daniel Scioli, el actual Presidente se comprometió con algo de generoso optimismo (por llamarlo de alguna manera) a erradicar la inflación. Para ello, puso lo mejor del “mejor equipo de los últimos 50 años” a manejar el Banco Central, y esto fue lo que ocurrió:
Primero Federico Sturzenegger: su esquema de metas de inflación fracasó rotundamente. Cuando por un lado pretendía bajar la inflación subiendo tasas (enfriando la economía), por otro lado el Gobierno decidió quitar los subsidios que generaron los aumentos de tarifas de la energía (precios clave para la economía) y, además, el déficit fiscal financiado con emisión no iba a permitir  nunca cumplir con esas metas de inflación. No es que no hubiera sido necesario sincerar el costo de la energía en la Argentina, pero aumentar por un lado precios claves para la inflación y pretender que esta baje al mismo tiempo es como vaciar la pileta a baldazos con la canilla abierta; va a quedar como está y lo único que va a aumentar es la factura del agua. La crisis del 2018 y el aumento del dólar le dio el tiro de gracia y pasamos a la era Caputo.

Segundo, Luis Caputo: el ex ministro de Finanzas abandonó formalmente las metas de inflación (si, esa que en el 2018 tenían que dar 10% + – 2 % ) y se dedicó a… Bueno, la verdad no sé cuál fue la idea de Caputo para el Banco Central, si alguien me ayuda, bienvenido. Lo que sí sabemos todos es que tampoco funcionó y entramos en la tercera gestión del Central. Bueno algo que quedó de Caputo es el récord mundial de endeudamiento de la Argentina en el 2016 y 2017 y las tan criticadas tasas del 40 % de Sturzenegger, que se fueron al 60 por ciento.
Tercero, Guido Sandleris: anunció una política de crecimiento cero de los agregados monetarios, más control del dólar entre bandas y todo lo que está pasando en este momento. Como resultado: inflación de febrero fue de 3,8 % y marzo de 4,7 %, o sea como que no se está estabilizando mucho.

Por eso revisando un poco la historia me encuentro con un documento de un ex presidente del Banco Central que hoy es más famoso por sus enredos amorosos con Luciana Salazar, pero que supo pilotear varias crisis financieras y plantarse ante el ejecutivo nacional para cumplir con la Carta Orgánica que juró honrar:
Me refiero a Martín Redrado, presidente del BCRA entre 2004 y 2010; vale la pena extraer algunos conceptos de su experiencia como enseñanza en estos tiempos:
Redrado llamó a su programa “Enfoque de administración de riesgos”. Con la idea de que el Banco Central no profundice la inestabilidad financiera, estuvo basado en cuatro pilares, trataré de hacer una síntesis de dos y dejo el link del documento:
En una primera parte Redrado resalta la importancia de controlar la cantidad de dinero por encima de la tasa de interés, de ahí que en base a estudios de la oferta y demanda de dinero estableció un programa monetario de cumplimiento trimestral, que establecía que la cantidad de dinero creada debía ser igual a la que realmente demande la economía, no la que demande el Gobierno para pagar su déficit. Si el dinero que emite el Banco Central (oferta) es el que requiere la actividad económica (demanda), la tasa se ubica donde tiene que ubicarse para que todo funcione con normalidad, o sea muchísimo más baja que el 60 por ciento promedio actual, que destruye la rentabilidad de cualquier actividad.
Con respecto al tipo de cambio, fijó un régimen de flotación administrada del dólar, algo parecido a lo que quiso hacer Sandleris con su flotación entre bandas: no se trataba de planchar el dólar, la diferencia principal se da en que la intervención del Banco Central comprando o vendiendo divisas, era para evitar cambios bruscos en la cotización que desemboquen en corridas cambiarias como la que estamos viviendo ahora. O sea, dejar subir el dólar si tiene que subir y bajar si tiene que bajar, pero suavemente y mostrando que el Banco tiene el control y el objetivo: que el dólar sea estable y competitivo.
Sin embargo, en esta administración y desde diciembre de 2015 se intervino para mantener el dólar barato y la gente contenta de comprarlo hasta que la crisis del 2018 se lo llevó puesto. Con la última medida anunciada se está diciendo que se va a planchar el dólar cuando llegue a $51,45 independientemente de la inflación que se genere; pero esto puede llevar nuevamente al atraso cambiario, déficit de cuenta corriente y otra crisis.

En la línea azul vemos lo que costaba el dólar en cada período, en la naranja el dólar si hubiera crecido con la inflación, desde el 2016 hasta mediados de 2018 el Banco Central atrasó el dólar y esto explicó la fuga de capitales más grande de la historia.
https://economis.com.ar/ya-se-fugo-mas-de-la-mitad-de-la-deuda-externa-tomada-en-los-ultimos-dos-anos/
Las otras medidas adoptadas están orientadas a la administración del sistema, vale la pena leerlo para el que quiera interiorizarse de la actividad que realiza el banco Central. Aquí el link:
http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/greenstone/cgi-bin/library.cgi?a=d&c=investigacion&d=politica-monetaria-financiera-argentina
Lección:
Señores, no es por ahí….. en la Argentina ya se intentó congelar o atrasar el dólar, también se experimentó de todo con la emisión de dinero y  con la tasa de interés, ¿si probamos con algo más coherente? Martín Redrado reconoció que el éxito de su enfoque de administración de riesgos del Banco Central se encontraba en el hecho de que tenía en cuenta la historia económica junto a la idiosincrasia del ciudadano, quienes en treinta años atravesaron numerosas crisis, entre ellas dos hiperinflaciones y dos afectaciones de depósitos cambiarios. Si no logran ser claros y demostrar que saben lo que hacen, no van a poder estabilizar la economía y… no van muy bien con eso.

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Plan Resistir: un paliativo de emergencia y transición para seguir en la carrera electoral

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 Sorprendido por el pico inflacionario del mes de marzo (4,7% de acuerdo a los datos del INDEC, y de 6% para el rubro alimentos), el gobierno nacional anunció hoy un “plan anticrisis” destinado a contener las alzas de los precios en los sectores que más afectan a los que más sufren. El primer anunció fue el “angostamiento” de la banda cambiaria, para moderar las fluctuaciones del dólar. Y luego le siguieron medidas que recuerdan -con menor extensión y menos instrumentos operativos, al no haber un “Moreno amarillo” que controle- a los tiempos del kirchnerismo. Se relanzan los Precios Cuidados y más beneficios para quienes reciben jubilaciones y planes sociales. Un plan protagonizado por el BCRA, Miguel Braun y la ANSES, y que responde al pedido de los actores territoriales de Cambiemos (Vidal, Rodríguez Larreta, los intendentes cambiemitas del Conurbano). Las medidas son:
 – Acuerdo de precios por seis meses sobre 60 productos de la canasta básica. Fueron pactados con 16 empresas grandes; rigen a partir del 22 de abril. Se anunció también -sin demasiadas precisiones- un régimen de Lealtad Comercial para dar a la Secretaría de Comercio más atribuciones de sanción a las empresas que “abusen de su posición dominante”.
 – Programa de descuentos para beneficiarios de ANSES en grandes supermercados y otros negocios, y de 70% en medicamentos para beneficiarios de AUH
 – Más pequeños créditos ANSES (mayores montos, más cuotas) destinados  principalmente a jubilados
 – Congelamiento hasta fin de año de tarifas de electricidad, gas y transporte (excluyendo los ya anunciados), enfatizando los casos de colectivos, trenes metropolitanos y peajes. Y ´lo mismo parta el caso de la telefonía celular (líneas prepagas), pero en este caso hasta el 15 de septiembre.
 – Por último, se anunciaron planes de pagos de AFIP (con bajas tasas de interés) para deudores tributarios, con acento en PyMes.
politico dujovne sica stanley
G1_502 (Blanco)
 ¿Esto compensa las últimas pérdidas de ingreso generadas por la inflación, o solo detiene por un tiempo la hemorragia? No era mucho más lo que se podía hacer. Y tampoco tiene tiempo Mauricio Macri ya de desplegar otro tipo de estrategias para contener lo que se convirtió en el principal problema de su gestión. Tras el “pico” de marzo, las expectativas inflacionarias se estaban saliendo de cauce. Asimismo, al lanzar este plan el gobierno está reconociendo cierta responsabilidad en las recientes escaladas de precios. Ya que un componente indiscutible de la aceleración de precios tuvo que ver con los aumentos de tarifas y combustibles que el Poder Ejecutivo diseñó.
 El Plan Resistir fue avalado -no podría ser de otra forma- por el Fondo Monetario Internacional. Tanto en las intervenciones del tipo de cambio -que podrían ser entendidas como un incentivo a la salida- como en las medidas paliativas hay recursos comprometidos. Y hoy el Tesoro no puede decidir estas cosas sin antes conversarlas con los representantes del organismo. Por un lado, esto nos sugiere que los técnicos del Fondo podrían ser hasta menos “creyentes” en el modelo ortodoxo que los funcionarios del gobierno argentino. Y por otro, que el FMI acompaña la vocación del gobierno. Macri muestra que quiere resistir hasta las elecciones, y mantenerse competitivo en la carrera electoral.
 En clave política, el guiño amigable que el gobierno envía al mundo financiero desde el Plan Resistir es una cierta demostración de voluntad política. Los anuncios de hoy y el inesperado video que utilizó Macri para comentar los mismos resuenan como movimientos de campaña. Además, los beneficiarios del paliativo anticrisis no están en el núcleo duro macrista. Los acreedores del estado argentino -FMI y tenedores de nuestros bonos y activos- quieren que Mauricio Macri continúe hasta 2023. Y quieren verlo luchar por ello. Aunque los representantes del FMI hayan dicho que ellos están dispuestos a trabajar con cualquier gobierno -¿qué otra cosa podrían decir?- lo cierto es que Macri es la opción que mejor expresa la voluntad de pago de la deuda. Tanto Lavagna como Kicillof vienen declarando que en un futuro gobierno integrado por ellos, los términos de lo acordado serán rediscutidos. La apuesta es exigente, porque si estamos ante un escenario de cambio de gobierno, una inflación artificialmente contenida tenderá a desatarse sobre el final. “Pacto de caballeros”, se dijo hoy. Por eso, si las encuestas siguen siendo desfavorables a la reelección, no solo los emisarios del Fondo deben conversar con los referentes de la oposición. También deberían estar haciéndolo los ejecutivos de las 16 empresas de primera línea que reeditaron los acuerdos de precios de la canasta básica. Con los anuncios de hoy, comienza la transición del macrismo. Hacia su segundo mandato -uno que sería, según le dijo Macri a Vargas Llosa, más acelerado que éste- o hacia la alternancia democrática.

 
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A la Argentina le faltan quince años ininterrumpidos de orden fiscal

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¿Puedo seguir escribiendo notas con contenido sobre qué es lo que va a pasar con el dólar? Sí, puedo seguir escribiendo notas con contenido sobre qué es lo que va a pasar con el dólar, aunque suene así de repetitivo. Claramente es la variable financiera más importante, aunque no debería serlo. Pero ¿por qué es así? ¿por qué no somos un país normal que tiene su moneda estable y la gente ahorra en ella? Hay muchas razones, pero como escribí en mi nota anterior, el dólar no es el problema sino el peso. Son muchos años de nuestra historia en los que se financió gasto excesivo con emisión de billetes, eso hizo al peso una moneda muy poco creíble. Pensemos un poco ¿quién va a querer ahorrar en algún activo que sea muy fácil de fabricar? La respuesta es, nadie.
La naturaleza de la economía dice que las cosas tienen un valor de equilibrio entre la oferta y la demanda, eso es inviolable. Si hay mucha demanda de un producto (vamos a poner como ejemplo manzanas) al no haber suficientes (oferta) los productores tienen que subir el precio para equilibrar dicha demanda, pero si nadie quiere manzanas, tendrán que bajar mucho el precio para poder vender esa cosecha.
Con el peso sucede lo mismo, la moneda es un activo como cualquier otro que históricamente tuvo mucha oferta por el exceso de emisión, entonces baja el precio porque menos gente lo quiere ¿se entendió? Tanto la inflación como la suba del tipo de cambio no son otra cosa que la desvalorización del peso, es importantísimo entender esto.
Pero ¿qué es lo que pasa ahora? Se produce un proceso psicológico muy difícil de cambiar: por más que el Banco Central impone una política monetaria muy estricta y empiezan a escasear los pesos, la moneda se sigue debilitando más y más porque ya nadie cree en ella, la oferta de pesos no crece pero ahora sucede que la demanda baja, entonces sigue el proceso inflacionario más por un sesgo psicológico que otra cosa, produciendo la peor de las realidades, la estanflación.
Yo la verdad es que no tengo idea cuál es el valor de equilibrio entre la cantidad de pesos que está girando en nuestra economía, y lo que debería valer el dólar. Está semana escuché decir a Orlando Ferreres (economista muy serio de hace muchos años) que ese valor está en torno a los $47,50 pero que claramente él no se dolarizaría ya que falta muy poco para llegar a esos valores y las tasas en pesos deberían ser atractivas ya que ofrecen mejores rendimientos….
 
En mi humilde opinión a nuestro país le faltan unos 10 o 15 años ininterrumpidos de orden fiscal que nos lleve a no imprimir más billetes para financiarlo y así cortar la oferta indiscriminada de pesos, esto generaría un cambio de cultura al ver que nuestra moneda sí puede ser confiable como para volver a ahorrar en ella, ahorro que generaría inversión de quienes utilicen esos fondos para volcarlos a la actividad y así generar empleo genuino y crecimiento sustentable.
 
Mientras tanto, me cuesta creer que el tipo de cambio pueda flotar libremente, aunque deseo profundamente que eso suceda hoy. Si bien el FMI no quiere, yo siento que deberíamos ir hacia una fuerte renegociación con ellos para poder, de alguna manera, mostrar poder de fuego cuando se producen movimientos disruptivos con poco volumen en el tipo de cambio, esto es, pocos compradores asustados pagando muy caro y vendedores muy cómodos aprovechando esa situación dejando correr el precio y vendiendo más caro de lo que realmente vale. Esto haría que esos vendedores también sientan algo de miedo de que el precio pueda irse para abajo y se apuren a vender, logrando así un equilibrio más lógico de la cotización del dólar que tanto nos importa.
Teniendo en cuenta el gran factor político que tenemos que afrontar, cualquier inversor pequeño o grande va a querer proteger sus ahorros dolarizándolos, esto provocaría una especie de espiralización hacia la moneda estadounidense, cuanto más sube, más gente corre a dolarizarse y así genera un movimiento que hasta puede terminar afectando la decisión de la gente a la hora de votar por la enorme volatilidad.
Así que en los siguientes meses habrá muchas idas y vueltas si no empezamos a mostrar reglas más claras que calmen cualquier locura que se pueda generar. Recordemos que (frase que le robo a un economista muy serio llamado Ricardo Arriazu) la base de la economía es la confianza, cuando tenemos confianza gastamos, invertimos, tomamos riesgo y cuando tenemos desconfianza dejamos de gastar y tratamos de proteger lo que tengo y en ese proceso generamos una implosión económica. Necesitamos generar esa confianza.

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El Gobierno envía proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA

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Lo anunció el presidente de la entidad, Guido Sandleris, quien además informó otras medidas para “bajar la inflación de forma permanente”
La inflación de febrero fue del 3,8%, informó este jueves el INdEC, y con ese dato en la mano el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, anunció una serie de medidas con la meta de “bajar la inflación de forma permanente”, entre las que se cuentan un proyecto de reforma de la Carta Orgánica de la entidad monetaria.
Según dijo Sandleris en una conferencia de prensa, los 2 ejes principales del proyecto que el Ejecutivo enviará al Congreso serán:
>Establecer la estabilidad de los precios como “objetivo prioritario” del BCRA;
>Prohibir que la entidad monetaria financie al Tesoro nacional.
Entre otras medidas resueltas por el Comité de Política Monetaria del Central “en respuesta al número de inflación de febrero”, se encuentran:
>Extender el objetivo de “crecimiento 0” de la Base Monetaria hasta fin de año (estaba previsto sólo hasta junio);
>Hacer permanente el sobrecumplimiento de la meta de Base Monetaria de febrero;
>Eliminar el ajuste por estacionalidad prevista para junio;
>Y limitar el crecimiento de la “zona de no intervención” (las bandas cambiarias) a 1,75% mensual en el 2do trimestre del año.

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