El destino Puerto Iguazú continúa ampliando su oferta de hotelería de alta gama. El próximo 15 de marzo abrirá Entre Árboles Iguazú, un nuevo hotel boutique impulsado por el empresario y exgobernador de Misiones, Maurice Closs, cuya operación estará a cargo del grupo Amérian Hoteles bajo su nueva marca Singular Collection by Amérian.
El proyecto demandó una inversión cercana a 100 mil dólares por habitación, sin considerar el valor del terreno -propiedad de Closs desde hace años-, y contará con 14 houses integradas a la selva misionera. La arquitectura fue diseñada para convivir con el entorno natural y suma tecnología domótica, además de una propuesta vinculada al slow travel, la tendencia global que prioriza experiencias más pausadas, personalizadas y en contacto con la naturaleza.
La apertura de Entre Árboles marca además el debut en Argentina de Singular Collection by Amérian, una nueva marca con la que el grupo busca posicionarse en el segmento de hotelería boutique y experiencias exclusivas.
El establecimiento está ubicado en avenida Tres Fronteras 780, a unos 100 metros del Hito Tres Fronteras y a 30 minutos de las Cataratas del Iguazú. El desarrollo se emplaza en un predio de selva nativa preservada, donde las construcciones se implantaron respetando la vegetación y los claros naturales del terreno.
En materia gastronómica, el hotel contará con Monarca, su restaurante principal, que propone una cocina de inspiración regional con influencias de la Triple Frontera. La propuesta se complementará con experiencias personalizadas vinculadas al entorno natural y cultural de la región.
“Comprometido con una gestión responsable, Entre Árboles integra la sustentabilidad como eje central de su propuesta”, señaló Closs. En ese sentido, el proyecto incorpora paneles fotovoltaicos para la generación de energía limpia, mientras que el sistema de recolección de agua de lluvia se utilizará para el riego de los espacios verdes, optimizando el uso de los recursos naturales.
El emprendimiento apunta a captar un perfil de viajero que prioriza exclusividad, privacidad y contacto con la naturaleza.
“Entre Árboles inaugura un formato inédito en Argentina: un alojamiento boutique de diseño que propone dormir entre copas y troncos, integrando naturaleza, tecnología y servicio en una experiencia realmente nueva para Iguazú”, sostuvo.
El hotel funcionará bajo el concepto adult only, orientado a huéspedes que buscan estadías tranquilas y personalizadas. Las tarifas iniciales oscilarán entre 400 y 600 dólares por noche, según la categoría de alojamiento.
Con este proyecto, Iguazú consolida una tendencia que gana fuerza en los principales destinos turísticos del país: el desarrollo de propuestas premium vinculadas al paisaje natural, donde la selva misionera se convierte en el principal diferencial de valor.
Emanuel Grassi es Doctor en Ciencias Biológicas y especialista en hongos. Vino a Misiones, con una tésis de estudio que se convirtió en práctica y terminó, como suele suceder, prendado de la tierra roja que no se despega de la piel. Hoy se describe como un apasionado de la selva, del monte, casi como una regresión ancestral, que comparte en charlas con la presidenta del Instituto Misionero de Biodiversidad, Viviana Rovira, a la sazón, su mentora y responsable de haberlo convertido en director ejecutivo de ese ente que pasó de estudiar algunas especies de la flora y fauna a encabezar un proyecto inédito: reforzar la población de yaguaretés en la selva misionera.
Su historia empieza lejos del monte misionero. En Buenos Aires, cuando era niño, Emanuel ya experimentaba con el mundo natural con la curiosidad irreverente de la infancia.
“De chico siempre me gustó la experimentación con los animales. A veces un poco desde el lado de la maldad, viste… jugaba con sapos en la casa de mis padres”, recuerda entre risas. Pero esa curiosidad pronto encontró una dirección.
Su abuelo era paisajista. Las plantas y el diseño de jardines estaban presentes en la vida familiar. Y luego apareció un mentor inesperado: el botánico Osvaldo Morrone, investigador que había trabajado con orquídeas en Misiones.
Fue él quien lo empujó hacia el mundo de las ciencias biológicas.
Grassi estudió la licenciatura y el doctorado en la Universidad de Buenos Aires. Pero el destino ya estaba trazado.
El primer viaje a Misiones fue casi casual. Corría el año 2006 y vino con su entonces novia, cuya familia era de Garupá.
“Cuando conocí Misiones fue un flechazo”, recuerda. “Me acuerdo que la abuela me dijo: ‘Mirá que la tierra roja mancha… y se pega’. Y fue tal cual”.
La advertencia terminó siendo una profecía. Durante su doctorado decidió estudiar hongos de la selva misionera. El trabajo académico se convirtió en un puente con la provincia. Y cuando apareció la posibilidad de radicarse definitivamente, no hubo dudas.
La selva ya lo había elegido.
Fotos Sofía Schiavoni.
Hoy Grassi está al frente del IMiBio, un organismo científico que abrió sus puertas hace ocho años para estudiar y proteger la biodiversidad de Misiones. Pero también para algo más ambicioso: poner la ciencia al servicio de las decisiones políticas.
La institución nació con una idea impulsada por Viviana Rovira -presidenta del instituto y su mentora-: construir una ciencia diferente.
“No queríamos repetir el modelo clásico de investigación encerrada en los laboratorios”, explica. “La ciencia tiene que escuchar a la sociedad y estar al servicio de quienes toman decisiones”.
Esa lógica llevó al instituto a involucrarse en proyectos concretos: restauración ambiental, investigación aplicada, monitoreo de especies y asesoramiento científico para políticas públicas.
Pero también implica convivir con una paradoja de nuestro tiempo.
“La ciencia dejó de ser el faro en algunos debates. Hoy estamos discutiendo cosas que parecían saldadas hace siglos”, dice. “Pero eso también nos obliga a salir del laboratorio, a explicar, a dialogar”.
El estado de la selva
Cuando se le pregunta por la salud de la selva misionera, Grassi no elige ni el optimismo ingenuo ni el pesimismo alarmista.
Prefiere una definición más precisa: “Está estable, pero es muy sensible”.
La selva paranaense que sobrevive en Misiones es uno de los relictos mejor conservados del Bosque Atlántico, un ecosistema que alguna vez cubrió gran parte de Brasil, Paraguay y Argentina. Pero también es un sistema frágil.
“El gran riesgo es que se rompan los corredores biológicos”, explica. “Si se corta la conectividad entre las poblaciones, empezamos a aislar especies y aparecen problemas genéticos”.
Por eso la palabra clave de la conservación actual es restauración.
Restaurar bosques, restaurar corredores ecológicos y, en algunos casos, restaurar poblaciones animales.
El yaguareté -el mayor felino de América- es el símbolo máximo de la selva. Pero su presencia es cada vez más escasa. Se estima que en toda la región sobreviven alrededor de 90 ejemplares, con mayor presencia en el norte misionero.
El plan del IMiBio apunta a fortalecer la población en la Reserva de Biosfera Yabotí, un territorio de más de 250 mil hectáreas donde aún sobreviven condiciones ecológicas adecuadas, en la frontera con Brasil.
La estrategia no es una reintroducción o rewilding, como ocurrió en Corrientes. En Misiones el animal nunca desapareció completamente. Lo que se busca es reforzar la población.
Grassi plantea una diferencia conceptual importante con la idea más difundida del rewilding: mientras la reintroducción se aplica en territorios donde una especie ya desapareció por completo, en Misiones lo que se proyecta es un refuerzo poblacional, es decir, intervenir en un ambiente donde el yaguareté todavía existe, aunque en números críticos. Para el director del IMiBio, antes de liberar animales hay que resolver las causas que llevaron a la retracción de la especie y garantizar que el hábitat siga siendo funcional. Por eso su mirada pone menos énfasis en el gesto épico de “devolver” fauna y más en una estrategia integral de restauración: recomponer corredores, asegurar presas, sostener el control sobre la caza y preservar la genética local.
En términos ecológicos, ambos modelos -Iberá y Misiones- forman parte de una misma corriente global de conservación: la restauración de grandes ecosistemas a través de especies clave. El objetivo final es el mismo: devolver al yaguareté su rol como ingeniero ecológico de los ecosistemas, capaz de regular poblaciones de herbívoros y mantener el equilibrio natural del bosque.
En esa lógica, Misiones no busca copiar el modelo de Corrientes, sino diseñar uno propio, ajustado a una selva que aún resiste y cuya prioridad no es volver a empezar desde cero, sino evitar que lo que todavía late termine por apagarse.
“Tenemos un macho residente en la zona desde hace más de diez años. La idea es introducir una hembra para generar un núcleo reproductivo”, explica Grassi.
Si el proyecto prospera, la reserva Yabotí podría albergar entre 20 y 30 yaguaretés en el futuro. Pero el objetivo va más allá de los números.
“La idea es preservar esa genética y generar un flujo de individuos que pueda conectarse con otras poblaciones, incluso con Brasil”.
En ese mismo espíritu de redescubrimiento de la selva, otro episodio marcó a los investigadores del IMiBio: el regreso inesperado del águila harpía. Durante años se la consideró prácticamente extinta en Misiones, al punto de que casi no existían estudios sobre su presencia porque las probabilidades de encontrarla eran mínimas. Pero fue un colono de la zona de la Reserva de Biosfera Yabotí quien cambió la historia al fotografiar un ejemplar posado en el monte.
A partir de ese primer registro comenzaron a multiplicarse los avistamientos, hasta confirmar incluso la presencia de un juvenil. Para Grassi, ese dato tiene un valor enorme: significa que hubo reproducción reciente en la selva. “Si apareció un juvenil, quiere decir que hace uno o dos años eclosionó un huevo. Eso implica que hay un nido activo en algún lugar del corredor entre Argentina y Brasil”, explica.
En los extremos de su distribución -desde México hasta el norte argentino- la harpía había desaparecido casi por completo. Por eso su presencia en Misiones no es solo una rareza biológica: es una señal de que la selva aún conserva la estructura ecológica necesaria para sostener a uno de los depredadores más poderosos de América. la confirmación de que la especie aún persistía en uno de los extremos de su distribución -donde se la consideraba prácticamente extinta- generó un impacto inmediato en la comunidad científica internacional.
En México, donde la harpía también había desaparecido de los registros recientes, investigadores y organizaciones de conservación lanzaron entonces un programa específico de búsqueda para verificar si aún sobrevivían ejemplares en las selvas del sur del país. Para Grassi, el caso demuestra cómo un hallazgo local puede activar procesos de conservación a escala continental: “Cuando aparece en uno de los extremos de su distribución, automáticamente surge la pregunta de si en otros lugares donde se creía perdida todavía puede estar”. El avistamiento en Misiones no solo devolvió esperanza para la selva paranaense, sino que volvió a encender la búsqueda de uno de los depredadores más imponentes de América.
Sin embargo, la conservación no depende solo de científicos.
La caza furtiva, la presión económica sobre el territorio y la fragmentación del bosque siguen siendo amenazas reales. “Cuando la economía se deteriora, la cacería aumenta”, admite Grassi. “Por eso la conservación también tiene que entender el contexto social”.
En ese escenario, el rol de los guardaparques, las comunidades locales y los productores rurales resulta clave. Y también el de las organizaciones ambientales. “Hay diferencias, claro. Pero el objetivo común es la conservación”, dice.
Educar para coexistir
Padre de dos hijas, Grassi también piensa en el futuro desde una perspectiva personal. La educación ambiental es parte de la vida cotidiana en su casa. “Intento que se pregunten cuál es el impacto de nuestras acciones sobre la biodiversidad”, cuenta. “Que entiendan que la naturaleza no es algo separado de nosotros”.
Para él, la clave no es la convivencia con la naturaleza, sino algo más profundo. “La idea es la coexistencia”.
Cuando se le sugiere que el trabajo que hoy impulsa podría ser histórico -un proyecto que cambie el destino del yaguareté en la selva misionera-, Grassi se revuelve en su asiento, incómodo.
“No soy consciente de eso”, responde.
Tal vez porque la ciencia se mueve en tiempos largos, invisibles para el vértigo de la actualidad.
Tal vez por eso, cuando Grassi habla de la selva, parece escuchar algo más que el rumor del monte. Hay en su relato una intuición antigua, casi instintiva, como la que Jack London narró en El llamado de la selva: ese impulso profundo que empujaba a Buck a volver a lo esencial. En Misiones, ese llamado no proviene de la nostalgia, sino del futuro. De una selva que resiste y que, si la ciencia, la política y la sociedad logran escucharlo a tiempo, puede volver a llenarse de vida, de alas enormes en el dosel y del rugido del yaguareté.
Un árbol de la selva misionera volvió a irrumpir en la conversación pública, esta vez empujado por las redes sociales. El yacaratiá, una especie nativa cuya madera es 100% comestible, se convirtió en tendencia en la red social X luego de la difusión de un video que generó asombro, curiosidad y también críticas entre los usuarios.
El fenómeno no surge de un anuncio oficial ni de una política pública. Nace de la viralización de una particularidad biológica: el árbol Jacaratia spinosa, originario de la selva de Misiones, es considerado el único del mundo con madera completamente comestible.
El episodio digital reactivó una pregunta más amplia que excede la anécdota gastronómica: ¿puede la biodiversidad misionera transformarse en un activo productivo y cultural con mayor visibilidad nacional?
"Madera"
Por estos argentinos que descubrieron la única madera comestible en el mundo: viene de un arbol llamado Yacaratiá, que se encuentra en Misiones. pic.twitter.com/gReXfyahps
— Tendencias en Argentina (@porqueTTarg) March 4, 2026
Una rareza botánica que se transforma en alimento
El yacaratiá tiene una característica que lo diferencia de la mayoría de las especies forestales. Su madera no posee celulosa y presenta alrededor del 90% de humedad, lo que modifica completamente su estructura y permite que sea apta para consumo humano.
Esa singularidad abre un campo culinario poco habitual. El producto puede procesarse en filetes, preparaciones ahumadas o braseadas, con una textura que quienes lo probaron comparan con la carne.
En El Dorado, emprendedores locales ya transformaron esa materia prima en una línea de alimentos que incluye alfajores, bombones, mermeladas, budines, tablas confitadas, albóndigas y milanesas elaboradas con madera de yacaratiá.
La producción se presenta como una delicatessen regional, con una propuesta que combina tradición gastronómica, experimentación culinaria y aprovechamiento de recursos naturales locales.
Aunque el árbol forma parte del ecosistema de la selva misionera desde hace siglos, su difusión masiva es relativamente reciente. La viralización en redes sociales funcionó como catalizador de una curiosidad que hasta ahora circulaba principalmente en ámbitos gastronómicos o turísticos.
Redes sociales, humor argentino y visibilidad inesperada
La explosión digital comenzó con una publicación de la cuenta @porqueTTarg, que compartió un video bajo un título minimalista: “Madera”. El contenido describía el fenómeno de “la única madera comestible del mundo producida en Argentina”.
Lo que siguió fue una cadena de reacciones típicas del ecosistema digital argentino. Algunos comentarios ironizaron sobre el potencial gastronómico del producto, imaginando precios elevados en restaurantes. Otros cuestionaron su sabor o la idea misma de consumir madera.
La viralización convirtió un alimento regional en un objeto de conversación masiva, mezclando curiosidad científica, humor y escepticismo.
Este tipo de episodios no suele alterar el mapa productivo por sí solo. Sin embargo, sí puede modificar algo más sutil: la visibilidad de recursos naturales y culturales que hasta ahora permanecían en circuitos locales.
Biodiversidad, identidad y potencial económico
Más allá de la anécdota viral, el yacaratiá forma parte de un patrimonio biológico característico de Misiones, una provincia que concentra una porción significativa de la biodiversidad argentina.
El caso muestra cómo ciertos productos vinculados al ambiente natural pueden adquirir valor gastronómico y cultural cuando encuentran canales de difusión más amplios. En este caso, el motor no fue una campaña institucional ni una estrategia comercial de gran escala, sino un fenómeno espontáneo en redes sociales.
La aparición de alimentos basados en recursos nativos también dialoga con tendencias globales que valoran ingredientes regionales, gastronomía de origen y productos con identidad territorial.
El episodio digital dejó algo más que memes o comentarios irónicos. También instaló una pregunta sobre el potencial de productos poco conocidos fuera de su región de origen.
El yacaratiá no es un descubrimiento reciente ni una moda pasajera. Es parte de la historia natural de la selva misionera y de ciertas tradiciones gastronómicas locales.
Lo que cambió ahora es la escala de la conversación. En cuestión de horas, un árbol que crece en el noreste argentino pasó de ser un conocimiento regional a convertirse en tema de debate en redes sociales.
Si esa visibilidad se traducirá en mayor interés gastronómico, turístico o productivo es algo que todavía está por verse. Las tendencias digitales suelen ser efímeras. Pero, a veces, también funcionan como la puerta de entrada a historias más profundas sobre territorio, cultura y recursos naturales.
Misiones es sinónimo de Cataratas. Pero para Wally Bogado eso es apenas la puerta de entrada. El creador y fundador de Balton Company diseñó Tierra de Maravillas, un documental que busca mostrar la provincia en toda su dimensión: biodiversidad, cultura, historia, aventura y conservación.
El documental ya comenzó su recorrido internacional y fue presentado en NAPTE, la feria audiovisual que se realiza cada año en Miami y que conecta productores con plataformas y distribuidores de todo el mundo. El próximo paso será Cancún y, en noviembre, el prestigioso Festival de Cannes.
Bogado habla con convicción. No se trata solo de una producción audiovisual. Es, dice, un proyecto personal.
“Queremos mostrar a Misiones como destino internacional”
–¿Cuál es la esencia de Tierra de Maravillas?
-El documental está enfocado en mostrar a la provincia entera más allá de las Cataratas como una de las siete maravillas del mundo. Queremos mostrar a Misiones como un destino turístico a nivel internacional, pero desde otro perfil.
Si bien vamos a mostrar las Cataratas porque es algo único, el enfoque está puesto en las aventuras, en la biodiversidad, en lo cultural. En el cuidado de la fauna y la flora. Y también en contar más historia de la provincia.
Bogado insiste en que el relato buscará profundidad: no solo paisajes, sino identidad.
Una producción misionera con proyección global
Tierra de Maravillas comenzó a gestarse hace un año y medio. Para su creador, el proyecto tiene un fuerte componente personal.
-Es un proyecto que incluí dentro de la productora hace un año y medio. Quiero mostrar la provincia a nivel mundial, con una gran producción. Y algo importante: la base de la producción es local.
El equipo combina talento misionero con mirada internacional.
—Vamos a trabajar con camarógrafos, fotógrafos y productores locales, fusionando con un director internacional. Eso va a elevar la calidad y al mismo tiempo fortalecer la industria audiovisual de la provincia.
Balton Company ya viene dialogando con plataformas, guionistas y directores internacionales. Sin embargo, esta fue la primera presentación pública formal del proyecto en un mercado internacional.
De Miami a Cannes
El debut fue en NAPTE, que este año se realizó en el Hotel Intercontinental de Miami.
-Es la primera vez que presentamos públicamente Tierra de Maravillas. Después de este evento nos queda Cancún y en noviembre, si Dios quiere, vamos a estar en Cannes presentando este mismo documental, además de otros productos de la productora.
No es territorio desconocido para la empresa. Balton Company nació en 2015 y apenas un año después logró presentar proyectos en Cannes. En 2016 llevaron un demo de Quantum, serie en la que participaron Luciano Cáceres y otros artistas de primera línea, convirtiéndose en la productora más joven en participar en un festival de esa magnitud.
Actualmente, el equipo sumó a Gastón Tzarovsky y continúa el trabajo junto a Diego Yosco, consolidando una estructura con experiencia internacional.
El proyecto también tuvo acercamientos institucionales en Misiones.
-Tuvimos reuniones con el ministro de Turismo, José María Arrúa, y con el ministro coordinador de Gabinete. Fueron encuentros muy buenos. No llegamos a cerrar nada todavía, pero hubo buenos indicios.
Bogado considera que el documental puede convertirse en una herramienta estratégica para la provincia.
-Creo que le va a servir mucho a Misiones. Va a generar más turismo y más calidad en la forma en que mostramos nuestra tierra al mundo.
En ese camino, menciona el acompañamiento del diputado Rudy Bundziak, a quien define como “fundamental” para abrir puertas y acompañar el proceso.
Más que promoción: identidad
En tiempos donde el turismo compite a escala global por atención y experiencias diferenciadas, Tierra de Maravillas apuesta a una narrativa distinta: mostrar a Misiones no solo como postal, sino como ecosistema vivo.
No es solo selva y agua. Es cultura guaraní, es producción regional, es conservación ambiental, es historia y es aventura.
Si el proyecto logra consolidarse en plataformas internacionales, la provincia podría sumar una vidriera audiovisual estratégica para posicionarse más allá del clásico circuito de Cataratas.
Walter Bogado lo resume con claridad:
–Queremos que el mundo conozca Misiones en su totalidad. Esa es la verdadera maravilla.
En una estrategia que combina creatividad, identidad territorial y lenguaje digital, el Ministerio de Turismo de Misiones impulsó la recreación local de un video viral surgido en las favelas de Brasil, adaptándolo al paisaje y la estética de la selva misionera. La pieza audiovisual fue difundida a través de redes sociales y rápidamente comenzó a circular entre usuarios de la región y del exterior.
El video, grabado en el monte que rodea a la Cruz de Santa Ana, replica la dinámica, el ritmo y la puesta en escena del contenido original brasileño, pero reemplaza el contexto urbano por la frondosidad característica de la Selva Misionera. El resultado es una reinterpretación que apela al humor, la sorpresa y la identificación cultural, sin perder de vista el objetivo central: visibilizar a Misiones en el ecosistema digital.
Desde el área de Turismo explican que la iniciativa forma parte de una línea de acciones orientadas a conectar con nuevas audiencias, especialmente jóvenes, que consumen contenidos turísticos a través de plataformas como Instagram y priorizan experiencias visuales breves, auténticas y compartibles. En ese marco, la viralidad se convierte en una herramienta clave para amplificar el alcance del destino.
La propuesta también dialoga con una tendencia global del marketing turístico, donde los destinos buscan apropiarse de lenguajes culturales contemporáneos para reinterpretarlos desde su propia identidad. En este caso, la selva, los sonidos del entorno y la impronta local funcionan como elementos diferenciadores frente al video original, resignificando el contenido sin copiarlo de manera literal.
El lanzamiento generó múltiples reacciones en redes sociales, desde comentarios celebrando la creatividad misionera hasta debates sobre los nuevos formatos de promoción turística. Más allá de las lecturas, el impacto en términos de visibilidad fue inmediato y volvió a poner a Misiones en conversación dentro del circuito digital regional.
Con esta acción, Misiones refuerza una estrategia que trasciende la promoción tradicional y apuesta a que la naturaleza, la cultura y el ingenio local también se expresen en clave viral, consolidando a un destino que combina biodiversidad, innovación y comunicación contemporánea.