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Señal de alerta: la disminución de yaguaretés y los planes para repoblar la selva

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Un nuevo censo binacional muestra una leve pero significativa disminución del mayor felino de América en su bastión más importante: la Selva Misionera. El dato reaviva el debate sobre la conservación de bosques nativos, la coexistencia con comunidades rurales y la urgencia de frenar la fragmentación del hábitat.

La selva murmura lo que las cifras confirman. En un informe presentado recientemente en Posadas, científicos de Argentina y Brasil advirtieron que la población de yaguaretés en la Selva Misionera muestra una leve caída: hoy se estima que quedan entre 64 y 110 ejemplares, con una media poblacional de 84. La cifra, aunque aún dentro del margen natural de variación para especies de grandes carnívoros, representa una disminución respecto al promedio de 93 individuos registrado en 2022.

El estudio fue liderado por el Proyecto Yaguareté (CeIBA-CONICET) y el Proyecto Onças do Iguaçu (ICMBio), y es parte de una cooperación binacional que se repite cada dos años desde hace más de dos décadas. Se trata del monitoreo más exhaustivo del continente sobre esta especie en el Bosque Atlántico.

“Es una señal de alarma. Después de años de crecimiento y estabilidad, vemos por primera vez una caída, aunque leve. Y no podemos ignorarla”, señaló el investigador Agustín Paviolo, del CONICET. “Este tipo de variaciones puede anticipar retrocesos mayores si no se actúa con rapidez”.

Los números surgen del relevamiento mediante cámaras trampa en más de 570.000 hectáreas de selva protegida entre Argentina y Brasil. Fueron instaladas 267 estaciones de muestreo, lo que convierte al censo de 2024 en el mayor desde que se iniciaron los estudios en 2005.

Lucía Lazzari, coordinadora del programa Bosques de la Fundación Vida Silvestre Argentina, advirtió: “El yaguareté es un termómetro ambiental. Su retroceso es una forma que tiene la selva de avisarnos que algo no está funcionando bien”.

De símbolo a centinela de un ecosistema en jaque

El yaguareté (Panthera onca), declarado Monumento Natural Nacional, es mucho más que un ícono de la fauna argentina. Su presencia garantiza la salud ecológica del bosque y la funcionalidad de las cadenas tróficas. Por eso se lo considera una especie paraguas: al protegerlo, se salvaguarda indirectamente a cientos de otras especies, muchas de ellas igualmente amenazadas.

“Cuidar al yaguareté es cuidar el agua, el aire y el suelo. Donde él vive, vive la selva. Y donde vive la selva, hay futuro”, explicó Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre.

¿Por qué disminuyó la población?

Los científicos coinciden en que no hay una única causa, sino una conjunción de amenazas persistentes:

  • Fragmentación y degradación del hábitat: un reciente estudio de la FAUBA reveló que en los últimos 30 años se perdieron más de 130.000 hectáreas de bosque nativo en el Corredor Verde. Lo más grave es la fragmentación: los parches de selva son cada vez más pequeños y aislados, dificultando el desplazamiento y reproducción del yaguareté.
  • Caza furtiva: aunque ilegal, aún persisten casos de caza, tanto del felino como de sus presas naturales.
  • Atropellamientos: la red vial que cruza la selva representa un peligro constante. Misiones trabaja con sistemas de control de velocidad por tramos, pero aún hay desafíos para una legislación nacional que respalde estos esfuerzos.
  • Conflictos con comunidades: el yaguareté puede atacar animales domésticos o ganado, lo que genera represalias. En ese sentido, el seguro por daño que ofrece la provincia de Misiones es una herramienta innovadora para evitar represalias letales.

Desde el gobierno de Misiones aseguran que ya se trabaja en acciones concretas ante esta alerta. Emanuel Grassi, director del Instituto Misionero de Biodiversidad, detalló que está en marcha un ambicioso proyecto de refuerzo poblacional en la Reserva de la Biosfera Yabotí, con infraestructura específica para la cría y liberación controlada de ejemplares. Se prevé una inversión inicial superior a los 500 millones de pesos.

“Tenemos definido el lugar, los recintos y el plan de manejo. Solo resta licitar la obra. Vamos a profundizar el trabajo en las 2.000 hectáreas lindantes al Parque Nacional Iguazú, donde hay una alta interacción entre felinos y zonas urbanas. Ahí estamos ordenando el territorio con el municipio para reducir conflictos”, explicó Grassi.

Consultado sobre el último censo de yaguaretés y la disminución de ejemplares en la Selva Paranaense, el ministro de Ecología de Misiones, Martín Recamán, sostuvo que el gobierno provincial ya estaba al tanto de estas fluctuaciones. “Estos números ya los teníamos considerados. Por eso venimos trabajando con acciones concretas como el desarrollo de un seguro para el yaguareté y el avance del proyecto de recría en Esmeralda, en la Reserva de Biósfera”, explicó.

Recamán destacó que si bien se registró una reducción, no se trata de una situación inédita. “Hemos tenido fluctuaciones a lo largo del tiempo. Siempre buscamos que los datos mejoren. Aunque sea una baja mínima, nos obliga a redoblar esfuerzos, como hacemos con los bosques”, afirmó.

Sobre el proyecto de recría, detalló que se están terminando los estudios y trámites para la licitación de las obras. “Ya hicimos el análisis de impacto ambiental. El proyecto contempla unos seis recintos de diferentes tratamientos: cría, madres, machos, cruza. Estamos trabajando en la infraestructura necesaria: caminos, agua, energía, y la incorporación de más guardaparques y vehículos”, indicó. 

En relación al seguro para productores afectados por el yaguareté, Recamán señaló un fenómeno particular: “Aumentaron las denuncias, incluso en zonas cercanas a Iguazú. Al principio esto nos generó un gran esfuerzo de respuesta, pero lo vemos como algo positivo: antes los animales eran cazados, hoy se denuncia, y eso nos permite actuar, hacer seguimiento, colocar collares con GPS y generar datos”.

También reveló que la Provincia trabaja en un plan de ordenamiento territorial en la zona de las 2.000 hectáreas en Iguazú, un área de interfaz entre el bosque nativo y zonas urbanizadas donde se han producido conflictos con fauna silvestre. “La urbanización avanzó sobre terrenos que antes eran completamente boscosos. Estamos articulando con el municipio un plan para censar, obtener información y planificar el uso del suelo con enfoque ambiental”, dijo.

Sobre el control de atropellamientos, Recamán destacó la implementación de un sistema de control por tramo entre Península y la rotonda de Iguazú, que envía alertas cuando un vehículo supera los 60 km/h. “Es único en Argentina, aunque su legislación nacional aún es un desafío. Pero el sistema funciona y la Provincia sigue presente en este tema también”, concluyó.

Por último, el ministro resaltó que la conservación del yaguareté no puede disociarse de la protección del monte nativo: “El yaguareté necesita continuidad del bosque para sobrevivir. Es nuestra especie paraguas. Si protegemos su hábitat, protegemos todo lo demás”.

Nicolás Lodeiro Ocampo, fundador de la Red Yaguareté, señaló que el dato no fue sorpresa. “Sabíamos que hay zonas con pérdida de territorio para el yaguareté. El número es simplemente un indicador más. Tampoco se conoce qué metodología se usa ni vimos un informe técnico, así que no hay forma de poder hacer un análisis más profundo al respecto, solo queda el acto de fe y saber que en efecto, la tendencia no es hacia el crecimiento sino al contrario, y según la zona de la provincia que se mire y analice”.

Para el ambientalista, “el destino del yaguareté se juega en las áreas donde convive con humanos, donde hay actividades productivas y ocurren depredaciones de animales domésticos. Los que estamos en este tema lo sabemos perfectamente, ya sean funcionarios, guardaparques, ONGs, etc., sin medidas verdaderas de convivencia con la ganadería y persecución total de la caza furtiva, el yaguareté no tiene futuro. En ninguno de los planes de acción que hay para el yaguareté en el país hay un programa de convivencia con actividades productivas, sólo han existido acciones independientes de distintos grupos, en su mayoría ONGs, que como se sabe, no podemos sostenerlas en el tiempo. Esa es una función del Estado”, exigió.

Lodeiro relativizó el dato de la baja de ejemplares. “Hasta puede ser un sesgo de muestreo o margen de variación. Naturalmente uno preferiría que hubiesen sido diez ejemplares más y nunca menos, pero, lo que para nosotros es lo realmente grave y donde hay que mirar y por sobre todo, actuar, no es el número en definitiva sino que hay zonas de la provincia que han perdido a los yaguaretés, como el Valle del Cuña Pirú, Salto Encantado y alrededores, donde ya hace tres años que no tenemos ejemplares, siendo que existía una dinámica poblacional propia de una zona límite de distribución. No sabemos aún si estamos ante una extinción local (sería la primera que ocurre en Argentina en las últimas décadas) o se recuperará, lo cual parece muy difícil sin que se apliquen medidas reales de convivencia con ganadería y que se ponga fin de una vez por todas a la excesiva caza furtiva que sabemos existe con un trasfondo claramente cultural y que el Grupo de Operaciones en Selva del Cuerpo de Guardaparques -un grupo de élite mundial- no da abasto para combatir. Y en la Reserva de Biósfera Yabotí, la otra área con un tremendo retroceso poblacional de yaguaretés, solo se conoce la existencia de un ejemplar macho desde hace unos años y la caza es un flagelo que no solo proviene desde las colonias, sino que existe un ingreso desde Brasil que es incomprensible no haya conllevado una acción de nivel nacional para ponerle fin, ya que técnicamente, es una invasión violenta desde otro país. Esto es lo grave, que el yaguareté viene perdiendo territorio por la falta o el desarrollo insuficiente de medidas para preservarlo que ya sabemos existen, han sido probadas exitosamente y se cuenta con amplia documentación al respecto, incluso se han modificado leyes a raíz de ellas. Está comprobado que donde faltan yaguaretés es porque sobran balas. Esto no es un supuesto, es evidencia”.

Hendú, el viajero sin fronteras

Un ejemplo conmovedor del valor de los corredores binacionales es la historia de Hendú, un macho que fue registrado por primera vez en 2020 en el Parque Nacional Iguazú. Desde 2024, también es monitoreado en Brasil gracias a un collar satelital colocado por el equipo del Proyecto Onças do Iguaçu. Sus desplazamientos confirman la necesidad de mantener conectadas las áreas protegidas a ambos lados de la frontera.

En el Parque Nacional do Iguaçu, del lado brasileño, los datos son alentadores: se identificaron 27 individuos, dos más que en 2022. Esto se atribuye a un trabajo comunitario activo: más de 350 visitas anuales a propiedades rurales para educar, prevenir y actuar ante conflictos con la fauna.

“El éxito de esta recuperación está en el compromiso local. Ya evitamos un colapso antes. Podemos hacerlo otra vez”, dice Yara Barros, coordinadora del proyecto Onças do Iguaçu.

Los yaguaretés no sobreviven sin selva, y la selva no sobrevive sin políticas activas. Un análisis de la Facultad de Agronomía de la UBA mostró que los fragmentos de selva en Misiones son cada vez más pequeños, con distancias mayores entre ellos. Esto impide la migración de especies, favorece la entrada de invasoras y afecta la regeneración natural del bosque.

“Necesitamos restaurar, reconectar y ordenar el territorio. El Corredor Verde funcionó como una herramienta de contención, pero ya no alcanza”, explicó Luis Sangel Polo Perdomo, autor del estudio.

El informe de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) sobre la deforestación en Misiones ofrece un análisis exhaustivo de la problemática del desmonte en la región, con énfasis en las causas, consecuencias y dinámicas que afectan al Bosque Atlántico. Este informe es fundamental para comprender la crisis ambiental en curso, que no solo involucra la pérdida de biodiversidad, sino también impactos socioeconómicos y culturales para las comunidades locales. A continuación, te ofrezco una profundización del informe de la UBA, que aborda varias dimensiones del desmonte en la provincia.

Causas, Impactos y Propuestas

1. Causas del Desmonte:

El informe de la UBA destaca tres factores clave que explican la continua expansión de la frontera agropecuaria en Misiones:

  • Expansión de la Agricultura Intensiva:
    El aumento de la producción de soja, maíz y otros cultivos comerciales ha impulsado el avance sobre zonas boscosas. Misiones, aunque históricamente conocida por su forestación y producción de yerba mate, ha visto una creciente diversificación en sus cultivos. Esto ha aumentado la demanda de tierras agrícolas y ha intensificado los desmontes en zonas cercanas a la frontera con Paraguay y Brasil.
    • Según el informe, la soja transgénica es uno de los mayores responsables de la deforestación en el noreste argentino. Aunque los cultivos de soja son más comunes en otras provincias como Chaco y Salta, Misiones ha sido un destino creciente para la expansión de esta monocultura debido a la demanda internacional y los beneficios fiscales del país.
  • Ganadería y Forestación Industrial:
    En paralelo a la agricultura, el crecimiento de la ganadería extensiva y la forestación industrial (principalmente para la producción de papel y pulpa) han aumentado la presión sobre las áreas forestales. La ganadería, especialmente en la zona sur de la provincia, está vinculada al crecimiento de la frontera ganadera, que avanza sobre el bosque nativo para abrir espacio para pastoreo.
  • Deforestación Ilegal y Débil Control:
    Un factor crítico que la UBA identifica es la deforestación ilegal en áreas protegidas o en zonas donde el uso de la tierra debería estar restringido. A menudo, la deforestación ilegal está asociada con el desmonte en tierras fiscales o en zonas de baja fiscalización, lo que aumenta la extensión de la tierra cultivada o utilizada para ganadería, sin que existan controles efectivos o sanciones. Este proceso no solo afecta a los recursos naturales, sino que también implica una competencia desleal para aquellos que siguen las regulaciones ambientales.

    El informe subraya que la falta de apoyo institucional y la débil implementación de la Ley de Bosques (Ley 26.331) contribuyen a este fenómeno. En muchas ocasiones, los desmontes ilegales no se registran, por lo que no se incluyen en las estadísticas oficiales, lo que genera una subestimación de la magnitud del problema.

2. Impactos de la Deforestación:

a. Pérdida de Biodiversidad:

Misiones alberga una de las mayores biodiversidades del planeta. El Bosque Atlántico es considerado uno de los hotspots de biodiversidad, con especies endémicas de fauna y flora. El yaguareté, el tapir, el tucán y el guaraní son solo algunos de los emblemáticos habitantes de estos bosques.

La deforestación está fragmentando los hábitats naturales de muchas de estas especies, que dependen de grandes extensiones de bosques continuos. Los fragmentos más pequeños de bosques aislados ya no pueden albergar de forma adecuada a especies de gran tamaño, como el yaguareté, que necesita grandes territorios para cazar y desplazarse. Esto genera una pérdida de hábitat y limita las oportunidades de migración y genética.

b. Impacto Climático:

El informe también señala que la deforestación en Misiones contribuye significativamente al cambio climático global. Los bosques, y especialmente los bosques tropicales como el Bosque Atlántico, actúan como sumideros de carbono. Su destrucción libera grandes cantidades de CO2 a la atmósfera, acelerando el calentamiento global.

Además, la pérdida de cobertura vegetal afecta los ciclos hidrológicos de la región, lo que puede desencadenar una mayor frecuencia de fenómenos climáticos extremos, como sequías prolongadas o lluvias torrenciales.

c. Pérdida de Servicios Ecosistémicos:

La deforestación también compromete servicios ecosistémicos esenciales para las comunidades locales, como:

  • Filtración de agua: la deforestación reduce la capacidad del suelo y los bosques para regular el ciclo del agua. Las áreas taladas tienden a tener menos retención de agua y mayor riesgo de inundaciones.
  • Protección del suelo: los bosques previenen la erosión del suelo, que se ve acentuada con los desmontes. La tierra que antes era forestal se degrada rápidamente, lo que disminuye su productividad a largo plazo.

Estos efectos repercuten directamente en la vida de las comunidades rurales y en la economía local, que depende de estos servicios para su agricultura, ganadería y abastecimiento de agua.

3. Fragmentación del Bosque:

Una de las conclusiones clave del informe es que la fragmentación del bosque en Misiones es un fenómeno cada vez más pronunciado. Según los estudios realizados por la FAUBA, el Bosque Atlántico ha perdido un 83% de su área original, y los fragmentos restantes tienen un tamaño promedio de 215 ha, lo cual es insuficiente para muchas especies animales.

La fragmentación no solo aumenta la vulnerabilidad de especies, sino que también impide el flujo genético entre poblaciones. Esto puede llevar a problemas de consanguinidad y, por lo tanto, a un empobrecimiento genético que pone en peligro la viabilidad de las especies.

4. Propuestas y Soluciones:

a. Restauración de Corredores Ecológicos:

El informe de la UBA destaca la necesidad de restaurar corredores biológicos que conecten los fragmentos aislados de bosque. Estos corredores permitirían el movimiento de fauna, especialmente de especies emblemáticas como el yaguareté. El proyecto de corredores binacionales con Brasil (a través de la coordinación entre Argentina y el ICMBio de Brasil) es uno de los ejemplos a seguir.

b. Aplicación más rigurosa de la Ley de Bosques:

Uno de los principales puntos del informe es la urgente necesidad de fortalecer el cumplimiento de la Ley de Bosques (Ley 26.331), que fue sancionada en 2007 para proteger las áreas de bosques nativos. En la actualidad, la ley no se cumple a cabalidad en muchas regiones, lo que permite que se sigan realizando desmontes sin consecuencias legales.

c. Incentivos para la Agricultura Sostenible:

El informe también propone la creación de incentivos para que los pequeños productores adopten prácticas de agricultura sostenible, que permitan mantener el equilibrio ecológico sin necesidad de expandir la frontera agropecuaria. Las alternativas como la agroforestería o los sistemas de producción en zonas degradadas podrían ayudar a evitar el desmonte masivo.

d. Participación comunitaria y monitoreo satelital:

Finalmente, se subraya la importancia de la participación comunitaria en la vigilancia y protección de los bosques, utilizando tecnologías de monitoreo satelital para detectar y frenar desmontes ilegales en tiempo real. La capacitación de pueblos originarios y organizaciones locales para el monitoreo de los bosques nativos también es una estrategia recomendada por la UBA.

Sin embargo, el informe ofrece también una visión optimista: si se implementan soluciones efectivas como la restauración de corredores biológicos, el fortalecimiento de la Ley de Bosques y la implementación de prácticas agrícolas sostenibles, es posible revertir en parte la degradación ambiental y asegurar un futuro para las generaciones venideras.

Mirando al futuro

El próximo monitoreo del yaguareté será en 2026. Pero los desafíos están planteados hoy: sostener los esfuerzos de conservación, asegurar el financiamiento, ampliar la participación ciudadana y frenar el avance urbano sin planificación.

“La disminución actual no es una tragedia, pero sí un aviso. No podemos permitirnos retroceder. El yaguareté nos pide seguir avanzando juntos”, concluyó Manuel Jaramillo.

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Capturan dos yaguaretés silvestres en Puerto Península para monitoreo y conservación

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La Administración de Parques Nacionales (APN) concretó con éxito una nueva captura simultánea de dos yaguaretés silvestres en la Reserva Natural de la Defensa Puerto Península, en el norte de Misiones. La intervención forma parte de las acciones de conservación impulsadas por el Proyecto Yaguareté, liderado por el Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CeIBA-CONICET).

El operativo tuvo lugar durante la noche del 17 de junio y tuvo como objetivo colocar collares satelitales a los ejemplares para monitorear sus movimientos, evaluar su estado de salud y contribuir al diseño de estrategias de convivencia con poblaciones rurales cercanas. Además, se tomaron muestras biológicas con fines sanitarios.

La iniciativa contó con la participación activa del Ejército Argentino, el Projeto Onças do Iguaçu de Brasil, el Instituto Misionero de Biodiversidad y otras instituciones científicas y provinciales.

Los dos ejemplares capturados fueron una hembra adulta conocida como Pará y su cría macho, bautizado Gaucho. Ambos nacieron en la reserva y utilizan también áreas del Parque Provincial Puerto Península. Fueron evaluados por el equipo veterinario: Gaucho se encuentra en óptimas condiciones, mientras que Pará presenta antiguas lesiones y restos de perdigones, lo que evidencia los impactos de la caza furtiva.

Desde la APN destacaron que esta acción se enmarca en un trabajo articulado con instituciones científicas, provinciales y de la sociedad civil para conservar a una de las especies más emblemáticas de la Selva Misionera y promover estrategias de coexistencia efectivas.

Imágenes: Guillermo Gil (DRNEA-APN) y Agustín Paviolo (Proyecto Yaguareté)

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Misiones abre convocatoria para financiar planes de conservación y manejo sostenible de bosques nativos

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n el marco de la implementación de la Ley Nacional de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de los Bosques Nativos (N° 26.331), la Dirección General de Bosques Nativos de Misiones dispuso formalmente la apertura de la convocatoria 2023/2024 para la presentación de proyectos que accedan a los beneficios del Fondo Nacional para el Enriquecimiento y Conservación de los Bosques Nativos (FNECBN). La medida quedó establecida a través de la Disposición N° 189, firmada el pasado 2 de junio.

El período de inscripción se extenderá desde el 9 de junio hasta el 1 de agosto de 2025 inclusive, y está dirigido a titulares de predios con bosques nativos que deseen acceder a fondos para planes de conservación, restauración o manejo forestal sostenible. Según el documento oficial, tendrán prioridad los proyectos enmarcados en el lineamiento técnico estratégico de “Uso Sustentable de la Biodiversidad y Fortalecimiento de Áreas de Conservación”, en especial aquellos desarrollados dentro de propiedades privadas que forman parte del Sistema de Áreas Naturales Protegidas de la provincia.

No obstante, también serán contempladas las iniciativas vinculadas a la “Restauración de Bosques Degradados” y al “Manejo Forestal Sostenible”, de acuerdo con los lineamientos establecidos en el Plan Estratégico Anual de Misiones aprobado por la Autoridad Nacional de Aplicación (ANA), dependiente de la Subsecretaría de Ambiente de la Nación.

La disposición cita como antecedentes normativos las resoluciones del Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA) N° 546/2024, que ratificó la distribución de fondos de capital 2024 y rendimientos 2022-2023, y la N° 527/2023 que confirmó el reparto de recursos para la convocatoria 2023. También se fundamenta en las leyes provincial y nacional que regulan la gestión de bosques nativos, y en el rol que cumple el Ministerio de Ecología de Misiones como Autoridad Local de Aplicación (ALA).

La Ley N° 26.331 establece que los recursos del fondo nacional se distribuyen entre las provincias que cuentan con un Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos aprobado, como es el caso de Misiones, en función de criterios objetivos como la superficie boscosa, el grado de conservación y la calidad de los planes presentados.

El llamado busca incentivar el cuidado del ambiente a través de una gestión sustentable y controlada, que compatibilice la conservación de la biodiversidad con el uso racional de los recursos forestales.

Los interesados deberán presentar sus proyectos dentro de los plazos establecidos y de acuerdo con los criterios técnicos exigidos por la normativa nacional y provincial vigente.

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Día del ambiente: la naturaleza nos da señales, es hora de actuar 

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En un contexto con manifestaciones de eventos climáticos extremos, una ciudadanía preocupada por la crisis ambiental y la creciente contaminación por plásticos, el Día Mundial del Ambiente 2025 pone en foco la necesidad de respuestas concretas. Este año, el lema de Naciones Unidas “Poner fin a la contaminación por plásticos” expone uno de los desafíos ambientales más urgentes, pero también invita a mirar el panorama completo: proteger la naturaleza no puede seguir esperando.

Una reciente investigación de opinión pública realizada por Ágora Consultores para Fundación Vida Silvestre Argentina revela una sociedad alerta:

  • 9 de cada 10 personas creen que el deterioro ambiental afecta directamente su salud.
  • 8 de cada 10 se muestran interesadas en el cuidado ambiental, aunque perciben un bajo compromiso colectivo.
  • La pérdida de bosques, los incendios, el cambio climático y la mala gestión de residuos figuran entre las principales preocupaciones.

“La percepción sobre cómo el ambiente impacta nuestra salud es altísima. Sin embargo, las respuestas siguen siendo fragmentadas e individuales. Es urgente transformar esa conciencia en políticas públicas y empresariales ambiciosas, sostenidas y justas. Necesitamos educación ambiental, acción colectiva y decisiones firmes con la magnitud del problema”, señaló Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina.

El cambio climático ya no es una amenaza futura, sino una realidad que se está presentando en nuestro cotidiano. Sequías, incendios, inundaciones y olas de calor afectan a la sociedad, nuestra economía y a la naturaleza. En lo que va del año, Argentina sufrió la pérdida de más de 50.000 hectáreas de bosque en la Patagonia y eventos de lluvias extremas que devastaron Bahía Blanca y el noreste bonaerense. Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), el planeta alcanzará los 1,5 °C de aumento en menos de una década si no se toman medidas drásticas. Esto no significa que todos los días hará 1,5 grados más, sino que se trata de un promedio global que refleja un planeta más cálido, con impactos cada vez más visibles: lluvias u olas de calor más intensas, sequías más frecuentes, pérdida de biodiversidad, y efectos sobre la salud, la seguridad alimentaria y el acceso al agua.

A esto se suma una emergencia que no da tregua: la contaminación por plásticos. Durante el último Censo de Basura Costera Marina, coordinado por la Red Costera Bonaerense (RECOBO), más de 400 voluntarios recolectaron casi 50.000 residuos en playas de Buenos Aires: el 74% eran plásticos. Envoltorios, botellas, fragmentos, colillas y microplásticos están dañando la fauna marina, contaminando los océanos y afectando también la salud humana.

“Los plásticos no desaparecen, se fragmentan, viajan por ríos y mares, se incorporan al agua, al aire, a la fauna y pueden terminar en nuestros alimentos. Esto no es solo una crisis ambiental: es una crisis sanitaria y social. Poner fin a la contaminación plástica exige políticas contundentes que regulen su producción, prohíban los de un solo uso, y fortalezcan los sistemas de gestión de residuos. Recordemos que el 80% de la basura marina proviene del continente debido a la gestión deficiente de residuos urbanos y aguas pluviales.”, añadió Manuel Jaramillo.

Por un futuro en armonía con la naturaleza

El Día Mundial del Ambiente también es una invitación a transformar la preocupación en compromiso. Proteger el planeta no depende solo de grandes decisiones, sino también de nuestras elecciones diarias. El mensaje es claro: necesitamos actuar. Desde todos los sectores. En todos los niveles. Por la salud del planeta. Por nuestro presente y futuro.

Explorar y aprender. Conocer la biodiversidad que nos rodea es el primer paso para cuidarla. En la web de educación ambiental de Vida Silvestre se ofrecen materiales gratuitos sobre las distintas ecorregiones de Argentina, ideales para incorporar en el aula o para descubrir en familia. Además, a través de la ciencia ciudadana y plataformas como ArgentiNat, es posible registrar y compartir observaciones de la naturaleza desde cualquier lugar del país.

Repensar hábitos. Es crucial comprender que cada decisión, compra y descarte impacta en nuestro planeta. Ser consumidores responsables tiene que ver con reflexionar y preguntarnos, como también tomar acción por ejemplo reduciendo el descarte de alimentos o alimentándonos con recetas amigables con el planeta.

Inspirarse. A veces, una historia puede dar claridad e inspirar la acción, la serie “Historias de restauración” y de la “Pampa” exploran los desafíos ambientales y las personas que trabajan para revertir el daño.

*Nota: la investigación de opinión pública fue realizada de manera online por Ágora Consultores durante septiembre de 2024 a nivel nacional, con 6.241 casos totales.

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Los incendios impulsaron una pérdida récord de bosques tropicales en el 2024

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Por Elizabeth Goldman, Sarah Carter y Michelle Sims (Global Forest Review). Los trópicos perdieron un récord de 6,7 millones de hectáreas de selva tropical primaria en el 2024, un área casi del tamaño de Panamá. Impulsado en gran medida por incendios masivos, eso es más que cualquier otro año en al menos las últimas dos décadas.

Según nuevos datos del Laboratorio de Análisis y Descubrimiento Global de Tierras (Global Land Analysis and Discovery, GLAD) de la Universidad de Maryland y disponibles en la plataforma Global Forest Watch de WRI, los bosques tropicales primarios desaparecieron a una tasa de 18 campos de fútbol por minuto en el 2024, casi el doble que en el 2023. Estos son algunos de los ecosistemas forestales más importantes, fundamentales para las fuentes de sustento, el almacenamiento de carbono, la provisión de agua, la biodiversidad y más. Su pérdida tan solo en el 2024 causó 3,1 gigatoneladas (Gt) de emisiones de gases de efecto invernadero, equivalente a un poco más que las emisiones anuales de CO2 del uso de combustibles fósiles de la India.

Los incendios quemaron 5 veces más bosques tropicales primarios en el 2024 que en el 2023. Si bien los incendios ocurren naturalmente en algunos ecosistemas, en los bosques tropicales son casi totalmente causados por humanos, y a menudo se inician a fin de despejar tierras para la agricultura y se propagan fuera de control en los bosques cercanos. El 2024 fue el año más caluroso registrado, con condiciones cálidas y secas causadas en gran medida por el cambio climático y El Niño que condujo a incendios más grandes y más generalizados. América Latina fue particularmente azotada, revirtiendo la reducción de la pérdida de bosques primarios observada en Brasil y Colombia en el 2023.

Aunque los bosques pueden recuperarse después de los incendios, los efectos combinados del cambio climático y la conversión de bosques a otros usos de la tierra, como la agricultura, pueden dificultar esta recuperación y aumentar el riesgo de futuros incendios.

La pérdida de bosques primarios no relacionada con incendios también aumentó un 14% entre el 2023 y 2024, principalmente impulsada por la conversión de bosques para la agricultura. En los últimos 24 años, la tala de bosques para actividades agrícolas permanentes ha sido la mayor causa de la pérdida de bosques tropicales primarios, pero en el 2024 los incendios forestales se convirtieron en el factor más predominante, responsable de casi la mitad de la pérdida.

Los incendios forestales fueron la mayor causa de la pérdida de bosques tropicales primarios en el 2024

Y la pérdida no se limitó a los trópicos: la pérdida de cobertura arbórea a nivel mundial también alcanzó un máximo histórico, con regiones boreales como Canadá y Rusia que sufrieron incendios extremos.

¿Por qué nos enfocamos principalmente en los bosques tropicales primarios?

A pesar de que los datos de la Universidad de Maryland sobre la pérdida de cobertura arbórea tienen cobertura global, Global Forest Watch se centra principalmente en la pérdida en los trópicos, ya que allí es donde ocurre el 94% de la deforestación o la eliminación a largo plazo de los bosques por causas antropogénicas. Nuestra investigación se enfoca principalmente en los bosques primarios de los trópicos húmedos, áreas de la selva tropical de importancia en especial para la biodiversidad, el almacenamiento de carbono y la regulación del clima regional y local.

Si bien hubo algunos puntos positivos en el 2024 (tanto Indonesia como Malasia experimentaron menos pérdida de bosques primarios que en el 2023 y sus tasas de pérdida están muy por debajo de lo que estaban hace una década) la tendencia general se dirige en la dirección equivocada. Líderes de más de 140 países firmaron la Declaración de Líderes de Glasgow en el 2021, prometiendo detener y revertir la pérdida de bosques para el 2030. Pero estamos gravemente desviados para cumplir este compromiso: de los 20 signatarios de países con el área más grande de bosques primarios, 17 tienen una mayor pérdida de bosques primarios hoy que cuando se firmó el acuerdo. Pero estamos gravemente desviados para cumplir este compromiso: de los 20 países con la mayor superficie de bosques primarios, 17 registran hoy una pérdida mayor de estos bosques que cuando se firmó el acuerdo.

Los 10 países principales para la pérdida de bosques tropicales primarios cambiaron de 2023 a 2024, con Bolivia subiendo a segundo lugar

Claramente, es necesario hacer más para proteger los bosques del mundo por el bien de las personas, la naturaleza y el clima. A continuación, se analizan en profundidad algunas de las principales tendencias de la pérdida de bosques en el 2024:

La pérdida de bosques primarios se disparó en la Amazonía brasileña debido a los incendios
Brasil vio un aumento importante en la pérdida de bosques primarios en el 2024, en gran medida por una de las peores temporadas de incendios registradas.

El año pasado, Brasil experimentó su sequía más intensa y generalizada en siete décadas, lo que, combinado con las altas temperaturas, provocó que los incendios se extendieran a una escala sin precedentes en todo el país.

Además de los incendios, la pérdida de bosques primarios fue causada principalmente por la tala de bosques para el cultivo de soja y ganadería.

Brasil tiene más bosques tropicales primarios que cualquier otro país del mundo y sigue siendo el mayor contribuyente a la pérdida de bosques, representando el 42% de todas las pérdidas de selvas tropicales primarias en los trópicos. Las tasas de pérdida no relacionada con incendios también aumentaron un 13% en el 2024 en comparación con el 2023, pero aún estaban por debajo de los picos a principios de la década del 2000 y durante el mandato del presidente Jair Bolsonaro (lea sobre cómo los datos de la UMD se comparan con el sistema oficial de monitoreo de deforestación de Brasil).

Las tendencias variaron en diferentes biomas:

Algunos biomas de Brasil se vieron afectados por los incendios en el 2024, y la Amazonía alcanzó su máximo posterior al 2016

El bioma de la Amazonía experimentó la mayor pérdida desde el máximo histórico del 2016, con un salto del 110% de 2023 a 2024. El 60% se debió a los incendios. La expansión agrícola es una causa importante en esta dinámica, y la gran mayoría de la deforestación reciente se considera ilegal.

El Pantanal, el humedal tropical de Brasil, tuvo el porcentaje más alto de pérdida de cobertura arbórea de cualquier bioma, perdiendo el 1,6% de su cobertura arbórea (más del doble de la tasa del 0,83% para toda Brasil). El 57% se debió a incendios. Las investigaciones muestran que los incendios en el Pantanal son ahora un 40% más intensos de lo que hubieran sido sin el cambio climático.

La pérdida de cobertura arbórea disminuyó en otros biomas, con la excepción del bosque del Atlántico. En las sabanas del Cerrado brasileño, toda la pérdida de cobertura arbórea disminuyó un 14% entre 2023 y 2024, aunque esto se encuentra dentro de las fluctuaciones anuales normales.

Si bien la pérdida de bosques primarios alcanzó niveles bajos en el 2023, cuando el presidente recientemente electo Luiz Inácio Lula da Silva introdujo políticas a favor del medioambiente (lo que incluye la revocación de medidas anti ambientales, el reconocimiento de nuevos territorios indígenas y el fortalecimiento de los esfuerzos de aplicación de la ley), este progreso se ve amenazado por la expansión de la agricultura. A nivel estatal, tanto Mato Grosso como Rondônia han propuesto o aprobado legislación para debilitar moratorias históricas diseñadas para reducir la deforestación. Estas leyes podrían tener efectos perjudiciales ya que la deforestación en sí misma induce cambios en las precipitaciones que podrían reducir el rendimiento de los cultivos, lo que requiere aún más tierras agrícolas.

Las políticas de conservación y aplicación de la ley son fundamentales, así como una mayor inversión en programas nacionales de prevención de incendios como Prevfogo, que capacita a las comunidades locales para responder a los incendios y practicar la gestión sostenible de tierras sin incendios.

Los incendios devastan los bosques bolivianos
Bolivia experimentó un enorme aumento del 200% en la pérdida de bosques primarios en el 2024, después de un año sin precedentes para la pérdida de cobertura arbórea en el 2023.

Por primera vez desde que llevamos registros, Bolivia se clasificó en segundo lugar, solo detrás de Brasil, en la pérdida de bosques tropicales primarios, superando a la República Democrática del Congo a pesar de tener solo el 40% de su área forestal.

La mayoría de los incendios en las selvas tropicales del país se inician con el despeje de tierras para la agricultura a escala industrial, especialmente para la ganadería (que se cree que es responsable del 57% de la deforestación en Bolivia) y monocultivos como soja, caña de azúcar, maíz y sorgo. Si bien los incendios pueden ser una herramienta tradicional de gestión de tierras, las condiciones cada vez más calientes y secas han convertido muchas de estas quemas en incendios fuera de control, lo que resulta en temporadas de incendios más largas y destructivas.

Bolivia experimentó en el 2024 una de las sequías más graves registradas. Las estadísticas gubernamentales muestran que se quemó casi el 12% del país, incluidas grandes áreas de bosque. Sin sistemas de advertencia temprana o recursos adecuados para combatir incendios, las comunidades rurales experimentaron lo peor de las llamas, mientras que los residentes urbanos sufrieron por causa del humo de los incendios forestales.

Las políticas gubernamentales que restaron prioridad a la prevención y respuesta ante incendios y, en cambio, apoyaron la expansión de los negocios agropecuarios, también contribuyeron a los incendios. A principios de 2024, el gobierno elevó las cuotas de exportación de soja y carne de res, lo que impulsó los incentivos para la expansión agrícola. Y no se espera que el desarrollo agrícola se desacelere: después de la temporada de incendios de 2024, el gobierno eliminó todos los impuestos de importación sobre agroquímicos y maquinaria e introdujo una moratoria de préstamo de dos a cinco años para personas y empresas afectadas por incendios forestales.

Hubo un punto positivo: Charagua Iyambae, un territorio indígena recién establecido en el sur de Bolivia, logró mantener los incendios a raya. Sus inversiones en sistemas de advertencia temprana y la aplicación de políticas de uso de la tierra ayudaron a prevenir la propagación de incendios forestales por segundo año consecutivo, una hazaña notable.

El área protegida de Charagua Iyambae de Bolivia mantuvo a raya los incendios en el 2024, un testimonio de las inversiones en prevención de incendios dirigidas por indígenas

Muchos otros países de América Latina también vieron grandes picos en la pérdida de cobertura arbórea debido a los incendios en el 2024 impulsados por la sequía generalizada en la región. Los incendios causaron al menos el 60 % de la pérdida de bosques primarios en Belice, Guatemala, Guyana y México. Estos incendios tuvieron impactos devastadores en las comunidades locales, incluyendo una calidad de aire peligrosa y la pérdida de vidas y hogares. Los aumentos en la pérdida de bosques primarios en México y Nicaragua, causados en parte por los incendios, catapultaron a estos países entre los 10 con mayor pérdida de bosques tropicales primarios en el 2024.


Guatemala perdió el 2,7 % de sus bosques primarios en el 2024, con incendios generalizados que llevaron al presidente a emitir una declaración de desastre natural. En el norte del país, la ganadería ilegal y la expansión de asentamientos informales, a veces vinculados con el crimen organizado, impulsaron la pérdida de bosques, incluso en el Parque Nacional Sierra del Lacandón.
La pérdida de bosques tropicales primarios de México casi se duplicó entre el 2023 y el 2024, principalmente por incendios. La Comisión Forestal Nacional de México, CONAFOR, informó más de 8.000 incendios y el área quemada más grande que se haya registrado. La agricultura comercial, incluida la ganadería y la soja, también está reemplazando a los bosques primarios. La mitad de la pérdida de bosques primarios de México en el 2024 se produjo en Campeche y Quintana Roo, donde la presencia de menonitas, que han establecido sistemas intensivos de monocultivo, ha estado creciendo.
Nicaragua tuvo el porcentaje más alto de pérdida de bosques primarios de cualquier país en el 2024, con un 4,7 %. Grandes incendios se propagaron a lo largo de áreas protegidas y territorios indígenas en la costa del Caribe, probablemente vinculados a la expansión agrícola. Cerca del 78 % de la pérdida ocurrió en la Reserva de la Biosfera de Bosawás, que perdió 74.000 hectáreas de bosques primarios, el 40 % de la cual se debió a incendios. Los territorios indígenas se han visto amenazados por la deforestación provocada por la invasión de ranchos ganaderos, la minería y la tala, a menudo acompañada de violencia. Si bien la agricultura es el principal factor de la pérdida de bosques primarios, la expansión de la minería está ocurriendo en algunas regiones.
Perú experimentó un aumento del 135 % en la pérdida de bosques tropicales primarios debido a incendios entre el 2023 y el 2024. La quema para despejar tierras para la agricultura fue una causa importante. La Oficina del Defensor del Pueblo argumentó que las modificaciones recientes a la ley forestal desempeñaron un papel ya que exime a los propietarios de tierras privadas de exigir análisis y autorización antes de cambiar el uso de la tierra de sus propiedades, lo cual legitima la tala forestal ilegal previa para la agricultura y facilita una mayor deforestación ilegal.
Guyana, un país que históricamente ha tenido tasas relativamente bajas de pérdida de bosques primarios, experimentó un aumento del cuádruple en la pérdida de bosques tropicales primarios entre el 2023 y el 2024, el 60 % debido a incendios. La minería ilegal y no regulada también desempeña un papel desmedido en el impulso de la pérdida de bosques, invadiendo territorios indígenas y conduciendo a un aumento de los casos de malaria. La minería fue responsable de casi el 35 % de la pérdida de bosques primarios en Guyana durante los últimos 24 años. Estas pérdidas ocurrieron a pesar de la medida de Guyana para monetizar su condición de país con “grandes bosques y baja deforestación” (High Forest Low Deforestation, HFLD) para generar ingresos a través de la conservación forestal.


Colombia regresa a tasas más altas de pérdida de bosques primarios después de una caída en el 2023
La pérdida de bosques primarios se incrementó casi un 50 % en Colombia entre el 2023 y el 2024.


A diferencia de muchos otros países de América Latina, los incendios no fueron un factor importante. El cambio de gobierno en el 2022 y su enfoque en la conservación forestal condujeron a una gran caída en la pérdida de bosques tropicales primarios en el 2023. Desde entonces, los desafíos como la presencia de grupos ilegales y el reasentamiento de comunidades que antes no tenían tierra han llevado a una mayor inestabilidad en áreas remotas, y pueden haber contribuido al aumento de la pérdida de bosques.

La suspensión de las conversaciones de paz y el aumento de la violencia en áreas remotas también han aumentado la minería ilegal y la producción de coca y han alentado la pérdida de bosques, lo que afecta a las comunidades indígenas en particular. En otras partes de Colombia, la conversión de bosques para la producción ganadera y las plantaciones de palma aceitera siguen siendo los principales impulsores de la pérdida de bosques primarios.

Para que la pérdida de bosques vuelva a caer, el gobierno debe mantener el acuerdo de paz y desarrollar fuentes de sustento sin deforestación para las comunidades locales.

La agricultura de pequeña escala, la producción de carbón y la tala impulsan la pérdida de bosques primarios en la cuenca del Congo
La pérdida del extenso bosque tropical primario de la cuenca del Congo continuó en el 2024, y la República Democrática del Congo (RDC) y la República del Congo tuvieron su mayor pérdida registrada.

Las causas de la pérdida de bosques en la región incluyen incendios, la extracción de madera para producir carbón (la forma dominante de energía), la tala de bosques para la agricultura de pequeña escala y la agricultura migratoria o itinerante (una forma tradicional de cultivo de subsistencia donde los bosques se talan para la siembra temporal y luego se dejan en barbecho durante un período mientras los bosques vuelven a crecer). Sin embargo, a medida que se introducen cultivos comerciales en algunas partes de la cuenca del Congo, la escala de la tala aumenta y los períodos de barbecho son más cortos. En estas regiones, los bosques no vuelven a crecer y el cultivo se está volviendo más permanente.


Las soluciones a estos factores son desafiantes, ya que muchas comunidades no tienen recursos alternativos. La RDC es una de las cinco naciones más pobres del mundo, y muchas personas dependen de los bosques para obtener alimentos y energía. Con el aumento de las poblaciones, es poco probable que disminuya esta presión sobre los bosques y sus recursos.

Otro factor en la RDC es que las personas desplazadas por conflictos en curso se ven obligadas a talar tierras para su supervivencia. El conflicto en la RDC que involucra a grupos rebeldes que compiten por el control de los vastos recursos naturales del país también ha llevado a muchos pueblos e industrias en la parte este del país a ser tomados por los rebeldes. Esto incluye las minas de carbón y sus cadenas de suministro, lo que crea inestabilidad y desplazamiento que impulsan la pérdida de bosques.

En la República del Congo, un país de “grandes bosques y baja deforestación” (HFLD), la pérdida de bosques primarios aumentó un 150 % del 2023 al 2024, casi el doble de la cantidad de cualquier año anterior registrado. Los incendios fueron responsables del 45 % de la pérdida debido a condiciones más secas y calientes de lo habitual.

Gabón, Guinea Ecuatorial y la República Centroafricana (RCA) han logrado mantener estable la pérdida de bosques en general, incluso ante un cambio político importante en Gabón y conflictos implacables en la RCA. Mientras tanto, Camerún, al igual que la RDC y la República del Congo, ha experimentado un repunte general en la pérdida de bosques en los últimos años.

Con muchos factores para la pérdida de bosques vinculados a las fuentes de sustento locales o a las personas desplazadas, necesitamos un enfoque más transformador que permita a las comunidades liderar los esfuerzos de protección forestal mientras se pone al bienestar comunitario en el centro de todos los programas forestales. Los esfuerzos para proteger los bosques en la región deben aprovechar todo el potencial para que los países y las comunidades reciban pagos por servicios del ecosistema para la protección de los bosques, incluso a través de la generación de créditos de carbono de alta integridad.

En la RDC, el Corredor Verde Kivu-Kinshasa presenta una oportunidad para proteger más de 540.000 kilómetros cuadrados de bosque y, al mismo tiempo, promover el desarrollo económico sostenible para las 31 millones de personas que viven allí. Sin embargo, esta área experimentó grandes cantidades de pérdida de bosques en el 2024. Asegurar que estos proyectos ecológicos sigan siendo una prioridad mientras la RDC atraviesa un conflicto será un desafío.

La pérdida de bosques primarios disminuye en Indonesia
Indonesia experimentó una disminución del 11% en la pérdida de bosques primarios entre el 2023 y el 2024. Los incendios fueron leves y la pérdida permaneció muy por debajo del pico registrado a mediados de la década del 2010.

La pérdida de bosques primarios de Indonesia disminuyó en el 2024, en gran parte debido a los esfuerzos de protección forestal y de manejo de incendios

La definición de bosque primario de la UMD es diferente al área de bosque primario legalmente definida de Indonesia. Gran parte de la pérdida de bosques primarios señalada por los datos de la UMD en Indonesia se encuentra dentro de áreas que ese país clasifica como bosque secundario y como otra cobertura del suelo. Obtenga más información aquí.

El 2024 fue el último año de la administración del presidente Joko Widodo, que priorizó la protección forestal, la restauración y la extinción de incendios. Estos esfuerzos, junto con las lluvias de fin de temporada y la prevención de incendios por parte de las comunidades locales y los negocios agrícolas, ayudaron a mantener bajas las tasas de incendios a pesar de las condiciones de sequía en muchos lugares. También contribuyeron los esfuerzos del sector privado para reducir la deforestación vinculada a los productos básicos de consumo.

La mayor parte de la pérdida de bosques primarios se produjo en áreas adyacentes a plantaciones existentes de madera/fibra de madera y palma aceitera, agricultura a pequeña escala y áreas mineras, o se debió a la expansión de la tala. Las tasas de pérdida se incrementaron ligeramente en varias provincias, como Sumatra (Aceh, Bengkulu y Sumatra Meridional) y Papúa. La pérdida de bosques primarios se adentró en algunas áreas protegidas, incluidas las pérdidas continuas en Kerinci Seblat, Tesso Nilo y el ecosistema Leuser en la isla de Sumatra.

La pérdida de bosques primarios disminuyó en otros lugares del sudeste asiático, pero los desafíos persisten
La pérdida de bosques primarios también disminuyó en muchos otros países del sudeste asiático. Por ejemplo, Malasia experimentó una reducción del 13 % en la pérdida de bosques primarios en comparación con el 2023, dejando así de pertecener por primera vez al Top 10 de países con mayores pérdidas. Si bien esta continua baja tasa es una buena noticia, Malasia ha perdido casi una quinta parte de sus bosques primarios desde el año 2001 y casi una tercera parte desde la década de 1970. Los esfuerzos del gobierno para limitar las áreas de plantación y fortalecer las leyes forestales ahora están trabajando junto con los compromisos corporativos para reducir la deforestación.

A pesar de una disminución del 15 % en la pérdida de bosques primarios en Laos en el 2024, la pérdida total fue la segunda más alta registrada. La pérdida de bosques primarios en Laos está impulsada principalmente por la expansión agrícola, causada en parte por la inversión de China, el importador más grande de los productos agrícolas del país. La mala situación económica de Laos también podría estar contribuyendo, ya que el aumento del costo de las necesidades básicas ha impulsado a los agricultores a abrir nuevas parcelas agrícolas a partir de los bosques.

Los incendios forestales también impulsan tasas altas de pérdida de bosques fuera de los trópicos
La pérdida de cobertura arbórea global fue la más alta registrada en el 2024*, aumentando en un 5 % en comparación con el 2023 hasta alcanzar los 30 millones de hectáreas. El 2024 fue el primer año en el que los incendios mayores se extendieron tanto a través de los trópicos como de los bosques boreales desde que comenzó nuestro registro, lo que dio como resultado emisiones de gases de efecto invernadero de 4,1 Gt debido a los incendios en todo el mundo, equivalentes a más de 4 veces las emisiones de los viajes aéreos en el 2023.

Si bien los incendios son parte de la dinámica forestal natural en las regiones boreales y la pérdida de cobertura arbórea por causa de estos incendios es típicamente temporal, los incendios han sido más grandes, más intensos y más duraderos en los últimos años. Las investigaciones muestran que los bosques boreales son cada vez más susceptibles a la sequía y los incendios debido al cambio climático, lo que crea un bucle de retroalimentación de empeoramiento de incendios y emisiones de carbono.

Si bien Canadá no vio tanta devastación en el 2024 como su temporada de incendios récord en el 2023, experimentó el doble de pérdida impulsada por incendios que en años anteriores. Los incendios ocurrieron principalmente en el oeste de Canadá.

Rusia experimentó un gran aumento en la pérdida de cobertura arbórea en el 2024, casi en su totalidad debido a los incendios en Siberia Oriental. El clima más cálido y seco relacionado con el cambio climático provocó condiciones propensas a los incendios, turberas más secas y permafrost derretido. La amplia turbera de Siberia (la más grande del mundo) almacena enormes cantidades de carbono que se libera a la atmósfera cuando la turba se seca y se quema.

El 2024 es un llamado de alerta
No podemos permitirnos ignorar el llamado de alerta del 2024. Para detener y revertir la pérdida de bosques para el año 2030, la pérdida de bosques anual deberá caer un 20 % cada año con respecto a los niveles del 2024. Esto requerirá medidas en muchos frentes para que las tendencias se muevan en la dirección correcta:

Liderazgo político sostenido: es difícil lograr disminuciones constantes en la pérdida de bosques a la escala necesaria para alcanzar los objetivos del 2030. El progreso a menudo está ligado a cambios en el liderazgo político, con avances que fácilmente pueden revertirse cuando cambian las prioridades. Para tener éxito, los países necesitan compromisos a largo plazo que transciendan administraciones, respaldados por instituciones sólidas y políticas estables para que la protección forestal supere los ciclos electorales y las agendas políticas. Los signatarios de los compromisos forestales también deben rendir cuentas mediante el seguimiento del progreso hacia la consecución de los objetivos con datos transparentes e hitos provisionales claros.
Separación de la producción de productos básicos de consumo de la pérdida de bosques: el suelo es finito. A medida que la población mundial alcanza los 8.500 millones de personas para el 2030, aumentará la demanda de alimentos, energía, vivienda e infraestructura. Esto ejerce una presión creciente sobre el suelo, incluidos los bosques. Las empresas de sectores vinculados a productos con riesgo de deforestación deben acelerar el cumplimiento de sus objetivos (tanto individuales como sectoriales) para establecer cadenas de suministro libres de deforestación. Los reguladores de los países productores y del mercado deben respaldar estos esfuerzos al hacer cumplir las leyes de protección forestal y exigir a las compañías que se aseguren de no abastecerse de productos básicos de consumo de tierras deforestadas recientemente. Por ejemplo, el Reglamento de Deforestación de la UE, que entrará en vigencia en el 2026, restringe la importación de ciertos productos básicos de consumo producidos en tierras deforestadas después del 2020.

Sólida prevención y respuesta ante incendios: es probable que empeoren las condiciones calurosas y secas que provocan incendios. Se requiere inversión en la prevención de incendios, sistemas de alerta temprana, equipos de respuesta rápida, medidas de aplicación, educación sobre la preparación sin incendios de tierras agrícolas y quemas prescritas a fin de reducir la inflamabilidad para combatir futuros incendios.


Combatir los delitos contra la naturaleza: la tala ilegal, la minería y la conversión agrícola asociadas con la acaparamiento de tierras son los principales impulsores de la pérdida de bosques. Los marcos legales más sólidos y su aplicación, la reducción de la corrupción, el empoderamiento de los grupos de la sociedad civil y la implementación de tecnologías innovadoras para detectar y disuadir el delito son fundamentales para abordarlo.


Más financiamiento para la protección y restauración forestal: como parte de los esfuerzos más amplios para cerrar las brechas financieras para el clima y la naturaleza, se puede incluir lo siguiente: reducir los subsidios e inversiones que impulsan la deforestación; aumentar el flujo de financiamiento en virtud de los compromisos forestales existentes, como el Compromiso global de financiamiento forestal, el Compromiso con la cuenca del Congo, y el Compromiso de tenencia forestal de los pueblos indígenas y las comunidades locales; instrumentos innovadores, como el Mecanismo de Financiamiento de Bosques Tropicales propuesto, que tiene como objetivo recaudar $250.000 millones de dólares estadounidenses que serán utilizados por países tropicales que cumplan con los umbrales establecidos para limitar la deforestación; mayor uso corporativo de créditos de carbono basados en bosques de alta integridad para complementar, no reducir, el ritmo de las reducciones de emisiones dentro de la propia cadena de valor de una corporación; y canjes de deuda por naturaleza para países que llevan a cabo iniciativas de conservación forestal.


Economías forestales dirigidas por la comunidad:
estas son economías viables intrínsecamente vinculadas a la conservación y restauración forestal, que involucran a empresas que son administradas por (y benefician a) pueblos indígenas y comunidades locales. Permiten el desarrollo socioeconómico sostenido dentro y alrededor de bosques permanentes como una alternativa a las actividades económicas habituales que son altamente extractivas o que dependen de convertir bosques en granjas. Dichas economías se establecen a través del desarrollo de capacidades, el desarrollo del sector, el financiamiento y las políticas habilitadoras coherentes. Por ejemplo, la Red Panamazónica de Bioeconomía se centra en crear una economía forestal que prioriza la conservación de los bosques existentes y el bienestar de su población local.


Alinear los esfuerzos para reducir la deforestación con los objetivos del Marco de biodiversidad:
el Objetivo 3 del Marco de biodiversidad global de Kunming-Montreal tiene como objetivo conservar el 30% del suelo para el 2030. Sin embargo, muchos bosques primarios se encuentran fuera de las áreas protegidas, por lo que asegurar que estos se encuentren dentro de las áreas de conservación designadas en virtud de este Objetivo apoyará tanto los esfuerzos para detener la deforestación como los objetivos de biodiversidad.
En última instancia, el progreso requerirá soluciones adaptadas localmente, una mayor voluntad política tanto de los países forestados como de aquellos que importan productos básicos de consumo de ellos, y la adaptación a los crecientes riesgos del cambio climático. Sin esta gama de soluciones, los bosques, y los muchos beneficios que ofrecen, seguirán desapareciendo.

*Para la pérdida global de cubierta arbórea en todos los niveles de densidad de copas. Para la cubierta arbórea de más del 30% de densidad de copas, 2016 y 2024 tuvieron niveles muy similares, ambos con un total de 30 millones de hectáreas de pérdida.

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