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Primer registro de un aguará guazú en el Parque Nacional Iguazú

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El Parque Nacional Iguazú sumó un hito a su historia natural con la confirmación del primer avistamiento de un aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), considerado el zorro más grande de América Latina. La especie, emblemática de los pastizales y bañados del continente, nunca antes había sido registrada en este emblemático parque del nordeste argentino.

El hallazgo se conoció a partir de la difusión de un video en el que se observa claramente al animal recorriendo un sector del área protegida. Posteriormente, fuentes de Parques Nacionales confirmaron la autenticidad de las imágenes y ratificaron que se trata del primer registro de esta especie dentro de los límites del Parque Nacional Iguazú, que custodia las Cataratas del Iguazú.

El aguará guazú es un cánido característico del Cono Sur, de largas patas y pelaje rojizo, que habita en regiones abiertas y húmedas, principalmente en la zona de sabanas y humedales del Gran Chaco y la región pampeana. Su presencia en la selva misionera resulta llamativa, dado que no se trata de su ambiente natural.

La confirmación oficial de Parques Nacionales destaca la importancia del hecho: “Es la primera vez que se registra en el Parque Nacional Iguazú, ya que no es el ambiente de esta especie”, indicaron.

De esta manera, el avistamiento no solo constituye un hecho inédito para la biodiversidad de Misiones, sino que también abre interrogantes sobre los desplazamientos y la adaptación de esta especie amenazada, cuya conservación es un desafío en toda la región.

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Misiones crea una nueva reserva privada para proteger la biodiversidad en San Vicente

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El Gobierno de Misiones aprobó por decreto la incorporación de tres lotes ubicados en la Colonia Laharrague, municipio de San Vicente, al Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas. Se trata de la Reserva Privada “San Juan”, impulsada por el ciudadano José Carlos San Juan y formalizada mediante convenio con el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables. De este modo, Misiones cuenta con 57 reservas naturales privadas.

La decisión se fundamenta en la Ley XVI – 29 (antes Ley 2.932), que permite a particulares constituir reservas naturales en sus propiedades cuando éstas presentan características de valor ecológico o cultural significativo. Según consta en el expediente N° 9910-1-2024, la zona presenta un alto valor de conservación, motivo por el cual fue aceptada su incorporación al sistema provincial.

El convenio fue firmado por el ministro de Ecología, Martín Antonio Recamán, y José Carlos San Juan, propietario de los lotes. El decreto fue rubricado por el gobernador Hugo Passalacqua el 15 de noviembre de 2024.

La nueva reserva privada “San Juan” comprende los siguientes inmuebles:

  • Lote 40 “K”, matrícula 2781, partida inmobiliaria 6909.
  • Lote 40 “L”, matrícula 2782, partida inmobiliaria 6910.
  • Lote 40 “M”, matrícula 2780, partida inmobiliaria 6911.

Todos forman parte de subdivisiones del Lote 40 del Fraccionamiento del Remanente del Lote “E”, en Colonia Laharrague, Departamento Guaraní.

El propietario se compromete a regirse por el marco normativo vigente en materia de conservación, conforme a la ley provincial de Áreas Naturales Protegidas y al Decreto N° 944/94. Aunque el convenio no implica cesión de la propiedad, en caso de venta o cesión deberá notificarse al nuevo titular de su existencia.

El Ministerio de Ecología se compromete a brindar asistencia técnica y capacitar a los guardaparques que visiten la reserva, mientras que el propietario podrá establecer convenios con terceros para mejorar el manejo del área.

La vigencia del convenio es de 20 años, y en caso de incumplimiento, el Ministerio podrá dejarlo sin efecto. Además, ambas partes acordaron que cualquier litigio se resolverá ante tribunales ordinarios con asiento en Posadas.

Este nuevo paso fortalece la política ambiental de Misiones, única provincia del país con un sistema integral de áreas protegidas y una legislación propia para la conservación de su selva, flora y fauna.

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El Bosque Atlántico necesita una política de Estado tripartita y una nueva economía regenerativa

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Por Cristina Besold, El Paranaense. El bioma Bosque Atlántico alberga un tercio de la población de Sudamérica; almacena gran cantidad de carbono y el Acuífero Guaraní (la mayor reserva transfronteriza de agua del mundo), que proporciona el 10,8% de la energía de Brasil y el 90% de la de Paraguay.  Su situación es crítica por la alta fragmentación ecológica. Recuperarlo y conservarlo es posible si los tres países involucrados -Argentina, Paraguay y Brasil-, juntos, optimizan iniciativas (gubernamentales y de organizaciones civiles) ya en marcha e implementan una nueva economía, orientando la recuperación del monte como herramienta para el desarrollo y crecimiento socio económico

De lo contrario, se profundizarán la pérdida de suelo; las crisis hídricas, con repercusiones en el abastecimiento humano, productivo y energético, y el aumento de enfermedades vinculadas a la degradación ambiental.

Así lo entienden los máximos referentes de la Red Trinacional de Restauración del Bosque Atlántico, creada en 2019 precisamente para evitar la pérdida de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos del bioma que se extiende en los tres países: Taruhim Quadros, analista de Conservación de WWF-Brasil y co-líder de la Iniciativa de Referencia de la Década de Restauración de la ONU – Pacto Trinacional del Bosque Atlántico; Claudia Amicone, especialista en restauración y comunidad de Fundación Vida Silvestre Argentina, y Oscar Rodas, director de Cambio Climático y Políticas de WWF Paraguay.

La Mata Atlántica “se encuentra entre los biomas más amenazados del mundo”, recordó Quadros. “Ya ha superado el punto crítico de fragmentación ecológica y se enfrenta a una creciente vulnerabilidad climática e institucional”, ilustró.

La Red Trinacional de Restauración del Bosque Atlántico está integrada por más de 70 organizaciones de la sociedad civil, gobiernos, comunidades locales y el sector privado de Argentina, Brasil y Paraguay, que se han propuesto apoyar la recuperación de 1,6 millones de hectáreas de Selva trinacional, una tarea que ya se concretó en 20.525 hectáreas. 

La iniciativa tiene una meta integral y profunda. “Se trabaja para hacer frente no sólo a la degradación ecológica, sino también a la fragmentación institucional y socioeconómica asociada a la pérdida de sus bosques”, señaló Quadros.  Es decir, revertir la mirada histórica del Bosque como un obstáculo para el desarrollo y como un tema que debe ser tratado en cada país en forma separada, desconociendo que es un ecosistema único contínuo, trinacional,  que comparte funciones ecológicas y bienes comunes. 

En esa línea, es importante la aplicación de “nuevas economías regenerativas, integrar políticas públicas, construir instrumentos financieros adecuados y valorar el conocimiento local”. 

Taruhim Quadros, analista de Conservación de WWF-Brasil y co-líder de la Iniciativa de Referencia de la Década de Restauración de la ONU – Pacto Trinacional del Bosque Atlántico
Taruhim Quadros, analista de Conservación de WWF-Brasil y co-líder de la Iniciativa de Referencia de la Década de Restauración de la ONU – Pacto Trinacional del Bosque Atlántico

En la práctica, describió Quadros, “esto significa fomentar cadenas de productos autóctonos como la yerba mate, apoyar la agricultura familiar y desarrollar modelos como la agroforestería, así como conservar y restaurar regiones ecológicas claves como los corredores ecológicos y las zonas de importancia hídrica”. 

Se trata de “una agenda que une biodiversidad, clima e inclusión social, con el potencial de generar beneficios duraderos para toda la región, con una visión integradora del paisaje”.

En la Argentina, concretamente en Misiones, “la deforestación es fluctuante, pero se mantiene constante a lo largo del tiempo”, observó por su parte Amicone. “Entre 2007 y 2023 se perdieron 69.601 hectáreas de bosques nativos en la provincia. De particular relevancia es que 22.357 hectáreas se perdieron en zonas de mediano (amarillas) y alto (rojas) valor de conservación del Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos”, detalló.

Claudia Amicone, especialista en restauración y comunidad de Fundación Vida Silvestre Argentina
Claudia Amicone, especialista en restauración y comunidad de Fundación Vida Silvestre Argentina

Las causas incluyen “aprovechamiento forestal intensivo, fragmentación por el avance progresivo de la frontera agrícola, la expansión de las actividades ganaderas, el establecimiento de plantaciones forestales comerciales y la caza furtiva, factor que contribuye significativamente a la pérdida de biodiversidad”.

Amicone recordó que la degradación “compromete el mantenimiento de los servicios ecosistémicos que proporciona el ecosistema”. 

En ese marco, consideró que “se vuelve urgente y estratégico el diseño de un marco normativo provincial que consolide y coordine esfuerzos (ya en marcha) bajo un Plan de Restauración del Bosque Atlántico”; evaluó como necesario que “este plan provincial promueva la participación activa de los gobiernos locales, fomentando que cada municipio se apropie de los objetivos de restauración y los implemente según las particularidades de su territorio, con apoyo técnico, financiamiento descentralizado y mecanismos de gobernanza participativa”; y consideró “imprescindible articular el diálogo y la cooperación entre las áreas gubernamentales vinculadas al ambiente y a la producción”, haciendo realidad una “conservación productiva -es decir, prácticas económicas sostenibles que contribuyan a preservar y restaurar el bosque-”, una “sinergia entre conservación y desarrollo”.

En Paraguay, el Bosque Atlántico “se encuentra en una situación crítica, con una cobertura reducida a menos del 10% de su extensión original y una alta fragmentación”, informó Oscar Rodas, director de Cambio Climático y Políticas de WWF en ese país. “Esto compromete la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que proporciona”, expresó.

Oscar Rodas, director de Cambio Climático y Políticas de WWF Paraguay.
Oscar Rodas, director de Cambio Climático y Políticas de WWF Paraguay.

La recuperación del Bosque Atlántico en los tres países es central para garantizar el agua y el suelo (producción de alimentos, de energía y la salud pública); mitigar efectos del cambio climático (inundaciones, deslizamientos y sequías prolongadas) y conservar la biodiversidad, entre otros importantes ítems, como la identidad regional y la cultura guaraní. 

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Vida Silvestre ya superó los 200.000 árboles nativos plantados para restaurar la selva misionera

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La Fundación Vida Silvestre Argentina hace más de quince años y de manera ininterrumpida viene trabajando en Misiones para recuperar y reconectar la selva misionera , el hábitat del yaguareté , una de las claves para mantener y recuperar la población del felino más grande de nuestro país. De la mano de más de 200 familias de pequeños y medianos productores rurales de Andresito y San Pedro, en los últimos 16 años se plantaron más de 200.000 árboles nativos y se restauraron unas 640 hectáreas de selva misionera en áreas clave para recuperar corredores de biodiversidad. 

Actualmente los esfuerzos están focalizados en San Pedro y en reforzar la conectividad de la selva entre el Parque Provincial Cruce Caballero y la Reserva de Biósfera Yabotí. En esta región, tanto las y los pobladores como los fragmentos de bosque nativo aún conservan la memoria del rugido del yaguareté. 

Desde hace 16 años, la Fundación Vida Silvestre trabaja para revertir la fragmentación del monte y devolverle a la selva su continuidad. Pero no se trata solo de plantar árboles. Se trata de reconstruir corredores de biodiversidad que permitan que el yaguareté -el mayor felino de América y especie bandera de este ecosistema- pueda moverse, cazar, reproducirse y así, conservar y recuperar su población.  

“ Desde Vida Silvestre estamos convencidos de la necesidad de recuperar la selva misionera no sólo para el yaguareté y la biodiversidad, sino también para las personas ya que los beneficios o servicios ecosistémicos que brinda el monte son esenciales para el bienestar y para afrontar el cambio climático ”, señaló Claudia Amicone, especialista en restauración y comunidad de la Fundación Vida Silvestre Argentina. Además, indicó que “ Nuestro trabajo de restauración lo realizamos en sitios de alto valor para el hábitat del yaguareté en donde, mediante diversos estudios, las necesidades de intervención para no perder la conectividad de los grandes bloques de selva que quedan en Misiones son urgentes”.

” Sin selva, no hay fauna. Sin conectividad ecológica, el yaguareté no tiene futuro. Cada hectárea restaurada es una pieza clave en el rompecabezas de la conservación ”, agregó Amicone. 

Una de las grandes particularidades del trabajo de Vida Silvestre es su enfoque, su visión de conservación inclusiva. La restauración del paisaje se construye de la mano de las familias que habitan la región. Son productores, pequeños agricultores, pobladores rurales, quienes lejos de ser meros observadores se convierten en actores centrales del proceso. Sumados a ellos, equipos técnicos y profesionales de instituciones y organismos presentes en el territorio aportando sus conocimientos y buscando un equilibrio entre conservación y medios de vida.  

El cambio no viene desde afuera. Lo construimos con la gente del lugar, respetando sus saberes, necesidades y derechos. La restauración ecológica no se sostiene si no es también restauración del vínculo entre las personas y su entorno ”, destacó Jonatan Villalba, especialista en restauración de la Fundación Vida Silvestre

“Conservar al yaguareté es conservar los servicios ambientales como la calidad y cantidad de agua o la polinización. Hoy recuperar al yaguareté en la región es posible. Haciéndolo de manera planificada, se beneficiarían las personas y la naturaleza y los conflictos potenciales serían mínimos o directamente pasarían desapercibidos”, puntualizó Villalba. 

A través de acuerdos voluntarios, acompañamiento técnico y económico, y prácticas productivas sostenibles, muchas familias hoy participan activamente en la recuperación del bosque en sus chacras. En este momento, 38 familias preparan el terreno para enriquecer con árboles nativos sectores de selva existentes, plantar sobre áreas degradadas y trabajar en procesos productivos de manera amigable con el ambiente, como los sistemas agroforestales. Se trata de decisiones que suman en el mediano y largo plazo a una visión colectiva: devolverle al paisaje su capacidad de albergar vida silvestre, al yaguareté, y mejorar la calidad y medios de vida de las familias rurales. 

Este trabajo se enmarca en más de dos décadas de acción territorial en Misiones, donde la Fundación Vida Silvestre Argentina no solo apoya y contribuye a la investigación y monitoreo de la especie, sino que impulsa acciones concretas frente a las amenazas que enfrenta: pérdida de hábitat, caza furtiva, conflictos con actividades productivas y atropellamientos. 

La restauración ecológica, entendida como una herramienta concreta y transformadora, se vuelve entonces condición habilitante para volver a escuchar el rugido del yaguareté en la región. 

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Señal de alerta: la disminución de yaguaretés y los planes para repoblar la selva

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Un nuevo censo binacional muestra una leve pero significativa disminución del mayor felino de América en su bastión más importante: la Selva Misionera. El dato reaviva el debate sobre la conservación de bosques nativos, la coexistencia con comunidades rurales y la urgencia de frenar la fragmentación del hábitat.

La selva murmura lo que las cifras confirman. En un informe presentado recientemente en Posadas, científicos de Argentina y Brasil advirtieron que la población de yaguaretés en la Selva Misionera muestra una leve caída: hoy se estima que quedan entre 64 y 110 ejemplares, con una media poblacional de 84. La cifra, aunque aún dentro del margen natural de variación para especies de grandes carnívoros, representa una disminución respecto al promedio de 93 individuos registrado en 2022.

El estudio fue liderado por el Proyecto Yaguareté (CeIBA-CONICET) y el Proyecto Onças do Iguaçu (ICMBio), y es parte de una cooperación binacional que se repite cada dos años desde hace más de dos décadas. Se trata del monitoreo más exhaustivo del continente sobre esta especie en el Bosque Atlántico.

“Es una señal de alarma. Después de años de crecimiento y estabilidad, vemos por primera vez una caída, aunque leve. Y no podemos ignorarla”, señaló el investigador Agustín Paviolo, del CONICET. “Este tipo de variaciones puede anticipar retrocesos mayores si no se actúa con rapidez”.

Los números surgen del relevamiento mediante cámaras trampa en más de 570.000 hectáreas de selva protegida entre Argentina y Brasil. Fueron instaladas 267 estaciones de muestreo, lo que convierte al censo de 2024 en el mayor desde que se iniciaron los estudios en 2005.

Lucía Lazzari, coordinadora del programa Bosques de la Fundación Vida Silvestre Argentina, advirtió: “El yaguareté es un termómetro ambiental. Su retroceso es una forma que tiene la selva de avisarnos que algo no está funcionando bien”.

De símbolo a centinela de un ecosistema en jaque

El yaguareté (Panthera onca), declarado Monumento Natural Nacional, es mucho más que un ícono de la fauna argentina. Su presencia garantiza la salud ecológica del bosque y la funcionalidad de las cadenas tróficas. Por eso se lo considera una especie paraguas: al protegerlo, se salvaguarda indirectamente a cientos de otras especies, muchas de ellas igualmente amenazadas.

“Cuidar al yaguareté es cuidar el agua, el aire y el suelo. Donde él vive, vive la selva. Y donde vive la selva, hay futuro”, explicó Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre.

¿Por qué disminuyó la población?

Los científicos coinciden en que no hay una única causa, sino una conjunción de amenazas persistentes:

  • Fragmentación y degradación del hábitat: un reciente estudio de la FAUBA reveló que en los últimos 30 años se perdieron más de 130.000 hectáreas de bosque nativo en el Corredor Verde. Lo más grave es la fragmentación: los parches de selva son cada vez más pequeños y aislados, dificultando el desplazamiento y reproducción del yaguareté.
  • Caza furtiva: aunque ilegal, aún persisten casos de caza, tanto del felino como de sus presas naturales.
  • Atropellamientos: la red vial que cruza la selva representa un peligro constante. Misiones trabaja con sistemas de control de velocidad por tramos, pero aún hay desafíos para una legislación nacional que respalde estos esfuerzos.
  • Conflictos con comunidades: el yaguareté puede atacar animales domésticos o ganado, lo que genera represalias. En ese sentido, el seguro por daño que ofrece la provincia de Misiones es una herramienta innovadora para evitar represalias letales.

Desde el gobierno de Misiones aseguran que ya se trabaja en acciones concretas ante esta alerta. Emanuel Grassi, director del Instituto Misionero de Biodiversidad, detalló que está en marcha un ambicioso proyecto de refuerzo poblacional en la Reserva de la Biosfera Yabotí, con infraestructura específica para la cría y liberación controlada de ejemplares. Se prevé una inversión inicial superior a los 500 millones de pesos.

“Tenemos definido el lugar, los recintos y el plan de manejo. Solo resta licitar la obra. Vamos a profundizar el trabajo en las 2.000 hectáreas lindantes al Parque Nacional Iguazú, donde hay una alta interacción entre felinos y zonas urbanas. Ahí estamos ordenando el territorio con el municipio para reducir conflictos”, explicó Grassi.

Consultado sobre el último censo de yaguaretés y la disminución de ejemplares en la Selva Paranaense, el ministro de Ecología de Misiones, Martín Recamán, sostuvo que el gobierno provincial ya estaba al tanto de estas fluctuaciones. “Estos números ya los teníamos considerados. Por eso venimos trabajando con acciones concretas como el desarrollo de un seguro para el yaguareté y el avance del proyecto de recría en Esmeralda, en la Reserva de Biósfera”, explicó.

Recamán destacó que si bien se registró una reducción, no se trata de una situación inédita. “Hemos tenido fluctuaciones a lo largo del tiempo. Siempre buscamos que los datos mejoren. Aunque sea una baja mínima, nos obliga a redoblar esfuerzos, como hacemos con los bosques”, afirmó.

Sobre el proyecto de recría, detalló que se están terminando los estudios y trámites para la licitación de las obras. “Ya hicimos el análisis de impacto ambiental. El proyecto contempla unos seis recintos de diferentes tratamientos: cría, madres, machos, cruza. Estamos trabajando en la infraestructura necesaria: caminos, agua, energía, y la incorporación de más guardaparques y vehículos”, indicó. 

En relación al seguro para productores afectados por el yaguareté, Recamán señaló un fenómeno particular: “Aumentaron las denuncias, incluso en zonas cercanas a Iguazú. Al principio esto nos generó un gran esfuerzo de respuesta, pero lo vemos como algo positivo: antes los animales eran cazados, hoy se denuncia, y eso nos permite actuar, hacer seguimiento, colocar collares con GPS y generar datos”.

También reveló que la Provincia trabaja en un plan de ordenamiento territorial en la zona de las 2.000 hectáreas en Iguazú, un área de interfaz entre el bosque nativo y zonas urbanizadas donde se han producido conflictos con fauna silvestre. “La urbanización avanzó sobre terrenos que antes eran completamente boscosos. Estamos articulando con el municipio un plan para censar, obtener información y planificar el uso del suelo con enfoque ambiental”, dijo.

Sobre el control de atropellamientos, Recamán destacó la implementación de un sistema de control por tramo entre Península y la rotonda de Iguazú, que envía alertas cuando un vehículo supera los 60 km/h. “Es único en Argentina, aunque su legislación nacional aún es un desafío. Pero el sistema funciona y la Provincia sigue presente en este tema también”, concluyó.

Por último, el ministro resaltó que la conservación del yaguareté no puede disociarse de la protección del monte nativo: “El yaguareté necesita continuidad del bosque para sobrevivir. Es nuestra especie paraguas. Si protegemos su hábitat, protegemos todo lo demás”.

Nicolás Lodeiro Ocampo, fundador de la Red Yaguareté, señaló que el dato no fue sorpresa. “Sabíamos que hay zonas con pérdida de territorio para el yaguareté. El número es simplemente un indicador más. Tampoco se conoce qué metodología se usa ni vimos un informe técnico, así que no hay forma de poder hacer un análisis más profundo al respecto, solo queda el acto de fe y saber que en efecto, la tendencia no es hacia el crecimiento sino al contrario, y según la zona de la provincia que se mire y analice”.

Para el ambientalista, “el destino del yaguareté se juega en las áreas donde convive con humanos, donde hay actividades productivas y ocurren depredaciones de animales domésticos. Los que estamos en este tema lo sabemos perfectamente, ya sean funcionarios, guardaparques, ONGs, etc., sin medidas verdaderas de convivencia con la ganadería y persecución total de la caza furtiva, el yaguareté no tiene futuro. En ninguno de los planes de acción que hay para el yaguareté en el país hay un programa de convivencia con actividades productivas, sólo han existido acciones independientes de distintos grupos, en su mayoría ONGs, que como se sabe, no podemos sostenerlas en el tiempo. Esa es una función del Estado”, exigió.

Lodeiro relativizó el dato de la baja de ejemplares. “Hasta puede ser un sesgo de muestreo o margen de variación. Naturalmente uno preferiría que hubiesen sido diez ejemplares más y nunca menos, pero, lo que para nosotros es lo realmente grave y donde hay que mirar y por sobre todo, actuar, no es el número en definitiva sino que hay zonas de la provincia que han perdido a los yaguaretés, como el Valle del Cuña Pirú, Salto Encantado y alrededores, donde ya hace tres años que no tenemos ejemplares, siendo que existía una dinámica poblacional propia de una zona límite de distribución. No sabemos aún si estamos ante una extinción local (sería la primera que ocurre en Argentina en las últimas décadas) o se recuperará, lo cual parece muy difícil sin que se apliquen medidas reales de convivencia con ganadería y que se ponga fin de una vez por todas a la excesiva caza furtiva que sabemos existe con un trasfondo claramente cultural y que el Grupo de Operaciones en Selva del Cuerpo de Guardaparques -un grupo de élite mundial- no da abasto para combatir. Y en la Reserva de Biósfera Yabotí, la otra área con un tremendo retroceso poblacional de yaguaretés, solo se conoce la existencia de un ejemplar macho desde hace unos años y la caza es un flagelo que no solo proviene desde las colonias, sino que existe un ingreso desde Brasil que es incomprensible no haya conllevado una acción de nivel nacional para ponerle fin, ya que técnicamente, es una invasión violenta desde otro país. Esto es lo grave, que el yaguareté viene perdiendo territorio por la falta o el desarrollo insuficiente de medidas para preservarlo que ya sabemos existen, han sido probadas exitosamente y se cuenta con amplia documentación al respecto, incluso se han modificado leyes a raíz de ellas. Está comprobado que donde faltan yaguaretés es porque sobran balas. Esto no es un supuesto, es evidencia”.

Hendú, el viajero sin fronteras

Un ejemplo conmovedor del valor de los corredores binacionales es la historia de Hendú, un macho que fue registrado por primera vez en 2020 en el Parque Nacional Iguazú. Desde 2024, también es monitoreado en Brasil gracias a un collar satelital colocado por el equipo del Proyecto Onças do Iguaçu. Sus desplazamientos confirman la necesidad de mantener conectadas las áreas protegidas a ambos lados de la frontera.

En el Parque Nacional do Iguaçu, del lado brasileño, los datos son alentadores: se identificaron 27 individuos, dos más que en 2022. Esto se atribuye a un trabajo comunitario activo: más de 350 visitas anuales a propiedades rurales para educar, prevenir y actuar ante conflictos con la fauna.

“El éxito de esta recuperación está en el compromiso local. Ya evitamos un colapso antes. Podemos hacerlo otra vez”, dice Yara Barros, coordinadora del proyecto Onças do Iguaçu.

Los yaguaretés no sobreviven sin selva, y la selva no sobrevive sin políticas activas. Un análisis de la Facultad de Agronomía de la UBA mostró que los fragmentos de selva en Misiones son cada vez más pequeños, con distancias mayores entre ellos. Esto impide la migración de especies, favorece la entrada de invasoras y afecta la regeneración natural del bosque.

“Necesitamos restaurar, reconectar y ordenar el territorio. El Corredor Verde funcionó como una herramienta de contención, pero ya no alcanza”, explicó Luis Sangel Polo Perdomo, autor del estudio.

El informe de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) sobre la deforestación en Misiones ofrece un análisis exhaustivo de la problemática del desmonte en la región, con énfasis en las causas, consecuencias y dinámicas que afectan al Bosque Atlántico. Este informe es fundamental para comprender la crisis ambiental en curso, que no solo involucra la pérdida de biodiversidad, sino también impactos socioeconómicos y culturales para las comunidades locales. A continuación, te ofrezco una profundización del informe de la UBA, que aborda varias dimensiones del desmonte en la provincia.

Causas, Impactos y Propuestas

1. Causas del Desmonte:

El informe de la UBA destaca tres factores clave que explican la continua expansión de la frontera agropecuaria en Misiones:

  • Expansión de la Agricultura Intensiva:
    El aumento de la producción de soja, maíz y otros cultivos comerciales ha impulsado el avance sobre zonas boscosas. Misiones, aunque históricamente conocida por su forestación y producción de yerba mate, ha visto una creciente diversificación en sus cultivos. Esto ha aumentado la demanda de tierras agrícolas y ha intensificado los desmontes en zonas cercanas a la frontera con Paraguay y Brasil.
    • Según el informe, la soja transgénica es uno de los mayores responsables de la deforestación en el noreste argentino. Aunque los cultivos de soja son más comunes en otras provincias como Chaco y Salta, Misiones ha sido un destino creciente para la expansión de esta monocultura debido a la demanda internacional y los beneficios fiscales del país.
  • Ganadería y Forestación Industrial:
    En paralelo a la agricultura, el crecimiento de la ganadería extensiva y la forestación industrial (principalmente para la producción de papel y pulpa) han aumentado la presión sobre las áreas forestales. La ganadería, especialmente en la zona sur de la provincia, está vinculada al crecimiento de la frontera ganadera, que avanza sobre el bosque nativo para abrir espacio para pastoreo.
  • Deforestación Ilegal y Débil Control:
    Un factor crítico que la UBA identifica es la deforestación ilegal en áreas protegidas o en zonas donde el uso de la tierra debería estar restringido. A menudo, la deforestación ilegal está asociada con el desmonte en tierras fiscales o en zonas de baja fiscalización, lo que aumenta la extensión de la tierra cultivada o utilizada para ganadería, sin que existan controles efectivos o sanciones. Este proceso no solo afecta a los recursos naturales, sino que también implica una competencia desleal para aquellos que siguen las regulaciones ambientales.

    El informe subraya que la falta de apoyo institucional y la débil implementación de la Ley de Bosques (Ley 26.331) contribuyen a este fenómeno. En muchas ocasiones, los desmontes ilegales no se registran, por lo que no se incluyen en las estadísticas oficiales, lo que genera una subestimación de la magnitud del problema.

2. Impactos de la Deforestación:

a. Pérdida de Biodiversidad:

Misiones alberga una de las mayores biodiversidades del planeta. El Bosque Atlántico es considerado uno de los hotspots de biodiversidad, con especies endémicas de fauna y flora. El yaguareté, el tapir, el tucán y el guaraní son solo algunos de los emblemáticos habitantes de estos bosques.

La deforestación está fragmentando los hábitats naturales de muchas de estas especies, que dependen de grandes extensiones de bosques continuos. Los fragmentos más pequeños de bosques aislados ya no pueden albergar de forma adecuada a especies de gran tamaño, como el yaguareté, que necesita grandes territorios para cazar y desplazarse. Esto genera una pérdida de hábitat y limita las oportunidades de migración y genética.

b. Impacto Climático:

El informe también señala que la deforestación en Misiones contribuye significativamente al cambio climático global. Los bosques, y especialmente los bosques tropicales como el Bosque Atlántico, actúan como sumideros de carbono. Su destrucción libera grandes cantidades de CO2 a la atmósfera, acelerando el calentamiento global.

Además, la pérdida de cobertura vegetal afecta los ciclos hidrológicos de la región, lo que puede desencadenar una mayor frecuencia de fenómenos climáticos extremos, como sequías prolongadas o lluvias torrenciales.

c. Pérdida de Servicios Ecosistémicos:

La deforestación también compromete servicios ecosistémicos esenciales para las comunidades locales, como:

  • Filtración de agua: la deforestación reduce la capacidad del suelo y los bosques para regular el ciclo del agua. Las áreas taladas tienden a tener menos retención de agua y mayor riesgo de inundaciones.
  • Protección del suelo: los bosques previenen la erosión del suelo, que se ve acentuada con los desmontes. La tierra que antes era forestal se degrada rápidamente, lo que disminuye su productividad a largo plazo.

Estos efectos repercuten directamente en la vida de las comunidades rurales y en la economía local, que depende de estos servicios para su agricultura, ganadería y abastecimiento de agua.

3. Fragmentación del Bosque:

Una de las conclusiones clave del informe es que la fragmentación del bosque en Misiones es un fenómeno cada vez más pronunciado. Según los estudios realizados por la FAUBA, el Bosque Atlántico ha perdido un 83% de su área original, y los fragmentos restantes tienen un tamaño promedio de 215 ha, lo cual es insuficiente para muchas especies animales.

La fragmentación no solo aumenta la vulnerabilidad de especies, sino que también impide el flujo genético entre poblaciones. Esto puede llevar a problemas de consanguinidad y, por lo tanto, a un empobrecimiento genético que pone en peligro la viabilidad de las especies.

4. Propuestas y Soluciones:

a. Restauración de Corredores Ecológicos:

El informe de la UBA destaca la necesidad de restaurar corredores biológicos que conecten los fragmentos aislados de bosque. Estos corredores permitirían el movimiento de fauna, especialmente de especies emblemáticas como el yaguareté. El proyecto de corredores binacionales con Brasil (a través de la coordinación entre Argentina y el ICMBio de Brasil) es uno de los ejemplos a seguir.

b. Aplicación más rigurosa de la Ley de Bosques:

Uno de los principales puntos del informe es la urgente necesidad de fortalecer el cumplimiento de la Ley de Bosques (Ley 26.331), que fue sancionada en 2007 para proteger las áreas de bosques nativos. En la actualidad, la ley no se cumple a cabalidad en muchas regiones, lo que permite que se sigan realizando desmontes sin consecuencias legales.

c. Incentivos para la Agricultura Sostenible:

El informe también propone la creación de incentivos para que los pequeños productores adopten prácticas de agricultura sostenible, que permitan mantener el equilibrio ecológico sin necesidad de expandir la frontera agropecuaria. Las alternativas como la agroforestería o los sistemas de producción en zonas degradadas podrían ayudar a evitar el desmonte masivo.

d. Participación comunitaria y monitoreo satelital:

Finalmente, se subraya la importancia de la participación comunitaria en la vigilancia y protección de los bosques, utilizando tecnologías de monitoreo satelital para detectar y frenar desmontes ilegales en tiempo real. La capacitación de pueblos originarios y organizaciones locales para el monitoreo de los bosques nativos también es una estrategia recomendada por la UBA.

Sin embargo, el informe ofrece también una visión optimista: si se implementan soluciones efectivas como la restauración de corredores biológicos, el fortalecimiento de la Ley de Bosques y la implementación de prácticas agrícolas sostenibles, es posible revertir en parte la degradación ambiental y asegurar un futuro para las generaciones venideras.

Mirando al futuro

El próximo monitoreo del yaguareté será en 2026. Pero los desafíos están planteados hoy: sostener los esfuerzos de conservación, asegurar el financiamiento, ampliar la participación ciudadana y frenar el avance urbano sin planificación.

“La disminución actual no es una tragedia, pero sí un aviso. No podemos permitirnos retroceder. El yaguareté nos pide seguir avanzando juntos”, concluyó Manuel Jaramillo.

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