SEMILLAS

Biotecnología: Argentina y las herramientas para revertir la tendencia negativa agrícola

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La herramienta para revertir la tendencia negativa de la producción agrícola, se sumó al uso de la edición génica, una técnica que reemplaza la evolución natural, acelerando los procesos con mayor precisión.

Desde hace décadas, la producción agrícola en el país hace uso de la biotecnología moderna, lo que permitió introducir genes de otras especias. Argentina fue de los primeros países en adoptar este tipo de tecnología e incluso la ley de Semillas y Creaciones Fitogenéticas de 1973, convirtiéndose en la pionera de la región. Hoy el mercado se encuentra en tendencia negativa, con un crecimiento menor frente al de países como Brasil.

La biotecnología consiste en utilizar técnicas de ingeniería genética para mejorar los cultivos. Esa calidad puede tener diferentes consideraciones: que el cultivo no pierda rendimiento ante problemas climáticos, el generar una mayor tolerancia a los factores adversos como sequías e inundaciones, así como también a enfermedades o plagas. También aumentar la productividad en una misma superficie de hectáreas.

Argentina que se sumó tempranamente al uso de la edición génica, técnica que reemplaza la evolución natural, acelerando los procesos y con mayor precisión. Esto tiene impactos en costos y aspectos regulatorios a novel local e internacional.

David Hughes, expresidente de la Asociación Argentina de Trigo y tesorero de Barbechando, sostiene la necesidad de actualizar la normativa, puesto que lo que se legisló hace 50 años hoy no alcanza para regular un escenario en el que la tecnología ha cambiado drásticamente: “Es impresionante todo lo que está ocurriendo. El desarrollo va a pasos agigantados tanto para el mundo vegetal como animal. Pero, al no tener una normativa adecuada a los tiempos de hoy, el país está perdiendo por todos lados. Falta una normativa que regule y promueva este tipo de investigaciones”.

Alfredo Paseyro, director ejecutivo de la asociación de Semilleros Argentinos e integrante del Consejo Agroindustrial Argentino, sostiene “Hoy en términos de soja y tasa de mejora genética, sacando la sequía, Argentina podría tener entre U$S4000 y U$S5000 millones por año, solo sumando más rinde a la misma unidad productiva. Hoy estamos 300 kilos abajo del promedio de Brasil por hectárea y la proyección es que en 10 años vamos a estar en 600 kilos abajo”.

Por otro lado, debe considerarse que los años y el dinero invertido en investigación y desarrollo no den los resultados esperados, o que simplemente el mercado no los acepte. Nada de lo que se produce en Argentina es exclusivo para el mercado interno, por lo que hay que entender de qué producto se trata y hacia dónde será exportado.

El maní, por ejemplo, tiene por destino el mercado europeo, pero la utilización de biotecnología en este producto no está aceptada por el mercado, ni por los consumidores. En cuanto a la soja, se realizan gestiones para que no haya barreras en China, su principal destino. Pero, si el mercado no acepta o si no es acorde a las regulaciones, puede haber pérdidas para el productor.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ha hecho importantes desarrollos con escaso presupuesto, por ejemplo, nuevas variedades de algodón y arroz. Ese material genético llega al mercado y la mejora es notable para toda la cadena productiva. También el Conicet y las universidades nacionales pueden aportar lo suyo, tal como sucedió con el trigo HB4, desarrollado por la Universidad Nacional del Litoral junto a la empresa Bioceres y aprobado en 2020.

“Pero el reconocimiento es bajo y el sistema no se retroalimenta” dice Paysero. Quien plantea que para recuperar la competitividad “se necesita un salto de 30% en la producción de soja. Hoy no llegamos al 2%”.

Hughes, agrega que se debe promover y proteger a la actividad ligada a la biotecnología, “es una inversión a riesgo que tenemos que reconocer. Hay que cuidar y proteger y retribuir esa inversión. A las empresas no les pagan acorde a ese riesgo, entonces no hacen inversiones. Así el mundo crece y nosotros no”.

Cualquier cambio en estos procesos puede requerir mucho tiempo hasta aplicarse. Por eso, dice Paseyro, se debe trabajar en toda la cadena productiva. Para que el beneficio lleve a una retroalimentación de todo el sistema.

Fuente: El Economista.

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Se viene el Encuentro Regional de Semillas Nativas y criollas del Alto Uruguay

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El viernes 19 de mayo, la Escuela Rural F.J.C. N° 940 “Educación Para Las Primaveras” fue sede de la primera Reunión Organizativa del Encuentro Regional de Semillas Nativas y Criollas Zona Centro – Alto Uruguay, que se concretará el 29 de julio en El Soberbio.

“La semilla en tierra es vida, en manos campesinas libertad”, reza el slogan de quienes impulsan el evento, cuyo objetivo es fortalecer las redes y los vínculos entre quienes cuidan y multiplican las semillas nativas y criollas, revalorizando los saberes y la existencia de la agricultura familiar y pueblos originarios, y la bioidiversidad.

El Encuentro del sábado 29 de julio se iniciará a las 9:00 hs. en la Escuela Rural “Educación para las Primaveras”, con intercambio de semillas por la mañana.

Mientras que por la tarde, será el momento de los Talleres de Formación. Entre los que se están proponiendo, figuran los siguientes: “Semillas de Árboles Nativos”, a cargo de la Facultad Forestal UNaM; “Producción de yerba mate bajo monte”, a cargo del Instituto Multiversidad Popular; “Historia del Movimiento Semillero de Misiones”, a cargo de referentes históricos; “Método de conservación de semillas”; y “Agua: problemáticas, desafíos y propuestas”, a cargo del Equipo INTA y Área del Agro y la Producción de la Municipalidad de El Soberbio.

Habrá también un espacio de Feria para exposición y ventas, y al finalizar la jornada, números artísticos.

Un poco de historia:
En Misiones, la primera Feria de Semillas Nativas y Criollas tuvo lugar hace 25 años, en 1997, como respuesta a la aprobación del primer evento transgénico de la Argentina, la soja RR.

En la memoria de aquel intercambio semillero, la Pastoral Social, el Movimiento Agrario de Misiones (MAM) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) tuvieron una destacada tarea en la revalorización de las semillas en manos campesinas y el trabajo de la agricultura familiar. En aquélla oportunidad se compartieron más de 500 variedades de semillas.

El movimiento semillero se fortaleció y en la actualidad forman parte del mismo diversas organizaciones sociales, indígenas, de la agricultura familiar, educativas, gremiales, iglesias e instituciones del ámbito municipal, provincial y nacional.

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La agricultura familiar es clave para la conservación de los recursos genéticos

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En la región, el 57 % de la actividad agropecuaria está en manos de agricultores familiares que producen más de cien especies –entre exóticas y autóctonas–, tanto comestibles como medicinales. Un equipo de investigadores del INTA realizó un relevamiento sobre experiencias de conservación de recursos genéticos locales para mejorar la calidad y la productividad agropecuaria.

Los pequeños productores conservan gran parte del patrimonio genético de la humanidad y hoy son actores protagónicos en el esfuerzo por lograr un futuro sin hambre y cambio hacia sistemas agrícolas sostenibles. Según la FAO, en América Latina el 80 % de las explotaciones pertenecen a la agricultura familiar, convirtiéndose en la principal fuente de empleo agrícola y rural. Este sector es un eslabón clave para la conservación de recursos genéticos que mejoran la productividad y calidad de la producción. Por esto, un equipo de especialistas del INTA realizó un relevamiento sobre la conservación de recursos genéticos locales.

Raquel Alicia Defacio –investigadora y referente del Banco de Germoplasma del INTA– explicó que: “Los recursos genéticos para la alimentación y la agricultura son la materia prima de la que el mundo depende para mejorar la productividad y calidad de la producción agropecuaria. Es por ello que constituyen un aspecto central de la seguridad alimentaria, la nutrición y la adaptación al cambio climático. Conservar y utilizar la biodiversidad, significa garantizar opciones para responder a las demandas del futuro”.

La agricultura familiar no sólo produce la mayor parte de los alimentos para el consumo interno de los países de la región, sino que habitualmente desarrollan actividades agropecuarias diversificadas que les otorgan un papel fundamental a la hora de garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y la conservación de la biodiversidad.

Las variedades locales, seleccionadas y conservadas por las familias productoras del país, tienen la ventaja de su adaptación al ambiente, favorecen la restauración del suelo, tienen resistencia a ciertas plagas y enfermedades, así como características de sabor y aroma para la elaboración de comidas tradicionales.

“Frente a la pérdida de recursos genéticos, la Argentina inició a mediados del siglo pasado la conservación mediante bancos de germoplasma”, aclaró Defacio y explicó que en la actualidad, el INTA cuenta con una Red de Recursos Genéticos (RedGen) que abarca tanto Fitogenéticos, Zoogenéticos y Microbiológicos, a lo largo de todo el país y vincula a todas las actividades productivas de agricultura, ganadería y agroindustria.

Y agregó: “La misión de estos bancos es garantizar la gestión y conservación de los recursos genéticos ‘ex situ’, es decir fuera de su hábitat natural, a fin de preservar, valorizar y disponer de los mismos para la agricultura y la alimentación”.

En diciembre de 2017, el INTA junto con la Dirección de Asuntos Ambientales del Ministerio de Relaciones exteriores y Culto, el INASE y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca elaboró un proyecto -que fue financiado por la FAO- para establecer un sistema multilateral que facilitará el acceso con fines de utilización y conservación para la investigación, el mejoramiento y la capacitación y administra la distribución de beneficios derivados del uso de los Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación que se aplica a 64 cultivos.

El objetivo general es el de ayudar a los agricultores a mejorar la resiliencia de los cultivos frente al cambio climático y mejorar su situación de seguridad alimentaria, contribuyendo así a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en particular a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Defacio explicó que “en este caso, el proyecto se orienta a los cultivos de maíz, papa y poroto, para la conservación y uso sostenible de los recursos fitogenéticos locales que contribuyen a la seguridad alimentaria de los pequeños agricultores en la Argentina”.

Relevamiento en la Región Patagónica

Con el acompañamiento del INTA se realizó un relevamiento sobre experiencias actuales de conservación y uso de recursos genéticos alimentarios por parte de las comunidades de la región patagónica a través de las Plataformas de Innovación Territorial (PIT). Estos son espacios de participación de instituciones y organizaciones locales en el territorio, en dónde se coordinan y articulan acciones de desarrollo entre los diferentes niveles de gestión (nacionales, provinciales y municipales).

Marcelo Perez Centeno –investigador del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar de la Región Patagonia– señaló que “en la Patagonia argentina la agricultura familiar representa el 57 % de los productores agrícolas que disponen del 13 % de la superficie cultivada. Ellos participan principalmente en la producción frutícola (50 %), hortícola (77 %) y forrajera (57 %). En la actividad ganadera, el 82 % de las unidades de producción son familiares, con el 21 % de las existencias ovinas, el 33 % de las bovinas y el 91 % de las caprinas”.

En la región se producen más de cien especies por comunidad, en su mayoría exóticas, si bien se cultivan o utilizan diferentes especies autóctonas, tanto comestibles como medicinales. La agricultura familiar aporta de esta manera a la adaptación al cambio climático a través de sus conocimientos para manejar los riesgos, conservando la agrobiodiversidad “in situ”, es decir en el lugar donde se desarrolla, así como las técnicas de bajo consumo de insumos que aportan a la mitigación de los gases de efecto invernadero.

En el relevamiento se refirieron a 14 especies vinculadas a procesos de conservación (3 de ellas autóctonas), 2 de origen animal, 11 de origen vegetal y a un microorganismo. Se destacan el maíz, tomate, poroto y con menor frecuencia zapallo, papa y quinua.

Perez Centeno indicó que: “Un 56 % de las comunidades sistematizaron la información, en general vinculada a la caracterización agronómica del recurso (fenología, productividad, fechas de siembra, duración del ciclo) en algunos casos aplicando descriptores técnicos y otros específicos definidos con las comunidades”.

El relevamiento permitió conocer las experiencias existentes de producción y conservación de recursos genéticos locales vinculados a la alimentación, que cuentan con algún nivel de participación y/o acompañamiento institucional del INTA. La mayor parte de estos recursos se encuentran concentrados en Neuquén y Río Negro.

“La vinculación de las actividades de producción y conservación de los recursos locales en los campos de productores, con los Bancos de Germoplasma es un desafío pendiente para el sostenimiento de la biodiversidad, ya que de esta manera se articulan los procesos de selección considerando los aspectos culturales, sociales, económicos de quienes lo conservan con la capacidad de resguardo que ofrecen los Bancos” afirmóPerez Centeno.

 El relevamiento señala el camino que aún resta recorrer, tanto en el trabajo con las comunidades locales, en la investigación agronómica, social, cultural articulado entre las comunidades locales, las instituciones presentes en el territorio y los bancos de germoplasma, concluyó el investigador del IPAF Patagonia, y agregó: “Es fundamental que las instituciones y los proyectos sistematicen su experiencia para generar recomendaciones de políticas públicas. Ello permitirá socializar la información, orientar y guiar a otros en la marcha o en futuras intervenciones”.

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“La semilla no es un negocio: la semilla es vida y necesita ser cuidada”

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Por Mariángeles Guerrero, Agencia Tierra Viva. La Feria de Semillas Nativas y Criollas de Misiones cumple 25 años. Desde el sábado 9 de julio hasta el 18 de agosto se realizan encuentros de intercambios de semillas entre familias campesinas, además de capacitaciones y actividades culturales, en las localidades misioneras de Aristóbulo del Valle, Campo Grande, Campo Ramón, Oberá, San Pedro, El Soberbio, Puerto Iguazú, Montecarlo, entre otras. “Esta experiencia muestra la soberanía alimentaria en su abundancia”, sostienen los impulsores de la feria de semillas provincial tras un cuarto de siglo de sostener esta forma de compartir saberes y fortalecer la soberanía alimentaria.

Gerardo Segovia es trabajador social y presidente de la Red de Agricultura Orgánica de Misiones (RAOM) e integra la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Agroecología. Fue partícipe de la primera feria donde se intercambiaron semillas nativas, que se realizó un año después de la aprobación del primer evento transgénico en nuestro país, la soja RR, en 1996. Segovia relata que el movimiento por las semillas nativas de Misiones surgió al ver la importancia de la semilla como elemento central en la vida campesina. Y agrega: “Para nosotros la semilla es la germinación de la vida en todas sus manifestaciones. Es central y estratégica para el campesino pero también para el mundo que está tan saqueado en este momento”.

Explica que la semilla significa la abundancia del autoconsumo en la mesa de los agricultores y es uno de los elementos vitales de la biodiversidad. Señala que fueron las mujeres las que iniciaron los primeros encuentros durante la década del 90. “En ese período tan nefasto para la historia argentina ellas notaron la pérdida de las semillas nativas. Por eso impulsaron un encuentro entre varios actores para generar el movimiento”, recuerda Segovia. 

Cuenta, además, que en la feria de semillas se despliega una “increíble lógica campesina en medio de este saqueo”. Y añade: “El mayor atentado a este modelo capitalista y depredador es que la mejor semilla, guardada con pasión y seleccionada amorosamente, va a ser compartida gratuitamente con otros. O sea: lo mejor que tengo lo comparto con otros. No solo las semillas, sino los saberes que tras 12.000 años de agricultura fueron viajando de generación en generación”. Segovia define el intercambio como “un modelo educativo diferente”.

Beatriz Zemunich, productora misionera y guardiana de semillas, agrega que lo más lindo de la feria es el reencuentro con todos: “Somos una gran familia. Cuando nos encontramos es como si nos conociéramos de toda la vida. No hay mezquindades, no hay competencia. Al contrario, hay una abundancia y una amorosidad increíble. Es un intercambio de saberes, de sabores y de mucho afecto“.

Las expectativas sobre el encuentro aumentan tras dos años de pandemia, cuando en lugar de las ferias se implementaron las canastas viajeras de semillas. “La semilla se siguió moviendo solo que nosotros no nos encontrábamos, ahora es el gran reencuentro. Habrá mucho disfrute”, dice la agricultora.

Misiones celebra los 25 años de su primera feria de semillas nativas y criollas
Foto: Red de Agricultura Orgánica de Misiones

Celebrar las semillas

En el marco de la celebración por los 25 años de ferias habrá exposición de semillas, plantines, alimentos de la agricultura familiar y productos medicinales; también muestras artísticas, de artes visuales, literatura y danza. Además se realizarán paneles de debate con referentes provinciales e internacionales. Los objetivos de estas actividades son recuperar el patrimonio cultural que son las semillas nativas y criollas, el intercambio gratuito, la formación, tejer redes regionales y nacionales y demandar al Estado provincial mayores políticas públicas y presupuesto para proteger a las semillas criollas.

El 26 de julio es el comienzo de la siembra en varias regiones del continente y también la época de la multiplicación de la vida. El 1 de agosto muchos pueblos celebran a la Pachamama, la Madre Tierra, dueña de las cosechas y de la vida. Uniendo estas dos celebraciones, el Movimiento Agroecológico de Latinoamérica (Maela) impulsa desde hace años la Semana Continental de las Semillas Nativas y Criollas, con el objetivo de valorizar las prácticas campesinas e indígenas de obtención, conservación y multiplicación de las semillas nativas en tanto primer eslabón de la soberanía alimentaria.

De las celebraciones participarán pequeños productores de la agricultura familiar, comunidades indígenas, habitantes de barrios urbanos, diversas organizaciones socioambientales, gremiales, iglesias, trabajadores de la salud, sectores de la educación y del agro. También se sumarán delegaciones de países vecinos como Chile, Paraguay, Brasil y de otras provincias argentinas.

La Feria de Semillas Nativas y Criollas de Misiones cumple 25 años
Foto: Fundación Rosa Luxemburgo

El primer eslabón de la soberanía alimentaria

Segovia relata que tuvo el privilegio de estar en la primera feria, en 1997. En ese entonces trabajaba en la Pastoral Social del obispo Joaquín Piña, quien además de oponerse al menemismo durante los años 90 realizó una labor social muy importante con campesinos e indígenas en la recuperación de tierras y en la valorización del trabajo campesino. “Con la primera feria se inaugura el pasaje de la chacra a la feria, del campo a la ciudad. Acá las mujeres cuando vieron que desaparecían las semillas fueron al espacio de lo público a recuperar lo perdido”, afirma.

Aquella primera feria surgió como iniciativa de distintos actores como el Movimiento Agrario de Misiones (MAM), la Pastoral Social y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Fue un hito histórico para la agroecología del país. Se compartieron más de 500 variedades de semillas. “Fue un espacio de reciprocidad y de mostrar que se puede tener la semilla si hay un espacio público o de los movimientos sociales. Para nosotros en esa fiesta de los campesinos, que es la feria, se produce el milagro de la vida y de la abundancia”, afirma Segovia.

Las ferias encarnan un modelo económico donde todos ganan. “Acá se comparte y se multiplica la vida, no como en el modelo de las transnacionales que ofrecen semillas pero para patentarlas, expulsar a los campesinos y apropiarse de sus saberes”, compara el integrante de la RAOM. Hay agricultores que asisten a la feria con doce clases de semillas y se llevan 24. Entre las especies socializadas se encuentran diversas clases de maíz, mandioca, porotos, arvejas, arroz, soja, tubérculos, plantas silvestres y frutales. En el último tiempo, también se incorporaron productos de la economía social con su producción.

Misiones celebra los 25 años de su primera feria de semillas nativas y criollas
Foto: Marcela Bobatto

Guardianas de semillas

Beatriz Zemunich forma parte del movimiento semillero desde hace 15 años. Hoy es guardiana y su hogar es “casa de semillas”. Esto significa que, donde ella vive, se puede acudir en busca de semillas para los campesinos de la zona. Su hogar está en la localidad de Puerto Wanda y su chacra se llama “Biodiversidad”. Hace más de 20 años que hace producción agroecológica. Señala que, junto con sus vecinos, está preocupada por el daño producido por las semillas transgénicas: “El cultivo ‘convencional’ viene provocando cambios climáticos muy grandes y también la contaminación del agua y de los suelos, además de perjudicar a nuestras semillas por la polinización. Este modelo nos ha dañado bastante, no tiene sustento y está acabando con el planeta”.

La agricultora también es promotora del Prohuerta hace más de 15 años y participa del grupo Consumidores y Campesinos Misioneros Organizados y del Sistema Único de Certificación Participativa Teoká Porá, establecido por la Ley Provincial de Fomento a la Agroecología. “Me sumé a este movimiento porque me interesa cuidar el medioambiente y a mi familia. La idea es enriquecer el plato de la mesa familiar. Cuanta más variedad tenés, más salud hay en la casa“, explicita. En su hogar guarda, por ejemplo, cinco variedades de porotos, siete de batata y nueve de mandioca. “Pareciera sencillo pero cuando empezás a enumerar la cantidad, es bastante. Esa es la diversidad agroecológica“, dice la productora.

Recuerda que en sus primeros años como agricultora producía de manera convencional. “La diferencia con las semillas genéticamente modificadas es que se compran, se siembran y después esa semilla no produce otras; entonces siempre estás dependiendo”, compara. Las semillas nativas se siembran, se cultivan y se guardan para la temporada siguiente. “Nos aseguramos la alimentación y al excedente lo compartimos”, dice Zemunich.

¿Por qué son importantes las semillas criollas?

—Por el valor nutricional y por la facilidad del cultivo. No gastás para producir. La mayoría de los productores tienen ingresos bajos por lo tanto tienen dificultades para comprar insumos. Si comprás transgénicos tenés que comprar el paquete completo. En cambio con las semillas nativas al abono lo hacemos nosotros, combatimos las plagas con purines. Es un modo de cuidarnos a nosotros y al ambiente.

—¿Qué significa ser guardiana de semillas?

—Es cuidar la vida, mantener la genética viva al plantarlas y multiplicar los saberes al intercambiarlas. Para nosotros la semilla no es un negocio: la semilla es vida y necesita ser cuidada.

—¿Cómo se aprende a cuidar las semillas?

—Para poder tener semillas nativas y criollas en su estado óptimo hay que cultivarlas todos los años protegiendo el suelo. Por eso se siembra en forma agroecológica, es decir que no usamos venenos ni alteramos la genética de las semillas ni del ambiente donde vive. Uno viene heredando eso de la familia, soy hija de productores pero también están las capacitaciones del ProHuerta y el acompañamiento del movimiento semillero. En los encuentros del movimiento se comparten saberes pero también se pregunta a otros campesinos. De mi familia aprendí las formas de cultivo, las formas de siembra, el trasplante, cómo se guardan las semillas. Guardarlas requiere de un cuidado necesario para que no entren bichitos o se descomponga la semilla. También aprendí qué semillas guardar y cuáles no. En esto tiene que ver lo ancestral, tanto de los originarios como de nuestros abuelos. Hay semillas que vienen de generación en generación y eso también se comparte en las ferias. Todo eso vale mucho.

Saqueo de alimentos y saberes

“El año 1492 fue el inicio del saqueo para el Abya Yala (América). No solo se llevaron los bienes comunes, sino también los saberes ancestrales. Esto lo comprobamos cada vez más en los encuentros con los pueblos originarios”, dice Segovia. Explica que a lo largo de 12.000 años los agricultores, y especialmente las agricultoras, fueron trabajando todo el tema de domesticación de las semillas y produciendo cruzamientos. Pero desde la llamada “Revolución Verde” —que impulsó el modelo agroquímico y de semillas transgénicas— hasta ahora “no solo muchos agricultores fueron expulsados de sus tierras sino también de esos saberes que circulaban en la comunidad”. 

La introducción de esa semillas los híbridos con la Revolución Verde, de la mano de las empresas y de los Estados, horadó las tradiciones de cuidado de las semillas nativas. Las plantas híbridas resultan del cruce de dos plantas de distinta especie. Este proceso puede darse por intervención humana o de forma espontánea por la naturaleza, a través de polinizadores. Pero estas semillas no pueden dar plantas de segunda generación. Al igual que ocurre con las semillas transgénicas, la segunda generación resultante de los híbridos son estériles.

Misiones celebra los 25 años de su primera feria de semillas nativas y criollas
Foto: Red de Agricultura Orgánica de Misiones

Segovia puntualiza que con la incorporación de los híbridos primero y de las transgénicas después comenzó el círculo vicioso de la dependencia. Estos productos rompieron el circuito ancestral de plantar año a año la semilla que habían dejado tíos, padres o abuelos y que posteriormente eran entregada a los nietos. Segovia afirma que, sin embargo, “hay una infinidad de conocimientos que están en manos de los campesinos gracias a que están todos los días con los cultivos”.

Misiones padece en la actualidad el impacto del monocultivo de árboles, que expulsa poblaciones, fumiga con agrotóxicos y atenta contra la biodiversidad. Para Segovia, el tema de los químicos está para algunos como naturalizado, “como ‘un mal necesario'”, como si no se pudiera producir de otra manera. Por eso lo plantea como parte de una batalla cultural: “Las corporaciones no solo se apropiaron de las semillas y de los medicamentos sino que además son los mayores aportantes de los grandes medios de comunicación, que difunden las bondades de la agricultura industrial que implica el saqueo y la muerte de los bienes comunes”.

Segovia añade que “en este mundo de la abundancia y de la vida donde hay comida para 12.000 millones de personas es un escándalo que casi la mitad de la población mundial con ‘inseguridad alimentaria’. Hay que cambiar de paradigma: las comunidades campesinas e indígenas deben unirse lo más posible para enfrentar este modelo”.

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Las Ferias de Semillas en Misiones celebraron los 25 años

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Convocados por el Movimiento por las Semillas Campesinas de Misiones con el lema “Somos Semilla y en los territorios defendemos y multiplicamos la Vida” alrededor de 1000 personas participaron de la gran fiesta de los 25 Años de Ferias de Semillas en Misiones, el día sábado 30 de julio en la localidad de Capioví.

Concurrieron grupos y organizaciones de agricultores/as de base campesina e indígena de más de 40 municipios de las distintas regiones de la provincia acompañadas por técnicos/as de organizaciones e instituciones públicas y privadas. También se hicieron presentes representantes de movimientos socioambientales, sectores de la educación, salud, iglesias, gremios y delegaciones de otras provincias como Corrientes, Chaco, Santa Fe, Buenos Aires, Catamarca y otros países Paraguay, Brasil y Chile. 

Los protagonistas del día, las guardianas y guardianes de la agricultura, cuidadores/as de las semillas tradicionales y de la biodiversidad, del campo y la ciudad, llenaron las mesas de biodiversidad con cientos de variedades de semillas, estacas, plantines, artesanías y alimentos de la agricultura familiar y productos medicinales que fueron intercambiadas a lo largo de toda la jornada. 

La presencia de las comunidades Mbya Guaraní fueron numerosas, nos expresaron su preocupación por la amenazas en sus territorios y compartieron su sabiduría ancestral llena de espiritualidad donde resonaron “Sin Maíz no hay raíz” y “en nuestro templo no pueden entrar los transgénicos”, en sus mensajes nos compartieron parte de su legado del “Teko Pora en el Yvymare ‘y” El Buen Vivir en la Tierra sin Males. 

Otra de las notas de la Fiesta fue la presencia de numerosos trabajadores de la Cultura que llenaron el escenario de músicos destacándose la presencia de Joselo Shuap, de escritores con la presentación de un libro con 25 poesías relacionadas a la semilla, de teatro con el grupo La Murga del Tomate y del baile con el grupo de candombe.

También la participación de varias artistas plásticas permitió la construcción de un mural colectivo que se inauguró al terminar la jornada. 

Uno de los mayores logros de este movimiento es la trayectoria de 25 Años del Movimiento por las semillas campesinas de Misiones, como parte de concreción de una utopía , la de caminar juntos con las semillas en manos de  los agricultores y con el horizonte puesto en la soberanía alimentaria, la salud de los ecosistemas y en la economía social y solidaria de los pueblos.

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