SEMILLAS

Agricultura y el sector semillero se reunieron para analizar protección de la propiedad intelectual

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La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca y la Asociación de Semilleros Argentinas (ASA), mantuvieron hoy una reunión para profundizar en las transformaciones que el sector semillero aporta al país, en especial, a la adhesión por parte de Argentina a la UPOV 1991 (Unión Internacional para la Protección de Obtenciones Vegetales) en el marco del proyecto de ley ómnibus que el Gobierno envío al Congreso.

El secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Fernando Vilella, destacó el encuentro con el sector y enfatizó “la necesidad de transformar la realidad económica del país junto con el sector agroindustrial como parte fundamental de la solución”.

En este sentido, según un comunicado de la cartera rural, destacó el rol estratégico de la semilla y subrayó el reconocimiento de la propiedad intelectual como catalizador del progreso económico; de allí la propuesta de incorporar al proyecto de ley ómnibus la adhesión a UPOV 1991, a la vez que afirmó que duplicar las exportaciones implica un cambio en la matriz productiva, donde el sector privado desempeña un papel crucial.

Por su parte, el subsecretario de Fortalecimiento Productivo y Sustentable, Pedro Vigneau, señaló la importancia de “ofrecer a los productores la mejor tecnología genética disponible para aprovechar los recursos naturales del país”.

En la misma línea, presidente del Instituto Nacional de Semillas (INASE), Claudio Dunan, resaltó la importancia del organismo en el desarrollo de la bioeconomía y remarcó la necesidad de fortalecer su capacidad de fiscalización para proteger las inversiones en el desarrollo genético.

En cuanto al sector privado, el presidente de ASA, Nicolás Gear, expresó su apoyo a la iniciativa del gobierno de ingresar a la Argentina en UPOV 1991 destacando la importancia de la innovación y la sostenibilidad en el desarrollo agrícola y remarcó la necesidad de impulsar el crecimiento del sector y hacer especial hincapié en las virtudes del productor argentino.

Como parte de la comitiva de ASA estuvieron presentes también Juan Erdmann, Federico Garat, Horacio Oyhanarte (Bayer); Lisandro Galindez (Syngenta); Alejandro Fried (Gensus); Julián Echazarreta (ACA); Marcos Lorenzo (Don Mario); Ignacio Rosasco (Stine); Magdalena Sosa Belaustegui (BASF); Victoria Serigos (Corteva); Verónica Vallini (Limagrain); y Hugo Previgliano (RAGT).

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El vivero de la Reserva Vida Silvestre Urugua-í obtuvo el certificado de Área Productora de Semillas de Especies Nativas

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La Reserva Vida Silvestre Urugua-í, un área protegida privada en la que se protegen 3.243 hectáreas de selva, la cuenca media del arroyo Urugua-í y una muy rica biodiversidad, fue registrada como Área Productora de Semillas de Especies Nativas.

A través del Registro de Áreas Productoras de Semillas de Especies Nativas (APSEN) se pone en valor la conservación de las especies de árboles nativos de la selva. Implica el compromiso de proteger el área que contenga árboles semilleros destacados de la selva, se busca darle identidad y trazabilidad a las semillas, como también habilita a quien lo obtiene a cosechar y comercializar las semillas con certificación de origen e identidad.

En el “Vivero Nativo de Vida Silvestre Andrés Johnson” se producen plantines que luego son empleados en las iniciativas de restauración de la selva misionera que realiza la Fundación Vida Silvestre Argentina. Desde 2008 realiza trabajos de restauración ecológica a través de la reforestación de árboles nativos en los márgenes de arroyos, para mejorar la cantidad y calidad del agua para el consumo y la producción de familias misioneras y, a su vez, favorecer la recuperación de corredores ecológicos para la fauna. En el vivero se producen plantines de más de 40 especies de la selva misionera (algunas de ellas: Araucaria, Lapacho, Palo rosa, Loro Negro, Cañafístola, Incienso, entre otros). Sólo entre 2019 y 2022 salieron del vivero Andrés Jonhson más de 51.400 plantines. Junto a más de 150 familias rurales de los municipios de Comandante Andresito y San Pedro, logramos plantar más de 214.000 árboles y restaurar más de 475 hectáreas de selva misionera a lo largo de casi 15 años.

“En un contexto de cambio climático, la selva es una aliada para enfrentar de la mejor manera los cambios que ello implica, en pos del bienestar y la calidad de vida de las personas. Desde Fundación Vida Silvestre creamos en el 2009 el vivero de especies nativas con el objetivo de proveer de plantines a las iniciativas de restauración. El vivero posee el nombre de Andrés Johnson, en homenaje a sus aportes y compromiso en la conservación y conocimiento de la naturaleza” mencionó Karina Schiaffino, especialista en áreas protegidas terrestres de la Fundación Vida Silvestre Argentina. Además, agregó “contar con semillas con certificación formal de procedencia es un logro muy importante para los viveros de especies forestales nativas, que cada vez crecen más en Misiones. Actualmente existe una demanda de plantas nativas por parte de productores que comenzaron a incorporar sistemas agroforestales en sus chacras. Propietarios que realizan enriquecimiento de sus montes y recuperación de bosques protectores de arroyos y nacientes, permitiendo mitigar el efecto del cambio climático, enfrentando de la mejor manera a las sequías. La cosecha responsable y venta de semillas de especies de árboles, constituye entonces una oportunidad para los propietarios con monte nativo o reservas privadas”.

Sobre la Reserva de Vida Silvestre Urugua-í

Se creó en 1997 para conservar un importante tramo de la cuenca media del arroyo homónimo, sector que había quedado excluido en el diseño del Parque Provincial Urugua-í, y una porción del paisaje natural, estableciéndose como un modelo de reserva natural privada y fomentando actividades de investigación, formación de recursos humanos y extensión a la comunidad. Desde sus inicios, Fundación Vida Silvestre administra la reserva. Desde allí, se contribuye a la conservación de un paisaje muy importante para poblaciones de animales amenazados como el yaguareté, el tapir y la yacutinga, junto con otras áreas protegidas provinciales y privadas. Se protege un tramo clave del arroyo que es beneficioso para las personas ya que provee de agua para la población, cultivos, recreación y generación de energía. Como también, es un espacio para generar conocimientos y capacitar a personas para el estudio y la conservación de la Selva Misionera. Su compra y creación fue realizada en conjunto con la empresa Arauco Argentina S. A. y es gestionada por la Fundación Vida Silvestre Argentina.

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Biotecnología: Argentina y las herramientas para revertir la tendencia negativa agrícola

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La herramienta para revertir la tendencia negativa de la producción agrícola, se sumó al uso de la edición génica, una técnica que reemplaza la evolución natural, acelerando los procesos con mayor precisión.

Desde hace décadas, la producción agrícola en el país hace uso de la biotecnología moderna, lo que permitió introducir genes de otras especias. Argentina fue de los primeros países en adoptar este tipo de tecnología e incluso la ley de Semillas y Creaciones Fitogenéticas de 1973, convirtiéndose en la pionera de la región. Hoy el mercado se encuentra en tendencia negativa, con un crecimiento menor frente al de países como Brasil.

La biotecnología consiste en utilizar técnicas de ingeniería genética para mejorar los cultivos. Esa calidad puede tener diferentes consideraciones: que el cultivo no pierda rendimiento ante problemas climáticos, el generar una mayor tolerancia a los factores adversos como sequías e inundaciones, así como también a enfermedades o plagas. También aumentar la productividad en una misma superficie de hectáreas.

Argentina que se sumó tempranamente al uso de la edición génica, técnica que reemplaza la evolución natural, acelerando los procesos y con mayor precisión. Esto tiene impactos en costos y aspectos regulatorios a novel local e internacional.

David Hughes, expresidente de la Asociación Argentina de Trigo y tesorero de Barbechando, sostiene la necesidad de actualizar la normativa, puesto que lo que se legisló hace 50 años hoy no alcanza para regular un escenario en el que la tecnología ha cambiado drásticamente: “Es impresionante todo lo que está ocurriendo. El desarrollo va a pasos agigantados tanto para el mundo vegetal como animal. Pero, al no tener una normativa adecuada a los tiempos de hoy, el país está perdiendo por todos lados. Falta una normativa que regule y promueva este tipo de investigaciones”.

Alfredo Paseyro, director ejecutivo de la asociación de Semilleros Argentinos e integrante del Consejo Agroindustrial Argentino, sostiene “Hoy en términos de soja y tasa de mejora genética, sacando la sequía, Argentina podría tener entre U$S4000 y U$S5000 millones por año, solo sumando más rinde a la misma unidad productiva. Hoy estamos 300 kilos abajo del promedio de Brasil por hectárea y la proyección es que en 10 años vamos a estar en 600 kilos abajo”.

Por otro lado, debe considerarse que los años y el dinero invertido en investigación y desarrollo no den los resultados esperados, o que simplemente el mercado no los acepte. Nada de lo que se produce en Argentina es exclusivo para el mercado interno, por lo que hay que entender de qué producto se trata y hacia dónde será exportado.

El maní, por ejemplo, tiene por destino el mercado europeo, pero la utilización de biotecnología en este producto no está aceptada por el mercado, ni por los consumidores. En cuanto a la soja, se realizan gestiones para que no haya barreras en China, su principal destino. Pero, si el mercado no acepta o si no es acorde a las regulaciones, puede haber pérdidas para el productor.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ha hecho importantes desarrollos con escaso presupuesto, por ejemplo, nuevas variedades de algodón y arroz. Ese material genético llega al mercado y la mejora es notable para toda la cadena productiva. También el Conicet y las universidades nacionales pueden aportar lo suyo, tal como sucedió con el trigo HB4, desarrollado por la Universidad Nacional del Litoral junto a la empresa Bioceres y aprobado en 2020.

“Pero el reconocimiento es bajo y el sistema no se retroalimenta” dice Paysero. Quien plantea que para recuperar la competitividad “se necesita un salto de 30% en la producción de soja. Hoy no llegamos al 2%”.

Hughes, agrega que se debe promover y proteger a la actividad ligada a la biotecnología, “es una inversión a riesgo que tenemos que reconocer. Hay que cuidar y proteger y retribuir esa inversión. A las empresas no les pagan acorde a ese riesgo, entonces no hacen inversiones. Así el mundo crece y nosotros no”.

Cualquier cambio en estos procesos puede requerir mucho tiempo hasta aplicarse. Por eso, dice Paseyro, se debe trabajar en toda la cadena productiva. Para que el beneficio lleve a una retroalimentación de todo el sistema.

Fuente: El Economista.

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Se viene el Encuentro Regional de Semillas Nativas y criollas del Alto Uruguay

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El viernes 19 de mayo, la Escuela Rural F.J.C. N° 940 “Educación Para Las Primaveras” fue sede de la primera Reunión Organizativa del Encuentro Regional de Semillas Nativas y Criollas Zona Centro – Alto Uruguay, que se concretará el 29 de julio en El Soberbio.

“La semilla en tierra es vida, en manos campesinas libertad”, reza el slogan de quienes impulsan el evento, cuyo objetivo es fortalecer las redes y los vínculos entre quienes cuidan y multiplican las semillas nativas y criollas, revalorizando los saberes y la existencia de la agricultura familiar y pueblos originarios, y la bioidiversidad.

El Encuentro del sábado 29 de julio se iniciará a las 9:00 hs. en la Escuela Rural “Educación para las Primaveras”, con intercambio de semillas por la mañana.

Mientras que por la tarde, será el momento de los Talleres de Formación. Entre los que se están proponiendo, figuran los siguientes: “Semillas de Árboles Nativos”, a cargo de la Facultad Forestal UNaM; “Producción de yerba mate bajo monte”, a cargo del Instituto Multiversidad Popular; “Historia del Movimiento Semillero de Misiones”, a cargo de referentes históricos; “Método de conservación de semillas”; y “Agua: problemáticas, desafíos y propuestas”, a cargo del Equipo INTA y Área del Agro y la Producción de la Municipalidad de El Soberbio.

Habrá también un espacio de Feria para exposición y ventas, y al finalizar la jornada, números artísticos.

Un poco de historia:
En Misiones, la primera Feria de Semillas Nativas y Criollas tuvo lugar hace 25 años, en 1997, como respuesta a la aprobación del primer evento transgénico de la Argentina, la soja RR.

En la memoria de aquel intercambio semillero, la Pastoral Social, el Movimiento Agrario de Misiones (MAM) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) tuvieron una destacada tarea en la revalorización de las semillas en manos campesinas y el trabajo de la agricultura familiar. En aquélla oportunidad se compartieron más de 500 variedades de semillas.

El movimiento semillero se fortaleció y en la actualidad forman parte del mismo diversas organizaciones sociales, indígenas, de la agricultura familiar, educativas, gremiales, iglesias e instituciones del ámbito municipal, provincial y nacional.

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La agricultura familiar es clave para la conservación de los recursos genéticos

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En la región, el 57 % de la actividad agropecuaria está en manos de agricultores familiares que producen más de cien especies –entre exóticas y autóctonas–, tanto comestibles como medicinales. Un equipo de investigadores del INTA realizó un relevamiento sobre experiencias de conservación de recursos genéticos locales para mejorar la calidad y la productividad agropecuaria.

Los pequeños productores conservan gran parte del patrimonio genético de la humanidad y hoy son actores protagónicos en el esfuerzo por lograr un futuro sin hambre y cambio hacia sistemas agrícolas sostenibles. Según la FAO, en América Latina el 80 % de las explotaciones pertenecen a la agricultura familiar, convirtiéndose en la principal fuente de empleo agrícola y rural. Este sector es un eslabón clave para la conservación de recursos genéticos que mejoran la productividad y calidad de la producción. Por esto, un equipo de especialistas del INTA realizó un relevamiento sobre la conservación de recursos genéticos locales.

Raquel Alicia Defacio –investigadora y referente del Banco de Germoplasma del INTA– explicó que: “Los recursos genéticos para la alimentación y la agricultura son la materia prima de la que el mundo depende para mejorar la productividad y calidad de la producción agropecuaria. Es por ello que constituyen un aspecto central de la seguridad alimentaria, la nutrición y la adaptación al cambio climático. Conservar y utilizar la biodiversidad, significa garantizar opciones para responder a las demandas del futuro”.

La agricultura familiar no sólo produce la mayor parte de los alimentos para el consumo interno de los países de la región, sino que habitualmente desarrollan actividades agropecuarias diversificadas que les otorgan un papel fundamental a la hora de garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y la conservación de la biodiversidad.

Las variedades locales, seleccionadas y conservadas por las familias productoras del país, tienen la ventaja de su adaptación al ambiente, favorecen la restauración del suelo, tienen resistencia a ciertas plagas y enfermedades, así como características de sabor y aroma para la elaboración de comidas tradicionales.

“Frente a la pérdida de recursos genéticos, la Argentina inició a mediados del siglo pasado la conservación mediante bancos de germoplasma”, aclaró Defacio y explicó que en la actualidad, el INTA cuenta con una Red de Recursos Genéticos (RedGen) que abarca tanto Fitogenéticos, Zoogenéticos y Microbiológicos, a lo largo de todo el país y vincula a todas las actividades productivas de agricultura, ganadería y agroindustria.

Y agregó: “La misión de estos bancos es garantizar la gestión y conservación de los recursos genéticos ‘ex situ’, es decir fuera de su hábitat natural, a fin de preservar, valorizar y disponer de los mismos para la agricultura y la alimentación”.

En diciembre de 2017, el INTA junto con la Dirección de Asuntos Ambientales del Ministerio de Relaciones exteriores y Culto, el INASE y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca elaboró un proyecto -que fue financiado por la FAO- para establecer un sistema multilateral que facilitará el acceso con fines de utilización y conservación para la investigación, el mejoramiento y la capacitación y administra la distribución de beneficios derivados del uso de los Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación que se aplica a 64 cultivos.

El objetivo general es el de ayudar a los agricultores a mejorar la resiliencia de los cultivos frente al cambio climático y mejorar su situación de seguridad alimentaria, contribuyendo así a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, en particular a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Defacio explicó que “en este caso, el proyecto se orienta a los cultivos de maíz, papa y poroto, para la conservación y uso sostenible de los recursos fitogenéticos locales que contribuyen a la seguridad alimentaria de los pequeños agricultores en la Argentina”.

Relevamiento en la Región Patagónica

Con el acompañamiento del INTA se realizó un relevamiento sobre experiencias actuales de conservación y uso de recursos genéticos alimentarios por parte de las comunidades de la región patagónica a través de las Plataformas de Innovación Territorial (PIT). Estos son espacios de participación de instituciones y organizaciones locales en el territorio, en dónde se coordinan y articulan acciones de desarrollo entre los diferentes niveles de gestión (nacionales, provinciales y municipales).

Marcelo Perez Centeno –investigador del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar de la Región Patagonia– señaló que “en la Patagonia argentina la agricultura familiar representa el 57 % de los productores agrícolas que disponen del 13 % de la superficie cultivada. Ellos participan principalmente en la producción frutícola (50 %), hortícola (77 %) y forrajera (57 %). En la actividad ganadera, el 82 % de las unidades de producción son familiares, con el 21 % de las existencias ovinas, el 33 % de las bovinas y el 91 % de las caprinas”.

En la región se producen más de cien especies por comunidad, en su mayoría exóticas, si bien se cultivan o utilizan diferentes especies autóctonas, tanto comestibles como medicinales. La agricultura familiar aporta de esta manera a la adaptación al cambio climático a través de sus conocimientos para manejar los riesgos, conservando la agrobiodiversidad “in situ”, es decir en el lugar donde se desarrolla, así como las técnicas de bajo consumo de insumos que aportan a la mitigación de los gases de efecto invernadero.

En el relevamiento se refirieron a 14 especies vinculadas a procesos de conservación (3 de ellas autóctonas), 2 de origen animal, 11 de origen vegetal y a un microorganismo. Se destacan el maíz, tomate, poroto y con menor frecuencia zapallo, papa y quinua.

Perez Centeno indicó que: “Un 56 % de las comunidades sistematizaron la información, en general vinculada a la caracterización agronómica del recurso (fenología, productividad, fechas de siembra, duración del ciclo) en algunos casos aplicando descriptores técnicos y otros específicos definidos con las comunidades”.

El relevamiento permitió conocer las experiencias existentes de producción y conservación de recursos genéticos locales vinculados a la alimentación, que cuentan con algún nivel de participación y/o acompañamiento institucional del INTA. La mayor parte de estos recursos se encuentran concentrados en Neuquén y Río Negro.

“La vinculación de las actividades de producción y conservación de los recursos locales en los campos de productores, con los Bancos de Germoplasma es un desafío pendiente para el sostenimiento de la biodiversidad, ya que de esta manera se articulan los procesos de selección considerando los aspectos culturales, sociales, económicos de quienes lo conservan con la capacidad de resguardo que ofrecen los Bancos” afirmóPerez Centeno.

 El relevamiento señala el camino que aún resta recorrer, tanto en el trabajo con las comunidades locales, en la investigación agronómica, social, cultural articulado entre las comunidades locales, las instituciones presentes en el territorio y los bancos de germoplasma, concluyó el investigador del IPAF Patagonia, y agregó: “Es fundamental que las instituciones y los proyectos sistematicen su experiencia para generar recomendaciones de políticas públicas. Ello permitirá socializar la información, orientar y guiar a otros en la marcha o en futuras intervenciones”.

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