En el marco de una nueva edición de Jonagro, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, marcó la hoja de ruta del Gobierno Nacional para el sector agropecuario. Con una definición tajante, el funcionario aseguró que avanzar hacia una nueva Ley de Semillas es una de las reformas estructurales e indispensables para impulsar la producción argentina.
Tras las palabras de apertura de Carlos Castagnani, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Sturzenegger repasó las medidas de desregulación de la administración de Javier Milei.
Pero centró su discurso en un tema histórico para el campo: el marco legal de la biotecnología. Uno de los anuncios más disruptivos de su exposición fue la transformación del Instituto Nacional de Semillas (INASE). Según explicó el ministro, el plan oficial consiste en retirar al organismo de la fiscalización directa.
“Lo que estamos haciendo con el Inase es transferir la potestad de la fiscalización al sector privado; el Inase va a quedar como un tribunal de alzada cuando hay conflicto”, detalló. Bajo este nuevo esquema, el organismo funcionaría únicamente como una instancia de apelación o “tribunal” ante controversias, dejando el control en manos de los privados.
Sturzenegger planteó que el Gobierno tiene una “mirada distinta” sobre un debate que lleva décadas dividiendo al sector. Para el ministro, proteger la propiedad intelectual no es un beneficio para las empresas, sino para el agricultor: “El derecho a la propiedad de la semilla es defender al productor, para que tenga la posibilidad de acceder a la mejor genética”.
Para ilustrar su punto, comparó la situación de Argentina con el mercado internacional, citando el caso del algodón en Brasil. El funcionario advirtió que mientras otros países avanzaron respetando patentes, la productividad argentina se estancó.
“La Argentina podría incluso duplicar la producción de algodón si lograra incorporar genética de mayor potencial. No tener derecho de propiedad nos ha afectado fundamentalmente la productividad”, sentenció.
Con la participación de 204 productores y representantes de organizaciones de agricultores, técnicos e instituciones de investigación de Argentina, Brasil, Bolivia y Colombia, finalizó en Puerto Iguazú el taller internacional del proyecto Raíces, un espacio orientado a la conservación, el rescate y el Mejoramiento Genético Participativo descentralizado de semillas criollas y nativas.
El encuentro reunió experiencias territoriales diversas, con presencia de agricultores y técnicos de Misiones y Jujuy, junto a delegaciones de Brasil y Bolivia, y la participación de Colombia como país invitado interesado en proyectar estas iniciativas en sus propios territorios. En total, participaron más de 25 organizaciones de agricultores y pueblos originarios de los tres países y otros productores guardianes de semilla que integran el proyecto, así como referentes de 10 instituciones académicas de Misiones.
El taller contó además con la participación de instituciones nacionales de investigación agropecuaria, técnicas de referencia en la región, como la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA) por Brasil, el Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF) por Bolivia, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) por Argentina y la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (AGROSAVIA) por Colombia, consolidando un espacio de articulación entre ciencia, territorio y agricultores.
El proyecto Raíces es financiado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a partir de fondos suplementarios de la Unión Europea, ejecutado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), y tiene como meta trabajar con 1.200 familias agricultoras en Argentina, de las cuales 600 corresponden a Misiones y 600 a Jujuy.
Intercambio regional con foco en los agricultores
Durante las jornadas desarrolladas en Iguazú, el foco estuvo puesto en compartir y profundizar estrategias de conservación, producción, circulación y uso de variedades de semillas adaptadas a distintos contextos ambientales.
Las actividades incluyeron exposiciones técnicas y capacitaciones a cargo de especialistas regionales, entre ellos el investigador de EMBRAPA, Altair Machado, referente en Mejoramiento Genético Participativo descentralizado, quien abordó metodologías para el desarrollo de variedades adaptadas a condiciones locales a partir de la agrobiodiversidad local.
Asimismo, se generaron espacios de intercambio entre organizaciones de los distintos países, donde se compartieron experiencias vinculadas a la conservación de semillas, su distribución y, en algunos casos, su comercialización, así como los desafíos que plantea la normativa vigente para su registro y circulación.
En este marco, la investigadora de INTA Cerro Azul y responsable del proyecto en Argentina, Silvina Fariza, destacó que “el enfoque es acompañar a los agricultores en sus chacras, usando sus semillas y respondiendo a sus necesidades, para que puedan mejorar, conservar y comercializar semillas criollas bajo la normativa vigente”.
En ese sentido, agregó que “el aporte concreto es brindar herramientas, conocimientos y equipamiento para que los productores mejoren la calidad y el resguardo de sus semillas, reconociendo que ellos son los principales mejoradores”.
Desde Colombia, la productora y guardiana de semillas María Belma Echavarría destacó el valor de resignificar el mejoramiento desde la práctica: “Para nosotros es algo nuevo hablar de mejoramiento, porque nos hicieron creer que eso se hace en laboratorio y por científicos. Sin embargo, vemos que lo que nuestros antepasados hicieron desde hace miles de años también es mejoramiento”.
El territorio como espacio de aprendizaje
Uno de los momentos centrales del encuentro se desarrolló el miércoles 29 de abril en el paraje Santa Cruz del Monte, donde todos los participantes del taller, junto a la comunidad local, formaron parte de una jornada de trabajo en territorio.
En este espacio se recorrió el primer corredor de la agrobiodiversidad demostrativo implementado en Argentina en el marco del proyecto Raíces, conformado por 12 familias agricultoras. Allí se desarrollan sistemas productivos diversificados, en los que el cultivo de maíz se realiza en consorcio con girasol, crotalaria juncea, poroto sable y maní, promoviendo la agrobiodiversidad, la fertilidad del suelo y el manejo integral de plagas para la sustentabilidad del sistema agrícola.
Durante la jornada se llevó adelante de manera colectiva la cosecha de espigas de maíz previamente seleccionadas, en el marco del proceso de Mejoramiento Genético Participativo. Bajo la dirección técnica del investigador de EMBRAPA, Altair Machado, se realizó la selección, en base a criterios específicos, de los materiales genéticos más adecuados para su conservación y reproducción.
En esta instancia se trabajó sobre una variedad criolla conocida como “100 días”, que se cultiva desde hace más de 40 años en la zona por el productor y referente comunitario Valdir de Paula. Se trata de un material que presenta buen rendimiento, alta adaptación a condiciones climáticas variables —como sequías y tormentas— y una destacada resistencia a plagas y enfermedades.
En relación con este proceso, Valdir destacó el carácter intergeneracional y colectivo del trabajo con semillas: “Desde niño aprendí la selección de semillas y hoy veo a jóvenes interesados en continuar. En este corredor, lo importante es sumar otras semillas y trabajar juntos para seguir aprendiendo”.
La jornada también incluyó espacios de intercambio de conocimientos entre los participantes de los distintos países, donde se pudieron discutir en territorio muchos de los conceptos trabajados durante los días previos del taller.
Desde Brasil (Bahía), la productora y guardiana de semillas Cintia Reis, destacó que “este proceso necesita cada vez más la participación de mujeres y jóvenes. La idea de los corredores es algo muy importante para avanzar en nuestros territorios con las semillas y fortalecer la soberanía alimentaria”.
Desde Bolivia (Beni), Esmeralda Copareare, productora y guardiana de semillas, resaltó los aprendizajes técnicos generados en el intercambio: “Hay muchas diferencias con lo que tenemos en Beni, pero con este proyecto hemos aprendido mucho sobre estas técnicas. Me llamó especialmente la atención cómo marcan las mejores mazorcas en el campo”.
Además, se destacó el rol de las Casas de Semillas —existen más de 20 en Misiones—como espacios comunitarios destinado a la conservación, clasificación e intercambio de variedades locales, poniendo en valor el trabajo organizativo y técnico que llevan adelante los agricultores para resguardar este patrimonio.
El encuentro tuvo también un momento cultural, con la participación del coro de niños de la escuela del paraje, que aportó una dimensión comunitaria y simbólica a la jornada.
Desarrollo rural, inclusión y resiliencia
Desde el enfoque institucional, la oficial técnica del FIDA y responsable del proyecto Raíces, Doina Popusoi, subrayó que “estamos trabajando en el desarrollo rural y, a través de los proyectos, buscamos construir en el ámbito rural la autonomía del productor”.
En esa línea, explicó que “el enfoque es construir sistemas alimentarios fortalecidos y resilientes, que permitan avanzar en la sustentabilidad y enfrentar los desafíos climáticos”, al tiempo que remarcó que “también se busca promover la nutrición y inclusión social, especialmente de mujeres, jóvenes y pueblos originarios y tradicionales en los sistemas alimentarios, tanto en la producción como en la comercialización”.
Por su parte, Caio Lourenço, supervisor de proyectos del IICA Brasil, puso en valor el carácter colaborativo del proyecto: “Trabajamos junto a técnicos y productores, articulando el conocimiento científico con las prácticas locales. Estos espacios permiten intercambiar aprendizajes, generar resultados relevantes y difundirlos a nivel regional”.
Asimismo, destacó que el mejoramiento participativo impulsa procesos de innovación desde los territorios, fortaleciendo la resiliencia frente al clima y las plagas.
Saberes ancestrales y cierre del encuentro
El jueves, como parte de las actividades finales, el grupo visitó una aldea guaraní en la zona de Puerto Iguazú, donde se generaron espacios de intercambio en torno a los saberes tradicionales vinculados al uso, conservación y diversidad de semillas.
Estas instancias permitieron integrar una mirada cultural al abordaje técnico del taller, reconociendo el rol histórico de las comunidades en la preservación de la agrobiodiversidad agrícola.
De esta manera, el encuentro llegó a su cierre consolidando un espacio de cooperación regional y dejando como resultado el fortalecimiento de redes entre organizaciones, instituciones y países, en un proceso que marca un hito en el rescate, conservación y proyección de las semillas criollas y nativas en la región.
Misiones se prepara para ser escenario de un importante encuentro internacional vinculado a la conservación de semillas y la agrobiodiversidad. Del 27 al 30 de abril, la provincia reunirá a técnicos, investigadores y agricultores de Argentina, Brasil y Bolivia, en el marco del proyecto trinacional Raíces (GP-SAEP), e incluirá la participación de representantes de Colombia.
Las actividades se desarrollarán en Puerto Iguazú y en el paraje Santa Cruz del Monte, combinando instancias de formación e intercambio con trabajo en territorio. El objetivo es avanzar en estrategias de mejoramiento participativo de cultivos, integrando conocimientos científicos con saberes locales y poniendo en valor la diversidad genética presente en la región.
Un proyecto con impacto regional
El taller se enmarca en el subproyecto “Mejoramiento participativo de los recursos genéticos y sistemas de semillas para la agricultura regenerativa – Raíces (GP-SAEP)”, ejecutado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), con financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) a través de fondos suplementarios de la Unión Europea, e implementado en Argentina por el INTA junto a la Fundación ArgenINTA.
La iniciativa se desarrolla en simultáneo en Argentina, Brasil y Bolivia y apunta a fortalecer los sistemas productivos de más de 5.000 pequeños productores y productoras, además de “desarrollar variedades de semillas que puedan adaptarse mejor a contextos climáticos adversos, fortaleciendo así la capacidad de respuesta de los pequeños productores”, señala Doina Popușoi, oficial técnica del FIDA para el proyecto Raíces y GP-SAEP para América Latina.
Misiones, territorio estratégico para la diversidad genética
La elección de Misiones como sede responde a su importancia en términos de agrobiodiversidad. La provincia alberga una gran diversidad de especies cultivadas —nativas e introducidas— y una fuerte presencia de productores familiares y comunidades que conservan semillas y saberes tradicionales.
Sin embargo, esta diversidad enfrenta procesos de erosión genética asociados a la fragmentación de los ecosistemas, el cambio climático y prácticas productivas inadecuadas, lo que plantea la necesidad de fortalecer estrategias de conservación y mejoramiento adaptadas al territorio.
En este sentido, la Lic. Silvina Fariza, investigadora del INTA Cerro Azul y coordinadora del proyecto en Misiones, señaló que “si bien la región cuenta con una vasta trayectoria en el manejo y conservación de semillas, el desafío actual es profundizar los procesos de mejoramiento genético para potenciar la resiliencia, el rendimiento y la adaptación climática de los cultivos”.
Una nueva forma de pensar el mejoramiento genético
Uno de los ejes centrales del taller será el Mejoramiento Genético Participativo (MGP), una metodología que propone integrar el conocimiento científico con los saberes de los agricultores.
A diferencia del enfoque convencional, que se desarrolla en condiciones controladas, el MGP se construye en los territorios de manera descentralizada, en ambientes reales y diversos, donde los cultivos interactúan con múltiples factores ambientales, culturales y productivos.
En este marco, el investigador brasileño Altair Toledo Machado, referente de la Empresa Brasileña de la Investigación Agropecuaria (EMBRAPA), sostiene que “el mejoramiento genético no nació en los laboratorios, sino en las chacras, construido durante miles de años por los agricultores”, destacando el rol central de las comunidades en estos procesos.
Este enfoque redefine los roles: los técnicos pasan a facilitar procesos, mientras que los productores asumen un papel protagónico en la selección, evaluación y validación de las variedades, generando materiales mejor adaptados a sus condiciones locales.
Capacitación, intercambio y trabajo en territorio
El programa del taller combina instancias teóricas con actividades prácticas en campo, promoviendo el intercambio de conocimientos entre los tres países socios del proyecto e incorporando la participación de representantes de Colombia como país invitado.
Durante las jornadas se desarrollarán espacios de formación en diagnóstico participativo de la agrobiodiversidad, mejoramiento genético participativo y diseño de corredores de agrobiodiversidad, además de mesas de intercambio entre organizaciones de base social.
Uno de los momentos centrales será la jornada de trabajo en territorio, donde los participantes realizarán prácticas de selección y cosecha de cultivos, así como la evaluación de materiales genéticos en campo.
También se prevén visitas a comunidades rurales e indígenas, con instancias de capacitación e intercambio sobre conservación, manejo y multiplicación de semillas.
En relación a este proceso, Fariza destacó que “el objetivo es fortalecer capacidades técnicas, metodológicas y organizativas tanto de profesionales como de agricultores, promoviendo estrategias de mejoramiento participativo que favorezcan la autonomía productiva y el desarrollo de variedades adaptadas a cada territorio”.
Más que un taller: construcción de una estrategia regional
Más allá de la instancia de capacitación, desde el proyecto destacan el valor del encuentro como espacio de construcción colectiva. “Nuestra visión trasciende lo técnico: buscamos fortalecer la identidad de los pequeños agricultores y guardianes de semillas, y que este intercambio se transforme en una hoja de ruta común para la región”, expresó Fariza.
En ese sentido, Fariza remarcó que el objetivo es que “la articulación con el Estado provincial y las redes internacionales deje capacidades instaladas en el territorio, que se traduzcan en mejoras concretas en la producción y en la calidad de vida de las familias, garantizando su permanencia en la chacra”.
Por su parte, desde la Unidad de Gestión del Proyecto (UGP/IICA Brasil), el coordinador general Alex Pimentel destacó que “el fortalecimiento de los sistemas de semillas no es solo una acción técnica, sino un proceso estratégico de articulación entre territorios, donde la agrobiodiversidad se convierte en base para la resiliencia productiva y la soberanía alimentaria”.
En la misma línea, Doina Popușoi señaló que la iniciativa busca “articular el trabajo con las agencias nacionales de investigación agropecuaria de los tres países, aprovechando sus experiencias para fortalecer el intercambio de conocimientos a nivel Sur-Sur, con potencial de ampliación a escala regional, como en esta instancia del taller, en la que por primera vez participarán socios nacionales de Colombia”.
En un mundo marcado por la homogeneización de los cultivos y la pérdida de variabilidad genética, el proyecto trinacional Raíces busca poner el foco en el rescate y fortalecimiento de semillas ancestrales como base de la soberanía alimentaria y la resiliencia productiva. Lanzado en noviembre y diciembre de 2025 en la Argentina, el proyecto es financiado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) con aportes de la Unión Europea, ejecutado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y cuenta con liderazgo técnico trinacional de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa).
En la Argentina, el INTA coordina la implementación técnica en las provincias de Jujuy y Misiones, a través de su unidad de vinculación tecnológica y de la Fundación Argeninta, con el objetivo de alcanzar a 1.200 productores, priorizando la participación de mujeres, jóvenes y comunidades indígenas. “El corazón del proyecto es la recuperación y el fortalecimiento de semillas criollas y nativas que han sido seleccionadas y adaptadas durante generaciones a condiciones ambientales específicas”, destacó Luz Lardone, directora nacional de Transferencia y Extensión del INTA, y agregó: “Estas variedades no solo representan diversidad genética —clave frente a la variabilidad climática y nuevas presiones sanitarias—, sino también identidad cultural y conocimiento tradicional”.
Mediante el Mejoramiento Genético Participativo y el Fitomejoramiento Evolutivo, productores y técnicos trabajan en forma conjunta para seleccionar y multiplicar materiales adaptados a cada territorio. El enfoque descentralizado permite que la mejora ocurra en el propio campo, respetando las dinámicas locales y fortaleciendo la autonomía de los agricultores.
“El proyecto permite planificar y decidir junto a los agricultores qué es lo más adecuado para cada sistema productivo, buscando variedades resilientes y alimentos más saludables”, señaló Doina Popusoi, oficial técnica del FIDA para Raíces y GP-SAEP para América Latina.
En la etapa inicial, más de 150 productores participaron en Jujuy —el 95 % perteneciente o descendiente de pueblos indígenas, principalmente de la Gran Nación Colla— mientras que en Misiones se involucraron unas 125 familias, con una fuerte presencia de la comunidad Mbya Guaraní.
Además, se establecieron corredores de agrobiodiversidad para ampliar y conectar áreas de conservación y multiplicación de semillas, integrando cultivos como maíz, girasol, maní, poroto y arroz.
Casas de semillas y guardianes de agrobiodiversidad
En Misiones, una de las provincias con mayor riqueza en agrobiodiversidad del país, el proyecto fortalece las denominadas “casas de semillas”, espacios donde se resguardan, clasifican e intercambian variedades locales.
La provincia cuenta con una larga tradición de ferias y movimientos semilleros. Las semillas criollas —de maíz, poroto, batata, zapallo y sandía, entre otras— constituyen la base de sistemas productivos diversificados y de bajo uso de insumos externos.
Productoras como Beatriz Zemunich, guardiana de semillas del Movimiento Semillero de Misiones, destacó que cada variedad conservada es también un conocimiento transmitido. En estos sistemas, la diversidad genética no es un concepto abstracto, sino una estrategia concreta para sostener la producción y la alimentación familiar.
El proyecto también impulsa la elaboración de bioinsumos y prácticas de agricultura regenerativa, reforzando un circuito donde las propias comunidades conservan, producen y reproducen sus semillas.
Diversidad ambiental y rescate de variedades andinas
En Jujuy, el trabajo se despliega en territorios que abarcan desde la Puna hasta los valles templados. Allí, el rescate de papas andinas, maíces locales, quinua, habas y porotos forma parte de una estrategia que busca evitar el desplazamiento de variedades tradicionales por materiales comerciales uniformes.
La Estación Experimental INTA Abra Pampa coordina las acciones en una región que presenta una marcada diversidad ambiental. En localidades como Casti, el proyecto acompaña emprendimientos liderados por mujeres que procesan papas andinas, combinando conservación genética con agregado de valor.
La diversidad genética actúa como un seguro biológico frente a eventos climáticos extremos, plagas o enfermedades. Cuanto mayor es la variabilidad dentro de un cultivo, mayores son las probabilidades de adaptación y supervivencia.
En ese sentido, Raíces no solo promueve la conservación ex situ —en bancos o casas de semillas—, sino también la conservación en campo, donde las variedades continúan evolucionando y adaptándose.
El Poder Ejecutivo nacional dispuso una profunda reestructuración de organismos públicos mediante el Decreto 585/2025, publicado este lunes 18 de agosto en el Boletín Oficial. La norma modifica objetivos, suprime unidades y transforma entidades como el INTA, el INPI y la ex CNRT, en línea con la política de reducción del gasto y optimización estatal. Entre los cambios más relevantes, se disuelve la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) y se reasignan sus funciones, mientras que el Instituto Nacional de Semillas (INASE) y el Instituto Nacional de la Agricultura Familiar (INAFCI) quedan formalmente extinguidos. La medida, firmada por el presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo, apunta a “adecuar la administración pública a las prioridades del actual gobierno”, según consta en los considerandos.
El Poder Ejecutivo publicó el Decreto 585/2025, mediante el cual formalizó la actualización de las competencias de la Secretaría de Industria y Comercio y de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, ambas bajo la órbita del Ministerio de Economía. La medida, vigente desde el 18 de agosto de 2025 (Boletín Oficial Nº 58557/25), fija un marco de acción más preciso para el diseño de políticas productivas, comerciales y agropecuarias, y establece los alcances de cada área en coordinación con el resto de la administración nacional.
La norma se enmarca en el proceso de reorganización del Estado impulsado por el Gobierno nacional y busca otorgar mayor claridad en las atribuciones para “potenciar la competitividad, transparentar los mercados e impulsar las economías regionales”.
Un ajuste estructural en marcha
El decreto se enmarca en la ola de reformas impulsadas desde el Ministerio de Economía para reducir la cantidad de organismos públicos, tal como adelantó el Gobierno en su plan de desregulación. Los cambios responden a:
Disposiciones previas: Deroga normas como el Decreto 50/2019 (estructura ministerial de Mauricio Macri) y decisiones administrativas de la gestión anterior (ej. DA 832/2019, que regulaba la CNRT).
Medidas cautelares: Excepciona a la Dirección Nacional de Vialidad (DNV) y al INTI por fallos judiciales que frenaron su disolución (Causa 28.376/2025 y 33.589/2025).
Base legal: Se fundamenta en la Ley de Ministerios 22.520 y en las facultades del artículo 99 de la Constitución.
Claves del ajuste:
Se eliminan 16 objetivos específicos de secretarías y subsecretarías, incluyendo metas vinculadas a parques industriales y economía regional.
Los recursos de organismos disueltos (como el INASE) se transfieren a las secretarías de Agricultura y Transporte.
Cambios sustanciales por sector
1. Transporte: nueva Agencia de Investigación de Accidentes Aéreos
La ex Junta de Seguridad en el Transporte se transforma en la Agencia de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación, con una estructura simplificada (Anexos XIII a XVI).
Funciones clave: Investigación técnica independiente de siniestros, emisión de recomendaciones de seguridad y coordinación con la OACI.
Impacto: Centraliza competencias dispersas y reduce costos operativos.
2. Agricultura: fin del INASE y reconversión del INTA
El INASE se disuelve y sus direcciones de Registro de Variedades y Fiscalización pasan a la Secretaría de Agricultura.
El INTA pierde 50 unidades (Anexo 24), desde coordinaciones de ética hasta departamentos regionales, y se redefine como organismo desconcentrado.
Razón oficial: Evitar “superposición de funciones” y “optimizar recursos”.
3. Propiedad Industrial: el INPI pierde autonomía
El Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) deja de ser organismo descentralizado y queda bajo la órbita de la Secretaría de Industria.
Se suprimen 19 unidades (Anexo 21), incluyendo áreas de compras y contabilidad.
Competencias de la Secretaría de Industria y Comercio
El decreto establece que esta secretaría tendrá un rol clave en la formulación y ejecución de la política industrial y comercial, incluyendo:
Aplicación de las leyes de Defensa del Consumidor (24.240), Tarjetas de Crédito (25.065), Lealtad Comercial (Decreto 274/19) y Sistema Único Normalizado de Talles (27.521).
Supervisión de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia hasta que entre en funciones la Autoridad Nacional de la Competencia (Ley 27.442).
Implementación de políticas de comercio exterior, administración de regímenes especiales como el VUCEA (Ventanilla Única de Comercio Exterior Argentino) y supervisión de la Comisión Nacional de Comercio Exterior.
Ejercicio como autoridad de aplicación de programas estratégicos: Compre Argentino y Desarrollo de Proveedores (Ley 27.437), Régimen de Desarrollo y Fortalecimiento del Autopartismo (27.263) y Régimen de Promoción de Inversiones en la Industria Automotriz (27.686), entre otros.
Seguimiento de regímenes fiscales diferenciales, como el de Tierra del Fuego (Ley 19.640), y control de incentivos para bienes de capital, autopartismo e importaciones industriales.
En términos productivos, la secretaría deberá impulsar la competitividad industrial, promover la innovación tecnológica, coordinar con provincias y municipios y participar en negociaciones internacionales vinculadas al comercio y la industria.
Competencias de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca
En paralelo, el decreto redefine las funciones de la Secretaría de Agricultura, con un enfoque en la sostenibilidad, la competitividad y la articulación federal. Entre los puntos destacados:
Diseño de políticas de producción, calidad, tecnología y sanidad agroalimentaria, en coordinación con provincias y economías regionales.
Supervisión de organismos clave: SENASA, INIDEP y Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM).
Ejecución de políticas vinculadas a la bioindustria, biotecnología y bioenergía, con impacto en las economías regionales.
Coordinación de estrategias para la exportación agroalimentaria, incluyendo la definición de valores FOB mínimos, certificaciones de origen y calidad, y representación en controversias internacionales.
Implementación de medidas de sostenibilidad ambiental en agroecosistemas, promoción del agregado de valor y diferenciación de productos.
Desarrollo de políticas de cobertura ante riesgos climáticos, en línea con la Ley 26.509 sobre emergencias agropecuarias.
La secretaría también tendrá a su cargo la creación de un sistema integral de información y estadísticas agropecuarias, con el fin de mejorar la toma de decisiones y la transparencia en el sector.
El decreto no solo reorganiza funciones administrativas: busca alinear la política productiva con el programa económico del Gobierno de Javier Milei, que combina apertura comercial con exigencias de competitividad interna. La delimitación de competencias entre ambas secretarías implica una mayor precisión en el control de mercados estratégicos —como el alimentario e industrial— y en la administración de regímenes de promoción que implican beneficios fiscales de gran magnitud.
El impacto se sentirá en sectores industriales con regímenes especiales (automotriz, autopartista, bienes de capital, Tierra del Fuego) y en cadenas agroexportadoras clave (soja, carne, pesca, yerba mate, foresto-industria), donde el Estado buscará un rol más coordinado en materia regulatoria y de promoción.
En lo político, el rediseño se inscribe en la estrategia de Milei de achicar y eficientizar el Estado, al tiempo que mantiene las herramientas de política industrial y agropecuaria necesarias para sostener la competitividad en el marco de una economía más abierta.
El desafío será doble:
Para la industria, sostener el esquema de incentivos y regímenes especiales en un contexto de apertura comercial y reducción de costos internos.
Para el agro, garantizar sanidad, trazabilidad y sostenibilidad ambiental sin perder competitividad internacional, especialmente ante exigencias crecientes en mercados europeos y asiáticos.
En septiembre, el Gobierno prevé presentar un plan de fortalecimiento productivo con foco en las economías regionales y en la integración de cadenas de valor industrial y agroexportadora.