SEQUIA

Degradación de las cuencas y eventos hidrológicos extremos en Misiones

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El cambio climático se expresará en Misiones con eventos hidrológicos extremos que ya conocemos -las lluvias intensas, las sequías, las olas de calor- pues forman parte de la variabilidad climática propia de la región. Lo que nos advierten desde los estudios específicos realizados por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC), es que tales fenómenos se presentarán con mayor frecuencia y serán de mayor intensidad.

Las interrelaciones entre los componentes ecosistémicos de las cuencas, principalmente la cobertura vegetal y los suelos, son fundamentales en la regulación del flujo de agua aportado por las precipitaciones. Tal regulación resulta clave para amortiguar el impacto de las lluvias intensas sobre los suelos y para posibilitar una lenta infiltración del agua, y así, su retención como humedad del suelo y acumulación en los acuíferos, contribuyendo entonces tanto a mitigar los picos de las crecientes como también las consecuencias de la escasez de lluvias.

En Misiones, el componente geológico de coladas de basaltos, por lo general, determina un “piso impermeable” para el acuífero libre o freático a escasa profundidad, lo cual facilita el escurrimiento del agua subterránea hacia los arroyos y, así, su rápida salida hacia los ríos principales de la región. La densa red hidrográfica de Misiones, puede interpretarse como que debido a la reducida capacidad de almacenamiento/retención que posee el territorio, los excesos hídricos se canalizan superficialmente.

La degradación antrópica de las cuencas, mediante la alteración o sustitución de la cobertura vegetal natural, sea esta de selvas o de pastizales, altera sus funciones de regulación e incrementar dicha vulnerabilidad territorial, al favorecer una menor infiltración, un mayor escurrimiento superficial, un menor almacenamiento en el suelo y en los acuíferos: un mayor impacto de los eventos extremos.

En los últimos años hemos asistido a un muy prolongado período de insuficiencia de precipitaciones y, actualmente, se están registrando lluvias muy intensas que superan todos los registros históricos[1], dado lo cual, debieran estar frescos en nuestra memoria   los efectos negativos para las personas, para sus bienes, para la producción, para la salud, para el bienestar en general, asociados a dichos eventos extremos.

Algunos impactos negativos de las lluvias intensas

  • Erosión de los suelos: las gotas de lluvia impactan con fuerza rompiendo los agregados del suelo, convirtiéndolos en partículas más pequeñas que obturan los espacios vacíos, y así reducen la capacidad de infiltración; los suelos se saturan más rápidamente con lo que se incrementa el escurrimiento superficial, y con ello la remoción y el transporte de las partículas según la dirección de las pendientes. En Misiones, dadas las elevadas pendientes que caracterizan prácticamente a casi todo el territorio, se trata de un riesgo elevado. Según INTA, una parte importante del centro y noreste de la provincia se encuentra en la región que presenta el factor de erosividad de las lluvias más alto de la Argentina[2].
  • Deterioro de la calidad del agua: las lluvias intensas incrementan el transporte de sedimentos y partículas hacia los cursos de agua, incluyendo elementos químicos asociados a los agrotóxicos y residuos contaminantes en general, tanto en las áreas rurales como urbanas. En el mejor de los casos ello implica mayores costos de potabilización de las aguas para consumo humano, pero también mayores riesgos para la salud ante la presencia de sustancias químicas tóxicas que no son eliminadas durante dichos procesos; también para los usos recreativos de los arroyos.
  • Daños a los cultivos: el tamaño de las gotas y la energía con que caen durante precipitaciones de gran intensidad producen importantes daños, particularmente en la producción hortícola, al follaje de muchos cultivos, con la caída de frutos, mediante pérdidas por anegamiento, y erosión de los suelos.
  • Riesgo de inundaciones y torrencialidad de los arroyos. Las lluvias intensas, por lo general, y dependiendo del estado hidrológico de las cuencas, son generadoras de rápidos aumentos de los niveles y caudales de los arroyos; ello, debido a que la intensidad de las precipitaciones supera la capacidad de infiltración del agua en el suelo que entonces escurre hacia los cauces. Las pendientes pronunciadas que caracterizan al territorio de Misiones, hacen que dicho escurrimiento adquiera características torrenciales incrementando su capacidad de causar daños aguas abajo, en las márgenes de los arroyos y a la infraestructura que se interponga al escurrimiento (viviendas, alcantarillas, pasarelas, pilares de puentes, tomas de agua, etc.)

En las áreas urbanas, dada la predominancia de superficies impermeables -que se incrementa permanentemente- (pavimentos, empedrados, caminos de tierra compactada, veredas, senderos, playones, techos, etc.), los efectos de estos eventos se magnifican rápidamente. Las intensas lluvias registradas en Posadas a mediados del mes de noviembre del corriente año, han puesto en evidencia  intensidades muy importantes, que claramente superaron la capacidad del alcantarillado público para evacuar los enormes volúmenes de agua precipitados y el escurrimiento agravado por una creciente impermeabilización de las cuencas; se han registrado imágenes de calles convertidas en verdaderos torrentes arrastrando vehículos y contenedores de residuos, inundando viviendas, y haciendo muy peligroso el solo transitar por las veredas.

La gestión de las cuencas como estrategia de mitigación

En junio de 2022 y luego de muchos años de haberse presentado el primer proyecto de ley en la HCR, se sancionó la Ley XVI N° 150 “Sistema de gestión integrada de cuencas hidrográficas” con cuya ejecución se espera que comiencen a aplicarse planes que contengan las medidas necesarias para avanzar en un imprescindible proceso de mitigación de los efectos negativos de las actividades antrópicas sobre la disponibilidad y calidad de las aguas y del ambiente en general de las cuencas. Tales planes también deberían incorporar objetivos y medidas de protección de las cuencas frente a los eventos climáticos extremos.

Al respecto, consideramos necesario:

  • Aplicar un enfoque de gestión ambiental a la gestión de las cuencas hidrográficas, priorizando aquellas que son utilizadas para el abastecimiento de la población urbana, y articulando las acciones con los múltiples actores intervinientes: identificar problemas, evaluar impactos, definir y acordar medidas de mitigación, identificar actores y responsabilidades.
  • Impulsar un modelo productivo más adecuado ecológicamente (agroecología, prácticas agro-silvo-pastoriles) que tienda a una mejor cobertura y protección de los suelos frente a los eventos climáticos extremos.
  • Impulsar la sistematización de los suelos agrícolas con curvas de nivel, cultivos en contra pendiente, cultivos en fajas; también el manejo del agua en las vías de comunicación cualquiera sea su jerarquía y jurisdicción.
  • Plan para una efectiva recuperación de bosques protectores y humedales degradados, legalmente protegidos desde la sanción de la Ley N°854/77 y su decreto reglamentario N°1460/78.
  • Institucionalizar un programa para la Adecuación Ambiental de las Chacras que identifique las medidas de mitigación/protección y establezca los plazos para su ejecución
  • Impulsar un plan especial para el manejo de las áreas de recarga de acuíferos a fin de evitar su degradación y recuperar su función de alimentación de las reservas subterráneas.
  • Pensar en estrategias diferentes de urbanización que eviten y/o minimicen las consecuencias de las problemáticas hídricas que se generan en las áreas urbanas: entre otros aspectos, se debe evitar el continuar con las prácticas generalizadas de cubrir los suelos con pavimentos impermeables. Pensar en construir almacenamientos subterráneos en las zonas más elevadas para retener al menos parte de los enormes los volúmenes de agua que caen durante los eventos extremos de precipitaciones, y reducir así los daños que generan aguas abajo. Tales depósitos también pueden conformar estratégicas reservas de agua para los períodos de sequías. Los estudios del Cambio Climático nos advierten que estos eventos hidrológicos extremos no solo serán más frecuentes, sino más intensos.

Estas reflexiones y propuestas no pretenden ser más que un disparador de ideas que contribuyan a dotar a Misiones de impostergables políticas, planes, programas y acciones destinadas a incorporar a las políticas provinciales las decisiones correspondientes al manejo del agua en nuestras cuencas. Más allá de las leyes sancionadas, los recursos hídricos provinciales están ausentes en las políticas concretas de gestión.


[1] OLINUCK J. En la estación Cerro Azul de INTA, en el mes de octubre del corriente año se midieron 530,8 mm, superándose el record de 450 mm de octubre de 2012

[2] GAITÁN J. et al. Estimación de la pérdida de suelo por erosión hídrica en la República Argentina. 1ª ed. Buenos Aires, Ediciones INTA. 2017. Nota: el factor de erosividad es un indicador de la capacidad erosiva del impacto de las gotas de lluvia según la intensidad de las mismas.

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Hemisferio sur se secó más que el norte en los últimos 20 años

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Por Renata Fontanetto en SciDevNet – El hemisferio Sur es el que más contribuyó al declive mundial de la disponibilidad hídrica terrestre en las dos primeras décadas de este siglo, revela un artículo en Science.

Esta reducción genera presión sobre los ecosistemas debido a la posibilidad de más sequías o inundaciones, la consiguiente emisión de dióxido de carbono almacenado en plantas y también impacta sobre los sistemas alimentarios.

Según el estudio, las áreas más afectadas son América del Sur, África, y el centro y noroeste de Australia.

La estimación de la disponibilidad hídrica en la Tierra es el resultado de la diferencia entre el agua de lluvia que cae a la tierra y el agua capturada en la atmósfera por el proceso de evapotranspiración, es decir, la evaporación del agua en el suelo junto con la transpiración de las plantas. El agua terrestre disponible se almacena en cuencas hidrográficas, ríos y acuíferos.

En las últimas décadas, cambios en el régimen de lluvias y fenómenos climáticos derivados de procesos oceánicos y atmosféricos, principalmente El Niño Oscilación del Sur (Enos), modificaron este ciclo, dice el estudio.

Esto ejerció más presión sobre los sistemas hídricos, aunque no se conoce con precisión cuánto están cambiando las reservas y qué causas contribuyen más al problema a nivel global.

Para comprender la magnitud de la situación, la investigación combinó datos de 2001 a 2020, derivados de imágenes satelitales de cuencas hidrográficas, información sobre niveles de lluvia, evapotranspiración y niveles de los ríos.

“El declive global en la disponibilidad de agua proviene principalmente del hemisferio Sur. En 20 años, el declive en el Sur fue de 70 milímetros de agua por año, lo que equivale a una reducción del 20 por ciento”, dijo a SciDev.Net el primer autor del estudio, el geógrafo Yongqiang Zhang, de la Academia China de Ciencias.

En el hemisferio norte, en cambio, el estudio indica una reducción de 12 milímetros por año.

Las causas varían. Por ejemplo, en áreas áridas del Sur, el motivo es el aumento de la evapotranspiración, mientras que en áreas húmedas, como en la Amazonía, los niveles de lluvia están disminuyendo. En comparación, el hemisferio Norte mostró estabilidad en la disponibilidad hídrica a pesar de tener casi 50 por ciento más de tierras que el Sur.

Dado que la lluvia es uno de los componentes principales de la ecuación, el artículo advierte que ENOS es un importante determinante para las fluctuaciones en los niveles de lluvia en varios lugares del hemisferio Sur, “con alta disponibilidad de agua durante La Niña y baja disponibilidad de agua durante El Niño”.

“Con los cambios climáticos y el empeoramiento de la intensidad de El Niño, es posible que la disponibilidad hídrica en el hemisferio Sur baje más”, señala Zhang.

En un análisis firmado en la misma edición de Science, el hidrólogo Günter Blöschl, de la Universidad Técnica de Viena (Austria), y el ingeniero ambiental Pedro Chaffe, de la Universidad Federal de Santa Catarina (Brasil), evalúan las consecuencias de la reducción hídrica señalada por Zhang y colaboradores.

Afirman que cuando los niveles de agua en ríos y acuíferos disminuyen considerablemente, diferentes ecosistemas y poblaciones experimentan condiciones de sequía.

Además de las variaciones a lo largo de las décadas, los autores destacan la importancia de considerar la disponibilidad hídrica en plazos cortos de unos pocos meses para entender la dinámica de las sequías e inundaciones.

“Más sequías e inundaciones representan una aceleración de la parte terrestre del ciclo del agua (almacenamiento y movimiento más rápido del agua entre la tierra, el océano y la atmósfera)”, explican.

Para reducir los efectos catastróficos de sequías e inundaciones más frecuentes, Blöschl y Chaffe enumeran algunas iniciativas, como la construcción de embalses, desviaciones de riego para la agricultura, mejoras en el sistema de captación de agua de lluvia para recargar aguas subterráneas, así como el cultivo de alimentos que requieran menos agua.

El ingeniero ambiental brasileño Vinicius Chagas, estudiante de posgrado en la Universidad Técnica de Viena orientado por Blöschl y Chaffe que no participó del estudio de Science, evalúa que el mayor mérito del artículo fue mostrar precisamente las diferentes condiciones de cambio climático.

“Puede esperarse que los cambios en las próximas décadas tengan una variación mucho mayor en el Sur, porque es donde hay más océanos que influyen en las condiciones terrestres. El punto clave es que tenemos menos previsibilidad sobre lo que sucederá en el futuro”, señala a SciDev.Net.

Para Chagas, las obras de infraestructura que almacenan y transfieren agua a largas distancias pueden ser una vía eficiente, así como los modelos de simulación de escenarios. Sin embargo, en su evaluación, para mejorar la previsibilidad de los modelos se necesitan más datos de medición por satélite.

Renata Fontanetto periodista científica radicada en Río de Janeiro
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Pérdidas por desastres naturales se disparan en 2023 y ya han costado más de 120,000 millones de dólares a nivel mundial

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En el primer semestre del 2023, las catástrofes naturales ya han costado más de 120,000 millones de dólares a nivel mundial, de acuerdo con Swiss Re, siendo Latinoamérica y el Caribe una de las regiones más impactadas. Tan solo en lo que llevamos de 2023 se contabilizan siete grandes desastres naturales en la región, entre los que se encuentran los incendios de Chile, las seguías de Uruguay, las inundaciones de Argentina, entre otros. 

Ante este panorama y en el marco del Día Mundial de la Prevención de Catástrofes Naturales (13 de octubre), vuelve a ser relevante algunas conclusiones del Informe Global de Riesgos 2023, publicado por el World Economic Forum y Marsh Mclennan, donde las empresas latinoamericanas coinciden en que la principal amenaza para sus negocios en los próximos diez años son los fenómenos meteorológicos extremos, siendo crítica la preparación y construcción de resiliencia para una región que, a lo largo de la historia, ha enfrentado una serie de desastres naturales devastadores que han dejado cicatrices profundas y costos económicos considerables. 

Tan solo hay que ver que, en 2022, las pérdidas materiales a nivel mundial ocasionados por los desastres naturales ascendieron a 270.000 millones de dólares. Una gran parte de esos daños se concentraron en Estados Unidos y Cuba, donde solo el huracán Ian, que afectó a ambos países, causó daños valorados en más de 100.000 millones.

A esto sumemos que la inflación se ha disparado en los dos últimos años, alcanzando un promedio del 7% en las economías avanzadas y del 9% en las economías emergentes, lo que ha tenido como consecuencia el incremento en  el valor nominal de los edificios, equipos y otros bienes asegurables.

El costo que estos desastres naturales no es solamente en propiedades sino también en vidas y el total es realmente impactante, más de 10.000 personas en 2021 y pérdidas materiales por $280.000 millones en 2021, de los cuales solo aproximadamente $120.000 (43%) fueron cubiertos por (rea)seguros, de acuerdo a Guy Carpenter, líder global de corretaje de reaseguros y negocio de Marsh McLennan.

“A pesar del creciente interés en gobiernos de todo el mundo por situar la vulnerabilidad climática en la agenda pública, así como de las evidencias científicas sobre el impacto de la actividad humana en el cambio climático, la realidad es que los riesgos Medioambientales no están siendo identificados ni cuantificados correctamente, por lo que la capacidad de resiliencia y respuesta antes crisis es, en términos generales, sigue siendo aún muy limitada”, comenta Gerardo Herrera Perdomo, líder regional de Consultoría de Riesgos y Riesgos ESG para Marsh  Latinoamérica y El Caribe. “El camino hacia la verdadera sostenibilidad no es posible sin un manejo adecuado de los riesgos “E“, añade. 

La clave es la colaboración público-privada

La capacidad de anticipación, prevención, protección y respuesta ante los eventos catastróficos debe ser parte del compromiso con la sostenibilidad global, y un objetivo prioritario para gobiernos y como sector privado. 

“El pequeño comercio, la gran industria, los gobiernos, las personas… ninguno podemos hacer frente a estas catástrofes solos. Por eso la colaboración es más necesaria que nunca. Estamos convencidos de que una distribución apropiada del riesgo entre asegurados, re/aseguradores y Estados, es la mejor respuesta a estos riesgos”, aclaró Country Head País.

Marsh McLennan, firma líder global en riesgos, estrategia y personas, lleva 40 años promoviendo esta colaboración público-privada, desarrollando herramientas y soluciones capaces de mitigar y gestionar mejor estos riesgos catastróficos y complejos, que se han mostrado especialmente efectivas para terremotos, inundaciones, huracanes y terrorismo, entre otras. Todas estas soluciones de mitigación facilitan:

  • Acceso a capital y coberturas de seguro para empresas y particulares
  • Acceso de las aseguradoras a nuevos esquemas de reaseguro
  • Retorno de inversión, al aportar mayor confianza al mercado de capitales
  • Implantación de mejores medidas de prevención y de entendimiento/modelación del riesgo 

Respaldo de parte de las pérdidas (de forma más o menos limitada) por los gobiernos.

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Sequía= Saqueo

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En estos días sin dudas una de las situaciones más críticas en Latinoamérica ambientalmente es la crisis hídrica del hermano país de Uruguay. De ahí sale el título de esta nota, así se manifestaban un grupo de ciudadanos que se sentían: saqueados.

Edgardo Ortuño, director de Obras Sanitarias del Estado (OSE) de Uruguay, aseguró que la escasez de agua potable es la “situación más crítica” que enfrentó su país y criticó al Gobierno de Luis Lacalle Pou, por sus “decisiones políticas equivocadas” en la gestión de la crisis.
“Es la situación más crítica que enfrentó Uruguay, no hay registro de una dificultad en el abastecimiento de agua potable tan duradera y crítica como la que estamos viviendo”.
“Nunca existió un nivel tan bajo de reservas de agua dulce para el abastecimiento de la población metropolitana, están por debajo del 1%”, la situación que enfrentan 1.800.000 uruguayos, el 60% de la población total del país, es parte de lo que sucede con el cambio climático. 

Esto afecta en lo sanitario y en lo social porque muchas personas no tienen condiciones económicas para adquirir agua embotellada. Es que ante la escasez de agua dulce se la mezcló con agua del Río de la Plata que tiene alto nivel de salinidad, eso hace que el agua que sale de la canilla posee índices de salinidad que son desaconsejados para niños menores de 1 año, enfermos renales e hipertensos. Este mes salió en medios nacionales la terrible noticia de que empleados de un hospital fueron echados de sus trabajos por robar agua embotellada, estos aludieron que con sus magros salarios no podían hacer frente a dicho costo teniendo personas a su cargo con necesidades especiales.

 Al respecto hoy los ciudadanos uruguayos sienten que “fue un error la interrupción del proyecto de construcción de la represa de Casupá, que debió iniciarse en 2021“, pero es que se trata de decisiones políticas donde se priorizan otras necesidades y como buena parte del mundo deciden ignorar el cambio climático y su complejidad.

Como si no fuera suficiente esta crisis afecta también a la producción, por lo que verá disminuida su exportación de soja en un 63%, más los bajos precios, hacen prever que la situación empeorará a corto plazo. El impacto económico según previsiones del Ministerio de Ganadería, agricultura y Pesca (MGAP) de Uruguay será de al menos U$S1800 Millones, y es que se prevé que los números sigan empeorando a medida que se levanten las cosechas, la ganadería también está en crisis. 

En nuestro país también hay efectos serios por la sequía, la negociación que está llevando a cabo el ministro de Economía Sergio Massa con el Fondo Monetario, busca que el organismo tenga presente las pérdidas de U$S 20.000 millones según la Bolsa de Rosario, de granos solamente, lo cual afecta claramente nuestra balanza comercial. 

El Cambio Climático está aquí, los dirigentes políticos, empresariales, sociales, Sindicatos, etc., deben empezar a ver la totalidad de la foto, no solo la que le interesa a su actividad.

La gestión del Agua (recursos hídricos) debe hacerse de manera integrada y panorámica. La escasez de Agua también tiene que ver con la deforestación, el desvío de cursos de agua para diferentes producciones sin autorizaciones ni estudios ambientales, desaparición de humedales por diversas actividades económicas, que se hagan pozos de agua en forma clandestina sin autorizaciones ni registros, y la lista continua. 

Evitar y/o mitigar los efectos del cambio climático debe estar en la agenda de nuestros gobernantes, no solo declarativamente sino en los hechos haciendo uso de su poder de policía regulando y controlando las distintas actividades económicas privadas.

Escuché una frase que me impresionó y decía algo así: “Pensamos que el fin del mundo como lo conocemos sería a causa de la tercera guerra mundial con bombas nucleares, sin embargo, hoy en un mundo donde la naturaleza es cada vez más pequeña, la tercera guerra se va a producir por la escasez de los recursos naturales más básicos, el agua y la comida“. 

Es momento de acciones y no de intenciones. Hasta la próxima. 

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¡Agua, por favor!

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Uruguay en crisis hídrica, España con inundaciones, conflictos mundiales por ríos y países que oficializan el lanzamiento de radioactividad al mar. Todo esto en una semana y en un mismo mundo. El gran drama del H2O.

El vecino país charrúa está atravesando un duro contexto de faltante de agua. Según datos oficiales, le queda apenas el 1% de capacidad de abastecimiento hídrico, el cual podría alcanzar para menos de dos semanas. La preocupación aquí se eleva a la enésima potencia y las críticas apuntan a un gobierno nacional inactivo. En Montevideo, la poca agua potable que brota con un hilo de delgadez de las canillas capitalinas sale con un gusto salado, a tal punto que los uruguayos, con un tono irónico, oficializaron el nuevo “mate salado”. Protestas varias, abarrotamiento de supermercados en búsqueda de agua mineral (la cual se encuentra sobrevendida) y un sector agrario completamente empobrecido.

El atónito avance de esta sequía se conjuga con la falta de acción de política a largo plazo en término de resguardo ambiental y ese es el caso de Uruguay. Los habitantes de ese país se fugan hasta Argentina para comprar agua o inclusive alquilan en Entre Ríos, por ejemplo, y cruzan la frontera a su país de origen solamente para ir a trabajar. No hace falta ir a África para ver como el faltante de agua es parte del día a día de un país.

Por otro lado, cruzando el Atlántico, a España le pasa todo lo contrario. Mientras Lacalle Pou dice que, si no llueve en Uruguay, van a quedarse sin recursos hídricos, en la península Ibérica, el contexto es antagónico, inclusive. Fuertes lluvias torrenciales, seguidas de granizo, desataron una tormenta casi apocalíptica. Esto sucedió en la región de Zaragoza y provocó inundaciones masivas. Las calles se transformaron en ríos y la gente se tuvo que refugiar en los techos de sus autos para ser rescatados. Todo esto en el marco del fenómeno “El Niño”.

Casi como si fuera el mundo del revés, el significa de “agua” pareciera variar de país en país, y con ello la importancia que se le brinda. Solo basta con ver lo que sucede en Japón. Su gobierno nacional decidió tomar la medida de arrojar agua radioactiva al mar, agua, que, además, proviene de la central nuclear de Fukushima. El ejecutivo surcoreano respalda esta práctica cuasi – ecocida de Tokio, aunque su población no esté muy contenta. De hecho, las protestas se hicieron escuchar en las calles de Seúl, en contra de la contaminación del agua del mar. Dicha toxicidad genera miedo, a tal punto que se comienza a ver como una práctica habitual, el hecho de medir la radioactividad en los pescados que se comercializan en mercador surcoreanos.

Hace no mucho tiempo, Afganistán e Irán se fueron “a las manos” por varios cauces fluviales. Ríos fronterizos importantes generan recursos para esos países, y ante el afán de uno de ellos de poder quedarse con el excedente del otro, generó fuego cruzado en la frontera. Tal y como si fuese una frase hecha de finales del siglo XX y principios del siglo XXI, en donde se repetía hasta el hartazgo que “la próxima guerra va a ser por el agua”, hoy es realidad.

Varias cuestiones vienen a colación cuando uno va recorriendo el significado que se le da en distintas partes del mundo al agua. En principio, sequías y tormentas severas tienen un responsable: el cambio climático. El desmejoramiento de las condiciones ambientales guarda relación también con el calentamiento global. Esta etapa en la que nos encontramos mundialmente, va dictaminando que los temporales sean cada vez más fuertes. Eso explica porque una simple lluvia causas inundaciones en lugares en donde, habitualmente, no sucedían dichos fenómenos.

Esto, en medio de veranos ultra calurosos e inviernos polares, al menos en el hemisferio norte. Otra arista digna de análisis es el papel de los gobiernos. ¿Qué hace la clase política a nivel mundial para resguardar el ambiente? Es cierto que hay ejemplo de estados que toman cartas en el asunto sobre ese tema, como Misiones, en calidad de estado subnacional.

Sin embargo, en otras latitudes del mundo, al no haber previsibilidad a futuro de la protección ambiental, suceden situaciones críticas como las de Uruguay sin agua, o la contaminación indiscriminada de Japón. Este “estigma” en los gobiernos nivel mundial es algo recurrente. Donald Trump fue un crítico del cambio climático, y no por los efectos de este fenómeno, sino por dudar de su existencia. Con ese tipo de argumentos, no hay forma de sostener algún tipo de debate y, en parte, explica la desidia de cierta parte del mundo.

El trabajo gubernamental se basa en dos partes: la protección mediante leyes efectivas y la acción concreta de los organismos del Estado con un financiamiento que les de cintura en las intervenciones que realizarán. Asimismo, hay otro segmento que hay que tener en cuenta. La ciudadanía mundial. Aquí también hay posturas encontradas. El traspaso generacional viene con la conciencia climática a cuestas. Millennials y centennials son los apuntados para ir gestando ese cambio. Sin embargo, generaciones previas no toman este apartado como prioritario, y no es responsabilidad total de las personas. Quizás crecieron con cuestiones educativas nulas acerca del ambiente y eso motiva que hoy no sea un tema de agenda para ellos. Más allá de todo eso, hay cierta postura de cuidado del medioambiente con acciones como privilegiar los transportes no contaminantes, separación de residuos y reciclaje.

La única certeza aquí es que el agua es un bien natural del hombre. El ser humano no puede vivir sin agua y no se necesitan demasiados especialistas para poder respaldar esta afirmación. En otros tiempos, nuestros antepasados pasaron de ser nómades a sedentarios y, justamente, las grandes civilizaciones primarias tuvieron como característica a los ríos de los cuales se abastecían para poder nutrirse, dícese el Tigris, Éufrates y el Nilo.

Sea agua dulce, agua salá, el mundo no puede hacer pasar por desapercibido a la situación que actualmente se vive con el recurso hídrico.

¿Hasta cuándo disfrutaremos de un buen vaso de agua fría sin que eso signifique un lujo?

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