¡Agua, por favor!

Escribe Lucas Doroñuk

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Uruguay en crisis hídrica, España con inundaciones, conflictos mundiales por ríos y países que oficializan el lanzamiento de radioactividad al mar. Todo esto en una semana y en un mismo mundo. El gran drama del H2O.

El vecino país charrúa está atravesando un duro contexto de faltante de agua. Según datos oficiales, le queda apenas el 1% de capacidad de abastecimiento hídrico, el cual podría alcanzar para menos de dos semanas. La preocupación aquí se eleva a la enésima potencia y las críticas apuntan a un gobierno nacional inactivo. En Montevideo, la poca agua potable que brota con un hilo de delgadez de las canillas capitalinas sale con un gusto salado, a tal punto que los uruguayos, con un tono irónico, oficializaron el nuevo “mate salado”. Protestas varias, abarrotamiento de supermercados en búsqueda de agua mineral (la cual se encuentra sobrevendida) y un sector agrario completamente empobrecido.

El atónito avance de esta sequía se conjuga con la falta de acción de política a largo plazo en término de resguardo ambiental y ese es el caso de Uruguay. Los habitantes de ese país se fugan hasta Argentina para comprar agua o inclusive alquilan en Entre Ríos, por ejemplo, y cruzan la frontera a su país de origen solamente para ir a trabajar. No hace falta ir a África para ver como el faltante de agua es parte del día a día de un país.

Por otro lado, cruzando el Atlántico, a España le pasa todo lo contrario. Mientras Lacalle Pou dice que, si no llueve en Uruguay, van a quedarse sin recursos hídricos, en la península Ibérica, el contexto es antagónico, inclusive. Fuertes lluvias torrenciales, seguidas de granizo, desataron una tormenta casi apocalíptica. Esto sucedió en la región de Zaragoza y provocó inundaciones masivas. Las calles se transformaron en ríos y la gente se tuvo que refugiar en los techos de sus autos para ser rescatados. Todo esto en el marco del fenómeno “El Niño”.

Casi como si fuera el mundo del revés, el significa de “agua” pareciera variar de país en país, y con ello la importancia que se le brinda. Solo basta con ver lo que sucede en Japón. Su gobierno nacional decidió tomar la medida de arrojar agua radioactiva al mar, agua, que, además, proviene de la central nuclear de Fukushima. El ejecutivo surcoreano respalda esta práctica cuasi – ecocida de Tokio, aunque su población no esté muy contenta. De hecho, las protestas se hicieron escuchar en las calles de Seúl, en contra de la contaminación del agua del mar. Dicha toxicidad genera miedo, a tal punto que se comienza a ver como una práctica habitual, el hecho de medir la radioactividad en los pescados que se comercializan en mercador surcoreanos.

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Hace no mucho tiempo, Afganistán e Irán se fueron “a las manos” por varios cauces fluviales. Ríos fronterizos importantes generan recursos para esos países, y ante el afán de uno de ellos de poder quedarse con el excedente del otro, generó fuego cruzado en la frontera. Tal y como si fuese una frase hecha de finales del siglo XX y principios del siglo XXI, en donde se repetía hasta el hartazgo que “la próxima guerra va a ser por el agua”, hoy es realidad.

Varias cuestiones vienen a colación cuando uno va recorriendo el significado que se le da en distintas partes del mundo al agua. En principio, sequías y tormentas severas tienen un responsable: el cambio climático. El desmejoramiento de las condiciones ambientales guarda relación también con el calentamiento global. Esta etapa en la que nos encontramos mundialmente, va dictaminando que los temporales sean cada vez más fuertes. Eso explica porque una simple lluvia causas inundaciones en lugares en donde, habitualmente, no sucedían dichos fenómenos.

Esto, en medio de veranos ultra calurosos e inviernos polares, al menos en el hemisferio norte. Otra arista digna de análisis es el papel de los gobiernos. ¿Qué hace la clase política a nivel mundial para resguardar el ambiente? Es cierto que hay ejemplo de estados que toman cartas en el asunto sobre ese tema, como Misiones, en calidad de estado subnacional.

Sin embargo, en otras latitudes del mundo, al no haber previsibilidad a futuro de la protección ambiental, suceden situaciones críticas como las de Uruguay sin agua, o la contaminación indiscriminada de Japón. Este “estigma” en los gobiernos nivel mundial es algo recurrente. Donald Trump fue un crítico del cambio climático, y no por los efectos de este fenómeno, sino por dudar de su existencia. Con ese tipo de argumentos, no hay forma de sostener algún tipo de debate y, en parte, explica la desidia de cierta parte del mundo.

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El trabajo gubernamental se basa en dos partes: la protección mediante leyes efectivas y la acción concreta de los organismos del Estado con un financiamiento que les de cintura en las intervenciones que realizarán. Asimismo, hay otro segmento que hay que tener en cuenta. La ciudadanía mundial. Aquí también hay posturas encontradas. El traspaso generacional viene con la conciencia climática a cuestas. Millennials y centennials son los apuntados para ir gestando ese cambio. Sin embargo, generaciones previas no toman este apartado como prioritario, y no es responsabilidad total de las personas. Quizás crecieron con cuestiones educativas nulas acerca del ambiente y eso motiva que hoy no sea un tema de agenda para ellos. Más allá de todo eso, hay cierta postura de cuidado del medioambiente con acciones como privilegiar los transportes no contaminantes, separación de residuos y reciclaje.

La única certeza aquí es que el agua es un bien natural del hombre. El ser humano no puede vivir sin agua y no se necesitan demasiados especialistas para poder respaldar esta afirmación. En otros tiempos, nuestros antepasados pasaron de ser nómades a sedentarios y, justamente, las grandes civilizaciones primarias tuvieron como característica a los ríos de los cuales se abastecían para poder nutrirse, dícese el Tigris, Éufrates y el Nilo.

Sea agua dulce, agua salá, el mundo no puede hacer pasar por desapercibido a la situación que actualmente se vive con el recurso hídrico.

¿Hasta cuándo disfrutaremos de un buen vaso de agua fría sin que eso signifique un lujo?

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