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Gobernadores del Norte Grande buscan una postura común ante la reforma de Zona Fría y proponen compensaciones energéticas para el NEA

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La discusión por los subsidios energéticos volvió a convertirse en un eje de articulación política entre provincias con intereses y alineamientos muy distintos. Este martes, los gobernadores del Norte Grande se reunirán en la sede del Consejo Federal de Inversiones (CFI) con el objetivo formal de avanzar en una agenda de desarrollo regional, pero con una prioridad política que domina las conversaciones previas: construir una posición común frente a la reforma del régimen de Zona Fría impulsada por el Gobierno de Javier Milei y abrir el debate sobre mecanismos compensatorios para las provincias del norte argentino.

La convocatoria adquiere relevancia porque reúne a mandatarios que, en el escenario nacional, mantienen relaciones muy diferentes con la Casa Rosada. Estarán presentes el misionero Hugo Passalacqua, el correntino Juan Pablo Valdés, el tucumano Osvaldo Jaldo, el catamarqueño Raúl Jalil, el jujeño Carlos Sadir, el salteño Gustavo Sáenz, el formoseño Gildo Insfrán, el riojano Ricardo Quintela y el santiagueño Elías Suárez. La diversidad política de la mesa refleja la dimensión del tema: la energía aparece como uno de los pocos asuntos capaces de generar coincidencias entre gobernadores dialoguistas y opositores.

La preocupación regional surge luego de que la Cámara de Diputados aprobara el proyecto oficialista que modifica el esquema de subsidios al gas natural, una de las piezas centrales de la estrategia de reducción del gasto público que impulsa la administración libertaria. La iniciativa ahora deberá ser tratada por el Senado y, en ese contexto, los mandatarios buscan fortalecer su capacidad de negociación actuando como bloque.

El régimen de Zona Fría fue concebido originalmente para aliviar el costo del gas en regiones donde las bajas temperaturas elevan significativamente el consumo residencial. Durante años benefició principalmente a provincias patagónicas y zonas cordilleranas, otorgando descuentos de entre el 30% y el 50% sobre las facturas. Sin embargo, la ampliación sancionada en 2021 durante la gestión de Alberto Fernández extendió el beneficio a más de cuatro millones de hogares distribuidos en gran parte del país, incorporando cientos de municipios y departamentos de distintas provincias.

Desde su llegada al poder, el Gobierno nacional cuestionó esa expansión argumentando que el esquema perdió su objetivo original y terminó transformándose en un subsidio generalizado financiado por todos los usuarios del sistema energético. Bajo esa lógica, la reforma busca reducir el universo de beneficiarios y generar un ahorro fiscal que, según estimaciones debatidas en el Congreso, podría oscilar entre los 200.000 y los 460.000 millones de pesos anuales.

Para las provincias del Norte Grande, el debate excede la discusión sobre el gas. Los gobernadores sostienen que existe una asimetría estructural en la política energética nacional. Mientras el régimen de Zona Fría reconoce el impacto económico de las bajas temperaturas sobre los hogares del sur argentino, las jurisdicciones del norte enfrentan consumos extraordinarios durante varios meses al año debido a temperaturas extremas que superan frecuentemente los 40 grados.

En ese marco comenzó a tomar fuerza una propuesta informal que algunos dirigentes ya denominan “Zona Caliente”. La idea apunta a diseñar algún mecanismo de compensación para las provincias del NEA y NOA, donde el uso intensivo de sistemas de refrigeración genera elevados costos energéticos tanto para las familias como para sectores productivos, comerciales y de servicios.

Para Misiones, la discusión tiene una relevancia particular. La provincia enfrenta cada verano extensos períodos de temperaturas elevadas y altos niveles de humedad, condiciones que incrementan de manera considerable el consumo eléctrico residencial y empresarial. En ciudades como Posadas, donde los registros térmicos suelen ubicarse entre los más altos del país durante la temporada estival, la energía se transforma en un componente cada vez más significativo dentro de la estructura de costos.

La reunión del CFI también funcionará como una prueba sobre la capacidad de los gobernadores para reconstruir espacios de coordinación regional en un contexto donde la administración nacional concentra buena parte de las decisiones fiscales y presupuestarias. Más allá de los capítulos vinculados a logística, recursos hídricos, educación o industrias culturales previstos en la denominada “Hoja de Ruta hacia un Futuro Federal”, la energía aparece como el tema con mayor potencial político.

Lo que está en juego no es únicamente la continuidad o modificación de un esquema de subsidios. También se debate el criterio con el que el Estado nacional reconoce las diferencias climáticas y productivas entre regiones. En un país atravesado por fuertes contrastes geográficos, el Norte Grande busca instalar una discusión que trascienda el gas y contemple el costo energético integral que enfrentan las provincias del NEA y NOA.

La verdadera incógnita del encuentro será si los mandatarios logran superar sus diferencias partidarias y presentar una propuesta unificada. Si eso ocurre, la negociación por la reforma de Zona Fría podría convertirse en uno de los principales frentes de discusión entre las provincias y el Gobierno nacional durante las próximas semanas.

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Transporte: el AMBA aumentó fuerte, pero el interior paga hasta tres veces más

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El ajuste tarifario del transporte público tuvo en el Área Metropolitana de Buenos Aires uno de sus capítulos más visibles: entre noviembre de 2023 y abril de 2026, el boleto de colectivo se multiplicó hasta por 16, el subte por casi 18 y el tren por 10. Según el informe de CEPA, los aumentos nominales superaron largamente a la inflación acumulada del período, que fue de 303,5%. En el caso del colectivo, la suba fue de 1.221% para las líneas de jurisdicción nacional, 1.250% para las porteñas y 1.545% para las bonaerenses; el subte trepó 1.668% y el tren, 741%.

El dato central no es sólo la magnitud del aumento, sino su impacto sobre los ingresos. Para un trabajador que usa colectivo y subte durante 22 días hábiles al mes, el gasto pasó de representar 2,6% del salario mínimo en diciembre de 2023 a 17,3% en abril de 2026. En el escenario de mayor combinación —colectivo, tren y subte— la incidencia llegó a 14,7%. La tarifa subió por encima de los precios, mientras el salario mínimo perdió cerca de 43% real en el mismo período.

Pero el aumento del AMBA convive con una paradoja federal: pese al fuerte salto tarifario, el boleto metropolitano sigue siendo el más bajo del país. En abril de 2026, la tarifa mínima nacional del AMBA era de $700, frente a $1.365 en Posadas, $1.720 en Córdoba y Rosario, $1.890 en Corrientes, $1.900 en Santa Fe, $2.192 en Rawson y $2.300 en San Martín de los Andes. Es decir: algunas ciudades del interior pagan más de tres veces el boleto del área metropolitana.

Tarifa mínima de colectivo urbano por ciudad

Abril 2026 · Tarifa plena SUBE registrada, tramo mínimo 0-3 km

San Martín de los Andes
$2.300
Rawson
$2.192
Santa Fe
$1.900
Corrientes
$1.890
Resistencia
$1.885
Formosa
$1.750
Córdoba / Rosario / Paraná
$1.720
Posadas
$1.365
Gran Buenos Aires
$969
CABA
$754
AMBA nacional
$700

Fuente: CEPA en base a AAETA y operadores locales.

La explicación está en la arquitectura desigual de los subsidios. La eliminación del Fondo Compensador del Transporte del Interior, en febrero de 2024, dejó a municipios y provincias frente al costo operativo casi sin asistencia nacional, mientras el AMBA continuó recibiendo sostenimiento parcial de Nación, Ciudad y Provincia de Buenos Aires. El resultado es una doble asimetría: los usuarios metropolitanos enfrentaron aumentos históricos, pero los del interior quedaron expuestos a tarifas mucho más altas.

En Misiones, Posadas aparece en la mitad alta del mapa tarifario: con $1.365, el boleto urbano casi duplica al del AMBA nacional y supera con amplitud a CABA. Entre diciembre de 2023 y abril de 2026, la tarifa posadeña acumuló una suba nominal de 950%, equivalente a un aumento real de 158,9%. El dato confirma que la discusión no es sólo tarifaria, sino también federal: el interior ajustó antes, más fuerte y con menos respaldo fiscal.

El informe también advierte sobre un efecto social más amplio. La Beca Progresar, congelada en $35.000 desde marzo de 2025, pasó de cubrir 839 boletos en diciembre de 2023 a apenas 111 en abril de 2026. A su vez, la caída de pasajeros refleja una doble presión: boletos más caros y menor demanda estructural de viajes por el deterioro del empleo y la actividad económica.

En síntesis, el AMBA atraviesa una recomposición tarifaria inédita, pero sigue ubicado en el piso del ranking nacional. El interior, en cambio, paga el costo completo de una política que retiró subsidios sin construir un esquema federal alternativo. La consecuencia es evidente: viajar en colectivo cuesta mucho más lejos de Buenos Aires.

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El FMI pide subsidios focalizados y advierte que los controles de precios pueden agravar la crisis energética

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FMI – Los gobiernos pueden proteger hogares vulnerables, mantener abiertas las empresas y preservar las señales de precios sin presionar las finanzas públicas

Cuando los precios globales de la energía se disparan, los gobiernos se enfrentan a un dilema poco envidiable: proteger a personas y empresas mientras se limita el margen ya reducido en los presupuestos públicos, o dejar que los precios suban para todos y arriesgarse a una reacción social y política. Entonces, ¿cómo pueden los responsables políticos hacer lo mejor de ambos?

Por supuesto, no existe una respuesta única para todos porque el impacto de la guerra en Oriente Medio varía mucho entre países, reflejando dependencias energéticas, estructuras de mercado, políticas de protección social y espacio fiscal. Del mismo modo, algunos países se ven más afectados que otros por la alta incertidumbre sobre cuánto durará el shock y cuánto alimentará la inflación.

Los aumentos sostenidos en los precios de la energía pueden reducir drásticamente el poder adquisitivo de los hogares, lo que perjudica especialmente a las familias más pobres y pone a prueba a las empresas. Si no se aborda, esto puede causar daños duraderos al empujar a más personas a la pobreza y forzar el cierre de negocios.

Muchos países ya están respondiendo, pero el reto es hacerlo de forma eficiente y sin perjudicar más a las economías. Las medidas no diseñadas cuidadosamente pueden ser costosas económicamente y difíciles de deshacer. También pueden alimentar una inflación adicional, agravar las fragilidades fiscales o aumentar aún más los precios globales de la energía.

Para ello, es importante tener en cuenta un conjunto común de principios. La crisis energética es un choque negativo estándar de oferta: eleva los precios, pesa sobre la actividad y pone a los bancos centrales en una situación difícil. Las medidas fiscales tienen un papel que desempeñar, pero deben ser temporales, específicas, oportunas y adaptadas. Específicamente, deberían:

  • Que los precios de la energía nacional reflejen los costes internacionales.
  • Protege a los hogares vulnerables con apoyo temporal y dirigido.
  • Apoya pequeñas empresas viables con liquidez, no con controles de precios.
  • Reserva subsidios generales y topes de precios para sorpresas realmente excepcionales.

Estas prioridades se detallaron en nuestros informes de abril de 2026 de Perspectivas Económicas Mundiales y Monitor Fiscal, en los que también destacamos el impacto desigual dentro de los países.

Persistencia y precios

Una de las preguntas más importantes es cuánto dura la descarga. Si está dentro de rangos históricos, aunque sea grande, los gobiernos deberían permitir que los precios nacionales se ajusten a las condiciones del mercado internacional. La política fiscal debería basarse principalmente en estabilizadores automáticos, con los ingresos que se ven afectados a medida que la actividad disminuye, mientras que los gastos cubren la creciente necesidad de asistencia social existente. Para las economías que dependen de la energía importada, los precios de importación más altos implican una caída en la renta real (entre un 2 y un 3 por ciento del producto interior bruto en un corto periodo bajo el actual shock). Esto debe absorberse mediante una menor demanda interna.

Cuando los choques de precios son inusualmente grandes o disruptivos, pero probablemente temporales, los gobiernos pueden tener motivos para una política fiscal más activa—solo si pueden permitírselo. Aun así, la mayoría de los aumentos de precio deberían aprobarse de antemano, y cualquier intervención debería facilitar el ajuste en lugar de evitarlo.

Las señales de precio desempeñan un papel fundamental en la asignación de recursos escasos, fomentando un uso eficiente y evitando escasez. Al mismo tiempo, los precios más altos de la energía pueden tener efectos graves de inmediato, y estos se sienten de forma diferente tanto por individuos como por empresas. Eso significa que los objetivos del apoyo fiscal, y las herramientas para lograrlo, deberían reflejar esta distinción.

Protección de las personas

Las familias más pobres suelen gastar dos o tres veces más de sus ingresos en energía y alimentos en comparación con los hogares más acomodados, mientras que no tienen tantos ahorros. Protegerlos es importante para preservar la cohesión social y evitar un aumento de la pobreza.

Las transferencias de efectivo dirigidas, idealmente realizadas a través de los sistemas de asistencia social existentes, suelen ser la mejor manera de hacerlo porque preservan las señales de precios y limitan los costes fiscales. Si la cobertura es insuficiente, los gobiernos pueden complementar temporalmente los pagos o ampliar la elegibilidad, incluyendo a hogares de ingresos bajos y medios que corran riesgo de caer en la pobreza.

Para choques muy grandes pero temporales, medidas adicionales pueden incluir reembolsos puntuales o la expansión de los aumentos de precios a lo largo del tiempo, ayudando a los hogares a sobrellevarlo sin congelar los precios por completo. Como último recurso, si la seguridad alimentaria está en riesgo y las redes de seguridad no son suficientes, pueden ser apropiadas reducciones temporales de impuestos o subvenciones para los alimentos básicos si van acompañadas de un calendario claro y creíble para acabar con ellos.

Empresas de apoyo

Para las empresas, el soporte cumple un objetivo diferente: mantener en funcionamiento las empresas viables y evitar quiebras innecesarias. Debe abordar los problemas de flujo de caja a corto plazo, no cuestiones de viabilidad más profundas, y centrarse en negocios que por lo demás son sólidos o estratégicamente importantes, especialmente en sectores donde los costes más altos elevan rápidamente los precios al consumidor.

El apoyo temporal a la liquidez —como préstamos garantizados por el gobierno, líneas de crédito o aplazamientos a corto plazo de impuestos y seguridad social— debería ser la primera línea de respuesta. Esto se debe a que estas herramientas son económicamente menos costosas y más fáciles de deshacer. Las subvenciones directas o las inyecciones de capital es mejor evitar, dado su alto coste fiscal y la dificultad política para revertir.

Uso excepcional

Algunas herramientas políticas son más amplias y distorsionadoras. Los recortes del impuesto energético, los topes de precios o las subvenciones generales silencian las señales importantes de los precios, suelen beneficiar más a los hogares con mayores ingresos y son difíciles de eliminar. También pueden aumentar rápidamente los costes presupuestarios del gobierno y aumentar el riesgo de escasez, especialmente si los proveedores no reciben una compensación adecuada.

Las medidas generales para hacer frente al aumento de precios pueden justificarse si se cumplen simultáneamente un conjunto de condiciones específicas:

  • El choque de precios es claramente temporal.
  • Los precios más altos de la energía están alimentando rápidamente una inflación más amplia.
  • Las expectativas de inflación corren el riesgo de volverse descontroladas.
  • El sobrecalentamiento económico es limitado.
  • Las finanzas públicas tienen margen para asumir el coste.

Estas condiciones son difíciles de medir en tiempo real y, en cualquier caso, los controles amplios de precios tienen grandes repercusiones. Por eso, idealmente, debería evitarse el uso de herramientas de precios amplios y, si se utilizan, debería ser excepcional, temporal, transparente y estrictamente restringido. Los gobiernos deben sopesar cuidadosamente los sacrificios. Por ejemplo, los límites de precio son más fáciles de eliminar progresivamente, pero pueden provocar escasez. Las rebajas de impuestos suponen menos riesgos de oferta, pero son más difíciles de frenar y pueden provocar pérdidas persistentes en los ingresos. Por regla general, se deben evitar congelaciones totales de precio.

Restricciones fiscales

El espacio fiscal varía mucho entre países y ahora suele ser más restrictivo que en crisis pasadas debido a los mayores costes de deuda y de endeudamiento. Esto refuerza la idea de respuestas incrementales y cuidadosamente calibradas. En los países donde hay espacio fiscal, los gobiernos pueden tener cierto margen para suavizar aumentos severos pero temporales de precios mediante medidas específicas, transparentes y temporales.

Los países con espacio fiscal limitado y redes de seguridad social débiles están más limitados. Situaciones extremas en las que el aumento de precios amenaza el acceso a alimentos o energía pueden justificar el racionamiento para gestionar la demanda, pero esto tiene costes económicos muy elevados. Esto subraya por qué es importante evitar subvenciones generalizadas que agotan rápidamente los escasos recursos fiscales.

Compensaciones más marcadas

Incluso con marcos políticos mejorados, los compromisos políticos suelen ser más marcados en economías emergentes y en desarrollo. En comparación con las economías avanzadas, suelen contar con redes de seguridad social más débiles, mayores porcentajes del gasto de los consumidores en alimentos y energía, restricciones de liquidez más estrictas, expectativas de inflación más frágiles y un espacio fiscal más reducido en medio de mayores costes de endeudamiento. La presión política también puede impulsar a los gobiernos a actuar rápidamente ante shocks extraordinarios.

En cambio, las economías avanzadas están menos limitadas. Como resultado, deberían utilizar principalmente transferencias dirigidas existentes y estabilizadores automáticos, recurriendo a medidas discrecionales y basadas en precios solo en casos excepcionales.

Esta asimetría es importante a nivel global. Cuando los países más grandes o más ricos suprimen las señales de precios internas, la demanda global aumenta, los precios internacionales aumentan y las escaseces empeoran, perjudicando especialmente a los países importadores más pobres.

Secuencia de políticas

La cuestión clave no es si actuar, sino cómo actuar eficazmente: evaluar la persistencia en shock, ajustar herramientas y objetivos, distinguir el apoyo familiar y el de la firma, y adaptar las respuestas a las circunstancias.

Un enfoque disciplinado y bien secuenciado —que empiece con medidas específicas y temporales y escale si es necesario— puede ayudar a las economías a adaptarse a los choques de precios energéticos y alimentarios sin costosos errores políticos, tanto a nivel nacional como global.

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Las tarifas eléctricas y de gas profundizan la brecha regional y exponen el costo desigual de la quita de subsidios

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La reconfiguración del esquema de subsidios energéticos y la actualización de tarifas impulsada por el Gobierno nacional consolidaron un mapa de fuertes asimetrías en el costo de la electricidad y el gas entre provincias argentinas. Según un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el Conicet, las diferencias entre jurisdicciones alcanzan niveles significativos incluso dentro de un mismo segmento de usuarios.

Los datos muestran que la combinación entre quita de subsidios, precios estacionales de la energía, costos de distribución y condiciones regionales generó un escenario de tarifas fragmentadas, donde el lugar de residencia se volvió determinante para el peso de los servicios públicos sobre los ingresos familiares.

La Patagonia concentra las tarifas más altas

En electricidad, Neuquén registró en mayo la factura promedio más elevada del país entre usuarios con subsidio: $88.924 mensuales. Detrás quedaron Río Negro ($84.549), Puerto Madryn ($76.823) y Salta ($69.343).

En el caso de usuarios sin subsidios, la diferencia se amplía todavía más. Neuquén volvió a liderar con boletas promedio de $153.580, seguida por Río Negro ($115.282), Puerto Madryn ($109.618) y Santa Fe ($101.213).

En contraste, las facturas más bajas se registraron en Formosa ($25.321), La Rioja ($27.191) y las áreas de Edenor y Edesur en el AMBA, donde las boletas subsidiadas rondaron entre $28.000 y $29.000.

El informe atribuye parte de estas diferencias al esquema de actualización del Valor Agregado de Distribución (VAD), que varía según cada provincia, y a la transición dispar hacia el nuevo sistema de Subsidios Energéticos Focalizados.

Gas: la brecha regional se vuelve todavía más marcada

La desigualdad tarifaria se profundiza en el servicio de gas por red, donde las diferencias climáticas y los criterios regulatorios generan una dispersión aún mayor.

Entre los usuarios sin subsidios, Tierra del Fuego encabezó el ranking con facturas promedio de $209.502 mensuales. Le siguieron Santa Cruz ($200.941), Chubut Sur ($128.359) y Neuquén ($104.503).

En el extremo opuesto quedaron Tucumán ($36.979), el norte bonaerense ($41.660), Salta ($44.004) y La Puna ($44.174).

Para los usuarios con subsidios, la lógica se mantuvo: Tierra del Fuego registró boletas promedio de $127.893 y Santa Cruz de $123.423, mientras que Tucumán mostró los valores más bajos, con $30.148.

El IIEP explicó que el nuevo esquema tarifario distingue entre usuarios con y sin subsidios. Los primeros reciben una bonificación del 50% más un 25% adicional sobre el costo de abastecimiento del gas hasta determinados umbrales de consumo regional.

El trasfondo político del nuevo esquema energético

La discusión excede lo técnico. La política tarifaria se convirtió en uno de los pilares centrales del programa económico del Gobierno de Javier Milei, que busca reducir subsidios para consolidar el equilibrio fiscal y corregir precios relativos.

Sin embargo, el informe también deja expuesta una tensión estructural: la transición hacia tarifas más cercanas al costo real impacta de manera desigual según ubicación geográfica, condiciones climáticas y estructura distributiva de cada provincia.

El esquema actual combina decisiones nacionales —como la Resolución 109/26 que fijó los precios estacionales de la energía desde mayo— con regulaciones provinciales vinculadas al VAD y a los cuadros tarifarios locales.

Ese entramado termina configurando un mapa energético donde los costos finales pueden duplicarse o triplicarse entre jurisdicciones.

El informe del IIEP vuelve a poner sobre la mesa una discusión histórica del sistema energético argentino: hasta qué punto el esquema de subsidios y tarifas puede sostener criterios homogéneos en un país con fuertes diferencias climáticas, demográficas y productivas.

Mientras el Gobierno avanza en la reducción del peso fiscal de los subsidios, las provincias continúan ajustando sus cuadros tarifarios y adaptando los mecanismos de segmentación.

La evolución de los precios de la energía, el ritmo de actualización del VAD y el impacto social de las facturas serán variables clave para medir hasta dónde puede sostenerse el actual proceso de reordenamiento tarifario sin profundizar tensiones regionales.

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Aumentó un 38% la Prestación Alimentar: cómo quedan los montos y quiénes cobran

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El Gobierno nacional aumentó un 38% los montos de la Prestación Alimentar, anteriormente conocida como Tarjeta Alimentar, mediante la Resolución 161/2026 publicada este jueves en el Boletín Oficial.

La medida instrumentada por el Ministerio de Capital Humano entra en vigencia a partir del presente mes de mayo y tiene el objetivo de fortalecer la recomposición del poder de compra de los sectores más vulnerables.

Nuevos valores por categoría

De acuerdo a lo establecido en la normativa firmada por la ministra Sandra Pettovello, los importes mensuales de la prestación se ajustarán según la composición del grupo familiar:

  • Categoría 1 – Familias con un hijo de hasta 17 años, mujeres embarazadas (desde el tercer mes) y familias con un hijo con discapacidad (sin límite de edad): $72.250
  • Categoría 2 – Familias con dos hijos que cumplan los criterios de edad o discapacidad, o mujeres embarazadas con un hijo a cargo: $113.299
  • Categoría 3 – Familias con tres hijos o más, o mujeres embarazadas con al menos dos hijos a cargo: $149.425

Al fundamentar el incremento, la resolución destaca que la Prestación Alimentar, junto con la Asignación Universal por Hijo (AUH), ha sido un pilar fundamental en la mejora de los indicadores sociales registrados recientemente.

Según datos oficiales del INDEC citados en la norma, la pobreza se redujo del 38,1% en el segundo semestre de 2024 al 28,2% en el mismo periodo de 2025. Por su parte, la indigencia descendió al 6,3% hacia fines del año pasado.

Desde la cartera de Capital Humano señalaron que, ante esta evolución favorable y en un contexto de estabilización macroeconómica, resulta necesario “fortalecer las acciones” de asistencia para consolidar el bienestar social.

La prestación está dirigida a titulares de la Asignación Universal por Hijo, la Asignación por Embarazo, la Asignación por Hijo con Discapacidad y la Pensión No Contributiva para Madres de 7 o más hijos. El beneficio se acredita de manera mensual y automática como un complemento dinerario no remunerativo destinado exclusivamente a la adquisición de alimentos.

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