terremoto en Venezuela

Venezuela: ya son 4.490 los muertos por los terremotos y casi 18.000 personas quedaron sin hogar

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El balance de víctimas por los dos terremotos que golpearon el norte de Venezuela el pasado 24 de junio continúa aumentando. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, informó este domingo que la cifra oficial asciende a 4.490 personas fallecidas, mientras que 16.740 resultaron heridas y 17.907 permanecen sin vivienda, alojadas en campamentos temporales habilitados por el Estado.

La tragedia se convirtió en el terremoto más mortífero de la historia contemporánea de Venezuela. Desde las primeras horas posteriores al desastre, el número de víctimas no dejó de crecer: de 188 muertos reportados inicialmente el 25 de junio pasó a 920 al día siguiente, luego a 1.719, superó los 3.500 durante la primera semana de julio y ahora alcanzó los 4.490 fallecidos.

Dos terremotos en menos de un minuto

Los sismos ocurrieron el 24 de junio a las 18:04 (hora local). Fueron dos movimientos de magnitud 7,2 y 7,5, separados por apenas 39 segundos, con epicentro en las cercanías de Yumare, en el estado Yaracuy.

Las ondas sísmicas impactaron una extensa zona densamente poblada que incluye Caracas y el estado costero de La Guaira, donde se registró el mayor nivel de destrucción.

Desde las primeras horas posteriores al desastre, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) emitió una alerta roja, la categoría más alta de su sistema de evaluación de daños y víctimas, anticipando que el evento podía provocar miles de muertes.

La Guaira, el epicentro de la devastación

La mayor parte de los edificios destruidos se concentró en La Guaira. Según el informe oficial, 158 de los 190 edificios que colapsaron totalmente en el país estaban ubicados en ese estado.

Estudios realizados con imágenes del satélite europeo Sentinel-1, procesadas por la NASA, estimaron que más de la mitad de las construcciones de localidades como Caraballeda, Macuto, Naiguatá y Catia La Mar presentan probabilidades superiores al 75% de haber sufrido daños estructurales severos.

Por su parte, investigadores de la Universidad Estatal de Ohio calcularon que alrededor de 59.000 edificaciones resultaron afectadas por el terremoto.

Miles de desplazados y millonarias pérdidas

Las consecuencias humanitarias siguen siendo críticas. El Gobierno venezolano mantiene 89 campamentos temporales para albergar a casi 18.000 personas que perdieron sus viviendas.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estimó que los daños materiales ascienden a unos 6.700 millones de dólares, equivalente a aproximadamente el 6% del Producto Interno Bruto del país.

En tanto, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) lanzó un pedido de financiamiento por 50 millones de dólares para asistir durante tres meses a unas 500.000 personas afectadas por la catástrofe.

La respuesta internacional incluyó el despliegue de más de 3.000 rescatistas extranjeros, mientras que en localidades como Catia La Mar se habilitaron sectores especiales en los cementerios para la inhumación de víctimas aún sin identificar.

Un desastre agravado por la vulnerabilidad edilicia

Especialistas sostienen que la magnitud de la destrucción no obedeció únicamente a la fuerza de los sismos. El geofísico Michael Schmitz explicó que confluyeron varios factores: el desplazamiento simultáneo de dos fallas geológicas, la amplificación de las ondas sísmicas por las características del suelo y un parque edilicio con escasa adaptación a normas antisísmicas.

La región ya había sufrido otra de las mayores tragedias naturales del continente con la Tragedia de Vargas, ocurrida en diciembre de 1999, cuando deslizamientos de tierra dejaron entre 10.000 y 30.000 muertos.

Mientras continúan las tareas de remoción de escombros y recuperación de cuerpos, Venezuela enfrenta ahora el enorme desafío de reconstruir una de las zonas más castigadas del país, tras un desastre que ya registra más de 1.100 réplicas desde el 24 de junio y mantiene a miles de familias lejos de sus hogares.

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Venezuela eleva a 3.535 la cifra de muertos por los terremotos mientras crecen las críticas a la respuesta oficial

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El régimen venezolano actualizó el balance oficial de víctimas de los terremotos que sacudieron al país el pasado 24 de junio y elevó a 3.535 la cifra de fallecidos, un incremento de 193 personas respecto del informe difundido el día anterior.

Según el nuevo comunicado oficial, la cantidad de heridos se mantiene en 16.740, mientras que las autoridades continúan sin informar un número de desaparecidos, uno de los puntos más cuestionados por organismos internacionales y organizaciones humanitarias.

La actualización confirma la magnitud de una de las mayores tragedias naturales de la historia reciente de Venezuela, especialmente en el estado de La Guaira, la zona más castigada por el doble sismo.

La ONU alerta por miles de desaparecidos

Mientras el gobierno evita difundir cifras oficiales sobre personas cuyo paradero aún se desconoce, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que podrían existir hasta 50.000 desaparecidos, aunque otras proyecciones manejadas por organismos y equipos de rescate sitúan esa cifra en torno a las 10.000 personas.

La falta de información oficial ha alimentado las críticas hacia la gestión de la emergencia y la transparencia de los datos difundidos por las autoridades.

Continúa la búsqueda entre los escombros

En La Guaira, donde se concentra gran parte de la devastación, rescatistas y voluntarios continúan trabajando entre los escombros con el objetivo de recuperar cuerpos e identificar a las víctimas.

Las tareas avanzan en condiciones complejas y con denuncias de insuficiente apoyo logístico por parte del Estado.

Durante el fin de semana comenzaron además los entierros de víctimas que aún no pudieron ser identificadas. Más de 150 cuerpos fueron sepultados en el municipio de Catia La Mar.

En el cementerio La Esperanza, las tumbas fueron señalizadas con cruces blancas y placas con la inscripción “Identificación especial”, acompañadas únicamente por la fecha del fallecimiento: 24 de junio de 2026.

Crece el malestar social

A casi dos semanas del desastre, aumenta el malestar entre familiares de desaparecidos y vecinos de las zonas afectadas.

Además de la demora en la recuperación de cuerpos, miles de personas permanecen desplazadas tras perder sus viviendas, mientras las tareas de reconstrucción avanzan lentamente.

La crisis humanitaria continúa agravándose en varias localidades costeras, donde persisten problemas de acceso a servicios básicos y asistencia para los damnificados.

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Treinta y nueve segundos que partieron en dos la historia de Venezuela

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El miércoles, dos terremotos de magnitud superior a 7 sacudieron el centro-norte de Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia. No es una réplica grande. Es un fenómeno mucho más raro y revelador, que un geólogo misionero ayuda a entender desde la otra punta del continente.

Fotos El Nacional de Venezuela.

A las 18:04:32 del miércoles, la tierra se movió cerca de Montalbán, en el centro-norte de Venezuela. Treinta y nueve segundos después, antes de que la mayoría de la gente terminara de reaccionar al primer sacudón, se movió otra vez, más fuerte, cerca de Morón. El Servicio Geológico de Estados Unidos terminó registrando dos eventos: uno de magnitud 7,2 y otro de 7,5.

Los sistemas automáticos, en un primer momento, leyeron todo como un solo terremoto de magnitud 7,8. Se equivocaron, pero no por error humano, sino por algo más interesante sobre cómo funciona la sismología en tiempo real.

“Cuando dos rupturas ocurren con pocos segundos de diferencia, las ondas sísmicas pueden superponerse. Al principio, el sistema puede leer una señal compleja como si fuera un solo terremoto más grande. Luego, con más estaciones, más datos y revisión de las ondas, se pueden separar dos orígenes distintos: dos hipocentros, dos tiempos de inicio y dos magnitudes”, explica el licenciado Francisco Kovalski, geólogo misionero formado en la Universidad Nacional de la Plata

Lo que ocurrió en Venezuela tiene nombre técnico: terremoto doble. Y vale la pena detenerse en la diferencia, porque la mayoría de la gente asume que se trató de un sismo seguido de una réplica grande. No es lo mismo.

Una réplica típica sigue una lógica clara: primero el sismo principal, después movimientos menores de reajuste. En un terremoto doble, dos eventos de magnitud parecida ocurren casi en simultáneo, y en este caso, el segundo fue incluso más grande que el primero. Eso significa que, técnicamente, el de magnitud 7,2 podría reclasificarse como sismo precursor y el de 7,5 como el evento principal. Para el público, la diferencia se sintió como dos sacudidas mayores encadenadas, no como una sacudida y un eco.

¿Cómo puede pasar algo así? Kovalski lo explica con una imagen que cualquiera puede visualizar.

“La corteza terrestre ya estaba cargada de tensión. El primer sismo rompió una parte del sistema y modificó el equilibrio de esfuerzos. Si otro tramo de la falla estaba maduro para romperse, esa transferencia rápida pudo activar el segundo evento. Es como empujar una ficha de dominó que estaba a punto de caer: el primer movimiento no crea de la nada el segundo terremoto, pero puede terminar de dispararlo.”

Hay un detalle que ayuda a entender por qué una diferencia de apenas 0,3 en la escala de magnitud no es menor. La escala sísmica no es lineal: cada punto entero representa unas 32 veces más energía liberada. La distancia entre 7,2 y 7,5, aunque parezca chica en el papel, implica una diferencia energética considerable entre ambos eventos.

El resultado físico ya se conoce: derrumbes en barrios de Caracas como Los Palos Grandes y Altamira, alerta de tsunami emitida para Puerto Rico, Islas Vírgenes, Aruba, Curazao y Bonaire, y un país que, según informó la presidenta interina Delcy Rodríguez, entró en estado de emergencia.

Hay un dato que pone esto en perspectiva histórica: estos terremotos figuran entre los más fuertes registrados en Venezuela en más de un siglo, solo por debajo del terremoto de 1812 en Jueves Santo, que destruyó gran parte de Caracas y se estima en magnitud 7,7; y por encima del de Sucre en 2018, de magnitud 7,3.

Ahora bien: ¿terminó el peligro cuando dejó de temblar? El geólogo Kovalski lo explica con claridad:

“La actividad de réplicas puede durar días, semanas, meses e incluso años, aunque la frecuencia suele disminuir con el tiempo. No existe un umbral único a partir del cual una réplica se vuelve peligrosa, porque el riesgo no depende solo de la magnitud. En una ciudad con edificios ya debilitados, una réplica de magnitud 5 puede causar derrumbes adicionales. Un edificio que resistió el primer impacto puede no resistir una réplica moderada si ya sufrió grietas, desplazamientos o pérdida de capacidad portante”. 

Eso explica por qué el ministro del Interior, Diosdado Cabello, instó a la población a permanecer al aire libre: no es precaución genérica. Es la consecuencia directa de que el daño estructural se acumula de manera invisible, y una segunda sacudida, aunque sea más débil que la primera, puede ser la que finalmente derribe lo que ya estaba comprometido.

Hay todavía una pregunta que conecta este terremoto con un error de percepción muy extendido. Venezuela no está en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Esa franja que sí incluye a Chile, Perú, México o Centroamérica. Entonces, ¿por qué tiembla con esta intensidad?

El error común es asociar todos los grandes terremotos de América Latina con el Cinturón de Fuego del Pacífico, que afecta a países como Chile, Perú o México por la interacción de placas alrededor del océano Pacífico. Venezuela pertenece a otro contexto tectónico completamente distinto: la frontera entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, donde domina un movimiento lateral, de deslizamiento horizontal, a través de sistemas de fallas como Boconó, San Sebastián y El Pilar.

“Venezuela no necesita estar en el Cinturón de Fuego para ser sísmicamente activa. Está sobre otra frontera tectónica importante, donde dos grandes bloques de la corteza se empujan, se traban y finalmente liberan energía en forma de terremotos.” – Francisco Kovalski – Geólogo UNLP

Esa distinción no es un tecnicismo menor. El Cinturón de Fuego concentra, según el USGS, alrededor del 90% de los terremotos del planeta, pero ese 10% restante incluye fronteras de placas como la que atraviesa el norte de Venezuela, capaces de producir eventos tan destructivos como los del Pacífico, aunque con mucha menor frecuencia. En los últimos cien años, solo se registraron siete sismos de magnitud 6 o superior en un radio de 250 kilómetros de esta zona. Eso no la vuelve menos peligrosa: la vuelve menos predecible, porque la tensión se acumula durante décadas antes de liberarse de golpe.

De hecho, en septiembre de 2025 ya había ocurrido otro doblete sísmico cerca de esta misma región, de magnitud 6,2 y 6,3, que causó al menos una víctima y más de 110 heridos en los estados de Zulia y Lara. No hay certeza científica de que ese evento esté directamente conectado con el de esta semana, pero la coincidencia geográfica reabre una pregunta que los sismólogos venezolanos van a estudiar en los próximos meses: si el sistema de fallas del norte del país entró en una fase de mayor actividad.

¿Y por qué debería importarle todo esto a alguien que lee esta columna desde Misiones, a miles de kilómetros de cualquier falla activa?

“A alguien en Misiones no debería importarle porque pueda pasar lo mismo mañana en su provincia. Pero sí debería importarle por tres razones: primero, porque estos desastres muestran que el daño no lo produce solo la naturaleza, sino la combinación entre un fenómeno extremo y una sociedad vulnerable. Segundo, porque América Latina está conectada — una emergencia en Venezuela puede impactar en redes migratorias, ayuda humanitaria, precios y cooperación regional. Y tercero, porque obliga a pensar en prevención: en Misiones, la prioridad no es el riesgo sísmico, sino la gestión de lluvias intensas, arroyos desbordados, rutas, puentes y comunicación de emergencia. La enseñanza de Venezuela es que la preparación previa vale más que la reacción tardía.”

Francisco Kovalski · Geólogo (UNLP) · Misiones

Esa es, probablemente, la idea más importante de toda esta historia: más que la magnitud, más que los 39 segundos, más que la corrección técnica de 7,8 a dos eventos separados. Y hay un contraste que la vuelve todavía más nítida.

Infografía Economis | Actualizado al 27 de junio de 2026

Venezuela bajo escombros: el costo humano del doble terremoto

Dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte venezolano con apenas segundos de diferencia. La emergencia golpea especialmente a Caracas y La Guaira.

1430 muertos confirmados
3.238 heridos reportados
+65.000 personas no localizadas

Zonas más afectadas

  • La Guaira, epicentro de los daños más severos.
  • Caracas, con derrumbes y edificios comprometidos.
  • Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón, bajo evaluación de daños.

Daños críticos

  • Colapso de viviendas y edificios antiguos.
  • Infraestructura sanitaria y de transporte afectada.
  • Restricciones de acceso en zonas de rescate.

Una emergencia todavía abierta

El balance puede agravarse a medida que avancen las tareas de búsqueda entre los escombros. Equipos de rescate y ayuda internacional trabajan en las zonas de mayor destrucción.

17 países y la ONU enviaron asistencia

Menos de una hora después del segundo sismo venezolano, a 13.000 kilómetros de distancia, otro terremoto remeció la costa norte de Japón. Magnitud 6,9. Frente a la prefectura de Iwate, con epicentro a 50 kilómetros de profundidad. Suspendió el servicio del tren bala. Activó inspecciones preventivas en instalaciones nucleares cercanas. Y no provocó víctimas ni daños de consideración. El único damnificado que la prensa pudo registrar fue una mujer en la localidad de Hashikami: se le cayó una foto enmarcada de la pared.

Dos terremotos de magnitud comparable (7,2/7,5 en Venezuela, 6,9 en Japón) con menos de una hora de diferencia entre sí, y resultados completamente distintos. En Caracas, edificios colapsados, barrios sin electricidad, estado de emergencia nacional. En Hachinohe, semáforos funcionando con normalidad y tráfico circulando como un día cualquiera, según mostraron las cámaras de la televisión pública NHK. La diferencia no estuvo en la energía liberada por la tierra. Estuvo en lo que cada país construyó encima de ella.

Japón está, literalmente, sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico. Su normativa de construcción antisísmica se desarrolló durante décadas, endurecida después de cada gran catástrofe, incluido el terremoto y tsunami de Tōhoku de 2011, que dejó cerca de 20.000 muertos y obligó a repensar estándares de ingeniería en todo el país. Cuando tiembla, los edificios japoneses están diseñados para oscilar, absorber la energía y seguir en pie. Por eso un sismo de magnitud 6,9 termina en una foto caída y no en un derrumbe.

Venezuela, en cambio, no está sobre el Cinturón de Fuego, eso ya lo explicó Kovalski, pero tampoco tuvo, durante las últimas décadas, la misma inversión sostenida en normativa sísmica, mantenimiento de infraestructura y control de construcción. La frecuencia de grandes terremotos es mucho menor que en Japón. Y esa menor frecuencia, paradójicamente, es parte del problema: cuando un país tiembla cada pocos meses, construye con la sismicidad en mente todos los días. Cuando tiembla una vez por generación, la memoria institucional y constructiva se diluye entre un evento y el siguiente.

No es una cuestión de magnitud. Es una cuestión de preparación acumulada.

Y en el caso venezolano, esa falta de preparación no nació esta semana.

El balance de víctimas creció de manera dramática en menos de 48 horas. Lo que el jueves eran 188 muertos y 971 heridos se convirtió, hacia el sábado, en al menos 1.430 muertos confirmados, más de 3.360 heridos y 51.681 personas reportadas como desaparecidas sin contacto con sus familias, según la plataforma ciudadana Desaparecidos Terremoto Venezuela y el balance oficial del ministro de Salud, Carlos Alvarado. El jefe de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher, advirtió que la cifra de fallecidos “aumentará considerablemente” a medida que avancen los rescates entre los escombros. La Guaira concentra la mayor devastación: más de 100 edificios colapsados y comparaciones que ya circulan con los grandes terremotos urbanos de las últimas décadas. 

A eso se suma un dato que confirma exactamente lo que Kovalski explicó sobre la duración de las réplicas: la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) registró más de 214 réplicas desde la tarde del miércoles, incluyendo una de magnitud 4,5 detectada en la madrugada del viernes, a pocos kilómetros de San Felipe. El propio Diosdado Cabello lo describió como evidencia de que la actividad sísmica en la zona sigue siendo intensa. Es el proceso de reajuste de la falla que la entrevista anticipaba y que explica por qué cientos de personas siguen sin animarse a volver a edificios que técnicamente quedaron en pie, pero que nadie puede garantizar que sigan así después de la próxima sacudida.

Ese derrumbe no ocurrió sobre una infraestructura cualquiera. Ocurrió sobre un país que llevaba más de una década en colapso económico e institucional antes de que la tierra se moviera. Venezuela atraviesa una inflación proyectada en 682% para 2026, según el FMI. El Banco Central dejó de publicar estadísticas oficiales hace más de un año. Los servicios públicos -agua, electricidad, salud- funcionan con fallas crónicas en buena parte del territorio, independientemente de cualquier sismo. Y todo esto ocurre apenas meses después de la caída de Nicolás Maduro, capturado por fuerzas estadounidenses en enero, en medio de una transición política todavía sin rumbo claro, con estructuras de poder fracturadas y un Estado que ya estaba operando al límite de su capacidad antes de que llegara la emergencia.

Un edificio construido durante años de desinversión, en un país con escasez de cemento de calidad, mantenimiento postergado y controles de obra debilitados, no responde igual a un sismo que uno construido bajo normativa actualizada y fiscalizada. La vulnerabilidad sísmica de Venezuela esta semana no se explica solo con geología. Se explica también con presupuestos públicos vaciados, hospitales que ya estaban en crisis antes del terremoto, y un Estado que llega a esta tragedia después de gestionar, durante más de una década, una emergencia distinta pero igualmente profunda.

Un terremoto no se puede evitar.

Pero la tragedia que produce sí puede reducirse con construcción de calidad, planificación urbana, educación pública y un Estado capaz de responder antes de que la tierra vuelva a moverse.

Venezuela está aprendiendo esa lección ahora, en tiempo real, con más de 1.400 muertos, decenas de miles de desaparecidos sin confirmar y un país que ya no tenía margen para absorber otro golpe.

Japón la aprendió hace generaciones, a fuerza de terremotos, y hoy se nota en algo tan simple como una foto que se cae de la pared en lugar de una pared que se cae entera.

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Venezuela: ya son 920 los muertos y las pérdidas superan los USD 6.700 millones

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Venezuela atraviesa su cuarto día consecutivo de emergencia tras los devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que impactaron el país el pasado miércoles. El balance oficial asciende a 920 fallecidos y 3.360 heridos, mientras continúan las tareas de rescate en las zonas más castigadas por el desastre, especialmente en el estado costero de La Guaira.

La magnitud de la tragedia movilizó una amplia respuesta internacional. Equipos de rescate y asistencia humanitaria provenientes de Estados Unidos, España, México, Colombia, Chile, Ecuador, República Dominicana, Suiza, Países Bajos y El Salvador trabajan junto a miles de efectivos venezolanos en la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros. En las próximas horas también se espera la llegada de brigadas de Alemania e Italia.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, confirmó la continuidad de la militarización de La Guaira y la restricción del acceso de civiles a la zona de desastre. La medida fue adoptada luego de que la llegada masiva de voluntarios y ayuda humanitaria provocara severos congestionamientos que dificultaban el paso de ambulancias y equipos de emergencia.

Daños económicos equivalentes al 6% del PIB

Más allá del drama humanitario, comienzan a dimensionarse las consecuencias económicas del desastre. Según estimaciones preliminares del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los daños físicos directos alcanzan los USD 6.700 millones, una cifra equivalente a cerca del 6% del Producto Interno Bruto venezolano.

Las pérdidas abarcan infraestructura pública, viviendas, servicios básicos, hospitales, redes eléctricas y actividades productivas. El impacto se concentra especialmente en la región costera norte del país, donde se registraron los mayores derrumbes y daños estructurales.

En paralelo, las autoridades informaron que lograron restablecer aproximadamente el 60% del suministro eléctrico en las zonas afectadas, aunque persisten problemas severos en servicios esenciales como agua potable, telecomunicaciones y atención sanitaria.

Un sistema de salud bajo presión

Los terremotos también expusieron las fragilidades del sistema sanitario venezolano. Diversos hospitales operan con capacidad reducida, escasez de insumos y limitaciones en servicios básicos. En algunos centros médicos de emergencia se reportaron dificultades para acceder a agua corriente y equipamiento esencial, mientras miles de heridos continúan requiriendo atención médica.

La situación se vuelve más compleja a medida que avanzan las horas. En sectores de La Guaira, rescatistas y voluntarios reportan que comienza a percibirse olor a descomposición entre los escombros, una señal de que aún podrían quedar numerosas víctimas atrapadas bajo edificios colapsados. Además, varias estructuras dañadas mantienen riesgo de derrumbe, lo que incrementa los peligros para los equipos de rescate.

Crece la ayuda internacional

La comunidad internacional continúa ampliando la asistencia. China confirmó el envío de ayuda humanitaria de emergencia y expresó su disposición a incrementar el apoyo según evolucione la situación. También se sumaron mensajes de solidaridad de líderes mundiales, entre ellos el rey Carlos III, quien manifestó su “profunda tristeza” por las consecuencias de la tragedia.

Mientras tanto, miles de efectivos especializados siguen trabajando contra reloj en la búsqueda de sobrevivientes. Las autoridades venezolanas mantienen habilitadas líneas especiales para reportar desaparecidos y coordinan con organismos internacionales la llegada de nuevos recursos para enfrentar una de las peores catástrofes naturales registradas en el país en las últimas décadas.

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Catástrofe en Venezuela: los muertos ya son 920 y la crisis humanitaria escala con miles de heridos y desaparecidos

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Venezuela enfrenta una de las peores tragedias de su historia reciente. A menos de 48 horas de los dos terremotos que sacudieron al país el miércoles 24 de junio, el balance oficial de víctimas volvió a agravarse y ya asciende a 920 fallecidos y 3.360 heridos, mientras continúan las tareas de búsqueda entre edificios colapsados y zonas devastadas.

La actualización fue difundida por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional venezolana, quien confirmó que la cifra de víctimas fatales se multiplicó en las últimas horas a medida que los equipos de rescate lograron acceder a sectores que permanecían aislados desde los sismos.

Los terremotos, de magnitudes 7,1 y 7,5 y separados por apenas segundos, son considerados por especialistas como los más destructivos registrados en Venezuela en más de un siglo y uno de los eventos sísmicos más severos desde el terremoto de Caracas de 1967.

La región más golpeada es el estado de La Guaira, donde el Gobierno venezolano reportó más de 70.000 familias afectadas. Allí se concentra gran parte de la destrucción de viviendas, infraestructura vial y servicios esenciales. También se registraron daños severos en Caracas y otras ciudades del centro y occidente del país.

La emergencia sigue agravándose debido a la continuidad de la actividad sísmica. Las autoridades confirmaron al menos 214 réplicas desde el evento principal, incluida una de magnitud 4,4 registrada durante la madrugada de este viernes.

La dimensión de la tragedia movilizó una inédita respuesta internacional. Naciones Unidas informó que 16 países ya desplegaron equipos de búsqueda y rescate en territorio venezolano. En total, operan 25 brigadas especializadas y más de mil rescatistas procedentes de Estados Unidos, España, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Suiza, Italia, Catar, Jordania, República Checa, Chile, Colombia, Ecuador, México y El Salvador.

Paralelamente, la Federación Internacional de la Cruz Roja lanzó un pedido urgente de 54 millones de euros para asistir a unas 300.000 personas afectadas por la catástrofe. Los recursos estarán destinados a atención médica, refugios temporales, agua potable, alimentos y asistencia humanitaria de emergencia.

La ayuda internacional también comenzó a llegar desde el sector privado. Starlink anunció la provisión gratuita de internet satelital en las zonas afectadas hasta el 25 de julio. La medida fue agradecida públicamente por la presidenta Delcy Rodríguez, quien destacó la importancia de mantener las comunicaciones durante la emergencia.

Mientras tanto, continúan las operaciones de rescate en edificios derrumbados y barrios afectados. Las autoridades venezolanas mantienen el estado de emergencia y reforzaron la presencia militar en La Guaira para garantizar la distribución de alimentos, agua potable y asistencia sanitaria.

Las estimaciones preliminares indican que los daños materiales podrían superar los 10.000 millones de dólares. Organismos internacionales advirtieron además que la cifra de víctimas podría seguir aumentando en los próximos días a medida que avanzan las tareas de remoción de escombros y localización de desaparecidos.

La tragedia ya es considerada una de las mayores emergencias humanitarias registradas en América Latina durante las últimas décadas y mantiene en alerta a toda la región.

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