transición energética

La energía del mar: el proyecto argentino que busca generar electricidad a partir de las olas

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Por Lara Guerrero / IPS Noticias – Aunque Argentina continúa impulsando su industria fósil, su amplia zona costera abre una oportunidad poco explorada: la energía undimotriz, una fuente renovable que aprovecha el movimiento de las olas para generar energía.

Con esa idea en mente, el ingeniero Alejandro Haim comenzó en 2007 un proyecto de energía undimotriz en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Buenos Aires.

A mediados de marzo, el proyecto de energía undimotriz tuvo un avance contundente. En la metalúrgica Duroll de Pilar, se realizó la prueba estructural de la boya de tres metros de diámetro y 2,5 toneladas y el brazo.

“Probamos todas las partes del equipo, su funcionamiento, que no fallen, que no se rompan, que funcione correctamente fuera del agua, en el lugar donde estamos construyendo”, sostuvo Haim. “Una vez que pase todas las pruebas, que demostremos que es seguro para la gente y que no va a pasar nada extraño que pueda poner en peligro ni la flora, ni la fauna marina, recién ahí se trasladaría a la escollera norte de Mar del Plata y se instalaría», añadió.

Explicado de manera esquemática, el proyecto del generador comienza con una boya que flota en el agua. Un brazo metálico unido, en un extremo, a la boya que oscila cuando esta sube y baja, y al otro extremo del brazo, la conexión con una plataforma que puede ser una escollera o muelle. El movimiento lento y de vaivén del brazo entra en una cadena cinemática, es decir, un sistema de engranajes y mecanismos que hace girar un generador eléctrico y, finalmente, produce la energía.La simplicidad del mecanismo tiene detrás años de planificación estratégica. Así lo explica Haim: “El hecho de que sea simple hace que el costo sea bajo y la confiabilidad del equipo, elevada, porque mientras más simple, menos probabilidades hay de que algo falle”.

A diferencia de otros proyectos de energía undimotriz que hay en el mundo, “la ventaja del nuestro es que lo único que está en contacto con el agua es la boya. El resto, va fuera del agua. Hay equipos que van sumergidos total o parcialmente, por ejemplo”, aporta el ingeniero respecto a las probabilidades de corrosión de los materiales.

La escollera norte de Mar del Plata no es el destino final del proyecto. “Nosotros pensamos el equipo en la escollera como una plataforma de investigación científica”, sostiene Haim.

El objetivo final es llegar a instalaciones offshore (costa fuera), pero para eso primero hay que demostrar en condiciones reales el coeficiente de conversión de energía undimotriz a energía eléctrica. “Uno puede hacer un montón de simulaciones, cálculos, pero en definitiva la demostración práctica es lo que termina de ponerle el sello a todo esto”, afirma.

En ese sentido, Roberto Salvarezza, exministro de Ciencia y Tecnología de la Nación (2019-2021) y actual presidente de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) –dependiente del Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la Provincia de Buenos Aires– precisa que «se llega a un piloto, se hace una evaluación y a partir de ahí uno busca la posibilidad de escalar si la tecnología ha sido exitosa, a fin de pasar ya a una fase productiva».

El potencial undimotriz

Imagen descriptiva del convertidor diseñado – Imagen: Proyecto de Energía Undimotriz UTN.BA – Pacheco

Hoy, el proyecto de energía undimotriz de la UTN que dirige Haim está patentado y tiene más de 20 profesionales e investigadores trabajando en su concreción. El equipo estima que un parque pequeño de 200 boyas tendría una potencia de 6 megavatios y abastecería a unas 20 000 personas o 5000 hogares, ocupando una superficie equivalente a tres manzanas.

Según un estudio publicado por el equipo de investigación en la revista Energías Renovables y Medio Ambiente, una sola boya de 30 kilovatios (kW) instalada en la costa de Necochea sería capaz de producir 131 megavatios hora (MWh) al año.

En 2025, Argentina consumió 141 249 gigavatios hora (GWh) según el informe anual de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista de Eléctrico (Cammesa), lo que pone en perspectiva la escala: el aporte de un prototipo individual es mínimo, pero según Haim, «la cantidad (de generadores) que se puede instalar no tiene techo».

Una de las ventajas técnicas que destaca el equipo es la densidad energética del recurso. Según un estudio publicado por los investigadores de la UTN, la energía undimotriz tiene una potencia por unidad de superficie de entre 2000 y 3000 W/m², frente a los 400-600 W/m² de la eólica y los 200 W/m² de la solar.

La razón es que la densidad del agua es 850 veces mayor que la del aire, lo que permite que la masa oceánica acumule y transporte más energía. Salvarezza suma otra ventaja: “Esta transferencia de energía (de las olas) es más permanente con respecto a la intermitencia que puede tener la energía solar o la energía eólica, donde la intensidad del viento es más fluctuante”.

A nivel global, las estimaciones sobre el potencial de este recurso son significativas. Un estudio de 2010 calculó que el recurso undimotriz a nivel mundial podría llegar a cubrir alrededor de 3,7 teravatios (TW), lo que representaba 20 % de la demanda mundial de energía de aquel momento.

Ana Julia Liftschitz es oceanógrafa y fue parte del proyecto de energía undimotriz durante varios años. En la actualidad, trabaja en la UTN de Puerto Madryn, Chubut, en un proyecto de turbinas hidrocinéticas para generar energía a partir de las mareas.

Coincide con Haim en que el potencial energético del mar argentino es sumamente vasto. Liftschitz destaca que «desde el punto de vista del recurso no hay ninguna limitación», y resalta que, aunque la aplicabilidad tecnológica sea un desafío, «tenemos el mar acá, que tiene un recurso ilimitado de energía y no lo estamos aprovechando».

Sobre esa dificultad de aplicación, Salvarezza precisa qué tipo de obstáculos enfrenta la tecnología: «El gran problema que tiene es que está expuesta a condiciones muy extremas. Se somete a los dispositivos a un permanente estrés mecánico que es el movimiento de las olas y, por el otro lado, está expuesto a un ambiente marino que degrada los materiales», detalla.

Actualmente, existen diversos proyectos en fase de prototipo desarrollados en distintos países como Reino Unido, España, Portugal, Estados Unidos, Japón, Noruega, Dinamarca, Brasil e Israel. A pesar de estos avances, Haim explica que en el sector todavía no hay ninguna tecnología que haya llegado a un grado de madurez que posicione a un proyecto por sobre otro para desarrollarlo a escala comercial.

Esta situación de paridad tecnológica habilita una oportunidad para el desarrollo local, a la vez que posiciona a la Argentina dentro del contexto global. Como se destaca en un estudio de 2019 realizado por Haim y otros miembros del proyecto, el hecho de ser una «tecnología en estado de desarrollo experimental permite competir con otros desarrollos a nivel mundial sobre el desarrollo de equipos confiables, seguros y de costos competitivos».

Salvarezza precisa que, a nivel mundial, «la energía del mar está en una etapa aún exploratoria, en el caso de la undimotriz, precomercial, con algunos prototipos desarrollándose, algunos en Estados Unidos, otros en Europa». Y agrega: «Hoy en día el precio que podría tener el megawatt-hora de estas energías están por encima de lo que son las energías fósiles o el caso de las renovables como la energía solar y energía eólica. Sin embargo, a medida que se vayan desarrollando y alcancen escala, seguramente estos precios van a bajar».

Energía renovable en la matriz energética argentina

En 2006, mediante la Ley 26.190, se creó el Régimen de Fomento Nacional para el Uso de Fuentes Renovables de Energía Destinada a la Producción de Energía Eléctrica, que establecía como meta alcanzar una contribución de las fuentes de energía renovables de 8 % del consumo de energía eléctrica nacional para el 31 de diciembre de 2017.

El incentivo que planteaba la ley era a través de incentivos fiscales, beneficios impositivos y la remuneración de la energía generada que se volcara al mercado mayorista o servicios públicos. En aquella ley, la energía undimotriz ya se posicionaba dentro de la lista de energías renovables que se buscaba fomentar.

Boya y brazo metálico – prueba _en seco_ en metalúrgica Duroll de Pilar. Imagen: Proyecto de Energía Undimotriz UTN.BA -Pacheco

Luego, en 2015 con la Ley 27.191 se modificó el régimen y elevó esta meta para lograr que las fuentes renovables alcancen el 20% del consumo de energía eléctrica nacional para diciembre de 2025. Según el informe anual de Cammesa de 2025, el país cerró ese año con un aporte de 18,9 %.

Desde el proyecto de energía undimotriz de la UTN plantean que el desarrollo de esta tecnología contribuiría a diversificar la matriz energética y a un abastecimiento más seguro y constante.

“La diversificación de las energías hace que, si te falla una de las fuentes, tenés de la otra. Si dependés de una sola y esa falla, es muy complicado”, advierte Haim, quien retoma como ejemplo el apagón masivo que afectó a España y Portugal en abril de 2025, cuando una desconexión abrupta de plantas generadoras provocó la caída de la red eléctrica peninsular.

Soberanía energética: el peso del desarrollo local

Gabriel Blanco es ingeniero, investigador y coordinador del Centro de Tecnologías Ambientales y Energía (CTAE) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicen), donde se estudia el nexo entre energía, ambiente y sociedad.

Blanco sostiene que la transición energética es necesaria por múltiples motivos, entre ellos, el cambio climático y cuestiones vinculadas al modelo energético actual, que describe como «muy concentrado en términos de capitales y tecnología».

El investigador plantea la necesidad de avanzar hacia un modelo más diversificado y participativo. En ese sentido, considera que el desarrollo de energías renovables a nivel nacional, como el proyecto de energía undimotriz, «es parte de una diversificación en términos de recursos, en términos tecnológicos y fundamentalmente que se está haciendo desde lo local con actores locales».

Autonomía tecnológica frente a los cambios de gobierno

El proyecto undimotriz de la UTN fue diseñado para realizarse de punta a punta en el país. «Todos los mecanismos que tiene nuestro equipo se pueden fabricar en la Argentina. Es más, nosotros ya lo estamos fabricando, lo podemos hacer con la industria nacional, no dependemos de importaciones», cuenta Haim.

Y esto tiene una razón. «Queríamos algo que pudiéramos hacer acá en Argentina, que no dependiéramos de inversiones extranjeras. Yo empecé con esto en el 2007, casi 20 años atrás y fijate cuántos presidentes pasaron por el medio y todavía seguimos con el tema. Entonces, tenemos que ser resistentes a los cambios de política de la Argentina. Si un día te abren las importaciones, después te las cierran, después te las abren, no podemos depender de lo que decida el gobierno de turno. Mientras menos dependamos del entorno exterior, mejor», explicó el ingeniero.

La preocupación de Haim por la autonomía tecnológica se vincula con un debate más amplio sobre la transición energética en Argentina. El estudio «Impactos en la Balanza Comercial Argentina de la Transición Energética», realizado por Blanco y otros autores, advierte que la transición puede reproducir formas de dependencia si no se acompaña con una política industrial propia.

«Si la transición se implementa sin una estrategia de desarrollo tecnológico e industrial, puede generar una nueva dependencia: la importación masiva de equipos, tecnologías y componentes estratégicos, sustituyendo la vulnerabilidad asociada a los combustibles fósiles por otra vinculada a la tecnología extranjera», concluye el documento.

Fotomontaje del equipo pontado sobre la escollera norte del puerto de Mar del Plata. Imagen: Proyecto de Energía Undimotriz UTN.BA -Pachec

Blanco desarrolla esa idea: «Pueden haber cuestiones ligadas a la dependencia tecnológica porque, por ejemplo, la energía solar y los paneles solares pueden ser muy buenos, pero nosotros no los hacemos, se traen de China o del país que sea».

Salvarezza aporta una mirada similar desde su rol institucional: «En el caso de la energía eólica y solar, hay pocas posibilidades de que Argentina pueda participar de la cadena de valor, salvo algunos nichos reducidos. La mayoría de la tecnología que se dispone, está en manos de empresas extranjeras».

Por eso, destaca el caso del proyecto de energía undimotriz: «Es particularmente interesante porque el dispositivo que ha desarrollado la universidad tiene estas características de integrar, casi en su totalidad, industria nacional».

Del desfinanciamiento nacional al apoyo provincial

En 2022 el proyecto fue seleccionado por el Fondo Argentino Sectorial (Fonarsec) para, en 2023 recibir un financiamiento de 50 millones de dólares para el desarrollo gracias a un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo.

Sin embargo, desde 2024 el gobierno de Javier Milei dejó al financiamiento al sistema científico y el desarrollo nacional prácticamente congelado debido a la retención de fondos provenientes de préstamos internacionales.

El dinero que debían recibir nunca llegó.

“Peor todavía, porque nosotros hicimos trabajos durante un año, les presentamos las facturas, y nunca lo pagaron. O sea que nosotros tuvimos el gasto”, relata Haim.

Antes “el Fonarsec te daba la plata y vos la administrabas. Con el cambio de gobierno cambiaron las reglas”, relata y agrega que la instrucción fue que, cuando compraran los insumos o finalizaran los trabajos, enviaran la factura y les iban a remunerar los gastos.

“Los investigadores dedicaron mucho tiempo y horas de trabajo, presentaron las facturas, el trabajo que hicieron, y nunca se les pagó. Es peor a que te saquen el financiamiento, porque trabajaste con la esperanza de cobrar y no cobraste un mango”, relata Haim y agrega que también perdieron a la empresa con la que se habían asociado para construir el equipo.

El investigador agrega que perdieron “todo el trabajo que hicimos de conseguir una empresa, firmar compromiso de confidencialidad, armar el proyecto, fue mucho tiempo que no te lo paga nadie después. Cuando uno hace un proyecto con la idea que salga, sabe que puede salir mal, pero no te imaginás que va a pasar algo así”.

Fue entonces cuando, en 2024, la Provincia de Buenos Aires intervino para que el proyecto continuara a través del Foro Regional Eléctrico de la Provincia de Buenos Aires (FREBA).

Este organismo funcionó como el nexo que vinculó al equipo de la UTN con el Programa de Incentivos a la Generación de Energía Distribuida (Proinged) y con el Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA), permitiendo que el proyecto recupere su impulso.

Salvarezza, presidente de la CIC, describe ese momento: «A comienzos del 2024 este proyecto se encontraba en una situación muy compleja porque se había desarrollado con lo que eran los fondos que aportaba el Estado Nacional, los Fonarsec. Hubo un cambio en el gobierno y estos fondos no siguieron fluyendo».

Y agrega: «Hoy en día es la provincia (de Buenos Aires) la que está sosteniendo este proyecto”.

El recurso marino en Argentina

Como oceanógrafa, Liftschitz hace una caracterización de los potenciales de energía que podrían obtenerse de los casi 5000 km de costa argentina.

«Si uno piensa en la costa argentina puede hacer una división muy clara. En la costa bonaerense la energía del mar más rentable sería la undimotriz, la energía de las olas, que allí no son excesivamente grandes, pero son persistentes. Para que se forme la ola necesitás un viento sostenido y una cierta distancia donde el viento le transfiere energía al agua, que se llama fetch. En la costa bonaerense el viento viene del este, tiene buena distancia y vientos sostenibles como para formar oleaje”, explica.

Mar del Plata. Imagen: Lara Guerrero

En cambio, las características cambian en el sur del país, habilitando otro tipo de aprovechamiento energético. Liftschitz sostiene que “en la costa patagónica, como tenemos una amplitud de marea muy importante y velocidades de corrientes de mareas muy fuertes, lo que conviene es obtener la energía de las mareas. Allí, los vientos son del oeste, entonces no se genera oleaje, pero existe una amplitud de marea excepcional”.

Un estudio de impacto ambiental publicado en 2017 en la revista Proyecciones, realizado por integrantes del proyecto en el marco de una tesis de maestría en Ingeniería Ambiental de la UTN, evaluó los efectos potenciales de la instalación del dispositivo en la escollera sur del Puerto Quequén.

La conclusión fue que “los potenciales impactos ambientales negativos no resultan significativos y resulta viable su ubicación”.

Según el estudio, los impactos negativos que identificaron son de carácter moderado y podrían focalizarse en la etapa de construcción, como por ejemplo, la contaminación sonora, la modificación del entorno visual y alteraciones temporales en la accesibilidad.

Liftschitz, codirectora del estudio, ratifica la evaluación: “Son instrumentos muy chicos. Hay que estudiar el impacto, obviamente, porque todo lo que uno pone tiene su impacto. Pero en la zona de Quequén el resultado fue positivo, el impacto ambiental era bajo”.

Una Argentina que mire al mar con perspectiva energética

Luego de casi 20 años de desarrollo, el prototipo argentino de energía undimotriz se acerca a una prueba decisiva: el mar. El paso siguiente, la escala comercial y el aporte real a la matriz energética, va a depender de los resultados que se obtengan y las decisiones políticas y económicas que se tomen.

La transición energética es una oportunidad para pensar sobre los patrones de consumo, la soberanía, y la participación ciudadana en el uso de los recursos naturales, sin olvidar la importancia de acompañar este proceso con políticas industriales, tecnológicas y territoriales que eviten reproducir nuevas dependencias y conflictos.

Este artículo se elaboró con el apoyo de Climate Tracker América Latina.

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El precio global del carbono superó los US$107.000 millones y acelera la presión sobre las economías exportadoras

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El Banco Mundial confirmó que los mecanismos de fijación del precio del carbono triplicaron su recaudación en una década y ya cubren casi el 30% de las emisiones globales. El avance de estos sistemas empieza a redefinir competitividad, comercio exterior y acceso a financiamiento para sectores productivos intensivos en energía y recursos naturales.

Según un informe del Grupo Banco Mundial publicado el pasado 19 de mayo, los ingresos derivados de la fijación del precio del carbono se triplicaron en la última década: aumentaron de menos de US$30.000 millones en 2016 a movilizar más de US$107.000 millones para presupuestos públicos en 2025.

En el informe anual titulado State and Trends of Carbon Pricing 2026 (Situación y tendencias de la fijación del precio del carbono 2026) se revela que actualmente existen 87 políticas de fijación de precios del carbono en el mundo, un aumento de siete con respecto al año anterior. Asimismo, se muestra que todas las grandes economías de ingreso mediano han implementado o tienen previsto implementar mecanismos de fijación directa del precio del carbono. India y Viet Nam son los países que realizaron avances más significativos en este ámbito en 2025. En la publicación también se señala que los precios directos del carbono han crecido un 7% desde la edición del año pasado del informe y que se han duplicado en la última década. El precio promedio del carbono es ahora de casi US$21/tCO2e.

Un poco más del 29% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en todo el mundo están ahora cubiertas por mecanismos de fijación directa del precio del carbono. Esta cifra aumentaría a alrededor de un tercio si los instrumentos actualmente en desarrollo se implementaran en más economías emergentes importantes.

“La fijación del precio del carbono y los mercados de carbono pueden desempeñar un papel importante al permitir que los países determinen su propia matriz energética”, dijo Paschal Donohoe, director gerente y oficial principal de Conocimientos del Grupo Banco Mundial. “Cuando están bien diseñados, pueden ayudar a impulsar la eficiencia y la innovación, al tiempo que movilizan recursos para las prioridades de desarrollo. Durante más de 20 años, este informe ha ayudado a los responsables de formular políticas y al sector privado a comprender mejor la evolución de estos mercados y las oportunidades que representan”.

En los mercados de créditos de carbono, el volumen total de las emisiones de créditos de carbono aumentó un 8% entre 2024 y 2025. En tanto, los precios de los créditos de carbono disminuyeron levemente durante 2025, pero algunos tipos de proyectos continuaron teniendo un sobreprecio, incluidos aquellos que pueden ser utilizados por aerolíneas internacionales o proyectos de conservación forestal y reforestación con alta calificación.

El Grupo Banco Mundial se ha comprometido a ayudar a los países a alcanzar sus propios objetivos de desarrollo para facilitar la creación de empleo y promover el crecimiento sostenible. Un área de apoyo es el creciente acceso al financiamiento disponible a través de los mercados de carbono. A tal fin, el Departamento de Clima del Grupo Banco Mundial complementa sus servicios básicos de financiamiento y asesoría con productos clave que respaldan a los clientes a lo largo de la cadena de valor de las soluciones climáticamente inteligentes.

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Científicos chinos convierten madera en material que genera electricidad

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La energía solar enfrenta desde siempre un obstáculo estructural: su dependencia directa de la radiación. Cuando el sol se oculta, la generación se detiene, justo en momentos donde la demanda suele incrementarse. Frente a ese límite, un grupo de investigadores desarrolló un material innovador que podría cambiar parcialmente esa lógica: madera modificada capaz de almacenar calor durante el día y transformarlo en electricidad incluso en ausencia de luz.

El avance se basa en la utilización de madera de balsa tratada a nivel nanométrico para potenciar sus propiedades físicas. El material logra una absorción solar cercana al 91,2% y puede generar hasta 0,65 voltios por ciclo térmico, manteniendo su rendimiento tras múltiples usos. La clave no está en producir más energía en el momento, sino en extender su disponibilidad en el tiempo, lo que abre una nueva dimensión en el aprovechamiento de fuentes renovables.

Una solución basada en almacenamiento térmico

El desarrollo combina varias innovaciones. En primer lugar, la madera es modificada para aumentar su porosidad mediante la eliminación de lignina, lo que mejora su capacidad de absorción. Luego se incorporan materiales como fosforeno negro, nanopartículas de plata y compuestos químicos que permiten almacenar energía en enlaces internos.

El elemento central del sistema es el ácido esteárico, un material de cambio de fase que absorbe calor durante el día y lo libera de manera gradual cuando baja la temperatura. Ese flujo térmico puede ser convertido en electricidad mediante dispositivos termoeléctricos, generando energía incluso durante la noche.

El resultado es un sistema que no depende de baterías tradicionales, sino de un almacenamiento térmico integrado en el propio material.

Más allá de las baterías: una nueva lógica energética

Si bien la potencia generada todavía es limitada, el valor del desarrollo radica en su concepto. No busca reemplazar a las baterías, sino ofrecer una alternativa complementaria, potencialmente más simple y sostenible.

En un contexto global donde el almacenamiento energético es uno de los principales desafíos de la transición energética, este tipo de soluciones abre la puerta a materiales multifuncionales capaces de integrarse en infraestructuras existentes. Fachadas, techos o estructuras podrían, en el futuro, captar y liberar energía sin necesidad de sistemas externos complejos.

Además, al tratarse de un material natural, renovable y potencialmente escalable, se alinea con las tendencias de sostenibilidad y eficiencia energética que ya impulsan regulaciones en distintas regiones del mundo.

Aplicaciones y potencial

El uso de este tipo de tecnología podría extenderse a múltiples escenarios:

  • Edificios autosuficientes con almacenamiento energético pasivo
  • Zonas rurales sin acceso estable a redes eléctricas
  • Dispositivos de baja potencia donde las baterías no son viables
  • Sistemas híbridos combinados con paneles solares tradicionales

Más que una revolución inmediata, se trata de una evolución silenciosa que apunta a un modelo energético más distribuido, donde los materiales mismos cumplen un rol activo en la gestión de la energía.

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Mercados de carbono: Latinoamérica acelera y se posiciona como fuente de divisas

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América Latina comienza a consolidarse como un actor activo en los mercados internacionales de carbono, con avances concretos en marcos regulatorios, desarrollo de proyectos e inversiones en marcha. En un contexto global donde los mercados internacionales de carbono que establece el Artículo 6 del Acuerdo de París entra en fase operativa, la región se posiciona como proveedora estratégica de créditos de carbono en un mercado en expansión.

Estas fueron algunas de las principales conclusiones del encuentro regional organizado por la Red Carbono LATAM, del que participó la Mesa Argentina de Carbono junto a referentes de Chile, Perú y Paraguay.

Un mercado que ya está en marcha

El desarrollo del Artículo 6 muestra avances concretos a nivel global, con más de 100 acuerdos bilaterales en negociación y ya firmados entre países, y las primeras transferencias internacionales de resultados de mitigación (ITMOs) ya en proceso. En este escenario, América Latina tiene un rol creciente:

  • 11 países de la región venderán créditos de carbono
  • Representa el 20% de los acuerdos globales firmados
  • Consolida su posicionamiento como región exportadora de carbono

Además, el diferencial económico es significativo: los créditos comercializados bajo el Artículo 6 pueden alcanzar valores entre 2 y 5 veces superiores a los del mercado voluntario, lo que permite viabilizar proyectos que no son viables con los precios del mercado voluntario y en muchos casos alcanzando mayor escala e impacto territorial.

Chile: regulación clara e inversiones en marcha

Chile se posiciona como uno de los países más avanzados de la región en la implementación del Artículo 6, con un marco regulatorio ya definido y proyectos en ejecución.

Actualmente, el país cuenta con cinco proyectos autorizados por el Ministerio del Medio Ambiente, tres de ellos también validados en acuerdos internacionales, lo que representa una cartera de inversiones estimada en USD 1.400 millones.

“Chile ha avanzado en generar un marco que brinda certezas para el desarrollo de proyectos y su vinculación con mercados internacionales, lo que permite transformar oportunidades en inversiones concretas”, señalaron desde Carbono Chile AG.

Perú: desarrollo institucional y potencial forestal

Perú avanza en los mercados internacionales de carbono con foco en proyectos forestales y soluciones basadas en la naturaleza, apoyado en su gran experiencia previa en proyectos REDD+ de gran escala e impacto local principalmente en la Amazonía.

El país ya ha identificado 66 medidas de mitigación y trabaja en el desarrollo de sistemas que permitan escalar proyectos y canalizar financiamiento internacional. “El Artículo 6 representa una herramienta clave para potenciar el desarrollo de proyectos en el territorio con alto impacto ambiental y social,  conectando ese valor local con la demanda internacional”, destacaron desde la Asociación Peruana de Carbono.

Paraguay: estrategia país y perfil exportador

Paraguay se posiciona como un mercado emergente con una estrategia clara orientada a la exportación de créditos de carbono, apoyado en su matriz energética renovable y su potencial en soluciones basadas en la naturaleza.

El país avanza en la implementación de su Registro Nacional de Carbono, así como en la reglamentación necesaria para autorizar transferencias internacionales y en la homologación de estándares. En línea con los debates recientes del Paraguay Carbon Forum, el desarrollo del mercado es considerado un eje estratégico de crecimiento económico para el país.

“Paraguay tiene condiciones para posicionarse como un proveedor competitivo de créditos de carbono, combinando recursos naturales con una estrategia orientada al mercado internacional”, indicaron referentes del sector.

Argentina: una oportunidad económica concreta

En este contexto regional, Argentina cuenta con condiciones excepcionales para insertarse en los mercados internacionales de carbono. Según estimaciones del Centro Argentino de Ingenieros y la Academia Nacional de Ingeniería, el país podría generar al menos 131,4 millones de créditos de carbono anuales, lo que se traduciría en ingresos de entre USD 1.400 y USD 3.900 millones por exportaciones.

Además, los precios internacionales del Artículo 6, entre 2 y 5 veces superiores a los del mercado voluntario, permitirían viabilizar proyectos en sectores clave como energía, agro, bosques y residuos, entre otros. “La implementación del Artículo 6 representa una oportunidad concreta para transformar el capital natural del país en una fuente de divisas, inversión y desarrollo federal”, señaló Juan Pedro Cano, coordinador de la Mesa Argentina de Carbono.

Una región que se posiciona

Más allá de las particularidades de cada país, América Latina muestra avances sostenidos en:

  • Desarrollo de marcos regulatorios
  • Generación de proyectos de carbono
  • Articulación público-privada
  • Inserción en mercados internacionales

En este escenario, la coordinación regional a través de espacios como la Red Carbono LATAM se consolida como un factor clave para escalar el desarrollo del sector y posicionar a la región como un actor relevante en la economía global del carbono.

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Alerta global: la Tierra ya superó su capacidad sostenible para la población actual

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Un nuevo estudio internacional vuelve a poner en discusión uno de los dilemas estructurales del siglo XXI: la relación entre crecimiento poblacional, consumo y límites del planeta. La conclusión es contundente: la población mundial ya supera la capacidad sostenible de la Tierra.

El trabajo, titulado “Global human population has surpassed Earth’s sustainable carrying capacity”, fue liderado por el ecólogo Corey J. Bradshaw, de la Universidad de Flinders, y contó con la participación del reconocido biólogo Paul R. Ehrlich. A partir del análisis de más de dos siglos de datos demográficos y modelos ecológicos, los investigadores advierten que el sistema global está operando por encima de sus límites físicos.

Según el estudio, una población sostenible -capaz de mantener niveles de vida razonables sin comprometer los recursos naturales- rondaría los 2.500 millones de personas. La cifra contrasta con los más de 8.300 millones actuales, lo que refleja un desajuste profundo entre la presión humana y la capacidad de regeneración del planeta.

El problema, sin embargo, no se limita al tamaño de la población. El modelo de desarrollo vigente, basado en el uso intensivo de combustibles fósiles y el sobreconsumo, ha permitido sostener artificialmente ese crecimiento durante décadas. El resultado es una presión creciente sobre sistemas clave como el agua, los suelos, la biodiversidad y el clima.

Los datos muestran además un punto de inflexión desde mediados del siglo XX. Aunque la población sigue aumentando, la tasa de crecimiento comenzó a desacelerarse a partir de los años 60, una señal que los investigadores interpretan como indicio de saturación del sistema. Es lo que denominan una “fase demográfica negativa”, en la que el crecimiento deja de traducirse en mejoras proporcionales en bienestar.

Las proyecciones indican que la población global podría alcanzar entre 11.700 y 12.400 millones de personas hacia finales de siglo. Sin embargo, bajo las condiciones actuales de producción y consumo, ese escenario aparece como difícilmente sostenible.

El impacto ya es visible. La degradación de suelos, la pérdida de biodiversidad, la sobreexplotación de recursos hídricos y el avance del cambio climático configuran un cuadro de presión acumulada sobre los ecosistemas. A esto se suma un aumento de las desigualdades, con regiones que enfrentan inseguridad alimentaria mientras otras mantienen niveles de consumo elevados.

Lejos de plantear un colapso inmediato, el estudio advierte sobre una erosión progresiva de la estabilidad global. El sistema aún funciona, pero lo hace con creciente fragilidad.

En ese contexto, el eje del debate se desplaza: no se trata únicamente de cuántas personas habitan el planeta, sino de cómo se produce, se consume y se distribuyen los recursos. La transición energética, la economía circular y la eficiencia en el uso de recursos aparecen como variables clave para reducir la presión sin comprometer el desarrollo.

El margen de acción existe, pero se acorta. Y, según los investigadores, las decisiones que se tomen en las próximas décadas serán determinantes para evitar que el desajuste actual se profundice.

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