En un importante paso para las exportaciones argentinas, la Administración General de Aduanas de la República Popular de China (GACC) incluyó a las empresas argentinas habilitadas para exportar trigo en el Sistema Online de Registro Cuarentenario de Establecimientos habilitados para exportar Vegetales, Animales y sus Productos que ingresan a China. De esta manera, queda operativo el mercado para la exportación de trigo argentino por primera vez hacia el gigante asiático.
Argentina es un importante productor y exportador de trigo a nivel mundial. Durante el 2023, exportamos al mundo 3 millones de toneladas por un valor de USD 1.050 millones, que refleja el impacto de la sequía sobre la campaña anterior. En 2022, Argentina exportó trigo por un total de 14 millones de toneladas por USD 4.315 millones. De acuerdo a las estimaciones oficiales, para la campaña 2023/24 se prevé una cosecha total de 15,5 millones de toneladas, que representaría un aumento del 23% en relación a la última cosecha.
China es el tercer importador mundial de trigo con 10 millones de toneladas anuales por un valor de U$S 3.800 millones (2022), siendo Australia (con 5,7 millones de toneladas) y Canadá (con 1,8 millones de toneladas) los dos principales abastecedores del mercado chino.
Las exportaciones de trigo durante la campaña 2023/24 podrían crecer 108,76% medidas en valores hasta los US$ 2.240 millones, al despacharse un total de 8,7 millones de toneladas hacia el exterior, proyectó hoy la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
De esta manera, durante el presente ciclo productivo y comercial, se embarcarían 5,5 millones de toneladas más que en la campaña previa, equivalente a US$ 1.167 millones, indicó la entidad bursátil.
Según estimaciones de la Bolsa rosarina, la actual cosecha de trigo, que se encuentra en pleno proceso, alcanzaría las 13,5 millones de toneladas, sólo dos millones de toneladas por encima del ciclo 2021/22, fuertemente afectado por la inédita sequía.
De hecho, “la campaña de trigo 2023/24 ya comenzó con complicaciones desde las gateras. Luego de la histórica sequía del verano pasado, el otoño dejó lluvias muy por debajo de lo normal, afectando seriamente la humedad disponible para avanzar con las siembras con normalidad”.
“Es por ello que las coberturas en la nueva campaña cayeron 7% interanual y se terminaron sembrando 5,4 millones de hectáreas a nivel nacional, 400.000 hectáreas menos que el año anterior y muy lejos del récord de 20 años de la 2021/22 de 6,9 millones”, añadió.
La poco abundante cosecha, el remanente que quedó sin exportar de la campaña 2022/23 de 3,3 millones de tonelada posibilitó que los stocks finales de dicha campaña alcancen las 4,3 millones de toneladas, engrosando el saldo exportable para la actual ciclo.
“El tema fue que Argentina, con los problemas productivos que tuvo por la sequía, se encontró fuera de mercado durante prácticamente todo el ciclo con precios muy por encima de los de sus principales competidores”, explicó la entidad.
Respecto al ingreso de divisas y teniendo en cuenta “la escasez de reservas que hoy presenta el Banco Central (BCRA), mucho se ha hablado del ‘puente’ que puede tender la fina (el trigo en particular) hasta que comiencen a ingresar los dólares de la nueva cosecha gruesa en abril-mayo del próximo año”.
En este sentido, la entidad proyectó que de diciembre a abril los valores exportados se ubicaría entre los US$ 300 y US$ 400 millones por mes, alcanzando un acumulado de US$ 1.400 millones en los primeros 4 meses de campaña, valor que si bien “se encuentran lejos de los valores exportados en algunas campañas anteriores, como la 2021/22, se encuentran en línea con el promedio de la última década”.
También hay que tener en cuenta que buena parte del trigo ya se encuentra vendido al exterior, ya que como consecuencia de la magra cosecha anterior, Argentina se vio obligado a posponer los embarques ante la falta de mercadería, lo que en el lenguaje de los operadores se conoce como “rolleo” de Declaraciones Juradas de ventas al Exterior (DJVE).
“Esto no implica que ya se hayan cobrado esas exportaciones, o que ya hayan ingresado las divisas al país, pero sí que buena parte del trigo 2023/24 ya se ha comprometido y además ha pagado derechos de exportación”, explicó la BCR.
Para graficar esta situación, cabe mencionar que las ventas totales suman 8,9 millones de toneladas, mientras que las exportaciones efectivas de la campaña se estiman en 3,2 millones toneladas.
De esta manera, hay un total de 5,7 millones de toneladas que fueron declaradas para vender al exterior durante el ciclo que finaliza, pero serán exportadas en la nueva campaña.
Por eso, aún no se registran DJVE de trigo 2023/24 a la fecha, pero por el rolleo de la campaña anterior, de las 8,7 millones de toneladas proyectadas a exportar en la 2023/24, sólo restan vender 3 millones.
Una consecuencia directa de esto es que el aporte en materia de retenciones por parte del trigo, bajo el supuesto que las condiciones actuales se mantienen durante el próximo ciclo, resultará inferior al aporte de años previos, ya que sólo se cobraran derechos de exportación sobre esas 3 millones de toneladas que restan venderse al exterior.
A la fecha, en base a los precios FOB vigentes, el aporte por retenciones de ese remanente por vender al exterior sumaría US$ 94 millones.
Las pérdidas por este fenómeno climático, serán de al menos U$S1500 millones, según precisó la Bolsa de Comercio de Rosario en un informe.
Fotografía: Chris Ratcliffe
La sequía está afectando la vigente campaña de trigo. Según estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), quedará 400000 hectáreas sin cosechar “los efectos devastadores de la sequía”.
Por este fenómeno la BCR revisó la baja de millones de toneladas de trigo. De esta forma “el ingreso de dólares proyectado por embarques de trigo 2022/23 caería un 35% en relación con el ciclo 2021/22, nada menos que US$1525 millones”.
Fuerte caída: en la campaña 2021/2022 se cosecharon 23 millones de toneladas y se exportaron 14,5 millones. Este año se cosecharían 15 millones y se exportarán cerca de nueve millones de toneladas.
Estimaciones de la BCR
El analista Salvador Di Stefano, señaló que esta situación “no le va a dejar al Gobierno los dólares necesarios para transitar el verano”.
Reclamo y negociaciones del campo:
Desde la mesa de Enlace, alertaron al Ministerio de Economía por esta situación y exigieron medidas. “En lo urgente solicitamos al gobierno nacional que, por lo menos, arbitre los medios necesarios para no estar pagando hoy anticipos de impuestos a las ganancias sin tener certeza de que vayamos a tenerla”, dijo la Sociedad Rural Argentina, que conduce Nicolás Pino.
Considerada como una de las principales problemáticas, el cambio climático condiciona la producción de alimentos a corto y mediano plazo. Frente a esto, un equipo de investigación del Conicet y la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA), con colaboración del INTA, evaluó cómo impacta el incremento de 3°C en la temperatura nocturna, sobre el rendimiento, la calidad y la seguridad alimentaria en la producción de cereales.
Los resultados no sorprendieron. En términos generales, las noches cálidas fueron más favorables al desarrollo de Fusariosis de la Espiga (FET) y aumentaron el impacto negativo en cebada y trigo. Se trata de una de las enfermedades más destructivas de los cereales que reduce los parámetros de calidad del grano y aumenta la concentración de micotoxinas de forma significativa.
Mauro Martínez –investigador de Conicet y de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA)– aseguró que “la relevancia de este trabajo radica en que es uno de los primeros en el mundo en desarrollarse bajo condiciones experimentales de campo”.
Entre los resultados obtenidos, reconoció que el aspecto más preocupante es que, “a partir del cambio climático, se incrementaría hasta en un 75 % la presencia de micotoxinas”. Y aseguró que este aspecto “pone en riesgo la inocuidad alimentaria y la calidad de los productos obtenidos a partir de dos cultivos clave como son el trigo y la cebada”.
Para llegar a este dato, contaron con la colaboración del INTA. “Articulamos con el Instituto de Tecnología de Alimentos (ITA) del INTA Castelar porque son de los pocos centros a nivel país que cuentan con tecnología HPLC para hacer este tipo de estudios, otorgando solidez y rigor científico a los resultados de su investigación”, subrayó Martínez.
En este punto, Dante Rojas –investigador del Laboratorio de Contaminantes Químicos del Instituto Tecnología de los Alimentos del INTA Castelar– dio un paso más y detalló esta tecnología: “La cromatografía líquida acoplada a un detector de espectrometría de masas (HPLC-MS) es una herramienta que nos brinda la seguridad de la identificación y cuantificación de las sustancias”.
Y agregó: “al trabajar de manera simultánea con la afinidad química y los espectros de masas de las sustancias, esta tecnología permite obtener información estructural de las moléculas, por esto es la técnica de referencia en la identificación de sustancias en el análisis de muestras complejas como en este trabajo”.
El estudio evaluó el incremento de 3°C en la temperatura nocturna, en la calidad y seguridad de la producción de cereales. En esta línea, Martínez se refirió a los estudios que aseguran una disminución del 7% sobre el rendimiento de grano en cebada y trigo por cada grado de aumento de la temperatura nocturna. Esto se asoció a una disminución del número de granos junto con una disminución del peso del grano. “A estas pérdidas ya estimadas, ahora hay que sumarle el impacto adicional de la FET en condiciones de campo”, indicó.
Esta enfermedad fúngica provoca muchas pérdidas cuantitativas en los cultivos de cereales, como la reducción del rendimiento, la disminución del peso de mil granos, junto con el menor poder germinativo del grano. Además, produce pérdidas cualitativas como la reducción del contenido de almidón de los granos, la degradación de las diferentes subunidades proteicas y una menor calidad de malteado y horneado.
Además, estudios recientes que utilizan modelos de predicción sugieren que tanto la temperatura como las precipitaciones aumentarán durante la fase de floración de la cebada y el trigo, coincidiendo con el periodo de infección de Fusarium spp. En consecuencia, esto provocaría disminuciones en el rendimiento y calidad del grano, así como un aumento del riesgo de contaminación por micotoxinas.
“Los modelos estimativos y los experimentos realizados en condiciones de campo advierten del efecto negativo del cambio climático sobre el rendimiento del grano en cereales como la cebada y el trigo”, advirtió Martínez.
Es que, según el especialista, las pérdidas de rendimiento de grano están asociadas a cambios ecofisiológicos causados por un desarrollo acelerado durante el periodo de calentamiento, una menor duración del periodo crítico, una menor intercepción de la radiación solar, una menor biomasa acumulada y, por tanto, una reducción de espigas por metro cuadrado.
Cambio climático: el mayor condicionante
Todos los escenarios de emisiones evaluados prevén que la temperatura global aumente entre 1 y 3,7 ◦C para finales de este siglo, según datos del IPCC. Los modelos desarrollados para la región central de la Argentina predicen que la temperatura media aumentará entre 1,5 y 4,5 ◦C. A esto, se le suma la alta probabilidad de ocurrencia de eventos climáticos extremos.
Según el trabajo, “los modelos de simulación estiman un mayor aumento de la frecuencia de las noches cálidas en los futuros escenarios climáticos que de los días cálidos”. Por esto, los especialistas consideran “trascendental” evaluar el impacto potencial del aumento de las temperaturas nocturnas sobre la producción de cultivos, las variables ecofisiológicas y las enfermedades de las plantas.
En la actualidad, las pruebas científicas apoyan la elevada presión de las enfermedades de las plantas en las condiciones climáticas futuras. El cambio climático implicaría una disminución significativa del rendimiento, ya que el aumento de la temperatura y de la concentración de CO2 podría influir en el desarrollo de las enfermedades de las plantas.
Estos cambios pueden modificar la fisiología del huésped y la morfología de las hojas, modificando, así, las condiciones micro climáticas del follaje del cultivo. Según las estimaciones, es probable que la temperatura mínima proyectada siga aumentando a finales de siglo, lo que podría implicar graves pérdidas cuantitativas y cualitativas en cultivos como la cebada y el trigo.
Conocer para anticiparse
Martínez ponderó este tipo de investigaciones y las consideró “muy importantes” dado que permiten “anticiparse al impacto del cambio climático y tomar decisiones a tiempo que permitan revertirlo o minimizarlo. Para Martínez, una de las herramientas “clave” es el mejoramiento genético de las variedades a fin de adaptarlas a los cambios que se vienen.
Por su parte, Dante Rojas –investigador del INTA Castelar–, señaló: “El cambio climático representa un verdadero desafío para la producción de cultivos y la seguridad alimentaria en todas las regiones del mundo”. En este sentido, reconoció que, “en un futuro próximo, las condiciones ambientales cambiarán y la temperatura será una de las variables más afectadas”.
Ambos investigadores coincidieron en que este tipo de estudios “contribuyen a diseñar futuras estrategias de manejo de los cultivos para anticiparse a los potenciales efectos adversos del cambio climático en la seguridad alimentaria”.
El Fondo Estabilizador del Trigo Argentino, que tiene como objetivo desacoplar los precios internos del cereal de los valores internacionales tras la fuerte suba por la guerra entre Rusia y Ucrania, se puso en marcha con el primer giro de fondos destinado a subsidiar la bolsa de harina 000, harina 0000 (común y de calidad), tapera, semolín, premezcla e integrales, por $1.394,5 millones, informó hoy la Secretaría de Comercio Interior.
A través de un comunicado, la Secretaría ahora dependiente del Ministerio de Economía detalló que dichos fondos fueron asignados a las empresas Molino Cañuelas Sacifia, Molisud S.A. (Jacinto Arauz) y Molinos Florencia S.A.U.
El fideicomiso, suscripto el 8 de abril pasado entre el sector fiduciario del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) -como administrador- y la Secretaría de Comercio Interior -como autoridad de aplicación-, “estuvo activo desde su creación” y, a partir de ese momento, se mantuvieron reuniones permanentes con los interesados y actores del sector, puntualizó el comunicado.
De esta manera, los equipos técnicos de la Secretaría de Comercio Interior “han evacuado decenas de requerimientos y dudas en encuentros virtuales, presenciales y a través de e-mails, ya sea de forma directa con los molinos o con intermediación de la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) y demás cámaras sectoriales”.
En este sentido, marcó que a la fecha “aún se están recibiendo pedidos de solicitud de inclusión en el fideicomiso por parte de varios molinos ubicados en todo el país, que se suman a los que ya están inscriptos”.
Este mecanismo requiere de la implementación de procesos administrativos y la presentación de documentación específica en la estructura formal jurídicamente prevista, lo que implica una serie de etapas de estricto cumplimiento, al mismo tiempo que subrayó que “las estructuras intermedias aglutinantes, como las (federaciones, asociaciones y demás entidades, no tienen vinculación directa con el fideicomiso”.
Por otro lado, Comercio Interior informó que desde la instrumentación de esta herramienta se ha llevado a cabo el proceso de contratación del asesor de revisión y control para dotar de mayor transparencia a la operatoria, lo cual “garantiza a los molinos el efectivo desembolso de las compensaciones a través de un adelanto financiero adecuadamente caucionado, siempre que efectivamente la harina se comercialice a los precios establecidos” por la dependencia oficial.
Las bolsas de harina que se produzcan a partir de este fideicomiso deberán contar con una identificación correspondiente con la leyenda “Harina subsidiada por el Estado Nacional”, para que el comprador pueda conocer el precio que debe abonar.
Las inspecciones y fiscalizaciones sobre este último punto serán exhaustivas y se sancionará a todos aquellos que no respeten lo acordado, advirtió la Secretaría conducida por Roberto Felleti.
Los precios establecidos para la bolsa de 25 kilos son: harina 000 común: $1.200; harina 0000 común: $1.440; harina 000 calidad 24/26 gluten: $1.320; harina 000 calidad 26/28 gluten: $1.440; harina 000 calidad + de 28 gluten: $1.560; harina tapera: $1.560; semolín: $1.560; harinas acondicionadas y especiales (inglés): $1800; y premezclas, harinas integrales: $1800.
A granel por toneladas los precios son los siguientes: harina 000 común: $47.100; harina 0000 común: $56.520; harina 000 calidad 24/26 gluten: hasta $51.810; harina 000 calidad 26/28 gluten: hasta $56.520; harina 000 calidad + de 28 gluten: hasta $61.230; harina tapera: $ 61.230; semolín: $61.230; harinas acondicionadas y especiales: hasta $70.650; premezclas, harinas integrales: hasta $70.650.
Dichos valores no contemplan impuestos ni costos logísticos, según se informó.