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Trump expone una visión del poder limitada solo por ‘mi propia moralidad’

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Por David E. SangerTyler PagerKatie Rogers y Zolan Kanno-Youngs, New York Times. El presidente Donald Trump declaró el miércoles por la noche que su poder como comandante en jefe está limitado solo por su “propia moralidad”, dejando de lado el derecho internacional y otros controles sobre su capacidad para utilizar el poder militar para atacar, invadir o coaccionar a naciones de todo el mundo.

Cuando se le preguntó en una amplia entrevista con The New York Times si había algún límite a sus poderes globales, Trump dijo: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.

“No necesito el derecho internacional”, añadió. “No busco hacer daño a la gente”.

Cuando se le preguntó si su gobierno tenía que respetar el derecho internacional, Trump dijo: “Lo hago”. Pero dejó claro que él sería el árbitro cuando tales limitaciones se aplicaran a Estados Unidos.

“Depende de cuál sea tu definición de derecho internacional”, dijo.

La valoración que hizo Trump de su propia libertad para utilizar cualquier instrumento de poder militar, económico o político para cimentar la supremacía estadounidense fue el reconocimiento más contundente hasta la fecha de su visión del mundo. En su núcleo está el concepto de que la fuerza nacional, más que las leyes, los tratados y las convenciones, debe ser el factor decisivo en la colisión de poderes.

Reconoció algunas limitaciones en su país, aunque ha seguido una estrategia maximalista de castigar a las instituciones que le desagradan, imponer represalias a los oponentes políticos y desplegar la Guardia Nacional en las ciudades a pesar de las objeciones de los funcionarios estatales y locales.

Dejó claro que utiliza su reputación de imprevisible y su disposición a recurrir rápidamente a la acción militar, a menudo al servicio de la coacción a otras naciones. Durante su entrevista con el Times, atendió una larga llamada del presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien estaba claramente preocupado tras las repetidas amenazas de que Trump estaba pensando en un ataque contra el país, similar al de Venezuela.

“Pues estamos en peligro”, dijo Petro en una entrevista con el Times justo antes de la llamada. “Porque la amenaza es real. El juego lo hizo Trump”.

La llamada entre los dos líderes, cuyo contenido era extraoficial, fue un ejemplo de diplomacia coercitiva en acción. Y se produjo pocas horas después de que Trump y el secretario de Estado Marco Rubio hubieran retirado a Estados Unidos de decenas de organizaciones internacionales destinadas a fomentar la cooperación multinacional.

En su conversación con el Times, Trump sonaba más envalentonado que nunca. Citó el éxito de su ataque contra el programa nuclear iraní —tiene sobre su escritorio una maqueta de los bombarderos B-2 utilizados en la misión—, la rapidez con la que decapitó al gobierno venezolano el pasado fin de semana y sus designios sobre Groenlandia, controlada por Dinamarca, aliada de la OTAN.

Cuando se le preguntó cuál era su mayor prioridad, obtener Groenlandia o preservar la OTAN, Trump declinó responder directamente, pero reconoció que “podría ser una elección”. Dejó claro que la alianza transatlántica era esencialmente inútil sin Estados Unidos en su núcleo.

Incluso al caracterizar las normas del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial como cargas innecesarias para una superpotencia, Trump desestimó la idea de que el dirigente de China, Xi Jinping, o el presidente de Rusia, Vladimir Putin, pudieran utilizar una lógica similar en detrimento de Estados Unidos. Tema tras tema, dejó claro que, en su opinión, el poder de Estados Unidos es el factor determinante, y que los presidentes anteriores han sido demasiado cautelosos para hacer uso de él en aras de la supremacía política o la ganancia nacional.

La insistencia del presidente en que Groenlandia debe pasar a formar parte de Estados Unidos fue un excelente ejemplo de su visión del mundo. No bastaba con ejercer el derecho estadounidense, en virtud de un tratado de 1951, a reabrir las bases militares cerradas desde hace tiempo en la enorme masa de tierra, que es una encrucijada de importancia estratégica para las operaciones navales estadounidenses, europeas, chinas y rusas.

“La propiedad es muy importante”, dijo Trump mientras hablaba, con mirada de magnate inmobiliario, de la masa continental de Groenlandia, tres veces mayor que Texas, pero con una población de menos de 60.000 habitantes. Pareció descartar el valor de tener Groenlandia bajo el control de un estrecho aliado de la OTAN.

Cuando le preguntaron por qué necesitaba poseer el territorio, dijo: “Porque eso es lo que considero psicológicamente necesario para el éxito. Creo que poseer un territorio te da algo que no puedes conseguir con un arrendamiento o un tratado. La propiedad te da cosas y elementos que no puedes conseguir con la simple firma de un documento”.

La conversación dejó claro que, en opinión de Trump, la soberanía y las fronteras nacionales son menos importantes que el papel singular que Estados Unidos desempeña como protector de Occidente.

Sostuvo que solo él —y no dos predecesores a los que despreció, Joseph R. Biden Jr. y Barack Obama— había demostrado ser capaz de persuadir a las naciones de la OTAN para que gastaran el 5 por ciento del producto interno bruto en defensa. (Aproximadamente el 1,5 por ciento de ese porcentaje se destina en realidad a infraestructuras nacionales —desde redes eléctricas hasta ciberseguridad— que pueden servir de apoyo a la defensa. El objetivo no entra en vigor hasta 2035, seis años después de que Trump deje el cargo).

“Quiero que se pongan en forma”, dijo. “Creo que siempre nos llevaremos bien con Europa, pero quiero que se pongan en forma. Yo soy el que consiguió que gastaran más en la, ya sabes, más PIB en la OTAN. Pero si te fijas en la OTAN, puedo decirte que Rusia no se preocupa en absoluto por ningún otro país que no seamos nosotros”.

El presidente añadió: “He sido muy leal a Europa. He hecho un buen trabajo. Si no fuera por mí, Rusia tendría ahora mismo toda Ucrania”.

Parecía no preocuparle que el último gran acuerdo de control de armas nucleares con Rusia fuera a expirar dentro de cuatro semanas, dejando a las dos mayores potencias nucleares del mundo en libertad de ampliar sus arsenales sin límites, por primera vez en medio siglo.

“Si expira, expira”, dijo. “Simplemente haremos un acuerdo mejor”, añadió, insistiendo en que China, que posee el arsenal de crecimiento más rápido del mundo, debería incorporarse a cualquier acuerdo futuro.

“Probablemente, también querrás que participen un par de actores más”, dijo Trump.

El presidente parecía igualmente optimista sobre si su decisión de enviar fuerzas de Operaciones Especiales a Caracas para extraer a Nicolás Maduro de Venezuela sería aprovechada por China o Rusia. En los días transcurridos desde la acción en Venezuela, se ha argumentado que el precedente estadounidense ayudaría a justificar un esfuerzo chino por tomar Taiwán, o el intento de Rusia de apoderarse de Ucrania, que Putin ha descrito como una parte histórica del imperio ruso, que se remonta a más de una decena de siglos.

Al preguntársele si había creado un precedente del que pudiera arrepentirse más adelante, Trump argumentó que su visión de la amenaza que suponía la Venezuela de Maduro era muy diferente de la visión de Xi sobre Taiwán.

“Era una amenaza real”, dijo sobre Venezuela. “No tenías gente entrando en China”, argumentó, repitiendo su afirmación, tantas veces hecha, de que Maduro soltaba miembros de bandas a Estados Unidos.

Trump añadió: “No había drogas entrando en China. No tenías todas las cosas malas que hemos tenido. No tuviste las cárceles de Taiwán abiertas y la gente vertiéndose en China”, o, dijo después, criminales y otros “vertiéndose en Rusia”.

Cuando un periodista señaló que Xi consideraba Taiwán una amenaza separatista para China, Trump dijo: “Eso depende de él, de lo que vaya a hacer. Pero, ya sabes, le he expresado que me disgustaría mucho que lo hiciera, y no creo que lo haga. Espero que no lo haga”.

Luego, cuando se le preguntó sobre si Xi podría aprovechar los recientes acontecimientos para atacar o asfixiar a Taiwán, sugirió que el dirigente chino no se atrevería a dar ese paso mientras Trump estuviera en el poder. “Puede que lo haga después de que tengamos otro presidente, pero no creo que lo haga conmigo como presidente”, dijo.

El jueves, en una inusual afirmación de la autoridad del Congreso sobre los poderes de guerra del presidente, el Senado acordó debatir una resolución destinada a frenar el uso de la fuerza militar en Venezuela por parte de Trump. El senador Rand Paul, republicano por Kentucky, dijo que un factor que podría haber inclinado la votación fue el comentario del presidente durante la entrevista del miércoles de que Estados Unidos podría seguir implicado en Venezuela durante años.

En el frente interno, Trump sugirió que los jueces solo tienen poder para restringir su agenda de política interna —desde el despliegue de la Guardia Nacional hasta la imposición de aranceles— “en determinadas circunstancias”.

Pero ya estaba considerando soluciones provisionales. Planteó la posibilidad de que, si la Corte Suprema anulaba sus aranceles emitidos en virtud de las autoridades de emergencia, podría volver a presentarlos como derechos de licencia. Y Trump, quien dijo que había sido elegido para restablecer la ley y el orden, reiteró que estaba dispuesto a invocar la Ley de Insurrección y desplegar el ejército dentro de Estados Unidos y federalizar algunas unidades de la Guardia Nacional si consideraba que era importante hacerlo.

Hasta ahora, dijo, “no he sentido realmente la necesidad de hacerlo”.

Venezuela por largo tiempo

Trump dijo que esperaba que Estados Unidos manejara Venezuela y extrajera petróleo de sus enormes reservas durante años, e insistió en que el gobierno interino del país —todos ellos antiguos leales al ahora encarcelado Nicolás Maduro— “nos da todo lo que consideramos necesario”.

“Solo el tiempo lo dirá”, respondió, cuando se le preguntó cuánto tiempo el gobierno exigirá la supervisión directa de la nación sudamericana, con la amenaza inminente de una acción militar estadounidense desde una armada situada frente a la costa.

“La reconstruiremos de forma muy rentable”, dijo Trump durante una entrevista de casi dos horas. “Vamos a utilizar petróleo y vamos a sacar petróleo. Vamos a bajar los precios del petróleo y vamos a dar dinero a Venezuela, que lo necesita desesperadamente”.

Las declaraciones de Trump se produjeron horas después de que funcionarios del gobierno dijeran que Estados Unidos planea asumir efectivamente el control de la venta del petróleo de Venezuela de forma indefinida, parte de un plan en tres fases que el secretario de Estado Marco Rubio expuso a los miembros del Congreso. Aunque los legisladores republicanos en gran medida han apoyado las acciones del gobierno, los demócratas reiteraron el miércoles sus advertencias de que Estados Unidos se dirigía hacia una intervención internacional prolongada sin una autoridad legal clara.

Durante la extensa entrevista con The New York Times, Trump no dio un periodo preciso de cuánto tiempo Estados Unidos permanecerá como el controlador de las políticas de Venezuela. ¿Serían tres meses? ¿Seis meses? ¿Un año? ¿Más tiempo?

“Yo diría que mucho más”, respondió el presidente.

A lo largo de la entrevista, Trump abordó una amplia gama de temas, entre ellos el tiroteo mortal del ICE en Mineápolis, la migración, la guerra entre Rusia y Ucrania, Groenlandia y la OTAN, su salud y sus planes para nuevas renovaciones de la Casa Blanca.

Trump no respondió a las preguntas sobre por qué reconoció a la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, como nueva dirigente de Venezuela en lugar de respaldar a María Corina Machado, la líder de la oposición cuyo partido dirigió una exitosa campaña electoral contra Maduro en 2024 y recientemente ganó el Premio Nobel de la Paz. No quiso hacer comentarios cuando se le preguntó si había hablado con Rodríguez.

“Pero Marco habla con ella todo el tiempo”, dijo en referencia al secretario de Estado. Trump añadió: “Les diré que estamos en constante comunicación con ella y con el gobierno”.

Trump tampoco se comprometió sobre cuándo se celebrarían elecciones en Venezuela, que tenía una larga tradición democrática desde finales de la década de 1950 hasta que Hugo Chávez tomó el poder en 1999.

Poco después de que cuatro periodistas del New York Times se sentaran a hablar con él, Trump interrumpió la entrevista para atender una llamada del presidente de Colombia, Gustavo Petro, días después de que Trump amenazara con atacar al país por su papel como centro de distribución de cocaína.

Cuando se conectó la llamada, el presidente invitó a los periodistas del Times a permanecer en el Despacho Oval para escuchar la conversación con el presidente colombiano, con la condición de que su contenido se mantuviera confidencial. Lo acompañaron en la sala el vicepresidente JD Vance y Rubio, quienes se marcharon una vez concluida la llamada.

Tras hablar con Petro, Trump le dictó a un colaborador un mensaje para su cuenta en las redes sociales en la que decía que el presidente colombiano lo había llamado “para explicar la situación de las drogas” que salían de las fábricas rurales de cocaína en Colombia y que Trump lo había invitado a visitar Washington.

La llamada de Petro —que duró aproximadamente una hora— pareció disipar cualquier amenaza inmediata de acción militar estadounidense, y Trump indicó que creía que la decapitación del régimen de Maduro había intimidado a otros líderes de la región para que se alinearan. Durante la larga conversación con el Times, Trump se deleitó en el éxito de la operación que irrumpió en el complejo fuertemente fortificado de Caracas y que dio lugar a la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores.

Dijo que había seguido el entrenamiento de las fuerzas para la operación, hasta la creación de una réplica a tamaño real del complejo en unas instalaciones militares de Kentucky.

El presidente dijo que, a medida que se desarrollaba la operación, le preocupaba que pudiera acabar siendo un “desastre a lo Jimmy Carter. Eso destruyó todo su gobierno”. Se refería a la fallida operación del 24 de abril de 1980 para rescatar a 52 rehenes estadounidenses retenidos en Irán. Un helicóptero estadounidense chocó con un avión en el desierto, una tragedia que empañó el legado de Carter, pero que condujo a la creación de unas fuerzas de operaciones especiales mucho más disciplinadas y bien entrenadas.

“No sé si habría ganado las elecciones”, dijo Trump sobre Carter, “pero desde luego no tenía ninguna posibilidad después de aquel desastre”.

Contrastó el éxito de la toma de Maduro, en una operación que parece haber matado a unos 70 venezolanos y cubanos, entre otros, con las operaciones de sus predecesores que habían salido mal.

“Sabes que no tuvimos un Jimmy Carter estrellando helicópteros por todas partes, que no tuvimos el desastre de Biden en Afganistán, donde no podían realizar ni la maniobra más sencilla”, dijo, en referencia a la caótica retirada de Afganistán que provocó la muerte de 13 militares estadounidenses.

Trump dijo que ya había empezado a ganar dinero para Estados Unidos al sacar petróleo que ha estado sometido a sanciones. Se refirió a su anuncio del martes por la noche de que Estados Unidos obtendría entre 30 y 50 millones de barriles de crudo pesado venezolano.

Pero no ofreció ningún periodo de tiempo para ese proceso, y reconoció que llevaría años reactivar el descuidado sector petrolero del país.

“El petróleo tardará un tiempo”, dijo.

Trump parecía mucho más concentrado en la misión de captura que en los detalles de cómo gestionar el futuro de Venezuela. Se negó a decir qué podría impulsarlo a desplegar fuerzas estadounidenses sobre el terreno en el país.

“No quisiera decirles eso”, dijo.

¿Insertaría soldados estadounidenses si el gobierno venezolano le impidiera el acceso al petróleo del país? ¿Enviaría tropas si Venezuela se negara a expulsar al personal ruso y chino, como ha exigido su gobierno?

“No puedo decirles”, dijo Trump. “En realidad no me gustaría decirles, pero nos están tratando con gran respeto. Como saben, nos llevamos muy bien con el gobierno que está allí ahora mismo”.

Eludió una pregunta sobre por qué se negó a investir a Edmundo González Urrutia, el hombre que Estados Unidos declaró vencedor de las elecciones presidenciales venezolanas de 2024. González Urrutia era esencialmente un candidato sustituto de Machado, la principal líder de la oposición.

Reiteró que los aliados de Maduro están cooperando con Estados Unidos, a pesar de sus declaraciones públicas hostiles.

“Nos están dando todo lo que consideramos necesario”, dijo. “No olviden que nos quitaron el petróleo hace años”.

Se refería a la nacionalización de instalaciones construidas por empresas petroleras estadounidenses. Trump ya ha estado hablando con ejecutivos petroleros estadounidenses sobre la posibilidad de invertir en los yacimientos venezolanos, pero muchos se muestran reticentes, preocupados por la posibilidad de que la operación para dirigir el país se tambalee cuando Trump abandone el poder, o de que los servicios militares y de inteligencia de Venezuela socaven el esfuerzo por quedar al margen de las ganancias.

Trump dijo que le gustaría viajar a Venezuela en el futuro.

“Creo que en algún momento será seguro”, dijo.

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El neoimperialismo como Doctrina o los estertores de la megapotencia en crisis

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Agresión descarada pisoteando soberanía, bajo pretextos de muy dudosa o nula credibilidad, es lo que cabe definir de la nueva y desembozada agresión de estilo patotero, perpetrada en su pretendido patio trasero, por el descarnado poder imperial de “la gran potencia del norte”.

Mucha tela para cortar, por lo que es necesario separar lo esencial de lo secundario, o meramente anecdótico.
En la historia de agresiva prepotencia, de la cual hace gala el permanente accionar de la política exterior yanqui, no es nueva la recurrente utilización de la fuerza bruta, cuando las presiones económicas, financieras, de política exterior, y del aparataje cultural resultan insuficientes o infructuosas.

Lo que tal vez marque una diferencia acentuada, es la explicitación directa, brutal y desvergonzada, del interés estratégico esencial que motiva la agresión directa, que es el dominio pleno por parte de EEUU, de las enormes reservas de petróleo y gas que atesora el subsuelo venezolano, además de las nada despreciables existencias de metales raros, esenciales para las industrias de más compleja tecnología.

En todo ello entra el muy fuerte enfrentamiento geopolítico de EEUU con China, y es muy claro que el accionar de ambas superpotencias muestra muy claras diferencias. Mientras China ofrece concretas colaboraciones, con apoyos tecnológicos y financieros, para grandes obras de infraestructura, y acuerdos bilaterales de asociaciones estratégicas; EEUU muestra predilección por practicar la Doctrina del Gran Garrote, con injerencias explícitas de intervencionismo, como lo hizo en las recientes elecciones de Argentina.

No queda muy en claro, si el actual accionar de EEUU reafirma su pretendida excluyente supremacía -como la tuvo al fin de la Segunda Guerra Mundial-; o si evidencia su irreversible decadencia frente al creciente poder chino y de los bloques de poder asentados principalmente en Asia y cercanías.

Con la desfachatez propia de patoteros ahítos de poder, Trump dijo que busca recuperar “su” petróleo, pisoteando con ello todo atisbo de soberanía de Venezuela sobre sus recursos naturales; y con la soberbia propia de tiránicos emperadores todo poderosos de muy viejas épocas del Antiguo Testamento, hace alardes de gobernar Venezuela a su antojo, como si fuera un protectorado.

Diriase que el accionar “trumpístico” atrasa dos milenios largos, copiando la metodología de fuerza bruta del Imperio Romano, a la vez que acentúa el posicionamiento soberbiamente imperial no exento de crudo racismo, que heredaron de sus “primos” del otro lado del Atlántico, pero sin las sutilezas diplomáticas del viejo imperio británico, hoy devenido en primer socio menor del aun vigente imperio yanqui, el cual parece negar al mundo multipolar que se puede constatar.

No sorprende, pero no deja de ser repudiable, que muchos venezolanos (y muchos más latinoamericanos), justifiquen la agresión descarada y sangrienta, y el desfachatado secuestro de un presidente de nuestra Íbero América, bajo prefabricados y dudosamente creíbles argumentos de narco tráfico, de los que ahora se desdicen, que parecen tan falaces como las supuestas “armas de destrucción masiva” u otras mentiras similares, que difundieron para justificar las invasiones y destrucciones generalizadas de Iraq, Libia y otros países, asolados por la “democratización a bombazos” que pregonan y practican EEUU y sus cómplices estratégicos.

Seguramente en Venezuela operaron varios traidores, que por sus treinta denarios avalaron el secuestro y el consecuente derramamiento de sangre, el cual es harto dudoso que no haya afectado a las fuerzas atacantes.

Se menciona la cifra de 50 millones de dólares, no definido si es el total o el monto per cápita, para los entregadores; cifra que es “plata chica” comparada con la importancia estratégica de “aleccionar al díscolo país que osó rebelarse”, y al buscado dominio total de las riquezas a saquear impunemente, tal como lo hacían, sin tanta violencia explícita, en las épocas previas al chavismo, cuando la riqueza extraída no llegaba al pueblo más que en cuentagotas, según informes que parecen creíbles, y que son metodología usual de los imperios saqueadores.

Con esas acciones de patoterismo explícito, exaltación de la fuerza bruta, y pisoteo de todo atisbo del Derecho Internacional, todo el Sistema Mundo queda muy afectado, o directamente desarticulado.

Y mientras que con toda lógica, los argentinos que razonamos con criterios geopolíticos y claros sentimientos patrióticos, nos preocupamos por Venezuela, por Argentina, y por los países de la Patria Grande que el autoasumido “emperador” amenazó con invadir o aleccionar; el desembozadamente cipayo gobierno libertario prosigue sus tareas destructivas, arrastradamente subordinado a los dictados de EEUU y sus socios Atlantistas; y con sus metas de involucionarnos a un protectorado subdesarrollado, o de máxima, perpetrar la hoy ya amenazante disolución nacional.

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Marco Rubio explicó las “tres fases” para estabilizar Venezuela y “evitar el caos”

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La administración estadounidense de Donald Trump se atribuye actualmente la supervisión de la gobernanza de Delcy Rodríguez, la vice chavista que se ha convertido en la actual presidenta de Venezuela tras la caída en desgracia de Nicolás Maduro tras el operativo estadounidense realizado el sábado en Caracas. Washington le garantizaría al régimen, con un cambio de rostro, cierta gobernabilidad si el nuevo liderazgo le concede “acceso total” al petróleo venezolano. No obstante, la Casa Blanca ha divulgado que el plan de transición en el país caribeño se llevaría a cabo en tres fases.

Así lo expuso el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ante el Congreso de EE. UU., donde habló sobre la actual “fase de cuarentena” en Venezuela, en el contexto de la presión que Washington está ejerciendo sobre el régimen venezolano tras la captura de Nicolás Maduro y en medio de la transición.

En este proceso, por el momento, Donald Trump ha marginado a la dirigente María Corina Machado y al presidente electo venezolano Edmundo González Urritia de encabezar la transición, mientras presiona a la gobernanza chavista de Delcy Rodríguez para darle a la Casa Blanca el “control total” del petróleo en Venezuela.

El plan de EE.UU.

En esa lógica gubernamental en materia de política exterior en el Hemisferio Occidental, Marco Rubio detalló la hoja de ruta estratégica de la administración de Trump para el futuro de Venezuela, que incluye tres etapas o fases con el objetivo de evitar una guerra civil, reactivar la economía reconstruir el tejido social del país, martirizado por un régimen que persigue y tortura a los opositores.

“Parte de esa estabilización, y la razón por la que entendemos y creemos que tenemos la mayor influencia posible, es nuestra cuarentena”, sostuvo Rubio, refiriéndose al bloqueo impuesto por Washington contra los petroleros sancionados afines al régimen venezolano.

“Como han visto hoy, dos barcos más fueron incautados. Estamos en medio de este proceso y, de hecho, a punto de cerrar un acuerdo para tomar todo el petróleo que tienen, el petróleo que está estancado en Venezuela”, explicó Rubio, en alusión a la incautación al sur de Islandia de un petrolero ruso afín a Venezuela y de un segundo petrolero en aguas internacionales frente a Caracas.

La reciente incautación del tanquero ruso Bella 1/ Marinera podría aumentar las tensiones entre el gobierno de Trump y el de Vladímir Putin, las cuales, sin duda, se activaron tras la operación estadounidense del sábado para capturar al aliado chavista Nicolás Maduro en suelo venezolano. Además, se suman las recientes declaraciones del ministro de Guerra estadounidense, Pete Hegsheth, quien en tono humorístico comentó que las defensas aéreas rusas en la capital venezolana “no funcionarían tan bien” debido a que no pudieron detener la redada estadounidense.

En este contexto, Rubio destacó la visión de Trump, quien anunció la noche anterior un plan para vender entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano a precios de mercado. El dinero de esta venta de petróleo “se gestionará de tal manera que controlaremos cómo se distribuye para que beneficie al pueblo venezolano”, afirmó Rubio.

Tomaremos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo. Lo venderemos en el mercado a precios de mercado, no con los descuentos que recibía Venezuela… Ese dinero se manejará de tal manera que controlaremos su distribución para beneficiar al pueblo venezolano, no a la corrupción ni al régimen

“La segunda fase será una fase que llamamos de recuperación”, añadió el secretario de Estado estadounidense en relación a las etapas de transición en Venezuela tras la caída de Maduro. “Y consiste en garantizar que las empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al mercado venezolano de forma justa”, añadió.

La segunda fase, según dijo, también incluye el cierre de centros de tortura como El Helicoide, la liberación de los presos políticos y la reconciliación social con el gobierno venezolano para garantizar que “las fuerzas de la oposición puedan recibir amnistía y ser liberadas”, dijo Rubio.

Se comenzará a generar un proceso de reconciliación nacional en Venezuela para que las fuerzas de la oposición puedan ser amnistiadas y liberadas de las cárceles o repatriadas al país y comenzar a reconstruir la sociedad civil 

“La tercera fase, por supuesto, será la de transición”, declaró Rubio a los periodistas, y añadió: “Creemos que avanzaremos de forma muy positiva”.Trump comunica que él mismo administrará el petróleo de Venezuela

El martes, el presidente de EE.UU., Donald Trump, declaró que él mismo controlará el dinero que se obtendrá de la venta de millones de barriles de petróleo venezolano.

A través de un posteo en Truth Social, reveló que “las autoridades provisionales de Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad y autorizado a EE.UU.”.

¡Este petróleo se venderá a su precio de mercado, y ese dinero será controlado por mí, como presidente de EE.UU., para garantizar que se utilice en beneficio del pueblo de Venezuela y de EE.UU.! 

A su vez, el Trump anunció que ha solicitado al secretario de Energía, Chris Wright, que ejecute este plan de inmediato. “Se transportará en buques de almacenamiento directamente a los muelles de descarga en Estados Unidos”, concluyó.

A pesar del operativo estadounidense que logró la captura de Nicolás Maduro en jurisdicción venezolana, Washington aún no ha logrado fracturar la cúpula militar del régimen. De hecho, la Casa Blanca está negociando en estos momentos, a través del secretario estadounidense Marco Rubio, con Delcy Rodríguez, la vice de Maduro que juró este lunes como presidenta interina.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha confirmado que Marco Rubio, el número dos de la Casa Blanca, está dialogando directamente con Delcy Rodríguez para liderar una transición en Venezuela tras la caída de Maduro, garantizándole cierta legitimidad a la gobernante chavista, a pesar de los crímenes que pesan sobre sus hombros, a fin de que le permitan a Estados Unidos el “acceso total” al petróleo, expulsando de esta manera la influencia de Irán, Rusia y China en la región.

No obstante, la cúpula del chavismo —Diosdado Cabello, los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge) y el Padrino López—, aún sigue invicta en Venezuela, a pesar de la detención de Maduro.

Este domingo, Trump afirmó que Delcy “dirigiría” Venezuela “hasta que podamos llevar a cabo una transición segura, adecuada y sensata”. En sus afirmaciones, también ninguneó a María Corina Machado, la líder opositora que recibió un Nobel de la Paz.

“Tiene el apoyo o el respeto dentro del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto”, sentenció.

Al principio, Delcy Rodríguez, la antigua vicepresidenta de Maduro hasta este lunes, se enfrentó discursivamente a Trump, acusándolo de intervenir en la soberanía del país y exigiendo la liberación de Maduro. Pero, con el correr de la horas, el tono de Rodríguez cambió radicalmente. Es más, el domingo por la noche, publicó un mensaje conciliador hacia EE.UU. tras encabezar su primer consejo de ministros.

“Venezuela reafirma su vocación de paz y de convivencia pacífica. Nuestro país aspira a vivir sin amenazas externas, en un entorno de respeto y cooperación internacional”, decía el mensaje publicado en su cuenta de Instagram.

“Consideramos prioritario avanzar hacia un relacionamiento internacional equilibrado y respetuoso entre EE.UU. y Venezuela, y entre Venezuela y los países de la región, basado en la igualdad soberana y la no injerencia”, añadió, en un lenguaje que podría considerarse más conciliador y predispuesto a negociar con Trump.

Según afirmó a El Debate Martín Rodil, un cazador de criminales para EE. UU. y especialista en inteligencia y narcotráfico, Delcy Rodríguez, la vicepresidenta convertida en presidenta interina tras la caída en desgracia de Nicolás Maduro, junto a su hermano Jorge, actual presidente de la Asamblea Nacional, habrían sido los informantes clave sobre la rutina del sucesor de Maduro y habrían señalado la ubicación exacta de la “casa segura” a la que el mandatario bolivariano acudía a pernoctar.

En concordancia con estas sospechas, el hijo de Nicolás Maduro, conocido como “Nicolasito”, difundió un mensaje de audio a través de redes sociales en el que advirtió que “la historia dirá quiénes fueron los traidores”.Delcy Rodríguez y su hermano, señalados como los “traidores”

Por otro lado, en contraste con la nueva postura de Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, número dos del chavismo y actual ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela, lanzó una advertencia a Donald Trump y afirmó que rescataría al líder chavista, encarcelado en Nueva York, de las garras del imperialismo que, según la República Bolivariana, afirma combatir.

“Se nos fue el comandante (Hugo) Chávez y nosotros seguimos adelante. A Nicolás lo vamos a rescatar, pero si algo le pasa a alguno de nosotros, tenemos que seguir adelante, levantar su bandera por la paz, por la independencia, por la soberanía, por la vida”, dijo Diosdado Cabello en redes sociales, citado por el portal opositor Efecto Cocuyo. En su mensaje, Cabello insistió en la “unidad monolítica” del chavismo.

En la misma línea que Diosdado, quien se ha jactado públicamente de “romper cráneos” de los “traidores a la patria”, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, acusó este lunes a EE. UU. de “asesinar a sangre fría” a miembros de la seguridad de Maduro y a “civiles inocentes”.

“La Fuerza Armada Nacional Bolivariana rechaza contundentemente el cobarde secuestro del ciudadano Nicolás Maduro Moros, presidente constitucional de la República, nuestro comandante en jefe, y de su señora esposa (…) hecho perpetrado el sábado 3 de enero, luego de que se asesinara a sangre fría a gran parte de su equipo de seguridad: soldados, soldadas y ciudadanos inocentes”, dijo el uniformado en una alocución transmitida obligatoriamente por todas las televisoras y emisoras de radio nacionales.

El mercado venezolano

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con una capacidad estimada de aproximadamente 303.000 millones de barriles, según la Administración de Información Energética (EIA), la agencia oficial de estadísticas energéticas de USA.

Este volumen sitúa al país por delante de grandes productores como Arabia Saudita (267 000 millones de barriles) e Irán (209 000 millones).

Sin embargo, gran parte del petróleo venezolano es extrapesado, lo que requiere tecnología avanzada e inversiones significativas para su extracción.

En la práctica, el potencial es enorme, pero sigue subutilizado debido a la deficiente infraestructura y las sanciones internacionales, que restringen las operaciones y el acceso al capital.

Según el Statistical Review of World Energy, una publicación anual del Instituto de Energía (EI), la producción de petróleo de Venezuela se ha desplomado en las últimas décadas, desde un pico de 3,7 millones de barriles por día en 1970 a un mínimo de 665.000 barriles por día en 2021.

El año pasado, la producción experimentó una ligera recuperación, volviendo a alrededor de 1 millón de barriles por día, lo que representa menos del 1% de la producción mundial de petróleo.

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Estados Unidos en Venezuela: “Avanza un orden global donde el poder se impone al derecho internacional de posguerra”

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La captura de Nicolás Maduro y la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela no constituyen, según Fernando Straface, un episodio aislado ni una reacción improvisada, sino la manifestación más visible de una gran estrategia geopolítica en plena ejecución. Para el director del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones de la Universidad Austral, lo ocurrido tiene una dimensión comparable a los grandes hitos recientes del sistema internacional porque altera directamente el equilibrio global de poder.

Desde esta perspectiva, Washington decidió abandonar décadas de retórica multilateral y ejercer de forma explícita, directa y no condicionada su influencia en el continente americano. Straface lo define como la reactivación de la histórica Doctrina Monroe, resignificada por Donald Trump como “Doctrina Donroe”: un mensaje político claro de que el hemisferio occidental es considerado una zona estratégica bajo responsabilidad estadounidense.

En el centro de esta estrategia aparece un activo crítico: el petróleo venezolano. Venezuela posee las mayores reservas probadas del mundo, un recurso clave para la seguridad energética global y, por lo tanto, para la competencia entre potencias. Hasta ahora, esas reservas eran explotadas por un régimen alineado con China, Rusia e Irán, que además abastecía de crudo barato a Beijing, principal rival estratégico de Estados Unidos.

Desde la óptica de Washington, explica Straface, un recurso de esa magnitud no podía permanecer bajo el control de un gobierno hostil. Por eso, la intervención apunta tanto a recuperar el control político como económico de la explotación petrolera, incluyendo la restitución de derechos de empresas estadounidenses que habían sido vulnerados. Pero el objetivo excede lo comercial: el petróleo es una pieza clave en la disputa por energía, cadenas de suministro y poder geopolítico.

En el plano político, Straface es categórico: Venezuela es una dictadura, con concentración del poder, represión y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Sin embargo, el fin del régimen abre un debate central sobre el método: la legalidad y legitimidad internacional de una intervención militar unilateral.

Según el analista, este episodio exhibe una “tecnología política alternativa” para enfrentar quiebres democráticos, más eficaz que los mecanismos institucionales tradicionales. El multilateralismo construido después de la Segunda Guerra Mundial, con la Organización de las Naciones Unidas como eje, queda profundamente tensionado frente a este tipo de acciones directas. La crisis venezolana interpela así a las instituciones multilaterales sobre su capacidad real para responder a situaciones extremas.

Estados Unidos justificó su acción presentando a Maduro como jefe de una estructura criminal vinculada al narcotráfico, lo que, dentro de su propia narrativa, habilitó la extracción directa del poder. Para Straface, este argumento refleja un cambio más amplio: las reglas tradicionales del sistema internacional están en crisis y atraviesan una transición acelerada hacia un orden más crudo, donde priman las relaciones de poder por sobre las normas escritas.

En este nuevo escenario se consolida una lógica de áreas de influencia: Estados Unidos en el continente americano, Rusia en su periferia regional y China en Asia. Aunque todavía no está institucionalizado, este orden se manifiesta en los intentos de Trump de negociar entendimientos estratégicos con Moscú y Beijing, respetando esferas de influencia.

El trasfondo humanitario también ocupa un lugar central en el análisis. El éxodo de más de ocho millones de venezolanos constituye uno de los mayores desplazamientos humanos de la historia moderna. Frente a esa tragedia, emerge la idea de un “bien superior”: el bienestar de millones de ciudadanos sometidos a represión, pobreza y exilio.

La salida de Maduro es vista como un primer paso para terminar con la tiranía, pero el camino posterior está lejos de estar claro. Según Straface, la asunción inmediata de las autoridades opositoras electas no aparece hoy como la opción prioritaria de Estados Unidos. En cambio, se perfila una trayectoria de entendimiento con un gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, con el petróleo como eje de negociación.

En última instancia, la legitimidad internacional de la intervención estadounidense dependerá de algo concreto: la capacidad real de avanzar hacia un cambio de régimen auténtico, con transición democrática, restitución de derechos, institucionalidad y participación efectiva de la oposición. Sin ese resultado, la operación quedará como un hecho de fuerza en un mundo cada vez más gobernado por la lógica del poder.

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Venezuela marca el último capítulo del realineamiento global

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La audaz maniobra de Estados Unidos para expulsar al presidente Maduro de Venezuela y enfrentar cargos en ese país conmocionó al mundo, pero no es la primera vez que Estados Unidos interviene en otros países y es poco probable que sea la última. Si bien el hecho tiene un peso simbólico, su impacto inmediato en los mercados globales probablemente sea modesto. La clave podría residir en su significado a largo plazo, como parte de un motor macroeconómico más amplio de realineamiento geopolítico.

Ondulaciones del mercado a corto plazo

“El desafortunado impacto de las dificultades económicas y políticas que Venezuela ha enfrentado durante las últimas dos décadas, sumado a las sanciones, ha provocado que muchas empresas de mercados desarrollados hayan abandonado el mercado por completo. Para las pocas con exposición residual a Venezuela (por ejemplo, Chevron, Repsol, Telefónica), un contexto político más estable podría brindar un alivio gradual”, señaló Seth Meyer, director global de Gestión de Cartera de Clientes de Janus Henderson.

En esta misma línea, Meyer agregó: “A corto plazo, los bonos venezolanos podrían experimentar un impulso inicial a medida que los mercados incorporan en los precios la perspectiva de una normalización de las políticas. Los mercados petroleros también podrían reaccionar, aunque no necesariamente en la dirección esperada”. 

Si bien la incertidumbre geopolítica suele impulsar los precios al alza, “un eventual aumento de la oferta venezolana ejercería presión a la baja sobre el crudo, una vez que las rutas de transporte marítimo se estabilicen y las vías de aplicación de las sanciones se aclaren”, aportó Alex Veroude, jefe de Renta Fija de Janus Henderson.

Reabastecer el suministro global: Por qué Venezuela es importante

A pesar de poseer las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, la producción de Venezuela se ha desplomado de alrededor de 3 millones de barriles por día a principios de la década de 2000 a menos de un tercio de esa cifra en los últimos años. Las sanciones, la subinversión crónica y la infraestructura deteriorada han reducido drásticamente la producción.

En ese sentido, desde VT Markets señalaron que si Venezuela logra aumentar su producción de petróleo, el impacto en precios dependerá de cuán rápido y sostenido sea ese aumento y de cómo responda la OPEC+. “El escenario más probable es una presión bajista moderada o un límite a subas fuertes, más que un cambio estructural de tendencia. Para 2026, esto sugiere estrategias más selectivas en energía, priorizando compañías eficientes y con balances sólidos.”, explicó Agustín Bilinskis, Manager Regional de Latinoamérica en VT Markets

El atractivo comprobado de Venezuela
Reservas probadas de petróleo crudo por país (miles de millones de barriles)

Fuente: Boletín Estadístico Anual de la OPEP 2025, reservas probadas de petróleo crudo por país a finales de 2024. 

Una transición hacia un gobierno prooccidental podría flexibilizar las sanciones, facilitar la inversión extranjera (aunque esto podría requerir un cambio de actitud en el régimen actual de Venezuela o un cambio de régimen en su conjunto) y aumentar la producción. “Es posible que, con ayuda externa y condiciones políticas favorables, Venezuela duplique su producción a 2 millones de barriles diarios en dos años y aumente significativamente a largo plazo. Dicha expansión alteraría el balance petrolero mundial”, remarcó Alex Veroude, de Janus Henderson. No es difícil comprender por qué la integración de Venezuela bajo la égida estadounidense podría mejorar la seguridad energética de Estados Unidos y, por extensión, de Occidente.

Repercusiones políticas a largo plazo: un nuevo enfoque en las esferas de influencia

Más allá de las consideraciones inmediatas del mercado, el cambio en Venezuela podría tener consecuencias geopolíticas a largo plazo. Si Estados Unidos se impone unilateralmente para promover objetivos económicos o políticos, podría sentar precedentes que repercutan en otras regiones. También dificulta que Estados Unidos condene acciones similares de otros países en el futuro.

Es plausible un retorno a un mundo de “esferas de influencia” definidas: China ejerciendo dominio en Asia, Estados Unidos reforzando su posición en América y Europa continuando una dinámica compleja con Rusia. Por lo tanto, la transición de Venezuela podría ser un microcosmos de un realineamiento global más amplio, al que los inversores podrían tener que adaptarse activamente.

¿Y Argentina?

Para Argentina y América Latina, el reordenamiento geopolítico influye principalmente a través de los flujos de capital y los precios de commodities. En ese contexto, “los inversores locales deberían prepararse con carteras diversificadas, cobertura cambiaria y foco en liquidez, entendiendo que el riesgo global amplifica movimientos, pero que los fundamentos locales siguen siendo el factor clave”, señaló Bilinskis.

Mirando hacia el futuro

Es poco probable que el cambio político en Venezuela impulse una revalorización generalizada del mercado a corto plazo. “Sin embargo, sus implicaciones (para el suministro de energía, los bonos soberanos de los mercados emergentes, las tensiones geopolíticas y la diversificación de la cadena de suministro) merecen una atención continua”, explicó Lucas Klein, director de Renta Variable de EMEA y Asia Pacífico de Janus Henderson.

Por su parte, desde VT Markets señalaron que los eventos geopolíticos como el caso de Venezuela suelen generar primero movimientos por titulares y luego una revaluación más racional basada en datos concretos. “En mercados emergentes, seguimos de cerca el dólar, las tasas reales de EE.UU., los spreads de crédito y los flujos hacia activos EM, ya que estos factores suelen pesar más que el evento político en sí para bonos y commodities”, concluyó. 

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