Agresión descarada pisoteando soberanía, bajo pretextos de muy dudosa o nula credibilidad, es lo que cabe definir de la nueva y desembozada agresión de estilo patotero, perpetrada en su pretendido patio trasero, por el descarnado poder imperial de “la gran potencia del norte”.
Mucha tela para cortar, por lo que es necesario separar lo esencial de lo secundario, o meramente anecdótico. En la historia de agresiva prepotencia, de la cual hace gala el permanente accionar de la política exterior yanqui, no es nueva la recurrente utilización de la fuerza bruta, cuando las presiones económicas, financieras, de política exterior, y del aparataje cultural resultan insuficientes o infructuosas.
Lo que tal vez marque una diferencia acentuada, es la explicitación directa, brutal y desvergonzada, del interés estratégico esencial que motiva la agresión directa, que es el dominio pleno por parte de EEUU, de las enormes reservas de petróleo y gas que atesora el subsuelo venezolano, además de las nada despreciables existencias de metales raros, esenciales para las industrias de más compleja tecnología.
En todo ello entra el muy fuerte enfrentamiento geopolítico de EEUU con China, y es muy claro que el accionar de ambas superpotencias muestra muy claras diferencias. Mientras China ofrece concretas colaboraciones, con apoyos tecnológicos y financieros, para grandes obras de infraestructura, y acuerdos bilaterales de asociaciones estratégicas; EEUU muestra predilección por practicar la Doctrina del Gran Garrote, con injerencias explícitas de intervencionismo, como lo hizo en las recientes elecciones de Argentina.
No queda muy en claro, si el actual accionar de EEUU reafirma su pretendida excluyente supremacía -como la tuvo al fin de la Segunda Guerra Mundial-; o si evidencia su irreversible decadencia frente al creciente poder chino y de los bloques de poder asentados principalmente en Asia y cercanías.
Con la desfachatez propia de patoteros ahítos de poder, Trump dijo que busca recuperar “su” petróleo, pisoteando con ello todo atisbo de soberanía de Venezuela sobre sus recursos naturales; y con la soberbia propia de tiránicos emperadores todo poderosos de muy viejas épocas del Antiguo Testamento, hace alardes de gobernar Venezuela a su antojo, como si fuera un protectorado.
Diriase que el accionar “trumpístico” atrasa dos milenios largos, copiando la metodología de fuerza bruta del Imperio Romano, a la vez que acentúa el posicionamiento soberbiamente imperial no exento de crudo racismo, que heredaron de sus “primos” del otro lado del Atlántico, pero sin las sutilezas diplomáticas del viejo imperio británico, hoy devenido en primer socio menor del aun vigente imperio yanqui, el cual parece negar al mundo multipolar que se puede constatar.
No sorprende, pero no deja de ser repudiable, que muchos venezolanos (y muchos más latinoamericanos), justifiquen la agresión descarada y sangrienta, y el desfachatado secuestro de un presidente de nuestra Íbero América, bajo prefabricados y dudosamente creíbles argumentos de narco tráfico, de los que ahora se desdicen, que parecen tan falaces como las supuestas “armas de destrucción masiva” u otras mentiras similares, que difundieron para justificar las invasiones y destrucciones generalizadas de Iraq, Libia y otros países, asolados por la “democratización a bombazos” que pregonan y practican EEUU y sus cómplices estratégicos.
Seguramente en Venezuela operaron varios traidores, que por sus treinta denarios avalaron el secuestro y el consecuente derramamiento de sangre, el cual es harto dudoso que no haya afectado a las fuerzas atacantes.
Se menciona la cifra de 50 millones de dólares, no definido si es el total o el monto per cápita, para los entregadores; cifra que es “plata chica” comparada con la importancia estratégica de “aleccionar al díscolo país que osó rebelarse”, y al buscado dominio total de las riquezas a saquear impunemente, tal como lo hacían, sin tanta violencia explícita, en las épocas previas al chavismo, cuando la riqueza extraída no llegaba al pueblo más que en cuentagotas, según informes que parecen creíbles, y que son metodología usual de los imperios saqueadores.
Con esas acciones de patoterismo explícito, exaltación de la fuerza bruta, y pisoteo de todo atisbo del Derecho Internacional, todo el Sistema Mundo queda muy afectado, o directamente desarticulado.
Y mientras que con toda lógica, los argentinos que razonamos con criterios geopolíticos y claros sentimientos patrióticos, nos preocupamos por Venezuela, por Argentina, y por los países de la Patria Grande que el autoasumido “emperador” amenazó con invadir o aleccionar; el desembozadamente cipayo gobierno libertario prosigue sus tareas destructivas, arrastradamente subordinado a los dictados de EEUU y sus socios Atlantistas; y con sus metas de involucionarnos a un protectorado subdesarrollado, o de máxima, perpetrar la hoy ya amenazante disolución nacional.
La administración estadounidense de Donald Trump se atribuye actualmente la supervisión de la gobernanza de Delcy Rodríguez, la vice chavista que se ha convertido en la actual presidenta de Venezuela tras la caída en desgracia de Nicolás Maduro tras el operativo estadounidense realizado el sábado en Caracas. Washington le garantizaría al régimen, con un cambio de rostro, cierta gobernabilidad si el nuevo liderazgo le concede “acceso total” al petróleo venezolano. No obstante, la Casa Blanca ha divulgado que el plan de transición en el país caribeño se llevaría a cabo en tres fases.
Así lo expuso el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ante el Congreso de EE. UU., donde habló sobre la actual “fase de cuarentena” en Venezuela, en el contexto de la presión que Washington está ejerciendo sobre el régimen venezolano tras la captura de Nicolás Maduro y en medio de la transición.
En este proceso, por el momento, Donald Trump ha marginado a la dirigente María Corina Machado y al presidente electo venezolano Edmundo González Urritia de encabezar la transición, mientras presiona a la gobernanza chavista de Delcy Rodríguez para darle a la Casa Blanca el “control total” del petróleo en Venezuela.
El plan de EE.UU.
En esa lógica gubernamental en materia de política exterior en el Hemisferio Occidental, Marco Rubio detalló la hoja de ruta estratégica de la administración de Trump para el futuro de Venezuela, que incluye tres etapas o fases con el objetivo de evitar una guerra civil, reactivar la economía y reconstruir el tejido social del país, martirizado por un régimen que persigue y tortura a los opositores.
“Parte de esa estabilización, y la razón por la que entendemos y creemos que tenemos la mayor influencia posible, es nuestra cuarentena”, sostuvo Rubio, refiriéndose al bloqueo impuesto por Washington contra los petroleros sancionados afines al régimen venezolano.
“Como han visto hoy, dos barcos más fueron incautados. Estamos en medio de este proceso y, de hecho, a punto de cerrar un acuerdo para tomar todo el petróleo que tienen, el petróleo que está estancado en Venezuela”, explicó Rubio, en alusión a la incautación al sur de Islandia de un petrolero ruso afín a Venezuela y de un segundo petrolero en aguas internacionales frente a Caracas.
La reciente incautación del tanquero ruso Bella 1/ Marinera podría aumentar las tensiones entre el gobierno de Trump y el de Vladímir Putin, las cuales, sin duda, se activaron tras la operación estadounidense del sábado para capturar al aliado chavista Nicolás Maduro en suelo venezolano. Además, se suman las recientes declaraciones del ministro de Guerra estadounidense, Pete Hegsheth, quien en tono humorístico comentó que las defensas aéreas rusas en la capital venezolana “no funcionarían tan bien” debido a que no pudieron detener la redada estadounidense.
En este contexto, Rubio destacó la visión de Trump, quien anunció la noche anterior un plan para vender entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano a precios de mercado. El dinero de esta venta de petróleo “se gestionará de tal manera que controlaremos cómo se distribuye para que beneficie al pueblo venezolano”, afirmó Rubio.
Tomaremos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo. Lo venderemos en el mercado a precios de mercado, no con los descuentos que recibía Venezuela… Ese dinero se manejará de tal manera que controlaremos su distribución para beneficiar al pueblo venezolano, no a la corrupción ni al régimen
“La segunda fase será una fase que llamamos de recuperación”, añadió el secretario de Estado estadounidense en relación a las etapas de transición en Venezuela tras la caída de Maduro. “Y consiste en garantizar que las empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al mercado venezolano de forma justa”, añadió.
La segunda fase, según dijo, también incluye el cierre de centros de tortura como El Helicoide, la liberación de los presos políticos y la reconciliación social con el gobierno venezolano para garantizar que “las fuerzas de la oposición puedan recibir amnistía y ser liberadas”, dijo Rubio.
Se comenzará a generar un proceso de reconciliación nacional en Venezuela para que las fuerzas de la oposición puedan ser amnistiadas y liberadas de las cárceles o repatriadas al país y comenzar a reconstruir la sociedad civil
“La tercera fase, por supuesto, será la de transición”, declaró Rubio a los periodistas, y añadió: “Creemos que avanzaremos de forma muy positiva”.Trump comunica que él mismo administrará el petróleo de Venezuela
El martes, el presidente de EE.UU., Donald Trump, declaró que él mismo controlará el dinero que se obtendrá de la venta de millones de barriles de petróleo venezolano.
A través de un posteo en Truth Social, reveló que “las autoridades provisionales de Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad y autorizado a EE.UU.”.
¡Este petróleo se venderá a su precio de mercado, y ese dinero será controlado por mí, como presidente de EE.UU., para garantizar que se utilice en beneficio del pueblo de Venezuela y de EE.UU.!
A su vez, el Trump anunció que ha solicitado al secretario de Energía, Chris Wright, que ejecute este plan de inmediato. “Se transportará en buques de almacenamiento directamente a los muelles de descarga en Estados Unidos”, concluyó.
A pesar del operativo estadounidense que logró la captura de Nicolás Maduro en jurisdicción venezolana, Washington aún no ha logrado fracturar la cúpula militar del régimen. De hecho, la Casa Blanca está negociando en estos momentos, a través del secretario estadounidense Marco Rubio, con Delcy Rodríguez, la vice de Maduro que juró este lunes como presidenta interina.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha confirmado que Marco Rubio, el número dos de la Casa Blanca, está dialogando directamente con Delcy Rodríguez para liderar una transición en Venezuela tras la caída de Maduro, garantizándole cierta legitimidad a la gobernante chavista, a pesar de los crímenes que pesan sobre sus hombros, a fin de que le permitan a Estados Unidos el “acceso total” al petróleo, expulsando de esta manera la influencia de Irán, Rusia y China en la región.
No obstante, la cúpula del chavismo —Diosdado Cabello, los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge) y el Padrino López—, aún sigue invicta en Venezuela, a pesar de la detención de Maduro.
Este domingo, Trump afirmó que Delcy “dirigiría” Venezuela “hasta que podamos llevar a cabo una transición segura, adecuada y sensata”. En sus afirmaciones, también ninguneó a María Corina Machado, la líder opositora que recibió un Nobel de la Paz.
“Tiene el apoyo o el respeto dentro del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto”, sentenció.
Al principio, Delcy Rodríguez, la antigua vicepresidenta de Maduro hasta este lunes, se enfrentó discursivamente a Trump, acusándolo de intervenir en la soberanía del país y exigiendo la liberación de Maduro. Pero, con el correr de la horas, el tono de Rodríguez cambió radicalmente. Es más, el domingo por la noche, publicó un mensaje conciliador hacia EE.UU. tras encabezar su primer consejo de ministros.
“Venezuela reafirma su vocación de paz y de convivencia pacífica. Nuestro país aspira a vivir sin amenazas externas, en un entorno de respeto y cooperación internacional”, decía el mensaje publicado en su cuenta de Instagram.
“Consideramos prioritario avanzar hacia un relacionamiento internacional equilibrado y respetuoso entre EE.UU. y Venezuela, y entre Venezuela y los países de la región, basado en la igualdad soberana y la no injerencia”, añadió, en un lenguaje que podría considerarse más conciliador y predispuesto a negociar con Trump.
Según afirmó a El Debate Martín Rodil, un cazador de criminales para EE. UU. y especialista en inteligencia y narcotráfico, Delcy Rodríguez, la vicepresidenta convertida en presidenta interina tras la caída en desgracia de Nicolás Maduro, junto a su hermano Jorge, actual presidente de la Asamblea Nacional, habrían sido los informantes clave sobre la rutina del sucesor de Maduro y habrían señalado la ubicación exacta de la “casa segura” a la que el mandatario bolivariano acudía a pernoctar.
En concordancia con estas sospechas, el hijo de Nicolás Maduro, conocido como “Nicolasito”, difundió un mensaje de audio a través de redes sociales en el que advirtió que “la historia dirá quiénes fueron los traidores”.Delcy Rodríguez y su hermano, señalados como los “traidores”
Por otro lado, en contraste con la nueva postura de Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, número dos del chavismo y actual ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz de Venezuela, lanzó una advertencia a Donald Trump y afirmó que rescataría al líder chavista, encarcelado en Nueva York, de las garras del imperialismo que, según la República Bolivariana, afirma combatir.
“Se nos fue el comandante (Hugo) Chávez y nosotros seguimos adelante. A Nicolás lo vamos a rescatar, pero si algo le pasa a alguno de nosotros, tenemos que seguir adelante, levantar su bandera por la paz, por la independencia, por la soberanía, por la vida”, dijo Diosdado Cabello en redes sociales, citado por el portal opositor Efecto Cocuyo. En su mensaje, Cabello insistió en la “unidad monolítica” del chavismo.
En la misma línea que Diosdado, quien se ha jactado públicamente de “romper cráneos” de los “traidores a la patria”, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, acusó este lunes a EE. UU. de “asesinar a sangre fría” a miembros de la seguridad de Maduro y a “civiles inocentes”.
“La Fuerza Armada Nacional Bolivariana rechaza contundentemente el cobarde secuestro del ciudadano Nicolás Maduro Moros, presidente constitucional de la República, nuestro comandante en jefe, y de su señora esposa (…) hecho perpetrado el sábado 3 de enero, luego de que se asesinara a sangre fría a gran parte de su equipo de seguridad: soldados, soldadas y ciudadanos inocentes”, dijo el uniformado en una alocución transmitida obligatoriamente por todas las televisoras y emisoras de radio nacionales.
El mercado venezolano
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con una capacidad estimada de aproximadamente 303.000 millones de barriles, según la Administración de Información Energética (EIA), la agencia oficial de estadísticas energéticas de USA.
Este volumen sitúa al país por delante de grandes productores como Arabia Saudita (267 000 millones de barriles) e Irán (209 000 millones).
Sin embargo, gran parte del petróleo venezolano es extrapesado, lo que requiere tecnología avanzada e inversiones significativas para su extracción.
En la práctica, el potencial es enorme, pero sigue subutilizado debido a la deficiente infraestructura y las sanciones internacionales, que restringen las operaciones y el acceso al capital.
Según el Statistical Review of World Energy, una publicación anual del Instituto de Energía (EI), la producción de petróleo de Venezuela se ha desplomado en las últimas décadas, desde un pico de 3,7 millones de barriles por día en 1970 a un mínimo de 665.000 barriles por día en 2021.
El año pasado, la producción experimentó una ligera recuperación, volviendo a alrededor de 1 millón de barriles por día, lo que representa menos del 1% de la producción mundial de petróleo.
La captura de Nicolás Maduro y la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela no constituyen, según Fernando Straface, un episodio aislado ni una reacción improvisada, sino la manifestación más visible de una gran estrategia geopolítica en plena ejecución. Para el director del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones de la Universidad Austral, lo ocurrido tiene una dimensión comparable a los grandes hitos recientes del sistema internacional porque altera directamente el equilibrio global de poder.
Desde esta perspectiva, Washington decidió abandonar décadas de retórica multilateral y ejercer de forma explícita, directa y no condicionada su influencia en el continente americano. Straface lo define como la reactivación de la histórica Doctrina Monroe, resignificada por Donald Trump como “Doctrina Donroe”: un mensaje político claro de que el hemisferio occidental es considerado una zona estratégica bajo responsabilidad estadounidense.
En el centro de esta estrategia aparece un activo crítico: el petróleo venezolano. Venezuela posee las mayores reservas probadas del mundo, un recurso clave para la seguridad energética global y, por lo tanto, para la competencia entre potencias. Hasta ahora, esas reservas eran explotadas por un régimen alineado con China, Rusia e Irán, que además abastecía de crudo barato a Beijing, principal rival estratégico de Estados Unidos.
Desde la óptica de Washington, explica Straface, un recurso de esa magnitud no podía permanecer bajo el control de un gobierno hostil. Por eso, la intervención apunta tanto a recuperar el control político como económico de la explotación petrolera, incluyendo la restitución de derechos de empresas estadounidenses que habían sido vulnerados. Pero el objetivo excede lo comercial: el petróleo es una pieza clave en la disputa por energía, cadenas de suministro y poder geopolítico.
En el plano político, Straface es categórico: Venezuela es una dictadura, con concentración del poder, represión y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Sin embargo, el fin del régimen abre un debate central sobre el método: la legalidad y legitimidad internacional de una intervención militar unilateral.
Según el analista, este episodio exhibe una “tecnología política alternativa” para enfrentar quiebres democráticos, más eficaz que los mecanismos institucionales tradicionales. El multilateralismo construido después de la Segunda Guerra Mundial, con la Organización de las Naciones Unidas como eje, queda profundamente tensionado frente a este tipo de acciones directas. La crisis venezolana interpela así a las instituciones multilaterales sobre su capacidad real para responder a situaciones extremas.
Estados Unidos justificó su acción presentando a Maduro como jefe de una estructura criminal vinculada al narcotráfico, lo que, dentro de su propia narrativa, habilitó la extracción directa del poder. Para Straface, este argumento refleja un cambio más amplio: las reglas tradicionales del sistema internacional están en crisis y atraviesan una transición acelerada hacia un orden más crudo, donde priman las relaciones de poder por sobre las normas escritas.
En este nuevo escenario se consolida una lógica de áreas de influencia: Estados Unidos en el continente americano, Rusia en su periferia regional y China en Asia. Aunque todavía no está institucionalizado, este orden se manifiesta en los intentos de Trump de negociar entendimientos estratégicos con Moscú y Beijing, respetando esferas de influencia.
El trasfondo humanitario también ocupa un lugar central en el análisis. El éxodo de más de ocho millones de venezolanos constituye uno de los mayores desplazamientos humanos de la historia moderna. Frente a esa tragedia, emerge la idea de un “bien superior”: el bienestar de millones de ciudadanos sometidos a represión, pobreza y exilio.
La salida de Maduro es vista como un primer paso para terminar con la tiranía, pero el camino posterior está lejos de estar claro. Según Straface, la asunción inmediata de las autoridades opositoras electas no aparece hoy como la opción prioritaria de Estados Unidos. En cambio, se perfila una trayectoria de entendimiento con un gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, con el petróleo como eje de negociación.
En última instancia, la legitimidad internacional de la intervención estadounidense dependerá de algo concreto: la capacidad real de avanzar hacia un cambio de régimen auténtico, con transición democrática, restitución de derechos, institucionalidad y participación efectiva de la oposición. Sin ese resultado, la operación quedará como un hecho de fuerza en un mundo cada vez más gobernado por la lógica del poder.
La audaz maniobra de Estados Unidos para expulsar al presidente Maduro de Venezuela y enfrentar cargos en ese país conmocionó al mundo, pero no es la primera vez que Estados Unidos interviene en otros países y es poco probable que sea la última. Si bien el hecho tiene un peso simbólico, su impacto inmediato en los mercados globales probablemente sea modesto. La clave podría residir en su significado a largo plazo, como parte de un motor macroeconómico más amplio de realineamiento geopolítico.
Ondulaciones del mercado a corto plazo
“El desafortunado impacto de las dificultades económicas y políticas que Venezuela ha enfrentado durante las últimas dos décadas, sumado a las sanciones, ha provocado que muchas empresas de mercados desarrollados hayan abandonado el mercado por completo. Para las pocas con exposición residual a Venezuela (por ejemplo, Chevron, Repsol, Telefónica), un contexto político más estable podría brindar un alivio gradual”, señaló Seth Meyer, director global de Gestión de Cartera de Clientes de Janus Henderson.
En esta misma línea, Meyer agregó: “A corto plazo, los bonos venezolanos podrían experimentar un impulso inicial a medida que los mercados incorporan en los precios la perspectiva de una normalización de las políticas. Los mercados petroleros también podrían reaccionar, aunque no necesariamente en la dirección esperada”.
Si bien la incertidumbre geopolítica suele impulsar los precios al alza, “un eventual aumento de la oferta venezolana ejercería presión a la baja sobre el crudo, una vez que las rutas de transporte marítimo se estabilicen y las vías de aplicación de las sanciones se aclaren”, aportó Alex Veroude, jefe de Renta Fija de Janus Henderson.
Reabastecer el suministro global: Por qué Venezuela es importante
A pesar de poseer las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, la producción de Venezuela se ha desplomado de alrededor de 3 millones de barriles por día a principios de la década de 2000 a menos de un tercio de esa cifra en los últimos años. Las sanciones, la subinversión crónica y la infraestructura deteriorada han reducido drásticamente la producción.
En ese sentido, desde VT Markets señalaron que si Venezuela logra aumentar su producción de petróleo, el impacto en precios dependerá de cuán rápido y sostenido sea ese aumento y de cómo responda la OPEC+. “El escenario más probable es una presión bajista moderada o un límite a subas fuertes, más que un cambio estructural de tendencia. Para 2026, esto sugiere estrategias más selectivas en energía, priorizando compañías eficientes y con balances sólidos.”, explicó Agustín Bilinskis, Manager Regional de Latinoamérica en VT Markets
El atractivo comprobado de Venezuela Reservas probadas de petróleo crudo por país (miles de millones de barriles)
Fuente: Boletín Estadístico Anual de la OPEP 2025, reservas probadas de petróleo crudo por país a finales de 2024.
Una transición hacia un gobierno prooccidental podría flexibilizar las sanciones, facilitar la inversión extranjera (aunque esto podría requerir un cambio de actitud en el régimen actual de Venezuela o un cambio de régimen en su conjunto) y aumentar la producción. “Es posible que, con ayuda externa y condiciones políticas favorables, Venezuela duplique su producción a 2 millones de barriles diarios en dos años y aumente significativamente a largo plazo. Dicha expansión alteraría el balance petrolero mundial”, remarcó AlexVeroude, de Janus Henderson. No es difícil comprender por qué la integración de Venezuela bajo la égida estadounidense podría mejorar la seguridad energética de Estados Unidos y, por extensión, de Occidente.
Repercusiones políticas a largo plazo: un nuevo enfoque en las esferas de influencia
Más allá de las consideraciones inmediatas del mercado, el cambio en Venezuela podría tener consecuencias geopolíticas a largo plazo. Si Estados Unidos se impone unilateralmente para promover objetivos económicos o políticos, podría sentar precedentes que repercutan en otras regiones. También dificulta que Estados Unidos condene acciones similares de otros países en el futuro.
Es plausible un retorno a un mundo de “esferas de influencia” definidas: China ejerciendo dominio en Asia, Estados Unidos reforzando su posición en América y Europa continuando una dinámica compleja con Rusia. Por lo tanto, la transición de Venezuela podría ser un microcosmos de un realineamiento global más amplio, al que los inversores podrían tener que adaptarse activamente.
¿Y Argentina?
Para Argentina y América Latina, el reordenamiento geopolítico influye principalmente a través de los flujos de capital y los precios de commodities. En ese contexto, “los inversores locales deberían prepararse con carteras diversificadas, cobertura cambiaria y foco en liquidez, entendiendo que el riesgo global amplifica movimientos, pero que los fundamentos locales siguen siendo el factor clave”, señaló Bilinskis.
Mirando hacia el futuro
Es poco probable que el cambio político en Venezuela impulse una revalorización generalizada del mercado a corto plazo. “Sin embargo, sus implicaciones (para el suministro de energía, los bonos soberanos de los mercados emergentes, las tensiones geopolíticas y la diversificación de la cadena de suministro) merecen una atención continua”, explicó Lucas Klein, director de Renta Variable de EMEA y Asia Pacífico de Janus Henderson.
Por su parte, desde VT Markets señalaron que los eventos geopolíticos como el caso de Venezuela suelen generar primero movimientos por titulares y luego una revaluación más racional basada en datos concretos. “En mercados emergentes, seguimos de cerca el dólar, las tasas reales de EE.UU., los spreads de crédito y los flujos hacia activos EM, ya que estos factores suelen pesar más que el evento político en sí para bonos y commodities”, concluyó.
Cuando George W. Bush invadió Irak en 2003, afirmó que el objetivo era establecer un régimen democrático. Es posible que algunos miembros de su administración incluso lo creyeran. Pero muchos críticos de izquierda insistieron en que se trataba de apoderarse del petróleo iraquí.
Aunque me oponía abiertamente a esa guerra y era profundamente cínico sobre los motivos de la administración Bush, nunca creí la historia de la “guerra por el petróleo”. La principal motivación de la guerra, sigo creyendo, fue manipular las cosas: usar una victoria militar ostentosa para asegurar la reelección de Bush. Según algunos politólogos , esa fue una misión que la guerra, de hecho, cumplió.
La aventura de Donald Trump en Venezuela es muy distinta. Durante su triunfalista conferencia de prensa tras el secuestro de Nicolás Maduro, Trump nunca usó la palabra “democracia”. Sin embargo, mencionó “petróleo” 27 veces, declarando: “Vamos a recuperar el petróleo que, francamente, deberíamos haber recuperado hace mucho tiempo”.
Aun así, lo que sea que estemos haciendo en Venezuela no es realmente una guerra por el petróleo. Es, más bien, una guerra por fantasías petroleras. La inmensa riqueza que Trump imagina que espera ser tomada allí no existe.
Quizás haya oído que Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo: 300 000 millones de barriles. Probablemente no sepa que las reservas petroleras reportadas de Venezuela se triplicaron durante la presidencia de Hugo Chávez. Este aumento, de aproximadamente 100 000 millones a 300 000 millones de barriles, no reflejó nuevos descubrimientos ni exploraciones importantes. En cambio, reflejó la decisión del gobierno de Chávez de reclasificar el petróleo pesado de la Faja del Orinoco del país como “probado”, es decir, petróleo que puede recuperarse con razonable certeza en las condiciones económicas y operativas actuales.
Fuente: Torsten Slok
Como señala Torsten Slok de Apollo , quien recientemente planteó este punto, “Gran parte del petróleo es extrapesado, con baja recuperación y un alto costo de producción”. Esto sugiere que las afirmaciones de Venezuela de tener inmensas reservas de petróleo utilizables eran pura propaganda política.
Esta opinión se sustenta en el hecho de que el enorme aumento de las reservas petroleras reportadas en Venezuela no fue seguido por un aumento repentino de la producción. Por el contrario, la producción petrolera venezolana se desplomó rápidamente:
Fuente: Torsten Slok
La caída de la producción se asoció con una degradación constante de la infraestructura petrolera venezolana, cuya restauración requeriría años y miles de millones de dólares en inversiones. Dados estos costos, además de la inestabilidad política, las grandes petroleras claramente no están entusiasmadas con la idea de invertir en Venezuela.
El lunes, Trump sugirió que podría reembolsar a las compañías petroleras por sus inversiones en el país que afirma —sin fundamento alguno— controlar, reembolsándoles sus gastos allí. Es decir, en cuestión de días hemos pasado de hablar de grandes oportunidades de generar grandes ingresos a una propuesta para, en efecto, subsidiar las inversiones de la industria petrolera en Venezuela a expensas de los contribuyentes estadounidenses.
Esto no significa que nadie se haya beneficiado del secuestro de Maduro. Hace unos meses, el multimillonario trumpista Paul Singer compró Citgo, la antigua filial estadounidense de la petrolera estatal venezolana. Citgo posee tres refinerías en la Costa del Golfo, construidas a medida para procesar crudo venezolano, refinerías que han sufrido las consecuencias del embargo estadounidense a las importaciones de ese crudo. Si Trump levanta dicho embargo, Singer recibirá una enorme ganancia inesperada. Pero esta ganancia inesperada no tendrá nada que ver con la reactivación de la producción venezolana.
Singer ha hecho enormes donaciones políticas a Trump, lo que ha suscitado dudas sobre su influencia en las políticas públicas. Su compra de Citgo también fue sorprendentemente oportuna. ¿Qué sabía él?
En un nivel más profundo, la aparente creencia de Trump de que el petróleo bajo tierra es un activo precioso está desactualizada desde hace décadas.
Hoy en día, el petróleo está barato según estándares históricos. Este es el precio real del petróleo —ajustado a la inflación general— desde el año 2000:
Fuente: Administración de Información Energética
Los precios del petróleo son bajos principalmente debido al aumento de la oferta gracias al fracking, y es probable que la posibilidad de que se siga fracking los mantenga bajos en el futuro previsible. El precio de equilibrio del petróleo obtenido mediante fracking —el precio al que resulta rentable perforar un nuevo pozo— ronda los 62 dólares por barril en las principales regiones productoras de Estados Unidos. Si bien los precios mundiales del petróleo fluctúan, tienden a volver a ese precio de equilibrio después de unos años.
Y 62 dólares por barril no serían suficientes para que la inversión en la Faja del Orinoco, donde el punto de equilibrio estimado es de más de 80 dólares , fuera rentable, incluso si no hubiera riesgos políticos.
En resumen, la creencia de Trump de que ha obtenido un premio lucrativo en los campos petroleros de Venezuela sería una fantasía poco realista incluso si realmente estuviera en control de una nación que, en la práctica, todavía está controlada por los mismos matones que la controlaban antes de que Maduro fuera secuestrado.