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​Mendoza seleccionada entre las cinco regiones vitivinícolas más destacadas del mundo

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El amor de las personas por el vino influye cada vez más en la elección de sus destinos. Con un 43%* de viajeros argentinos afirmando que les gustaría probar nuevos vinos en su próximo viaje, la idea de visitar viñedos y bodegas cargadas de historia y encanto tiene un gran atractivo. Booking.com, la plataforma de reservas de alojamientos y otros lugares únicos para hospedarse, alquiler de autos y atracciones, destacó cinco regiones vitivinícolas de todo el mundo que ofrecen mucho más que degustaciones, e invitan a descubrir culturas locales, historias y los paisajes que dan forma y entidad a cada botella.

Mendoza, Argentina

Con el imponente telón de fondo de la cordillera de los Andes, con sus cumbres nevadas, Mendoza se consolida como el principal destino vitivinícola de Sudamérica y ostenta el título de capital mundial del Malbec. Esta vibrante ciudad reúne más de 1.500 bodegas, que van desde pequeñas propuestas boutique hasta prestigiosas fincas, todas dedicadas a elaborar el vino insignia de la región, reconocido por su textura suave y sedosa y sus taninos redondos.

Los viajeros pueden recorrer viñedos enmarcados por montañas majestuosas, participar de degustaciones inmersivas y visitar cavas, o sumarse a la Fiesta Nacional de la Vendimia a comienzos de marzo, uno de los festivales más importantes de Argentina, lleno de música folclórica y expresiones culturales.

Los amantes de la aventura encuentran experiencias inolvidables al pie de los Andes: desde rafting en las vibrantes aguas de sus ríos hasta realizar caminatas por senderos de alta montaña con el Aconcagua, la cumbre más alta del hemisferio occidental, siempre como telón de fondo. Para cerrar el día, nada mejor que relajarse en aguas termales naturales escondidas entre el paisaje agreste de la región, el broche perfecto tras una jornada de exploración.

Napa Valley, California, USA

Con más de 48 km de colinas ondulantes cubiertas de viñedos y enmarcadas por las montañas, Vaca, Napa Valley se posiciona como uno de los destinos vitivinícolas más destacados del mundo. Ubicada a 80 km al noreste de San Francisco, la región es reconocida por sus vinos de clase mundial, especialmente Cabernet Sauvignon, Pinot Noir y Chardonnay.

Estos vinos se elaboran en cuatro zonas bien diferenciadas, que pueden explorarse a través de más de 400 bodegas y 90 salas de degustación urbanas, donde las condiciones únicas de cultivo y una artesanía meticulosa dan forma al estilo característico de Napa. Sin embargo, el atractivo del valle va mucho más allá de lo que se sirve en cada copa.

Barossa Valley, Australia

Un tapiz de viñedos, históricos, espacios de degustación y encantadores pueblos agrícolas: Barossa Valley ofrece, así, una auténtica muestra del alma vitivinícola del sur de Australia. A menos de una hora en auto desde Adelaida, esta región icónica revela su identidad a través de viñedos de cepas antiguas, productores artesanales y un legado que dio forma a una de las culturas del vino más perdurables del país.

Hogar de más de 80 bodegas, que van desde históricas fincas familiares hasta productores contemporáneos e innovadores, Barossa se ha ganado el reconocimiento internacional por su Shyra intenso y expresivo. Recorrer los pueblos de Tanunda, Angaston y Nuriootpa permite descubrir mercados de productores donde se destaca la producción local —desde quesos de pequeña escala hasta fiambres artesanales— y restaurantes que celebran la herencia alemana del valle junto con la cocina australiana moderna.

Burdeos, Francia

Burdeos está conformado por seis regiones vitivinícolas bien diferenciadas que combinan paisaje, historia, viñedos y una identidad inconfundible. Ubicada en el suroeste de Francia, esta prestigiosa zona del vino invita a ser descubierta a través de excursiones guiadas de un día y recorridos por castillos y bodegas.

La ciudad de Burdeos cautiva por su arquitectura del siglo XVIII, con encantadores pasajes adoquinados y paseos costeros. La Cité du Vin, un hito arquitectónico de gran impacto, sumerge a los viajeros en la cultura vitivinícola mundial mediante exposiciones interactivas, degustaciones curadas y seminarios de elaboración de vino guiados por expertos.

Franschhoek, Western Cape, Sudáfrica

Ubicada en el Cabo Occidental de Sudáfrica, a sólo una hora en auto de Ciudad del Cabo, Franschhoek es una pintoresca localidad vitivinícola moldeada por siglos de tradición enológica y enmarcada por un imponente paisaje montañoso. Bodegas boutique y pequeños productores se distribuyen por los valles que la rodean, donde los visitantes pueden degustar reconocidos Cabernet Sauvignon, Syrah y Chardonnay en entornos más íntimos.

A lo largo de las calles del pueblo, rodeadas de robles, los viajeros encuentran destacados restaurantes farm-to-table, junto con galerías independientes y tiendas especializadas en productos gourmet que reflejan la fuerte identidad gastronómica de la zona. 

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Negocios de frontera: secuestran 600 botellas de vino sin declarar en Foz do Iguaçu

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Un automóvil fue secuestrado durante un operativo aduanero realizado este viernes (23) en la Ponte Internacional Tancredo Neves, en Foz do Iguaçu, estado de Paraná. En el interior del vehículo, las fuerzas de seguridad hallaron 600 botellas de vino de origen argentino ingresadas sin respaldo fiscal.

De acuerdo con la Polícia Federal, el conductor había cruzado desde Argentina hacia Brasil con la mercadería. Al advertir el control, intentó desviar su recorrido hacia una zona comunitaria cercana con el objetivo de evitar la inspección.

Tras la interceptación, los agentes constataron que el cargamento era transportado sin documentación que acreditara su legal ingreso. El vehículo y las botellas fueron puestos a disposición de la Receita Federal para la tramitación de los procedimientos administrativos correspondientes.

El hecho vuelve a poner en foco los controles en el corredor fronterizo Foz–Puerto Iguazú, clave para el comercio regional y sensible al contrabando de bebidas alcohólicas, un rubro de alto valor agregado y presión tributaria en ambos países.

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Negocio del vino: la herramienta que evita pérdidas de más de USD300.000

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En un sector donde cada botella cuenta, un enemigo invisible amenaza las ganancias y la reputación de las bodegas. Las paradas o detenciones de fermentación y la contaminación microbiana, problemas a menudo subestimados, pueden costar a los productores cientos de miles de dólares por un solo tanque de vino. Sin embargo, la ciencia ofrece una solución rentable que transforma la prevención en una inversión inteligente.

“El vino es un producto vivo, y su elaboración, un delicado equilibrio biológico. Desde la vendimia hasta el fraccionamiento, una compleja comunidad de levaduras y bacterias trabaja para crear el vino que disfrutamos”, comenta el microbiólogo argentino Germán Gonzalez Riachi, especializado en el sector vitivinícola. “Pero en este universo microscópico, no todos los actores son beneficiosos. La presencia de microorganismos no deseados puede desencadenar una cascada de problemas que van desde sutiles desviaciones aromáticas hasta la pérdida total de la producción”

El impacto económico puede ser devastador. En Argentina, un fallo microbiológico en un tanque de una bodega mediana puede significar un riesgo de más de USD 300.000. Uno de los problemas más graves son las paradas de fermentación, que pueden provocar pérdidas de hasta el 70% o incluso la totalidad del valor de un lote. Estas detenciones inesperadas del proceso fermentativo pueden deberse a múltiples factores, como una baja carga de levaduras, la competencia con otros microorganismos que contaminan el mosto, o una deficiencia de nutrientes que debilita a las levaduras responsables de la fermentación. Todos estos elementos impactan directamente en la calidad final del vino, y subrayan la importancia de un monitoreo constante de la fermentación.

“Generalmente, en la práctica, es muy difícil arreglar un vino que se alteró o perdió su calidad. Se descarta o se corta con vino de menor calidad, o se vende a granel para otros fines a un precio muchísimo menor“, comparte Riachi. La prevención, por tanto, no es una opción, sino una necesidad. “Siempre se busca prevenir y sumar a la calidad del vino sin intervenir en el estilo enológico de cada bodega”, agrega.

Las causas de la contaminación microbiana en bodega pueden originarse en la falta de validación de los protocolos de limpieza, en la desinfección y en acciones correctivas. Estos suelen ejecutarse de manera empírica, sin evaluar su eficacia microbiológica. A esto se suman una insuficiente estabilización de los vinos durante la crianza y previa al fraccionamiento, junto con otros factores intrínsecos de cada vino.

Entre los microorganismos contaminantes más notorios se encuentra la levadura del género Brettanomyces. Este microorganismo es responsable de aromas desagradables descritos como “sudor de caballo” o “cuero”, que arruinan la expresión frutal y la elegancia de un vino. Un estudio en California reveló que el 73% de las bodegas había experimentado una reducción de la calidad debido a “Brett”, y un 13% había tenido que retirar productos del mercado por esta causa. Pero Brettanomyces no está solo. Otras levaduras como Zygosaccharomyces, entre otros, pueden causar refermentaciones en la botella, generando turbidez y gas. Ciertas bacterias lácticas pueden producir “gusto de ratón” mientras que las bacterias acéticas, como su nombre indica, pueden avinagrar el vino, transformándolo literalmente en vinagre, provocando una pérdida total del lote.

Frente a la magnitud de las posibles pérdidas, el costo de la prevención es, en palabras de Riachi, “infinitamente menor”. La inversión en un monitoreo microbiológico no es un gasto, sino un seguro de calidad y rentabilidad. El costo de un equipo de laboratorio o monitoreo microbiológico externo es insignificante en comparación con el valor de un solo tanque de vino premium.

La clave está en un enfoque proactivo. Esto implica implementar y validar protocolos de limpieza y desinfección rigurosos para todas las superficies, desde los tanques y mangueras hasta la línea de embotellado. Además, es fundamental realizar análisis microbiológicos preventivos en puntos críticos de control. Durante la vendimia y la fermentación, el monitoreo ideal es diario o semanal. Luego, se pueden establecer controles mensuales y un análisis exhaustivo previo al embotellado para asegurar la estabilidad del vino.

La figura del microbiólogo enológico, un especialista dedicado a entender y gestionar el ecosistema microbiano de la bodega, está ganando terreno. En Argentina, por ejemplo, iniciativas como “Ciencia del Vino” están llevando laboratorios móviles directamente a las bodegas para realizar análisis in situ y ofrecer resultados inmediatos. Esta aproximación permite tomar decisiones informadas al instante, corrigiendo desviaciones antes de que se conviertan en problemas irreparables. Más allá de la prevención, la microbiología abre la puerta a la diferenciación. Al aislar y utilizar levaduras nativas, propias de cada viñedo, las bodegas pueden reforzar la identidad de su terroir, creando vinos únicos que se destacan en un mercado global competitivo.

En definitiva, la microbiología ha dejado de ser un tema exclusivo de laboratorios para convertirse en una herramienta de gestión indispensable en la bodega moderna. Ignorar a los microorganismos es dejar la puerta abierta a pérdidas económicas significativas y a un daño reputacional difícil de reparar. Invertir en su control y comprensión no solo protege la producción, sino que potencia la calidad, la identidad y, en última instancia, la rentabilidad de cada botella.

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“El microbiólogo argentino especializado en vino que está transformando el sector vitivinícola”

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En una industria que mueve más de 113.000 empleos directos y posiciona a Argentina como el quinto productor mundial de vino, existe una ausencia sorprendente: el rol del microbiólogo. Hasta ahora.

La producción de vino es, fundamentalmente, un proceso microbiológico. Las levaduras transforman el azúcar en alcohol durante la fermentación alcohólica, mientras que las bacterias lácticas suavizan la acidez en la fermentación maloláctica. Estos microorganismos, invisibles al ojo humano pero omnipresentes en cada etapa del proceso, son los verdaderos arquitectos de la calidad, el aroma, la estabilidad y el carácter único de cada vino. En Argentina, si bien los enólogos tradicionalmente han supervisado el universo microbiológico del vino gracias a su alta capacitación en vinificación, la búsqueda de la máxima precisión y calidad impulsa a la industria a integrar y complementar su labor con la especialización profunda en microbiología. Este enfoque científico dedicado potenciará la toma de decisiones del enólogo y la calidad final del producto.

Es así como aparece en escena Germán González Riachi, microbiólogo con origen en Córdoba, egresado de la Universidad Nacional de Río Cuarto y fundador de Ciencia del Vino. Con un enfoque inédito en Argentina, este especialista lidera una transformación integral que ya está en marcha. Su modelo de atención disruptivo es pionero en enfocar la microbiología enológica directamente en las necesidades de producción de las bodegas, sentando las bases para elevar la calidad, la identidad y la sustentabilidad del vino argentino a niveles sin precedentes.

Germán identificó una brecha crítica durante su formación como microbiólogo y su contacto con la industria vitivinícola. En Estados Unidos, por ejemplo, existen más de 14.000 puestos de trabajo específicos para microbiólogos en la industria del vino, con roles como “Wine Microbiologist” y “Microbiology Supervisor” considerados esenciales en las estructuras de producción de bodegas de todos los tamaños. Empresas internacionales como Lallemand Oenology cuentan con equipos completos de microbiólogos especializados que desarrollan soluciones innovadoras desde el viñedo hasta la botella. En Argentina, en cambio, esta figura profesional simplemente no existía.

“Al iniciar mi investigación, identifiqué que la industria operaba sin la información crítica sobre su principal activo: el universo microbiológico. El enólogo es el responsable de definir y conducir el estilo y calidad del vino que se quiere lograr; nuestro trabajo es ser su soporte científico preciso. Nosotros le brindamos los datos críticos en cada punto de la vinificación: desde la vitalidad y el número exacto de levaduras para optimizar la fermentación, hasta la identificación de posibles contaminantes, asegurando la estabilidad microbiológica del vino. Esta precisión elimina las sorpresas, porque cada una de estas decisiones determinará la diferencia entre un vino excepcional o un vino con defectos. La microbiología no es solo un complemento: es el corazón del proceso”, comenta Germán.

La ausencia de microbiólogos especializados en las bodegas argentinas no es meramente una cuestión académica. Tiene consecuencias tangibles y costosas. Las paradas de fermentación, las contaminaciones por microorganismos no deseados y las desviaciones aromáticas son problemas recurrentes que generan pérdidas económicas significativas y comprometen la calidad del producto final. Además, la dependencia de levaduras comerciales genéricas estandariza los perfiles sensoriales de los vinos, silenciando la expresión única del terroir argentino y limitando la capacidad de diferenciación en mercados cada vez más competitivos.

Para dimensionar el impacto económico de estos problemas microbiológicos, basta con observar el valor en juego en cada tanque de fermentación. Un lote pequeño de 2.000 litros en una bodega boutique puede transformarse en más de 2.600 botellas de vino premium, con un valor potencial superior a USD60.000. En una bodega mediana, un tanque de 5.000 litros de gama media representa alrededor de USD87.000; y en una bodega grande, un tanque de 10.000 litros de vino de alta gama puede superar los USD 300.000 en valor de mercado. Cuando una fermentación se detiene o se desvía, se desvaloriza. En cuestión de días puede perderse hasta un 70% e incluso el 100% del valor del lote, según la gravedad del problema: decenas o cientos de miles de dólares que se esfuman por la falta de un control microbiológico adecuado y oportuno.

“La oportunidad que brinda la microbiología para elevar la calidad del sector vitivinícola argentino es inmensa“, afirma González Riachi con convicción. “No estamos hablando solo de evitar problemas. Estamos hablando de desbloquear el potencial completo de cada viñedo, de cada varietal, de cada bodega. Con un control microbiológico en tiempo real, la precisión científica abarca todo el proceso: En bodega, podemos prevenir fermentaciones problemáticas antes de que ocurran; podemos aislar y seleccionar levaduras nativas que capturen la esencia única de cada terroir; y podemos diseñar perfiles de fermentación que maximicen la complejidad aromática. Aseguramos la estabilidad microbiológica en botella, eliminando reclamos y garantizando que el vino que llega al consumidor sea exactamente el que el enólogo diseñó. Finalmente, este modelo integral se extiende al viñedo, donde podemos desarrollar biofertilizantes y biocontroladores a medida para mejorar la salud del suelo y defender la vid de forma natural, cerrando el ciclo de sustentabilidad y calidad.”

Esta visión del especialista trasciende la atención inmediata. Para asegurar un impacto estructural, está sentando las bases de una red de microbiólogos que estén disponibles para integrarse al trabajo en las bodegas, actuando como aliados estratégicos de enólogos y bodegueros. Esta iniciativa se fortalece con capacitaciones, cursos y formaciones constantes, diseñadas para elevar la calidad del vino argentino y afrontar los desafíos evolutivos de la industria. De esta forma, se garantiza la mejora continua y se construye una nueva cultura de precisión científica en la elaboración.

Para materializar esta visión, González Riachi fundó “Ciencia del Vino”, el primer laboratorio móvil de microbiología enológica de Argentina y Latinoamérica. La propuesta es disruptiva: en lugar de que las bodegas envíen muestras a laboratorios externos y esperen días por resultados que a menudo llegan demasiado tarde, “Ciencia del Vino” lleva el laboratorio directamente a la bodega. Con equipamiento de última generación, incluyendo microscopía de epifluorescencia y espectrofotometría, el equipo realiza análisis microbiológicos in situ y entrega resultados en tiempo real, permitiendo a los productores tomar decisiones informadas en el momento crítico.

Pero la visión de Germán González Riachi va más allá del control de calidad. Uno de los servicios más innovadores de “Ciencia del Vino” es el aislamiento y selección de levaduras nativas propias de cada viñedo o bodega. “Cada viñedo tiene su propia comunidad microbiana, moldeada por el clima, el suelo, las prácticas agrícolas y la historia del lugar”, explica. “Esas levaduras nativas son el ADN microbiológico del terroir. Cuando fermentamos con levaduras comerciales genéricas, estamos silenciando esa voz única. Nosotros aislamos, seleccionamos y reproducimos las mejores levaduras nativas de cada productor, lo que no solo garantiza una fermentación eficiente, sino que también aporta una identidad única e irrepetible al vino”.

Con su foco exclusivo en la microbiología aplicada a la producción de vino en Argentina, González Riachi es consciente de la responsabilidad que conlleva su rol. “Estoy convencido de que la microbiología es la próxima frontera de la calidad en la vitivinicultura argentina“, afirma. “Hemos avanzado enormemente en viticultura, en enología, en marketing. Pero el universo microbiológico sigue siendo en gran medida inexplorado. Ahí está la oportunidad. Ahí está el potencial para que Argentina no solo sea el quinto productor mundial, sino también un referente global en calidad, identidad y sustentabilidad. Y eso solo se logra con ciencia, con conocimiento, con especialización. Ese es nuestro compromiso con la industria”.

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Inteligencia Artificial y una revolución tecnológica en la producción del vino

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La inteligencia artificial ya es parte del nuevo lenguaje del vino. Enartis S.R.L., líder global en soluciones enológicas y parte del Esseco Group, anunció la adquisición del 100% de Parsec S.R.L., reconocida por sus sistemas de control y automatización para bodegas. La operación, aún sujeta a aprobación regulatoria de la legislación italiana, abre una etapa en la que ciencia, datos y tradición se combinan para redefinir la forma de producir vino en todo el mundo.

El anuncio tiene una resonancia en Argentina, uno de los países vitivinícolas más innovadores de América Latina. Mendoza, San Juan y otras provincias ya experimentan un proceso de modernización que incluye el uso de sensores, big data y herramientas de inteligencia artificial para optimizar fermentaciones, reducir consumos de agua y energía y garantizar una calidad constante. En ese contexto, la unión entre Enartis y Parsec promete acelerar la adopción de tecnología en bodegas locales de todos los tamaños y en todo el mundo.

“Estamos dando un paso decisivo hacia una enología inteligente”, afirma Samuele Benelli, CEO de Enartis. “La integración con Parsec une nuestras competencias en investigación y biotecnología con su liderazgo en automatización. Juntos ofreceremos a las bodegas del mundo soluciones capaces de mejorar la calidad del vino y reducir su impacto ambiental”.

Con más de 20 años de trayectoria, Enartis ofrece productos y tecnologías para la elaboración de vinos, destilados y bebidas de baja graduación alcohólica. Cuenta con 12 sedes en cinco continentes, más de 230 profesionales y presencia en más de 50 países, con una cartera de clientes que supera los 10.000 productores. Su estrategia combina investigación científica, innovación y proximidad técnica, con el objetivo de acercar soluciones a cada realidad productiva, desde bodegas boutique hasta grandes grupos exportadores. 

En Argentina, la empresa trabaja junto a bodegas locales en soluciones para fermentación, estabilización y control de calidad, además de ofrecer asesoramiento técnico permanente.

Parsec, fundada en Florencia en 1995, fue pionera en el desarrollo de sistemas de microoxigenación controlada, gestión automatizada de fermentaciones y supervisión remota de bodegas. Sus equipos y software permiten monitorear parámetros clave en tiempo real y ajustar procesos con precisión, una tendencia que coincide con el camino que muchas bodegas argentinas ya iniciaron para mejorar la eficiencia y la sustentabilidad.

La nueva estructura

“Este es el comienzo de un capítulo que queremos escribir juntos”, declara Samuele Benelli, Consejero Delegado de Enartis. “Hoy sentamos las bases para unir no solo a dos empresas, sino a dos familias que comparten la misma cultura de servicio al cliente y la misma pasión por la excelencia y la innovación. Las extraordinarias competencias del equipo de Parsec, unidas a nuestra presencia global, crearán un potencial increíble. Queremos que cada persona, tanto en Enartis como en Parsec, se sienta protagonista de esta futura aventura”.

En ese sentido Piermario Ticozzelli, Director de Negocio de Enartis, afirma: “La unión entre Enartis y Parsec consolidará nuestro compromiso de ofrecer soluciones integradas e innovadoras para una vinificación cada vez más eficiente y de calidad. La complementariedad entre las competencias de ambas empresas representará un potente motor de crecimiento, capaz de generar nuevas oportunidades de negocio. Juntos, nos convertiremos en el socio estratégico para las bodegas de todo el mundo que miran hacia el futuro”.

“La unión con Enartis representa la evolución natural de la trayectoria de crecimiento de Parsec”, declara Giuseppe Floridia, Consejero Delegado de Parsec. “Hemos elegido a Enartis porque reconocemos en ellos nuestra misma visión y una profunda vocación por la innovación. La unión de Parsec y Enartis permite integrar el conocimiento científico con la tecnología de control y gestión del proceso, ofreciendo al mercado herramientas para una calidad del vino cada vez más medible y sostenible”.

Esta fusión se suma a la adquisición de la portuguesa Winegrid en 2023 y da origen a un centro global de competencias sin precedentes, que combina biotecnología, automatización e inteligencia artificial aplicada a la producción enológica. El objetivo: ofrecer herramientas predictivas y plataformas integradas para gestionar la producción desde la uva hasta la botella.

Impacto en Argentina

La alianza llega en un momento clave para el sector vitivinícola argentino, que busca ganar competitividad mediante tecnología, trazabilidad y sustentabilidad. El país, cuarto productor mundial de vino, enfrenta el desafío de combinar calidad y eficiencia sin perder identidad. En ese proceso, la incorporación de herramientas digitales como las que promueven Enartis y Parsec, puede marcar la diferencia entre producir vino y producir conocimiento sobre el vino.

Con la mirada puesta en el futuro estas empresas italianas confirman una tendencia irreversible: la revolución tecnológica en la enología ya está en marcha, y Argentina tiene todo para ser una de sus protagonistas.

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